Disclaimer: los siguientes personajes no son míos, sino que le pertenecen al genio Hiroyuki Takei.
Aclaraciones: lo que está en kursiva son los recuerdos.
Extras: -
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Capítulo lV
Si aun no me lo crees amor…
Y quieres tu correr el riesgo.
Los copos de nieve caían lentamente. Las ráfagas de viento a veces los llevaban hacia la ventana, más precisamente el vidrio. Al impactar contra la superficie medianamente cálida, se derretían para caer por él en forma de gota. En cambio, otros copos de nieve llegaban al marco de la ventana, que poseía un poco más frío y se juntaban allí con otros copos formando un manto blanco.
Desde donde estaba, contemplaba esos acontecimientos tan simples como si fueran muy extraños. No tenían nada de especial, pero sentía como si algo extraño le ocurriera. Mientras sus compañeros exponían sus trabajos y tras exponer el suyo, sentía que algo le faltaba. Algo… no muy importante, pero a la vez demasiado importante como para poder no dejar de concentrarse en eso.
Hacía ya quince minutos que tenía la cabeza apoyada en su mano y su codo en el banco, con la mirada perdida… concentrada en esos copos y a la vez no haciéndolo. Por unos instantes, había escuchado una campana sonar y anunciar la salida de los alumnos, pero no había salido; y de eso hacía cinco minutos, de los quince que llevaba.
Cuándo vio que la tormenta de nieve cesaba, se levantó de su silla y se sorprendió. Segundo banco de la fila del medio, estaba el motivo de toda su meditación. Apoyado en sus brazos, de manera que formaba una almohada con ellos, los ojos cerrados y con un casi inaudible ronquido, dormitaba en el asiento desde hacía bastante tiempo.
Ella caminó hacia él, el chico al que antes podía llamar "mejor amigo", pero ahora no sabía como llamarlo. Según sus compañeros de grupo, él ya no la quería, pero después se retractaron de haberle dicho eso. Algo en esa conversación no le resultaba ciento por ciento creíble, pero en el fondo, ninguna de las dos afirmaciones las había creído del todo.
Se adelantó hacia donde estaba el asiento del niño. Él ni siquiera se movió al escuchar los pasos de ella, por supuesto que era su subconsciente el que lo hacía. Se detuvo a solo unos cuántos centímetros de su asiento, lo miró fijamente. Le parecía extraño que no se despertara con su mirada, como lo hace mucha gente que ella misma conocía; pero, reflexionando un poco, él no era "como mucha gente".
Lo contempló por largo tiempo, esperando alguna reacción. Pudo comprobar como su cabello pasaba de ser negro azabache, a un color más claro en las puntas. Cada hebra comenzaba siendo tan negro como el cielo nocturno, y se iba haciendo más claro a medida que avanzaba hacia la punta, hasta terminar en un celeste como el cielo diurno. Sus ojos cerrados le hacían parecer un niño de unos años menos, le daba una apariencia casi angelical. Pero ella recordaba otras miradas que no parecían angelicales, a veces hasta a ella le asustaba.
Se colocó en cuclillas y siguió con eso. Esta vez lo veía desde otro ángulo, le recordaba a la vez que lo conoció, pero no quería recordar demasiado eso para evitar la nostalgia. Lo que más le llamaba la atención era el hecho de que no despertara, se lo veía cansado. Y es que su proyecto le había tomado toda la noche hacerlo y obtuvo, por primera y única vez en su vida, la calificación más alta; pero claro… ella no lo sabía.
Sus rodillas se cansaron de sostener su peso y los dedos de sus pies parecía que iban a estallar. Por eso mismo, situó su peso hacia delante y se colocó de rodillas, apoyándose en todas sus piernas, evitó el gran dolor. Mas ahora estaba más cerca de él, se podría decir que a solo centímetros de su rostro.
Elevó la mano y la colocó en su mentón, él no se movió en lo absoluto; tenía un sueño realmente pesado. Su dedo pulgar estaba muy cerca de los labios del ainu. Casi sin pensarlo, pasó su dedo por el labio inferior del niño. Hizo tres veces el recorrido de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Tenía los labios resecos, como quien duerme mucho y no toma suficiente líquido.
Por alguna razón, sintió un sentimiento que antes había sentido en menor medida. Acercó su cabeza a la de él y colocó su frente contra la de él. Pudo contemplar sus ojos muy cerca, pero él no los abrió…
Un sueño bastante pesado era el que poseía el ainu. Mas en ese mismo instante tenía un sueño diferente del de muchos que tiene en las noches. No le resultaba bueno, pero tampoco malo, solo era… diferente. Entre abrió los ojos, por fin había despertado, pero seguía somnoliento. De frente a la cara de Damuko, ella tenía los ojos cerrados por eso mismo no sabía que él se había despertado, por eso mismo cerró los suyos, simulando seguir dormido.
En cuanto hizo eso, se percató de una sensación extraño. Una humedad en los labios, como si algo los humedeciera. Entonces lo entendió… Un beso. Era eso. Un beso de ella, de la persona que más quería que fuera, pero que menos tenía que ser. Unos segundos después la sensación desapareció. Mas pudo escuchar la voz de ella.
—Horo… Horo, no te entiendo —dijo la niña y después salió del salón, mientras tomaba su mochila.
Escuchó los pasos de ella mientras seguía con los ojos cerrados, después escuchó la puerta cerrarse. Ya no era necesario seguir fingiendo. Abrió íntegramente los ojos y se sentó en una posición mejor.
Llevó su mano a los labios. Sí. No era un sueño, ella de verdad lo había besado. Era realmente de verdad, no era una ilusión suya. Haber recibido su primer beso y no haberlo podido disfrutar.
Bajó la cabeza, e involuntariamente, unas lágrimas corrieron por sus mejillas. Hacía más casi medio año que la llevaba ignorando, pero al parecer ni eso bastó para que lo dejara en paz. O mejor dicho, para que lo ignorara como los otros niños hacían con él. Ella había sido muy diferente. A pesar de lo mucho que él la ignoraba, ella hacía eso y sentía algo por él y él sentía lo mismo por ella.
—Kurobe, Damuko, Tamiko, tampoco te entiendo —se dijo a sí mismo, mientras se levantaba de su asiento y tomaba su mochila aún con la cabeza gacha. Una gran melancolía le invadía. Una muy mala sensación.
Y esa sensación no iba a desaparecer, nunca más. Eso es por el hecho de que ese había sido su primer y último beso. Puesto que… al día siguiente ella sufriría un accidente en las montañas y sería su muerte. Pero claro, él no lo sabría hasta unos meses después.
Al menos algo era seguro para Horo-Horo en ese momento. Sus lágrimas significaban algo que nadie podía entender. Las mismas que, en ese momento, estaban acabando con la apariencia fría que debería de tener ante la sociedad y ante su familia. Si alguien de éste último grupo lo hubiera visto, no solo sería el hazme reír de los miembros, sino que sería el punto de preocupación de su padre. Sentiría el miedo de que él descubriera la razón de su llanto y lo castigaría con ello. Mas en ese momento no le importaba gran cosa eso.
Caminó con la nieve congelándole los huesos, puesto que había salido del interior caliente de la sala de su escuela. Caminaba a un paso muy lento, comprimiendo las tiras de su mochila contra su cuerpo y apretando el puño con gran fuerza al tiempo que luchaba, inútilmente, contra sí mismo y sus impulsos emocionales. Se sentía como si estuviera haciendo algo completamente ridículo y quizá lo hacía, no obstante se le era imposible contenerse.
Al cruzar el umbral de la puerta de su hogar, pudo verse solo. Su padre estaba teniendo una semana muy ocupada con temas de su comunidad y, por alguna razón tenía una cierta certeza de que él tendría que ver con ello, pero lo ignoraba. Tiró la mochila, que de tanto sujetarla por las manijas tenía las marcas de sus dedos en ella, al suelo. Las cosas hicieron un ruido seco al chocar contra el piso. El eco se hizo escuchar en el silencio de la solitaria casa.
Avanzó por le pasillo, hasta llegar a la escalera que lo conduciría a su habitación. Mientras hacía el recorrido, pudo advertir que no estaba solo, cuándo la silueta de su hermana avanzó en su dirección. Lo saludó con un plato en la mano, adivinó que ella lo esperaba para comer. Pero al ver que lo estaba secando, descubrió que ella ya había comido y nada más faltaba él.
Ignorando la presencia de ella, subió lo más rápido posible las escaleras. Era una simple estrategia para que ella no le viera los ojos irritados, ya que las lágrimas se habrían helado y ya no se distinguirían con tanta facilidad. Ella le vio partir en dirección a su habitación y sin siquiera darle tiempo de musitar un saludo.
Se introdujo en su cuarto y serró la puerta detrás de él. Inspiró hondo, esperando poder recuperar el aliento. Mas al espirar reconoció su propio aliento haciendo siluetas de nubes frente a él. Caminó hacia su cama y se tiró sobre ella. Los brazos extendidos, con el pecho hacia arriba, sus ojos fijos en el techo, su cuerpo aparentaba la formación de una cruz. Un dolor extraño en el pecho le carcomía las entrañas y una pesadez que antes no había sentido se escabullía por su cuerpo. Unos golpes retumbaron en su dolorida cabeza.
— ¡Vete! —gritó casi sin demostrar emoción alguna.
—Horokeu, soy tu hermana, por favor…
— ¡Déjame en paz! —le interrumpió su hermano, al tiempo que se daba una vuelta y colocaba sus manos como si fuera una almohada.
Por unos segundos el silencio ayudó a su cabeza a calmarse, pero después de eso escuchó de nuevo la voz de su hermana menor.
— ¡Hermano, sé que es sobre Damuko, dímelo y deja de hacerte el "chico fuerte", porque no lo eres!
— ¡Deja de decir ese nombre y vete!
— ¡No eres mi jefe! ¡Damuko, Damuko, Damuko…! —comenzó a gritar Pirika.
Con cada grito, sentía que la cabeza le explotaba y la imagen de la niña se le venía a la mente. Una sonrisa seguida de la lágrima que lo hacía sentir como una miserable cucaracha. Se colocó la almohada en la cabeza, y presionando más sobre las orejas, esperando apagar el sonido. Pero le fue inútil. La voz de su hermanita era imposible de ignorar.
—Si te dejo entrar… —dijo él una vez que se había parado y colocado detrás de la puerta —, ¿dejarás de decirlo?
—Sí —contestó ella para luego entrar y cerrar la puerta detrás de sí. Vio como su hermano se dirigía a la cama y se volvía a tirar en ella.
—Para ser una "niña prodigio" eres muy inmadura —le comentó él tirándose de nuevo en la cama.
—Y tú demasiado sensible para ser un niño —hizo énfasis en la "e" de la última palabra. El chico le dio la espalda mientras murmuraba un simple "cállate". Lo contempló, con las piernas encogidas y los brazos cruzados, como si estuviera abrazando algo. Ella se sentó en una de las esquinas de la cama. —Cuéntame…
Un poco entre la duda y la pena, el chico comenzó a decir las cosas. Lo que él había sentido con lo ocurrido y demás detalles que solo ella merecía saber. Una vez finalizado, su hermana se le acercó.
—Horo-Horo, en un bonito juego de palabras, pero tú no tienes un bonito juego…
— ¿Ah? —comentó al tiempo que elevaba la cabeza y la miraba desconcertado ante la respuesta de Pirika.
—Si yo fuera uno de tus compañeros, creería que estás jugando con los sentimientos de Damuko, pero yo sé que no es así. Es más, sé que estás sufriendo por ello. Tú no estás teniendo un bonito juego con ella, pero el que más sufre eres tú, no ella.
—Aún no te entiendo —comentó volviendo a dejar de verla.
—Siempre dices lo mismo, pero solo te haces el tonto, sé que lo entiendes… y muy bien —dijo ella mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta.
Él se concentró en lo que ella le había dicho, y sabía que tenía razón, mas quería negarlo a toda costa. Algo en él no le agradaba y se sentía incómodo con ello.
—Hermano… —le llamó ella mientras giraba el pomo de la puerta y la abría —, debes dejar de sentirte mal. Te aseguro que sentirás otras cosas iguales o peores en el futuro, no te aflijas. Lamento ser… negativa, pero… nunca podrás tener un "bonito juego". Nunca —dijo y cerró la puerta detrás de él.
Ella se marchó, mas las lágrimas siguieron corriendo. Él… no se sentía como la mejor persona del universo, sino como… la peor. Y esas palabras se hicieron sentir peor, porque sabía que mentiría más en el futuro. Le daba la razón, pero en el fondo deseaba que se equivocara.
A pesar de ello, sabía que Pirika se equivocaba en algo. Y ese algo, en esa ocasión, era en que era Damuko quien más sufría. Y la que más sufriría en un futuro cercano.
Veras que soy realmente bueno…
En engañar y hacer sufrir…
