EDIT. 13/Octubre/2018. Para eliminar párrafos enormes y así facilitar la lectura, como corregir errores de ortografía, redacción y trama.
Disclaimer: Diabolik Lovers no me pertenece a mí sino a Rejet—para fortuna de muchos—.
Advertencias generales: OoC [Fuera de personaje], Genderbend [MaleYui/FemAyato], cursilería, trama simple y capítulos independientes. Otra vez, repito, en algunas partes habrá CURSILERÍA/FLUFF, para que aquellas personas que no soportan ese contenido en DL pues, no den una leída en vano a esta historia.
Título: Escena.
Rated: +13.
Personajes: Yui Komori, Ayato Sakamaki.
Palabras: 730.
Sinopsis: Ayato se comportaba más territorial cuando era necesario. Ella nunca dejaría que le robaran ninguna de sus pertenencias.
ESCENA
Nunca lo creyó posible, pero lo era, sucedía: Ayato Sakamaki estaba celosa.
Ella esperaba con insoportable impaciencia, con los brazos cruzados y una leve mueca desdeñosa. Escuchaba los chillidos femeninos ir aumentando en potencia, al igual que su ira; por culpa de todas esas chicas seguía en el instituto y no en su casa comiendo gustosamente takoyaki. Y lo más ofensivo de todo, era que Komori Yui les prestaba atención a todas esas «Don Nadie», les sonreía y mostraba una grandiosa actitud. Casi rechinando los dientes observó cómo su presa era acaparada por otras; incluso como unas se atrevían, osadas, a tocar una de sus pertenecías.
Eso sería lo ultimo que soportaría, ella detestaba compartir.
—Mujer, vámonos —Se hizo oír, con el usual tono que no aceptaba replicas y que mostraba toda su autoridad, un tono que cada día se volvía más inútil emplear con Yui.
Las jóvenes se quejaron, emitieron sonidos dolidos y una que otra hizo un puchero «tierno». "Estúpidas", pensó con disgusto Ayato, gruñó y logró dejarlas como estatuas, ella sonrió con cinismo, no por nada era conocida como la «machorra» del instituto, una tía que no dudaba en pelearse a puñetazos con cualquier hombre o mujer que osara pisotear su orgullo, o bien, invadir su terreno.
Agitó la mano con entusiasmo al verlas irse casi corriendo y tropezando con sus propios pies. No pudo evitarlo, rió a carcajadas.
—Lo que hiciste no estuvo bien Ayato-kun —Y ahí estaba de nuevo, aquella mueca aparentemente decepcionada, pero esa capa tan superficial no la engañaría, no a ella, quien ha vivido por cientos de años.
Lo sabía bien, lo mucho que disfrutaba Komori cuando ella se ponía especialmente despiadada con los demás.
—No agregues el Kun al final de mi nombre, mujer. Es Ayato-sama, ¿cuántas veces tendré que repetirlo para que lo entiendas? —respondió grosera.
Entre empujones se llevó al rubio, la mayor de las trillizas sonrió con más satisfacción, no existía actividad más placentera que controlar a Yui.
— ¿Y cuántas veces más tendré que decirte que no me digas mujer? —La pelirroja aplicó más fuerza de la necesaria, desprevenido, Komori estuvo a punto de caerse.
—Ah, es una lastima que no terminaras en el suelo, niña —se burló. Pudo continuar riéndose a costa de Yui, pero una voz titubeante la distrajo.
Y ahí estaba de nuevo.
Komori Yui recibía otra carta de amor, Ayato observó con despreció el rostro sonrojado de la «suicida», porque habría que serlo si pensabas en siquiera intentar robar el juguete de Ayato.
La chica era bonita para su molestia, además de tener un generoso pecho; la pelirroja mordió su labio inferior, miró el paisaje que se veía a través de la ventana, con tal de hacer el momento más pasajero. Más tarde el jodido humano se enteraría.
Una mano sobre su hombro la trajo de vuelta. Era Yui, notó su rostro contrariado, también que la tipeja continuaba cerca de ambos, como si estuviera esperando por «algo».
Oh no, por supuesto que no lo permitiría.
No le importaba mostrar su poder sobre Yui, era mejor con espectadores, puesto que estos correrían la voz. Así que lo hizo, como solía actuar siempre; agarró con brusquedad los cabellos rubios, lo atrajo hasta que ambos rostros quedaron a la misma altura. Sin tiempo para reclamos, junto sus labios con los contrarios, su unión distaba de ser una muestra de dulzura, de paciencia, de control.
Solo cuando escucho un sollozo sonoro dejó libre al rubio, sonrió fascinada ante la mejillas rojas y la respiración agitada del otro.
—No debiste Ayato-kun, has sido insensible con la pobre chica —La pelirroja solo amplió su sonrisa, agarro con fuerza el brazo de Yui, se lo llevó casi arrastrando.
Entre tantas quejas sobre su comportamiento se hartó, jugó con su carta maestra.
— ¿Quién es peor? ¿Yo, por ser honesta, o tú, que interiormente te burlaste de la ñoña?
Había ganado de nuevo.
Yui solo se sonrojo de la vergüenza y ella rió con más ganas. Todo iba como debería ser, porque por ningún motivo dejaría que él se diera cuenta de sus propios miedos. Moriría antes que tener que presenciar la mueca sarcástica y vil de Yui, ante las escenas de celos que ella misma armaba.
No importaba qué, Ayato seguiría dándole golpes de poca moral a Yui, con tal de tenerlo encerrado en una burbuja de ignorancia.
N/A. Por cierto, MaleYui le dice «Ayato-kun», porque al menos por mi parte, seria raro que le dijera «Ayato-chan», además de que creo que FemAyato lo tomaría como una insolencia. También se vio, que MaleYui, no siempre es un santo, FemAyato es una mala influencia.
Respondiendo comentarios en "anónimo" [dado que no puedo contestarlos en directo...]:
Kitty-chan. Algo así, todos tienen un lado pervertido [?], Naah, Ayato no lo hace a propósito, simplemente le vale un cacahuate. ¡Gracias por comentar!
Guest. Si el pobre de Yui es humano, tanta tentación aunque no lo creas, lo mata por dentro y lo hace sentir terrible. Y si, Ayato debería cuidarse, pero bueno, ella no es muy femenina y esas cosas. ¡Gracias por el comentario!
