Disclaimer 1: No poseo ningún derecho sobre los personajes o trama de Divergente, todo ello es propiedad de nuestra querida Verónica Roth.
Disclaimer 2: Esta historia es una traducción del fanfiction original con el mismo nombre "Take Care" o "Cuidarte" de la prometedora escritora Writerbynight.
Llevo estacionada en el camino de entrada de su casa por tres minutos hasta ahora. Mi estómago ha estado sacudiéndose con furia, causándome ganas de vomitar, pero no le voy a dar la satisfacción. Era algo tonto que me sintiera tan nerviosa y ni siquiera sabía por qué. No era como si fuera tener una cita. No había presión de impresionar a nadie. Simplemente estaría aprendiendo defensa personal con un hombre que apenas conozco, alguien por quien me sentía pecaminosamente atraída, nuestros tensos y sudorosos cuerpos tan cerca, retándonos el uno al otro con músculos flexionados… Okay, tal vez sí sabía por qué estaba nerviosa. Pero el día de hoy se trataba de enfrentar miedos, y maldita sea, eso es lo que vine a hacer.
Salí del auto cuando el reloj del tablero marcaba la 1:58, y cerré la puerta un poco demasiado fuerte detrás mí. Si Cuatro no sabía que había estado esperando en su entrada, entonces ahora tenía que saber que ya estaba aquí. Después de subir los escalones del porche toqué el timbre y di un paso atrás. Pocos segundos después la puerta se abrió y Cuatro se detuvo expectante frente a mí.
En lugar de saludarme sus ojos recorrieron la superficie entera de mi cuerpo, aunque no llevaba más que una combinación de camiseta y pantalones sueltos nada favorecedores. Me pregunto qué es lo que le parecía tan intrigante. Mi cuerpo no era nada comparado con el de otras chicas que él, probablemente, ha visto antes; especialmente esas cuatro rameras que le ayudaron a ganarse su apodo. Alguien con su físico debería sentirse atraído por alguien igual de perfecto, no la figura de palo sin curvas con la que he tenido la desgracia de nacer.
Estuvimos parados uno frente al otro por largo rato sin decirnos nada, así que decidí romper el hielo.
-Hola.
-Hola. –Respondió sin invitarme verbalmente a pasar, solo se dio la vuelta y entró en la casa dejando la puerta abierta detrás de él.
¿Okay…? Así que tomé la iniciativa de invitarme a pasar.
Su casa era normal, como cualquier otra casa en la que he estado. Pero faltaba algo. Las escaleras en el frente de la casa: normal. Muebles en la sala de estar: dah. Puerta de vidrio deslizante hacia una terraza y alberca: eso era un lujo pero tampoco era algo nuevo. Miré a mi alrededor pero no podía localizar qué faltaba.
Cuatro emergió de la cocina a la izquierda de la sala de estar con dos botellas, una en cada mano. Me aventó una y me sorprendí mucho de haberla atrapado.
-Gracias. –Le dije, aunque no tenía sed.
-Necesitas empezar a tomar más de eso.
Arqueé mis cejas.
-Tú no sabes cuánta agua tomo.
Me miró con su expresión naturalmente ceñuda.
-Eso es cierto, pero sí sé que no tomas suficiente.
-¿Qué te hace pensar eso?
Pasó un momento y entonces Cuatro atravesó la sala de estar, no se detuvo hasta que estuvo a un brazo de distancia de mí. Estaba tan cerca que mis sentidos podían saborear su esencia: el vago olor de gel de ducha (Old Spice, tal vez) mezclado con un poco de sudor. Mis glándulas salivales comenzaron a producir de más, y yo tragué para ocultar la evidencia.
Levantó su mano y pasó su pulgar por la curva de mi labio inferior. Mi corazón martilleó fuertemente en mi pecho. Para ser alguien que apenas me conocía, parecía muy cómodo con el contacto físico entre nosotros. Y para ser alguien que yo apenas conocía, realmente no me importaba que me tocara.
-Tus labios están secos. –Señaló.
¿En serio? Corrí la lengua por mis labios para humedecerlos, no intentando ser sexy, es solo que al parecer ahora soy paranoica.
-Estás deshidratada, -Añadió.- Por lo tanto, toma más agua.
Bajó su mano pero el fantasma de su pulgar aún permanecía alrededor de mi barbilla. Él se giró y camino hacia un pasillo en el otro lado de la habitación.
-Vamos, -Me llamó, dándome la espalda.
Caminé hacia él y lo seguí por un pasillo corto hasta que llegamos a una puerta. La empujó con su amplio hombro lo cual me hizo encogerme ya que si yo hubiera empujado la puerta con mi hombro me hubiera muerto de dolor, y al abrirse reveló otra habitación.
Un garaje, o al menos, lo que debió haber sido un garaje. Ahí no había autos, ni herramientas o bancos de trabajo. No había tampoco una podadora de césped a la vista. Pude sentir la brisa fría de un aire acondicionado que venía de un ducto en el techo. En el espacio del garaje había un estudio, montado de manera similar al que se encontraba frente a nuestra escuela, donde Cuatro trabajaba. Cada centímetro del suelo estaba cubierto con tapetes de foamy rojos, y varios sacos de boxeo de diferentes tamaños descansaban en una esquina, excepto uno que estaba colgado en el centro de la habitación. Una de las paredes estaba hecha de espejos, aunque no era ni de cerca tan alta como la que vi ayer.
Cuatro se quitó los zapatos pateándolos ligeramente por los talones y los dejó junto a la puerta, donde cayeron, dejó su botella de agua junto a ellos y dio varias pisadas, ya descalzo, en los tapetes. Imité sus acciones y me uní a él en donde estaba parado
Frotó sus callosas manos juntas.
-¿Has tomado clases de defensa personal antes?
Sacudí mi cabeza en negación.
-Esta es mi primera vez.
Soltó una risita, claramente encontrando gracioso algo de lo que dije. Lo que me indicó que Cuatro tiene la mente cochambrosa.
-Bueno déjame decirte lo que debes esperar de esta clase. –Metió sus manos en los bolsillos sueltos de sus pants. –Va a ser muy demandante físicamente. Espero que hagas todo lo que te diga. Sin excusas. No me importa que seas joven, no me importa que seas una chica, y no me importa que no tengas músculo.
Él tenía razón. Cualquiera pensaría que después de practicar volleyball por ocho años, habría desarrollado algún tipo de ventaja en esa categoría. Pero no. Quiero decir, sí que tengo un poco de músculo, pero está sobre todo en mis piernas, y yo no era fuerte en general. Tonificada sí, pero no poderosa.
-Entiendes que todo lo que te enseñe será estrictamente para defensa personal. –Inclinó su barbilla hacia abajo y me observó a través de sus pestañas, dándome la mirada que un padre le daría a su hijo antes de disciplinarlo, como sí ya hubiera hecho algo mal y estuviera esperando a que lo admitiera. –Solo usarás estas cosas si tu seguridad es amenazada, no para empezar peleas si alguna chica le coquetea a tu novio.
Comencé a reír. Pero entonces me puse a pensar en ello. Que yo sepa, ninguna chica ha intentado coquetear con Peter desde que estamos juntos. ¿Cómo reaccionaría si alguien flirteara con él? ¿O si me enterara que ha estado saliendo, a mis espaldas, con alguien tan atractiva como lo es Cuatro? Ese pensamiento debió haberme hecho enojar, pero no lo hizo.
-Entiendo. –Respondí. –Pero si me encuentro a alguna perra usando los mismos zapatos que yo, está muerta.
Fue su turno de reír, más o menos. Sonrío con la boca cerrada y resopló por la nariz.
-¡Que ni Dios lo mande! -Levantó las manos en fingido terror.
Evité que mi sonrisa se hiciera más grande. En Hopewell High Cuatro era una especie de celebridad. Todos sabían quién era, todos hablaban sobre su vida privada como si esas historias les pertenecieran, pero nadie lo conocía a un nivel personal. Él y yo estábamos lejos de ser amigos, pero antes de la semana pasada jamás habría imaginado que Cuatro tenía sentido del humor. Ahora sabía que sí que lo tenía. Sabía también dónde trabaja y dónde vive. También sé ahora que es capaz de ganar en una pelea contra alguien como Eric. Mientras que todos los demás estaban atrapados en la idea de Cuatro, yo estaba aquí, pasando tiempo con él y sutilmente, comenzando a conocerlo.
Cuatro comenzó a entrar en detalle sobre los movimientos específicos que iba a enseñarme. Intenté poner atención pero me perdí con toda la jerga de pelea. Cuatro pareció notar que no le estaba entendiendo nada así que dejó de explicarme y me ordenó que comenzara a estirar.
El tapete de foamy cedió bajo mi pie, haciendo difícil que mantuviera mi equilibrio cuando levantaba el otro y lo agarraba en mi espalda. Presioné mi talón en la parte trasera de mi muslo y lo mantuve ahí por diez segundos, después cambié de pierna y repetí todo el procedimiento. Cuatro se desvaneció detrás de mí, pero aún podía ver su reflejo en la pared de espejos. Paseaba ausentemente alrededor de la habitación mientras estiraba, también, doblando su codo en el aire y jalándolo cerca de su cabeza con su mano libre. La luz tenue de la habitación le daba énfasis a su silueta, proyectando sombras en las hendiduras de los músculos de sus brazos, haciéndolos parecer incluso más prominentes e impresionantes.
Entonces nuestros ojos se encontraron por error en el espejo. Su impecable talento para atraparme en el medio de un trance no dejaba de avergonzarme. Desvié la mirada antes de que mis mejillas se pusieran aún más rojas. Haciendo como si nada hubiera pasado cambié a una diferente postura de estiramiento.
Me senté y extendí mi pierna izquierda hacia el frente mientras la derecha permanecía doblada, después me estire hasta alcanzar mis dedos de los pies. Siempre hacía esto antes de la práctica de volleyball, así que mis dedos viajaron hasta más allá del límite de una persona normal. Después uní mis pies por las plantas con las rodillas a cada lado de mi cuerpo y doblé mi espalda hasta que mi pecho pego con mi muslo y mi barbilla tocó mi rodilla. Los músculos de mi fémur ardieron con un dolor que a mí me parecía relajante. De nuevo, después de mantener esa postura por un rato cambié a la pierna derecha.
Cuatro caminó a mí alrededor y se paró a mi lado, elevándose sobre mí como un rascacielos.
-Eres flexible.
Sonreí orgullosa mi inútil habilidad. Feliz de que él lo notara.
-Levántate.
Usando las palabras del discurso introductorio de Cuatro, hice lo que se "esperaba de mí." Nos paramos uno frente al otro. Yo me veía minúscula comparada con él, tanto en estatura como en amplitud. Su clavícula estaba al nivel de mis ojos, y si fuéramos a abrazarnos, mi cabeza cabría perfectamente en el hueco de su cuello… Oh, Dios, detente. Novio, Tris… Tienes novio.
Cuatro, afortunadamente interrumpió mis pensamientos de viajar más profundamente.
-Vamos a empezar con unas cuantas maneras de librarse de un agarre.
Sus palabras dispararon mis recuerdos, llevándome a las noches cuando Peter ha perdido la compostura. Apretando mis brazos, aventándome descuidadamente contra el objeto más cercano que pudiera herirme. Librarme de un agarre parecía una solución fácil a mi problema, así que aplaudí mentalmente cuando Cuatro dijo que haríamos eso primero.
-Por mi está bien.
-Digamos que yo soy un secuestrador. –Cuatro agarró mi muñeca derecha con su mano izquierda, con firmeza pero cuidadosamente para no causarme dolor. -¿Qué harías?
-Patearte las bolas. –Sugerí. Fue la primera cosa que se me vino a la mente y la más obvia.
-No. – La cara de Cuatro se puso roja y procedió a cubrir inmediatamente el área mencionada con su mano libre. –Digo, sí, si estuvieras en un ataque real, pero en este caso será mejor que no lo hagas.
Reí un poco.
-Entonces, ¿Qué hago, Sr. Secuestrador?
-Te enseño. Agarra la mía. –Soltó mi muñeca y me ofreció la suya. La sujeté del mismo modo que él hizo con la mía, pero la suya era como un tronco así que mis dedos ni siquiera alcanzaban a rodearle.
-Presta atención. –Me instruyó.
Cuatro movió su mano en algo parecido a un círculo hasta que quedo alrededor de mi muñeca. La giró de un modo tan antinatural que me dolió tan solo de estar parada ahí dejando que él me moviera, así que me incliné hacia adelante y doblé mi brazo para que fuera con el movimiento en lugar de resistirse a él. Con Cuatro ahora en la posición dominante quedé agachada totalmente a su merced. Él enderezó mi brazo subiéndolo hacia sí, y sentí su otra mano en mi nuca. No tenía otra opción más que mirar a nuestros pies.
Levantó una de sus rodillas lentamente, pausando justo antes de que impactara con el puente de mi nariz.
-Eso es lo que tienes que hacer. –Me liberó y me paré derecha.
-Suficientemente fácil. –Dije con más confianza de la que en realidad sentía. Él levantó las cejas.
-¿Ah, sí? –Sus dedos se enroscaron alrededor de mi muñeca, otra vez, su agarre más fuerte esta vez. –Muéstrame lo que tienes, mi pequeño saltamontes. –Puse los ojos en blanco. ¿Qué cree que es esto, Karate Kid?
Mis intentos de salir del agarre de Cuatro se vieron menos llenos de gracia. Su muñeca era tan grande, tan gruesa, que no pude lograr que mi mano la rodeara. Terminé retorciéndome en todas direcciones, intenté todo para zafarme de sus dedos y derribarlo, pero cada uno de mis esfuerzos falló miserablemente. Si Cuatro hubiera sido un secuestrador real, ya me hubiera arrastrado a su escalofriante y blanca camioneta sin ventanas; y yo aparecería en la lista de la alerta AMBER de mañana.
-¡Tu mano es demasiado grande! –Me quejé.
-Mi mano es de tamaño normal. – Dijo a la defensiva. –Tú, por otro lado, eres pequeña, pero aun así podrías zafarte.
-¡No veo como!
-No te lo estás tomando en serio. –Me acercó a él. Sus ojos de cachorrito que por lo general parecían tan suaves ahora habían sido remplazados por dagas color café oscuro. –Enójate, Tris. Estoy intentando secuestrarte porque pienso que eres débil. Que estás indefensa. Solo eres una niña estúpida en el lugar incorrecto a la hora incorrecta, y mañana estarás muerta si no te alejas de mí ahora.
¿Está mal que lo único que escuché de todo su discurso fue mi nombre? Solo hasta que él lo dijo no me di cuenta que jamás se lo había dicho. No era sorprendente que él supiera mi nombre. Hemos estado en la misma escuela durante dos años, y no es como que ninguno de nosotros fuera –no hay otro modo de decirlo- in-popular. Él sabía mi nombre del mismo modo que yo sabía el suyo, por los comentarios de otras personas.
Pero, ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí.
-Es medio difícil en un ambiente tan controlado como este. –Contraataqué. –Pero está bien, ¡lo intentaré!
Él asintió y comenzó la simulación desde el principio.
Dos horas después, lo seguí de regreso a la casa. Mi camiseta empapada se adhería a mi espalda y tenía que luchar para respirar, pero Cuatro apenas había sudado un poco. Se veía igual que cuando llegué a su casa. Pasamos por la situación de "agarrar la muñeca" como unas 30 veces, mínimo y yo no había logrado ningún progreso. Cuatro ni siquiera tenía que decirme que estaba decepcionado; lo tenía pintado en toda la cara.
Como a la décima vez comencé a cuestionarme, yo estaba convencida de que podría lograr esto. Peter no era tan fornido como Cuatro, pero sí era más fuerte que yo. Si no podía vencer a Cuatro, no sería capaz de vencer a Peter, tampoco. Por lo tanto no tenía esperanza, era una sumisa natural. Peter seguiría abusando de mí. Seguiré siendo su indefenso saco de boxeo.
Pero al final de nuestro tiempo juntos, Cuatro me levantó el ánimo sin siquiera tener la intención de hacerlo.
-Seguiremos con esto el próximo jueves. –Dijo, Era una frase casual, algo en lo que ni siquiera había pensado muchísimo, pero fue suficiente para hacerme comprender que aunque yo ya me había dado por vencida, Cuatro no se iba a rendir tan fácilmente conmigo.
Se sumergió detrás de la pared que separaba la cocina de la sala de estar. Nos sentamos en lados opuestos de la barra desayunadora, después de que Cuatro nos proveyera con dos botellas nuevas de agua fría que sacó del refrigerador. Deslizó una a través de la encimera hacia mí, y yo me empiné la mitad de su contenido con la misma desesperación de alguien que acabara de pasar la última semana cruzando el desierto a espaldas de un burro. La defensa personal definitivamente era un buen ejercicio, en verdad tenía sed.
-No la bebas tan rápido. –Me advirtió Cuatro, alcanzando el final de mi botella e inclinándola hacia abajo. –Harás que te den nauseas.
-No me importa, -Suspiré, bajando la botella de golpe sobre la encimera.
Cuatro mordió su prominente labio inferior y entrecerró los ojos estudiando mi cara.
-Estas enojada.
Desvíe la mirada de él.
-Más o menos. Apesto.
-Nadie nace sabiendo, ya mejorarás.
-¿Tú crees? –Le pregunté exasperada. –Digo, tú mismo lo dijiste: Soy pequeña, débil, no tengo músculo. Eso no suena a alguien que es capaz de defenderse de un tipo que es del doble de mi tamaño.
La mano de Cuatro se movió un poco, como si quisiera usarla para consolarme, pero la mantuvo en su lugar del otro lado de la barra.
-Ya mejorarás. –Repitió, y luego le dio un trago a su botella. Decidí creerle y mejor cambiar el tema.
-¿A qué hora llega el Sr. Eaton, por lo general?
Cuatro se ahogó con el agua mientras pasaba por su garganta. Le dio un ataque de tos y yo estaba a punto de levantarme y realizar mi mejor versión de la maniobra de Heimlich, pero él rápidamente recuperó la compostura y se aclaró la garganta.
-¿Conoces a mí padre?
-Es mi profesor de matemáticas, -Le expliqué. –No me fue tan bien en el último test, así que pensé que tal vez puedo hablar con él al respecto ya que estoy aquí.
Me dedicó una larga mirada por un rato, después se levantó de su asiento y me dio la espalda hurgando en la cocina, buscando algo que de pronto parecía ser muy importante.
-Eh, mi papá… no vive aquí. –Dijo finalmente, esculcando un cajón.
-Oh. –Murmuré. Una pregunta de seguimiento saltó en mi cabeza pero no estaba segura de si debía preguntar o no. Ash, ya qué. - ¿Tus padres están divorciados o algo así?
Cuatro meditó.
-No. –Respondió finalmente. –Simplemente vivo solo y ya.
-¿¡Qué!? – Salió de mi boca antes de que pudiera filtrarlo. – ¡Tienes como dieciocho años! Eso es un poco joven para vivir solo, ¿No crees?
Él se encogió de hombros, cerró el cajón que estaba esculcando y se movió hacia otro.
-Es legal. Soy un adulto.
A pesar de lo cierto que eso era aún me parecía un poco loco. Cuatro estaba en último año de preparatoria. ¿Cómo iba a estar alguien de su edad mental o financieramente preparado para mudarse fuera de casa de sus padres y vivir solo?
-Deberías irte ya. –Dejó de hacer lo que estaba haciendo para lanzarme una mirada rápida.
¿Eh?
-Estoy esperando a una chica. –Añadió.
Oh. Por supuesto que está esperando a una chica. Enseñarle defensa personal a una extraña difícilmente podía ser lo más emocionante de su tarde. Aun así lo sentí como una cachetada en plena cara. Mi corazón dolió de manera escandalosa con una certera puñalada de celos.
-Claro. –Dije con una sonrisa que era tan débil como mis brazos.
-Te acompaño a la puerta.
Esta vez yo iba a la cabeza cuando caminamos hacia la puerta de la entrada. Miré a mi alrededor por última vez, aun intentando encontrar que había diferente en esta casa comparada con una casa normal, además del hecho de que sus padres no vivieran ahí. Llegamos a la puerta del frente antes de que pudiera descubrirlo.
Salí al porche y Cuatro se quedó en el marco de la puerta. Giré sobre mis talones para mirarlo, preguntándome cómo debería despedirme, y fue entonces que me di cuenta. En mi casa, la primera cosa que ves al entrar por la puerta frontal es una foto familiar enmarcada colgada en la sala de estar. Fotos más pequeñas estaban regadas alrededor del retrato familiar: algunas mías, de mis padres y otras de mi hermano, Caleb. La mayoría de las habitaciones de nuestra casa estaban decoradas de manera similar, con memorias capturadas acaparando el espacio justo en las paredes, los escritorios y sobre las mesas.
Era lo que faltaba en la casa de Cuatro. Fotografías.
-Te veo el jueves, mi pequeño saltamontes. –Me provocó Cuatro, de nuevo con ese apodo que sonaba raro si no se pronunciaba con acento japonés, apoyado con el brazo en un lado del marco de la puerta.
Me asomé por encima de su hombro para confirmar mis sospechas. Por lo que podía ver, no había fotos. Ni retratos familiares, o parejas felices, ni bebés con sonrisas desdentadas. No fotos de boda, o de prácticas de futbol, o de anuarios. Solo un montón de paredes vacías.
-Te veo el jueves. –Asentí y, a regañadientes me di la vuelta alejándome de él para volver a mi auto. Escuché la puerta cerrarse una vez terminé de bajar los escalones.
Ahora mi corazón dolía con algo más que celos.
Tal vez no era tan raro que un adolescente no tuviera fotografías en su casa. Cuatro no se veía que fuera muy sentimental, o del tipo que se interesa mucho por la decoración de interiores. Pero el hecho de que fuera solo su casa no tenía sentido para mí. El Sr. Eaton era un favorito común en Hopewell High. Era amable, divertido y empático, genial en su trabajo. Un tipo buena onda en todos lados. ¿Por qué cuatro no querría vivir con él? ¿Acaso era tan fieramente independiente que necesitaba mudarse en el momento en que cumplió 18 años? Aún si ese fuera el caso, ¿Ganaba lo suficiente en el estudio para poder permitirse vivir en una casa tan linda como la suya? Seguramente debe de estar recibiendo ayuda financiera de alguien, ¿Pero, quién? ¿Sus padres? No creo que ellos pagarían por algo así.
Me dolía la cabeza de tanto pensar e intentar poner juntas las piezas del rompecabezas. La vida de Cuatro era complicada, pero por el momento, la mía también lo era y yo solo tenía la suficiente energía para lidiar con una de ellas.
Tal vez descubrir quién era Cuatro iría de la misma manera en que él prometió iría mi entrenamiento. Ya mejoraría con el tiempo.
Al fin! Nuevo capítulo.
Perdón. Ya se que me tomé una absurda cantidad de tiempo. Pero han sido semanas ocupadas! Tuve visitas, mi esposo se agandalló mi monitor, y tengo un pequeño de dos años que está en la fase posesiva de los terribles 2.
Eso sin contar que este cap fue dificilísimo de traducir por todas las posiciones y partes del cuerpo. Fiiiiu!
Pero en fin aquí están las 3849 palabras que espero hayan leído lentamente, por que no se cuanto tardaré en actualizar de nuevo aunque espero no tardar tanto la próxima vez.
Por cierto, aún sigo pasando cada uno de sus reviews a Writerbynight, y de hecho ella me explica algunas de las cosas que no entiendo cuando las frases que usa son muy americanas o no tienen sentido en español textual.
Este capítulo de pronto sentí como que lo traduje de forma muy tiesa, con palabras muy pomposas de repente. Si tienen alguna crítica, o duda no duden en decirnosla!
Fin del comunicado!
