Lamento mucho la tardanza, pero dejan demasiada tarea en la escuela. Pero aquí estoy de nuevo y espero escribir más seguido.

Saludos a todos a aquellos que me han escrito sus RR.

CAPÍTULO 4

Tiempo de té.

"¡Misao-chan!" La mujer conocida como Okon regañaba a Misao desde el lavadero de la cocina. "Para lo que sea que estés haciendo, estás haciendo un total desorden".

"Estoy tratando de hacer pasteles para el té" Misao gritó desde la mesa. "Los ayudantes están enfermos de gripe y no tenemos suficientes pasteles y postres para la ceremonia de té".

"Lo que sea", agregó Jiyu desde su lugar cerca del horno, "no se ve comestible. ¿Por qué no vas a la pastelería y traes algunos?"

Misao agarró el arruinado pastel en su mano y agregó. "Después de comprar toda esta fina azúcar en el mercado, Okina me mataría si salgo y gasto más dinero en pasteles. Los pasteleros te cobran un brazo y la pierna y no dan nada en retorno."

"¡Hey!" Omasu abrió la puerta y entró en la cocina. "¿Está el té listo? Megumi-san está aquí y luce sedienta."

"¿Megumi-san está aquí?" Misao brincó de la mesa. "¡Llevaré el té por ti!"

"¡No tan rápido Misao!" La voz de Okon era cortante. "No puedes irte hasta que resuelvas lo de los pasteles para el té"

Misao hizo un puchero a la mujer mayor. "Es que Megumi-san no viene todos los días, sabes, y como si los huéspedes fueran a saber entre lo que es tradicional o no. Deja que coman tradicionales pasteles de arroz en vez de los otros."

"¿Hola?" Cautelosamente Megumi asomó su cabeza en la cocina. Sus labios formaron un silencioso "oh" cuando se dio cuenta de que se trataba la conversación. De todas maneras, dio un paso hacia la cocina y se inclinó respetuosamente. "siento molestarlas…"

"Megumi-san" Dijeron las mujeres de la cocina en coro, olvidando por un momento la aparente crisis.

Omasu se volteó para verla, "pensé que nos esperarías en el otro salón".

"Okina-san me encontró allí" Megumi confesó algo apenada, "y de repente comenzó a actuar raro, así que le dije que vendría por algunas cosas para el té"

"Perdón por dejarte sola", Omasu dijo mientras las otras mujeres simplemente movían sus cabezas negativamente. "las rarezas de Okina… normalmente hace eso cuando le gusta alguien, cuando le gusta mucho".

"Normalmente no diría que eso sea algo malo", Megumi dijo fríamente, "pero cuando comenzó a proponerme matrimonio, creo que eso era ya pasarse de la raya y ya no encuentro divertido"

Las mujeres se rieron ante esto.

"está bien, Megumi-san" Jiyu interrumpió, "Eres su tercera propuesta en esta semana"

"Su tercera y su cuarta," Megumi dijo secamente. "¿Me hizo la proposición dos veces, saben?"

Misao suspiró. "Él insiste en hacer eso porque nadie más aquí está cerca de casarse. Si acierta en una de sus proposiciones, él jura que el resto de nosotros seguiremos su ejemplo"

"¿En verdad?" Megumi miró maliciosamente a Misao. "¿Significa eso que algunos de ustedes tienen a alguien en mente?" Ella levantó una ceja cuando dos de ellas comenzaron a toser y las otras dos bajaron la cabeza ruborizadas. Megumi hizo un gesto. "Así de mal, eh. Bueno…" decidió cambiar el tema y romper con el silencio que había seguido a la pregunta. "¿Por qué no les ayudo con los pasteles?, de este modo podré estar lejos de Okina."

"¡¡Megumi-san!!" Misao gritó horrorizada por semejante propuesta. "Eres nuestra invitada"

Megumi ya estaba poniéndose un mandil y enrollándose las mangas de su hermoso kimono. Ella se rió, "Soy un huésped que prefiere estar aquí que en otro salón, aun cuando vaya a tomar el té en el otro salón con ustedes, Okina inventaría alguna excusa para alejarlas, dejándome en sus garras. Además, me gusta cocinar, es como química para mi, y quiero oír más acerca de la vida que llevan aquí en Kyoto."

"No hay mucho que decir, Megumi-san." Misao sonrió mientras veía a la mujer echar los ingredientes y batirlos de manera experta, para después ponerlos en los diferentes moldes. "Kyoto está creciendo, pero no como Tokio lo está haciendo. Estamos haciendo las cosas bien, como puedes ver, siempre hay mucho que hacer."

"Pienso que debe de ser difícil," Megumi dijo pensativamente mientras le pasaba la bandeja a Jiyu para que la pusiera en el horno. "Esta no es a la vida a la que estaban acostumbrados. No puedo entender como pueden estar satisfechos con un negocio como el Aoiya cuando son tan buenos en otras cosas, como… pelear."

"Es un alivio, en realidad," Omasu habló mientras veía a Megumi poner algo de la estropeada azúcar derretida en los panecillos. "Uno comienza a pensar que podemos vivir una vida tranquila y normal. No hay ninguna prisa en correr, pelear y perder a alguien del grupo en una batalla. Ese tipo de pérdida…" y Omasu se quedó en silencio.

"Ese tipo de pérdida es difícil de sobre llevar." Misao terminó la frase.

La conversación decayó por un momento, después Omasu habló, "¿Y que hay de ti, Megumi-san?"

Megumi estaba aun derritiendo el azúcar en algún tipo de caramelo. "Las cosas son más o menos iguales. La clínica está atareada en estos días, ahora que la gente en Aizu me ha aceptado como doctor. Pero aun así no es como solía ser en los días que crecí allí. Muchos amigos se han mudado a Tokio o a otros pueblos."

"¿No pretendientes, Megumi?" Okon sonrió, "¿aun tiene esperanza Okina?"

Megumi dejó de poner atención en el azúcar derretido sobre el horno. "Ningún pretendiente. Pero respecto a la segunda pregunta, definitivamente NO." Meneando una cuchara que había levantado del azúcar derretido se dirigió a Okon. "Si pregunta, díganle que el arreglo nunca funcionará y si pregunta de nuevo díganle que no podría estar con nadie como él."

"Pero yo si puedo estar contigo," Okina dijo por detrás de Megumi mientras la veía son ojos de borrego a medio morir.

"¡Okina-san!" instintivamente la cuchara que traía Megumi conectó con la cara del viejo. "Te he dicho dos veces que ¡NO!, ¿qué tengo que hacer para que entiendas?"

Los ojos de Okina se humedecieron, no de dolor sino de dicha. "Tus golpes son como dulces cuidados a mi desgastado cuerpo. Felizmente los aceptaré como signos de de tu imperturbable afecto."

Megumi se alarmó más. "Acércate un paso más y te lanzaré estos pasteles," y Megumi agarró de los pasteles que estaban a mano, esos que Misao falló al hacer, "Te los meteré directamente en tu garganta."

Okina se acercó más. "Los pasteles que han sido tocados por tus manos, serán como dulces pasteles tocados por la gracia de Kami-sama."

"¡Suficiente!", el temperamento de Megumi había alcanzado sus límites y arrojó el primer pastel hacia Okina.

Okina comenzó a reírse mientras brincaba y esquivaba los pasteles. "Podrás ser una excelente doctora, y hermosa además, Megumi-san, pero no eres un ninja, si estuvieras en nuestro clan t enseñaría a tirar con más puntería."

Las otras cuatro mujeres se retiraron sabiamente a un lugar donde pudieran seguir mirando el espectáculo. Aun cuando Megumi ya no tenía más pasteles para arrojar, ellas vieron lo que con su perspectiva de vista podían ver y el viejo no. La mano libre que tenía Megumi agarró silenciosamente una bolsa de endulzante. Okina estaba tan distraído por los furiosos ojos de Megumi para notar que estaba a punto de ser bañado con fina azúcar.

Megumi rió triunfalmente mientras movía la bolsa de endulzante para lanzar el contenido en Okina. "¡Esto te enseñará, onmitsu!"

Los ojos de Okina se agrandaron ante el ataque, pero instintivamente él se escurrió elegantemente detrás de una tabla en el marco de la puerta. Megumi, furiosa, continuó esparciendo el azúcar en dirección a Okina, mientras este seguía escondido detrás de la tabla.

Desde algún punto el se rió, "mi oferta sigue en pie."

Entonces, de repente la cocina quedó en un denso silencio.

Fue entonces cuando Okina decidió salir y mirar a Megumi.

En cuanto vio la expresión de horror en la cara de Megumi Okina pestañeo y se quedó clavado en su lugar. Rápidamente dirigió una mirada a las demás mujeres, quienes estaban absolutamente mortificadas.

"¿Qué?", preguntó confundido.

Lentamente Misao alzó la mano y apuntó detrás de Okina. "¡A- A- Aoshi-sama!"

Okina se volteó lentamente, sintiendo una pequeña ráfaga de aire frío detrás de él.

Aoshi estaba allí, observándolos a todos, fina azúcar cubriendo su cabello, la parte de arriba de su yukata y todo lo demás expuesto.

Okina sonrió. Después de todo, la mujer se las había arreglado para pegarle a algo. Quizás Megumi no tenía tan mala puntería después de todo.

"Okina, Megumi-san." Aoshi les dio la espalda, "por favor, limpien todo esto y vengan a verme en mi oficina."

Okina y Megumi hicieron rápidamente lo que se les dijo. Okina dejó a Megumi atendiendo el horno y fue el primero en entrar en la oficina de Aoshi. Sintió alivio al ver que el azúcar no era un adorno permanente en la ropa y el cabello de Aoshi.

Megumi llegó un minuto después. "Lamento haberte hecho esperar, los postres tenían que ser terminados."

Okina se sentó incómodamente. "Aoshi, lo que pasó allá…"

Aoshi levantó la mano. "No me pidas disculpas a mi, Misao, Omasu y Okon me explicaron lo que pasó. Un pequeño desorden no es motivo para enojarme, pero con quien si deberías de disculparte es con Megumi, Okina, por asediarla tanto como lo has hecho."

"Era una broma solamente," Megumi habló apresuradamente, "se que Okina no decía en serio todo lo que dijo, pero perdí la paciencia."

"¡Hey, hey!" Okina pronto olvidó el asunto por el que estaban allí. "Sabes que mis declaraciones de amor fueron totalmente en serio, Megumi-san."

Megumi lanzó una hostil mirada hacia Okina. "Tú eres un hombre terrible, aquí estoy yo tratando de ignorar el hecho de que te me hayas propuesto tres veces en este día y todavía tienes las agallas para continuar haciendo esas insanas propuestas de amor hacia mi, ¿Alguna vez vas a parar de estarme molestando de esta manera?"

Okina replicó dramáticamente, "considera mi posición y ten lástima de mi, un pobre hombre que no tiene la esperanza de ver niños corriendo en el Aoiya. Nadie más aquí tiene trazas de asentarse seriamente. ¿Podría ayudar si me apegara a ti, Megumi-san? Tú eres una mujer educada, sin mencionar lo hermosa, buena con los niños, ¿necesito decir más? Estoy convencido de que serías una excelente esposa para este pobre hombre."

"No me involucres en tu planes, Okina." Megumi se retiró más de él. "Sabes que estas siendo ridículo."

"Bueno, si no soy yo, quizás alguien más de aquí," Okina agregó graciosamente, "tenemos bastantes hombres jóvenes." Después agregó más seriamente. "Claro que está tu temperamento, tengo que admitir que no creo que muchos de nuestros jóvenes sean capaces de tolerarlo."

"Okina." Aoshi finalmente habló. "No les harás ningún favor de este tipo a ti o a los otros hombres del Aoiya. Y, aun cuando Megumi-san tenga un buen sentido del humor, has pasado claramente su barrera. Ahora, si me permiten hablar de lo que quiero discutir. Megumi-san, ¿Cuándo regresas a Aizu?"

"Mañana" ella replicó vehementemente. "Tomaré una ruta terrestre hacia Aizu."

"Ya veo." Contestó Aoshi, ignorando la punzante mirada que Megumi dirigió al viejo. "¿y cuándo irás a Tokio?"

"Una semana después," Respondió. "Los doctores americanos quieren que los lleve a conocer Tokio y después que atienda varios eventos del consulado."

"Le he mencionado a Okina acerca de tu asunto. Y a pesar de lo que puedas pensar, el es uno de nuestros mejore hombres en lo que se refiere a obtener información. Él es el único aquí que puede y sabe como corres la inteligencia mientras yo hago algunas investigaciones por mi parte. Una vez que te vallas de Aizu, ¿Con quién me dirijo para comunicarme contigo?"

Ella estuvo dudosa y pensó un momento. Gensai-sama se había mudado recientemente y aunque estaba más cerca de donde habrían de estar los americanos, ella no deseaba molestarlo. Esto solo dejaba… "Mándalo al dojo camilla con un mensaje de que yo luego recogeré lo que hayas mandado."

"Muy bien, ahora…" Aoshi se paró, indicando que la reunión se había terminado. "Tengo entendido que la ceremonia del té del Aoiya sigua con su horario. Algunos de nuestros ayudantes temporales no están. Como tenemos varios huéspedes extranjeros que han venido expresamente a observar la ceremonia, no podemos cancelarla. Creo que si ustedes dos se unen a mi en la ceremonia como participantes, sería más fácil olvidar el gasto de azúcar y pasteles de esta tarde."

Okina gruño mientras consideraba la petición. "Estoy muy viejo para sentarme y soportar algo así, Aoshi."

"¿Pero no tan viejo para asediar mujeres y esquivar pasteles?" Megumi le dirigió una fría mirada. "Yo estaré más que feliz en hacerlo, Shinomori-san. Soy perfectamente capaz de aceptar responsabilidades, a diferencia de otras personas."

"¿Okina?". Aoshi miró al viejo de nuevo.

"¡oh, está bien!", afirmó. Él era uno de los pocos del Aoiya que entendía lo bastante acerca de la ceremonia del té para participar y con Megumi con ellos, el no se podía negar. Okina le dio una pacífica mirada a Aoshi, "mientras Megumi se siente al lado mío…"

Okina brincó un poco cuando oyó y vio el puño de Megumi estrellarse en la Palma de Aoshi, a centímetros de su cara.

"Megumi-san," Aoshi decía pacientemente mientras retiraba su mano de la cercanía a la cara de Okina, "no quiero que Okina luzca un ojo morado."

Megumi asintió lentamente y se volteó para dirigirle a Okina una mirada que hizo que este sintiera calosfríos en la espina dorsal. "Ponte cerca de mi, y apuntaré más abajo la próxima vez."

Aoshi le dirigió a Okina una semi-sonrisa. "Creo que será mejor si me siento entre ustedes, para mantenerlos fuera de problemas."

Sorprendentemente, la ceremonia del té se realizó tranquilamente. Okon, como siempre, llevaba e té de una manera bastante elegante, y Okina y Megumi se comportaron maravillosamente.

Podría haber sido por la influencia de Aoshi, quien decidió sentarse en medio de los dos. O también pudo haber sido que Okina estaba bastante intimidado por la mirada de Megumi, por lo menos por un tiempo.

Megumi Takani, aparentemente estaba siendo de bastante utilidad. Puesto que ella había estudiado el inglés, era capaz de conversar con los extranjeros. Con ella hablando y traduciendo para Okon, los extranjeros se quedaron más tiempo después de la ceremonia para preguntar algunas dudas.

Misao llegó con Okina y Aoshi mientras estaban parados de un lado observando la conversación de la mujer con los extranjeros. "¡Vaya!, esto resulto bastante bien"

"Gracias al cielo." Omasu agregó con alivio mientras se reunía con los demás. "Esto podría haber resultado desastroso con todos los demás enfermos, sin los utensilios para el té ni comida para los huéspedes. Fuimos muy afortunados de que Megumi-san estuviera aquí."

"¿Creen que pueda hacer lo mismo mañana?" Misao dijo esperanzadamente.

Aoshi negó con la cabeza. "Ella se va mañana. Tendrás que reasignar a otras personas para la tarea. Yo también me iré, así que Okina estará a cargo en mi ausencia."

Los hombros de Okina se pusieron tensos.

"¿A donde vas a ir, Aoshi-sama?" Misao volteó con él con una expresión que claramente reflejaba su infelicidad ante su partida.

"Tengo que atender unos negocios en Tokio" Aoshi replicó.

"¿Tokio?", Misao repuso con cierta esperanza.

Okina podía leer el pensamiento de la muchacha perfectamente. Gentilmente le explicó. "Misao, te necesitamos aquí. Tú y yo podemos visitarlos el próximo mes."

"¡oh, claro!" dijo Misao algo decepcionada.

"Misao," Omasu gentilmente la jaló. "Vamos a ayudar a Okon y Megumi en sus deberes. Megumi luce como si se fuera a desmayar a causa de ese pesado kimono."

"Si claro" Misao abrió los ojos y la siguió obedientemente.

"Aoshi," Okina negó con la cabeza una vez que estuvieron solos. "Tienes que ser más cuidadoso. A Misao no le gustará si se entera de que Megumi estará también allá. Se sentirá…" Okina se detuvo, de alguna manera temeroso de lo que realmente estaba pensando decir, "relegada."

"Es la verdad," Aoshi respondió disgustado, "me voy por negocios."

Okina quiso cachetear a Aoshi. ¿Era en verdad así de frío? ¿Cómo era posible que no fuera sensible como para entender a Misao? Para todos, era obvio que Misao no amaba a Aoshi de la manera en que una hermana ama a su hermano mayor, o a un padre. Pero para Aoshi este era la clase de sentimiento que Misao tenía para con él, y hasta que Aoshi no viera la realidad y tomara alguna acción, Misao estaría esperando algo incierto y crecería miserable.

Okina quería a Aoshi como a un hijo, pero valuaba a Misao de la misma manera y hasta más. La felicidad del Aoiya tenía más que ver con ella que con cualquier otro. Todos habían abandonado las peleas por una vida moderna que les ofrecería más oportunidades para la felicidad. Aoshi aun no estaba tan conciente de este tipo de vida. Es más, él no podía ver muchas de las cosas que afectaban directamente a las personas que lo rodeaban.

"Yo me encargaré de todo, Aoshi-san. Olvida lo que dije." Okina contestó. Mientras Aoshi se iba por su cuenta, Okina resolvió que haría todo lo que estuviera en sus manos para llevar a cabo el plan que haría felices a todos en el Aoiya.