Zootopia no me pertenece, yo solo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia y mis ansias de Nicudy.

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Capitulo 4. Sin respuestas.

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"Siguiendo las huellas invisibles que me llevarán a la respuesta que deseo encontrar".

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Bogo esperaba noticias desde hacía un par de horas y éstas aun no llegaban, durante ese lapso de tiempo lo único que había obtenido era incertidumbre y pensamientos intrusivos de que algo no estaba del todo bien ¿Qué podría esperar en esas circunstancias?

La puerta se encontraba entreabierta solo un par de centímetros dejando entrar la pálida luz del pasillo. El búfalo miró el reloj de la pared -una de tantas veces que lo había hecho- para después centrar su vista nuevamente en los expedientes que tenía entre sus pezuñas. El turno nocturno del DPZ estaba por iniciar y Garraza aun no se reportaba ante él; la ironía en el pensamiento de la velocidad del depredador ante la tarea perdió total gracia siendo la naturaleza del encargo lo primordial en esos momentos.

Se acomodó la montura de los anteojos para retomar su tarea y estuvo a punto de hacerlo de no haber sido por un jadeante y regordete depredador de pie bajo el umbral de la puerta.

Garraza inhaló una bocanada de aire antes de hablar—jefe… la oficial no responde las llamadas de su número personal—el jaguar se aparragó a la columna de la puerta para tratar de contener su propio peso y evitar caer ante la gravedad—he intentado unas veinte veces y la única respuesta que obtengo es la operadora diciéndome que ese número no se encuentra disponible.

Benjamín Garraza no mentía, su tarde y parte de la recién acaecida noche se había limitado a estar pegado al teléfono de la recepción marcando una y otra vez el mismo número sin recibir mayor respuesta que un "lo sentimos el número que usted intenta contactar no se encuentra disponible, favor de llamar más tarde" y a pesar de eso su necedad lo impulsaba a repetir tal acción.

El jefe Bogo supo entonces que algo debía andar mal para que su agente no respondiera al llamado. Hopps era incapaz de dejar botado el trabajo no sólo por su creciente sentido del deber sino por su amor al mismo, un don nato en ella.

¿Qué debía hacer entonces? ¿Esperar a que fuese ella quien se reportara al día siguiente? Si es que al caso lo hacía ¿o enviar a alguien hasta su departamento? En todo caso la segunda opción parecía la más viable en esos momentos.

— ¿Señor?—Garraza observó al gran búfalo frente a él, dudoso y con el ceño fruncido a más no poder, una señal de que la mente del jefe estaba maquinando algo.

Sin darle algún tipo de respuesta, Bogo tomó el comunicador que descansaba sobre su imponente escritorio.

—Lobato, Jackson, los quiero en mi oficina en diez minutos—fue todo lo que profirió el búfalo al cortar la comunicación antes de que siquiera hubiera replica alguna por parte de ambos agentes quienes por cierto se suponía patrullaban en las cercanías.

Acatar la orden en la brevedad de lo posible era un requisito indispensable para cualquier animal que se dignara a llamarse "oficial de policía de Zootopia". Una de las pocas ventajas que implicaba patrullar en las cercanías era estar disponible en el momento preciso en el que el jefe lo requiriese.

Pulsó otro botón y conectó con otro interno del departamento de policía—Johnson quiero la dirección de la oficial Hopps en mi escritorio ahora.

Johnson era el león que se encargaba del papeleo, cada expediente así como información de cada agente pasaba primero por sus patas para después ser archivado en la zona especificada según fuese el caso.

"Entendido" respondió el oficial sin chistar, sonidos de papeles se hicieron presentes del otro lado antes de colgar. Llegaría en unos minutos con la información pertinente.

— ¿Necesita algo más jefe?—la actitud servicial de Garraza salía a relucir en repetidas ocasiones sin importar que otros lo estereotiparan como "el típico oficial come donas que adornaba la recepción".

El búfalo le tomó la palabra al regordete animal, haciendo amago de pensar enfocó la mirada en él—Necesito el registro de la salida de Hopps del día anterior Garraza—solo en caso de que sus sospechas fuesen acertadas.

Garraza asintió en afán de entendimiento y recordó vagamente el momento de la salida de la coneja, poco más tarde de lo habitual, pero como siempre nunca se podía tener certeza de nada y en todo caso era mejor consultar los registros de la noche anterior.

—Creo que también podría revisar la cámara de seguridad señor—sugirió el dócil depredador.

Bogo se encogió de hombros, una señal silenciosa de que aprobaba dicha noción. No le importaban los medios, lo que quería era una respuesta a su interrogante ¿en dónde diablos estaba Hopps? ¿Cuál era el poderoso motivo que la obligó a dejar botado el trabajo? -Por primera vez en todo este tiempo-

—Le traeré la hora de la partida de la oficial Hopps jefe.

Las palabras parecieron extrañamente literales. Y con ellas benjamín se retiró a su labor. La oficina quedó sumida en un absoluto silencio.

Lobato fue el primero en llegar al despacho del jefe, sus vacilantes pies se detuvieron a unos centímetros de la puerta, Jackson, quien le seguía de cerca lo miró perspicazmente ¿Qué es lo que habían hecho que ameritaba una visita al lugar del búfalo? La sensación de ser un par de adolescentes reprendidos por la autoridad escolar tras una jugarreta durante el horario de clases se hizo presente con más fuerza.

—Adelante—fue la tácita orden del enorme animal tras la puerta al percibir su presencia.

El tigre tomó la iniciativa de ingresar y lobato le siguió el paso. Un saludo con la cabeza fue suficiente para hacer alusión a una insignificante muestra de respeto.

Bogo volvió la mirada hacia ellos y ambos mamíferos intuyeron que tremendos gritos iban a salir del búfalo, todo lo contrario a lo que podrían esperar gracias a expectativas infundadas, el enorme animal les indicó que tomaran asiento.

—Quiero que vayan al departamento de Hopps y verifiquen si se encuentra ahí— En lugar de embarcarse en una explicación adicional Bogo les pasó a ambos una hoja suelta, instándolos a cogerla, en ella podían encontrar claramente una dirección.

Lobato leyó el contenido de dicho documento -casi vacío- unas tres veces antes de responder.

— ¿Pangominio?—atinó a decir tras ubicar el lugar al que se refería el pedazo de papel. Conocía vagamente aquel lugar, un pequeño y casi decadente complejo de apartamentos cercano al departamento de policía, de hecho era normal pasar frente a éste en su recorrido cada mañana.

Pero siendo honestos, nunca se había detenido a preguntarle a la oficial coneja sobre el lugar en el que habitaba o en todo caso a tener una plática decente con ella que no fuese sobre el trabajo. No es que Hopps no fuese una conocida suya sino más bien su relación se reducía estrictamente a lo profesional abarcando un simple "hola" ocasional o un simple "¿Qué tal el trabajo Hopps?"

Su discriminación hacia las presas -si es que al caso alguna vez la había tenido y cosa que dudaba- había quedado en el pasado tras la hazaña de Judy con Bellwether y en lo personal le daba exactamente igual.

— ¿Sucede algo jefe?—Jackson quien no había pronunciado palabra alguna desde que había entrado al lugar al fin rompió el silencio. No era tonto, el tigre se había percatado de la ausencia de la coneja y con ella los gritos del jefe en el lugar. En ese entonces intuyó que podría deberse a una deliberada enfermedad de la susodicha como motivo principal, ahora no estaba del todo seguro.

Seguro. Aseveró el búfalo mentalmente y de nueva cuenta les señaló el papel.

—Vayan y verifiquen el lugar, quiero noticias de esa coneja en la brevedad de tiempo y si todo esto se trata de una insubordinación de su parte la falta será castigada, a menos que quieran ser ustedes los que quieran tomar su lugar.

Lobato compartió una silenciosa mirada con su compañero. Era mejor cumplir las órdenes, Bogo carecía de tolerancia cuando se trataba de trabajo. El margen de error para el jefe se reducía a lo mínimo y al menos así quería conservarlo.

Ambos oficiales hicieron amago de levantarse de su asiento, dirigiéndose posteriormente a la salida y despidiéndose del búfalo. Cerraron la puerta detrás de sí y se miraron extrañados ¿ahora debían catear la casa de Hopps?

—Andando lobato—sugirió Jackson adelantándose a éste y sosteniendo en alto un par de llaves que tintineaban con el movimiento—o puedes irte caminando si prefieres—bromeó recibiendo una mala mirada mientras el lobo palpaba los bolsillos de su uniforme en busca de las dichosas llaves.

Lobato era un despistado que nunca se percataba de cuando Jackson se hacía de las llaves de la patrulla. No importaba la cantidad de veces que lo hiciera, el resultado era el mismo.

—Déjame conducir a mí—pidió el lobo dándole alcance y tratando de arrebatar el objeto de las garras del tigre, con resultados por demás infructuosos.

La pequeña cría no se movía, su respiración acompasada simulaba un estado de aletargamiento propio del sueño y a decir verdad eso no podría estar más alejado de la realidad que acometía la escena.

Al límite de la inconsciencia la pequeña criatura miró al animal que la sostenía entre sus brazos, un movimiento rápido bastó para que su mano viajara en dirección al rostro de éste en un vago intento por tocar la nítida imagen que poco a poco se iba desvaneciendo frente a sus ojos.

¿Crystall?—la claridad del llamado se perdió casi por completo tras la pastosa voz del macho preso en lo que parecía ser un torbellino de miseria al contemplar en lánguido cuerpo de su propia hija.

Un leve quejido fue la única respuesta posible en ella, señal de que se encontraba lo suficientemente rota para proferir palabra alguna, el cansancio también jugaba en contra.

El macho farfulló palabras inentendibles en una verborrea de maldiciones al causante de su desgracia y palabras de clemencia hacia la pequeña. No importaba cuánto se esforzara por sacar de ahí a su hija, la decisión estaba tomada y su vida pendía de un ligero hilo que estaba a punto de romperse.

Te lo dije ¿no es así?—un animal apareció a espaldas del primero, su elegante vestimenta iba de acuerdo a la ocasión, al menos según él—te di una advertencia pero preferiste ignorarla ¿y cuál fue el resultado?

Te pedí tiempo—el macho afianzó el cuerpo de la pequeña, protegiéndola así del recién llegado, o al menos era un vago intento de protección.

El elegante animal esbozó una tenue sonrisa y negó con la cabeza.

Al principio lo consideré—comenzó—pero con el tiempo te das cuenta que en este negocio lo que menos tenemos y de lo que no podemos darnos el lujo es el tiempo, el tiempo es tan valioso como el dinero en sí y una traición es imperdonable como el pecado más atroz que de te puedas imaginar—volvió a mirar al susodicho y éste pareció temblar ligeramente, si de ira, miedo o de frío en verdad la respuesta no le fue del todo clara.

El brusco movimiento de la cabeza del sujeto, el oso que yacía prácticamente postrado en el suelo, le confirmó que lo que hervía en su cuerpo era ira, irradiando desde lo profundo de su ser y manifestándose en una cólera que podría explotar en cualquier momento.

Tienes razón, una traición es como el peor pecado que te puedas imaginar—el oso volvió la mirada hacia el frio cuerpo, al cascaron vacío que acunaba entre sus brazos.

¿Qué es lo que restaba ahora? ¿Pedir piedad en un intento desesperado rogando por su vida? Por el rabillo del ojo se percató de otro cuerpo inerte tendido en el suelo sobre un charco de espeso líquido carmín.

La sensación de la cercanía del intruso fue evidente, aun sin alzar la mirada sabía que se encontraba a poco centímetros de distancia.

Y era una lástima porque te consideraba mi mejor animal—una reluciente arma hizo acto de presencia situándose lo bastante cerca de la cabeza del oso—pero el lado bueno de todo esto—hizo una breve pausa dramática antes de continuar—es que me considero lo bastante generoso para permitir reunirte con tu familia.

Jalar del gatillo no era un problema, su dedo podría prácticamente deslizarse solo, como un acto reflejo y estaba de sobra decir que no experimentaba miedo o ansiedad ante sus acciones.

El sonido del arma se propagó en el aire, estallando en el sepulcral silencio y aturdiendo el ambiente. Después de eso no hubo nada más. Imágenes borrosas que se mezclaban y bailaban junto a ruidos inentendibles.

"Espero nunca olvides este día malnacido".

El oso palpó el retrato entre sus patas, la imagen de una cría sonriente y una joven hembra estaba gravada en aquel trozo de papel, un recuerdo y recordatorio de lo que una vez había tenido. Ese sucio y desgastado retrato había sido su más preciado tesoro durante todos esos años, resguardándolo de ojos curiosos.

Unos golpes lograron aclarar su mente y regresarlo a la realidad.

—Adelante—se limitó a decir guardando inmediatamente el objeto en un compartimento detrás del cajón de su escritorio, una especie de puerta trampa.

Un coyote ingresó cautelosamente y se postró delante de él.

— ¿Dónde está?—la curiosidad del oso pudo más que su paciencia impulsándolo a hablar antes que el coyote en un tono casi demandante.

El nerviosismo fue palpable desde el primer instante en el que el animal ingresó a la oficina—se encuentra en la habitación que usted ordenó.

Perfecto. Se dijo el oso. Debió admitir que el zorro era más eficiente de lo que esperaba, al menos sabía que había hecho una buena inversión al respecto. Ahora solo podía esperar un poco más para proceder como él quería.

—Manténganla como hasta ahora, sedada en la medida de lo posible.

Mantener despierta a la pequeña presa representaba un inconveniente, el animal aprendió con el tiempo que subestimar a una presa era el peor error que podía hacer.

— ¿Qué hacemos con los dos zorros?—inquirió el coyote, de hecho el motivo principal de su presencia ante su jefe era ese, el par de vulpinos exigían su parte del trato.

El oso asintió en señal de entendimiento, del cajón izquierdo sacó una bolsa negra de mediano tamaño y lo aventó sobre el escritorio, éste cayó sin más, gracias a su propio peso que por cierto no era para nada ligero.

—Diles que obtendrán la otra mitad cuando cumplan con todas mis órdenes—le dijo.

El coyote movió la cabeza de arriba hacia abajo. Se acercó para tomar el objeto y asegurar que lo haría llegar a su destinatario. Y más le valía hacerlo pues de no hacerlo podría costarle quizás más que el empleo y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir por un arrebato de codicia.

Vacilante se volvió con dirección a la puerta y enfiló hacia ésta, el chirrido de la misma al abrirse y cerrarse fue la confirmación de que había abandonado el lugar.

El oso suspiró. El tiempo apremia. Se dijo.

Jackson detuvo la patrulla y aparcó a un lado de la calle, el edificio al parecer no contaba con un estacionamiento propio. La calle estaba prácticamente iluminada por un solo faro que titilaba cada tanto.

—Demonios ¿en qué clase de lugar vive Hopps?—inquirió en voz alta Lobato mirando detenidamente el decadente edificio.

El tigre soltó un leve suspiro ante la indiscreción de su compañero, apagó las luces de la sirena del auto y retiró las llaves guardándoselas de nuevo en el bolsillo de la camisa.

—No lo sé pero no es de nuestra incumbencia idiota—el depredador verificó que todo estuviera en orden y que ningún automóvil entorpeciera su descenso antes de abrir la portezuela del vehículo.

Lobato imitó su acción al otro lado de la patrulla descendiendo de un solo movimiento y acomodándose el atuendo menos formal de su uniforme de policía.

Ambos trazaron su trayecto hacia lo que parecía ser un pequeño lobby, si el exterior resultaba deprimente y antiguo, el interior parecía tan carente de vida que dudaba que alguien pudiese habitar ahí sin volverse loco ante el exceso de marrón y humedad de las paredes.

— ¿Dónde está todo el mundo?—inquirió el lobo mirando en derredor buscando algún vestigio de movimiento o interacción. Simplemente no podía creer lo vacío que se encontraba el lugar.

Antes de que Jackson respondiera, un carraspeo los interrumpió anunciando la presencia de alguien más con ellos.

— ¿Puedo ayudarles en algo?—una armadillo que aparentemente rondaba los cuarenta años se dirigió a ambos. Las luces titilantes de la patrulla habían captado su atención pero no creyó que dos policías estuvieran en la estancia de su complejo apartamental ¿de qué se había perdido?

Sin ninguna clase de rodeos fue el tigre quien inició—buscamos a Judy Hopps—declaró sin un ápice de duda en su voz.

La hembra pareció sopesarlo un momento. "Hopps, Hopps" ese apellido le sonaba de algún lugar pero honestamente nunca se tomaba el suficiente tiempo de conocer a profundidad a sus inquilinos y más cuando éstos eran nuevos en el complejo. Buscó en su memoria hasta que al fin encontró un vago registro de la "inquilina fantasma" como ella solía llamarla, pues la oficial en contadas ocasiones se encontraba en su departamento siendo solo un "tal vez te vi" para la hembra.

— ¿Para qué la buscan?—inquirió recelosa. No importaba que esos machos fuesen compañeros de la coneja, la política de privacidad del edificio aun se mantenía.

—Hopps no se presentó hoy al trabajo y el jefe nos envió a verla.

La hembra no podía aseverar que la coneja se encontrara en su apartamento, pero siendo que los oficiales la miraban con tal seriedad no le quedó de otra que enseñarles el camino. Sus temblorosas patas apuntaron a una empinada escalera.

Los oficiales fruncieron el ceño ante la expectativa del esfuerzo que implicaría subir escalones y a regañadientes siguieron a la mamífero quien ya les sacaba camino.

—Suban por favor—el tono pastoso y sin gracia de la hembra no se perdió un ningún momento.

Los condujo por los escalones y a lo largo del pasillo del tercer piso. Lobato debió admitir que no se parecía en nada a lo que había imaginado; la personalidad explosiva de Hopps contrastaba distalmente con aquel lugar.

—Aquí—anunció la hembra al detenerse frente a una sencilla puerta, tal era la suerte que cargara consigo su siempre útil juego de llaves.

Lobato y Jackson ingresaron, la confusión fue absoluta que solo atinaron a mirarse de soslayo.

El lugar asemejaba más bien a un cubículo, estaba limpio, sí, pero de ahí no podían captar en éste un ambiente cómodo en el qué habitar. Una cama, un escritorio, un espejo y un pequeño frigorífico que servía también como una mesilla improvisada.

El lobo se aproximó a la cama de la coneja notando que ésta estaba prácticamente tendida.

— ¿Acaso realizan algún servicio a la habitación en el lugar?—indagó Lobato.

—Los huéspedes son responsables del mantenimiento de su habitación—aclaró la hembra con un ligero toque de molestia en su voz.

Lo suponía pero aun así quería una confirmación de la dueña. Las posibilidades se reducían a dos cosas; Hopps no había pasado la noche en su habitación o la había hecho antes de ir a algún lugar muy temprano esa mañana.

Jackson verificó el frigorífico encontrando solo cuatro paquetes de lo que parecían ser zanahorias congeladas, esas que se podían conseguir en cualquier supermercado, lo sorprendente del caso era que la coneja no parecía tener demasiado tiempo para hacer las compras pues era lo único que ocupaba espacio en el aparato; tardó unos segundos en caer en cuenta sobre un pequeño detalle, cuatro paquetes habían ahí pero suponiendo que ese fuese el alimento de la coneja para toda la semana el tigre intuyó que debía comprar siete paquetes, para el caso solo había consumido tres de los siete y ese día era el quinto de la semana.

De haber estado ahí la coneja, los paquetes se reducirían a tres. A menos que ordenara o comprara de camino a casa. Enfocó su vista en el bote de basura pero no encontró nada, el cesto permanecía vacío.

—Señora ¿está segura que no vio a la oficial Hopps entrar o salir del lugar?—atajó Jackson. En verdad dudaba que el edificio contara con cámaras de seguridad.

La hembra frunció el ceño y negó en repetidas ocasiones.

"Hopps no llegó a dormir" se escuchó del otro lado de la pared.

Lobato miró de manera interrogante a su compañero y éste se encogió de hombros.

"Nadie te preguntó metiche" se repitió del otro lado pero ahora con una voz diferente.

"La oficial coneja no regresó a dormir anoche y ahora sus compañeros vienen a preguntar por ella idiota ¿Qué no es obvio? Algo le sucedió"

"Bueno quizás solo se dio el lujo de tener una noche de diversión por ahí" replicó la segunda voz.

La pequeña discusión siguió por unos minutos más hasta perderse en asuntos que nada tenían que ver con el paradero de la coneja, eventualmente todo se fue apagando.

—Creo que es todo lo que necesitamos—aseveró Jackson tras esa incomoda intromisión y posterior pelea.

Una mirada bastó para dejarle en claro a su compañero que debían marcharse. Bogo aguardaba por respuestas.

—Gracias—el tigre se dirigió a la mamífero.

Salieron del apartamento y abandonaron el edificio encaminándose a la estación.

El olor a gasolina inundó las fosas nasales de Nick provocándole arcadas, giró la cabeza en busca de aire fresco, el que pudiese obtener de aquel lugar con poca ventilación.

— ¿Quieres darte prisa y deshacerte de esa cosa ya?

Estaba completamente harto del olor, la furgoneta de Finnick apestaba al combustible y pasar las últimas horas montado en esa cosa lo habían vuelto un tanto sensible al punto de crearle una aversión.

El Fennec le echó una mala mirada, reprochándole silenciosamente la actitud de "diva" que Nick comenzaba a adoptar.

—Al menos déjame tener esta pequeña satisfacción y deshacerme de la humillación—inquirió vertiendo más gasolina al bote metálico. Una mirada perversa atravesó los orbes del pequeño vulpino, preso del éxtasis que el resultado de sus acciones conllevaría. Destrucción.

Satisfecho, desechó el envase vacío hacía algún lugar de la habitación. Rebuscó en sus bolsillos, palpando por encima de éstos y hasta el fondo por una pequeña caja de cerillos. Su mirada traviesa se intensificó en cuanto lo encontró.

—Solo hazlo—lo instó Nick. Permanecer un segundo más ahí no era una opción y ciertamente todo el asunto ya comenzaba a hartarle.

—La próxima vez que me hagas usar una de esas cosas te arrancaré la cola de un mordisco—amenazó Finnick—y a final de cuentas fue solo un desperdicio de tiempo y dinero—se quejó.

—Se llama venganza galán—una cínica sonrisa se dibujó en el semblante de Nick— ¿acaso creías que olvidé esa vez en el bar Black Ice en TundraTown?

¿Olvidarla? Esa noche se había grabado en la memoria de Nick. El sentido de supervivencia del pequeño Fennec no justificaba el dejar botado al zorro en aquel bar a cuestas de una deuda exorbitante por alcohol y compañía. Simplemente imperdonable.

Nick simplemente aguardaba la oportunidad perfecta para implementar su venganza y sin duda la humillación al ego de Finnick podía compensar la suya ante los golpes que recibió aquella noche hacía ya muchos años atrás cuando aún era un joven e inexperto zorro.

Quitando el sentimiento de ansiedad que el atuendo le había provocado, podía decir que fue la mejor manera de vengarse del pequeño mamífero. Quiso reírse a carcajadas del semblante de su amigo pero se contuvo, tenía gasolina y una caja de fósforos en patas, no, definitivamente no quería arriesgarse.

Un gruñido escapó de Finnick, maldiciendo por lo bajo a su compañero. Imbécil. Profirió mentalmente a la par que arrojaba el fosforo encendido al interior del bote.

El fuego pareció avivarse arrojando lenguas de fuego, amarillo y chispeante fuego que crepitaba cada tanto. Su humillación estaba siendo expiada de semejante manera.

El olor a gasolina fue reemplazado por el olor a quemado flotando en el aire volviéndolo mucho más denso. La evidencia había sido destruida junto con cualquier registro de compra del atuendo, el dueño no hablaría de absolutamente nada.

El bolsillo de Nick vibró y él inmediatamente sacó su celular. Un mensaje de "confirmación" era lo que había.

— ¿Listo para sanar el orgullo herido galán?—el vulpino guardó el aparato en su bolsillo—nuestra jugosa recompensa nos espera.

El encargo había sido entregado hacía más de un par de horas y solo aguardaban la cuantiosa remuneración o por lo que Nick había accedido, a parte de ella. El cincuenta por ciento -asegurado- aguardaba.

Sus orbes esmeraldas adquirieron un brillo peculiar ante la expectativa de la recompensa. Pero pese a ese sentimiento de dicha un breve pensamiento atravesó su mente, la imagen de la coneja parpadeó en su mente. ¿Qué le sucedía? Sacudió la cabeza para apartar ese pensamiento de su mente.

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Continuará…

Repito XD lamento si la lectura puede resultar tediosa, sigo puliendo ese aspecto. Y también con la actitud de algunos personajes, si resultan fuera de carácter, todo es con motivo de la historia.

Y también, al menos en lo personal me encanta poner a este Nick, algo alejado de la personalidad de la película, la ventaja de las historias es poder moldear una personalidad al punto de distorsionarla en la medida de lo posible pero sin ir a los extremos.

Gracias por los reviews.

Soyvegetariana: es un poco maldito por ahora pero solo dale una oportunidad al pobre zorro. Wow gracias, a veces me tambaleo demasiado con la narrativa y la trama pero trato de mantenerla en la línea original… tengo la noción de hacia dónde va y cuál es mi final… pero existen huecos que aun trato de cubrir para que todo encaje.

Afortunadamente el penoso incidente no se ha repetido, o al menos es lo que creo… no he visto más publicaciones de esta historia a nombre del chico, por lo que espero todo quede atrás.

Yoli: nunca es tarde Yoli... Sino mírame a mí actualizando cada mil años XD. Las razones de Nick se van a mostrar en los próximos capítulos, quiero abarcar un poco de su historia y llenar el hueco de su actitud hacia los demás. Nunca digas que no puedes escribir, no lo vas a saber si no lo intentas mujer. Sí, gray se parece físicamente a Rin XD… tal vez podría escribir algo cortito sobre ellos pero tendría que buscar información sobre ellos y la trama del anime, no soy muy fan de Fairy Tail o para el caso de Naruto. Y respeto tu derecho a ver al IR en el Nicudy… lo que me gusta de esta pareja es que asemejan un poco a la relación de Ichigo y Rukia en cuanto al compañerismo y camaradería… pero en actitud ciertamente son muy distintos el uno del otro, Nick es cínico, coqueto y sarcástico… Ichigo si bien es cínico a su manera que logra sacar de quicio a los demás su actitud es más seria. Vale Yoli… nos leemos hasta la próxima…

Rene18: bueno gracias chico. Sí, tiendo a desvariar al momento de narrar algo y a veces creo que tiende a ser tedioso… ver a ese Nick igual me gusta, en cierta medida trato de que no se me vaya de las manos y volverlo totalmente diferente, aun cuando le he cambiado la esencia en ciertas ocasiones le doy ese pequeño toque o al menos intento que sea el Nick que conocemos. Tienes razón, el plan hubiese quedado mejor sin el traje de Finn ese es un aspecto que se me escapó de las manos, gracias por hacérmelo notar… de nuevo gracias por darle una oportunidad a esta historia y espero sea de tu agrado lo que viene…

Chicos hasta la próxima…y cuídense…