Capitulo 3
-¿En que momento te metiste en este lío Bella?- me pregunto Ángela mientras me hacia la manicura.
-Y yo que se Ángela. Fue el momento, que el niño lo pidiese de esa manera… mira no se- dije desesperada intentando no mover las manos.
-¿Cuándo despertó tu instinto maternal?-.
-¿Qué dices? A mi no se me despertó nada Ángela-.
-Bella, a ti los niños ni te van ni te vienen, y ahora te lo pide uno y vas a cenar con el hombre que mas odias en el mundo. Dime como llamas a eso-.
-Lo se, no tiene nombre. Pero es que es tan mono Ángela. Tú hubieras hecho lo mismo-.
-Posiblemente. Esto ya esta. ¿Vas a ir así?- dijo señalándome de arriba abajo con el dedo.
-¿Qué tiene de malo esto?- pregunte sin entender nada.
-No nada, nada. Nada si vas al parque Bella. Cullen te ha invitado a cenar-.
-Con su hijo- recalqué mientras me levantaba y empezaba a preparar el bolso. No encontraba nada de malo a mis vaqueros pitillo, mi camiseta y mis zapatillas.
-¿Y por eso tienes que ir…así? El pantalón es aceptable, la camiseta también, pero las zapatillas... ¿No puedes ponerte unos tacones?-.
-Sabes que los odio-.
-Pero es algo necesario si quieres quedar presentable. Ponte los negros que te regale estas navidades, y con la chaqueta a juego, refresca- dijo buscando por mi armario hasta encontrar de lo que hablaba y ponérmelo como si yo solita no supiese. –Ves, mucho mejor, así parece hasta que te has arreglado-.
-Jaja- le dije yo en un tono cansado y de burla.
-¿Qué harás tu cuando yo ya no este aquí para decirte como vestirte?-.
-Vestirme como yo quiera- dije dándole un abrazo donde a pesar de todo, yo sabia que la echaría horrores de menos. Poco después sonó el telefonillo.
-Vamos, tus chicos te esperan- me dijo dándome un cachete en el culo a modo juguetón.
-¿Mis chicos? ¿Te estas escuchando?- le dije a gritos por la casa.
-Algún día tendrás que perdonar y olvidar Bella- me contesto.
-¿Si?- pregunte.
-Somos nosotros Bella. Te esperamos abajo- me contesto la voz de Edward.
-Si, ya bajo- dije colgando. –Ángela me voy-.
-Pásatelo bien- me contesto antes de que cerrase la puerta. "Como si eso fuese posible" conteste en voz baja una vez estaba cerrada.
Baje las escaleras tan deprisa como me permitía mi escasa habilidad con los tacos y mi nulo equilibrio sobre ellos. Los odiaba, no porque fuesen feos, admiraba a las personas que podían andar sobre ellos toda una noche sin torcerse un tobillo en cualquier superficie, para mi eso era un imposible, superado ya por la experiencia de conocerme todos los suelos de os locales de la ciudad por su culpa. Era un odio trabajado a base de tiempo. Abrí el portal y los dos me esperaban en la puerta de su coche. Vestidos de manera similar, una camisa de color claro y pantalones vaqueros, se veían realmente adorables, un pensamiento que aparte rápidamente de mi cabeza, la palabra adorable no podía ir en la misma frase que Edward si no llevaba un "no" a lo largo de ella.
-Hola- salude tímidamente haciendo un torpe gesto con la mano. Si, volvía a estar nerviosa.
-Hola Bella- me saludo Simon viniendo hacia mí con la intención de darme un beso. Me agache para que mi mejilla quedara a su altura y no tuviese problemas de cuello si seguía así. Con toda la naturalidad el mundo me cogio de la mano y me llevo hasta donde estaba su padre.
-Buenas noches Bella- me dijo con una sonrisa de medio lado. Se debatía entre darme un beso, la mano o algo, lo notaba, asíque fui yo quien descarto las demás opciones.
-Hola Edward- dije tendiéndole la mano. No pensaba ir más allá de ese toque, ni esta noche, ni nunca.
-Vámonos que tengo hambre- dijo Simon subiéndose a la parte de atrás del coche y abrochándose el solo el cinturón, un gesto realmente admirable para un niño de solo 8 años. Ambos imitamos su gesto y pronto estábamos ya en la carretera.
-Estas muy guapo Simon- le dije para romper el incomodo silencio solo roto por la música del CD.
-Quería ponerse guapo para la ocasión, ¿verdad campeón?- le dijo Edward guiñándole un ojo a través del retrovisor.
-Tu también estas muy guapa Bella. ¿Pero por que las chicas lleváis esos zapatos tan altos?-.
-Cierto, me uno a la opinión de Simon. Además, tu nunca has llevado eso, lo odiabas-.
-Muchas gracias, y si, los odio, un odio justificado, pero Ángela me ha obligado, dice que así parezco un poco mas arreglada. Cosas que solo ella entiende, no me preguntes-.
-Yo creo que vas perfecta- dijo Edward mirándome durante un par de segundos.
-La carretera, por favor- dije desviando mi mirada al frente. -¿Y a donde me lleváis?-.
-Vamos a su restaurante favorito- dijo señalando con la mano a Simon que tenia en su cara una sonrisa increíble. –Es… bueno, no es muy tranquilo, pero esta hecho para padres y niños. Es algo así como una recreación del antiguo oeste y hay espectáculos para niños con vaqueros y esas cosas. Esta bien-.
-¿Te gusta el antiguo oeste Simon?- le pregunte al pequeño.
-Si, los vaqueros son geniales-.
-¿Y te gusta leer?-.
-También-.
-Pásate por la tienda cuando puedas y te regalo un par de libros de vaqueros que estoy segura que te van a encantar-.
-Gracias Bella- me dijo dando palmadas.
-Eso lo has aprendido de Alice- dije en voz alta, algo que no era mi intención. Edward giro su cabeza y no pudo evitar reír. Cuando nosotros aun éramos algo siempre decía que Alice tenía una extraña afición por celebrar todo con palmas y saltos.
-Veo que todavía te acuerdas de las cosas-.
-Si- dije y sin más volví a callarme y a mirar por el retrovisor.
Edward aparco con elegancia el coche delante de dicho restaurante 10 minutos mas tarde. Baje del coche intentando colocar bien mis pies y quitarle a los tacones la intención de doblarme el tobillo. Una vez de pie, supe que la primera batalla estaba ganada. Me puse a uno de los lados del niño y entramos al restaurante. Era exactamente lo que había dicho Edward, un lugar creado para los niños donde los padres podían sentirse también a gusto, pero sin poder evitar las risas de los niños. Nos sentamos en una mesa con bancos, mientras ellos se ponían en frente mía y elegían a comida, yo me dedique a mirarles sin saber muy bien por que. Edward parecía realmente un buen padre preocupado por su hijo, y no hacia falta observarles mucho para saber que se adoraba mutuamente, algo que hacia que mi curiosidad aumentase. Solo ellos dos, ¿y a madre?
Pedid lo primero que v en la carta, pues mi estomago aquella noche no estaba muy receptivo, los nervios no son precisamente los mejores acompañantes para que el hambre haga acto de presencia. Aunque probablemente en la tranquilidad de mi casa, esa misma noche atacaría la nevera con infinitas ansias.
A pesar de todo, fue una velada increíblemente agradable. Simon era aun niño muy ocurrente, muy espabilado para su edad y con una dulzura tremenda. La complicidad con su padre saltaba a la vista, y estar con los dos, aunque me costase reconocerlo, no fue ninguna tortura.
-¿Puedo papa, puedo?- pregunto el niño señalando a la zona donde empezaba a agruparse la gente para un nuevo espectáculo.
-Si, pero te quiero a la vista campeón- dijo gritándole la ultima parte de la frase, porque el niño ya había salido corriendo para colocarse en primera fila.
-Vete a disfrutar con el, yo puedo quedarme aquí, no hay problema- dije viendo como Edward no perdía de vista nada del espectáculo.
-No importa, ya lo he visto mil veces-.
-Ya- dije siendo ahora yo quien se quedaba mirando hacia la zona del espectáculo. Simon parecía pasárselo en grande, a pesar de haberlo visto incontables veces como había dicho su padre ya. Hasta ahora nunca me había parado a pensar en niños pequeños, la vida pasa demasiado deprisa y cuando te quieres dar cuenta tienes 28 años y no tienes ni pareja, ni hijos ni ningún proyecto en familia. Quería, deseaba quitarme de la cabeza la absurda frase que Ángela me había metido en la cabeza sobre el "instinto maternal", pero cuanto mas quería olvidar, con mas fuerza se aparecía en mi cabeza.
-Bella, ¿quieres saber algo?- me pregunto Edward sacándome de mis ensoñaciones. Absurdas, si, absurdas.
-Yo…- ¿se habría dado cuenta de lo que pasaba por mi cabeza antes? No…- no… no- dije sin apenas convicción.
-Contestare todo lo que quieras Bella, no tengas miedo a preguntar- dijo sonriendo como antes… ¡Bella! Me regañe mentalmente. ¿Acaso estaba olvidando frente a quien estaba?
-Es solo curiosidad, de verdad Edward no quiero ponerte en ese compromiso…-.
-¿Es sobre su madre verdad?- me dijo mirándome pero sin perder esa sonrisa de su rostro. Hablar de ella parecía no afectarle más de lo necesario. Pero, ¿como narices lo había adivinado? –Siempre te leí muy bien, acuérdate, sigues siendo igual de transparente para mí-. Aquella respuesta estaba muy lejos de dejarme a gusto, feliz y tranquila. Aunque supongo que mi cara de sorpresa descubierta cuando me lo pregunto también le ayudo.
-Si, pero no hace falta que me respondas, entiendo que sea complicado para ti…-.
-No lo es. ¿Quieres saberlo?-.
-Solo si tu quieres contármelo-.
-¿Por qué no haría? ¿Recuerdas a Tanya?- me pregunto. Tanya Denali, complicado olvidarla. Si alguna vez tuve celos de alguien, fue de ella. No era precisamente lo más inteligente que había pasado por la tierra, pero siempre tuvo la atención de Edward, algo que yo deseaba desde la primera vez que la vi. No la culpo, era una chica realmente espectacular si hablamos de físico, intelectualmente dejaba mucho que desear. Afirme con la cabeza sin quitarle los ojos de encima. –Ella es su madre-.
-Vaya- dije, aunque realmente no era una gran sorpresa, era de imaginarse que terminarían juntos. –Al final… bueno, al final ganó-.
-Gano… ¿Soy un trofeo o algo así?-.
-Para ella tu si lo eras, nunca quise entrar en ese juego, creía que por alguna extraña razón tu me habías elegido a mi y ella me daba igual. Pero era complicado-.
-No me extraña escuchar eso viniendo de ella. El caso es que cuando pasó… todo aquello, yo empecé a salir con Tanya. Realmente no era amor, nunca lo fue, solo sexo…-.
-Ahórrate ciertos detalles por favor- dije intentando olvidar esa ultima parte.
-Si, lo siento. El caso es que bueno… éramos jóvenes adolescentes, recién salidos de casa, universitarios ricos con las ideas poco claras y con ganas de vivir la vida. De eso salio Simon poco Desprez de un año de dejar el instituto. Sabes como era Tanya, su meta en la vida era vivir de su cuerpo, un embarazo a los 19 la dejaría secuelas y no quería pasar tan pronto por el quirófano- Edward contaba todo esto mirando al plato y con un tono que dejaba claro que no le gustaba recordar aquellos momentos. –Y yo… bueno, yo tampoco lo querría, pero mis padres, los nuestros, nos obligaron y tuvimos a Simon. Su familia se desentendió de ella, y ella entro en un mundo que la llevo a la ruina. Consumía drogas a todas horas, empezó como algo para divertirse… pero acabo matándola. Simon apenas conoció a su madre 4 meses de su vida, lo que yo tarde en alejarle de el y de mi. Al principio la sola idea de responsabilizarme de el me aterraba, cuando nació me di cuenta de que debía empezar ha asumir las consecuencias. Ahora es mi vida- dijo levantando la cabeza por primera y sonriendo en dirección a donde el pequeño disfrutaba.
-Vaya- dije sin poder creerme su historia. –Edward Cullen aprendiendo. Quiero que quede claro que yo nunca te juzgue como padre-.
-Me llamaste inmaduro-.
-Y creo que sigues siéndolo. La reacción que tuviste en casa de tus padres el otro dia no indica otra cosa. Y que tú y Emmet sigáis peleados después de tantos años me lo confirma definitivamente-.
-¿Y Emmet no es inmaduro?-.
-Emmet tiene ese carácter desde que le conozco. Protege lo que quiere con su vida, eso lo se hasta yo. Eres tu quien debes ir y pedirle disculpas…-.
-No las aceptara-.
-Claro que lo hará. Te adora Edward-.
-No las aceptara hasta que tú no me hayas perdonado-.
-Eso… eso es un tema aparte- dije bebiendo agua dándome cuenta de que los nervios me habían dejado la boca seca.
-Fue el quien me rompió la nariz-.
-¿Hace falta que te recuerde lo que hiciste…?-.
-Vale, vale, no. Yo me arrepiento de lo que hice y te pido mil disculpas. Pero eso no arregla nada-.
-Por fin estamos de acuerdo en algo-.
-Bien-.
-No quiero ser yo el motivo por el que tu familia y tu estáis discutiendo día si, día también. Más cuando tus padres no saben nada. Están locos de desesperación. Aman a su familia y solo ven peleas sin razón aparente-.
-No te martirices, no es tu culpa, es… mía, para variar-.
-Ya…-.
-¿Sabes de lo que mas me arrepiento de todo esto?- dijo de repente con una energía y una intención mas alta que la conversación anterior. Cogio su servilleta y la dejo encima de la mesa con fuerza.
-Debe de ser algo realmente grave por esa intensidad que le pones- dije sonriendo mientras cogia mi copa para beber.
-No haberme quedado contigo. Se que esto junto a ti no hubiese pasado nunca- dijo reclinándose hacia y dejando su cara a escasos centímetros de la mía. Yo tuve que girar mi cara para no escupirle en la suya el agua que había bebido. Una vez pude recuperar mi respiración le mire como si me estuviese hablando en chino.
-¿De que demonios hablas Edward?-.
-Pues eso. ¿Qué pasa?-.
-Las mentiras tienen las patas muy cortas Edward, y si no hubiese sido ese día, la tuya habría salido a flote después. Dolió, pero prefiero eso que no enterarme años después con algo más serio-.
-¿Tú piensas que yo nunca te quise verdad?-.
-Si, lo pienso, lo creo… lo se Edward, eso es algo que asumí a la primera. Estoy convencida de que nunca supiste lo que era amar hasta que no nacio tu hijo-.
-Pues te equivocas. Realmente llegue a quererte-.
-¿A si? Dime, ¿antes o después de aquel espectáculo?-.
-No empecé contigo por amor, pero me fui enamorando. Aquel día… aquel día bebí, y comieron de tal manera la cabeza que accedí ha hacerlo. Cuando me levante y recordé creeme, no debía de estar mucho mejor que tu-.
-¿Qué ganas ahora contándome esto Edward? ¿Quieres que te crea? ¿De veras piensas que puedo llegar a creerte?-.
-Pues si, realmente me gustaría que me dieses un voto de confianza…-.
-Yo te di uno y lo quemaste. Eres… no puedo creer que estés haciéndome esto…-.
-Eras tu la que querías hablar de lo que ocurrió-.
-Si, hablar, saber que se te paso por la cabeza para humillarme de aquella forma, no creía que fueses capaz de volver a reírte de mi otra vez y encima en mi cara-.
-¡No me estoy riendo Bella! Te estoy contando la verdad. ¿Por qué te mentiría ahora?-.
-¡No lo se Edward! Yo… por dios, es verte y me entran ganas de pegar a alguien. Me hiciste mucho daño, me rompiste el corazón maldita sea, ¿sabes lo que significa eso? ¿Qué la persona a las que mas amas en este mundo de humilde y te tire como un paluelo usado? No, no lo sabes, porque si no, no estarías diciéndome estas cosas-.
-Bella, ¿tú sigues sintiendo algo por mí?-.
-¿Qué? ¿Pero te estas escuchando Edward? Tu… yo… eep… olvídalo, ¿quieres?-.
-Responde Bella-.
-¿Qué si te quiero? si, te quiero, pero lejos de mi. ¿Te gusta la respuesta?-.
-No olvides que siempre fuiste una mala mentirosa-.
-Entonces veras que ahora mismo no estoy mintiendo-.
-Lo que digas. ¿Nos vamos campeón?- dijo girando su cabeza y sonriendo a Simon que venia hacia nosotros corriendo con un globo en forma de espada.
-Si papi, ya podemos irnos-.
Recogí en un tiempo record mis cosas y salimos de allí. La tensión en el coche era tal que hasta el pequeño respondía a las preguntas de su padre con monosílabos que terminaban con la voz rota del niño. Fue un viaje largo, o por lo menos a mi se me hizo eterno.
-Ya… ya hemos llegado- dijo Edward apagando el motor.
-Si, gracias… gracias por la cena chicos. Y recuerda Simon, venme a visitar cuando quieras- le dije mirando para atrás y guiñándole un ojo sacándola la primera sonrisa del viaje.
-Si Bella, buenas noches-.
-Que duermas bien Bella- dijo Edward dándome un beso en la mejilla antes de que yo pudiera apartarla. ¡Malditas cosquillas que dejaba su toque!
-Hasta pronto chicos- dije bajando el coche a toda prisa. Esta vez iba preparada y llevaba los tacones en la mano. Me daba exactamente igual el suelo frío y áspero, necesitaba quitar de mi vista ese coche, y cuando antes mejor.
Metí las llaves a la primera en la cerradura a pesar de que todo mi cuerpo temblaba, fui consciente de que hasta que no entre el coche no arranco y vi como ambos se despedían con la mano de mí. Abrí la puerta de mi casa para ver a Ángela asomada al balcón.
-¿No te han dicho que cotillear es de mala educación?- dije tirando los tacones y tumbándome en el sofá.
-Solo si te ven, y contigo ya perdí toda hace tiempo. ¿Qué tal la noche?- pregunto poniendo mis pies en sus piernas y empezando a masajearlos.
-Gracias, lo necesitaba- dije cerrando los ojos y relajándome.
-Lo se, ahora habla-.
-Normal supongo, cenamos, hablamos y volvimos. Nada que no esperase- dije intentando ver que parte de aquello era mentira, porque desde luego que Edward confesase ciertas cosas no entraba en mis planes, ni siquiera en los mas locos.
-Mientes- me dijo totalmente convencida.
-Arggg- dije levantándome y perdiendo la poca calma que había conseguido reunir. –Odio que me leáis tan bien-.
-¿Eso te lo dijo Edward, no?- dijo con una mueca divertida en la cara.
-¿Quién si no?- dije dándome la vuelta y dirigiéndome hacia mi habitación.
-Te lo dije- se escucho a través del pasillo.
-¿Qué me dijiste que?- pregunte antes de entrar a mi cuarto.
-Que tendrías que empezar a perdonar. Creo que ha llegado el momento-.
-¡No!- dije para cerrar mi puerta de un portazo.
No me moleste ni en quitarme el poco maquillaje que llevaba, ni siquiera me cambie al pijama. Me tumbe en la cama, el único sitio que aprecia aceptar el mundo que quería para mi. ¿Olvidar? ¿Perdonar? ¿El mundo se había vuelto loco y había sido el quien olvido lo que me paso? ¿Cómo voy a olvidarlo si cada vez que veo sus ojos me recuerda a ese momento?
