Un sonido a poca distancia de la entrada distrajo a Victoria, inclinó un poco la cabeza y pudo ver a una pareja mayor aproximándose hacia el interior de ésa casa, miró de nuevo hacia dónde Loki se encontraba de píe, justo detrás de la puerta.
La mujer entró primero, llevaba consigo una bolsa de papel en los brazos y el hombre le seguía con dos de plástico en ambas manos, al alzar la vista, vio a una mujer, pelirroja, muy bonita, le pareció, lo siguiente fue buscar a su hijo con la mirada y lo encontró detrás de la puerta.
–¿Sucede algo?–preguntó Anna sin despegar la vista de su hijo.
–Yo me iba–respondió Victoria sonriendo tímidamente y dando pasos hacia la puerta. Loki dio uno quedando cerca de ella.
–Mamá, Victoria Bellamy–Dirigió la mano respectivamente a ambas. Anna se acercó a Victoria y estrechó su mano por breves momentos.–Ella... Bueno yo...
–Psicóloga–Completó Victoria sin saber por qué haría lo que estaba a punto de hacer–Recibí una llamada de la Clínica en la que su hijo estuvo internado, y quise venir para ver si se le puede dar algún seguimiento a su caso. Por mi experiencia, podría decir, que las personas que pierden la memoria, necesitan más que apoyo emocional y familiar, alguien que pueda, mediante terapias, encontrar un modo en el cuál se pueda adaptar a su antigua vida con menos dificultad. Con suerte quizás, se podría encontrar esa disociación y trabajar alrededor de ésta para lograr que recuerde, si no es completamente, tal vez, sea posible que recuerde un poco y avanzar desde ahí.
Anna volvió la mirada hacia su esposo, éste, alzó ambas cejas dando a entender que no le parecía mala idea lo que esa mujer acababa de decir. Miró a su hijo y preguntó:
–¿Y a ti que te parece?
–Bien–respondió rápidamente, parecía que le agradaba la idea y ella creyendo conocerle, le pareció haber visto algo de entusiasmo hacia Victoria, lo cual daba a entender, que quizás lo que habían estado hablando antes de que ellos llegaran, había convencido a su hijo lo suficiente para intentar, cuando los últimos días no se había mostrado particularmente interesado en iniciar terapias. Sonrió abiertamente, se dirigió a Victoria para preguntar:
–¿Se queda a cenar? Quizás podamos discutirlo...
–Ohh, le agradezco mucho, pero, tengo que estar en un sitio en menos de 20 minutos...–Se acercó más a la puerta y miró a Loki directamente a los ojos, éste asintió y se volvió hacia su madre.
–Estaba por irse cuando ustedes llegaron...
–Pues entonces–habló por primera vez el señor-Esperamos verla de nuevo pronto, Srta. Bellamy.
Se quedaron un momento en silencio y Victoria asintió hacia ambos como señal de despedida. Atravesó la entrada y Loki le siguió.
Después de mirar a su hijo desaparecer en la entrada, Anna miró a su esposo y le dijo:
–Estaba lleno de tierra, ¿Qué le habrá pasado?
Afuera, Victoria se dirigía hacia su coche a paso apresurado, atravesaba el jardín con tal rapidez que parecía que en cualquier instante echaría a correr.
–¿Es verdad éso que dijiste?–preguntó Loki, ella continuó caminando–¿De verdad eres psicóloga?-Ella se detuvo, pero no se volvió hacia él-¿Crees que puedas ayudarme?
Tomo demasiado aire, intentaba convencerse a si misma de no decir la verdad, de inventar que lo que había dicho era para deslindarse de lo que había sucedido hacia menos de una hora, pero de nuevo el modo en el que él hablaba, cómo si en realidad necesitara de toda la ayuda, cómo si estuviera desesperado por su condición. Dio media vuelta y asintió con los ojos cerrados. Loki se acercó rápidamente y quedando frente a ella, a un metro de distancia bajó la mirada y le dijo:
–Sé que mi condición no es algo fácil de tratar, el Dr. Duckers me lo dijo, pero si lo hicieras–la miró a los ojos–Si lo hicieras y lograras que recuerde algo... Te estaré agradecido de por vida. No sé si lo entiendas, pero, necesito recordar. Siento cómo si estuviera viviendo una vida que no es mía y por más que he intentado adaptarme, siento que nada de lo que me rodea me pertenece, que no recuerdo, porque esa memorias, no son mías.
Victoria se perdió en el momento que sintió un vacío en el pecho, que indicaba cierta emoción relacionada con la impresión y la pena que habían causado las palabras de ése hombre. A excepción de la pérdida de memoria, ella entendía perfectamente, porque todas las mañanas se despertaba recordándose quién era y al final, terminaba por resignarse a que jamás encajaría en lo que la demás gente esperaba que fuera, porque no era lo que nadie quería que fuera, y aunque a veces, no quisiera decepcionar a la gente, siempre lo hacía, siempre sentía que todo respecto a los demás, era tan ajeno a ella... Las emociones, las ambiciones, los sueños. Era cómo si viviera una vida que no se suponía fuera para ella.
Bajó la mirada sintiendo un ardor en el ojo derecho, se conocía tan bien cómo para detectar que su conmoción había llegado a un punto muy extremo. Nadie, nadie excepto ese absoluto desconocido, habían logrado tocar esa fibra tan sensible en ella, no por la relación que halló entre los sentimientos e impresiones de ambos, si no, porque el desconsuelo con el que él pedía ayuda, le hacía sentir completamente cobarde por nunca exteriorizar sus angustias cómo él lo hacía.
–Te ayudaré–él se acercó un poco más. Abrió sus brazos, parecía iba a abrazarla, pero bastó que Victoria diera un paso hacia atrás, para sutilmente rechazar ese gesto de gratitud, para que él se retrajera completamente y simplemente dijera:
–Te agradezco mucho y te prometo que me esforzaré.
Ella alzó la mirada, quiso sonreír, pero lo más que logró fue una extraña torcedura que abultaba una de sus mejillas, a ésto Loki respondió sonriendo honestamente.
La expresión de Victoria, sin embargo, no duró demasiado tiempo, pues cayó en lo que acababa de decir. Aceptó ayudarle, pero no se tomó el tiempo para reflexionar lo que ésto representaría. Entendiendo que la situación de Thom no era para nada igual, pero lo que él había dicho, era cómo si escuchara esos monólogos mentales de cada mañana y una terapia en si, no sería algo propicio a ofrecerle, así que quiso negarse a hacerlo, al menos no profesionalmente.
–Te daré el número de un colega que trabaja en un Hospital al sur de la ciudad–Dio media vuelta y cruzó la calle, abrió su coche y de él, sacó su bolso buscando su móvil con un bloque de hojas y un bolígrafo.
Loki se quedó en la acera de enfrente, su expresión denotaba confusión y decepción al mismo tiempo, cómo si entendiera lo que ella decía, pero sin el deseo de realmente entenderlo.
–Pensé que me ayudarías tú...
–Lo haría, pero, recién he comenzado y me temo que mi experiencia es relativamente corta cómo para poderte asegurar que las terapias conmigo te servirán.–Eso no era del todo mentira, pero ya que la omisión tiende a convertirse en mentira, al momento de decir aquello, sentía cierta clase de remordimiento por no decirle las verdaderas razones, por las cuales se negaba a ayudarle de manera directa.–De cualquier modo, estoy segura que ésto si te ayudará, Rittner–corrigió–El Dr. Rittner te será de gran ayuda y seguramente avanzarás más con él de lo que podrías avanzar conmigo.
Loki cruzó la calle mirando hacia ambos lados, quedando frente a ella, quién en ningún momento se había atrevido a mirarlo, puso una mano en su hombro y le dijo:
–Te juro que estoy perfecto y que no le diré nada a mis padres. No sé, es que yo, no estoy muy entusiasmado con empezar tratamientos para terminar desilusionado y cuando tú has dicho todo aquello frente a mis padres, me dio la impresión de que tú serías quién pudiera lograr un avance real con mi condición y bueno... No pensé que estuvieras pensando en alguien más.
–No es eso, Thom... Yo–Mordió su labio inferior, intentando encontrar una razón más creíble y que lo hiciera sentir tranquilo, entonces optó por una verdad.–Aunque estés bien con respecto a lo que sucedió hace rato, yo no me siento así... Yo... Es que estoy de pie no sé cómo, porque por dentro pasan muchas cosas por mi cabeza y no sé, es algo muy patético y estúpido, pero me siento apenada contigo por haberte arrollado con el coche, y encima haberte reclamado algo tan tonto, y ver a tus padres, no sé cómo se me da tan fácil mentir, nunca lo había hecho y si te pasara algo a causa del golpe, yo es que...-hablaba rápidamente, Loki la miraba muy atento, pero no entendía cómo era que de la nada había empezado a alterarse de tal modo, había logrado estar tan tranquila frente a él y a sus padres, que parecía otra persona en ése instante. Negó lentamente e intentó reconfortarle.
–Estoy bien–dijo firmemente–Y si algo llegara a pasar, es más responsabilidad mía que tuya, yo no tenía nada qué estar haciendo fuera de casa, estaba lloviendo y no había ningún asunto que me pudiera atraer hacia el exterior, así que lo que sucedió, fue porque yo me lo busqué.
Al escuchar ésto, Victoria, más que tranquila, se sintió particularmente curiosa, él hombre evidentemente no entendía nada de reacciones humanas a situaciones de riesgo o con cierto grado de impresión. Pero no era realmente ésa idea la que la detuvo. Se limitó a mostrar su confusión con el ceño plegado y preguntó:
–¿Qué hacías en la calle, entonces?
A esto, Loki no respondió. Permaneció en silencio ante la mirada inquisitiva de Victoria, comenzó a mover un píe delante del otro, de un lado hacia el otro, y una o dos veces le correspondió a la mirada, a ésto Victoria sólo pudo suponer:
–No me lo vas a decir.
–Si te digo que no estoy seguro, ¿Me creerías?-preguntó por fin dejando los ojos fijos en los de ella.
–¿No estás seguro de lo que estabas haciendo afuera?
–No... Una crisis nerviosa–completó–Tal vez, no lo sé, es que... No sé nada.
Pero ella si supo algo, era el tono de voz al no asegurar respuestas, comenzaba a temblar, y también era la mirada, poseía esa expresión con el ceño ligeramente fruncido y los ojos acuosos, que le parecía ver a un niño pequeño extraviado y por último la situación en la que él se encontraba. Supo entonces, que lo ayudaría, tal vez no podría darle terapias, pero al menos, estaría cuando él la necesitara. Bajó la mirada inmediatamente y anotó su número al respaldo de ése papel, después le extendió la mano.
–El número de. Dr. Rittner–Suspiro–Y el mío también.
Loki solamente sonrió mirándola directamente a los ojos, alzó la tarjeta a la altura de su rostro y le dijo:
–Te agradezco y prometo que no te llamaré mucho, seré lo menos molesto que pueda ser.
–No lo creo–Victoria entrecerró los ojos y finalmente sonrió.–Pero en fin... Nos mantendremos en contacto.
Cerró la puerta del copiloto y rodeó el coche por el frente, miró por última vez a Loki y le dijo:
–Cuídate mucho.
–Lo haré.
–Y por favor...–En su rostro había cierto aire de seriedad y a la vez tenía la mirada burlona–Por más tentador que sea bailar bajo la lluvia-frunció los labios–No lo hagas, no va contigo.
Loki rió, si no era perezosamente, era una muy peculiar forma de reírse, pues mientras en la demás gente, Victoria había visto lo difícil que era disimular una carcajada, en él no lo era, tenía ése modo de poner la lengua entre los dientes y emitir un sonido muy leve que escapaba como siseo. A Victoria éso le pareció de cierto modo adorable.
Empezó a negar con la cabeza y después la agitó cómo esperando que ésa idea se cayera de ahí. Alzó ambas cejas mientras suspiraba y finalmente dijo:
–Nos veremos. Thom.
–Nos veremos–respondió él, dio media vuelta y subió a la acera. Se quedó ahí, por el momento en el que Victoria encendió el coche y éste comenzó a alejarse.
Al dar vuelta en una calle, Victoria sintió cómo sus pulmones le exigían aire, podía escuchar un latido en su cabeza, y aspiraba como si hubiera salido del agua después de mucho tiempo de aguantar sin respirar. Asfixia, algún tipo de asfixia en conjunto con nerviosismo. Parpadeó muy rápido y quiso pensar en algo más para poder al menos superarlo un poco antes de llegar a casa. Pero en lo único que pudo pensar fue Thom.
La Familia Darcy, era conocida y más que conocida, valorada por la sociedad, ya que cada uno de sus integrantes, se dedicaba a beneficiar a la demás gente. El Padre, William Darcy, fue alguna vez el gerente del banco de la ciudad, la madre, Deborah Darcy, además de ser maestra de primaria, años atrás fue la encargada de un sin fin de clubes sociales, que enfocaban sus actividades a algún tipo de caridad, además de ser la encargada de haber formado a dos hijos y una hija. William, Benjamin y Emma.
Emma recién habría cumplido los 23, estaba por acabar la universidad y en muy pocas ocasiones tenía oportunidad de estar con su familia. Sin embargo, tanto Benjamin, cómo William, residían en su ciudad natal desempeñando puestos bastante relevantes.
Benjamin, recién se había comprometido con Ayra Bellamy, después de 3 años de noviazgo formal, lo cuál a Deborah enorgullecía demasiado, era cómo si en Ayra, se pudiera ver a si misma hacía no más de 10 años (tenía una percepción del tiempo bastante adecuada para su vanidad).
Pero William, a pesar de tener una carrera bastante exitosa, un buen empleo y ser visto como un prospecto bastante conveniente para marido, seguía soltero, y su madre, ya se iba haciendo a la idea de que jamás llegaría a conocer a los hijos de éste.
La sola idea de morir sin haber conocido a los hijos de su hijo mayor, le producían cierta clase de enfado junto con algo de tristeza, cosa que a su hijo parecía importarle en lo más mínimo.
Ésa noche, se reunían para cenar en familia, siendo Viernes, Emma había podido llegar a su casa desde hacia horas y se quedaría el fin de semana, Benjamin aún vivía con ellos y William había prometido hacer lo posible por estar (Aunque no prometió querer estar). De cualquier modo, fue. Llegó saludando a su padre, quién se encontraba en el estudio y después a su hermana, no sin antes fastidiarla un poquito, cómo era su costumbre.
En la cocina, se encontraba Deborah y Benjamin, cuando William entró y miró directamente a Benjamin diciéndole:
–No sabía que Victoria estaba trabajando en el hospital.
–Oh, recién comenzó. Ayra me comentó algo, no tendrá más de 2 semanas. ¿La has visto?-alzó la mirada sin percatar el cambio de expresión en su hermano, pues al verlo, sólo pudo notar cierto aire de disgusto que cruzaba por sus labios semi-fruncidos.
–¡¿Que si la he visto? ¡La tonta me ha tratado cómo si yo fuera la persona más desagradable en éste pueblo!
Benjamin se exaltó al escuchar a su hermano llamar de ése modo a su cuñada, le miró con desaprobación y negó lentamente.
–Eres muy grosero.
–No, ella sí que lo es... Yo sólo quería tener una agradable plática con ella, pensé, que quizás podría hacerle compañía mientras la lluvia se calmaba un poco, pero ella, además de ignorarme, me ha pisoteado, literalmente, hermano–Confirmó una vez que notó en Benjamin una expresión entre confusión e impresión–Y encima la cínica se ha virado para decirme que no me había visto ¡Estuve por más de 5 minutos intentando hacerle plática! ¿Cómo no me iba a notar?
–Quizás hablabas en tono bajo–respondió Deborah, a lo cuál, Benjamin no pudo evitar sonreír.
–Pues no lo sé, Bill. No creo que mi cuñada haya sido capaz de hacer algo así, ella siempre ha sido muy reservada, pero sobre todo respetuosa. Y si es que lo hizo, algún motivo tendría. Digo... Seguro muchas mujeres de por aquí pueden decir que eres muy caballeroso y casi perfecto, pero por una que vaya contrariar ésa imagen no pasa nada ¿O si?
William se sintió obligado a simplemente sonreír y acabar con el tema. No, Victoria no le importaba en lo absoluto, habrían salido un par de veces, aunque ni siquiera recordaba si habían salido en realidad, de tantas mujeres con las que él había salido, todo era un poco borroso y difícil de saber si eso había pasado de verdad, pero lo que si no podía darse lujo de permitir, era que alguien lo despreciara tanto, era cómo si estuviera mentalmente impuesto a tener la clase de capricho, que, en cuánto más imposibles o negados, más se aferraba y al final, no era su culpa, Victoria se lo había ganado.
Thor pasó de un lado a otro frente a Frigga, había llegado hacia segundos y parecía tener dificultades para expresar lo que sucedía. Ella quiso llamar su atención, buscando su mirada, pero no lo logro. Thor simplemente tomó aire y quedando a espaldas de ella dijo:
–Padre no me ha dicho nada sobre lo que Heimdall vio, yo he querido convencerlo de que me diga qué es lo que sucede, por qué de la nada, sin tocar a otro Jotun o al cofre de los antiguos inviernos, Loki por poco se transformó en un gigante de hielo. Le dije que debía decírmelo, ya que, yo me había comprometido con los mortales en Midgard en vigilarlo y si ellos se enteraran de ésto, querrían devolverlo y de nada habría servido.
–¿Qué fue lo que te dijo?–preguntó Frigga caminando hacia su hijo.
–Dijo que lo que había pasado, tenía que pasar. No comprendo.
–Todo lo que tu padre hace, tiene un propósito, Thor. Tal vez, lo que pasó con Loki, cómo dijo tu padre, tenía que pasar. Quizás esa mortal pueda ayudarlo a recordar y de lo poco que sé de ciencias de Midgard, un psicólogo es quién se puede encargar de ésa clase de problemas, como los de tu hermano.
–Si eso fuera cierto, aquella mujer no se habría mostrado tan indispuesta para con él, parecía cómo si temiera, no creo que eso pueda funcionar.
–Pues, tú te comprometiste a vigilarlo, ¿No? Quizás, alguna visita a ése sitio para ver cómo están las cosas, no estaría tan mal.
Thor la miró de reojo, en ése momento pensaba que debía mantener la esperanza ante cualquier opción. y ésa mortal era algo, pues a pesar de haber visto cierta clase de rechazo para con su hermano, en Loki vio algo que jamás, hasta ése momento, había creído que él tendría. Confianza ciega. Y de algún misterioso modo, ésa mortal en Midgard, le avivaba dicha llaneza.
–Tienes razón. Debo ir a ver cómo están las cosas.
