N/A: Agradezco mucho a los que todavía leen, siguen y comentan esta historia, mil gracias por dedicar algo de su tiempo en leer esto. Solo falta un capítulo más y el epílogo. Espero poder colocarle la etiqueta de 'Completo' pronto, como bien dice mi colega Angron11. La siguiente en actualizar es "Naruto: Sueños Reconstruidos", trataré de subir el capítulo el miercoles.

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Capítulo 4

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—Solo serán cinco minutos, señorita.

Yamanaka afirmó en un cabeceo y toma el picaporte de la cerradura en su mano izquierda, dispuesta a entrar. El joven vigilante la observó en silencio. Desechando el manojo de nervios que la hacían dudar, la chica rubia abrió la puerta que le separaba de su prometido; Sasuke, a quién encontró con los ojos cerrados y postrado en una camilla rodeada de pocos aparatos que producen un ligero sonido. Ingresó a la estancia fijando su celeste mirada en él, avanza unos pasos hasta quedar en un extremo y extiende su extremidad hacia los dedos masculinos, deseosa de tocarlo. Más en un repentino movimiento de gran velocidad, el Uchiha atrapa su muñeca y la sostuvo en el aire, levantando los párpados.

—S-sasuke... —musitó sorprendida, viendo varias curitas que adornaban el apuesto rostro— creí que...

—¿Qué?

En otras circunstancias esa manera de interrumpir su frase hubiera encendido en ella misma el encarar opiniones, pero ahora, la situación es distinta.

El muchacho apretó su agarre. —¿A qué viniste?

—A saber cómo estás, ¿no es obvio?

—Bah. —bufó malhumorado, y soltando la piel femenina que apresaba entre su palma, dirige la vista hacia el sol que asoma por el cristal de la ventana. Debido a esa acción, Ino supo que no está en sus mejores días.

—No te hirieron tanto como a Naruto. —comentó, sobando la zona anteriormente apretada. Resopló frustrada y acomoda unas hebras detrás de su oreja, sentándose en una orilla del colchón. Quería hablar más tiempo con él.

La noticia pareció no afectarle en lo absoluto. —Una emboscada, el objetivo nunca fui yo.

—Me preocupé mucho cuando me dijeron que te habían lastimado, Sasuke —sonó acongojada, bastante afligida—. Temo que vuelvan a agredirte.

El pelinegro abandonó el paisaje y enfoca su atención en ella —Iban por él, ya lo mencioné.

Una pequeña sonrisa apareció en los pintados labios de la mujer. —Te conozco, sé que intentas fingir dureza. Me contaron que participaste en la pelea para defenderlo, eso significa que te importa.

Uchiha no contestó.

—No te quedes callado —Sumisa, alargó su mano y retira el oscuro flequillo que caía sobre la frente de su novio, añadiendo—. Me angustia que insistas con la idea de alejarnos.

Aunque no lo expresara en voz alta, Sasuke acostumbra a demostrar su interés en las personas más con hechos que usando palabras, su abogada es un vivo ejemplo de ello. En la soledad de la celda y sonido de ratas devorando suciedad, su mente llegó a la conclusión que mantener a Ino alejada de él era lo apropiado, aún si eso corre consecuencias como herir aquel frágil corazón de puros sentimientos. Prefería tenerla al margen de todo.

Inocente de la porquería que es su vida ahora.

—Lárgate.

La fémina arrugó su entrecejo —Basta.

—¡Que te vayas! —gritó eufórico, y cambiando de postura. Sentado, la fulminó con sus intimidantes orbes—. Fuera de aquí.

La estaba haciendo enojar —¡Deja tu necedad! ¡Me molesta que sigas la estúpida estrategia que usó Naruto en relación a Sakura! ¡Lo único que consigues es empeorar el asunto!

—Tsk.

Yamanaka se apartó de él y caminó de un lado a otro en la habitación —Es... increíble —decía, frotando el puente de su nariz— que en tan solo unos instantes logres sacarme de mis casillas. Y lo peor de todo es que continúo aquí, enamorada de ti.

El chico optó por ignorarla.

—Veo que hoy no entiendes razones —murmuró, cogiendo su bolso que está en el largo sillón de una esquina—. Me duele en el alma que desperdicies el valioso tiempo que te queda en babosadas, cuando podríamos planear tu defensa en el juicio. No eres el hombre fuerte y decidido de siempre.

Sasuke la contempló de soslayo. —Vete.

Derrotada, y sabiendo que no triunfaría en la discusión, la rubia apresuró sus pasos y echa un vistazo por encima del hombro —Me decepcionas.

Dos simples palabras que calaron profundo en el orgullo masculino, y parte blanda de su ser, en el momento que oyó la puerta cerrarse en un ruidoso jalón. Allí entendió que su prometida no solo está furiosa, sino herida. Una sensación que le cuesta mucho borrar.

Y que había sentido... hasta el día en que la conoció.

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Su intuición femenina detectó las zancadas y escándalo de otras personas que circulan libremente por su costado derecho, aterrada de que su identidad quedase en descubierto, la chica ubicó el tapabocas sobre sus brillosos labios retomando la dirección que pertenecía a la recamara vigilada que ocupa el sujeto de sus desvelos y aceleradas palpitaciones, el hiperactivo rubio que genera en su anatomía infinidad de emociones. El hombre responsable de su trampa para engañar a los guardias y entrar en el sitio que solo empleados del Hospital pueden habitar. Una cuartada que poseía riesgos, pero que si era en beneficio de los dos valía la pena.

—¿A dónde va, señorita?

La interrogativa del señor que portaba el uniforme de policía, forzó a que alzara su mirada y emita un gesto de completa falsedad. Le caían en el hígado —Debo alimentar al paciente de allá dentro.

Luego de inspeccionar la bandeja que sostienen las femeninas palmas de la supuesta enfermera, él asintió —Bien, adelante.

"Gracias al cielo".

Contenta de que su plan haya resultado, Haruno ingresó al cuarto en misterioso mutismo, esperó a que cerraran la puerta y una vez hecho, abandonó la cacerola en una alta mesa metálica (que utilizan para colocar artefactos quirúrgicos) y corre hacia la camilla que ocupa su prometido. Lo halló dormido, muy tranquilo.

—Naruto ¿me escuchas? —A escasa distancia de sus rostros, el impulso de acariciarlo le ganó—. Por favor, respóndeme.

Percibiendo la voz de su amada pelirrosa colarse por sus oídos, el joven rubio fue despertando —¿S-sakura?

La aludida sonrió con lágrimas descendiendo de sus verdes orbes —Sí, soy yo.

Él compartió su alegría —T-te extrañe mucho... mucho.

Los dedos de la fémina mimaron el contorno de su mandíbula, y rozan la comisura de sus labios —Me asusté demasiado cuando prohibieron las visitas acá.

—Creen que me escaparé.

—En tu estado eso es imposible.

En un acto de completo enamoramiento, Uzumaki le quitó el tapabocas y juntó sus frentes, cerrando los párpados —Me aterra que hagan algo en tu contra. No lo soportaría, Sakura-chan.

—Ya entiendes lo que siento yo cuando te agreden.

—Es diferente. Mi amor es más grande que el tuyo.

Inclinada a él, la estudiante de Derecho negó en un suave cabeceo y confiesa —No tienes idea de lo que dices. Desconoces el tamaño de esto.

—Pero sé la magnitud del problema que quieres enfrentar, sabes que no estoy de acuerdo. —expresó, antes de plantar un cariñoso ósculo en la frente de su mujer, quién guiada por la incertidumbre posó la mano en su pecho y le devuelve una mueca de total confusión.

—¿Que tratas de decirme?

—No me defiendas en el juicio, huye del país e inicia una nueva vida lejos. Dónde nadie sepa tu ubicación, así no habrá peligro de que ese degenerado te encuentre.

—Ya hablamos de eso —dijo en bajo tono y observando las facciones del rubio—, no me retractaré y lo sabes.

Pese a el dolor de la cirugía, el chico no reprimió sus ganas de reír —Eres testaruda, Sakura-chan. No solo hermosa.

—No... no hagas eso.

Arqueando una ceja, ensanchó su sonrisa —¿Porque?

Hipnotizada como si fuese una idiota quinceañera, sus pómulos enrojecieron con la tartamudez de su pronta confesión —H-haces que te ame más.

La mueca feliz desapareció de la cara masculina, dando lugar al resurgimiento de un brillo en sus azulejos que entorpece el sano juicio de la muchacha. Son uno para el otro.

—¿Saben que estás aquí? —preguntó, clavando su vista en los labios ajenos.

—No.

Consciente de que existía personal de la Guardia vigilando el exterior de la habitación, Naruto no resistió la punzada nacida en su corazón y abarcó con su palma abierta toda la nívea mejilla de la pelirrosa, atrayéndola hacia sí. Ladea su rostro al mismo tiempo que ella, y ambos cierran sus ojos, anhelando que sucediera rápido el primer contacto. El movimiento fue tierno, casi imperceptible, hasta que Sakura perdió voluntad y su inmenso afecto por él la poseyó. Disfrutando el roce, ella rodó su extremidad al revoltoso cabello que enrolló en sus dedos y abre la boca en una sofocante búsqueda de saciar la repentina sed que provocó la húmeda piel del Uzumaki, quién a modo de complacerla convirtió el beso en un acto pecaminoso, introduciendo a escalas altamente peligrosas la lengua en su interior.

Pronto aquello dejó de ser suficiente.

La devota entrega de Sakura enloqueció al rubio que sosteniendo su nuca, empieza a embestir entre chasquidos y succiones la acalorada carne que ofreció de manjar. Comiéndola. Y ella también a él.

—Naruto.

A regañadientes, el nombrado tuvo que parar.

—Lo lamento —susurró, sobando la rosácea melena—. Es que no puedo controlarme si me besas de esa forma. Tú sacas mi lado enfermo, Sakura-chan.

—Al casarnos podrás hacer lo que gustes, pero ahora lo importante es salir de este lío. —le recordó, creando un poco de espacio entre ellos. El chico rubio asintió convencido, mirando embelesado la mojada epidermis que estuvo presa en sus dientes. ¡Hasta la había mordido!

—Pasado mañana será el juicio, luego viene la sentencia. —agregó.

—Supongo que El teme irá por ser el mismo caso.

—Sí, pero a él lo defenderá Ino-cerda.

—¿Me permitirán verte antes de que comience? —consultó, acariciándole la frente—. ¿O tendré que escaparme?

Una cristalina capa de agua empañó las verdes esmeraldas femeninas —No, no te dejarán.

La emotiva sensación impregnó a Naruto —Lo imaginé.

—Hey —lo llamó, cogiendo el masculino rostro en sus extremidades superiores— nada de tristezas, eh. Hay que estar alertas ante cualquier evidencia.

—Prométeme una cosa —Ella afirmó con su cabeza, y él supo que después de oír su petición se enojaría—. Si el juzgado cree en el falso testimonio de ese sujeto, y me declaran culpable... te olvidarás de mí para siempre.

—No.

—¡Prométemelo!

—No, no puedo. Sería ir en contra de mi misma, ¿que no comprendes?

Cuando la sintió sollozar, lo embargó el arrepentimiento.

—Por favor perdóname, en ocasiones quisiera que me odiaras para evitarte este sufrimiento.

—A veces creo que no te he demostrado mi amor.

—Te equivocas —soltó, acunándola en su cálido pecho—. Nadie ha mostrado quererme más que tú.

El suave sonido de unos nudillos golpeando el pesado material de la puerta los alarmó enseguida. Había finalizado el tiempo.

—Debes irte.

—No quiero. —respondió decidida, y levantando su mentón hasta dar con la penetrante mirada de su protector.

La conexión fue inmediata.

—Yo tampoco, pero es necesario.

El ruido se repitió.

—Anda antes de que vengan por ti, no deseo que te obliguen como la otra vez. Si te hacen un rasguño... no sé qué pueda ocurrirles.

Haruno limpió las gotas que derramaban sus orbes, colocó el tapabocas de nuevo en sus labios y endereza su espalda, quedando erguida, de pie. Entrelazó su mano con la de él, apretándola.

—Volveré por ti...

—Hasta el fin del mundo. —completó la frase el joven rubio, como siempre sucede. Aquella simple oración es un secreto que comparten, y los unió el día que coincidieron en la época académica.

Cuando de casualidad cruzaron en el pasillo de la institución y empezó todo.

Al borde del colapso, Sakura desliza sus dedos con dolor por las yemas masculinas, deshaciendo el contacto. El brazo cae en reposo a un costado de su cuerpo, luego de mantenerlo extendido hacia el rubio. Él también sufre.

—Te amo. —confesó.

—Yo más, Sakura-chan.

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Taconeó el suelo bastante impaciente, las personas que transitan por el extenso lugar la observan de reojo y siguen su camino a un rumbo distinto. Estaba siendo objeto de atención (o tal vez criticas). Pero lo inaudito era que tenía sin exagerar media hora afuera, añorando que la inquilina del departamento tuviese la amabilidad de aparecer y permitir que ingresara al interior, en donde ninguno chismoso la pillara.

El cielo pareció oír su súplica.

—¡Gloria a Dios! —exclamó en el momento que abrían la puerta, y entró sin mirar a la fémina—. Ya decía yo que era injusto tardarte tanto.

—Disculpa, no te escuché tocar.

Indignada por la excusa, Ino encaró a su amiga pelirrosada —¡¿Qué?! ¿Me tildas de tonta o qué?

Sakura giró sobre sus talones, y el rojizo tono de su nariz y pómulos la delató.

—Lloraste. —murmuró la rubia abogada, acercándose.

—No. Es una gripa.

—Ajá, y yo nací ayer —enarcó una ceja, ubicando las manos a cada extremo de su cintura—. ¿Qué pasó?

—Naruto.

—¿Que tiene?

La estudiante de cabello rosa suspiró, yendo a la cocina en busca de agua fresca —Me duele lo que le ocurre, cerda.

Ella la persiguió —¿Lo amas mucho, verdad?

Después de agregar el transparente líquido al fondo del vaso y beberlo, sus párpados ardieron —Nunca pensé que se pudiera amar así.

—Esa es la razón que nos motiva a insistir. —sonó sincera.

—Yo... —talló sus esferas de color verde, presionando los labios entre sí. Regresó la angustia de llorar— no quiero perderlo. Me moriría, Ino.

La mencionada estiró los antebrazos hacia delante, ofreciendo su hombro —Ven aquí, pequeña. Desahógate.

El que Sakura caminara en dirección a la rubia, mojase su chaleco azul debido a las lágrimas y estrechara en un abrazo, resultó muy conmovedor para ambas. Pero ya es hora de apretar sus pantalones.

—Animo, eh. Recuerda que Naruto te necesita fuerte, firme.

—Gracias. —musitó, en un amago de sonrisa.

—Y hablando de él, ¿cuándo sale del Hospital?

Tras consultar la hora en su reloj de pulsera, Haruno declaró —En cuatro horas.

Yamanaka torció la tensa línea de su boca y apuntó el cuerpo femenino. —¿Irás así?

La otra echó un vistazo a su conjunto de pijama y rueda sus orbes —Claro que no, cerda.

—Alístate entonces, debemos estar allá antes.

A suaves empujones Ino condujo a su amiga al cubículo del baño, le ordenó que no durara demasiado y tomó asiento en la esquina de la cama matrimonial, fisgoneando en los mensajes de su teléfono celular. De repente entró una llamada.

—Hola.

—Hubo un problema. —informó el sujeto.

—¿Qué pasa? —La respuesta a su cuestionamiento hizo que su rostro se contrajera en una mezcla de rabia y preocupación, dañando la poca armonía que reinaba en el sitio.

La pelirrosa oyó quejas en el cuarto, y salió intrigada a ver qué sucede, recibiéndola la rubia con una pésima noticia.

—Adelantaron el traslado, Sakura. Están sacando a Naruto y Sasuke del Hospital hacia la prisión.

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La agresividad de los policías colman la escasa paciencia del Uchiha que permaneciendo callado, camina al lado de su mejor amigo; Naruto, a quién cada sacudida le genera una punzada de terrible dolor en el desnudo abdomen. Porque lo llevaban sin prenda que tapara su torso. Los trabajadores de la entidad médica contemplan disimuladamente el espectáculo, intercambiando opiniones en bajos murmullos y cuchicheos que aturdían la mente de los supuestos criminales. Con las muñecas esposadas en sus espaldas, los susodichos descendieron algunos escalones y siguen el extenuante trayecto a la salida de la Institución, cuando la luz solar ciega sus ojos, la urgencia de ocultar el rostro se convierte en una tarea imposible de realizar. Las puertas de control automático abren espacio y fuera de ellas, una inmensa cantidad de patrullas los aguardan. La escena parecía de película.

—Somos famosos, teme. —trató de bromear el rubio, sin éxito.

El joven de negra cabellera gruñó.

—Tonterías.

Una oficial encargada del caso señaló el interior del vehículo indicando que apresuren el tedioso proceso, pero antes de su orden fuese ejecutada, dos mujeres emergen de un taxi y trotan hacia los fugitivos. Son las abogadas.

—¡Alto ahí! —exigió en voz alta y un tanto autoritaria la ya conocida Ino Yamanaka—. Primero deben darnos una explicación.

Sasuke empleó una ladina sonrisa de puro orgullo, adora ese carácter.

—¡Naruto!

Como si la vida se le fuera en ello, Sakura corrió en medio de lágrimas y sollozos hacia la persona que, a pesar de no poder abrazarla, encoge las rodillas para estar a su altura, y corresponde a su desesperación. Todos observan el ansiado reencuentro.

—No llores por favor. —imploró, tras esconder su triste expresión en el blanquecino cuello de su amada.

—Hora de marcharnos.

Ella afianzó más su agarre al oír el comentario del Comisario.

—Esperen —lo detuvo la mujer al mando—, aún disponen de dos minutos para despedirse.

Ino arrimó su atractiva silueta al Uchiha, estrechándolo en sus brazos. Él no la rechazó.

—Supuse que vendrías.

—Jamás te dejaría solo, Sasuke.

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—Suéltelo ya, jovencita.

—Un poco más. —pidió el rubio, olfateando la colorida melena de Haruno.

—Lo siento pero son leyes.

—Sakura-chan... mírame.

Ella se negó.

—Vámonos. —De un tirón, el sujeto hizo que el mojado rostro femenino enterrado en los pectorales del joven quedase al descubierto, y su principal objetivo de separarlos funcionara. No obstante, la chica volvió a enredar los brazos alrededor del Uzumaki, deteniendo la captura.

—No... no. —agitó su cabeza, dolida.

—Si alguna vez en su existencia supo lo que es amar, quíteme las esposas y juro obedecer lo que diga.

El hombre iba a replicar, cuando él lo interrumpió —Necesito hacer algo.

—De acuerdo. —Lo despojó de las pequeñas cadenas metálicas, y retrocede unos metros dando algo de privacidad a la pareja.

Naruto agradeció el gesto, colocó sus dedos en el collar que guinda de su cuello y lo extrae de su sitio, sosteniéndolo. Sakura se apartó unos centímetros para mirarlo.

—En el pasado me obsequiaron esto, y deseo que tú lo tengas. —De forma sutil (casi angelical), lo ubicó en el mismo lugar, solo que en la piel femenina.

El objeto consiste en una negra cuerda entrelazada a un diamante de color celeste, un amuleto.

—Te acompañará siempre que yo no esté.

La abogada asintió, instantes previos a que su boca fuese devorada por el hambre que consume las esperanzas de Naruto. Sumergida en la más arrebatada locura, su corazón latió desbocado ante la necesidad de hallar un caliente refugio en el regazo de su apasionado amante, que ahogándola en el masculino aroma envuelve su diminuta cintura, indagando en su cavidad a modo de explorador.

Se comían... literalmente.

—Ya muchacho —palmeó la espalda del prisionero, interrumpiendo la pasión—. Es momento de partir.

En contra de su voluntad, el joven rubio finalizó el beso —Ya... ya voy, oficial. Unos segundos.

—Si por mí fuera no te irías nunca de mi lado —reconoció la estudiante, contemplándolo—. Quédate junto a mí.

—Es una promesa de vida, 'ttebayo. —se comprometió, mientras el guardia lo conducía a la calle donde seguro están los demás cansados de esperar.

Al verlo lejos de su posición, Haruno trotó hacia el automóvil que transporta a los criminales de Konoha en compañía de patrullas y montaba su alocado novio que a distancia, pronunció en silencio una frase que ella conocía.

—Te amo. —leyó en el movimiento de los labios, antes de que lo metieran a fuerza en la parte trasera del vehículo.

—Igual yo, Naruto.

Su mirada quedó adherida a la frustración que reflejó el rubio en los azulejos.

No calculó cuanto tiempo estuvo ahí, en la entrada del Hospital e inmóvil, hasta que Ino llegó por un costado. Despertando de su ensoñación.

—Estarán unidos otra vez, ya lo verás.

—Que el cielo te escuche.

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El bullicio que provenía del Juzgado de Konoha abarcaba todas las instalaciones que estuviesen mínimo a diez metros de distancia, y es que el caso que estaba siendo procesado no amerita mayor cosa. El Jurado conformado por una manada de viejos decrépitos colabora en lo que parece ser el escándalo del siglo, porque en su poder, está la resolución de un delito que ha durado meses en investigaciones profundas, y llenas de confusión.

—¡Silencio en la sala!

El ruido cesó ante la orden del Juez.

—Que pasen los acusados.

De inmediato los sujetos que vigilaban la puerta giraron el picaporte, y cuatro personas salen de lo que es un cuarto diseñado para mantener a los fugitivos quietos en el tiempo que inicia la sesión. El público centró su atención en los delincuentes, excepto uno que sonriendo, relajaba su peso en el espaldar de la pulida banca.

Creyéndose victorioso.

—El primero que será interrogado es usted, Uzumaki Naruto. —dijo Yamato, apuntando la única silla que tiene a su lado pero que a diferencia de la suya, se encuentra más abajo y apartado de su amplio escritorio.

Uno tipejo de apariencia repugnante guió al rubio hasta el respectivo asiento, y luego regresó a su puesto.

La incertidumbre quema el aire que los arropa.

Las miradas de Sakura y Naruto se cruzaron, cayendo presas en un miedo espantoso que pese a someter la escasa fe que conservan, no permite que su sobreabundado amor acabe. Con el simple acto de no desviarla, sus almas se unían en uno solo.

La autoritaria voz del señor Juez... alteró sus ritmos cardiacos.

—A continuación, da comienzo la investigación hecha por el asesinato del famoso escritor Jiraiya.

Los secretos al fin saldrían a la luz.