CAPÍTULO 4.

EL REGRESO.

Lejos de allí, desde un lugar muy alto y que todo podía verse como si estuviese alguien dominando el mundo, habían unas sombras. Esas sombras venían de dos cuerpos vestidos con unas túnicas blancas que tapaban todo su rostro. ¿Quiénes eran? Sólo entre ellos se conocían. Tanto su rostro como todo ellos, eran indescifrables.

—¿Crees que todo eso esté bien? —preguntó uno de ellos. Pareció girarse un poco para mirar a su compañero quien parecía estar ensimismado en los seres a los que estaba mirando. Iba a volver a hablar cuando vio una sonrisa fugaz en el rostro. —¿Qué pasa?

—Los lazos humanos son increíbles, ¿no te parece? —cuestionó de pronto, como si algo le divirtiese.

—¿Tú crees? —murmuró observando hacía abajo.

De pronto, escucharon unos pasos. Alguien más había llegado. Tenían compañía. Otro ser vestido con túnica blanca y tapado para que no se le reconociese, aparecía por sus espaldas, colocándose al lado del que parecía ser el líder de los dos.

—¿Qué está haciendo él aquí…? —parecía sorprendido de ver allí a ese individuo.

—Es tu turno —respondió el que había dejado caer el comentario sobre los lazos humanos. —Ya sabes lo que hacer.

—Sí —respondió el recién llegado asintiendo con la cabeza. —Déjamelo todo a mí.

—¡Argh! ¡No logro entenderos! —exclamó perdiendo la paciencia uno de ellos para retirarse refunfuñando.

P.O.V Otonashi Haruna

Flashback (Soñando)

"—¡He marcado, Onii-chan! ¡Te he marcado gol! —gritaba ese día feliz dando saltos por todo el campo y lanzándome a los brazos de mi hermano. Me agarró por el susto de que me fuese a caer, aún así, yo lo abracé muy fuerte. —¿Has visto? ¡Voy a alcanzarte! ¡Pienso superarte, Onii-chan!"

Fin Flashback

Algo me hizo regresar al presente. En donde mi hermano no estaba y en el presente en el que aún no había logrado alcanzarle. Seguro que mi hermano sería mucho mejor jugando al fútbol de lo que yo lo era si estuviese conmigo, a mi lado. Por eso que aún tenía que esforzarme; por los dos.

Perezosamente, me moví, sintiendo el colchón blando debajo de mi espalda y unos labios cálidos acariciando mi frente para mi sorpresa. "¿Onii-chan?"Di un pequeño salto por el susto. Pensaba que estaba sola, pero no parecía ser el caso. Más raro me pareció que yo pensase que se trataba de mi hermano cuando era obvio que era imposible. Me froté los ojos y observé al chico que estaba a mi lado. Esa sonrisa amable, ese cabello revuelto y blanquecino…

—¡Shirou-kun! —exclamé más que contenta de verle y abrazarle por la cintura. Me aferré a él dejando mi cabeza en su estomago y con una enorme sonrisa descolgando de mis labios. —¿Pero cómo qué estás en Inazuma? ¡Podrías haberme llamado o algo! —protesté, separándome ligeramente. Fruncí el ceño y puse morros, como si estuviera molesta.

—No estaba en mis planes venir por el momento pero recibí una llamada diciéndome que estabas enferma así que… decidí venir a ver cómo te encontrabas en persona —contestó con ese tono de voz tan suave de siempre, sin dejar atrás su mirada protectora y su sonrisa. —Quería darte una sorpresa.

—Lo has hecho —aseguré rápidamente.

Me incorporé y lo abracé por el cuello notando como sus brazos pasaban por mi espalda y me aferraban a él, transmitiéndome esa seguridad que él me brindaba siempre. Necesitaba su abrazo, necesitaba que fuese él en esos momentos. Lo había estado extrañando tanto que tenerlo ahí, en esos momentos… era como si tuviese que ser así, como si fuese a pasar algo y Shirou-kun me fuese a ser indispensable.

—¿Te encuentras mejor? ¿Te ha bajado la fiebre? —preguntó acariciando mi cabeza, seguro que jugaba con mi cabello, le gustaba. Asentí con la cabeza, sin separarme. Cerré con fuerza los ojos deseando quedarme así durante un rato más, un largo rato más.

—Te he echado de menos… —susurré lentamente y ocultando mis ojos en su camiseta. Apreté ésta con mis dedos, provocando algunas arrugas y sentí unas enormes ganas de llorar. Esas ganas de llorar que trataba de contener delante de todo el mundo. Incluso delante de Kogure.

No podía quitarme la imagen de mis padres de mi cabeza, de la pregunta que no desaparecía. ¿Dónde podían estar? ¿Por qué no habían venido? ¿Era posible que les hubiese pasado algo? ¿De verdad me iba a quedar de nuevo sola? Tenía miedo. Tenía tanto miedo que incluso, sin darme cuenta, empecé a temblar. Es entonces cuando escuché como me hablaba en el oído para tranquilizarme, como acariciaba mi cabeza y mi espalda. Me aferraba a él como si quisiese protegerme, queriendo reconfortarme. Pero, de alguna forma… eso no era suficiente. ¿Por qué…? Cuando quise darme cuenta, estaba llorando sobre él.

P.O.V Kidou Yuuto

Colgaba el teléfono y Endou asentía con la cabeza. ¿De verdad tenía que ir a reunirme con esa maldita hiena? Si no fuese por su culpa, yo no tendría el ojo dolorido, no estaría ciego de él y seguramente, no me habría enfadado tanto hasta tal punto de querer transformarme.

No.

No podía echarle la culpa de aquello. De alguna forma, él lo que quería es que dejase de luchar contra mí mismo para que la transformación fuese menos dolorosa. Él no era el culpable en esa ocasión. Me había cabreado con Kogure, con sus palabras, con la relación de esos dos. Sentía una presión muy fuerte en mi pecho sólo de pensarlos y verlos tan juntos, tan unidos… me ponía enfermo. Esa unión me pertenecía a mí, debía de ser yo quien estuviese a su lado, quien la hiciera rabiar… ¡tenía que ser yo, maldita sea!

Sentí la mano de Endou en mi hombro en esos momentos y me di cuenta que habíamos llegado casi al lugar indicado. Respiré profundo y me adentré. Era un bosque, algo siniestro, oscuro y seguramente, estaba lleno de animales salvajes. ¿De verdad en Inazuma existían estos lugares? Era peligroso que los humanos viviésemos, bueno, viviesen en sitios así. Que Haruna viviese en un lugar como aquel.

Lo más importante era, ¿por qué demonios teníamos que ir ahí a que me "curasen" el ojo? Algo que, particularmente, sabiendo que se había encargado Fudou de ello, me traía con mucho cuidado. No me fiaba. Ni de él, ni de cualquiera que estuviese en su entorno. Aún recordaba la palabra "amigo". ¿Amigo? ¿Él? ¡Já! Como si eso fuese posible. Fudou no tenía amigos. No desde que yo llevaba estando con ellos. Yo iba con Endou quien me iba guiando aunque no tenía porqué. El olor de Goenji y de Fudou eran más que localizables. Lo que me sorprendía un poco era el tercer olor. Me era sumamente parecida, era como si… ya hubiese estado con un ser que transmitiese ese olor, ese aroma.

—¡Eh! ¡Goenji! —exclamó de pronto Endou alzando la mano y saludando.

Esquivé una rama que había apartado el de la banda y que al pasar había soltado para que no me pegase. ¡Este chico! Podría ir con un poco de cuidado, digo yo, ya que entre que mi cuerpo estando dolorido y sólo con la visión de un ojo y complicándose con las gafas… Suspiré mirando con dificultad a los tres que nos estaban esperando. Goenji estaba apoyado en un árbol con los brazos cruzados. Fudou estaba hablando con un tipo que estaba de espaldas y al girarse, no lo pude creer.

—¿T-Terumi…kun? —balbuceé quedándome pasmado en el sitio.

Vi esa sonrisa triunfante en el rostro de aquel chico de cabellos largos, rubio claro y ojos punzantes claros.

—Cuanto tiempo… Yuuto-kun.

No. No era posible. ¿Cómo era posible que justo él estuviese ahí? ¿Qué tenía que ver con todo esto? ¿Qué tenía que ver con Fudou? ¿Y con nosotros, con lo que éramos? ¿Por qué su aspecto seguía siendo el mismo que con el que le conocí? ¡Habían pasado muchos años! Yo era un crío… Y él no ha crecido. No ha cambiado. No puedo creerlo. Aún estando viéndole frente a mí, con esa mirada fija puesta mí, algo en mi cabeza no quería reconocerlo.

—¿Y a éste que le pasa ahora? —escuché decir a Endou algo dudoso y enarcando una ceja.

Antes solía llamarlo Aphrodi, cuando yo era pequeño y no hacía mucho que lo había conocido. Después me sugirió que le llamase Terumi. ¡E incluso Haruna lo conoce! Jugaba con nosotros en el parque del barrio cuando mamá nos llevaba para jugar a fútbol. Recuerdo que siempre me superaba en cuanto a disparo y me picaba mucho. ¿Cómo era posible que él…?

—¡Jé! Parece que haya visto a un fantasma. Que patético —ese fue Fudou, con su tono irónico y burlesco como si quisiese que arremetiese contra él.

—Terumi-kun, ¿Cómo es que tú…? ¿Cómo demonios sabes…? ¿Por qué no has…? —estaba tan conmocionado que no terminaba una pregunta para empezar otra.

Fue acercándose hacía mi con paso firme y yo me quedé en el sitio siendo incapaz de pronunciar palabra. ¿Él también era una bestia? ¿También era un monstruo como nosotros? Pero él… él… "¡No puede ser cierto!"Cerré mis manos en puños y agaché la cabeza apretando los dientes. Como si me hubiese leído la mente, apoyó su mano en mi hombro.

—Mírame.

—No.

Soné tajante y me aparté de él. ¿Cómo era posible que él fuese un monstruo y no me hubiese dado cuenta hasta ahora? ¿Por qué un monstruo querría acercarse a una niña pequeña y a mí? ¿Acaso es que… todos ellos lo tenían planeado? ¿Acaso ese accidente fue provocado por criaturas como lo que yo era? Algo empezó a invadir mi cuerpo, ni siquiera tenía la idea de porqué crecía tan rápido aquello dentro de mí pero lo que sí sabía, es que no podía pararlo o mejor dicho, no quería pararlo.

—Vamos, Kidou, va a curarte —indicó Endou.

—¡Dejadme en paz! —grité dando un empujón a Terumi y poniendo distancia a todos. —¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿Es que desde un principio lo teníais planeado! ¿Mis padres murieron por vuestra culpa? ¡Vosotros lo habéis jodido todo! ¡Vosotros tenéis la culpa! —empecé a exaltarme.

—¿Pero qué estás diciendo? —escuché decir a Endou, pareciendo sorprendido por mis palabras.

Pero solo quería que no me hablase. Quería que se callara. Que me dejaran en paz.

—¡Lo que es verdad! ¡Él es uno de nosotros y lo conocí desde mucho antes de que muriesen mis padres en ese accidente! ¡Vosotros lo teníais todo controlado, ¿verdad?! ¡Queríais que fuese uno de vosotros!

—¡Estás equivocado! ¡Nosotros no planeamos nada! —me contestó Endou acercándose a mi pero antes de que me tocara, yo me moví para impedir el contacto. —¡Kidou, escúchame!

-¡No, no quiero escucharte! ¡No quiero más mentiras!

Y sin más, eché a correr a toda velocidad aprovechando la rapidez de mi nueva vida. Esa vida que, de alguna manera, seguía negando pero que la necesitaba si quería continuar al lado de mi hermana.

Fui todo lo rápido que pude, sobre esforzando quizás mi cuerpo al estar tan machacado por los cambios que había sufrido antes. No debería pasar eso si no me resistiese, pero lo hacía con tanta fuerza que luego tenía consecuencias. Me detuve y apoyé una de mis rodillas en el suelo, apoyándome sobre la otra y respirando. Me deshice de las gafas que me estaban molestando y provocaban más dolor en el ojo y las lancé lejos.

¿Qué era esta sensación? Hacía mucho tiempo que no la sentía. Era la sensación de… querer llorar. Pero ¿por qué? ¿Por qué tendría que hacerlo? No lo había hecho ni aun cuando me había enterado de que estaba literalmente muerto, de que mis padres habían muerto. No había llorado excepto en las duras transformaciones del principio, pero supongo que puedo dejar pasar aquello por lo exageradamente doloroso que era en un principio y considerando que era un niño.

—¿Por qué te pones así? —la voz provenía de delante de mi.

Observé su calzado. No era Goenji. No era Endou. No era Fudou. Aparté la mirada a otro lado y chasqueé la lengua.

—Eres rápido —gruñí.

—Oh, sí. No sabes cuanto. Ni tú ni ninguno de ellos puede ganarme —pronunció, refiriéndose al resto que habíamos dejado atrás. Sonaba totalmente amistoso e incluso dándose aires de que lo que fuese, era mejor que lo que nosotros éramos.

—¿Qué eres? ¿Una liebre? —escupí de mala gana.

—No.

—Bah, me da igual lo que seas —solté contra diciéndome a mí mismo e incorporándome. Pasé por su lado y golpeé su hombro quedándome a su lado. —Prefiero quedarme ciego —murmuré, manteniendo mi único ojo puesto en él.

—¿De verdad vas a comportarte tan inmaduro? Eres más que todo esto —inquirió, enarcando una ceja, como si me conociese por completo.

—¡¿Y tú que sabes?! —apreté los puños, continuando mi paso con el ojo medio abierto y sintiendo como aún chorreaba sangre del otro.

—No soy como tú. Nunca lo he sido. Y nunca lo seré —escuché detrás de mí.

Detuve mi paso como si aquello fuese lo que esperaba escuchar aunque en realidad, ni siquiera sabía que es lo que necesitaba escuchar. Él caminó. No sé hacia donde porque no me volteé a mirarle. Estaba pensando que si no era como yo… como era posible que tuviese la apariencia de un adolescente de 17 años. Entonces lo vi pasar por mi lado y plantarse delante de mi, con mis gafas dentro de su palma.

—¿Me dejas arreglarte ese ojo? —preguntó como si no hubiese hecho nada hacía unos minutos.

—¿En qué consiste tu poder sobrenatural?

—Sanar. Es como restaurar algo roto al tiempo en el que no lo estaba. Con tu ojo, lo devolveré a su forma y su visión. Estará como si nunca te hubiesen lanzado una piedra y hubiese acertado de lleno —que enterado estaba del cómo había sucedido, ¿no? Seguramente mi cara hablaba preguntando; "¿duele?" al ver su mirada divertida y su sonrisa, que aparte de aliviarme, me hizo asegurarme de que no. —No tienes por qué preocuparte. Te sentirás mejor.

Asentí con la cabeza dándole mi aprobación. Me devolvió las gafas y cerré los ojos dejando que hiciese lo que tuviese que hacer.

—Pero este poder es… diferente.

—Lo es —admitió, sin ningún tipo de problema.

Pronto empecé a notar algo cálido en la parte del ojo dañado. El dolor punzante se detuvo, como si hubiese hecho magia. Aunque en cierto modo, ese poder parecía más mágico que cualquier otro que hubiese visto antes. No solo se detuvo, empecé a notar cómo iba encontrándome mejor. Estaba haciendo algo más que arreglarme el ojo como lo había llamado él, estaba…

—¿Pero no ibas a arreglarme el ojo? —bufé.

—Bueno, ya que estamos… déjame que te haga sentir bien ¿no? —inquirió con una sonrisa.

—¡Pero si me curas a la próxima me volverá a pasar lo mismo! —abrí los dos ojos, viendo como la visión a pesar de ser borrosa era muchísimo mejor que hacía dos minutos. Estaba curando el dolor de todo mi cuerpo, el de mi transformación. ¿Es que era tan evidente lo doloroso que estaba o qué?

—Vamos, deja de ser orgulloso.

—Lo siento pero lo soy —repliqué. Quise apartarme pero me agarró del hombro y no me dejó moverme. ¿Cómo tenía tanta fuerza? —¡Dime qué narices eres!

—No soy humano, con eso debe bastarte.

—Es que eso ya me lo imaginaba, no me sirve —gruñí. ¿Por qué pierdo tan rápido el control? Con él nunca había tenido esos arrebatos.

—No puedo decirte nada más. Lo siento, Yuuto-kun.

¿Qué podía ser él? ¿Acaso había más criaturas extrañas por ahí a parte de "seres humanos" que se transformaban en bestias? El ojo recuperó totalmente la visión y se apartó dejándome espacio para que me asegurase del todo. Me lo toqué y estaba totalmente intacto, como si nunca hubiese pasado nada.

—Ha funcionado…

—Pues claro, ¿qué esperabas? ¿Que te lo sacara y te lo cambiase por otro?

—Bueno, no… pero… yo… pues…

—De nada —me cortó tendiéndome la mano.

—¿Eh? —observé su mano amigable hacia a mí y lo miré dudoso. No lograba entender nada de nada. Quien era él. Por qué su poder era el sanar. Por qué su aspecto seguía siendo el mismo…

—Volveremos a vernos pronto. Estoy seguro de eso.

Le devolví el gesto de la mano e hice fuerza. Una nueva duda surcó por mi cabeza y tuve que soltarla.

—¿Tú has sabido todo este tiempo que he estado vivo?

—Sí.

—¿Y… has estado con Haruna en todo este tiempo?

—Algunas veces.

¿Algunas veces? ¿¡Qué respuesta era esa?! Había algo en su mirada que me indicaba que había más misterio del que mi cabeza intentaba procesar pero no era consciente hasta que punto. Ahora mismo, mi mente apartó todo aquello para centrarme de nuevo en la única persona por la que mi corazón seguía palpitando; Haruna.

—Tengo que irme.

—Suerte.

¿Acaso sabía que iba a hacer?

De pronto escuché el alboroto de Endou y compañía. Estaban de camino. Y necesitaba a uno de ellos en el cual no incluía a Fudou porque seguro que no haría nada de lo que le pidiese. En cuanto aparecieron me giré a ellos y me saludaron a mí únicamente. Extrañado, quise decirle algo a Terumi pero… no estaba.

—¿Qué?

—¿Qué pasa, Kidou? ¡Vaya! —exclamó Endou muy cerca de mí. —Si te has dejado curar al final y todo. ¿Qué pasa si lo toco...? — empezó a chinchar cerca del ojo y yo como efecto empecé a quitarle la mano. Parecía un juego de niños…

—Mira que eres dramático, ¿eh? —murmuró Fudou con los brazos en la cabeza.

—¿Estás más tranquilo? —comentó Goenji.

—Sí —asentí. —Yo… lo siento. No sé qué me pasó…

—…Que eres gilipollas —interrumpió Fudou.

—¡Tu a callar, hiena!

—¡Calma, calma! —se metió por el medio de nosotros Endou. —¡Y no te preocupes, Kidou! De alguna manera, sabíamos que actuarías así. Sabíamos que lo conocías.

—¿Pero cómo…?

—Es una historia muy larga y no tenemos tiempo para contártela a ti, precisamente —volvió a aparecer Fudou. ¿¡Es que no me iba a dejar en paz?!

—Endou ¿puedes hacerme un favor? —pregunté, mirando al susodicho.

—¡Claro! ¿De qué se trata? —respondió sonriente y enseñando su perfecta sonrisa.

P.O.V Otonashi Haruna

Flashback (Soñando)

El balón iba a mi dirección y yo corría a por él a toda velocidad pero el tiro de Onii-chan era demasiado fuerte y al ir a cogerlo. No pude controlarlo como era debido y el contrincante se aprovechó de ello, recuperándolo con el pecho y jugueteando con él después en sus rodillas.

—¡Onii-chan, pásala bien!

—¡Te la he pasado bien! ¡Es que has echado a correr muy tarde!

—¡Mientes! —hinché los mofletes y corrí hacía él para ponerle cara de enfado. —¡Así no ganaremos a Terumi-nii!

—Ya te lo he dicho, reaccionas muy lenta para recibirlo, ¡el pase era perfecto!

—¡No lo era! —volví a protestar.

Me giré hacía el contrincante de cabello largo y rubio, de color rojo carmesí como los de mi hermano. Nos sacaba varias cabezas, era mucho más mayor que nosotros pero jugábamos todos los días con él a fútbol y nos divertíamos mucho los tres.

—¡Terumi-nii, dile que ha pasado mal!

—Eh, eh, las peleas de hermanos, se quedan entre hermanos —escurrió el bulto dándose la vuelta y jugando a darle toques con la cabeza.

—¡Jo, Terumi-nii, nunca me apoyas! —vi su sonrisa y terminé soltando un suspiro.

Onii-chan fue a robarle el balón fracasando en el intento. Volvió a intentarlo y salió otro fracaso como intento. Corrí para ayudarle y conseguimos entre los dos sacársela de una patada. La recibí yo con el pecho y di un pase en alto a mi hermano pero entonces…

…todo se detuvo.

Terumi-nii se había quedado totalmente congelado echando a correr, parecía una estatua. Lo mismo ocurría con Onii-chan. Observé a todo mí alrededor, los pájaros estaban detenidos en el aire, ni un solo aleteo. Cualquier ruido que podría escucharse de estar simplemente en la calle, había dejado de existir. Sólo existía el silencio. Y yo.

—¿Onii-chan? —pregunté corriendo hacía él. Empecé a tratar de zarandearlo, pero no se movía ni con esas. —¡Onii-chan! ¡No tiene gracia!

Si con él no podía quizás con Terumi-nii… Corrí hacía él y traté de hacerle lo mismo, e incluso le tiraba de las mejillas, algo que siempre detestaba y no había forma. No sabía que estaba pasando. Lo que si sabía es que tenía miedo.

Sentía como los ojos me picaban y las lágrimas estaban a punto de rebosar de mis ojos mientras trataba de alguna manera de hacer que onii-chan y Terumi-nii pudiesen reaccionar. Y entonces, una sombra se formó de la nada provocando más miedo en mí. ¿Sería el hombre del saco que venía por mí?

Como si fuese a servir de algo, me escondí detrás de mi onii-chan inmovilizado y asomé mis ojos por sus hombros. Esa sombra era negra y estaba tomando forma humana. Alguien apareció. Alguien mayor, tan mayor como Terumi-nii… ¿Quién era esa persona? La sombra se desvaneció por completo, dejando ver a ese chico con una capa roja a su espalda y con un uniforme de un club de fútbol que por aquel entonces, era inexistente para mí. Me fijé en su cabello, castaño y rizado. Lo llevaba recogido por delante y dejaba caer su larga melena por sus hombros. Unas gafas verdes tapaban por completo sus ojos impidiendo que pudiese ver qué forma o que color tenían.

—¿Q-Quién eres? ¡No me comas! —exclamé apretando la camiseta de onii-chan. —¡Soy una niña buena! ¡No he hecho nada malo!

A cada paso que daba, más miedo tenía y trataba de despertar a mi hermano con golpes incluidos. Pero nada funcionaba. Empecé a llorar del susto, sin poder evitarlo pensando que fuese lo que fuese, algo iba a ir mal. Pero en su lugar, el chico se arrodilló frente a Onii-chan y frente a mí. ¿No iba a hacernos nada? Detuve mi llanto y me retiré algunas lágrimas de las mejillas y miré de reojo a onii-chan, a ese chico, a onii-chan de nuevo… eran… eran…

Poco a poco, salí de detrás de la espalda de mi onii-chan y con cuidado me acerqué a ese chico. Estiré mis brazos hacía sus gafas queriendo ver que había tras ellas, queriendo ver sus ojos. Dudé en hacerlo y quise retirar las manos, pero él curvó sus labios de una forma que me hizo tomar confianza. Toqué sus gafas y le miré dudosa, como si esperase que me apartase o algo así, pero parecía esperar a que lo hiciese. Y así lo hice. Agaché sus gafas dejando ver unos ojos carmesí que sólo había visto en mi hermano, eran sus mismos ojos.

Era mi hermano.

—¿Onii-chan? —pregunté ladeando la cabeza.

Pero Onii-chan estaba… Giré para mirarle, ahí quieto, mirando al balón que estaba por el cielo en su dirección. Regresé a mirarle a él y apoyó su mano en mi cabeza acariciándola.

—¡Estás en dos sitios a la vez! ¡Y eres como Terumi-nii! ¿Por qué? ¡Oh, ahora podremos marcarle un gol! —exclamé de lo más inocente.

Pero entonces reparé en que solo nosotros estábamos moviéndonos. En que el mundo estaba detenido pero nosotros dos éramos los únicos que seguíamos como si nada. El balón tampoco se movía, entonces no podríamos jugar.

—Pero… ¿por qué solo nos movemos nosotros? ¿Qué es lo que pasa, Onii-chan? —pregunté extrañada.

A modo de respuesta, él me rodeó por completo y me llevó hasta su pecho. Me abrazó y sentí la calidez de su cuerpo, noté que le pasaba algo. En su forma de aferrarse a mí y de mantenerme cerca suyo. Incluso, siendo tan pequeña… mi hermano no era una caja de sorpresas como lo era para todo el mundo.

—¿Onii-chan? —¿por qué no me había hablado todavía? ¿Estaría enfermo? Alcé mi manita para acariciarle la garganta y negó con la cabeza como si me estuviese leyendo la mente.

—Este momento es sólo para nosotros dos. Para nadie más, Haruna —me habló, finalmente.

Fin Flashback

Abrí los ojos de golpe algo sobre saltada. Me incorporé un poco y vi a Kidou tomándome de la mano.

—¿Kidou? ¿Qué estás…?

—Es que estaba preocupado por ti —me cortó, como si me leyese la mente. —Me ha dicho la enfermera que la fiebre ha bajado, ¿estás sintiéndote mejor?

—Sí, seguro que enseguida me puedo ir con todos —sonreí.

Por alguna extraña sensación, mi mente trataba de decirme algo pero no llegaba a captar la información. Era como si una parte de mi mente quisiese que me quedase sin saberlo mientras que la otra trataba de oponerse a ello lo que provocaba que estuviese un poco desorientada.

—Gracias por preocuparte por mí, Kidou —añadí, agradecida, con un pequeño sonrojo en mis mejillas. Kidou parecía preocuparse por mi bastante y aunque no lograba saber el por qué, se sentía bastante bien.

—¿Con qué soñabas? Decías mucho Onii-chan y Terumi-nii

¿Eh? ¿Qué? ¿En serio? Noté como mi cara volvía a arder y esta vez, no era producto de la fiebre. Para intentar taparlo, me tumbé en la cama y me llevé la sábana blanca hasta encima de mi cabeza.

—¡Nada! ¡Nada de nada!

—Eres penosa mintiendo —indicó para luego escuchar una pequeña risa saliendo de su garganta.

E inconsciente, bajé la sábana un poco para mirarle la cara. ¿Había reído? Su cara estaba más que relajada, tenía una sonrisa amable en su rostro, parecía feliz de estar ahí conmigo. No parecía pasarle nada malo como había pensado hacía unas horas cuando… ¡Es verdad! ¡No le había preguntado!

—¡Por cierto! —me levanté de golpe quedándome sentada delante de él. Le toqué la cara como si estuviese reconociendo la fiebre por algún lado. —¿Fiebre? ¿Tienes fiebre? —murmuraba, terminando por apoyar mi frente en la suya, olvidándome de todo. Sólo quería asegurarme de que estaba perfectamente.

Nuestra distancia era muy pequeña y vi su sonrojo por ello, lo escuché balbucear y cuando caí en la cuenta… me sonrojé, me aparté y me senté de nuevo juntando mis manos.

—¡L-Lo siento! —me disculpé rápidamente.

—N-No pasa nada… pero ¿por qué iba a tener fiebre? La enferma, te recuerdo, que eres tú.

—Porque antes… debías de encontrarte muy mal ¿verdad?

—¿Antes? —repitió y vi como su ceño se fruncía levemente.

-Sí, cuando estabas en el instituto empezaste a encontrarte mal, ¿recuerdas?. – le recordé. - ¿Te dolía el estómago? ¿O es apendicitis? Luego cuando viniste que estaba el Director estabas...

Empecé a interrogar sin poder evitarlo. Eso del club de periodismo me pasa factura continuamente.

—Ah, eso… sí, es que me dolía la barriga, ya sabes. Y suelo ponerme un poco borde. Así que por eso… —me interrumpió.

—¡Deberías ir al médico! —espeté enseguida como si fuese una orden.

—No hace falta.

—¡Si hace falta! ¿Y si es algo grave y no lo sabes? ¡Eh! ¡Eh!

—Repito que la enferma eres tú... —recriminó cruzándose de brazos y pude sentir una mirada acusadora. Acto seguido, una de sus manos fue a mi mejilla y empezó a tirar de ella. —Y ha sido muy irresponsable por tu parte salir de casa en esa condición.

Hinché mis mejillas, como si aquel gesto fuese algo tan común como el respirar y le correspondí de la misma manera, agarrando sus mejillas y tirando de ellas. Fue un acto reflejo en todos sus sentidos.

—¡No hagas eso, Onii-chan! —protesté.

P.O.V Kidou Yuuto.

Pum pum

"¿Qué?"

Mi cuerpo se detuvo en seco, como si algo o alguien hubiese dado a pause y fuese parte de la película. Acababa de llamarme onii-chan, acababa de reaccionar como lo hacía de pequeña. Como cuando yo me picaba con ella y le tiraba de las mejillas. Ella siempre contrarrestaba de esa manera y siempre me decía que parase o que no lo hiciese, que no le gustaba…

Y lo acababa de hacer. Ahora mismo.

Sentí como separaba su agarre de las mejillas y se apartaba como si no se creyese lo que había dicho y hecho. Estaba desorientada, como si de verdad no creyese que pudiese haber salido de ella aquella reacción.

—Lo siento —se disculpó. Noté en su voz tristeza. —No sé que ha…

Sus ojos estaban vidriosos. "Haruna…"No me olvidaba. Daba igual que me considerase muerto. Yo estaba en su mente mucho tiempo y eso terminaba haciéndole daño. No me lo perdonaba pero… que volviese a haberme tratado como por aquel entonces, me hacía sentir vivo, me hacía sentir humano de nuevo.

Me levanté y me senté a su lado acercándola a mi pecho. Era fácil que pensase que lo hacía para reconfortarla. Me había contado que había perdido a su hermano así que, ¿por qué no iba a reconfortarla sabiendo en lo que podría estar pensando? Pero yo iba más allá porque de alguna manera, comprendía en demasié como se sentía.

Ella aceptó mi oferta y me agarró de la camiseta ocultando su rostro en mi pecho. Notaba como algunas gotas quedaban en mi camiseta. Estaba llorando. "Ojalá fuese como antes… Como me gustaría que pudieses saber quién soy. Quiero que dejes de llorar, que dejes de sufrir… ¡maldita sea! Estoy contigo. Nunca me he ido… Y no lo voy a hacer, no sin ti".

A pesar de que sufriese por verla así, algo en mi interior estaba aliviado por la parte de que en esos momentos, estaba contando conmigo. Con alguien que en un principio, le hacía recordar demasiado a su hermano. A alguien a quien abrazaba llorando. No importaba lo que pasase ahora, estaba haciendo progresos en cuanto a mi acercamiento con mi hermana y, aunque fuese de esa forma… no iba a cambiar nada. No tenía que cambiar nada.

"Nada me separará de nuevo de ti, Haruna. Te lo prometo".

P.O.V Endou Mamoru

¡Joder! ¿Por qué siempre termino yo metido en estos líos? Kidou me pidió que vigilase la puerta de enfermería y que no dejase entrar a nadie, fuese quien fuese… ¡y yo estaba en mi tarea cuando intentó entrar una profesora! Le impedí el paso y terminó echándome una buena regañina, después me llevó al despacho del director. Yo sólo quería salir de ahí, así que traté de escaparme como buenamente pude y… estaba en la sala de castigo por culpa de todo eso.

¿¡Cómo era posible que me hubiese salido tan mal!

Menos mal que estaba Goenji… teniéndole a él como vigilante, seguro que no pasa ni el manda más del instituto. Sonreí triunfante por ello y una tiza voló a mi frente, dándome justo en el medio. Iba con tanta fuerza que me fui de espaldas al suelo, con silla incluida.

—¡Ay! ¡Que eso duele! —protesté levantándome y frotándome la cabeza.

Me coloqué bien la banda naranja en la frente y me regresé al pupitre, apoyando mi cabeza en mi mano. Mi cara era un completo aburrimiento. Fue entonces cuando escuché el móvil de la profesora sonar y me hizo una mirada asesina como si quisiese decir "Trata de huir y verás la que te espera, majo". Se salió de clase y yo suspiré reclinándome en la silla colocando las manos en mi nuca.

Todos por ahí… y yo, ¿aquí? ¿Sólo?

—¿Empezando tan pronto con los castigos, Endou? —escuché detrás de mí, era una voz femenina que ya había escuchado antes, era del Raimon y giré para verla con una sonrisa dibujada en mi cara de lado a lado. ¿Visita de cortesía de una chica? ¡Eso no estaba tan mal!

P.O.V Otonashi Haruna

Me levanté de la cama con la ayuda de Kidou. A pesar de que le dijese que estaba bien no parecía querer creerme del todo y estaba pendiente de mí. Le sonreí, agradecida por su gesto y miré el móvil el cual me había vibrado. Tenía un mensaje. Al abrirlo vi que se trataba de Shirou-kun y sonreí sin darme cuenta de ello.

—¿Una buena noticia?

—Ah, no, es que me han mandado un mensaje y bueno… - exactamente no sabía que decirle. ¿Por qué no sabía qué decirle?

Shirou-kun estaría hoy en mi trabajo, esperando a que finalizase mi turno para acompañarme a casa y seguramente dormir conmigo algo que me vendría realmente bien, la verdad. Siempre me tranquilizaba si él estaba cerca. Además, aprovechar que estaba por Inazuma era algo que se me daba realmente bien teniendo en cuenta que quizás se tendría que volver a Hokkaido dentro de poco. Al fin y al cabo, el estudia y juega al fútbol allí. Y sin contar que era un adolescente con la vista de muchos importantes sobre él… no quería que se entretuviese demasiado, por mucha falta que me hiciese a mí. No sería justo… ¿verdad?

—Las clases aún no han terminado, ¿verdad? —pregunté para fijarme en su cara, sentí la enorme presión de nuevo en mi estómago al mirarle tan de cerca. No sé que era pero… cada vez que él estaba cerca, era como si mi hermano estuviese conmigo.

—No, todavía no. Pero no le quedará mucho. ¿Por qué?

—¿Puedes decirle a los chicos que vayan al restaurante?

—¿Al restaurante? —repitió algo confuso. Recordé que él no sabía nada de eso y sonreí.

—Es que tengo turno ahora allí y así les puedo hacer la comida y luego irnos todos juntos a hacer algo, ¡además les tengo una sorpresa! —exclamé más que feliz. Seguro que muchos de ellos se alegrarían mucho de ver a un antiguo y viejo amigo del equipo.

Por mi cabeza pasó Kogure. Últimamente le tenía mucha manía a Shirou-kun y aunque trataba de saber el porqué, lo único que me había estado poniendo siempre eran excusas baratas de las que no hacía caso. No sabía qué le estaba pasando y, ciertamente, me preocupaba bastante... Esperaba que en esa ocasión fuese diferente. Dicen que lo último que se pierde es la esperanza ¿no? Así que, eso saldría bien y mis padres me llamarían. "¡Tengo que pensar en positivo!"

—¿Trabajas en un restaurante?

—¡Así es! Ayudo en casa ya que mamá tuvo una baja estos últimos meses. ¡Sólo es temporal!

—Ya veo. Bueno, pues ahora iré a decirles pero… ¿de verdad podrás tú sola?

—¡Claro que sí! Confía en mí.

No pareció muy convencido pero terminó aceptando y tomamos diferentes caminos. Yo para la salida teniendo mi papel para poder salir y Kidou para las clases e informar a todos. ¡Que ganas tenía que estuviésemos todos juntos!

En cuestión de unos diez minutos, entré en el restaurante y me metí detrás de la barra. Entré en una pequeña sala donde dejé mi bolsa del instituto, tomé el delantal y me lo coloqué.

—¡Ya estoy aquí, jefe! —exclamé saliendo preparada para dar todo de mi.

—¡Perfecto! Pero no te esfuerces demasiado, ya me han dicho de qué hoy no es tu mejor día.

—¿Quién te lo ha dicho? —¿cómo le había llegado tan rápido la noticia si yo acababa de llegar?

Aún así, asentí con la cabeza.

—¡Descuide! ¡Nada puede conmigo! —respondí, dándome un pequeño y suave golpe el pecho como si quisiera demostrar que estaba como un roble. Pero vamos, que tampoco tanto...

P.O.V Tachimukai Yuuki

Nuestra última clase era gimnasia. El profesor estaba de buen humor y nos había dicho que hiciésemos el deporte que quisiésemos y como era obvio, todos se volvieron locos por jugar a fútbol. Yo lo habría hecho también pero…

…no podía.

Era imposible concentrarse en algo que no fuese en lo que me había dicho el director anteriormente. Los padres de Haruna habían tenido un ataque de un animal salvaje de los bosques cercanos y estaban muertos.

Los padres de Haruna.

Muertos.

Los dos.

¿Cómo podía pedirme semejante cosa? ¿Por qué tenía que ser precisamente yo quien le dijese algo como aquello? ¿Por qué no lo hacia la policía? ¡Yo era su amigo! ¡Tenía que animarla, abrazarla, estar con ella! ¡Yo no tenía qué decírselo!

Desde que sabía aquello, estaba en mi mundo. Pensando en Haruna, en cómo se lo tomaría, en cómo podría ser capaz de afrontarse todo aquello. Era consciente de lo mucho que había sufrido con la pérdida de sus padres y sobre todo de su hermano, a quien todavía adoraba a pesar de los años pasados. Decirle que estaba de nuevo sola y sin familia… era muy cruel, era muy duro. ¡No podía hacerlo!

En el partido no era capaz de concentrarme en el balón, por eso, en cuanto chutaban y alguien gritaba mi nombre, regresaba a la realidad. Pero el balón me golpeaba y entraba en la portería. Me sentía un inútil en esos momentos. Quería que Endou me sustituyese pero estaba castigado por armarla con un profesor y lo tenían en la sala de castigos. ¡Maldición…!

El timbre que daba por finalizadas las clases sonaron. Sentí que era la clase de gimnasia más larga de toda mi vida, jamás me había preocupado por el reloj cuando se trataba de esta materia pero saber que Haruna estaba mejor, estaba animada y nos tenía una sorpresa, me hacía sentir peor persona todavía. Era como si fuese a arrebatarle toda su felicidad.

La sorpresa no nos la íbamos a llevar nosotros.

La sorpresa… se la llevaría ella si conseguía decírselo, algo que particularmente, dudaba en esos momentos.

—¡Tachimukai! —me gritó Tsunami, captando mi atención. —¡Pero bueno, tío! ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal o algo? ¡Estás en la luna! —me habló, pasando su brazo por mi hombro y tratando de darme ánimos.

—¡Anima esa cara, Tachimukai! —apoyó Toramaru.

—Sí... —murmuré, cansado.

Ellos no lo sabían.

No sabían de lo que pasaba… y prefería no contárselo.

—¡Eh! ¡Por ahí vienen Endou y Natsumi! —la voz de Touko me hizo levantar la cabeza y verlos llegar juntos. —Vamos, Tachimukai, que tu amigo del alma ya está aquí —bromearon.

Quise sonreír pero la sonrisa se quedó en mitad del camino.

—¡Me mueeeero! ¿¡Por qué tienen que existir los castigos?! —exclamó Endou en cuanto llegó, con cara de circunstancia. —¡Os he visto jugando al fútbol y me moría de ganas por entrar a jugar!

—¡Lo sabemos! Te hemos visto desde el campo —contestó la pelo rosa sacando su lengua. —Aunque Tachimukai ha hecho el peor partido de su vida, no se lo tengas en cuenta.

Suspiré y los pasé caminando con mis manos en la cinta de la bolsa y apretándola. ¿Cómo decírselo…? De pronto, me vi con Endou a mi lado, caminando a mi lado y apoyado en mi con una sonrisa de oreja a oreja.

—Endou… —estaba tratando de animarme sin necesidad de decirme nada. —Lo siento pero… no puedo… —me moría de ganas por desahogarme con alguien pero… no podía, no me salían las palabras.

—Tranquilízate. Sea lo que sea, si sufres tanto, ¡sólo puede ir a peor!

¿A peor? No podía ir a peor…

Partimos hacía el restaurante donde trabajaba parcialmente Haruna. Todos seguían animados y trataban de alegrarme a mí inútilmente. Conforme entramos, Haruna salió corriendo a recibirnos. Nos aseguramos de que no tenía fiebre y de que estaba trabajando sin excederse cuando se paró en nuestra enorme mesa con una sonrisa.

—¡Tengo una sorpresa para vosotros!

—¡Eso ya lo sabemos! ¡Pero dínosla ya! —exclamó nervioso Tsunami. A saber lo que pensaba que era...

—¡Pues…! —se hizo la misteriosa divertida y riéndose y se apartó señalando hacía detrás de la barra.

Allí se encontraba uno de nuestros mayores goleadores. Fubuki Shirou. De cabellos plateados y de ojos azules. Vivía en Hokkaido y era un futbolista que muchos lo tenían en la mira, queriendo tenerlo con ellos. Era alguien realmente increíble. ¡Y parecía haber vuelto a Inazuma! Aunque, bueno… era normal. Haruna y él tenían una relación así que, cuando la visitaba, siempre nos daba la sorpresa. Pero jamás nos daba la sorpresa de manera que no pudiéramos siquiera pensarlo.

Como locos casi todos fueron hacía él para hablar de todo y saber qué tal le iba todo y porqué estaba ahí. Yo me quedé en la silla, aún con mi comedura de cabeza. Otros se fueron a pedir algo de beber o bien porque no le conocían o bien porque no le hacían gracia verle, como podía ser el caso de Kogure. Endou estaba a mi lado y se acercó a Haruna, no sé que le dijo pero ella se sentó a mi lado.

—Me han dicho que llevas desde que estaba en la enfermería muy raro. ¿Te pasa algo? ¿Estás preocupado por si recaigo? ¡No tienes por qué preocuparte! ¡Estoy mejor! Luego descansaré, además, ya sabes, Shirou-kun va a estar conmigo…

—No estarás en mejores manos —contesté por lo bajo, con una pequeña sonrisa que traté de camuflar todo el proceso que llevaba interiormente. Me estabas doliendo saber esa verdad. Me estaba doliendo no poder decírselo. Y me iba a doler mucho más, decirlo en voz alta, precisamente, para que ella conociera la noticia.

Estaba sonriente. Sus ojos brillaban. ¿Cómo podía arrebatarle todo eso con la noticia de sus padres? Yo… Yo no podía...

—Tachimukai… —me dijo preocupada de pronto. —Estás llorando… ¿qué te pasa? – susurró pasando sus manos por mi mejilla.

¿Estaba llorando…? Yo…

Sin más, me aferré fuerte a ella, ocultando mi cara en su hombro. Noté su sorpresa, pero también su preocupación. Todos se habían detenido un poco, quizás estaban mirándonos pero ahora mismo a mí sólo me dolía el pecho. Haruna no se merecía eso. Haruna no se merecía sufrir tanto…

—Haruna… Lo siento… Lo siento… —era lo único que podía decir en esos momentos.

—P-Pero ¿por qué…? ¿Qué te pasa? —se asustó tratando de separarme para mirarme pero yo me resistía. —Yuuki… —cuando me llamaba por mi nombre, con ese hilo de voz, sabía que era porque le estaba preocupando en exceso. Nos conocíamos desde niños, al fin y al cabo…

—Tus padres… —sollocé sin poder evitarlo y apreté su camiseta separándome. Con la cabeza agachada y apretando los dientes, terminé por mirarla con los ojos rojos y con lágrimas rebosantes por toda mi cara. —Un animal salvaje… ellos… ellos… —cogí la suficiente fuerza y respiración para decirlo o sino, iba a morirme ahí mismo, entre sus brazos y sin decirlo. "Lo siento, lo siento tanto, Haruna…" Ojalá pudiese haber sido de otra manera todo. — ...han muerto...

Continuará…


¡Y fin del cuarto capítulo! ¡Muchas gracias a los lectores y a los reviews recibidos! Me alegran un montón, espero que sigáis apoyándome tanto como hasta ahora. Saber que la historia gusta, me anima a continuarla.

Ya sabéis que cualquier cosa que queráis comentar, ¡la recibo con los brazos abiertos!

Por cierto, tengo pensado centrar el quinto en una parejita, así que, si no sale mucho de lo que necesitáis leer, ¡tranquilos! Que todo lo que escribo, tiene un motivo y un por qué... pero me gusta tener el misterio y eso (seguro que os habéis dado cuenta... hahaha)

En esta ocasión quería dar las gracias en especial a Yami que no sé como, me ayudó a finalizar el capítulo tan sólo con estar hablando conmigo.

¡Y con esto y un bizcocho, hasta el capitulo 5!

¡Ja nee!