Cap. 3
Los hombres de la tripulación de Jack y los de McHenry bebían aparatosamente sin control. Hacían competencias y hablaban soezmente.
Margaret fue a la playa. Le gustaba contemplar la luna y la de aquella playa era realmente hermosa.
Recordaba…en qué momento se había convertido en una corsaria. Si bien se había puesto a las órdenes de la East Indian Trading Company, su espíritu estaba hecho para surcar los mares incansablemente. Deseaba con toda su alma encontrar a alguien que llenara su mundo y la hiciera olvidar las angustias que había vivido junto a Fuensanta Montgomery, quien se había encargado de demostrarle que el haberla tenido había sido uno de los peores errores de su vida, sino el principal.
Lanzó algunas rocas al mar, maldiciendo a Fuensanta. Jack llegó entonces a las cercanías y comenzó a charlar.
- Todavía le guardas rencor, ¿cierto?
Margaret volvió el rostro hacia el mar, sin mirar a Jack, respondiendo con otra pregunta.
- ¿Tú no habrías odiado a muerte al capitán Teague, si te hubiera hecho a un lado por otro hijo?
- Pues…creo que no, de hecho, él me hizo a un lado desde que decidió incursionar en esto, y yo, de una manera casi inevitable, seguí sus pasos. Creo que si no me hubiera abandonado por la piratería, de igual forma me habría abandonado…
- ¿Cómo has podido soportar eso durante tanto tiempo, Jack?
- No ha sido difícil, realmente lo admiro por llevar su soledad como lo hace y me enorgullece ter que llevar la mía casi igual. Aunque, de vez en cuando, la comparta conmigo, aunque sea para maldecirme.
- ¿Ha sido capaz de maldecirle?
- No lo he escuchado yo, evidentemente, pero me han llegado rumores de que él hubiera preferido tener una hija en lugar de un hijo.
- Te admiro por eso; yo no sé si un día pueda perdonar a Fuensanta.
- Tendrás que hacerlo un día, si no quieres vivir amargada el resto de tus días.
Margaret observó cómo Jack caminaba paseándose por la playa descalzo, mientras buscaba un lugar para sentarse, cerca de Margaret. Ella observó dónde colgaba la brújula de Jack. El capitán Sparrow se sentó y ofreció a Margaret una botella de ron completa. Ella no estaba segura de aceptarla pero Jack la ofreció con insistencia, de tal forma que Margaret la aceptó y aprovechó para cambiar su actitud y así, tratar de ganarse la confianza de Jack.
- Bien…ahora…cuéntame, ¿qué has hecho todo este tiempo?
- Pues…es largo de contar…¿savy? Además de tener que saldar una deuda con Davy Jones…
- Esa parte de la historia la conozco…y algunos otros menos afortunados pero, me interesa saber mejor qué es lo que piensas, qué futuros objetivos tienes en mente, en qué clase de pirata te has convertido…
Jack se empinó la botella de ron y sonrió lascivo.
- Vaya…tenía mucho que una mujer no me hacía esa clase de preguntas, si no era para pedirme dinero…
Margaret sonrió a su vez. Tenía un plan en mente para envolver al capitán Sparrow.
- Yo por el momento no hice esa pregunta por dinero…
- Entonces…¿por qué?
- Tú, ¿por qué crees?...
Entonces Jack acarició su mentó y dijo sobre sus labios:
- ¿Por qué no me lo…explicas tú misma?
Así, Margaret brindó con Jack y dejó que la botella casi se consumiera…él la recostó suavemente en la arena.
- Por lo que dejamos pendiente, Jacky- susurró Margaret.
- Mejor…por lo que vamos a empezar otra vez…-contestó arreglándose el bigote.
Y esa noche, en aquella playa, Jack dejó que el instinto que tenía acumulado se desfogara en el cuerpo de Margaret, quien empezaba a obtener parte de lo que había estado buscando.
Jack era ardiente, tras todo el tiempo que había dejado de lado tener a una mujer cerca, huyendo de aquella a quien no deseaba enfrentar. Pero aquella pausa con aquella antigua amiga sólo le daba nuevas fuerzas para lo que estaba por encontrar.
Margaret degustaba la forma tan lujuriosa en que Jack procuraba encenderla.
Empotrándola contra una palmera y tomándola en peso dijo:
- Apenas puedo esperar para tener de nuevo…¿savy?
- Yo tampoco…-jadeaba con ardor- muchas mujeres se han peleado por ello…y ahora soy yo quien puede disfrutarlo…
- ¿Te consideras…afortunada?- preguntó Jack empezando a entrar en su cuerpo.
- No puedo quejarme…-decía apretándose contra la espalda del loco capitán del Perla Negra.
- Pues…es momento de que empieces a hacerlo…y no precisamente…de dolor…
Los jadeos de ambos eran cada vez más sonoros, de tal forma que se olvidaron completamente de que los hombres de Jack y los de ella estaban cerca.
Justo cuando culminaban, Jack observó.
- ¿No hay…nadie cerca?- berreó mientras se desbordaba.
- No…creo que no- dijo abrazándolo con fuerza.
Cuando terminaron por completo, se acomodaron las ropas y caminaron abrazados por la playa.
Jack se tendió mirando las estrellas, mientras Margaret bebía más ron. Luego se recostó ligeramente junto al capitán Sparrow diciendo:
- Lo siento, Jacky…pero…las cosas tiene que ser así…
Beckie contemplaba también las estrellas. El recuerdo de Jack aún en su cuerpo, después de la última vez que se habían visto. Curiosamente no habían quedado en muy buenos términos…y aún había cosas que habían ocurrido posteriormente que hacían más intangible y difícil una posible reconciliación.
"- Bien, Jacky…¿no te parece que te estás extralimitando?
- Claro que no, linda…creo que es lo justo.
- Por supuesto que no, Sparrow…no es justo que quieras quedarte con más de la mitad del tesoro, tan sólo porque tú eres el capitán del Perla Negra.
- Ser capitán del navío más fuerte del Caribe tiene sus ventajas, ¿savy?
Beckie había hecho una pausa…no iba a revelarle el secreto que deseaba tanto revelarle, puesto que estaba molesta por la forma de comportarse de Jack, y realmente consideraba que no se merecía conocer esa noticia tan importante para ella.
- En vista de que no te importa mi persona…creo que no hay nada que podamos hacer juntos en este momento, Jack…
- ¿Realmente eso piensas, capitana Morgan?
- Sabes que detesto que me llames capitana Morgan, porque lo haces solamente cuando consideras que me comporto negativamente.
- Eres bastante perspicaz, capitana Beckie…bien…estoy esperando dos cosas: la primera, que me des mi parte del tesoro…
- ¿Y la segunda?- preguntó Beckie.
- Que…te disculpes por tratarme de esa manera…soy el capitán Jack Sparrow…¿savy?
Una bofetada por respuesta dejó un tanto perplejo a Jack, mientras Beckie resolvía.
- Había algo que tenías que saber, Sparrow, pero en vista de que no lo mereces…creo que nunca te enterarás…así que…será mejor que no nos volvamos a ver por un tiempo…sino es que nunca…
- ¿Es tu última palabra, Beckie Warrior?
- La última- dijo Beckie, alejándose.
Jack observó con algo de molestia y luego hizo un pequeño mohín de indiferencia. "
Sin embargo, conforme el tiempo había pasado las cosas eran diferentes. Beckie extrañaba a Jack y éste tampoco podía negar que una fuerza extraña, como un imán, lo iba atrayendo hacia un punto del universo que tenía mucho que ver con Beckie. Y pronto estaba por descubrir de qué se trataba.
Beckie dejó de contemplar el cielo. Volvió su rostro frente a la cuna donde su bebé dormía plácidamente.
- No sé si desear que Jack Sparrow esté presente aquí pronto…eso me causa un poco de problema…siento que problemas serios se avecinan…pero antes de doblegar al cabeza dura de tu padre, creo que hay otra cabeza dura que debo tratar de ablandar primero…
Alí también contemplaba el cielo. Aún el recuerdo de Anamaría le causaba dolor. Nunca hubiera deseado que aquella mujer pirata a la que tanto había amado se hubiera ido de su lado. Observaba el cielo pues creía fielmente que desde alguna estrella, Anamaría lo contemplaba y le hacía suaves caricias desde arriba.
Sin embargo, su sueño de amor se turbó cuando un emisario le envió un mensaje de la princesa Adalida.
- ¿Qué quiere ahora esa mujer?
- La princesa desea que te entrevistes con ella pronto, quiere entablar algunas reglas para determinar qué propiedades de Beirut corresponden a ella y cuáles a ti.
- Pero si prácticamente nos está despojando…¿qué es lo que quiere ahora?
- No tengo idea…pero dijo que, si te negabas a la entrevista, tu reino sufriría fuertemente…
Alí golpeó la mesa donde se apoyaba y dijo a su mensajero.
- Envía un comunicado a la princesa…y dile que estará ahí…que fije el día y el momento…estoy dispuesto a salvar a mi pueblo, pero…tendrá que aceptar mis condiciones.
- Como ordenes, mi señor- dijo el mensajero, retirándose de su presencia.
Jeremy estaba confundido. Lo que el capitán del Holandés Errante le había propuesto era realmente preocupante.
- ¿Y ahora, qué se supone que debo hacer?- se preguntó mentalmente.
Pero aún seguía en manos del capitán Turner, quien de paso, a pesar de que causara en Jeremy algo de temor, también le causaba un poco de confianza. Había un destello en los ojos de Turner que le hacía pensar que era un buen hombre, aunque estuviera muerto.
- Serás mi huésped- dijo Turner ordenando que llevaran al muchacho al Holandés Errante.
- ¿Puedo saber por qué he de acompañarte?- preguntó Jeremy.
- Posees algo de la rebeldía de tu padre, pero creo que tú heredaste la sensateza de tu madre…así pues, eres mi invitado y como tal te trataré. Ordena a tus hombres que se dirijan al lugar que te he ordenado.
Jeremy miró hacia su gente.
- Ya oyeron…sigan el curso que mostró el capitán Turner, continúen con la rutina, en breve nos reuniremos…no se preocupen…
Jeremy entonces se dirigió hacia el Holandés con un poco de temor, pero ansioso de conocer la historia de aquel extraño y enigmático capitán.
Cuando llegaron, Will escogió una habitación especial para Jeremy.
- Aquí te quedarás…mi gente te tratará bien…además de que, tu guía es necesaria…yo no podré tocar tierra por el momento, tú irás en lugar mío.
- ¿Puedo preguntar por qué me escogió precisamente a mí?
- Aún no es momento de saberlo, Jeremy Sparrow…pronto conocerás lo que hay detrás de todo esto.
Hizo una pausa para invitarlo a su camarote. Jeremy estaba asombrado. Will trataba a sus hombres mucho mejor que cualquier pirata. No era como los demás…si bien era cierto que parecía un pirata, realmente tenía en los ojos una nobleza que no había visto en ninguno de los que conocía.
- ¿Qué le…preocupa?- dijo mirando a Turner notando un poco de dolor.
- Nada…es sólo que…la nostalgia por la tierra me hace recordar…
- No conozco bien la historia pero…dicen que detrás de ella…hay una mujer…¿cierto?
- Así es…una mujer…¿tu padre nunca te habló de…Elizabeth Swann?
Jeremy resolló levemente y luego dijo.
- De labios de él, no precisamente…sin embargo, algunos marinos han hablado de una mujer apellidada Swann…y la vincularon con él…creí que se trataba de alguna amiga suya.
Turner se enfureció de momento y la nobleza de su rostro desapareció parcialmente. Pero luego recobró la calma.
- ¿Eso te dijeron, entonces?
- No exactamente…yo sólo escuché el nombre, desconozco por qué lo han mencionado…pero si ella es una mujer por la que algún hombre ha peleado con otro, ha de ser una mujer extraordinaria…
- Lo era…extraordinaria…
- ¿Se trataba de ella?
Turner no respondió. Pero su silencio fue para Jeremy la mejor de las respuestas.
