Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de Stephanie Meyer y el nombre de la serie lo diré al final.

CAPITULO 3

La tarde transcurrió rápido para Bella. Los sirvientes de Senna prepararon un abundante buffet junto a la piscina y frecuentemente las personas se servían platos gourmet. El hombre alto y la rubia, presentados por Senna como Colin y Danielle, se acercaron a la piscina. Después de dar dos o tres vueltas, Colin alzó a Danielle de forma que sus nalgas descansaron sobre los azulejos lisos, levantó sus piernas a la altura de sus hombros y procedió a cubrir su monte con su boca. Una alta y esbelta morena que usaba un collar y una correa, fue llevada hacia la pareja por su Amo. Él le indicó que debía sentarse, cruzar las piernas y apoyar el hombro de Danielle.

El Dom luego procedió a jugar con los pechos de Danielle y sus pezones mientras Colin le comía el coño exhaustivamente. Cuando el orgasmo de la mujer comenzó a tomarla, el Dom pellizcó sus pezones, con fuerza.

En una esquina de la piscina, una mujer sin collar estaba sobre sus manos y rodillas en una tumbona. Había dos hombres de pie a cada lado de ella. Uno le daba nalgadas mientras el otro la follaba con un consolador. Un tercero se arrodillaba frente a ella, su impresionante polla se deslizaba dentro y fuera de su boca. La cara de la mujer estaba sonrojada de placer, sus ojos cargados de deseo.

Alguien había colocado mullidos cojines en una de las mesas de patio rectangulares, y una morena con una figura de reloj de arena, a la que Senna había identificado como Liane, yacía con sus muñecas y tobillos atados a las esquinas.

Su Dom había unido una correa al anillo de su collar, luego había enrollado la correa de cuero alrededor de la silla detrás de ella, de tal forma que su cabeza quedaba inclinada hacia atrás. Cinco hombres estaban de pie alrededor de la mesa apretando rebanadas de naranja y limón en el cuerpo de la mujer y luego lamían el jugo de su piel. Su Dom estaba ocupado insertando cubitos de piña en su coño, uno a la vez, y luego los succionaba de vuelta hacia afuera.

Bella podía decir que la mujer estaba cerca del orgasmo, pero teniendo en cuenta las instrucciones de su Maestro, hacía su mejor esfuerzo para controlarse y esperar a su orden.

Detrás de ella podía oír la conversación en voz baja de tres sumisas disponibles y dos Doms, las mujeres preguntaban qué podían hacer para complacer a los Maestros y ser suyas, al menos por el fin de semana.

Senna parecía estar en todas partes, asegurándose de que sus invitados estuvieran bien atendidos y supervisando la reposición de alimentos y bebidas. A pesar de que no participaban en ninguna de las actividades que los otros jugaban, Stefan estaba constantemente a su lado.

Por su parte, Bella y Edward comían, nadaban y observaban a la gente reunida. Follaron solo una vez, intentando guardar la energía sexual y excitación de Bella para más tarde. Estaban abrazados tumbados sobre una silla larga, la polla semi dura de Edward anidada en la raja de su culo cuando Senna los encontró.

—Veo que os estáis relajando —comentó con su musical voz.

Edward se rió entre dientes.

—Solo tú llamarías a este fin de semana relajante, Senna.

—Tengo que secuestrar a tu amada dama ahora. Es hora de prepararla para la tarde —Extendió una mano para ayudar a Bella a levantarse—. ¿Está lista, señorita Swan?

Bella sintió la oscura línea de anticipación comenzar a estirarse bajo en su vientre.

—Por favor llámame Bella.

—Muy bien, Bella —Senna le guiñó un ojo a Edward—. Cuando la vuelvas a ver será una visión, una muy excitante de ver.

La habitación no tenía ventanas y las paredes estaban cubiertas con cortinas de seda. Había un sofá de terciopelo púrpura ubicado contra una pared junto a una pequeña mesa. El único otro mueble en la habitación era una mesa larga parecida a las que usaban los salones de masaje. Había otra mesa cerca de ésta, cubierta con una variedad de aceites, cremas y una caja de madera tallada.

Senna guió a Bella por la habitación hacia un baño tan grande como el que ella y Edward compartían, donde dos hombres jóvenes, vestidos con taparrabos, la esperaban.

—Este es Demetri —Senna agitó la mano hacia uno de los hombres—. Y él es Sam. Están entrenados para servir a mis invitados. Te bañarán primero —explicó.

—¿Bañarme? —Bella miró a Senna. ¿Dos hombres la bañarían? — ¿Por qué no puedo hacerlo yo misma?

Senna pasó unas uñas pintadas de rojo suavemente por la mejilla de Bella, luego le dio unas palmaditas.

—Ellos tienen jabones especiales que usan con mi propia mezcla de esencias. Y lograrán llegar a lugares que son difíciles para ti. Te aseguro que son muy gentiles —Le quitó a Bella el triángulo de ropa y los anillos de pezones—. Se los devolveré a Edward. No te preocupes —rió—. Estoy segura de que tiene más planes para ellos.

Con el afloje de los anillos, la sangre corrió a los pezones de Bella provocando afiladas punzadas de placer-dolor.

—Tienes hermosos pezones, Bella. Veo que Edward sabe justo como hacerlos cobrar vida adecuadamente. El dolor lo incrementa todo ¿no crees?

Bella asintió, y siguió a Demetri y a Sam hacia la gigantesca ducha.

El agua empañaba más de lo que caía, flotando de pequeñas cabezas incrustadas en las paredes de la ducha. Sin decir palabra, sus dos asistentes se pusieron a trabajar, restregando fragante jabón espumado por cada centímetro de ella. Cada uno tomó un pecho, enjabonando los globos de arriba abajo, prestando cuidadosa atención a los pezones. Su espalda recibió la misma atención que su parte delantera pero cuando Sam enjabonó la parte posterior de sus piernas hasta la unión de sus muslos, tomaron sus manos y la inclinaron contra la pared de la ducha. Era una nueva sensación, ser tocada íntimamente por hombres que no conocía, y para su sorpresa, a Bella no le pareció desagradable.

Demetri tomó una botella de algo con olor a mandarina y mientras Sam separaba las nalgas de Bella, Demetri procedió a enjabonar toda el área, deslizando primero uno y luego dos largos dedos en su recto, esparciendo el jabón. Luego limpió el área entre su ano y vagina, enjugando varias veces. Finalmente, los dos hombres la tenían parada con una pierna elevada, su pie apoyado en el asiento de la ducha en la esquina, y procedieron a limpiar y enjuagar cada área de su sexo, su vagina, labios internos y externos, incluso recogieron la capucha que cubría su clítoris y lavaron esa área.

Bella sintió que sus nervios se dispararon y un pequeño pulso latió en su coño. Forzosamente se tenía que recordar que este era un ritual de baño, nada más, incluso mientras su cuerpo respondía al toque de extraños. ¿Cómo, se preguntó, se sentiría tener a hombres tan jóvenes (apenas pasados los dieciocho) explorando aún más? Si estuvieran ahí para darle placer, en lugar de limpiarla... Para cuando hubieron terminado, estaba temblando por la estimulación de esas jóvenes manos masculinas y preguntándose si podría caminar hasta la otra habitación.

Demetri y Sam la secaron con cuidado y la devolvieron a Senna, que estaba sentada en el sillón de terciopelo, bebiendo una copa de vino. Levantó una copa de la mesa a su lado y se la entregó a Bella.

—Un Riesling1 que me gusta particularmente. Creo que lo disfrutarás.

Bella la aceptó con gratitud, vaciando casi toda la copa antes de seguir la instrucción de Senna de tumbarse boca abajo sobre la mesa. Las velas aromáticas llenaron el aire con un toque de canela y la misma música suave flotó de nuevo desde los altavoces ocultos. Todo diseñado para la máxima relajación.

—Por favor, recuéstate sobre la mesa —Senna hizo un gesto con la mano, con gracia—. Sam, bajo mi supervisión, te aplicará ciertos aceites que ayudarán a poner tu piel más sensible, así, donde quiera que seas tocada responderás con más fuerza.

Volviendo la cabeza, Bella observó a Sam abrir una de las botellas y verter aceite en sus manos. Entonces sintió las manos del joven sobre ella, esparciendo el cálido líquido. El calor se filtró en su sistema. Sam lo frotó en sus hombros y brazos, tomándose su tiempo en cada área. Cada vez que aplicaba más aceite, la calidez se intensificaba, pero no era una sensación desagradable en absoluto.

Bella estaba tan relajada que casi no notó cuando los dedos de Sam se deslizaron entre sus nalgas y la punta de un dedo comenzó a masajear el fruncido ano. Se tensó automáticamente, pero Sam mantuvo el dedo en su lugar.

—Debemos aplicar este aceite dentro y fuera, pequeña —la voz de Senna era lenta y suave—. Lo agradecerás, créeme. Te hará sentir exquisitamente al borde.

Sam continuó bombeando el recto de Bella con un ritmo firme hasta que pudo sentir el calor en cada uno de sus tejidos internos. No podía creer cuánto placer le estaba dando y se preguntó de nuevo cómo sería si esto no fuera una simple preparación para las actividades de la noche.

Escuchó un click y giró los ojos para ver a Senna abrir la caja tallada para sacar algo. La mujer sostuvo su mano en alto para que Bella pudiera ver la dorada vara que sostenía. Una vara dorada para su recto.

—Stefan me ha asegurado que esto no te causará dolor. Lo ha usado en ti antes, cuando los tres habéis jugado.

Bella asintió, aunque estaba tan relajada que el movimiento requirió un esfuerzo.

—Es cierto. Puedo tomarlo.

—Bien, porque debemos mantener ese maravilloso canal oscuro aflojado —Dicho esto, le entregó la vara a Sam que la presionó contra en ano de Bella con el aceite lubricando su camino. Con poca resistencia, la vara se deslizó completamente—. La que usará Stefan más tarde es un poco más larga con un motor más poderoso, así que tendrás que ajustarte a esta ahora.

Sam presionó la base de la vara y entonces una baja vibración atravesó el cuerpo de Bella. Forzó su mente para evitar que las sensaciones que provocaba se apoderaran de su cuerpo. Sabía que tenía una larga noche por delante y sus orgasmos serían sólo ante la orden de Stefan.

Senna la ayudó a darse vuelta y le sonrió.

—Ahora Demetri aplicará el aceite en cada centímetro de la parte delantera de tu cuerpo, con especial atención en tus pezones.

Cuando hubo terminado con ellos, Bella sentía como si fueran ardientes puntos de fuego. El vibrador zumbaba afanosamente, manteniendo a Bella en un constante límite, mientras Demetri continuaba esparciendo el aceite en sus piernas, muslos y estómago. Cuando masajeó sus muslos internos, Bella los abrió complacientemente.

—Eres una muy buena chica —le dijo Senna con esa cálida y agradable voz—. Voy a dejar que tengas un pequeño alivio, así te controlarás mejor cuando las demostraciones comiencen —una risa musical escapó de sus labios—. Stefan lo llama mi pequeño tranquilizador. Estos jóvenes son muy buenos en eso y lo hacen frecuentemente para las mujeres que vienen aquí y que no desean llegar al clímax tan pronto por la noche.

Bella estaba tan desconectada de todo, excepto de su cuerpo, que solo pudo asentir.

Sintió las manos de Demetri frotar el aceite en sus labios, en la tierna piel entre su vagina y su ano y alrededor de toda su abertura. Cuando comenzó a masajeárselo en el clítoris, pensó que saltaría de la mesa. El calor del aceite y la ternura de sus manos, tenían un efecto diabólico.

—Debes permanecer quieta, querida —la voz de Senna era suave y relajante—. Puedo decir que el vibrador está haciendo su trabajo. Pero no queremos que estés muy excitada y muy cerca del borde antes de que Stefan pueda llevar a cabo completamente sus demostraciones. Quédate quieta y deja que Demetri alivie tu necesidad. Otros me han dicho que su toque es relajante.

Bella apretó los puños y reunió cada gramo de su fuerza para luchar contra el orgasmo, de la forma en que Edward le había enseñado. Los dedos de Demetri esparcieron el aceite por todo el exterior de su vagina, y luego comenzó a bombearlos dentro y fuera, mientras un pulgar hacía pequeños movimientos adelante y atrás sobre su clítoris.

Sintió el orgasmo crecer bajo en su vientre, suave, no como los que la hacían gritar con Edward y Stefan. Se deslizó sobre su piel y a través de sus músculos, su vagina se apretó contra los dedos de Demetri, sus caderas incapaces de moverse con Sam manteniéndola en su lugar.

Y entonces se acabó. Desapareció. Le recordó a Bella pequeñas olas espumosas rodando sobre la playa, el aire aún cargado con la tormenta que sabes está detrás de ellas.

—Muy bien —Senna tocó la mejilla de Bella con sus dedos—. Puedo ver que es un placer tocarte, Bella. Edward es un hombre con mucha, mucha suerte.

Ayudó a Bella a sentarse. Los pocos minutos siguientes los pasó cepillando el lujurioso pelo de Bella, aplicando una mínima cantidad de maquillaje, y ayudándola a levantarse de la mesa.

—Vamos ahora. Estamos listos para comenzar.

Bella se dio cuenta de que ahora estaba en el área de una de las dos habitaciones que había vislumbrado al llegar, pero esta sección estaba completamente cubierta por una cortina. Senna le indicó que tomara su lugar en una plataforma circular con esposas, que ajustó en los tobillos de Bella. Al pulsar un interruptor, una barra con esposas similares descendió para sus muñecas. Una vez acomodadas, Senna tocó el interruptor de nuevo, llevando la barra lo suficientemente alto para que Bella se balanceara sobre sus pies, totalmente extendida.

—Comenzamos ahora —dijo, presionó otro botón y las cortinas desaparecieron.

Bella miró la habitación y notó que estaba a un nivel de la audiencia más alto de lo que había pensado. La gente estaba dispuesta alrededor de la habitación, algunos de ellos simplemente sentados y bebiendo, otros envueltos en actividades que solo sacaban su mente parcialmente de lo que estaban por ver. La chica de la mesa de frutas llevaba de nuevo su correa, arrodillada a un lado de su Maestro donde podía jugar con sus pezones y ella podía acariciar su polla.

Algunas parejas estaban sentadas juntas, el pene del hombre bien acomodado en el coño de la mujer, sus piernas bien abiertas de forma que otros pudieran compartir su placer de exponerla. Dos de las chicas que llegaron sin collares, aparentemente habían encontrado sus Maestros (aunque fuera solo por el fin de semana). Una de ellas yacía sobre su estómago, mirando el escenario, la correa de su collar envuelta alrededor de la mano del Maestro mientras él lentamente hundía su polla en su culo.

La música sonaba también aquí, pero a un volumen mucho más bajo, su melodía insistente se envolvía a su alrededor como un manto de terciopelo. Las velas parpadeaban en todas partes, las llamas bailaban como ociosas bailarinas desde los ventiladores que colgaban del techo en un ritmo lento. La misma esencia a canela que Senna había usado flotaba en su nariz. Sus sentidos se contrajeron y expandieron.

Bella parpadeó. Apenas podía absorberlo todo. Necesitaba concentrarse en ella misma, no en la multitud. Edward le daría mucho tiempo para mirar cuando hubieran terminado si eso era lo que ella quería. ¿Y si le decía a Edward que quería que él observara a uno de los jóvenes follarla con los dedos?

¡Detente! ¡Pon atención!

Stefan llegó y se paró en la plataforma frente a ella y pasó las manos por su cuerpo.

—Bien —susurró—. Senna hizo un buen trabajo. —Puso su boca cerca de su oído—. ¿Te dio su tranquilizante especial?

Bella rió, pero no pudo detener el rubor. Aparentemente Senna tenía razón. Él estaba familiarizado con su rutina para cruzar el borde de la excitación instantánea creada por la anticipación. Asintió.

—Bien.

—¿Dónde está Edward? —susurró.

Él indicó con los ojos hacia un lado, y allí estaba Edward, sentado en gloriosa desnudez justo a un lado de la plataforma. Le guiñó un ojo y murmuró.

—Estás estupenda.

—¿Mejor ahora? —preguntó Stefan—. Voy a vendarte los ojos para que tus otros sentidos aumenten y tu cuerpo sea más receptivo. Y como ya lo hablamos, todo lo que tienes que hacer, en cualquier momento que te sientas demasiado desorientada o necesites que me detenga, es decir el nombre de Edward. Él estará justo a tu lado. ¿Está bien eso?

Bella asintió.

Stefan colocó algo de seda doblado contra sus ojos y lo amarró detrás de su cabeza. Inmediatamente, todo a su alrededor se desvaneció. El olor a canela se agudizó, la música aumentó y cada poro de su cuerpo, cada centímetro de su piel, cobró vida como si una llama se hubiera deslizado por ella. Los aceites de Senna, pensó, incluso mientras sentía el primer goteo de jugo caer de su vagina. Suspiró y se rindió a solo sentir.

—Aquí vamos, preciosa —Stefan le pasó la mano una vez más desde la nuca hasta sus nalgas. Luego sintió que se giraba hacia la multitud—. Todos habéis tenido la oportunidad de examinar los nuevos juguetes que he traído y de escoger los que queríais que se mostraran —Tomó un vibrador triple—. Muchos de vosotros parecíais fascinados con éste porque es muy diferente a lo que estáis acostumbrados, así que comenzaremos con él.

Bella respiró hondo y soltó el aire lentamente.

Relájate. Es Stefan. Y Edward está cerca.

Movió la plataforma lo necesario, de manera que Bella estaba ahora de espaldas al público.

—Bella tiene un culo muy sensible —su mano se deslizó por los globos bien aceitados de su culo, y luego avanzó por su hendidura. La punta de un dedo rozó la pequeña roseta.

Bella tembló de gusto. Senna tenía razón. Los aceites ponían cada pulgada de su piel hipersensible al tacto, estallando en llamas ante el mero susurro de una caricia.

—¿Veis cómo reacciona frente a la más suave de las caricias? Su receptividad es lo que la hace una buena modelo para demostrar los juguetes que todos queréis ver. Senna ha estado estimulándola con una vara que me gusta porque puede vibrar infinitamente y aun así, no llevar a la mujer al orgasmo —La deslizó hacia afuera, la dejó caer en una caja y tomó el vibrador triple de nuevo—. Pero la parte anal de este vibrador, en comparación con las otras extensiones, produce un orgasmo increíblemente poderoso.

Sus manos separaron lentamente las mejillas del culo de Bella y sintió algo frío cuando aplicó su lubricante especial. Su oscura vaina comenzó a apretarse en respuesta mientras sus dedos aplicaban el gel en sus tejidos internos. Entonces, apoyó la parte anal del juguete contra su culo y comenzó a presionarlo dentro. Senna le había dicho la verdad. Este era mucho más grande y mucho más largo. Sin la vara que la aflojara quizás no hubiera sido capaz de tomarlo. Pero Stefan lo insertó pausadamente en su recto sin ningún problema y cada pulso en su cuerpo despertó y comenzó a latir. Cuando por fin estuvo completamente acomodado, sintió una extraña plenitud, más que con cualquiera de los otros consoladores que ella, Edward y Stefan habían usado. La excitaba más allá de lo que creía posible.

—Buena chica —susurró Stefan, acariciando su culo de nuevo—. La audiencia está impresionada por tu capacidad de tomar esto por completo. Eres un verdadero tesoro, Bella. Mejor asegúrate de que Edward te aprecia lo suficiente o alguien más te podría arrebatar.

Se rió ante la idea, pero todo el humor huyó cuando su cuerpo comenzó a demandar más estimulación. Se alegró de que Senna hubiera dispuesto administrarle su "tranquilizador", o seguramente se habría avergonzado a sí misma y a Stefan corriéndose en ese momento.

Stefan la volteó para que quedara de frente al grupo, tocando entre sus piernas para tirar el resto de su exclusivo juguete hacia adelante. Insertó el otro consolador unido a él, por completo en su coño y terminó sujetando la extensión a su clítoris.

—Quiero que se aprecien los beneficios de esto —le murmuró—. Así que te ordeno que no te retengas. Quiero que vean lo intenso que será tu orgasmo bajo múltiples estimulaciones. Prepárate, cariño. Este es diez veces más poderoso que el que hemos estado usando los tres.

Bella cerró los ojos detrás de la venda, sintiendo que Edward la observaba, su presencia la centraba.

Stefan metió la mano en la hendidura de su culo y presionó la base del vibrador para encenderlo. De pronto, un zumbido tan poderoso que lo sintió desde los pies a la cabeza, se disparó por su cuerpo. Quería encorvarse, pero la posición no lo permitía.

Stefan la observó, midiendo su respuesta antes de presionar el botón para encender el de su vagina. Este, además de vibrar, rotaba, así mientras latía en cadencia con el de su culo, daba más y más vueltas en su canal que rápidamente se calentaba. Sintió que Stefan la tocaba de nuevo, esta vez en su clítoris. Pero en vez de vibrar como el que siempre usaban, la pequeña extensión se movía arriba y abajo, golpeando su ardiente protuberancia como si fueran pequeños dedos los que trabajaban sobre ella.

Las tres sensaciones diferentes convirtieron su cuerpo en una caldera de necesidad, cada nervio respondía, la electricidad alcanzaba hasta sus recovecos más profundos. Tembló y se estremeció, incapaz de hacer mucho en la posición en la que estaba. Apenas podía mantener el equilibrio.

Ohdiosmíoohdiosmíoohdiosmío.

Ya podía sentirse subiendo a la cima, el espiral de necesidad de su vientre se desenrollaba a una velocidad inesperada. Apenas oyó a Stefan hablando al atento público.

—También se pueden ajustar los movimientos de cada unidad de tal forma que sus velocidades sean independientes y pueden aumentar o disminuir a voluntad —Sostuvo en alto un pequeño control remoto para que todos pudieran verlo. Presionó botones en él y en un instante, Bella sintió como si le hubieron metido la cabeza en una montaña rusa en el espacio. El consolador en su culo aumentó la velocidad, el de su vagina disminuyó y las diminutas garras en su clítoris comenzaron a moverse a un ritmo impredecible.

Y se perdió. Los temblores se alzaron por su cuerpo, agarrando cada parte de su ser y su coño comenzó sus espasmódicas contracciones, tan intensas que estuvo segura que rompería el consolador. Observándola cuidadosamente, Stefan cambió las velocidades e intensidades, arriba y abajo, adelante y atrás, mientras Bella se sacudía de puntillas y el orgasmo la tomaba como una tormenta. Los jugos corrían por sus muslos y sus caderas comenzaron a estremecerse. Echó la cabeza hacia atrás, las venas de su cuello aparecieron rígidas y definidas. Y siguió y siguió, hasta que creyó que no le quedaba nada. Entonces Stefan presionaría sus pequeños botones de nuevo y todo comenzaría otra vez.

Cuando él vio que sus ojos se ponían vidriosos, bajó la velocidad lentamente, finalmente lo apagó y le quitó el juguete de su cuerpo. Le tomó varios segundos para que sus latidos disminuyeran y sus pulmones se llenaran de aire nuevamente.

Stefan presionó el botón que bajaba la barra a la que sus muñecas estaban esposadas, hasta que sus pies se apoyaron en el suelo de nuevo. Sus piernas estaban tambaleantes, pero Stefan la sujetó con sus brazos, sosteniéndola contra su cuerpo. Sostuvo un vaso de agua contra sus labios y la abrazó mientras bebía. Luego empapó su cara con una toalla húmeda.

Un sonido llenó sus oídos y se dio cuenta que la gente estaba aplaudiendo. ¡Aplaudiendo! No sabía si avergonzarse o reírse.

Stefan la besó en la mejilla.

—¿Estás bien? —Le hizo una seña a alguien al lado—. Traerán un banco para ti para que descanses mientras describo nuestro látigo especial. Edward va a ayudar con este, igual como lo hacemos en casa. ¿Estás bien?

—Sí. Estoy bien —le dio una sonrisa temblorosa. El orgasmo había sido mucho más fuerte de lo esperado.

—Les diré como funciona, la estimulación que provee y justo como en casa, Edward usará el flogger primero, para calentar ese increíble culo tuyo. Entonces avanzaremos al siguiente paso.

Bella se mojó los labios con la lengua y asintió.

—¿Puedo tomar otra copa primero?

—Puedes tener lo que quieras, cariño —Chasqueó los dedos y alguien puso una copa de vino en su mano. Bajó la barra de nuevo y ayudó a Bella a sentarse sobre el banco acolchado, luego sostuvo el vino para ella—. ¿Preparada?

—Sí. Mucho mejor. Gracias —Y lo estaba. El vino y saber que Edward la sostendría para esto la tranquilizó.

—Muy bien. Voy a bajar la barra por completo porque debes estar sobre tus manos y rodillas para esto ¿Lista?

Bella le sonrió.

—Adelante.

Stefan rió.

—¿Quién hubiera pensado que la dulce Bella Swan resultaría ser la mujer más sexy del mundo? Muy bien, aquí viene Edward.

¡Yo no!

Recordó la primera vez que Stefan llevó el delgado látigo al apartamento. Había estado temerosa de que produjera más dolor del que pudiera manejar y la asombró que la pequeña punta que chasqueaba contra su ano en realidad enviara rayos de placer por su cuerpo. Tres o cuatros golpes del látigo y había estado literalmente temblando con necesidad, su coño goteando y agarrándose al vacío, rogando por ser llenado. Entre el látigo y el aceite especial que Stefan usaba, para cuando llegó al clímax, pensó que seguramente se rompería en pedazos.

Las manos de Stefan eran gentiles mientras la movían, acomodándola de forma que se arrodilló de espaldas a la audiencia. Las esposas de sus tobillos fueron alejadas un tramo para separar sus piernas tanto como fuera posible. Escuchó a Edward subir a la plataforma a su lado y en un momento posó un suave beso en cada una de sus nalgas.

—¿Lista para empezar, dulzura? —Arrastró las correas de gamuza de su flogger favorito sobre su piel.

Asintió.

—Lo estás haciendo muy bien, Bella. Y cada hombre en esta habitación está deseando que fueras suya —besó el borde de su oreja—. Pero no lo eres. Eres mía. Recuérdalo.

Se enderezó y Bella sintió el primer azote del flogger en su culo. Edward era muy, muy bueno en esto, sabiendo exactamente cómo provocar la cantidad adecuada de dolor para disfrutar al máximo. Sintió el calor viajando desde su culo al interior de sus muslos y coño. Pronto comenzó a alternar de mejilla a mejilla y luego a su coño, con un ritmo irregular que hacía que no pudiera anticipar cuando caería el próximo golpe. Con cada chasquido del cuero, el calor aumentaba al igual que su excitación. Los jugos vaginales caían de ella y recubrían sus muslos, su esencia era tan fuerte que la rodeaba.

Entonces el flogger se detuvo y la mano de Edward acarició su piel hormigueante mientras Stefan explicaba sobre el delgado látigo que finalmente estaba poniendo a la venta. Era muy largo, casi la longitud de un látigo de ganado, pero no más grueso que un trozo de cuerda y en el extremo era aún más delgado. Lo había llevado al departamento con él un fin de semana y mostrado a Bella el enorme placer que podía crear. Su estómago se contrajo ante el recuerdo del oscuro placer que le dio.

Cuando sintió algo caliente en la apretada abertura de su ano, supo que Edward estaba aplicando el aceite especial. Al instante el calor atravesó cada parte de su cuerpo por debajo de la cintura. Su coño comenzó a contraerse e incluso las paredes de su recto temblaron. Luego Edward separó las mejillas de su culo tanto como pudo y en un momento sintió el primer golpe de la fusta en su ano. Se sacudió, no de dolor sino de placer. Edward la sujetó con sus manos.

Una sensual neblina descendió sobre ella. Vagamente podía oír a Stefan hablando al esgrimir el látigo, pero en lo único que podía centrarse era en los pequeños ardores, uno tras otro, en el agujero de su culo que rogaba por algo que lo llenara.

Edward movió una mano hacia su coño chorreante, sus delgados dedos sacaron la crema que corría de ella y la esparció alrededor de sus labios.

—No te corras aún —susurró.

Asintió con la cabeza en afirmación y apretó los dientes, enfocándose en contener los espasmos que amenazaban con dispararse por ella. No tenía idea de cuántas veces Stefan administró el látigo hasta que finalmente Edward soltó sus nalgas, besó su mejilla y susurró: —Eres una chica muy buena. Estoy muy orgulloso de ti.

—Olvidé lo que sigue —contestó en un susurro, con una voz cargada de tensión no aliviada.

—Vamos a mostrar los diversos usos del nuevo banco de azotes que Stefan diseñó. Igual al que nos dio. E igual a como lo hacemos en casa. Entonces estaremos listos por la noche. ¿Todavía estás bien, dulzura?

Bella se apoyó contra Edward.

—Sí. Creo. Supongo. —Cerró los ojos por un momento, y los abrió de nuevo—. Muy bien. Estoy lista.

1 Nombre de una variedad o casta de uva blanca originaria de la región del Rhin, en Alemania.