Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
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Capítulo Cuatro
El ADN
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Sasuke había sido un hombre soltero toda su vida; nunca había sido alguien capaz de mantener una relación estable. Prefería la soledad y los encuentros de una sola noche, sin obligaciones ni compromisos. No era partidario del matrimonio, no se proyectaba como hombre de familia, fiel a una esposa, a una sola mujer.
Sabía de lo que era capaz, por esa razón no quería atarse a nadie; no quería dañar a nadie, mucho menos que alguien volviera a dañarlo a él. Y, por consiguiente de todas estas razones, jamás había tenido hijos. O al menos eso creía.
La posibilidad de que la hija de su novia de la adolescencia fuera suya era bastante alta, lo sabía, pero no tenía la confirmación aún, y tenía la esperanza de que jamás llegara. Sasuke tampoco se veía cuidando de un niño, asistiendo a juntas de la escuela, sacrificando sus horas de ocio y sueño por un mocoso que muy probablemente lo odiaría cuando fuera mayor.
No, para él eso no era vida.
Sin embargo, allí estaba ahora, quizá a un paso de obtener todas las responsabilidades de las que había huido toda su vida, con una niña cuyo rostro no hacía más que recordarle a la única mujer que jamás había podido ser suya; la única a la que realmente había amado y la que más le había hecho daño.
— ¿Sasuke? ¿Todo bien?
—Sí— respondió de forma automática, enderezándose en su asiento. Frente a él, la elegante mujer de labios rosados y largo cabello cobrizo leía los contratos con gesto indiferente, y junto a ella Naruto atendía a su teléfono; Sasuke sabía que de seguro jugaba alguno de esos estúpidos juegos en línea, como en todas las reuniones.
Tamborileó los dedos con impaciencia, consultando, una vez más, la hora en el costoso reloj que llevaba en la muñeca.
—Bien, todo está en orden— dijo la mujer, firmando la última hoja con una sonrisa seductora en el rostro— Fue un placer hacer negocios con dos hombres tan apuestos…
—No tiene caso que lo intentes, Mei— murmuró Naruto, sin dejar de atender su teléfono— A Sasuke no le gustan las mujeres.
—Cierra la boca— gruñó el aludido— Si encontraste todo en orden podemos dar la sesión por…— el móvil de Sasuke empezó a sonar, interrumpiéndolo.
— ¿No que sin teléfonos?— dijo su socio, todavía sin dejar de atender su juego; Sasuke le dirigió una mirada de odio, mirando la pantalla antes de contestar.
—Disculpen— inclinó levemente la cabeza hacia los presentes y presionó la pantalla con el pulgar— ¿Ino?
— ¡Hola, Sasuke! ¿Cómo estás?— preguntó la alegre voz de la niña. Sasuke hizo un gesto de disculpa a sus acompañantes y se levantó de su asiento, dirigiéndose a un rincón de la habitación.
— ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
—No pasó nada. Sólo quería hablarte— le dijo ella. Sasuke frunció el ceño y se pasó una mano por el cabello, lanzando un pequeño suspiro cansino.
—Estoy en una reunión ahora; ¿qué te había dicho de las llamadas?
—Que sólo debía hacerlas en caso de emergencia— respondió la niña, cambiando el tono de su voz.
— ¿Y qué implicaba una emergencia?
—Umm… Un incendio, una entrada al hospital, un accidente, el Apocalipsis, o un…
—O un deceso— terminó él, masajeándose el puente de la nariz con su mano libre— Dime, ¿algo se está incendiando, estás en el hospital, tuviste un accidente, está ocurriendo el Apocalipsis o alguien murió?— preguntó, intentando sonar severo, pero la niña al otro lado de la línea sólo rió.
—No. Sólo quería contarte que… ¡gané el concurso de ikebana en mi escuela!— exclamó; Sasuke rodó los ojos, suspirando profundamente.
—Que bien, pero te di mi número con la condición de que me hablaras solo en caso de emergencia, y esta semana me llamaste seis veces para contarme que la gata de tu vecina había tenido crías, luego cinco veces más para decirme el nombre de cada una. ¡Estoy en una junta ahora!— exclamó, procurando no alzar demasiado la voz.
—¡Ayer tuviste una junta!
—Tengo juntas todos los días, Ino. Es parte de mi trabajo, y no puedo concentrarme en él si estás llamándome a cada momento— aclaró, parco, arrepintiéndose casi de inmediato al percibir el amenazante silencio; y suspiró, chasqueando la lengua con resignación— Y bien… Conque primer lugar, ¿eh?— comentó, algo inseguro.
— ¡Sí! Hubo un festival en mi escuela; usé un kimono de flores y Asuma me tomó muchas fotografías, ¿quieres que te las mande?
Sasuke abrió levemente los ojos y se pasó una mano por el cuello. Un cortante "no" es lo que le hubiera gustado decirle, pero en lugar de eso se contuvo, pensando muy bien sus palabras.
—Eso… Claro— soltó un pequeño bufido—. Estoy trabajando en este momento, pero puedo verlas más…
— ¡Te las mando ahora mismo!— canturreó la niña, soltando un chillido de alegría que lo aturdió levemente, pero aun así le sacó una tenue sonrisa.
—Ino, ¿de nuevo estás molestando al señor Uchiha?— Sasuke escuchó la voz de Kurenai a lo lejos y arqueó una ceja.
— ¿Esa fue la esposa de Asuma?
—Hum, tengo que irme. ¡Te hablaré luego!
— ¡No, espera!— exclamó, pero ella le cortó.
Sasuke Uchiha parpadeó, ligeramente confuso. Nadie, nunca, se había atrevido a cortarle el teléfono antes; suspiró pesadamente, peinándose el cabello hacia atrás y volvió a guardar su teléfono, dándose la vuelta, hallando dos curiosos e inquisidores pares de ojos sobre él.
— ¿Qué?— les espetó, frunciendo el ceño con engorro mientras recuperaba su lugar en la mesa ejecutiva.
— ¿Quién es Ino? ¿Tu novia?— Mei Terumi arqueó una ceja y cruzó los brazos bajo el ceñido pecho, mirándolo con gesto sugerente.
Sasuke volvió a arquear una ceja y su socio, Naruto Uzumaki, soltó una risita burlona, dejando su teléfono a un lado para acomodar los codos sobre la mesa.
—Ino, mi querida Mei, es el misterio más grande en la vida de Sasuke— murmuró, intrigante, capturando toda la atención.
— ¿Cómo que misterio?— indagó la atractiva mujer. No obstante, Sasuke solo lanzó otro bufido, desestimando la situación.
—Déjalo, Terumi-san. Naruto es un idio...
—Ella le llama a todas horas, y él siempre atiende, aún cuando no le atiende el teléfono ni a su socio cuando trabaja— lo interrumpió el joven de cabello rubio, haciendo que casi se ahogue con su propia saliva.
—Eso no es...
—También se escapa para verla a veces— siguió Naruto— Y anda todo ansioso y preocupado todo el día, pero nunca dice porqué o a causa de quién. ¿A poco no es un gran misterio?
—Así que misteriosa, eh... ¿Sasuke?
Sasuke chasqueó la lengua y rodó los ojos con hastío, enpujando su silla hacia atrás con las palmas sobre la mesa.
—No debes hacer caso a este idiota— bufó, caminando hasta la puerta y colocando una mano en el pasador— Después llamaré a tu abogado para acordar la primer reunión de Directorio. Tengo cosas que hacer.
Salió de la sala de reuniones y avanzó con pasos lentos, ignorando a todos los empleados que se paraban para hacerle una reverencia, como siempre solía hacerlo. Llegando a las puertas de cristal de su oficina se abrió paso, centrando la mirada nuevamente en su móvil al escuchar el clásico silbido que anunciaba que tenía correo.
Se dejó caer sobre la cómoda silla de cuero y suspiró, echando la cabeza hacia atrás con cansancio.
El móvil siguió silbando una y otra vez hasta que, resignado, se decidió a revisarlo. Desbloqueó la pantalla táctil con un dedo y no pudo reprimir la sonrisa que se formó en sus labios al abrir la primera imagen y encontrarse con la sonriente cara de Ino haciendo un gesto cómico para la cámara; en la segunda fotografía estaba ella vestida con un kimono lleno de flores, sosteniendo a cinco pequeños gatos.
Era una niña preciosa, de eso no había duda.
Idéntica a su madre.
Pasó de imagen y la vio en el que debía ser el festival de su escuela, rodeada de amigos. Parecía ser alguien muy popular, igual que Fuku lo había sido. Ino tenía muchas cosas de ella.
Él también había sido muy popular, pero de forma distinta a Fuku. Ella brillaba como el sol de mediodía, con su largo cabello rubio y sus siempre sonrientes ojos azul-verdosos; todo el mundo la amaba, era imposible no hacerlo cuando su sonrisa era capaz de iluminar toda la habitación en sólo un segundo. Él, en cambio, era el chico solitario y sombrío que siempre se apartaba de los demás. Eso, sumado a su buena apariencia, hacía que muchas niñas estuvieran tras sus huesos; excepto ella.
Fuku era distinta, siempre lo había sabido. Ella no lo trataba diferente solo por ser él, ni chillaba como tonta al verlo, por el contrario, la mayor parte del tiempo lo ignoraba, y solo parecía notar su presencia cuando competían por obtener la mejor calificación de la clase.
Sasuke recordaba que tenía solo siete años la primera vez que ella le habló directamente, y también recordaba lo dulce de su voz. Descubrir que quería pasar el resto de su vida oyéndola no fue muy difícil, así como tampoco lo fue acercarse a ella. Recordaba aquel día de mayo en que entró al aula de clases y sin decir nada se sentó a su lado, y que desde ese momento no volvió a sentarse en otro lugar. También recordaba lo que ella le había dicho al girar la vista con sorpresa y verlo a su lado:
— ¿Por qué nunca te peinas?
Sasuke no pudo evitar reír al recordar su cara de auténtica curiosidad.
—No me gusta. Mi mamá siempre me tira del cabello cuando lo hace.
— ¿Por qué no lo cortas?
—Me gusta largo.
—Eres raro.
—Tú eres rara.
Fuku le había sonreído, y él, de manera totalmente involuntaria, le había regresado la sonrisa. Y no habían vuelto a separarse desde entonces.
El silbido del teléfono lo despertó de su letargo, haciéndole volver a la realidad. Tocó la pantalla para desbloquearla pero no había sido otra fotografía que le habían enviado, sino el mensaje de un laboratorio genetista.
Sus resultados estarán listos el siguiente martes. Puede pasar por ellos en cuanto lo desee. Como lo ha pedido, el asunto se está manejando con total discreción.
Atte.
Dr. Tsunade Senju.
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―Dime, Sasuke. ¿Te gustaría tener hijos algún día?
Él parpadeó y contempló a la chica que descansaba sobre su pecho, observándolo fijamente.
― ¿Tiene que ser contigo? ¡Ouch!
― ¡No seas tonto!― protestó Fuku, golpeándolo en el estómago, haciéndole reír con burla.
―Ya... Sí, Fuku. Me gustaría tener hijos contigo algún día. ¿Contenta?
La chica asintió y volvió a acomodar la cabeza de cabellos rubios sobre él, victoriosa.
― ¿Sabes? Si tenemos una hija me gustaría llamarla Ino...
― ¿Puerco?― se burló― ¿Quieres traumarla?
― ¡No puerco, tonto!― refunfuñó la chica― Ino significa tulipán. Y yo sé que los tulipanes son tus flores preferidas...
―No es cierto.
―Sí lo es. Los cultivas todos los años. ¿Crees que no me doy cuenta?
Él rió entre dientes y acomodó los brazos tras la cabeza.
―Bien, me atrapaste. Entonces, Ino se llamará nuestra primer hija, aunque te advierto que pienso tener un varón.
―Y yo te advierto que será una niña...
Sasuke Uchiha despertó, sobresaltado, y se sentó sobre la cama, llevándose una mano hacia la frente mientras intentaba reconocer el lugar en el que estaba.
― ¿Sasuke? ¿Estás bien?― preguntó la mujer que dormía a su lado, desnuda entre las sábanas de seda negra. Él la miró y poco a poco recordó lo sucedido el día anterior.
―Sí, claro― se limitó a responder, escueto― Sigue durmiendo, Mei.
― ¿No te importa?
―En absoluto.
Sin decir nada más se levantó y se encerró en el baño, encendiendo la llave de la ducha mientras se recargaba con ambas manos en el lavabo, evitando mirarse al espejo.
Esos sueños... Fuku... Fuku y sus sueños... Su mente estaba hecha un torbellino de dudas y recuerdos.
Él no quería una hija; no la necesitaba, no podía cambiar su estilo de vida por un niño. Eso no estaba en sus planes.
Sin embargo... Ése era justamente el problema; había un maldito sin embargo.
Su vida profesional siempre había sido un éxito desmedido porque jamás se interesaba lo suficiente en algo que no fuera un negocio ventajoso. Jamás había sido apegado a recuerdos o emociones a la hora de tomar una decisión. Quería algo, lo tomaba; no lo quería, se alejaba. Nunca había un sin embargo cuando no le interesaba meterse en una nueva inversión o un nuevo contrato; y no le interesaba ser padre, pero el sin embargo allí estaba, interfiriendo con su vida personal. ¿Vida personal? Casi se sintió ridículo de pensar en ese término para referirse a sí mismo, pues durante años solo había vivido de su faceta profesional. No tenía tiempo para asuntos personales, mucho menos ahora.
Sin embargo... Otra vez esas dos malditas palabras. Sasuke no tenía idea de cómo terminaba esa oración, pero el sin embargo seguía ahí, fastidiándolo.
Quería dedicarse solo a su trabajo, sin embargo había altas probabilidades de que esa niña fuera su hija.
Quería olvidarse de todo y seguir como si nada hubiera pasado, sin embargo sabía que no podría hacerlo.
Podía decirse que era feliz con su vida; sin embargo, nada duraba para siempre. Eso él lo sabía muy bien.
El amor de Fuku no había durado, pero el probable fruto de él sí.
¿Qué daño hacía querer saber la verdad? Aunque lo hiciera, nada cambiaría. Fuera la chiquilla su hija o no él regresaría a su trabajo y seguiría con su vida, como si ella nunca hubiera existido. ¿Qué importaba llegar al fondo del asunto si no lo afectaría en nada? ¿Por qué huir de un simple trozo de papel?
Con eso en mente, cerró la ducha y salió del baño, buscando su ropa para vestirse con presteza.
Al mal paso, darle prisa.
― ¿Qué haces?
―Hay algo que debo resolver― contestó, indiferente.
Mei torció los labios.
― ¿Tiene que ser hoy?
―Sí.
―Pero dijimos que iríamos a navegar con mis amigos.
―Yo nunca dije eso― la corrigió, entrando en sus caros zapatos de diseñador.
―No, no lo hiciste, pero creí que estaba implícito. Después de lo de anoche...
Sasuke chasqueó la lengua y buscó su chaqueta por la habitación, encontrándola junto a la puerta.
―Escucha, Mei. Lo de anoche fue solo eso: una noche. Somos adultos, hacemos negocios y sabemos separar las cosas.
La mujer frunció el ceño y parpadeó, sonriendo, seductora.
―Lo sé. Pero creí que, no sé... Tal vez te gustaría un poco más de 'diversión' antes de marcharte...
―No realmente― bufó él, observando la hora en su costoso reloj suizo― Tengo un vuelo que tomar y apenas tengo el tiempo justo para pasar por mi casa y ducharme. Pero te lo agradezco.
― ¿Dos desplantes en un día? Vaya... Esa chica sí que debe ser importante― aseveró con picardía.
Sasuke la miró, confuso, y sin decir nada más abrió la puerta de un tirón y salió.
Nada era más importante que su trabajo; además, estaba seguro de que era imposible que esa niña fuera algo suyo.
Terminaría ese asunto y todo regresaría a la normalidad.
O al menos tenía la esperanza de que así fuera.
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El camino de la agencia de autos a la ciudad fue mucho más tedioso de lo que hubiera imaginado.
Se sintió extraño entrando a aquel hospital y caminando hacia el mostrador con sus documentos en la mano, como si fuera cualquier persona. Siempre había delegado ese tipo de tareas a sus asistentes o subordinados, pero en esa ocasión no podía confiar en nadie más que en sí mismo para la tarea.
Y eso solo lograba que el asunto se volviera el doble de fastidioso.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?— la joven recepcionista se acomodó las gafas y se concentró en revolver unos papeles.
—Vengo a retirar mis resultados— gruñó; la chica alzó la vista y miró a Sasuke con un leve sonrojo.
— ¡Buenos días, Uchiha-san!— exclamó, sonrojándose aún más— ¡Soy Matsuri! ¿Se acuerda de mí? Yo tomé sus muestras para el estudio de paternidad, pero la doctora Shizune me transfirió a recepción porque cometí algunos errores— añadió en voz baja.
Él la miró, haciéndose levemente hacia atrás, sorprendido por la intensidad de la chica.
—No. Lo siento— musitó, entornando la mirada— Dijeron que podía retirar los resultados de mi estudio hoy. ¿Están listos?
— ¿Hum? ¡Ah, claro! ¡Un segundo, por favor!— se dio la vuelta y caminó hacia la pequeña sala con varios papeles en las manos, tropezándose y mandándolo todo a volar por los aires.
Sasuke enarcó una ceja.
— ¿Estás bien?
— ¡Sí, sí!— la chica se levantó, recogió todos los documentos a una velocidad increíble y desapareció en el pequeño cuarto, dejándolo solo en la recepción, tamborileando los dedos sobre el mostrador sin darse cuenta. Cuando ella regresó lo hizo con un sobre blanco entre las manos y una planilla en la otra— Solo firme aquí, por favor.
—Cla...
— ¿Uchiha-san?
Sasuke terminó bajó su pluma y levantó la cabeza.
—Hola— saludó con despiste, firmando los papeles y recibiendo el sobre blanco— No sabía que te habían avisado también.
Asuma Sarutobi sonrió brevemente y estrechó su mano.
—Soy el tutor legal de Ino, al menos por el momento. Debían avisarme.
—Hmp. Gracias.
—De nada. Buena suerte— respondió la recepcionista con una sonrisa, girándose hacia Asuma— Sarutobi Asuma, ¿verdad?— Matsuri levantó los documentos de la planilla y sacó otro sobre— Firme aquí, por favor.
—Sí. Gracias.
—Por nada. Que tengan un buen día— les sonrió a los dos y regresó a la parte trasera, dejándolos sumidos en un tenso silencio.
Sasuke asintió a Asuma a modo de despedida y comenzó a emprender el regreso hacia la salida; no obstante, el hombre de tez morena no tardó en ponerse a la par suyo.
— ¿Te quedarás mucho por aquí?— inquirió el susodicho cuando las puertas del centro se abrieron para ellos, permitiéndoles la salida.
—Mi vuelo sale en la noche.
—Ah... ¿Quieres un café?— Asuma encendió un cigarrillo y Sasuke lo miró— Hay una cafetería aquí a la vuelta, la misma donde hablamos la otra vez...
—Está bien, supongo— el joven Uchiha se encogió de hombros y lo siguió de cerca, apagando su teléfono en el camino.
Entraron en la pequeña cafetería y pidieron una mesa cerca de la ventana y dos tazas de café negro. Sasuke desistió de pedir vino poco antes de que la mesera se marchara.
— ¿Cómo está la n...Ino?— inquirió después de unos minutos, solo para romper con el silencio, o al menos eso quiso pensar— Hace días no me llama.
—Está castigada, por eso no tiene permitido usar el teléfono.
—Ya...— Sasuke le dio un sorbo a su taza y se cruzó de brazos— Son buenos padres. Los niños necesitan límites, supongo.
Ni supo porqué había dicho eso, pero Asuma sólo lo contempló sin expresión, jugando con su sobre en la mesa.
—Sasuke-san... ¿Está bien si lo abro?— preguntó, cauteloso, señalando los resultados sin más rodeos. Sasuke lo miró y se limitó a asentir. Después de todo, para eso estaba allí.
El hombre de tez morena rasgó el papel y sacó un documento prolijamente doblado de su interior, desplegándolo frente a sus ojos. Tardó unos segundos en leer su contenido y al final volvió a doblarlo con mucho cuidado.
—Bueno...— suspiró— El resultado es el que esperábamos, después de todo.
Anonadado, Sasuke le arrebató el papel y leyó sus notas con febril interés, abriendo los ojos, completamente impactado ante lo que allí había escrito.
Todos sus temores... Todo su mundo... Toda su...vida, todo estaba marcado por aquella sola palabra al final de tantos números y términos científicos.
Todo se destruía, y la vida volvía a empezar.
—Es mi hija— murmuró al aire, perdiendo la mirada en algún punto lejano, apenas comprendiendo como su mundo podía desmoronarse con tanta facilidad.
Era su sangre. Fuku le había dado una hija.
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Continuará...
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N del A:
Gracias por leer, y por haber dejado sus reviews.
El próximo capítulo no tardará mucho!
Saludos.
H.S.
