Disclaimer: Piratas del Caribe no me pertenece, más si el personaje de Lyah ;)
&. Dedicación especial a MarielysCiangherotti y a NellieLovet. Aquí tienen su actualización, preciosas mías, disculpen la demora XD
Chapter IV – Río Arriba
La oscuridad de la noche y de las aguas nos envolvieron, ni siquiera la luna brillaba esa noche sobre el horizonte. Los hombres estaban nerviosos desde que se marcó una nueva ruta hacia tierra firme, pero nadie mencionaba nada al respecto. La brisa tibia mecía la cuerda donde, a forma de hamaca, me dormía cada noche. Había tantas cosas dando vueltas en mi cabeza, tantas preguntas que quería hacer respecto a todo… pero sabía que nadie me respondería. Después de todo yo era una simple mujer abordo, y para esos días ser mujer era no ser nada más que un lindo accesorio para alguien.
Apreté los dientes y solté un bufido. Sabía bien que accesorio era yo para ese barco… y darme cuenta de aquello me lleno de indignación.
- ¿Tu tampoco puedes dormir? -
Me levanté sobresaltada y a escasa distancia bajo de mí estaba el chico nuevo. Se encontraba recargado en la baranda del barco, viendo el horizonte con cierto aire de melancolía. Yo, que solía ver todo cuanto pasaba en cubierta, no me había percatado de su silenciosa presencia.
- Por lo general nunca duermo -
Bajé de un salto, pues no me encontraba tan alto, y me acerqué hasta él, aunque claro, manteniendo una distancia aceptable. A pesar de la oscuridad que reinaba pude ver claramente un semblante serio en su rostro, aunque era algo mas parecido a preocupación. ¿Estaría pensando a toda hora en esa mujer… Elizabeth? Me mordí el labio y me abstuve de preguntar. Sabía que nada de su vida me incumbía, pero había tantas preguntas que quería hacerle.
- Y ¿cómo es que una chica como tú terminó metida en este barco? -
Notó el incómodo silencio entre nosotros y, adelantándose a mis deseos, se atrevió a preguntar. Yo no encontré mejor respuesta que una excusa trillada.
- Es una larga historia -
- Tenemos tiempo, dudo que alguno de los dos pueda dormir pronto -
De cierta forma me sentí complacida al ver que alguien se interesaba en mi vida, y a mi nunca me había molestado hablar de mi pasado. Sonreí y tomando una bocanada larga de aire, me preparé para contar la historia de mi vida.
Nací en una noche de tormenta, oscura sin luna, justo como esta. Mi origen es mestizo, ya que mi padre era un gran navegante español y mi madre era una shamana del nuevo mundo. El barco Victoria arribó cerca de la famosa isla de las mujeres, en la península más alta de la Nueva España. Los forasteros cautivaron la atención de las tribus mayas ahí asentadas, y les ofrecieron mil tesoros… entre ellos, las más hermosas mujeres que se encontraban en esa misteriosa isla. Les trataron como reyes, pero no podían quedarse. Así que a la mañana siguiente partieron de la isla sin poder volver atrás.
Mi padre, Don Alejandro Castillo de la Vega, dejó atrás el primer amor que había conocido: mi madre. Y después de diez años no supo de ella, mucho menos sabía que tenía una hija. Yo crecí en aquella isla, educada bajo las tradiciones de mi gente, y apegada a sus costumbres. Desde pequeña marcaron mi cuerpo con símbolos de estrellas y mares, y al haber nacido con ojos claros como la plata, me nombraron Xamanha Ly'ah… hija del agua del norte. Pero nuestro mundo poco a poco decaía, y nuestros pueblos eran arrasados por los nuevos conquistadores. Mi madre temió por mi vida, ya que nuestra gente era esclavizada y maltratada brutalmente, por lo que acudió a mi padre quien aún seguía en los alrededores con la esperanza de encontrarla. Me entregó con él, y le hizo jurar que me sacaría de ahí, librándome de la suerte que corrían los nativos. Ese mismo día mi padre me entregó su apellido, e hizo todo lo posible por documentarme como española pura. Así podría llevarme al viejo continente con él sin la menor sospecha. Después de eso nunca volvimos a ver a mi madre de nuevo.
Nos fuimos al anochecer una vez cargado su barco con un sinfín de bienes del nuevo mundo para comercializar en los puertos españoles… Atrás quedaba mi tierra y mi pueblo, mi madre y mi nombre. Entonces dejé de ser Xamanha Ly'ah para convertirme en la civilizada Doña Catalina Castillo de la Vega. Pasaron 6 años en los cuales mi padre y yo nos unimos más que nunca. Él era noble, generoso y de buenas intenciones, justo y admirable. En él veía al mejor amigo y compañero que jamás tuve. Y él, con notable cariño, veía en mí la misma imagen de mi madre. Juntos recorrimos los 7 mares en su viejo galeón, comprando y vendiendo mercancías de todos los mundos habidos y por haber. Fue él quien me enseñó la vida en el mar, y por quien mi amor por las aguas saladas se hizo inquebrantable.
Pero todo duró hasta que cierto día, al volver a tocar tierra en España, conoció a una nueva mujer. Se trataba de una marquesa joven y viuda llamada María Isabel Santa Cruz, que cautivó el viejo y solitario corazón de mi padre con astucia. A pesar de haberse casado se negó a tomar los apellidos de mi padre para su hijo, Don Santiago Santa Cruz de Mendoza. Así pues me vi alejada del océano por cuatro años, atada completamente a tierra donde tenía que soportar el rechazo de una vanidosa madrastra y el acoso de un atrevido hermanastro.
Eran pocas las ocasiones que veía a mi padre, ya que estaba decidido a dejarme en manos de la marquesa para que hiciera de mí una señorita digna de desposarme en la nobleza. Pero llegó el día en que mi padre nunca más regresó. El Victoria había caído, devorado por un remolino, hasta las profundidades del mar. Y con él se fueron las últimas cadenas que me ataban a tierra firme donde me tenían prisionera. Antes de que la furia de mi madrastra explotara al enterarse que toda la herencia de mi padre caía en mis manos, arreglé algunos papeles, tomé pocas pertenencias y partí en el próximo barco de regreso al nuevo mundo. Mi vida era de nuevo el mar, pero en ningún lugar me aceptaban por ser mujer, hasta que caí en Tortuga y la vida libre de los piratas me pareció justo lo que había estado buscando.
Y así pues, me topé con el famoso capitán Sparrow…
La primera vez que lo vi, iba saliendo de un burdel acompañado por dos mujeres y una botella de ron en la mano. Pasaron a mi lado entre risas sin siquiera verme, ya que había decidido vestirme de chico para ser aceptada en alguna tripulación. Esa misma noche me uní al Perla negra, ganando una partida de barajas contra Gibbs. Fue hasta que estabamos lejos en altamar que se dieron cuenta que era una mujer, por lo que me llevaron ante el capitán. "Que se ocupe de mantener el barco iluminado, y… de vigilar el horizonte" dijo Jack sin voltear a verme, pero yo reconocí esa voz y esa botella en su mano.
- Es poco el tiempo que llevo en el Perla, y puede que no sea el mejor marinero a bordo, pero gracias a Jack puedo surcar los mares y ser libre -
Permanecí un momento en silencio, apretando mis manos contra la madera de la baranda. El chico también se mantuvo callado, quizá había hablado demasiado y…
- Entonces, ¿Cómo se supone que debo llamarte? ¿Lyah o Catalina? -
- Lyah -
- Un placer, mi nombre es William Turner -
Me miró con una sonrisa calida y extendió su mano hasta estrechar la mía. Fue un gesto amable, pero con ese simple roce me hizo sentir abochornada. Entonces se escuchó una tos fingida detrás de nosotros, por lo que nos soltamos inmediatamente. Se trataba de Jack, que nos veía con una cara demasiado seria.
- Necesito hablarte -
Y me jaló del brazo con fuerza, yo miré a William encogiéndome de hombros, tratando de disculparme por el extraño comportamiento de Jack, mientras este me conducía a su camarote. Una vez dentro cerró bien la puerta y se lanzó a la mesa para dar un largo trago de su inseparable botella de ron.
- ¿Tenías que ser tan grosero? -
- ¿Y tu tenías que estar tocándolo? -
- ¿Qué? -
- ¿Qué? ¿Qué? Dijiste que me amabas, pero ¿crees que no me doy cuenta de cómo se ven? -
- Jack, te amo. ¿Qué tiene que ver William en todo esto? -
- Agh -
Se dejó caer en su sillón con el ceño fruncido. Así que empezaba una discusión y no la terminaba, ¿eh?… Entonces fui yo la que se molesto enseguida. Le quité la botella de la mano y le di un largo trago. Jack en verdad parecía como un niño pequeño…
- Eres un idiota -
Di un trago más y le lancé la botella, quien la cogió temeroso de que se derramara una sola gota de su preciado ron; después me lanzó una mirada amenazadora.
- Pues yo no soportaría verte en manos de nadie más -
Me di la media vuelta dispuesta a irme, no tenía pensado seguir discutiendo con él, cuando sentí la mano de Jack jalándome con fuerza. Me tambaleé y finalmente fui a caer sobre él. Sentir de nuevo su pecho, y su calor me hizo sentir tan débil… y él sabía aprovecharse perfectamente de ello. Me apretó aun más contra él hasta que nuestras bocas se hubieran unido en un beso fogoso, sus manos diestras volvieron a abrirse camino entre mi ropa. Quise oponer un poco de resistencia, pero ambos sabíamos que era imposible… yo era suya. Me levantó entre sus brazos hasta apoyarme sobre su escritorio, apartó todo de golpe y en el suelo cayeron mapas, compases y demás instrumentos. Él rompió mi blusa sin piedad, y yo le arañé el pecho salvajemente. Sonreía, le encantaba aquello… y bien podríamos los dos acostumbrarnos a una vida de placer de ese tipo.
La pasión terminó consumiéndonos como una vela y para el amanecer nos encontramos tirados en el viejo colchón que usaba por cama. Jack seguía dormido, y yo hacía rato que había despertado, cuando un par de golpes en la puerta me hicieron pararme. Medio me vestí aprisa y tomando mis botas, abrí la puerta. Se trataba de Gibbs y Cotton, quienes al verme en tales modos, se quedaron un tanto sorprendidos. Yo traté de evitar una risita de pícardía, y cerré la puerta silenciosamente tras de mí.
- Hemos llegado a la desembocadura del río, tal como el capitán ordenó -
- Jack aún duerme, pero tengan los botes listos para bajar -
Me abrí paso entre ellos con botas en mano, y silbando una canción de piratas muy sonriente. Era la primera vez que daba una orden indirectamente y nadie había renegado a mi palabra. Tal vez que me vieran tan íntimamente cerca del capitán me daba un nivel de respeto superior al que tenía. Aquella idea me agradó, quizás algún día yo también podría llegar a ser Capitán de mi propio barco…
- - -
Dos botes se adentraban río arriba entre una selva pantanosa. A nuestro alrededor el sol se opacaba casi por completo con el espeso follaje de los árboles. El aire era tibio y se respiraba a humedad y moho. En las orillas del río podíamos ver enormes sombras oscuras abalanzándose al agua detrás de nosotros, por lo que evitamos sacar ninguna extremidad fuera del bote. Jack encabezaba la marcha en el primer bote, con un semblante serio, tratando a toda costa de no voltear a verme. Entorné los ojos con fastidio, al parecer iba a seguir ignorándome frente a los demás. Dejé mi enfado de lado para volver a tomar el hilo del relato que Gibbs nos contaba. Algo sobre Davy Jones, almas en pena y monstruos marinos. Me sentí fascinada perdiéndome en su voz, me recordaba tanto a mi padre…
Ni siquiera me percaté que William me miraba discretamente por el rabillo del ojo, sin perder ninguno de mis gestos.
Finalmente de las profundidades del pantano surgió una cabaña, amarramos los botes al pequeño muelle y bajamos. Jack se giró hacia Gibbs, ordenando cuidar los botes, pero era tal la curiosidad que pasó la orden a William, de él a mí y así hasta Cotton, siendo el último condenado a obedecer. Entramos todos en silencio siguiendo a nuestro capitán. El ambiente enseguida se impregno de olor a cera y especias. Por un momento me sentí de vuelta en mi tierra natal, dejándome llevar por todo lo que había a mi alrededor. Sí, me sentía en casa de nuevo…
- Tía Dalma -
Saludó Jack a una mujer que apareció del fondo de la choza. Se trataba de una mujer negra de ojos grandes y oscuros como su piel. Una sonrisa extraña se formó en sus labios al vernos; más paso de largo a Jack, quien la esperaba con los brazos abiertos, para acercarse a William. Su semblante se volvió serio y misterioso.
- En ti veo un bosquejo del destino, William Turner -
- ¿Nos conocemos? -
La miró extrañado, mientras la seriedad de la mujer cambiaba a una nueva sonrisa burlona.
- ¿Tú deseas que nos conozcamos? -
Su mano fue subiendo por la del chico mientras su sonrisa se ensanchaba, entonces Jack se acercó y jalándola la alejó a prisa de él.
- Aquí nadie va a conocer a nadie… Creí que te conocía -
- No como esperaba, al parecer -
William y yo intercambiamos una mirada de desconcierto. Di un paso para acercarme a él, cuando sin querer choqué con una mesilla llena de objetos extraños. Uno de los recipientes cayó al suelo rompiéndose y dejando escapar una sustancia verdosa de olor desagradable. Todos al instante dieron un paso atrás, dejándome como la principal culpable de tal accidente.
- L-lo siento muchísimo -
La mujer se giró enseguida hacia mí, mirándome con extrañeza y avanzó apartando a Jack hasta alcanzarme. Estiró su mano hasta tocar la mía y me hizo ponerme de pie. Sus ojos negros como el carbón me escrutaron de arriba a abajo, y por todos los ángulos. Hasta que finalmente se detuvo en lo que estaba buscando, el principio de un tatuaje en mi hombro que bajaba hasta mis caderas. Metió las manos bajo la camisola, levantándola, dejando mi espalda desnuda a la vista, y siguió las líneas del dibujo trazado en mi piel. Quise protestar, pero no pude moverme. Estaba completamente paralizada. Miré a Jack y a William pidiendo socorro, pero parecían hipnotizados, igual que esa mujer, todos mirando mi espalda.
- ts'ook tuukul chíikpahal, paal Xamanha Ly'ah - ¹
Me sorprendió escucharla hablar en la lengua de mi gente, y con un acento tan perfecto. Las ataduras invisibles de mi cuerpo desaparecieron enseguida, y me giré hacia ella como en una especia de trance.
- bixi' oohel in k'aab' - ²
- chéen a'al ba'ax pa'at yóok'lal u'ul in táan taas tumben iik' to'onkuxtal - ³
Creí ver una lejana luz salir de sus ojos, un brillo que me remontó a la luna y a la marea. Su aliento me supo a brisa salada de mar, y entonces creí entender todo. Ella era la madre de las tormentas, la diosa perdida de las viejas leyendas. Asentí en silencio, elevando un rezo antiguo al cielo y haciendo una respetuosa inclinación ante ella. Escuché de nuevo la tos fingida de Jack, y apenada me giré hacia él. ¿Qué pensaría ahora de mí después de tal escena misteriosa?
- ¿Podemos ocuparnos ahora de lo que en verdad interesa? -
Miró impaciente a la mujer, ni siquiera le había importado una pizca la pequeña muestra que dí de mi pasado. Apreté mis puños molesta, Jack era un verdadero idiota…
- ¿Qué es lo que desean entonces, mi querido Jack? -
- Buscamos esto -
Se adelantó William y dejó caer el pedazo sucio de tela de Jack en la mesa. Los ojos de la mujer brillaron de forma extraña al ver la figura de la llave. Se sentó a la mesa y carraspeo para aclararse la garganta.
- Para ello deberán encontrar a Davy Jones… -
Su acento me resultó exquisito, y curiosa me acerqué para escuchar el relato sobre el tal Davy Jones que empezaba. Mientras todos seguíamos con peculiar interés la historia, Jack se dedicaba a husmear por los alrededores robando una que otra joya perdida. Tía Dalma, como la llamo Jack al principio, se giró hacia él bruscamente, pidiéndole que le mostrará la mano izquierda.
- La mancha negra -
Aulló Gibbs al ver lo que escondía Jack tras la venda que dulcemente Tía Dalma le había quitado. Enseguida tanto él como los otros dos piratas hicieron un extraño ritual para alejar tal maldición de ellos. William y yo les miramos un tanto divertidos, más cuando Jack les amenazó lleno de sarcasmo. La mujer de tez negra desapareció tras una cortina y enseguida volvió cargando un jarrón.
- Jones no puede pisar tierra hasta dentro de 10 años, así que lleva siempre la tierra contigo -
Entregó el jarrón lleno de arena a Jack, quien lo cogió como su tesoro más preciado. No pude evitar soltar una risita, y William se me unió con una sonrisa. Tía Dalma volvió a sentarse y tomando un montón de caracoles entre sus manos, murmuró lo que me pareció una oración, para después lanzar las pequeñas piezas blanquecinas contra la mesa. Reconocí tal acto como un antiguo rito de lectura del futuro, y en efecto, en breve nos señaló con sumo detalle el lugar exacto donde encontraríamos a Davy Jones y su misterioso barco el Holandés Errante…
¹ Finalmente apareces, Hija de las aguas del norte.
² ¿Cómo sabes mi nombre?
³ Sólo diré que tu presencia trae nuevos vientos a nuestros destinos.
Notas de Autora:
Hola queridas y queridos, aquí ando de nuevo actualizando mis olvidados fics. Me disculpo por eso, hehehe...
Sobre el capitulo, bueno, ya conocimos la historia de Lyah... y hubo cierta química entre ella y William como pidieron, jojojo.
Puse cierto vinculo misterioso entre Lyah y Tia Dalma que más adelante iré explicando... y bueno, espero les haya gustado.
¿Desean algún desenvolvimiento en especial? Dejenme sus opiniones al respecto, me encantaría que juntos vayamos dandole un nuevo rumbo al fic.
Besos y hasta el proximo capitulo!
Love, Roshio.
