A Bad Day
—No pude ver mucho, ni escuchar, pero Adrien se quedó a cenar con tus padres—le comentó Tikki cuando Marinette estuvo despierta y consciente.
Pudo ver como el rostro de Marinette mutaba por todo tipo de emoción antes de colapsar contra la cama y agarrar la almohada para emitir un grito ahogado corto que contenía todas las emociones que no podía manifestar.
Tikki observó a su amiga y sonrió, simpatizando con su situación en primera instancia. Del año y meses que la conocía, podía decir que se ponia ansiosa con mucha facilidad. Era fácil saber qué cosas debían estar pasando por su cabeza en esos momentos, pero decidió esperar a que encontrara voz para manifestarlos y traer algo de orden.
—¿Cómo que se quedó a cenar? ¿mis padres lo invitaron? ¿por qué no estaba yo ahí?
Tikki rió.
—Te trajo cuando te quedaste dormida. No sé cómo logró hacer para que te destransformaras, pero lo hizo. Cuando se estaba por ir, apareció tu padre y lo invitó a bajar.
—Ay no, ¿qué habrá pasado? ¿qué le habrán dicho mis padres?
—Nada que él no supiese ya, si me dejas decir—opinó Tikki.
Marinette la miró. Silencio.
—Sí, pero...—su kwami sonrió.
—Despreocupate, Marinette. Nada malo pudo haber salido.
.
El celular sonó una.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco veces antes de que lo revisara.
Sí, llegó el día en el que Adrien Agreste se quedó dormido por mucho después de la hora de entrada a clases. Ni su padre ni Nathalie le dijeron absolutamente nada al respecto; lo cual, podía ser tan bueno como malo.
Pero, en aquel momento, no le interesaba. Solo tenía sueño y quería dormir. Dormir todo el día, reponer energía y horas de sueño.
Estaba cansado emocionalmente más que otra cosa. Bueno, sí, también estaba exhausto por la falta de sueño, pero… quería pensar que estaba así por la conversación de ayer con los padres de Marinette. Por ver lo dulces y cariñosos que eran, por ver cómo se preocupaban por su hija, por verlos unidos.
Y eso, le recordaba lo que a él le faltaba y nadie podía llenarle. Su propia madre estaba desaparecida, ni siquiera sabía si estaba viva o muerta, solo que no estaba. El primer gran abandono de su padre, no decirle qué había ocurrido con ella cuando fueron al Tibet. Luego, vino el encierro, vino el aislamiento, el trabajo, las actividades extracurriculares aparte de las tutorías y los insistentes ruegos por su parte para poder ir a clases y tener una vida un poco más normal. Por tener algo más que ese frío que ahora le invadía y que el hecho de ser Chat Noir le hacía olvidar un poco.
Si, ser un superhéroe al servicio de la comunidad le hacía llenar su cabeza con pensamientos que tapaban esa realidad que no quería ver o aceptar. Ser sacrificado, aspirar a ser un mártir, dar la vida por los demás, por Marinette, hacer el bien, preocuparse por derrotar cualquier villano convertido por Hawk Moth… todo eso llenaba ese espacio y le hacía olvidar hasta que volvía a casa y cenaba a solas.
Manoteó el celular cuando dejó de sonar e hizo un esfuerzo para levantar la cabeza y distraerse un poco. Nada de emociones negativas ¿no? lo único que faltaba es un Chat Noir akumatizado suelto por las calles de París.
Ok, mal chiste.
Tenía casi alrededor de diez mensajes. Dos de Chloé y los otros ocho, de Marinette. Y las cinco llamadas perdidas eran de ella, también. Suspiró y abrió la conversación de Chloé. Uno era a las ocho, preguntando si iba a venir. El segundo, era a las nueve, preguntando si estaba bien que a la tarde pasara por su casa para dejarle los deberes.
Desde que obtuvo su Miraculous, estaba mucho más amable. Como la niña que recordaba cuando eran niños. Se obligó a sonreír y le respondió que no se sentía bien y que le agradecería el gesto.
Los mensajes de Marinette empezaban desde las siete de la mañana. El primero, le agradecía de nuevo por lo del día anterior, incluyendo el que la llevara hasta su casa. El segundo, le preguntaba qué le habían dicho sus padres. El tercero y el cuarto le preguntaban si estaba bien y si iba a ir a clases. El quinto, le preguntaba si la cena de anoche no le cayó mal y por eso no venía. El sexto, insistía en saber si estaba bien.
Le resultaba difícil escribirle una respuesta, quería decirle algo más que un escuálido "no fue la comida, solo necesito dormir. Después hablamos". Quizás un mensaje de voz hiciese un poco más de justicia, pero no quería sonar como si recién se levantaba.
Se sentó en la cama y se obligó a arrastrarse al baño. Se lavó los dientes y la cara con agua helada. Terminó dejandose caer en uno de los sillones que tenía, ya que no encontraba tantas fuerzas como para subir las escaleras que había bajado. Cuando escuchó el celular sonar por sexta vez, se gruñó. ¿Por qué no se lo llevó con él en primer lugar? Tuvo que arrastrarse escaleras arriba y para cuando lo agarró, ya tenía una nueva llamada perdida de Marinette y un mensaje de Chloé diciendo que pasaría después de clases.
Miró la conversación con Marinette durante un largo rato antes de que se le ocurriese qué decirle. Plagg no estaba a la vista para consultarle, el perezoso seguramente debía estar durmiendo en algún escondite oscuro de su habitación. Y no se lo iba a poner a buscar para pedirle ayuda en un campo en el que no se desenvolvía mejor que él.
Si no le respondía a Marinette, seguramente tendría otra llamada entrando, además de que era seguro que ella iba a estar un poco más cerca del colapso mental por la preocupación que le estaba causando él en ese momento.
Suspiró. Era una de esas cosas en las que no debía pensar y hacerlas. Pulsó el botón de grabación, dispuesto a hablar. Manteniendo en mente que no debía decir nada que los dejase muy expuestos a cualquiera de los dos.
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—Disculpa por no haber respondido antes… estaba durmiendo. No me sentía con ganas de ir hoy; son cosas que… —suspiro— me gustaria poder hablar contigo de eso alguna vez, pero no ahora. U hoy. Necesito descansar y estaré bien, no te preocupes. Mañana estaré como nuevo. Quisiera poder decirte más, pero… mejor hablamos después, ¿te parece?
Marinette le dio play una y otra vez al audio en lo que le resto del recreo, preocupada. Alya tuvo que resolver sacarle el aparato y amenazar borrar el audio para que dejarla de hacerlo.
—Es que no sé qué decirle!—se justificó ella, dejandose caer sobre su banco y golpeando intencionalmente su cabeza contra la mesa del pupitre.
La morena suspiró. Antes de responderle, se inclinó hacia delante y le lanzó el celular a Nino, quien lo atrapó de suerte ya que no se esperaba el gesto.
—Nice catch —Alya pronunció en inglés a medida que el otro se daba vuelta a verla.
—Sabes que no tengo ningún problema con estas movidas tuyas—le respondió adoptando una pose relajada al ver que era ella—. Pero un aviso siempre es bien recibido.
—Escucha el audio, es de Adrien—hablo Alya haciendo un gesto con la mano.
Marinette en ese momento, agradeció haber borrado los mensajes que podían malinterpretarse y la obligaban a dar más de una explicación. Mientras Nino escuchaba, ella se mordía el labio inferior, nerviosa.
—Debe ser por su madre—hipotetizo devolviendole el celular—. No sé bien las fechas, quizás Chloé sepa algo.
—¿Nunca te dijo nada sobre eso?— preguntó Alya.
Nino se encogió de hombros y negó con la cabeza.
—No, nada. No es de hablar de esos temas y no le voy a preguntar algo con lo que no se siente cómodo.
—Esta bien, gracias—suspiro Marinette.
Alya y ella se miraron y la primera no tardó en estirar su mano para consolarla en su preocupación.
Nota: El próximo capitulo lo subiré el lunes, ya que el fin de semana se me complica actualizar. Buen finde :)
