Ren Tao se acomodo el cuello del traje. Su mirada se mostraba cautelosa en el espejo, mientras revisa que todo estuviera en su lugar por quinta vez. No sabía porque había empezado a preocuparse por la pulcritud de su estilo, cuando antes ni siquiera le daba importancia. Aunque quizás la ocasión fuera responsable.
Miro el reloj en su muñeca, era la hora ideal para salir hacia aquel aburrido evento, hacer acto de presencia y despedirse tan pronto como su deber se lo permitiera. Aunque esta vez algo hacía la diferencia.
Ella debería llegar en cualquier momento.
No es que necesitara su compañía, solo quería demostrarle algo. Era ella la que había mencionado que no tenía con quien hablar; después de un año en coma necesitaba socializar. Se podría tomar como un acto de caridad, un favor que le estaba haciendo. Él a ella, no al revés. O al menos eso se decía desde que ella se entero.
No había sido intencional. La tarjeta había caído de su bolsillo cuando le estaba ayudando a mover algunas cosas, en su casa. Jeanne había dejado un juego de té sobre la mesa y había recogido el sobre mientras él estaba de espaldas.
-Parece que tienes compromisos-Le había dicho con una sonrisa. Ren miró en su dirección y volvió a lo que hacía.
-Son solo negocios-Respondió sin mostrar gran interés.
-Pero son importantes-Ella se acerco y coloco su mano en el brazo de él, deteniéndolo en lo que hacia-Discúlpame por desviarte de tus responsabilidades-El calor que despedía su mano se sentía demasiado bien.
-Tonterías-Apartó la mirada con un pequeño sonrojo-No son más que rutina. Compruébalo tu misma-Le dió la espalda-Solo necesitas un vestido-
Para Jeanne había sido dulce la forma indirecta en que él le había propuesto acompañarlo. Aunque propuesto no era la palabra adecuada. Él ya había tomado la decisión por ella, otra vez.
-Iré por uno después-Accedió con amabilidad.
-Iremos ahora-Ren se dio la vuelta para encontrársela con una ceja levantada-Eh... Después de tomar el té-Reflexiono luego de ver su expresión. Habían pocas cosas que podían hacer enojar a la doncella, una de ellas eran los desaires hacia todo lo que preparaba.
Ella había intentado pagar el vestido con su propio dinero, sin embargo Ren se había hecho cargo de los gastos antes de que ella se lo probara. No desfilo infinidad de prendas para él durante una hora, como cualquier otra mujer. Solo caminó por la tienda hasta encontrar el atuendo que le gustara. Tan pronto Jeanne había puesto sus ojos sobre él, Ren había dicho "este" y la muchacha encargada lo había sacado para ella.
Casi tuvieron una discusión en la caja. Pero ella había dado un suspiro y le había agradecido con una sonrisa el presente. Pero fue muy tonto de su parte pensar que ella lo dejaría así. En cuanto llegó al hotel se encontró con el traje que llevaba puesto, además de una nota que le indicaba la hora en que se encontrarían.
Y él ya llevaba listo media hora.
Con un mueca de fastidio, provocado por el mismo, se dirigió hacia el pequeño bar de su habitación. Se sirvió un trago y no dudo en vaciarlo en menos de cinco segundos. Era el único que tomaría en la noche, se prometió a si mismo. Cuando estaba apunto de ajustarse la corbata otra vez, el timbre sonó.
Acorto la distancia entre él y la puerta. La abrió casi con brusquedad y con el ceño fruncido.
-Lo siento, debí tardarme-Se disculpo al malinterpretar la expresión de chino. Ren no la corrigió, estaba demasiado ocupado observándola.
La joven francesa llevaba un vestido largo y azul, algo pomposo desde la cintura y con mangas que dejaban a la vista sus hombros y el inicio de su pecho. Nada escotado. Ren sabía que aunque los años pasaran la doncella jamás aceptaría vestir algo provocativo.
Se maldijo a si mismo cuando hizo una imagen de ella que no debería, arrugando más el rostro.
-No, pasa-No pudo controlar que saliera como un gruñido. Cuando el se hizo un lado para dejarla entrar, el aroma de su perfume le inundo los sentidos.
Jeanne evitó pasar la mirada por el lugar. La curiosidad no era bien vista y esta siempre podía llevar a juicios y criticas. Aunque no podía considerar que algo que tenga que ver con Ren no fuera tan correcto, como él.
-No tengo nada para ofrecerte-Le dijo el chino sin ningún remordimiento.
-Así esta bien, gracias-
Ren le dio la espalda y tomó el teléfono para indicar que mandaran al chófer. Ella podría haberlo esperado en el lobby, aunque el que estuviera ahí le permitía hacer lo que tenía pensado.
Jeanne observo como Ren caminaba con elegancia a la habitación hasta perderse dentro. Cuando regreso, atrapo su mirada con la de él, lo que no le permitió observar lo que llevaba en la mano.
Ren tomo sus hombros y la hizo dar media vuelta. Fue cuando sintió algo frió tocando en su cuello, que despertó. Podía sentir las manos de él rosando la parte superior de su espalda y el aire frió que apareció cuando él las alejo.
Voltio a verlo con una interrogante en su rostro, aunque él no la miraba más a los ojos.
-Vino con el vestido. Lo olvidaste en el taxi-Le resto importancia. Jeanne sabía que eso era una mentira, pero si esa era la única forma en la que él podía expresarse, la aceptaba.
Ren coloco una mano detrás de la espalda de Jeanne, empujándola delicadamente cuando ella se detuvo. A la francesa todo le parecia despampanante y hermoso. Los Soldados X habían dado algunas fiestas de caridad cuando era una niña, pero ella jamás había asistido.
-¿Algo te molesta?-Preguntó Ren pero ella negó con la cabeza y se introdujo al lugar.
Varios caballeros se acercaron a estrechar manos con él, dándole una especial atención a sus compañía. Jeanne conversaba con ellos despidiendo encanto en cada palabra, por lo que al ver que disfrutaba de las atenciones, Ren se apartó un rato para hacer los saludos necesarios.
No se demoró más de quince minutos. Intercambio unas cuantas palabras con el organizador, algunos posibles inversionistas, socios pasados y dueños de compañías que podrían estar ofertando algunas acciones. Cuando regresó a donde estaba Jeanne la encontró con una sonrisa relajada y un ligero sonrojo en las mejillas.
-Regresaste. No quería aceptar alguna pieza sin que lo supieras-Algo en su voz hizo a Ren levantar una ceja.
-¿Por qué?-
-Oh bueno-Giró un poco su cuerpo viendo a las parejas que bailaban frente a ellos-Siempre pareces tener la palabra en lo que debo hacer-
Ren sabía que eso no era un reclamo, pero el que lo mencionara era extraño. Cuando se acerco más, pudo percibir el brillo en los ojos de ella.
-¿Qué bebiste?-Preguntó con molestia.
-Vino. El joven de las copas se acerco amablemente a ofrecerme una y no pude negarme. No quería parecer maleducada-
-Aún estás en recuperación-Ante eso Jeanne dejó escapar una baja risa.
-Estoy bien. Al menos no terminare besando a alguien esta noche- Apenas las palabras salieron de su boca, ambos se pusieron extremadamente rojos.
Ren estaba en un apuro, no podía moverse, no podía hablar. Tenía un tic nervioso en el ojo mientras Jeanne mantenía la mirada baja y las manos cruzadas sobre su regazo. Era obvio que estaba avergonzada. Seguramente era la primera vez que probaba alcohol y apostaba que menos de tres copas la habían llevado a decir esas palabras.
Tenían que salir de ahí. Pero el chino no podía irse sin antes darle la oportunidad que ella estaba deseando. Sin mirarla, estiro la mano en su dirección y cuando Jeanne la noto, levanto la mirada con sorpresa. El rostro de Ren aún conservaba el sonrojo, pero Jeanne sonrió aliviada al ver que no estaba molesto con ella. Coloco su mano sobre la de él y dejó que la guiara hacia la pista.
Danzaron en silencio por algunos minutos, con la mano de él en su cintura, la mano de ella en su hombro y las dos restantes entrelazadas. Jeanne levanto la mirada en varias ocasiones, pero cuando él la observaba no demostraba nada y regresaba la mirada hacia el frente.
Cuando el momento de retirarse llegó, la lluvia empezó caer volviéndose más intensa mientras viajaban en el auto, sumidos en silencio. Ren tenía el codo apoyado en vidrio fingiendo observar por la ventana, pero desviaba la vista hacia la doncella cuando ella no se daba cuenta. Jeanne parecía estar perdida en sus pensamientos, solo volvió en si al escuchar la voz de Ren indicándole al chófer que tomara el camino hacia al hotel.
-Es una tormenta. Sería demasiado peligroso para todos ir más allá-Le explico sin mirarla. Siendo otra la situación, habría llevado a Jeanne a su casa y luego hubiera regresado al hotel.
La ropa del chino se pegaba a su cuerpo y algunas gotas le caían por el rostro. Jeanne no estaba en mejores condiciones, pero al menos el agua solo había mojado la parte inferior de su vestido.
Ren la dejó cerca de la entrada y encendió la chimenea. Aunque pudiera prestarle ropa, lo más seguro es que ella no la aceptaría. Lo mejor era que se sentara cerca del fuego para entrar en calor.
La joven francesa aún tenía sobre los hombros el chaleco que él había puesto para protegerla del agua. Ella lanzó un suspiro y se dejó caer en el sillón frente al fuego. Ren observó la manera en la que clavaba la mirada en las llamas crepitantes y decidió no molestarla mientras iba por un trago. La voz de ella lo interrumpió cuando iba por el quinto.
-No puedo sacarlo de mi cabeza-Jeanne habló con la mirada fija en el frente-Ese momento...-
Ren volteo a verla con lentitud, aún con el vaso en la mano.
-¿Es así como se siente? ¿Un beso? ¿Cómo si fuera un sueño que esperas volver a repetir cuando duermes? ¿O solo lo fue por mi condición?-El silencio fue la única respuesta-¿Ren?-Jeanne giro la cabeza es su dirección.
-No lo sé-Habló después uno segundos, tomando lo último que quedaba de su trago-Deberías olvidarlo-Una punzada se clavó en el corazón de Jeanne.
-¿Por qué?-Le preguntó cabizbaja.
-Es lo mejor para ti-El Tao le dio la espalda-No sabes tomar las decisiones correctas respecto a mi-
-¿Las decisiones...?-La francesa se sintió confundida.
-No debiste traerme de regreso-Los puños de Ren se apretaron-Aún así, lo hiciste-Él sabía que la muerte era su castigo, pero ella había interferido en lo único que hubiera compensado el daño que hizo. Y por eso, no la perdonaría.
-Hay pecados a los que solo nosotros mismos podemos concedernos perdón, Sr. Tao-Jeanne susurró regresando su mirada al frente. Para Ren no pasó desapercibido el cambio de trato.
-¿Qué te perdonarías tú?-Le preguntó tratando de entrar en la cabeza de aquella nujer que siempre parecía distante.
-No mucho. No hay recompensa tan grande que pueda liberar mi alma-Sonrió con tristeza-Pero tampoco puedo regresar el tiempo atrás y esperar que un ángel pueda rescatarme-
Otra vez se quedaron en silencio, ambos invadidos por el recuerdo de las personas que habían herido. Sintiéndose tan lejos del otro aún cuando nunca habían sido tan cercanos. La lluvia seguía cayendo afuera, como si derramara todos lo sentimientos que ese momento tenían.
Cuando Ren la observó, la imagen de la niña que había conocido en el torneo de shamanes apareció. Sin embargo, aquella niña triste y de mirada vacía había conseguido más valor que él en tantos años.
-Yo tampoco puedo olvidarlo-Confeso el chino refiriéndose a todo: a su pasado, los pecados que había cometido, el beso...
-Quizás hemos intentado demasiado-Respondió Jeanne con una cálida sonrisa-Entonces... ¿que deberíamos hacer?-
Ren se desabrocho la muñequeras, tratando de mantenerse relajado. A pesar que sus pasos parecían seguros, podía tropezar en cualquier momento. Su cerebro no tenía control sobre lo que hacía.
Cuando estuvo frente a ella, Jeanne se levantó y lo miró a los ojos. Las manos de ella acariciaron su rostro, mientras ambos mantenían la vista fija en el otro. Y Ren lo tuvo que admitir: era hermosa y él estaba hechizado. Por eso antes de cerrar el espacio entre ambos, le susurro...
-Quédate conmigo-
N. A: Me siento terriblemente mal por haber tardado tanto en actualizar. ¡Cuando me dí cuenta habían pasado 2 semanas!
Gracias por sus comentarios, sus favoritos y por seguir esta historia. Espero que el capítulo de hoy les hay gustado :)
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¡Hasta la próxima!
