Capítulo 3: Verdades.
Había entrado tan deprisa a casa y luego a mi cuarto que no me había dado cuenta que mamá ni mis hermanos estabas y en la puerta de mi cuarto había una nota que decía "Liz, volvemos pronto, en el horno hay comida si tienes apetito. Mamá". Obviamente no quería comer por lo que me dediqué a perder mi tiempo que generalmente no me era muy preciado, prendí mi ordenador y comencé a vagabundear en internet. Estaba tan distraía y abstraída del mundo que me asusté cuando sentí vibrar mi móvil en el mueble.
– ¿Sí?
– Elizabeth
– ¿Ethan?
– No podré pasarme por tu casa hoy – Contestó algo avergonzado
– ¿Qué ha pasado?
– Pequeños problemitas
– ¿Necesitas ayuda?
– Nada que no pueda solucionar. Nos vemos cuando se pueda.
– Adiós – Contesté algo confundida.
El tiempo transcurrió más lento de lo normal y eso ya me tenía de mal humor. Quería librarme de todo un momento, por lo que decidí salir a explorar nuevos horizontes, le dejé una nota a mamá que decía "Mamá, me sentía algo ahogada asique salí a tomar aire. Vuelvo luego, Liz", y luego de eso tomé mi bolso y partí.
Escogí un lugar poco habitado, mejor dicho inhabitado, era una pradera a la que visité hace unas horas con Ethan pero esta vez poblada con animales salvajes por lo que no me molesté en comportarme como humana. Sacié mi sed y luego me tendí en el pasto ya humedecido por la suave niebla; me di cuenta que era tardísimo, las 22:15 por lo que me fui corriendo velozmente a casa, llegué en cosa de minutos pero no bastó para librarme del sermón de mi madre. Iba entrando en puntitas cuando siento la voz de mi madre que me llama y se aproxima.
– Donde has estado – Dijo enojada.
– Me sentía ahogada, quería tomar aire.
– ¿Te diste cuenta que es tarde? ¡Londres no es lo mismo que Boston! Tienes que tener más cuidado, tú sabes que a esta hora es peligroso andar sola en la calle.
– Lo siento – Dije avergonzada.
– Última vez que haces esto. ¿Tienes hambre?
– No mucha, gracias.
– Buenas noches – Dijo mi madre cariñosamente, pero con la ira en los ojos aún.
– Adiós – Le contesté con los ojos llenos de ternura, mientras lanzaba un beso al aire.
Subí rápidamente a mi cuarto y me encerré, tomé una ducha y me quité los lentes de contacto y me ovillé en la cama tapada con una mantita. Estaba esperando que ocurriera un milagro para que Ethan llegara a mi ventana, pero no ocurrió. En cambio otra persona trepó por mi ventana, esta vez alguien que sin dudad llamó mi atención. Era un hombre alto de pelo castaño claro y ojos marrones, era pálido igual que yo. Por un momento dudé de su estado como humano pero no lo creí así.
– Hola, soy Max – Dijo con voz tierna.
Me asusté y me puse en guardia, no estaba respirando por lo que no pude percibir si era humano o vampiro.
– Tranquila, no vengo a hacerte daño.
– ¿Cómo sabes que…? – Se me cortó el aliento, pero rápidamente me repuse –… ¿Vivo aquí?
– Te contaré desde el principio.
– Uhm…
– Tú conoces a un tal Ethan ¿Verdad?
– Si – contesté al tiempo que movía la cabeza para aclarar mis pensamientos.
– Lo que pasa es que él no es vampiro ni tampoco es de apellido Barthlomaus, mucho menos tiene una familia vampírica. Yo soy quien debería haberte venido a ver ese día pero tuve algunos problemas.
– O sea que… ¿es un impostor?
– Así es, por lo mismo, vengo a arreglar las cosas.
– Pero… – Estaba realmente confundida.
– Ethan se hiso pasar por mí, diciendo que tenía una familia de vampiros y todo lo demás. Lo de los vampiros es verdad; pero él no es uno de nosotros, yo lo soy.
– ¿Ah? Que dices.
– Que yo sí te vengo a invitar a nuestra familia.
Me acordé de respirar pero no sentí algún aroma que delatara que era humano, al parecer Max decía la verdad, así que le creí pero nuevamente estaba en frente de una difícil decisión.
– ¿Por qué me haces esta invitación?
– Porque llevo esperando años por ti.
– ¿A qué te refieres? – Dije confundida. No tenía la culpa de ser un poco despistada.
– Que te he visto en mis visiones y cuando te vi por primera vez quedé atónito.
– ¿Algo así como amor?
Asintió con la cabeza. No podía negar que cuando lo vi materializarse a mi lado, había quedado perpleja por su belleza, pero apenas sabía quien era.
– No te pediré una respuesta ahora, obviamente. Te daré tiempo para conocernos.
–Uhm – Dije sin expresión alguna.
– Me tengo que ir, Adiós. ¡Ah! Te daré el número de mi móvil – Dijo mientras me pasaba una tarjera y yo le entregaba un papelito con el número de mi móvil. – Gracias – Dijo.
– Adiós – Contesté mientras Max se esfumaba por la ventana.
Eran mis primeros días en Londres y se me habían hecho una eternidad; habían pasado muchas cosas, mentiras, vocecitas, vampiros y… Humanos queriendo ser vampiros. Tenía ganas de regresar a Boston, pero sabía que si lo hacía, sospecharían demasiado, sobretodo Clyo porque ya había visto todos mis disfraces. Me sentía un poco asustada a pesar de mis fortalezas y habilidades. Tenia miedo de que todo se supiera abruptamente y que perdiera a mi familia, tenía miedo porque no sé como reaccionarán cuando algún día sepan la verdad.
Tomé mi móvil y revisé el calendario, era día jueves 11 de Octubre, siendo que yo viajé desde Boston el día 9 de Octubre. Sinceramente ya no sabía que hacer, nunca había pensado que mi estadía en Londres se haría tan difícil, mucho menos que vendría un impostor a hacerse pasar por vampiro y luego llegara el verdadero vampiro. "Oh dios, que difícil es la vida de vampiro" pensé, luego me ovillé nuevamente y cerré los ojos y comencé a ensoñar. Mi ensueño era lo mismo que había visto varias veces, el mismo chico pero ahora me fijé más detenidamente y realmente era Max y no Ethan como creí. Max era perfecto, su pelo castaño y sus ojos marrones (que cambiaban de color obviamente) hacían juego a la perfección, aparte su estatura lo hacía ver muy imponente. Cuando me permití respirar me di cuenta que su piel emanaba un aroma dulzón que realmente me enloquecía. En ese instante en que estuve con Max había puesto más atención a las vocecitas y la voz de Max decía "Es tan bella, tal como lo había visto", pero yo no creí que Max fuera tan perfecto.
Y así pasó mi tercera noche, pensando tonterías y a veces cosas un poquito más serias. Había tomando muy enserio la propuesta de Max pero, ¿cómo hacerlo para que mi familia no sospechara? Luego de de reflexionarlo toda la noche, decidí que me daría el tiempo de conocer a Max mal que mal no tenía mucho que perder, al contrario, se veía como una gran persona. Ya había llegado la mañana aunque todavía era muy temprano, las 6:21; por lo que tomé una ducha y bajé, había decidido preparar el desayuno para la familia mientras escuchaba las noticias en el CNN. De pronto comenzaron a hablar de Boston y una grave enfermedad viral de fácil contagio por lo que ya varias personas habían muerto. Me preocupé demasiado y llamé a Mathew al instante, contestó luego de unos pocos toques pero de inmediato me calmó diciéndome que la extraña enfermedad no lo había afectado pero de todas formas estaba tomado todas las precauciones.
– Liz; no te preocupes, tu sabes que soy fuerte como un roble – Dijo para tranquilizarme.
– ¡Papá, han muerto varias personas! – Dije histérica.
– Querida, estoy bien. Cualquier cosa te avisaré, no te preocupes.
– Llámame
– Okey, cuídate. Adiós.
– Adiós – Contesté mientras colgaba.
Apenas colgué y me di vuelta para dejar el móvil en la mesa, me di cuenta que mi madre estaba apoyada en el umbral de la puerta mirándome con ojos de ternura y con preocupación.
