Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.

Rated: M +18, contenido adulto y lenguaje fuerte.

Advertencia: El episodio implica escenas con lemon (tema sexual explícito), lea bajo su responsabilidad.

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One In A Million


Capítulo Cuatro: ¿Tregua?


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Aquella petición fue la causante de que Lucy perdiera la noción de todo. El chico quería poseerla, hacerla suya, en ese preciso lugar. Inspiró el aroma del mar, traspasando sus fosas nasales. Con sus ojos cerrados arqueó sus caderas hacia adelante para sentir el miembro de Natsu con mayor intensidad, lo quería dentro. A la mierda el esposo, el matrimonio, todo eso ya estaba perdido. Quería recordar lo que era sentir las manos de un hombre sobre su cuerpo, anhelaba volver a sentir cosquillas como en su tiempo las sintió. Estaba tan fuera de training que no le había tomado el peso a la situación hasta ahora. No sabía qué hacer y él se dio cuenta a la perfección, por lo que optó ser quien llevara el control por el momento. Le gustaba sentir que tenía el poder. Así lo demostró, aprisionando sus muñecas con fuerza para que no pensara en el arrepentimiento. Inclinó su rostro para besar el fino cuello de la diva, desde su mentón hasta su clavícula, despacio. Se detuvo cuando quedó frente a su escote, que antes de eliminar, pegó una mirada picarona a su víctima. Bajó las tiras del vestido por completo y luego le quitó el sujetador sin preguntar, admiró por varios segundos sus pechos ―que deseaba ver desde hace mucho―, deseoso de besarlos succionó el pezón izquierdo en tanto con el pulgar acariciaba el otro. Ella atoró un grito, como si alguien los fuera a escuchar.

Posó la punta de su lengua para pulsar el carnoso botón rosa que desprendía con rapidez al tacto, completamente endurecido. Lamió el otro pecho para entregarle la misma atención, simultáneamente, Lucy apretaba su columna con fuerza, estaba demasiado excitada.

Y deseaba con toda su alma, que nadie llegara a rescatarlos.

Al menos por ahora.

Natsu estaba muy a gusto en su actual ubicación, pero asimismo deseaba probar cada rincón de la cantante pop. Continuó el recorrido desde su tórax, bajando entre besos hasta pasar un poco más allá del ombligo, lo que restaba del vestido estaba siendo una molestia. No le quitó un ojo de encima al quitarle por completo aquella prenda, quedando tan solo en tanga, una delgada y casi invisible pieza que ansiaba tirar lejos. Para eso tuvo que alzar un poco la espalda, con ambas manos bajó el trozo de tela ordenándole que levantara ambas piernas juntas dejando el calzón entre sus tobillos.

―Hermosa. ―dejó caer la tanga a breve distancia. Con sus manos, volvió a abrir sus piernas para encontrarse con una vulva pulposa, rosácea y húmeda. Relamió sus labios antes de probarla, Lucy encorvó sus caderas al sentir la traviesa lengua de Natsu conociendo por primera vez su intimidad, hizo uso de los dedos para abrir las blandas paredes y encontrarse con su clítoris.

La mujer destrabó un ruido parecido a un carraspeo, más dócil, no parecía que se estaba quejando. Encumbró un poco su cabeza, ansiaba ver qué era lo que le estaba haciendo; encontrándolo besando lo que había entre sus piernas. Suspiró, iba a estallar de placer si seguía así.

―De-detente.

Natsu le echó un ojo desde su puesto, desentendido, ¿acaso no lo estaba haciendo bien?

Pero sus dudas fueron resueltas de inmediato. Heartfilia forcejeó un poco para librarse de los mimos del rockero y tomó provecho de su posición para ser ella quien estuviera encima esta vez. ―Te demostraré que no soy tan fresa como crees. ―desabrochó su pantalón con gran rapidez, terminando por dejarlo a un lado. Natsu se quedó expectante.

Lo siguiente fue arrancar su camisa, ya había visto su torso desnudo pero tocar era algo diferente. Pasó una de sus manos por la surcada superficie a causa de su musculatura, lento para causarle escalofríos hasta llegar a su calzoncillo. Por encima de su ropa interior, cogió su falo deslizado sus dedos de arriba hacia abajo incesantemente. Los sonidos que efectuaba Natsu a causa de su gran excitación la motivaron a quitarle el calzoncillo para que de la misma forma en como él lo hizo, saboreara su lado íntimo. Partió lamiéndole el glande, una larga y áspera probada que lo hizo alucinar. Dragneel agarró su cabeza con ambas manos, estaba fuera de sí.

Como vio que al chico le gustó, probó con meter el miembro completo sobre su boca, cubriéndolo en un vaivén. ―¡Ah!, no te detengas. ―le ordenó él.

Para su suerte, no era lo que la rubia tenía en mente.

Siguió succionando para adicionar caricias en sus testículos, utilizó su dedo índice pasando la yema de adentro hacia afuera rozando su periné.

―Eres grandiosa. ―mucho no podía decir, estaba tan encendido que solo podía pensar en no correrse.

Y debía hacer algo al respecto.

Acarició su cabeza en tanto ella besaba su entrepierna. ―Déjame entrar en ti. ―lo dijo con tan sensualidad que Lucy volvió a mojarse. Avergonzada asintió, se sentía como una adolescente que pasaba por su primera vez. No estaba tan lejos de parecerlo, años sin tener nada dentro podría significar una segunda virginidad, había leído de eso, cómo las paredes se cerraban de a poco y no le dio importancia hasta ahora. Se tumbó sobre la arena y abrió sus piernas observándolo con deseo, ansiosa de sentirlo.

―Tranquila, no te haré daño. ―apoyó su pene sobre la entrada de su acompañante como un indicio. Torciendo sus caderas para ir mojando más aquella área. Lucy apretujó los dientes, impaciente. Era una verdadera tortura.

Su glande tocó a la puerta, poco a poco fue introduciéndose hasta que la cabeza quedó adentro. ―Dios mío. ―jadeó ella. Natsu apoyó su peso sobre sus brazos, rodeándola. Estaba listo para ir más allá.

Fue metiendo cada centímetro de su órgano viril hasta que tocó fondo. Una cosquilla enigmática los invadió, causando que rieran como dos chicos traviesos. Natsu siguió meneándose paulatinamente para no herir a la muchacha que de a poco fue aflojando lo que había entre sus muslos.

Continuó lento, con movimientos circulares sin quitar la vista de encima de cómo ella se retorcía bajo él. Así deseaba verla desde la primera instancia. Quería que gritara su nombre.

Se echó un tanto para atrás sosteniéndola de las caderas para dejarla a horcajadas y no dejar de penetrarla. Ella apoyó con sus oscilaciones. Ambos ponían de su parte intensificando más la velocidad. Natsu estaba agachado con sus piernas sobre la arena y Lucy sentada sobre él sin dejar de saltar haciendo bailar sus pechos.

Él la contemplaba maravillado, jamás olvidaría aquella postal. La agarró por la espalda y aún más rápido, siguió penetrándola con tanta fuerza que empezó a gritar. ―¡Más! ―exclamó, insaciable, necesitaba más. Su clítoris rosaba con cada bamboleo y estaba bajo un gran grado de excitación.

Volvió a quedar sobre ella inclinando un poco su tronco sin soltarla de la espalda, la rubia estiro un poco sus piernas y recibió duras embestidas que la tenían en otro planeta. El sonido causado por el choque de ambas bases se hacía viscoso por el sudor y el largo rato.

―¡Estoy por correrme, Lucy! ―vociferó Natsu, desesperado por dejar salir lo que estaba aguantando hace rato. Lo enclavó unas cuantas veces más sin perder la velocidad hasta que todo su cuerpo lo hizo gritar del placer, asimismo, Lucy llegaba al orgasmo.

Explotaron bajo la leve luz de luna, llenos de arena. Se acomodaron para quedar recostados uno en cada lado mirando las estrellas.

Era sumamente increíble, la estrella del pop había quitado de su libro de conocimientos mentales lo que era llegar al clímax, sentir esa corriente eléctrica por su intimidad, respiraciones agitadas, todo eso parecía ser nuevo para ella. Aún sin recuperar el aire, se estaba dando cuenta de la locura que acababa de cometer.

―Maldición, eso fue descomunal. ―Natsu tampoco se quedaba atrás. Estaba consciente de lo que había hecho, pero era todo tan reciente que solo podía pensar en el buen rato que había pasado.

―Había olvidado lo que era tener sexo…―admitió la rubia, apenada.

Él se giró en su dirección para observarla. ―Disculpa, pero no se te notó en absoluto.

―¿Qué quieres decir?

―Lo has hecho increíble.

Lucy sonrió, complacida por lo que estaba oyendo. Sin embargo su cabeza volvía a la realidad, su realidad. ―Lo que pasó ha sido realmente agradable, debo admitirlo. Pero tú sabes que aún sigo casada y…―Natsu la interrumpió.

―¿Estás rechazándome?

―No…digo, sí.

El vocalista de Paradise City se levantó, sin quitar la suspicaz expresión de su cara. ―Espera, que nos hayamos acostado no significa nada para mí. Tranquila, tengo las cosas muy claras. Ha sido extraordinario, el sexo y todo, pero Natsu Dragneel no tiene dueña. ―pavoneó con sonrisa de galán.

Por un segundo, Lucy sintió una pizca ―diminuta― de molestia, quién sabe por qué. Pero el tipo tenía razón, ella debía tener las cosas claras al igual que él. Además si debía rehacer su vida un rockero alocado no era el pretendiente correcto. Por lo cual sería mejor ser discreto con lo ocurrido, si Bora o su hijo se enteraban le traerían un montón de conflictos.

―Me parece bien, entonces, por lo menos intentemos llevarnos bien. ―estiró su brazo para estrechar las manos.

―Estoy de acuerdo. ―accedió sonriente.

Minutos después cayeron rendidos sobre la arena, cansados luego de tanta acción. Con la esperanza de que pronto llegaran a su rescate. Ambos tenían muchas cosas por hacer en Magnolia.

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Aparecieron los primeros rayos de sol junto con el sonido de un bote acercándose a la Isla. Venían por ellos. Lucy fue la primera en abrir los ojos, con mucha emoción despertó a su compañero que parecía no escuchar nada. Cuando el bote quedó en la orilla se bajaron tres especialistas en primeros auxilios para comprobar que se encontraran bien, tras de ellos, Makarov y el equipo de Fairy Tail muy preocupados. Levy saltó sobre su amiga como si no la hubiera visto en años, regañándola por su hazaña. Los integrantes de Paradise City también se mostraron inquietados por lo que pasó. Loke era uno de los más urgidos.

―¡Casi pierdo a mis clientes! ―ya dentro del gran bote, Loke no encontró otro comentario mejor que ese. Zafado de quedarse sin artistas. Aunque era obvio que existía un cariño hacia ellos, especialmente por Lucy.

―¿Acaso es lo único que te importa? ―Erza lo regañó, golpeándolo con su típica libreta de tareas que cargaba a todas partes. No era nada grato lo que había dicho. Los habían buscado por cielo, mar y tierra, dentro del hotel, por los alrededores. Estaban desesperados sin saber qué hacer, la pelirroja sintió miedo por la salud de su jefe, estaba que moría de un ataque cardíaco cuando supo que los dos estaban desaparecidos. Por suerte, los periodistas que se encontraban por la zona les informaron de que los habían visto juntos sobre una lancha ―con fotos incluidas―, que tendrían que negociar antes que salieran a la vía pública, detalle que por el momento, ella y Makarov prefirieron guardar.

Levy les dio una botella de agua a cada náufrago de una noche para que se hidrataran. El calor era demasiado y de seguro agua de mar no bebieron. Las víctimas de la desaparición intercambiaron una que otra mirada durante el trayecto, pero no dio a más, habían ocurrido demasiadas cosas entre ellos.

Rato después regresaron a la Isla Galuna sanos y salvos. Cada quien se fue a su respectiva habitación en el hotel para preparar su equipaje e ir al aeropuerto, era tiempo de regresar a Magnolia.

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Una semana después, Lucy y Levy estaban en el salón de la diva ubicado en Fairy Tail Records en compañía de Loke revisando las listas y las ventas de su último sencillo, luego de que el video de Emotions saliera, estas incrementaron de forma importante. La canción regresó a ser una de las más escuchadas en las radios y muchos programas la pedían para que fuera a cantarla en vivo.

―Los resultados están magníficos ―comentó Loke en tanto observaba la última enumeración de éxitos de Fiore Hits, el top musical más importante del país. Buscó entre los cien temas el nombre de Lucy pero algo en el trozo de papel lo hizo cambiar de expresión, arrugando la lista con sus propias manos para que el resto no lo leyera

―¿Qué sucede? ―Lucy intentó quitarle la hoja pero Celestia se resistía ―¡Ayúdame Levy! ―sin dudarlo su amiga le prestó su fuerza y entre las dos lucharon para arrebatar al menos la parte inicial del papel donde estaba la información relevante. En tanto lo leía, Loke se alejó del par para cubrir su oídos, ya sabía lo que se aproximaba. ―¿Qué caraj…?, ¿¡Quién diablos es Jenny Realight? ―el grito de seguro se escuchó por toda la empresa.

Se giró hacia su representante, temblaba como un copo de nieve. ―¡Loke!

―¿Di-dígame, princesa? ―tartamudeó ocultándose con sus brazos.

―Explícame todo.

Levy fue por tazas de té mientras el resto se acomodaba en los sillones.

―Jenny es nueva en la industria, es una chica que canta pop y mezcla su música con pasos sensuales, es muy hermosa…―tosió en cuanto ella casi lo asesina con la mirada.

Y como si fuera suerte del destino, o algo así, en la televisión comenzaron a hablar de aquella mujer. La presentadora de la sección de espectáculos de la jornada matutina la presentaba como Jenny Realight, la rubia del momento, cosa que le cayó pésimo a Heartfilia. Hizo un breve repaso de sus pocos sencillos pero gran éxito desde su debut, nombraron su número uno en la lista Fiore Hits y el inesperado robo del éxito a Lu Heart para terminar con una mini entrevista de la artista mencionando lo agradecida que estaba de sus fans y que esperaba llegar más lejos.

Era suficiente, acababa de ver en televisión a la misma mujer que se revolcó con su marido en su propia cara. Se paró del sillón furiosa y apagó la televisión soltando improperios sin cesar. ―¡Perra!

―Lucy, ¿acaso la conoces? ―preguntó Levy, nerviosa por el tenso ambiente.

―Es la amante de Bora, esa maldita…

―Santo dios ―Loke se quitó las gafas de la impresión―. Por eso fue Conbolt quien la metió en Fairy Ta…―fue imposible continuar, la mirada diabólica de su cliente lo dejó en blanco. Acababa de soltar una bomba que dejaría grandes repercusiones en la oficina del viejo. De seguro lo despedían.

La tipa le quitó a su marido, su número uno en el top más popular del país y ahora quería meterse a su misma compañía, no podía permitirlo.

En tres segundos exactos salió del salón a paso rápido con un destino en su mente, la oficina de Makarov. Tras de ella corrían Loke y Levy exasperados por agarrarla e impedir que dé un paso más. Celestia fue más rápido, por lo que logró sostenerla de la cintura para que no siguiera avanzando. ―Lucy, no hagas algo de lo que te arrepentirás pronto.

―¡Suéltame! ―gritó, llamando la atención de quienes pasaban por ahí.

Justo, eran Natsu y sus compañeros de grupo que acababan de presenciar tal escándalo.

―Chicos, denme un mano. ―les pidió a sus otros clientes, Loke se veía complicado. Heartfilia no dejaba de moverse y en cualquier momento lo golpeaba en sus partes nobles para huir, tonta no era.

No obstante era demasiado tarde para pedir ayuda, Lucy ya se había zafado y sin perder el tiempo corrió alejándose del resto quienes no tuvieron más opción que seguirle.

―Esta tipa está realmente loca. ―jadeó Gajeel mientras corría, ni le encontraba el sentido a lo que estaban haciendo.

Cuando quedaron frente a la oficina del director de Fairy Tail, entre todos trataron de convencerla que no hiciera nada, pero al abrir las puertas ―sin esperar lo que había dentro― las cosas empeoraron.

―¿Tú que haces aquí? ―interrogó a Bora Conbolt que se encontraba sentado frente a Makarov hablando de negocios. Sin embargo él no era el único que estaba ahí, Erza permanecía a un costado de su mandamás y en la silla de la izquierda, la famosa Jenny con un contrato en mano.

No había que ser un genio para saber lo que estaba ocurriendo.

Lucy entró sin decir nada, tras de ella el grupo entero con intenciones de apaciguar las cosas. El que más curioso estaba era Natsu, por fin pudo conocer al esposo de Heartfilia, como había pensado, se trataba de un tipo ya de edad con pintas de mafioso. Fue difícil no mirarlo con aborrecimiento. Algo en él no le gustaba.

―Si ella entra en Fairy Tail, yo dejo la compañía.

―¿Qué? ―exclamaron todos, incluso Bora.

Jenny empezó a reír. ―No seas exagerada.

―¿Tan temprano es que las perras están ladrando? ―se acercó a ella provocándola y lo consiguió. Realight ya estaba de pie a punto de tirarle las mechas de su pelo siendo detenida por Gray.

―Basta ya de tanto espectáculo, Lucy. ―Bora la tomó de la muñeca y por cómo reaccionó su esposa, no fue tan delicado. Desde su lugar, Natsu ansiaba meterse y romperle la cara al muy imbécil.

―Ahora todo tiene sentido, te acostaste con mi esposo para que te metiera en la empresa. De tonta solo tienes la cara, linda. ―seguía insultándola.

El resto no entendía nada, el conflicto iba más allá de lo profesional. Lucy había sido bastante explícita con la situación.

―¿Se puede saber de qué está hablando Lucy, Bora? ―Loke se acercó muy juicioso al que fue su amigo y colega. Era realmente raro verlo así.

Conbolt, exaltado, se hizo el desentendido. ―Nada, solo alucina ―tironeó de su esposa hasta llevarla a la salida―. Si nos disculpan, la llevaré a su sala para hablar con ella. Debe estar estresada por todo lo que le ocurrió. ―nadie parecía oponerse a que se la llevara, incluso Lucy guardó silencio, estaba harta de todo. En eso, Natsu se mantiene firme en la puerta. ―¿Y tú qué?

―La próxima vez que te vea tironeando así de ella, no lo sé ―sacó su lado crudo, el tipo de los pleitos callejeros, quien creció en los barrios bajos―. Te puedo arreglar la cara que tienes con mis nudillos, ya sabes. Ten cuidado. ―Jellal lo agarró del brazo para que no cometiera alguna locura.

―Basura. ―dijo Bora antes de irse sin soltar a Lucy quien mientras se iba alejando no le despegó la vista en ningún momento a su defensor.

Desaparecieron por los pasillos. Loke estaba muy intranquilo, conocía muy bien a Conbolt y no era trigo limpio. Por otra parte, Jenny iba a explotar de la ira. Acababa de perder la oportunidad de firmar contrato con la empresa de sus sueños. ―No te preocupes ―Makarov, el dueño de Fairy Tail Records se aproximó a ella para darle unas palabras de aliento, más bien, de consuelo―. Ya habrá otra oportunidad, por el momento, tendremos que posponer todo. ―la chica que estaba rompiendo los Top musicales se paró encrespada de la silla maldiciendo a todos los que estaban dentro de la oficina hasta salir.

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Bora y Lucy se encerraron en el salón de la artista, el empresario se encargó de que nadie los pudiera molestar dejando la puerta con seguro. En eso la diva del pop se fue hasta el sillón. Conbolt daba vueltas por todas partes, encendió un cigarrillo sin importarle que fuera un lugar cerrado y se quedó analizando todo lo ocurrido. Algo no andaba bien con él.

Metió la mano en el bolsillo de su costosa chaqueta y sacó un papel doblado, lanzándolo sobre la mesa de centro para que Lucy lo viera. Así fue, lo abrió con cuidado para no romperlo; era una fotografía del momento exacto en el que ella y Natsu se subían a la lancha, solos. Sintió un enorme escalofrío por todo el cuerpo.

―No sé qué pretendes, pero si hay algo que debes saber es que yo me entero de todo ―le recordó mientras se paseaba por los alrededores de manos en los bolsillos―. Soy un hombre de negocios, Lucy. Tú lo tienes muy claro. Mis compañeros de trabajo nos ven como un matrimonio feliz junto a Romeo y cada vez te las vas arreglando para arruinar aquella ilusión que tiene el resto ―fumeteó su tabaco para exhalar el humo hacia una de las fotografías familiares que ella colgó en la pared―. Este tiempo me ha servido para pensar, ya sabes. Lo de Jenny fue un desliz, eso significa que ya no nos vamos a divorciar.

Heartfilia lo vio con desagrado. ―¿Disculpa?

―No te hagas, Lu. Aún me amas, lo sé porque aun cuando todo se desmoronaba quisiste recuperar todo. Y aquí me tienes ―la tomó por la cara para darle un beso en la boca, el cual ella se tomó un poco raro―. No quiero que la prensa te vea con ese mocoso, ni idea tienes cuánto gasté para que la prensa borrara todas las copias de aquella fotografía. Tú me perteneces y así seguirá siendo ―acarició su cabello―. Recuerda gracias a quién estás aquí.

La rubia retrocedió, incrédula, se encontraba como en una especie de pesadilla. Si bien estar con él era lo que deseaba, ya no estaba tan segura. Lo peor, es que evidentemente todo lo hacía para cuidar su imagen, su puta y maldita imagen de empresario corrupto. Siempre sacando en cara su ayuda, sin dejarle escapatoria. Pensó en Romeo, en lo feliz que le hacía ver a sus padres juntos, sería imposible dejarlo ahora. Estaba atada de manos y pies.

Permitió que el hombre la abrazara, fue una reconciliación hipócrita y sin sentimientos.

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Pasaron los días. Lentamente Emotions iba ganando más popularidad y estaba a pocas ventas de destronar el éxito de Jenny Realight, la cantautora aprovechó el fin de semana completo para pasarlo junto a su hijo. Primero, partieron el día almorzando en un restaurante exclusivo con una gran variedad de platos ya que Romeo no tenía gustos tan excéntricos para su edad. Como Bora no pudo acompañarlos, fueron los dos siendo escoltados por Elfman quien los dejó en la puerta del restaurante y por respeto al día madre e hijo, se quedó en el auto esperando.

Dentro del local, buscaron una mesa para dos y buscaron algo para comer en la carta.

―¿Te parecen los canelones? ―le consultó a su retoño mostrándole la foto del apetitoso plato. Aunque él no parecía haber escuchado la pregunta. Se mantuvo con la vista firme a un lado desconocido. ―¿Qué pasa hijo?

―Mamá, creo que es mi imaginación pero…―de estar tranquilo empezó a balbucear entusiasmado―…¿no es ese Natsu Dragneel?, oh por dios, ¡es Natsu, mamá! ―Lucy le hizo una seña para que guardara silencio y robóticamente se dio vuelta para comprobar lo peor, era cierto.

El vocalista de la banda del momento parecía esperar a alguien unas mesas más allá, leía la carta entretenido sin perder esa sonrisa infantil que lo caracterizaba. Segundos después una mujer de cabello negro tomó asiento ―demasiado cerca― de él. Lo que más la descolocó, fue el apasionado beso que se dieron.

―Qué vulgar es, estamos en un lugar público, familiar…―murmuró apretando los puños bajo la mesa. Odiaba realmente a ese rockero sin sentido común. Se quedó viendo a la mesa acalorada sin pestañear, el muy asqueroso la agarraba por todas partes y ella repetía lo mismo, necesitaban una gran cantidad de agua fría para calmarse. Estaba tan distraída insultándolos en su mente que no se percató de que Romeo iba a paso rápido hasta la mesa de la discordia. Vio pasar su vida entera. Y cuando se levantó para detenerle era muy tarde, Natsu ya lo había visto, más bien, los había visto.

«Mierda, mierda, mierda. » cubrió su rostro con la carta del restaurante, cosa que le causó aún más gracia al cantante. Romeo no entendía absolutamente nada, menos la mujer que acompañaba al apuesto chico, Minerva, una de las modelos más requeridas últimamente. Se conocieron en la fiesta de bienvenida de la banda y desde entonces han estado saliendo un par de veces, sin códigos ni reglas, como a Dragneel le gustaba.

―¡Qué coincidencia! ―alzó la voz―, la gran Lu Heart en el mismo restaurante, ¿por qué no se sientan con nosotros? ―Natsu esperaba obviamente un sí por respuesta.

Lucy terminó quitándose el libro de encima y enfrentó la vergonzosa situación. Era imposible mirar al muchacho sin imaginarlo desnudo o recordando las cosas que hicieron sobre la arena. Forzó una risa y caminó hacia la mesa donde se encontraban todos para tomar a Romeo de la mano. ―Muchas gracias pero nosotros ya nos vamos.

―Pero mamá acabamos de lleg….―le cubrió la boca.

Más que nadie, Minerva deseaba que la mujer se fuera, pero tampoco era mala idea tenerla cerca y analizarla. O más bien, dejarle claro que Natsu le pertenecía a ella.

―Al menos tomen un refresco con nosotros. ―se integró la morena, sorprendiendo hasta a su acompañante.

―¿Y bien?

―Mamá, tengo hambre. ―Romeo estaba amurrado y seguía sin entender la extraña actitud de su madre.

―Si le diste a comer ensalada al niño no esperes que quede bien, vamos siéntense, yo invito. ―Natsu insistió. Había una cierta gracia en cómo decía las cosas.

Lucy se negó, convencida. ―Gracias otra vez, pero ya nos vamos. Despídete Romeo. Hasta luego. ―se fue alejando con su hijo de la mano.

―Adiós amigo. ―se despidió de su ídolo, Natsu le respondió de la misma manera.

«¿Qué se cree el muy imbécil? ¿Qué almorzaría con él y su estúpida novia en la misma mesa?, un momento, ¿por qué me siento tan furiosa?». Durante el trayecto en el auto, Elfman buscaba otro lugar para comer. Lucy tuvo que pensar y buscar una buena razón para darle a su hijo, habían abandonado el lugar sin darle una explicación lógica. Su hijo persistió todo el camino, hasta que decidió decirle una mentira piadosa.

―Lo siento amor, comencé a sentirme muy mal y por eso nos fuimos. Pero ahora pasaremos por unas hamburguesas, de esas que te gustan, ¿te parece, cielo? ―apretó el moflete de su pequeño, al cual no le agradaban mucho esos mimos, pero su propuesta le agravaba. Terminó asintiendo contento, lo único que importaba es que compartirían un día entero los dos solos.

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Una noche de sábado los chicos de Paradise City se reunieron en la sala de Fairy Tail a ver el programa de chismes a ocurrencia de Jellal, pensando que posiblemente la prensa publicaría algo sobre ellos. Por suerte una que otras fotografías de los integrantes con chicas, especialmente de Dragneel quien últimamente se la pasaba de arriba a abajo con Minerva Orland. El vocalista no se mostró molesto, al contrario, orgulloso de ligarse a una de las modelos más exóticas del país, aunque en gran parte eso lo tomara como un hombre comprometido él se encargaría de demostrarle a sus futuras conquistas de que no tenía dueña.

La siguiente noticia lo hizo cuestionarse muchas cosas. Un enorme titular como, Lu Heart junto a su familia con una hipócrita y alegre fotografía de ella junto a su hijo y el empresario Conbolt como si tuvieran la vida perfecta. Ella sonreía en tanto su esposo la abrazaba por la cintura, Romeo parecía ser como el fruto de una bella historia de amor, pamplinas, Natsu no estaba dispuesto a seguir oyendo ni viendo tanta porquería, por lo que después de apagar la televisión arrojó el control remoto lejos para que nadie se fuera por él; sus compañeros no moverían un dedo, era seguro.

Nadie le preguntó por qué. Solo lo observaron hasta que salió de la sala pegando un portazo de aquellos. Natsu tenía la cabeza como una piedra. Estaba encolerizado. Así lo demostró cuando apareció frente a la sala de la diva de Fiore, golpeando como una bestia enjaulada. Justo en ese momento Levy había salido y solo era Lucy quien se encontraba dentro. La rubia, asustada, optó por abrir pensando que ningún ser peligroso podría entrar a la empresa sin el consentimiento de seguridad. Podría tratarse de Loke desesperado o de alguien que necesite su ayuda, analizó cuando manoseaba la manilla apunto de girarla.

Y terminó abriendo la puerta enfrentándose a un Natsu Dragneel prácticamente furioso. ―¿Lu Heart y su familia feliz? ―entró a la sala sin preguntar y cerró la puerta con seguro para que nadie los interrumpiera―. Eres verdaderamente fácil de convencer, el tipo te recitó unos cuantos poemas y decidiste regresar aún después de cómo te humilló. Me das lástima enserio. ―se escuchaba tan frío y lleno de odio. Sus palabras eran como delgadas dagas clavándose una después de la otra sobre el pecho de Heartfilia que trataba de relacionar todo.

―¿Disculpa? ―ella alzó una ceja sin comprender.

Más furioso aún, se aproximó tanto que le cortó la respiración sujetándola por la cintura con fuerza. ―Volviste con Bora, ¿no es cierto?, regresaste con él sabiendo que no hay amor entre ustedes, teniendo claro que él jamás te tocará…―puso una de sus manos sobre el trasero de la rubia―…ni te hará sentir estas cosas.

La mujer contrajo el abdomen, rígida por el apretón en su parte posterior. Estaba tan fuera de sí que no podía frenarlo.

―¿Me podrías decir porqué volviste con ese viejo impotente? ―con la mano libre sostuvo su mentón para elevarlo dejándolo a una altura prudente para admirar su labios confusos sin dejar de acariciar sus muslos con la otra.

Lucy había tenido un solo amor en toda su vida. Eso contaba como lo que era la experiencia en el amor para ella, sumándole las novelas en la televisión, películas románticas y otras situaciones donde podía aprender más sobre ello. Esas cosas le fueron de ayuda para concluir qué estaba ocurriendo en este preciso instante. El chico estaba celoso o tenía el ego tan grande que no podía soportar que sus ligues sean compartidas, aunque descartaba eso, jamás quiso pertenecer a la lista de sus amantes. Entonces quedaba la primera opción.

―¿Por qué te importa tanto si vuelvo con él o no?

―No me interesa, solo quiero comprobar si eres tan patética como pensaba. Por tu cara puedo deducir que estoy en lo cierto. ―la hirió para soltarla como si desistiera de ella y caminó hacia la puerta. ―De todas formas, cuando te aburras del viejo por que no se le para, me llamas. ―alzó su mano despidiéndose antes de desaparecer. Quiso sonar como despreocupado, hasta sarcástico, pero su rabia fue imposible de ocultar y ella lo notó bastante bien.

―¿Qué ha sido eso? ―Lucy recuperó la respiración cuando la puerta se cerró.

Pudo haber sentenciado un montón de cosas al tipo por osar insultarla y tratarla de patética, pero muchas de las cosas que le dijo eran ciertas. Se encontraba en un crucigrama de emociones, entre la estabilidad familiar y la felicidad de su hijo contra la locura, aquella pasión perdida que volvió a tener en sus pulsaciones y ese orgasmo despampanante que solo Dragneel le había provocado. Era tonta al poner dos caras a la moneda cuando sabía que Natsu jamás dejaría su vida de donjuán para estar con ella, ni siquiera debía pensar que no debía pensarlo, era algo inexistente, fuera de sus opciones y todo lo demás. Estaba apestada y debía olvidarse de lo que ocurrió en la Isla Galuna a como dé lugar o perdería la cabeza.

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El crepúsculo y la vida bohemia formaban parte de la vida de un músico, especialmente los rockeros. Lo tenían más que claro los chicos de Paradise City o señores de la noche. Salieron a petición del vocalista a un local cercano para pasar un buen rato. Pidieron unos tragos para reír y compartir recientes anécdotas tanto juntos como por separado. El chico de mechas rosas requería un momento así, sin pensar en la rubia odiosa que lo ponía cascarrabias, era desesperante todo lo que tenía que ver con ella. Se despojó de aquella ira trago tras trago entretanto el dinero volaba para que el encargado del bar hiciera lo suyo.

Pero era solo el comienzo.

―¡Preciosas! ―llamó Natsu a cuatro mujeres que ya llevaban observándoles un buen rato―. Vengan a compartir con nosotros.

Como perros obedientes las chicas estaban junto a ellos en menos de un segundo, todas conocían muy bien al grupo y la fama que tenían. Cada quien escogió a una y empezaron a beber en serio. La música prendía el ambiente y los tragos lentamente los ponía de mejor humor.

―Vamos a un lugar más cómodo. ―una de las jóvenes se colgó del cuello de Natsu para darle una pequeña señal, era hora de divertirse. El cantante sonrió a gusto, su noche tendría sentido después de todo. Había tenido un pésimo día, jodido y maldito día en que vio algo en la televisión que despertó todos sus demonios internos, odiaba compartir, la simple idea de que Lucy estaba bajo o arriba de ese viejo lo hacía crujir sus dientes. No lo entendía. En ese preciso momento era imposible que analizara la situación de diferentes lados, solo su forma de pensar estaba latente y no era nada buena. Necesitaba quitarse a la rubia de la cabeza y si la joven que rogaba frente a sus ojos que la tomara como suya por una noche sería de ayuda no iba a dudar más.

Continuará…


Ayayai ese Natsu no tiene frenos!

Bueno queridos, aquí concluye el capítulo cuatro de OIAM que traje para ustedes como de costumbre un día domingo :3 espero que sea de su agrado. Yo estoy con oxígeno artificial debido al último capítulo de manga de FT 504 (en younkou productions ya salió por si gustan leerlo) y solo debo decir...OMG MY NALU FEELS *llora*. Ok, solo quiero que esta semana pase lo más rápido posible y saber qué ocurrirá XD

Agradezco a Funny Angy, Giuly, Guest, Edwinedx, JessieDragneel y CamiGout.

Saludos y un abrazo,

Kaya.