Al gorrioncillo.

IV.

El viento estaba fresco, bastante más de lo que le gustaba; contempló a lo lejos su objetivo, silenciosa y perceptiba, sonriendo ampliamente aunque no de genuina alegría, hacía algun tiempo había dejado de sentir eso. Se sentía orgullosa de aquellos sentidos agudos que tenía, aprendidos...

-Niño lindo, veo el objetivo acercarse. -Dijo por el comunicador acomodando sus lentes violetas e intentando apartar el largo cabello negro que le revoloteaba con aquella brisa. -Estén al pendiente.

-Entiendo, Kate. -Escuchó la voz cansada de su compañero. -Esperamos tu señal.

-¿No estabas muy emocionado con esta misión, Loki? No te escucho muy animado.

-Bueno, es que hay algo que no me gusta en todo esto...

-Shh, se acercan. Listos.

Se apoyó en la orilla de la azotea del edificio, sintiendo la blanca bufanda ondear en el cuello asi como el largo cabello negro; tomó una de sus flechas explosivas y la acomodó en el arco, tensándolo, apuntándola al cofre de un lujoso auto negro que se acercaba por aquela amplia e iluminada calle, solitaria por fortuna. Debía ser rápida, ya que eran una caravana de tres automóviles, y los tres debían ser inmovilizados con sus flechas explosivas.

"Tranquila, espera el momento".

Soltó la primera flecha, dando en el blanco; apenas una fracción de segundo después lanzó la segunda, la tercera unos cuantos segundos después. Hubo un leve conteo mental, y los estallidos deslumbraron la calle en exactamente al mismo tiempo; de los automóviles inmediatamente salieron de los automóviles encendidos en fuego, comenzando a disparar a sus compañeros que estaban debajo.

-Bien, chicos, les cubro la espalda.

Esa noche en especial tenía escasos deseos de meterse en batalla, por lo que prefirió curbir a sus compañeros desde las alturas, al fin que un simple capo del narcotráfico no generaría un problema. Esa noche... serían dos años desde que él se había marchado, y ya no había vuelto; dos años en el mismo lugar, esperándole. ¿Por qué? Lo intentó, pero... tensó el arco algunas veces, inmovilizando a unos cuantos con sus flechas evitando que alcancen a sus compañeros.

-Gracias, Katie. -Escuchó la voz de Wiccan por el comunicador que llevaba en el oído. -Es decir, Hawkeye.

"Katie". Tenía algun tiempo sin que alguien le llamara así. Aun dolía su partida... ¿es que estaba muerto ya?

Había alguien inesperado debajo. Alguien con poderes que había sorprendido a sus compañeros. Eso si que no lo tenían planeado...

-¿Cuál es la mejor manera de acabar con un puñado de adolescentes que dicen ser súper héroes? -Cuestionó una voz grave tras ella.

Se paralizó un momento al escucharle. No estaba sola. Se giró rápidamente, sacando una flecha para colocarla en el arco, apuntando al desconocido; tras ella estaba de pie un sujeto bastante corpulento, aunque joven, vestido en escarlata y con una curiosa máscara metálica que cubría casi la totalidad de su cabeza, como un casco. Alrededor de él flotaban pequeños trozos de cromado metal que parecían rodearle casi de forma protectora, y fue evidente que él era el que los controlaba, ya que uno de esos fragmentos voló con rapidez hacia ella, y solo su rápida reacción le salvó de algo grave, dejándole un leve corte en la mejilla que sangró limpiamente, tan rápido que no sintió dolor a primeras.

-¿Quién eres? -Cuestionó ella con algo de fuerza. No era el momento adecuado.

Aquella máscara cubría poco debajo de la nariz, por lo que pudo ver su amplia sonrisa burlona.

-¡Hawkeye! ¿Me escuchas? -Escuchó la voz de América en su comunicador. -¡Sal de allí! ¡Es una trampa! ¡Agh!

Soltó la flecha, sintiéndose una completa novata al notar que el sujeto la había esquivado sin más con suma facilidad, lamentándose por distraerse de esa manera; él, en respuesta, lanzó diversos trozos de metal, tan finos que cortaban su piel de forma superficial y sumamente dolorosa, debiendo lanzarse al suelo para evitar que alguna le atravesara cual bala minúscula, y le lanzó otra flecha, esta vez con la cabeza explosiva. Estalló sin tocarlo, puesto que se había estrellado uno de los fragmentos más grandes.

-¡Kate! ¡Kate! -Escuchó a Loki por el comunicador.

-Estás distrayéndome. -Canturreó mientras esquivaba los trozos que le arrojaba el sujeto.

-¡Sal de allí! ¡Es una trampa! ¡No pelees sola!

-Ya lo sé, niño bonito... ¡Agh!

Fue arrastrada por el cinto de su pantalón y el de sus flechas, que eran metálicos en las hebillas; intentó quitarlos con algo de torpeza, pero, en el último momento, tensó su arco y apuntó una flecha cegadora al sujeto, aprovechando la cercanía que tenía con él. Éste intentó quitarla con su curioso poder, pero aquella flecha le dio de lleno en la cara, dejándolo ciego.

-Fibra de vidrio, cariño, nada metálico.

Se levantó y trató de huir (realmente no iba a enfrentar a un sujeto que evidentemente le superaba en poder, al menos no sola), pero los cintos de su traje volvieron a atentar contra ella, puesto que no se los había retirado, cosa que él utilizaba a su favor; se vio en una lluvia de objetos metálicos que no le hicieron tanto daño como al principio, debido a que el sujeto aun estaba fulminado por la flecha.

-¡No escaparás, Hawkeye! -Gritó el sujeto, alterado.

-¡KATE! -Escuchó a Loki por el comunicador.

Se tuvo que quitar el comunicador del oído, o terminaría muy nerviosa de tanto escucharlo gritar; el sujeto aun ciego levantó dos placas de aluminio que servían de techo en un cuarto de servicio que había dentro, desesperado, y los lanzó hacia donde suponía estaba la chica, que se había incorporado con bastante dificultad. Una de ellas se estrelló contra Kate (mera suerte del sujeto), dislocándole el brazo izquierdo... el destello de dolor le hizo gritar espantosamente, dando a entender su posición.

-¡Te tengo! -Exclamó el sujeto.

Hubo una cantidad de metales diversos flotando sobre el sujeto, tantos que casi cubrió el cielo. Presa del dolor, Kate era incapaz de moverse, por lo que miró aquello como una sentencia a muerte, por lo que atinó a sonreir, resignada a su sino.

-Así que... así es como voy a morir. -Susurró, entrecerrando la azulada mirada. -Igual, no me quejo de nada.

Hubo una explosión tras el sujeto, que lo empujó un poco en el suelo, provocando que todas las piezas metálicas cayeran el suelo en un estrepitoso sonido, incluso golpeándolo en diversas partes; el sujeto se giró, furioso, buscando en vano el dueño de aquél explosivo.

-¿Quién se atreve...?

Hubo una flecha ajena, la cual atravesó limpiamente su campo visual, que se clavó justo en la mitad del pecho del agresor, causando a Kate un intenso escalofrío; acto y seguido, una fuerte descarga eléctrica lo sacudió, tirándolo al suelo tras un grito de dolor, dejándolo inconsciente casi de forma inmediata. Al lado de ella apareció un sujeto alto y fornido, vestido en un traje negro con detalles amarillos, sosteniendo un arco y otra flecha en las manos; se acercó al que yacía en el suelo, como si corroborara que realmente estaba inconsciente. Notando que realmente estaba sin sentido, llevó la intensa y azulada mirada hacia la dolida chica, causándole una sorpresa indescriptible.

-Debes cuidar mejor tu espalda, Hawkeye. -Exclamó aquél hombre de rubios y crespos cabellos, dibujando una tenue sonrisa en sus finos labios. -Pero lo has hecho bien, Katie-Kate.

-Clint. -Susurró ella con voz temblorosa.

Se había arrodillado frente a ella, contemplando su brazo lastimado; el mismo cabello crespo y rubio, los mismos ojos azules, profundos, intensos, los mismos delineados labios, la misma barba mal rasurada, las mismas facciones masculinas. Le sonreía de una forma distinta, y ella pudo percibirlo: estaba contento de verla.

-Has crecido bastante. -Susurró. De pronto, aquél hombre, que ya debía rondar los cuarenta, se miró algo avergonzado como si de un adolescente se tratara, bajando un poco la clara mirada. -Kate... yo... lamento haberme marchado de esta manera. Tienes todo el derecho de insultarme o golpearme, yo...

Le importó poco el dolor que sentía en su brazo dislocado; Kate, sintiendo los ojos humedecidos, se había arrojado contra él, rodeando su cuello con el brazo sano, y había posado casi toscamente sobre los del arquero incapaz de contenerse ya. Sus lágrimas abandonaron sus ojos sin que pudiese evitarlo. Sabía que él debía estar más que sorprendido por la acción de ella, pero no le importaba, él estaba allí con ella, quería corroborar que era real... él había inclinado su rostro un poco, volviendo a besar sus labios con mayor propiedad en esta ocasión, llenándola de un intenso estremecer, mientras rodeaba su esbelta figura con sus brazos.

-Maldito anciano. -Había susurrado ella tras separarse solo un poco de sus labios, percibiendo el aliento agitado de él con el de ella, así como el viento helado revolviéndole el cabello. -Ya no soy una niña... no me trates así...

-No te trato como una niña, Katie...

Clint se había inclinado nuevamente a tocar sus labios, besándolos dulcemente; se percató de inmediato que ella se había desvanecido, víctima del dolor, entre sus brazos... tal y como ella durmió aquella noche, cuando había llegado tan ebrio...

Se lamentó haber demorado tanto tiempo.

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Yuy.