Spike & Illyria
Departamento de Spike.
La noche siguiente.
Ella continuaba inmóvil, como siempre.
Con el cigarrillo encendido en la boca, Spike la contempló detenidamente. Estaba de pie, apoyado en el marco de la puerta abierta de la habitación y mientras fumaba en silencio, estudiaba con suma atención las cinceladas formas de la criatura sentada en el piso, enfrente de él…
-Has pasado cinco años haciendo eso, nena – dijo a Illyria. No hubo reacción alguna de su parte. Continuó con los ojos fijos en el vacío, como ignorándolo a propósito. Tal vez así fuera – Cinco años – repitió, entrando en la sala y acercándosele – Totalmente convertida en una estatua de mármol…
Guardó silencio, esperando.
Illyria no habló, tampoco.
-Esto no es normal, ¿entiendes? – Spike se agachó a su lado, el cigarrillo pendiendo de su boca mientras el humo volaba, dejando su aroma tenue a tabaco en la habitación – No comes, no duermes, no bebes, no hablas… Respiras; al menos, sé que de alguna forma lo haces… Pero lo que estas haciendo, lo que te estas haciendo a TI misma – la señaló a la cara – Eso NO es normal… ni bueno. ¿Comprendes lo que te quiero decir, nena? ¿Eh?
Illyria no respondió.
-Sé que te duele, cariño – suspiró Spike, parándose – No creas que no lo entiendo… que no entiendo lo que hay ahí, en tu interior. Sé lo que es el dolor… el sentimiento de perdida – hizo una pausa. Nada en el semblante de la diosa primigenia que ocupara el cuerpo de Fred cambió. No había indicios siquiera de que oía al vampiro en su diatriba – Pero esto, lo que te estas haciendo, no te ayudara en nada. Quedarse sentada, paralizada y simplemente ignorando al mundo que te rodea no va a hacer que ese dolor que sientes, y del que estoy seguro sientes mucho, se vaya. ¡Tienes que luchar! ¡Tienes que salir adelante! ¡Tienes que escapar de las paredes de esta habitación! – insistió. La rabia y la frustración que él mismo sentía se traslado a sus palabras - ¡No puedes quedarte ahí, en el piso, por toda la eternidad! ¡Bloody Hell! ¡El numero de la estatua milenaria esta bien para el circo, pero no para la vida real!
Se calló. Esperó otra vez alguna reacción de la figura femenina.
No ocurrió nada.
Illyria siguió sin hablarle… ni mover un músculo.
-¡Maldición! – con disgusto, el rubio vampiro tiró el cigarrillo al suelo y procedió a apagarlo de un pisotón - ¡Esta bien! ¡Al menos, lo intenté! Tenia que hacerlo… - se dirigió a la puerta – Pero… hay una cosa que yo sé y que es verdad, algo mas importante de todo lo que te acabo de decir y es esto: en tu lugar, Fred no se habría rendido tan fácil.
Se detuvo un instante antes de abandonarla. La miró.
-Evidentemente, tú no eres ella – le dijo, con gran dolor en el alma.
Cuando la puerta se cerró detrás de él con fuerza, nada cambió en el escenario del cuarto: Illyria permaneció muda, inexpresiva, paralizada en su sitio como desde hacia cinco años que venia haciéndolo…
…Pero pasado un momento y sin previo aviso, la inmutabilidad que la invadía, destinada a proseguir por eones, se quebró por un motivo inesperado… un motivo que indicó que la diosa primigenia había oído todas y cada una de las palabras dichas por el vampiro…
Lágrimas en sus ojos.
Más tarde. Interior de un bar.
En alguna otra parte de Los Ángeles.
El local estaba lleno de gente. Ocupando un sitio algo apartado de la concurrencia, Spike bebía lentamente una cerveza bien helada de una gran jarra, sentado ante una discreta mesa. Su semblante estaba oscuro, perturbado…
Su mente era un hervidero de caos. Pensaba en muchas cosas a la vez: Illyria, Fred, la negativa de Ángel de volver con ellos… su situación actual en el mundo… y sumado a todo eso, su alma estaba convertida un torbellino de sensaciones. Sentía que si la presión continuaba así, explotaría en algún momento… y pobre del desafortunado que se le cruzara enfrente.
Necesitaba con urgencia relajarse, despejarse. Alejar de si el fantasma de la modorra, de la depresión que lo invadía totalmente…
-¡Déjame en paz! – gritó alguien. Spike miró en dirección a la barra, en donde descubrió que la que había hablado era una chica. Se encontraba agarrada fuertemente del brazo por un grandullón con cara de pocos amigos, que no cesaba de sacudirla, ante la atónita vista de la gente presente.
-¿Es que crees que voy a dejarte solo porque un puto Juez firmara un par de papeles de mierda? – masculló el matón, sacudiéndola de nuevo - ¡Olvídalo, Nancy!
-¡Suéltame! – volvió a gritarle la chica, sin efecto. Sus ojos arrasados de lágrimas se volvieron desesperados hacia la concurrencia. Nadie hizo asomo siquiera de levantarse de su asiento y de defenderla. Spike se mordió el labio inferior, furioso…
-¿Acaso crees que me puedes dejar así como así, Nancy? ¡Estas equivocada! – rugió el sujeto, arrastrándola con fuerza hacia él - ¡Te demostrare lo equivocada que estas conmigo!
"Es suficiente", pensó el vampiro, poniéndose de pie y encaminándose hacia la pareja. Se interpuso de inmediato entre los dos y muy seriamente, habló con el hombre…
-Mira, amigo, yo que tú dejaría a la dama en paz, ¿ok? ¡Creo que fue muy explicita cuando te dijo que te esfumaras!
El matón lo miró de arriba abajo, sin podérselo creer. Frunció peligrosamente el ceño.
-¿Quién mierda eres tú? ¡Desaparece de mi vista, rubio marica, o te arrancare las orejas! – ladró.
-Ok, ok… Intenté ser amable contigo… ¡Pero creo que a los puños si les tendrás mas respeto, grandísimo hijo de puta! – replicó a su vez Spike y le propinó una feroz trompada en el rostro.
Mientras el grandullón caía con la nariz rota, otro hombre (amigo del primero) no tardó en salir en su defensa, esgrimiendo una navaja afilada.
-Miren nada mas – dijo el vampiro, esquivando su estocada y agarrandolo de un brazo, torciéndoselo luego de modo tal, que le hizo soltar el arma de la mano - ¡El imbecil tiene inútiles que lo apoyan!
-¡Ay, ay, ay! – se quejó el tipo, inmovilizado.
-¿Te duele, mal nacido? ¡Pues me alegro! – Spike lo empujó con todas sus fuerzas contra la barra. El hombre se estrelló sobre ella, destrozando botellas y vasos a la vez – Bien, ¿Quién es el siguiente? – preguntó, mirando hacia la gente del bar.
Nadie se atrevió a moverse. El novio de la chica atacada, cuya nariz rota sangraba copiosamente, echó a correr en dirección a la salida del local. Spike lo observó un momento con furia, y decidió seguirlo. Corriendo rápidamente tras él, lo persiguió por la calle hasta alcanzarlo en una zona cercana a una playa.
-¿Qué quieres de mi? – le gritó el sujeto, acorralado.
-¡Solo asegurarme de que entiendes de que la chica NO quiere verte mas, imbecil de cuarta! – le gritó a su vez él, pateándolo en el estomago. El hombre escupió sangre, se dobló del dolor y cayó en el suelo.
-¡Argh! ¡Ay, ay! ¡Eres un animal! – farfulló, con las manos en su abdomen.
Spike sonrió, satisfecho.
-Me han llamado de peores formas, amigo– dijo y entonces vio algo en la playa que desvió su atención. Una forma femenina, de pie en la arena, bajo la luz de la luna.
Por un segundo, el rubio creyó estar soñando; era evidente que aquella persona no podría estar ahí, no. Era impensado, pero… pero la evidencia de su sola presencia era abrumadora.
Efectivamente, estaba en aquel lugar.
-¿Illyria? – murmuró Spike.
Sentándose en un banco, cerca de la playa bajo la luz lunar, Spike y la diosa primigenia se reunieron.
Al principio, el vampiro no lo podía creer. Durante cinco años, ella jamás había movido un músculo ni pestañeado, siquiera. Ahora imprevistamente, se hallaba allí, a su lado, con el rostro inexpresivo pero totalmente consciente.
…Totalmente despierta.
Spike sacó de su gabardina una caja de cigarrillos. Encendió uno y lo fumó. Illyria esperaba, en silencio. El viento nocturno, caprichoso, jugaba con sus largos cabellos azulados, haciéndolos bailar.
Él debió reconocer que, bajo aquel brillo lunar, ella se veía hermosa y sublime… viva…
Si, viva…
Como si Fred jamás se hubiera ido, suplantada por la entidad sobrenatural que ahora moraba allí, dentro de aquél cuerpo. Como si su vieja amiga jamás se hubiera desvanecido en el seno de la muerte, solo para dejar paso a una criatura que se suponía desaparecida en una época anterior al género humano, incluso.
…El silencio entre ambos se prolongó un buen rato. Ella lo quebró, decidiéndose a hablar primero…
-¿Por qué sigues adelante? – inquirió - ¿Cómo hiciste para continuar, cuando ya no había motivos para hacerlo?
-La verdad, no sé – Spike se encogió de hombros. Miró hacia el horizonte estrellado, soñador – Creo que me harté de quedarme a esperar a que el desastre llamara a mi puerta… algo como "la venganza póstuma de los Socios Mayores de Wolfram & Hart", enviando en nuestra contra demonios o cualquier otra estupida criatura. Sobre todo, cuando todavía había tipos delinquiendo contra la gente inocente allá afuera, en la gran ciudad – dio otra calada a su cigarrillo – Sobre todo, eso. Creo que llegado a ese punto, fue cuando me dije "¿Y por que no?" – sonrió – Si contaba con los medios para hacer algo en contra de ello, ¿Por qué no tomar el toro por las astas? W&H se había terminado, pero el Mal no. Y si yo solo servia para repartir golpes, ¿Por qué no usarlos a favor de la gente que realmente lo necesita?
Illyria asintió, escuchándolo.
-Bueno, que demonios, si ese es mi único talento, debía darle uso. Me había convertido a mi pesar, en un "Campeón". Era el momento de hacer valer ese titulo – hizo una pausa. Fumó otra vez – Y el bueno de Ángel se había marchado – continuó hablando, la sonrisa borrándosele de la cara suplantada por una expresión de desazón – Al parecer, para siempre… ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Sentarme a esperar que el bueno del "Capitán Cabezota" volviera a salvarnos la situación? – meneó la cabeza, negativamente – No. Yo no soy así. Nunca lo fui… y no iba a empezar ahora. Por eso, elegí esta vía. Por eso, me dediqué a limpiar la ciudad poco a poco de delincuentes y de prestar socorro al que lo necesite. Hoy por hoy, es lo único que puedo hacer… y bien – concluyó.
Enmudeció. A su lado, Illyria no agregó nada, limitándose a oírlo con suma atención y echar un vistazo, alternativamente de tanto en tanto, en dirección al mar.
Luego, le sucedió algo: cambió.
Con un movimiento fluctuante, la figura femenina mudó su aspecto ultraterreno por el de la antigua dueña de aquel cuerpo. Tomando la forma de Fred, la criatura miró al vampiro con rostro dulce y triste a la vez.
…Spike se quedo sin habla…
-Al principio, creí que no podía seguir… no sin él – dijo. Su voz sonaba despacio, serena, pero también melancólica. El acento inconfundible de Fred estaba allí; era el mismo timbre de voz, imitado perfectamente – Sentimientos nuevos estaban invadiéndome… sensaciones, emociones… cosas que me asaltaban sin control, que solo podían proceder de la anterior dueña de la cáscara que uso en este mundo, de la mente y el alma de Fred – bajó la mirada, abatida – Y entonces, tuve miedo – confesó – Si, yo, Illyria, diosa-madre del Primordium, cuyo nombre nunca osaban mis seguidores pronunciar en vano ni en voz alta, sintió PANICO, terror absoluto a estas sensaciones nuevas. ¿Por qué? ¿Por qué me estaban asaltando a mí, justamente a mí? Yo… solo tuve miedo.
Suspiró. Spike la sintió totalmente afligida… y supo que en verdad lo estaba. Al menos, mientras se viera como Fred, así lo expresaba.
-Y él no estaba allí para ayudarme a entender – prosiguió – Para ayudarme a comprender lo que pasaba… él… Wesley – pronunció el nombre con un estremecimiento. El vampiro rubio alargó su mano, tímidamente, hacia la de ella. Para su asombro, lejos de lo que esperaba, la chica no se la retiró. Ni bruscamente ni de ningún modo; ella la aceptó sin mas – Estaba muerto… se marchó y me dejó sola en este mundo… sola… abandonada en este extraño universo, tan ajeno a mi misma…
Varias lágrimas escaparon de sus hermosos ojos. Spike sintió que se le partía el alma. Tal vez la figura que lloraba se viera como su vieja amiga Fred, pero quien sufría internamente era la criatura milenaria que se arrastraba dentro de su cuerpo, Illyria.
Era la primera vez que veía a la diosa llorar por algo.
-No estas sola, cariño – se encontró diciéndole él. Las palabras emergieron solas de su boca, como cobrando vida propia – Nunca mas lo vas a estar – le aseguró, con ternura – Entiendo tu dolor… tu sufrimiento… y mientras me siga quedando algo de vida en este bloody cuerpo vampiro mío, no voy a dejarte – agregó, con decisión.
Ella lo miró a los ojos. Él noto, en el fondo de los suyos, una especie de alivio… un agradecimiento enorme que no necesitaba expresar con palabras.
-Nunca vas a estar sola – le repitió, mientras ella se recostaba sobre su hombro y lloraba en silencio – Nunca mas…
La brisa que venia del mar los envolvió. Muy despacio, la forma de Fred se desvaneció e Illyria recuperó la suya propia… En el horizonte, una estrella fugaz atravesó el oscuro cielo.
