Los personajes no me pertenecen, solo a Kishimoto
La historia es una adaptacion de Sophie Jordan
disfruten!
TEASE
Intimidades Universitarias
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Capitulo tres
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Levante la vista y con una mezcla de decepción y alivio, comprobé que no era él. No ese tipo podía ser su abuelo en un futuro no muy amable
Karin se llevó el vaso a la boca, susurro "epa" solo para mis oídos y clavo los ojos en el escenario, dejándome sola con esto.
No, gracias, estamos b-bien – me preocupo descubrir que hablaba con dificultad. Karin era la conductora designada y yo había permitido que eso me diera un falso sentido de seguridad. Mi error.
El tipo corrió una silla y la giro, se sentó a horcajadas, su abultada barriga estiro la prenda manchada que asomaba por entre su chaleco cubierto de escudos.
Ya veo que están bien – coincidió con la voz cargada de doble sentido y me pregunte si de verdad creía que era remotamente atractivo. Karin continuo actuando como si el no existiera, con los ojos fijos en el escenario y siguiendo el compás de la música – realmente bien.
Mira, vinimos solo para – me interrumpió
Soy Danzo – se presentó, inclinándose hacia adelante y columpiándose sobre las patas delanteras de la silla.
Danzo – suspire, y le sonreí con los labios apretados – solo vinimos a escuchar a nuestros amigos – señalamos el escenario – no buscamos compañía.
Hundió los dedos en su barba y se rasco con entusiasmo.
Si claro – se burló – una chica que se ve tan buena como tú, siempre busca compañía.
Amedrentada, me pregunte cómo hacer para explicarle que no buscaba su compañía.
Se aproximó un poco más y las cuatro patas de la silla chirriaron contra el suelo de madera, su aliento rancio me envolvió. A esa distancia hasta pude detectar trozos de comida en su barba y lo más desagradable es que continuo acercándose. El hombre no entendía el concepto del metro cuadrado.
Realmente Danzo, no vinimos para… – trate de terminar pero él apoyo la mano en mi muslo, y lance una exclamación de rechazo cuando su manaza me dio un suave apretón. Le quite la mano y la deposite sobre la mesa. Sus amigos en la mesa vecina, rieron a carcajadas. También rio Danzo.
Está bien, ya te iré gustando – acaricio mi pelo corto – no he tenido quejas, todavía.
El tipo era puro encanto.
Quise preguntarle si las que no se habían quejado estaban conscientes, pero me contuve con esfuerzo.
De veras, no – le golpeé la mano. Estaba empezando a enfadarme. Sentí que la nuca se me erizaba. Odiaba sentirme así, me recordaba a cuando tenía quince años y era una ingenua que ignoraba todas las señales de alarma, convencida de que nada malo podía suceder.
Bueno, ya no tenía quince y tampoco pasaba por alto el aviso de las alarmas. Con el viejo Danzo, sonaban claras y potentes. Suficiente. Sujete la jarra y volqué el resto de la cerveza en su regazo.
Con una maldición, Danzo se puso de pie de un salto y la silla cayo con estrepito. Karin rio llevándose la mano a la boca, aunque con el gesto no pudo cubrir su risa de hiena.
Instantáneamente me aparte, en especial porque el rostro de Danzo se puso rojo, sus ojos viajaron de su ingle empapada a la mesa donde estaba su gente y sus mejillas se encendieron más. Sus amigos estallaron en carcajadas. El jadeo como un toro embravecido y su pecho se hincho como si fuera a hacer erupción.
La banda callo y Nagato bajo del escenario
Karin? – Miro de una a otra – que está pasando?
Danzo observo a Nagato con mirada filosa. Sus ojos oscuros brillaron como si estuviera por devorar algo especialmente apetitoso. Se adelantó un paso y con su peso voluminoso embistió al delgado cuerpo de Nagato, haciéndolo trastabillar.
Estas perras son tuyas? – pregunto amenazante
Karin lanzo una exclamación, Nagato la miro, luego a mí y al motociclista que lo superaba en unos cuarenta kilos. Antes de que pudiera reaccionar, Danzo actuó.
El ruido de hueso contra hueso fue doloroso, Nagato cayó sobre la mesa y luego al suelo, como un muñeco roto. Karin chillo, los compañeros de la banda lo ayudaron a levantarse. De inmediato, los amigos de Danzo se pusieron de pie y cerraron filas.
Que hiciste? – me gruño Karin, cuando la sombra de media docena de motoqueros cayó sobre nosotros.
Sacudí la cabeza con impotencia, mi estómago se rebeló y sentí la bilis en la garganta.
Vinieron al bar equivocado – sentencio Danzo, con su mirada focalizada en Nagato. Lo poco que se entreveía de sus labios en la barba tupida y enmarañada se curvo en una sonrisa desagradable. Extendió los brazos y con ambos puños se asió a la camisa de Nagato – y ahora chico, te voy a moler a golpes.
Oh maldición.
Las palabras no terminaron de salir de la boca de Danzo que ya todo estaba en marcha.
Hubo gritos y estallo el caos, Danzo y su pandilla rodearon a Nagato y sus desafortunados amigos. Los alaridos de Karin me aturdían. Se rompieron cristales y volaron sillas y mesas, me empujaron y tropecé, un codo me dio en un ojo, grite de dolor y caí al suelo viendo estrellitas entre las piernas de la gente.
Una mano sujeto mi brazo y jalo para levantarme, de pronto, alguien me alzo y me cargo. Pestañee y me concentre en el tipo que me llevaba en brazos, chico motoquero, el sexy.
Que haces? – quise saber
Te saco de aquí antes de que te aplasten – respondió y me estremecí al escuchar su voz por primera vez, era profunda y ronca, combinaba perfectamente con él. Se me puso la piel de gallina. Gire la cabeza para evaluar el caos ¿y Karin? ¿Y los otros?
Mis amigos! – exclame
Pero el negó con un gesto, sus labios estaban apretados en una línea recta.
La imagen de Karin pisoteada por los borceguíes de los motoqueros relampagueo en mi mente y entre en pánico.
Debes ayudarlo – le pedí
Tienes suerte de que te sacara a ti, no puedo acarrearlos a todos – me explico
Intente zafar de sus brazos, decidida a rescatar a mi amiga y los demás. ¡No podía abandonarlos!
Bájame –
Una sirena se activó a altísimo volumen y sin pausa, atronó como esos sonidos que hacen sangrar los oídos.
Todo callo en el eco de ese ruido, todos se paralizaron, incluido chico motoquero.
¡Suficiente! – grito una voz rasposa y mis ojos volaron hacia un hombre que estaba parado sobre el mostrador con un revolver en una mano y un megáfono en la otra - ¡nadie destrozara este bar hoy! ¡El próximo que revolee un puñetazo, se comerá una bala! – Para enfatizar, movió el arma en círculo - ¿entendido?
Era como haber entrado en una película de "Harry el sucio". Esto no puede estar pasando de verdad.
Esto es real, linda – su voz profunda resonó dentro de mí, dejando una estela de emoción en mi piel.
Aparentemente había pensado en voz alta, sobresaltada, puse mi atención en él. Su corazón palpitaba sereno y con fuerza debajo de la palma de mi mano que estaba sobre su pecho. La quite con rapidez y me cruce de brazos
Puedes bajarme, creo que ahora todo está bajo control – dije echando un vistazo comprobé que Danzo y su sequito regresaban a sus asientos, refunfuñando y con aspecto de niños castigados. El resto del bar los imito, acomodando mesas y sillas.
Claro – bajo mi cuerpo, que se deslizo contra el suyo del modo más desconcertante. Me apresure a retroceder para poner distancia entre los dos y lleve mi mano al cuello donde mi pulso latía como si quisiera escaparse de mi piel. Inspire su limpio aroma a jabón, agradable. Sobre todo en un lugar como ese, donde los olores consiste mayormente en sudor y humo.
Uh – chasqueo la lengua, mientras observaba de cerca – tendrás un ojo morado.
Toque la zona magullada e hice un gesto de dolor.
Busco a mis amigos y me marcho –
Seguro, buena chica – con el ceño fruncido, baje la mano y me voltee. Lo deje atrás y encontré a Karin con un brazo alrededor de la cintura de Nagato, quien no se veía nada bien. El lado derecho de su rostro estaba inflado, tenía el ojo cerrado por la hinchazón.
Los demás integrantes de la banda no se veían mucho mejor y comenzaron a recoger sus instrumentos con dificultad.
Te ayudo – dije y me adelante para sostenerlo del otro lado, pero ella jalo de Nagato, impidiéndolo.
Ya hiciste suficiente –
Yo? – exclame sorprendida
Hiciste que lo golpearan –
Yo? – repetí como una tonta
Si – Karin frunció la cara en un gesto que la hizo verse fea – arréglatelas para volver.
Estas hablando en serio? – Mire a mi alrededor – no puedes dejarme sola…
No es mi problema – dijo y paso a mi lado.
Atónita, la vi encaminarse hacia la puerta. De acuerdo, sabia que Karin no era muy agradable, no me gusto como trato a Hinata el otoño pasado cuando ella y Naruto empezaron a salir, y estoy segura de que los celos jugaron un papel importante en sus comentarios insidiosos. Pero eso fue hace meses. Jamás hubiera pensado que fuera capaz de dejarme varada allí.
Si, una noche muy divertida.
El resto de la banda fue tras ellos, cargando sus instrumentos y equipos. Ni se molestaron en ir a la barra para retirar su paga, pero para alguien que conduce un Toyota no estaba allí por el dinero.
Extendí un brazo hacia el baterista, mi última esperanza, pero me dedico una mirada de furia, a través de un ojo que pronto tendría un hermoso tono violeta. Era evidente que me culpaban a mí, y me abandonaban. Increíble.
Corrí tras ellos en mis piernas tambaleantes, esquivando gente. Alguien me dio un empujón y debí sujetarme de una mesa para no caer. El gesto brusco hizo que el mundo girara a mí alrededor y apreté los ojos en un intento de detener el mareo.
Alce la vista hacia la salida, aterrada de que se hubieran ido y perder mi oportunidad de que cambiaran de idea. Divise sus espaldas antes de que segundos antes de que la puerta de cerrar detrás de ellos.
Maldije y me apresure. Cuando salí, se estaban metiendo en sus autos. Un frio repentino, que nada tenía que ver con el aire invernal, me congelo las venas. La nieve que cubría el pavimento crujió bajo mis botas.
Karin! – grite al tiempo que resbalaba sobre un tramo de hielo y caía con fuerza, mi trasero recibió el impacto de la caída y por una vez me alegre de que estuviera bien acolchonado. Seré menuda pero por desgracia mi retaguardia podría servir de flotador.
Ella me oyó, pero observe con impotencia que de todos modos, se subía al vehículo. Me levante con dificultad y vi, estupefacta como encendía el motor y lo sacaba en reversa. El Toyota de Nagato salió detrás, conducido por el baterista.
Las luces traseras se fueron alejando y comencé a tiritar, tenía los jeans empapados y sacudí la nieve que se me había adherido. Para entonces, había empezado a nevar suavemente, apartando los copos de nieve de mis ojos gire y enfile hacia el bar con pasos cortos para evitar otra caída.
Sentía las piernas muy pensada; cada pisada era una tarea titánica, pero me obligue a traspasar el umbral. Al menos adentro hacia calor, aun así olía como un cenicero gigante.
Permanecí cerca de la puerta y me puse contra la pared en un intento de pasar inadvertida, con los dientes todavía castañeando busque mi teléfono en el bolsillo y presione el nombre de Hinata. Llamo cuatro veces y paso directo a buzón de voz, aparte el celular de mi oreja y mire con odio la pantalla iluminada, diablos Hinata, malditos conejos. Ya imaginaba que estaban haciendo, en lugar de dejar un mensaje, presione varias veces hasta que por fin, di con el botón para terminar la llamada.
Comencé a marcar el número de Ino… si es que conseguía acertarle. Ella estaba de novia con el mismo chico desde los dieciséis años, así que lo más probable es que no estuvieran haciendo el amor. Al menos algunos de sus comentarios me llevaban a la conclusión de que no tenían una vida sexual alucinante. Sai era un patán, una lástima realmente. Ino merecía algo mejor, merecía divertirse y tener a alguien que la idolatrara y ese no era Sai. Lo curioso es que yo era la única que me daba cuenta.
Tus amigos te dejaron? – gire bruscamente hacia el sonido profundo de su voz, el movimiento me hizo perder el equilibrio y trastabille. Chico motoquero hot extendió los brazos para evitar que cayera, pero retrocedí para que no me tocara. Levanto la mano con la palma hacia arriba como para proclamar que no estaba armado.
Mis ojos se movieron desde la palma hasta su rostro, era demasiado hermoso para ese bar, donde parecía que si tan siquiera rozabas a alguno de los presentes, necesitarías una dosis masiva de penicilina.
Solo que él era uno de ellos, un hermoso motoquero. Claro que eso parecía una contradicción en sí misma.
Se me escapo una risita, pero de inmediato cubrí el sonido con la mano, sacudí la cabeza suavemente para despejar los vapores del alcohol.
Estas bien? – pregunto apoyándose contra la pared a muy poco centímetros de distancia.
Si… si bien, y tú? Oh, espera yo? – balbucee con el ceño fruncido – porque? Porque me lo preguntas? No me veo bien?
Sus labios se extendieron en una media sonrisa, sexy, podría haberme pateado por hablar de más. Un simple si habría sido suficiente. Ladeo la cabeza con sus ojos profundamente concentrados en mí con una intensidad a la que no estaba acostumbrada. Como si él estuviera viendo más allá de la vestimenta y el peinado, viendo a la chica que había debajo.
Intente enfocar mis ojos, esas eran sus pestañas? Imposible. Eran demasiado largas para ser de un hombre.
Te ves borracha – respondió
Guau. Eran tan obvio?
Para nada, solo bebí unos vasos – me observo con escepticismo, al tiempo que yo ponía mi mejor cara de sobriedad. Sus ojos se dirigieron a la barra que se iba animando rápidamente, tal como vaticinaron las mujeres en el baño. Todo indicaba que la pelea había dado comienzo a la noche y ahora las cosas se ponían realmente buenas.
Estas varada aquí? –
No – mentí, varada me hacía parecer tan… indefensa.
Aunque fuera cierto, yo no era así. Sabía defenderme.
A donde se fueron entonces? –
Solté el aire, era difícil mantener la mentira cuando ahí estaba yo: sola, congelada, mojada y más alcoholizada de lo que me convenía. Pase una mano por mi cara.
El metió una mano de las suyas en el bolsillo de su chaqueta, pero no agrego nada más. Permanecimos apoyados contra la pared en silencio mirando fijo hacia adelante, separados por una corta distancia. Su cuerpo irradiaba calor. Hice rodar el teléfono en mi palma, nerviosamente, esperando que se fuera. No quería llamar a Ino delante de él y que notara lo desesperada y sola que me encontraba.
Hablo a mi lado, su voz, un murmullo profundo que retumbo por encima del bullicio:
Ya sé que no estas varada ni nada – había cierta burla en su tono? – pero podría llevarte a tu casa. Si quieres.
Voltee para estudiarlo, apoyando mí hombro contra la pared, lo revise de arriba abajo, evaluando cada centímetro de su ser de motoquero hot. Era realmente bello: pelo azabache azulado y ojos oscuros profundos y magnéticos. Lástima que era todo lo que yo jamás podría tener.
No tendré sexo contigo –
Se acomodó para quedar enfrentado a mí, también con su hombro en la pared. Sus ojos relampaguearon al pasar desde mi pelo hasta mis pies.
No recuerdo habértelo pedido – respondió.
Sentí que me sonrojaba, sus palabras sonaron tan despectivas como estoy segura de que era su intención y me indigne.
Y qué? Me llevaras simplemente porque eres un buen samaritano? Si claro, te creo – recorrí con la mirada todo su cuerpo, su chaqueta de cuero y sus borcegos. Era la fantasía caminando, si lo mío fuera perder el control y tener sexo desenfrenado con un chico malo, el sería el candidato perfecto.
Solo te llevo –
Nada en el anunciaba seguridad y sin embargo lo que me ofrecía significaba que debía confiar en él.
Jamás es "solo te llevo" – acomode un mecho húmedo y corto detrás de mi oreja. No, cuando volvía a casa con un chico, era mucho más que un simple trayecto desde un punto a otro.
Mira, princesa – dijo sin vestigios de broma en su tono, lo que claramente indicaba que se había cansado de los jueguitos. ¿Princesa? Ofendida, enderece los hombros – estas sola y ebria en el lugar equivocado – prosiguió – en este preciso momento hay una docena de tipos mirándote, tratando de ver el modo más efectivo de tener sexo contigo.
Parpadee. Se me dio vuelta el estómago, mire el salón una vez más y vi las caras, los ojos. Tenía razón, varios me estaban observando, me evaluaban.
Aquí eres como una ovejita entre la manada de lobos – añadió.
Si, diría que eso describe perfectamente cómo me sentía, una sensación que no me era desconocida. Y yo había jurado no sentirme así de vulnerable nunca más.
Sin embargo, ahí estaba yo.
Y tú no eres un lobo, correcto? –
No te preocupes, no me interesan las princesas, ni borrachas ni sobrias –
Contuve mis ganas de decirle que no era una princesa, pues sonaría como si le rogara su aprobación. Y yo no le suplicaba a ningún tipo que gustara de mí.
De veras quieres quedarte? – insistió
Mire el salón una vez más y Danzo eligió ese preciso instante para enviarme un beso volador… seguido de un gesto obsceno. Aparte la vista de inmediato.
Como pude terminar en un lugar como este sola?
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Melilove
