ADVERTENCIA: Esto es Yaoi, habrá momentos +18 tanto sexuales como violentos, así que no sean maricones y si no les gusta pues regresen al menú principal.
Descarga de responsabilidad: HQ! no es mío, si lo fuera hubiera apresurado el encuentro carnal entre Kuroo y Oikawa SE AMAN aunque no se conozcan xD (?
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Un jugador gana partidos, un equipo gana campeonatos.
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—Hola, Shoyo… soy Hanzel Senikov… estuvimos jugando hace unos días en el gimnasio, llegaste a la mitad del partido… ¿me recuerdas?
¿Quién iba a olvidar al setter que había ignorado maratónicamente a Kageyama fuera de la cancha, pero dentro lo había provocado tanto, al grado que el propio Kageyama remató dos veces seguidas sólo para cerrarle "la puta boca al puto extranjero"? Al menos fue el insulto que Tanaka juró haber escuchado decir a Tobio entre balbuceos aquel día del partido. Ahora ese mismo setter, maldito setter estaba ahí de pie con una sonrisa amable y educada, con ambas manos en los bolsillos del pantalón color negro de tipo escolar parado en medio de la puerta de salida de la preparatoria Karasuno. Habían pasado ya dos días desde que Kageyama levantara a todos gritando en la casa de los Hinata exclamando que Shoyo estaba muerto, aquel bajón en su frecuencia respiratoria lo había obligado a desistir de los entrenamientos del equipo por el resto de la semana, así que se iba temprano a casa.
—¡Ah! Extranjero —señaló enseguida Shoyo—. No me hables con tanta familiaridad, suena raro —inquirió casi al instante al darse cuenta que estaban llamando la atención. Aquel sujeto desprendía extrañas y exóticas esporas de elegancia, quizás era por el saco perfectamente planchado y limpio que llevaba sobre sus hombros o la mochila de diseñador, o el porte que se alejaba totalmente del desgarbado porte de estudiante japonés promedio.
—Sí, sí, el extranjero… y lamento que te resulte extraño… aún no me acostumbro a llamar a la gente por los honoríficos y por su apellido… —rió entredientes avergonzado el setter del equipo contrario.
Hinata y un par de chicas no tardaron en ruborizarse por el modo tan… perfecto en que sus dientes blancos parecían resplandecer. Era como si el estudiante foráneo estuviera en medio de una típica película americana donde el protagonista siempre luce atractivo.
—Como sea… no importa realmente… ¿qué haces aquí… ¿Hanzel? ¿Cierto?
—Sí… Hanzel Senikov —repitió.
Capítulo 4.
Hanzel Senikov
Algo que siempre había notado el nuevo Pequeño Gigante de Karasuno, y que el resto del equipo había notado también, era su extraña forma de lidiar con jugadores de otros equipos, solía intimidarse pero aún con eso podía llevarles la conversación y sí había que defender el honor del alma matter no se quedaba callado y graznaba hasta que era escuchado; los casos con Cabeza de Nabo-kun, El sin cejas, Japan, El Cepillo y el Gran Rey* documentaban aquella aseveración sin embargo, le costaba mucho cuando las personas se acercaban a él sin un motivo fijo, con los antes mencionados tenían en punto en común: la ambición por seguir en la cancha y pasar a una final para obtener una preciada victoria en una gran cancha frente a muchos espectadores… pero con el chico con el cual se encontraba sentado en la acera frontal de la tienda de la familia del entrenador Ukai lo único que tenían en común es que ambos eran estudiantes de preparatoria y ambos practicaban el mismo deporte. Shoyo se sentía incomodo.
—… —lo espiaba de reojo mientras engullía rápida pero silenciosamente su bollo de carne, Shoyo no entendía para qué había ido a buscarlo en primer lugar a él. Cuando había montado su número de tratar de poner cada intimidante como la de Tanaka-san y gruñirle: "Quieres pelea", el extranjero se había partido de la risa pues enseguida el estomago de Hinata había chillado de hambre; así fue como ambos terminaron en aquel lugar. Ahora el sujeto parecía inmerso en un libro tamaño bolsillo que parecía ser un manual.
—Así que Hinata tiene relación con el "sol".
—¿Ah? —ladeó el rostro el aludido cuando el otro había hablado.
—Hinata —señaló el nombre en el librito que había estado leyendo. Era un diccionario de japonés para extranjeros donde se explicaba a grandes rasgos los caracteres más comunes como "luna" y "sol", "noche" y "día".
—Hmp… sí… algo así es por la forma en que se escribe… —respondió con desconfianza el bloqueador.
Desde el interior de la tienda la tía de Ukai veía al par de niños, se le hacía tierno que dos amiguitos platicaran animadamente en el frente de su tienda, a los ojos ignorantes de la señora se desarrollaba una adorable escena típica escolar. Cuando en realidad el pobre local no sabía qué estaba ocurriendo ahí. Motivado por la incertidumbre y la ansiedad, Hinata aclaró su garganta después de tragar el último bocado de su bollo, se giró a ver al moreno de cabello largo y frunció la nariz.
—¿Para qué has venido, Hanzel-san?
—Han… sólo dime Han… Hanzel me dice mi mamá cuando está muy enojada… y creeme que no te pareces en nada a mi mamá… —murmuró el extranjero con un japonés copioso pero bastante bueno, guardó el manual en su mochila y recargó su codo en su rodilla, su rostro en la mano para observar mejor a Hinata—. Shoyo… ¿te gusta jugar mucho volibol?
El menor descompuso el rostro y frunció el rostro: "¿Qué sí me gusta?"
—¿Entonces por qué no estuviste en el campamento juvenil de Japón? —preguntó directamente el extranjero.
Shoro relajó el gesto, palideciendo de paso, la comida que recién había ingerido se evaporó dejando un extraño vacío, su rostro fue bajando hasta que sus ojos quedaron clavados en el piso. Recordó entonces a Ushijima: "De la basura no brota nada bueno". Kageyama ya era el Rey de la cancha y Tsukishima tenía su altura, en cambio él, literalmente había empezado a jugar verdadero voleibol desde que había ingresado a Karasuno. Había nacido de la basura. Apretó los labios.
—No fui requerido —expuso sin muchos tapujos.
—Hmp… pero tu setter y el otro bloqueador fueron llamados… ¿tú por qué no?
—No fui requerido —repitió.
—Quizás no tengas la altura que tu asombroso compañero ni la entereza de tu armador pero de verdad que tienes una monstruosa condición física además…
—¡No fui requerido! —gritó al punto que la señora en el interior de la tienda se asomó para ver qué ocurría. Senikov ni siquiera se inmutó, lo seguía viendo en la misma posición.
—Pusiste la misma expresión cuando los aplastamos el fin de semana —señaló el extranjero incorporándose lentamente—. Vi el partido que dieron contra el Shiratorizawa y a pesar de que estabas acorralado seguiste peleando, con tus propias garras te aferraste a la idea d eganar y la hiciste realidad aún cuando llevaban dos puntos en contra para ganar el partido… y es extraño… porque nada de eso que vi en la cancha del gimnasio de Sendai lo vi en la cancha de Karasuno el fin de semana pasado —murmuró fríamente metiendo ambas manos en sus bolsillos, aquellas palabras habían acabado por taladrar los oídos de Hinata que estaba al borde del llanto, él sabía que no era el mismo de aquella acérrima final, no era el mismo que había hecho su berrinche porque no había sido convocado a los entrenamientos, no era el mismo que se había levantado aquella madrugada con la garganta cerrada y al que habían llevado de urgencias al hospital sólo para decirle: Te puedes morir porque tienes cáncer, ni siquiera era el mismo de ayer, el Hinata de hacía una hora, incluso, había muerto un poco más.
— Por desgracia —el extranjero volvió a hablar rompiendo la ensoñación pesimista que se había formado alrededor del bloqueador, y sus ojos, sin luz y enojo, se habían posado en los oscuros del americano— nos tenemos que empezar a preparar para el Campeonato mundial de la federación, Sub-16… así que no podemos regresar a Miyagi por algún tiempo, el siguiente año yo debo hacer un par de viajes a mi país para aplicar los exámenes de la universidad y no se dará la oportunidad de que volvamos a jugar así que vine hasta acá para preguntarte directamente: ¿Cuáles son tus planes, Shoyo?
—¿Mis planes? —confusión se dibujó en el rostro de Hinata que parecía le hablaban en otro idioma.
—Sí… tu entrenador le comentó al mío que entraste a Karasuno motivado por un partido oficial que viste por televisión, anhelabas convertirte en un tal… "Pequeño demonio"… no "Pequeño Gigante", ya lo lograste… ¿ahora qué vas a hacer cuando ganen el campeonato nacional? ¿Qué vas a hacer en la universidad? ¿A qué equipo estás aspirando? —interrogó con seriedad absoluta.
Un silencio sepulcral se produjo entre ambos. El viento de la tarde de la prefectura de Miyagi parecía hacer juego perfecto al sufrimiento que se empezaba a encarnar junto a la desesperación, Hinata no había pensado más allá del Karasuno, más allá de las nacionales.
"Cáncer, Shoyo"
"Es un cáncer y el cáncer mata"
Apretó sus labios, él no se tenía permitir aspirar más allá de ello. Negó lentamente.
—Convertirme en el nuevo Pequeño Gigante —dijo, es para lo que tengo tiempo.
—Ese es el problema, Shoyo… sigues aspirando a convertirte a una figura que se ha ennegrecido en el recuerdo común de lo ordinario…
Aunque había sido una respuesta dada tras habérsele orillado a responderla el bloqueador del Karasuno se tensó de pies a cabeza, la imagen que él poseía del Pequeño Gigante era una de las cuestiones más sagradas que poseía en su vida, quizás tenía la misma importancia y lealtad que depositaba en el amor que sentía por su pequeña hermana Natsu. El Pequeño Gigante para él era esa deidad pagana a la que le levantaba tributos cada vez que podía rematar y contemplar el panorama desde la cima.
—Ese no es asunto tuyo —rezó para no caer en las provocaciones, ganas de tirar encima de ese tipo y callarle la boca a guantazo limpio no le faltó para nada. Sin embargo, si cometía semejante barbarie iba a terminar implicando el nombre de la escuela, aún llevaba el uniforme puesto y corría el riesgo de que fuera visto, por ende denunciado a dirección, la cosa no iba a terminar bien; recogió su mochila la dejó sobre hombro y comenzó a caminar con calma.
—Shoyo, estoy hablando contigo, es asunto mío porque veo como desperdicias vocación y visión.
—¡Tú qué sabes sobre desperdiciar tiempo y esfuerzo! —gritó el japonés pero al instante se arrepintió, sintió como el aire se convertía en espinas que rasgaban en carne viva el interior de la garganta. Había empezado a sangrar hacia dentro, o al menos eso creía pues el sabor metálico empezaba a llegar hasta su boca. Quizás era la sangre de las llagas que la enfermedad le estaba regalando o quizás sólo era la ira que experimentaba en ese instante. Las palabras de aquel sujeto le recordaban a su primer partido oficial.
"¿Qué has hecho en estos tres años?"
Desde entonces se había prometido no volver a desperdiciar un solo día, entrenaría más duro que cualquier otro para convertirse en el nuevo Pequeño Gigante, seguir esos pasos y… y ahora debía de ir a casa para reposar pues el cuerpo empezaba a sucumbir a la anestesia del medicamento tomado durante el receso. Odiaba eso. Odiaba que su cuerpo lo empezara a traicionar, pero más odiaba al extranjero que petulante lo miraba desde su posición.
—Nunca dije que estuvieras desperdiciando tiempo y esfuerzo, Shoyo —advirtió con voz templada el americano, casi como si le dedicara palabras de seducción a una de sus conquistas. Hinata no comprendería si no hasta años más tardes que aquellos ojos oscuros que le miraron no predicaban soberbia ni desprecio si no comprensión absoluta—. Sólo te digo que es momento en que comiences a lanzar tu caña más allá de una figura de estrella juvenil… tu setter en tres años tendrá la oportunidad de volverse parte de la selección adolescente de Japón… el otro chico de lentes tiene una buena propuesta para una beca deportiva y ni siquiera terminan el primer año de escuela… la vida se trata de carreras Shoyo… y por más talento que tengas, por más esfuerzo, por más agallas que le pongas déjame decirte que te estás quedando atrás —la última palabra había saltado endurecida de los delgados labios del extranjero, salpicando su discurso con un acento extraño propio de quien aprende a la fuerza una segunda o tercera lengua adicional a la nativa.
Hinata sólo pudo bajar la mirada con los ojos clavados en las pequeñas hormiguitas que se movían una detrás de las otras. Nunca se había planteado aquella idea y ahora al conocer todo el panorama de una vida que se apresura furiosa contra él, quiere saber más, quiere saber qué pasa, quiere saber qué hacer. De pronto el mundo pacifico que conocía eclosionó de modo brutal ante sus ojos, haciéndole sentir totalmente desprotegido y débil. Las alas del cuervo se tambalearon ante un fuerte viento huracanado. Sus grandes orbes se ensanchan más produciéndole escozor que terminan por convertirse en lágrimas. Sus rodillas cayeron de golpe interrumpiendo la peregrinación de las hormigas y sus manos trataron de cubrir aquel llanto desbordante. Hanzel ladeó el rostro y se acercó con lentitud hasta el japonés.
—Aún hay tiempo para que arregles eso, Hinata… por eso estoy aquí, por eso recorrí tres horas en tren… me enerva ver gente talentosa que se sosegar por ídolos falsos…
—El pequeño gigante no es un ídolo falso… —balbuceó el cuervo.
—¿Entonces dónde está tu ídolo en este momento? —reiteró el otro de forma cortante antes de alejarse. Hinata dejó de llorar contemplando otra certeza que había pasado por alto. Era como si de un momento a otro le hubiesen roto la inocencia justo delante de la cara—. Si te interesa mejorar… subir de nivel y adquirir un nuevo sueño… ven a Horizon —pidió el americano mientras sacaba de su pantalón el ticket de la tienda donde había comprado aquellos bollos de carne, anotó con una pluma un par de garabatos y lo entregó a Hinata que con una mano recelosa cogió el pedazo de papel, al tiempo que lo jalaba para levantarlo del piso, lo jaló fuerte al punto que Shoyo trastabilló algunos pasos hacia atrás—. Frank va a estar contento de verte… seguramente también los chicos…
—¿Qué? Espera… no voy a dejar Karasuno… —exclamó bastante frito por dentro.
—No te estoy pidiendo que dejes nada —Senikov había avanzado varios pasos hacia el bloqueador y ahora el menor estaba contra la pared lateral de la tienda, los frigoríficos les cubrían—, Shoyo, te estoy diciendo que vengas… para que te enseñemos tus verdaderos limites y de pasó, quizás, te podamos ayudar a que los superes… —se reclinó un poco sobre él y el corazón le latió desesperado al cuervo debido a lo que el otro decía, una brecha para mejorar, su mano apretó el papelito en su mano—… el mundo parece lleno de impedimentos pero estos existen sólo para ser vencidos por los humanos…
—¡Hinata! —gritó la ronca voz del setter del Karasuno, el muchacho iba apresurado con el corazón saliendo del pecho. Hinata respingó al notar el gesto furioso que su compañero llevaba en el rostro al mismo tiempo que no pudo dejar de lado el que aún llevaba el uniforme del entrenamiento, incluso las desgastadas zapatillas Asics negras con vivos grises que usaba para entrenar. El del Horizon se cuadró bajando las manos de la pared donde tenía acorralado al cuervo y suspiró mirando al que llegaba con la respiración copiosa su mano—. ¿Qué mierda haces con Hinata? —preguntó furioso Kageyama empujándolo ligeramente del hombro para que se alejara pero el otro apenas se movió nada, se necesitaba más que eso para poder moverle, y no por joder a Kageyama si no porque su cuerpo estaba adiestrado a empujones bruscos del calibre de un tío que pesaba unos 70 kilos y medía 1.90, su rematador.
—Tobio ¿cierto? Sólo hablaba un poco con tu amigo… no planeaba comérmelo… —contestó con voz dulzona el extranjero. Hinata por algún motivo sentía nervios al tope, pero éstos aumentarlo al darse cuenta de que tan cerca estaban sus zapatos de los zapatos ajenos, fue entonces realmente consciente de toda la situación y las posibles implicaciones que estar ahí "encerrado" entre la pared y Senikov podía ocasionar en el pensamiento de Kageyama; había escuchado a las chicas hablar de ello se llamaba: Kabe-don. Las chicas se morían porque el chico que les gustaba se los hiciera pero… aquella situación era totalmente distinta, él era un chico, Senikov no le gustaba y Kageyama los había encontrado, todos los elementos para el desastre, empezó a sudar frío. Sus manos empujaron el pecho del extranjero notando en un intento por escapar de ahí y dar cara a Senikov, pero el medicamento le restaba fuerzas considerables a últimas fechas, por eso sólo iba cuatro de los seis o siete días de entrenamiento que había a la semana. Por lo tanto, aquellas manos que empujaban sintieron debajo de sus palmas algo bastante peculiar: la dureza del vientre y tórax general del americano.
Senikov y Kageyama observaron la acción con detenimiento como si lo que estuvieran presenciando fuera alguna especie de acto circense desagradable o fantástico, sus gestos iban de aquí a allá, claramente no se explicaban que diablos estaba haciendo el del pelo naranja, pues Hinata no estaba empujando al contrario, lo estaba acariciando curioso al comparar en su cabeza esa dureza con la de una pared: una firme y fuerte pared—. Quizás… si me lo podría comer… —agregó mordaz el americano sin molestarse o asustarse al toque que le daban, haciendo gala del mito sobre la mente abierta occidental.
—¡Hinata! ¡¿Qué mierda haces, idiota?! —vociferó fuera de sí el setter. El aludido reaccionó brincando y Kageyama en dos movimientos había recogido la mochila, el saco del gakuran y tomó del brazo a Hinata al cual literalmente arrastró consigo.
—¡Eh! ¡Kageyama-kun! ¡Kageyama! —gimió al tiempo que movía con rapidez sus cortas piernas tratando de seguir el ritmo de las zancadas del menor.
El setter del Horizon observó todo con curiosidad y rió entretenido, ese par era divertido. Iría a dar una vuelta por el pueblo para llevarles algún regalo a los chicos de su equipo, estarían felices de saber que posiblemente habían encontrado a un potencial aliado. Un graznido de cuervos provocó que alzara la cabeza y viera como pasaban tres cuervos sobre sí. Uno de ellos estaba dejando caer un poco de mierda sobre el pavimento más o menos a uno o dos metros de él. El gesto del setter fue serio entonces. Dejó ir su mirada hacia donde Kageyama había secuestrado a Hinata y volvió a reír.
Un cuervo de Miyagi entre lobos de Kawasaki, esto será interesante.
—¡¿En qué mierda pensaste en seguir a ese tipo tú solo por ahí?! —vociferó Kageyama sin poder calmar el volumen de su voz, la gente a su alrededor los observaba pero no le importaba al colocador, lo único que deseaba en ese momento era seguir avanzando hasta llegar a Tokio para alejar lo más posible a Hinata de aquel pendejo. Sí, pendejo. Lo había pensaba. Era un pendejo. Lo odiaba desde ya por atreverse a acorralar así a su idiota. Sólo él podía maltratar a Hinata, después de todo era un contrato implícito: él le daba las mejores colocaciones de la vida y a cambio Hinata aguantaba a pie de cañón su mal temperamento, así era como funcionaba y es por tal motivo que seguían juntos.
—Kageyama… Kageyama… Kageyama… —trataba de interrumpirlo Shoyo pero sólo podía seguir caminando tan rápido como sus pies se lo permitían. Al doblar en una esquina fue cuando el moreno se dio cuenta y se detuvo en seco. Se giró a ver a Shoyo que con un gesto indescifrable le señaló un reloj que pendía de una luminaria sobre ellos. Eran las 7.50 de la tarde y el sol ya empezaba a menguar sobre sus cabezas—. Mi bicicleta se quedó en la escuela… y creo que tus cosas también… ¿cierto? —señaló mientras lo miraba de arriba abajo. Aunque no se veía mal con shorts y la sudadera color crema, sería un problema que sus libros y uniforme se perdieran.
—Regresar a la escuela nos va a costar —pensó en voz alta Kageyama sin soltarle la mano al menor, aunque en realidad no quería volver y encontrarse a aquel pendejo. Sí, seguía llamándolo pendejo. Lo detestaba y esperaba que el tren en el que se iría a Tokio se estrellara y muriera sólo él como parte de un evento aislado a los que la gente hace referencia cuando platican en la sobremesa: "Oh ¿y recuerdas a ese pobre diablo –pendejo- que fue el único muerto en aquel accidente de trenes?", sí era una buena línea para sacar a colación—. Enviaré un mensaje a Tanaka-san para avisarle que dejé allá mis cosas y le pediré que se lleve tu bicicleta…
—¿Ah? —ladeó el rostro Hinata, le sorprendía lo rápido que podía pensar Kageyama en ciertas situaciones fuera de la cancha—. ¿Y cómo me iré a casa? ¿y tu tarea?
—No tengo tarea —mentira, sí tenía—. Y avisarás en tu casa que no volverás…
—¿Y dónde me voy a quedar entonces? —habían vuelto a renaudar su marcha.
—¿Eres idiota o te haces el idiota, Shoyo?
Hinata no tuvo argumento tras escuchar tan nítidamente –naturalmente- su nombre de pila en la voz que de a poco iba madurando de su setter. Hizo su mano puño y apresuró el paso para ir más cerca de él, para no llamar tanto la atención. Durante todo el rato que estuvieron caminando, como diez minutos, no dejó de dar vuelta al sonido de la voz de Kageyama enunciando su nombre: "Shoyo", jamás le había sonado que su nombre sonara con tanta clase como cuando Kageyama lo llamaba por él.
—Tobio… —llamó ahora él, y aunque le gustaba como sonaba, no se acercaba ni a poco a la formalidad que adquiría su nombre. Suspiró un poco dolido, hasta en eso el setter parecía un genio fuera de este mundo. Por nada estaba en la "mira" de aquellos examinadores de la selección japonesa de volley.
—¿Hmp? —El mayor alzó la mirada saliendo de sus pensamientos para encontrarse con los ojos azules mirándoles fijamente—. ¿Qué sucede?
—Nada… ¿por qué?
—Me llamaste… ¿qué quieres? ¿Tienes frío? —cuestionó serio.
—No… sólo, no sé, lo olvidé —sonrió enorme y después ladeó el rostro—. ¿Cómo te enteraste de que estaba con Han-san?
—¿Han-san? —su ceño se arrugó un poco más—. Daichi-san mencionó que una de sus compañeras te vio irte con un chico que traía un uniforme que no había visto por la zona… y después llegó Tanaka contando que te había visto marcharte con el setter de Kawasaki así que… supe que fui a ver qué quería.
—¿Sólo por eso viniste corriendo desde la escuela?
—Sí… mierda… desde el partido me di cuenta que el setter te miraba mucho, armó jugadas totalmente distintas una tras otra y no dejaba de verte como si fueras… pues no sé… no te perdía de vista… no me dio buena espina… así que al final tuve razón… ¿qué te dijo a ti?
—Pues… —Hinata se quedó pensando un momento—. Sólo vino para ver si no se habían quedado unas toallas en el gimnasio que eran del tío ese enorme.
—¿Toallas? ¿Vino desde Tokio hasta Miyagi sólo por toallas?
El mayor alzó los delgados hombros y Kageyama no quiso preguntar por qué lo tenía acorralado contra una pared y por qué Hinata estaba temblando en ese momento, quizás era frío, pero si Hinata ya había negado esa posibilidad sólo le basto al colocador soltar un poco la muñeca y cogerle por la mano para darse cuenta que la piel estaba fría. Suspiró tratando de no volver a explotar y gritarle, ignorando el palpitar desbocado en el cuerpo del bloqueador ante el contacto de ambas pieles. Por suerte para Kageyama y para Hinata se detuvieron justo frente a una casa de dos pisos con fachada pintada en colores grises y azul oscuro. El menor se apresuró de forma familiar hasta la puerta y sacó de por debajo del tapete una llave con la que abrió el lugar.
—Tadaima —anunció su presencia y apremió a Hinata a que hiciera lo mismo.
—¡Okaeri! —gritaron desde algún punto de la casa.
—Es tu casa… —resolvió Hinata.
—Sí… es mi casa —contestó al tiempo que una mujer madura aparecía por el pasillo secándose las manos en el overol de mezclilla que llevaba, la camisa blanca arremangada hasta los codos y el cabello oscuro recogido en una cola de caballo, ojos rasgados y de un azul muy claro, parecía combinar con la casa por completo. Piel pálida y rasgos marcados en el rostro, pómulos prominentes pero bonitos y una nariz pequeña respingada—. Madre… él es un compañero del club de volley —dijo estoico señalando al menor de cabellos naranja.
—¿Hinata Shoyo, cierto? —Cuestionó ignorando a su hijo mientras se acercaba a zancadas hasta el bloqueador para atraerlo y abrazarlo con fuerza—. No puedo creer que por fin conozco al famoso Shoyo-kun —espetó emocionada enteramente apretando más y más al menor.
—¡Madre! —gimió indignado Kageyama al ver como Hinata pedía una explicación ante el adjetivo de "famoso".
—Oh Tobio-kun, ve a traer el móvil que llamaré a la madre de Hinata para decirle que me voy a quedar con su hijo, es tan pequeño y adorable como habías dicho —dijo la mujer despegándose del menor para cogerle de las mejillas—. Pero por dios, estás todo frío… ven, ven… Tobio-kun trae un cobertor y pon a calentar el té —ordenó y el aludido sólo le saltó un tic nervioso para apresurarse a hacer todo lo solicitado. Hinata no comprendía la situación surreal a la que se enfrentaba en ese momento.
—Ay ay ay… soy la madre de Tobio, me puedes llamar "tía" ¿de acuerdo? —preguntó mientras que lo adentraba a la sala de estar.
—Sí, muchas gracias espero no estar causando una molestia —se mostró tímido, de la familia de Kageyama se esperaba un par de señores todos estirados, críticos y severos, algo así como dos maquinas frías y duras… pero en cambio, aquella mujer parecía muy normal, muy cálida, verla sonreír era hermoso, trataba de concentrarse en lo que le estaba diciendo pero no podía dejar de pensar si Kageyama se vería igual de brillante cuando sonreía desde el fondo, con esa dulzura y calidez con que la mujer destilaba. Después rió cuando ella rió pues no quería ser descubierto en sus ensoñaciones—… y me dijo que tú querías ser como el pequeño gigante y no entendí hasta que me mostró un vídeo de uno de los partidos que tuvieron ¡fue impresionante verte saltar! —dijo enteramente emocionada. Los ojos castaños de Hinata se abrieron a la par de sorprendidos y fue su momento –involuntario- en que llenó de luz toda la habitación con su sonrisa.
Ambos Kageyamas, la señora que estaba sentada a un costado de Hinata, y Tobio que entraba con la manta y el teléfono, se quedaron absortos por la luminosidad efímera del rostro del menor siendo sometido a aquella hermosa y grande sonrisa.
—Gracias… pero en realidad es su hijo por el cual puedo seguir en la cancha, señora Kageyama.
—Oh… —parpadeó la mujer sin saber cómo reaccionar a eso hasta que una tos copiosa interrumpió la escena. Tobio se apresuró con el corbetor y se lo echó encima a Hinata mientras lo frotaba con ambas manos, flexionándose para cogerle de los dedos y apretarlos entre sus propias manos para hacerle entrar en calor.
—Idiota… ¿no traes tus guantes en tu mochila? —preguntó irritado el setter.
—Sí, sí… aquí están…
—¿Y por qué no te los pusiste? —insistió ahora jalándole un mechón de cabello sólo para después volver a aprisionar los dedos de Hinata.
Fue entonces cuando la mujer se dio cuenta que enfrentaba a un nuevo y misterioso territorio, sus delgados dedos acariciaron sus labios buscando ocultar como estos se entreabrían, sus mejillas adquirieron un color rojizo y sintió un tibio descanso en su pecho. Siempre había pensado que su hijo, quien había heredado el pésimo carácter de su padre, iba a terminar tal como su esposo hubiera terminado sino la hubiera encontrado a ella: sólo y amargado, pero ahora… el panorama se expandía y ella no era quién para juzgar los designios del destino.
—Iré a preparar un chocolate caliente… —anunció incorporándose—. Shoyo-kun, llama a tus padres y Tobio-kun empieza a preparar el baño para Shoyo por favor… prestale una pijama para que duerma más cómodo ¿vale? —pidió antes de reír y empezar a canturrear que haría un chocolate, un chocolate calentito para sus cuervitos que habían tenido un día bastante movidito~.
—Tu madre es increíble —confesó Hinata viendo como sus manos revueltas con las ajenas.
—Idiota —no supo que contestar ante el alago.
Poco después ambos estuvieron cenando chocolate calentito con pan dulce. Hinata tomó un baño y se encontró rodando sobre la cama de Kageyama que era una cama occidental y no un futón como en su casa. Brincó sobre el colchón hasta que llegó Tobio y lo bajó a punta de patadas, ambos rodaron por el suelo chocando una y otra vez con las patas de la cama hasta que Hinata, cansado de reír se detuvo quedando sobre el pecho de Kageyama que entendió que había sido suficiente al sentir como el menor respiraba por la boca, dejó caer sus manos a los costados dejándose llenar por el peso muerto que ejercía Hinata sobre su cuerpo. Cerró los ojos concentrándose en las palpitaciones de su corazón, en controlarlas pues hasta el momento habían estado riendo sin control, pero cuando pasara un rato más el de cabellos naranjas iba a notar que el corazón de Kageyama no se detenía y seguía palpitando cada vez más rápido.
—Tu corazón late muy rápido, Kageyama-kun —susurró Hinata. Ya lo sé, idiota—. El mío también…
Hubo un silencio y cerró sus ojos mientras que aspiraba con fuerza el mayor el olor del suavizante de tela que desprendía la ropa de Kageyama.
—Aquí todo huele a Kageyama… es genial.
—Idiota…
—No… di mi nombre, Kageyama.
—Shoyo —complació con voz baja.
—Otra vez, Kageyama.
—Shoyo —repitió y tragó saliva.
—¿También lo sientes, no?
—¿El qué?
—Como todo pasa tan rápido… como un remate, ves la bola venir… sube, se detiene y cae… estoy cayendo, Kageyama… pronto van a dar remate y me voy a estrellar al piso.
—Tú eres una bola que sin duda salvaría —espetó.
—¿De verdad? —el tono empleado por Hinata fue sincero. Era lo que quería escuchar. Pero no recibió respuesta sólo una mano que se hundía en sus cabellos, sus ojos buscaron entonces los de Kageyama y éste empujó la cara de Shoyo contra su pecho nuevamente ejerciendo una suave presión para que no le mirara, y como medida preventiva cubrió con su brazo libre su rostro dejando que un par de lagrimas se escurrieran por sus sienes, no entendía porque tenía tantas ganas de llorar y gritarle a Hinata que él volvería a convertirlo en una "bola libre" para que pudiera seguir viendo desde lo alto el otro lado de la cancha.
El cabello de Hinata olió durante toda la mañana siguiente al shampoo que él usaba, inclusive su ropa también olía a él, por algún motivo le hacía sentir bien que Shoyo lo recordara por medio de ambos factores, era como empujar un recuerdo involuntario. Ese día Hinata había prometido ir al entrenamiento pues se había sentido bastante bien, al parecer el no tener que recorrer el camino en bicicleta le había sentado de maravilla aunque ahora tendría que volver a casa en ella y quizás, empezaría a coger el autobús, probaría que le hacía mejor a la salud y si tenía que sacrificar 200 yenes diarios para el transporte con tal de sentirse bien todas la mañanas y poder entrenar, lo haría, después le pediría a su padre que le comprara la pasmo* para que no costara tan cara.
Kageyama tuvo que ponerse al corriente con las tareas no hechas por lo cual no se apareció en el salón de Hinata ni alrededores hasta la hora del entrenamiento, en el cual todos se emocionaron al ver al sol de Karasuno. Estaba al tope, aunque Hinata se sentía en un limbo, habían pasado varios días sin ir a la práctica pero podía notar como Yamaguchi afinaba más y más su saque flotante, sin contar el saque con salto asesino de Azumane. Él por su parte no desmejoraba pero tampoco mejoraba, estaba ahí, estático. Apretó la pelota entre sus manos lo único que podía hacer era saltar bien alto y rematar con todas sus fuerzas hasta que literalmente la vida se le fuera.
—Hinata, no te excedas… ¿quieres? —ahí estaba, la importancia del entrenador, comprendía que se preocuparan por él pero… él quería seguir, él no se quería quedar atrás, él no quería ser el cuervo de las alas rotas que no pudiera llevarle el paso a su parvada, porque sí se descuidaba un momento la parvada completa lo iba a dejar atrás tal como el cuervo de aquella historia de las mil plumas, sólo que a diferencia de ese cuervo, Hinata sólo tenía una pluma mágica y esa era su poder de salto.
—¡Hinata! —el gritó de Kageyama, esa bola era para él, corrió con todas sus fuerzas y saltó para rematar. Descendió y sonrió, el calor del cuero y costuras que eran el balón, la transpiración que se había acumulado y ahora resbalaba debido al saltó. Suspiró.
—Una vez más… —pidió y recogió uno de los balones para tirarlo a Kageyama que volvió a colocar y se repitió la ecuación. No podía haber ninguna variante.
—Oi, Hinata —llamó Ukai una vez más y el aludido se acercó, iba con una botella de agua, descansaba de su consecutivo de diez remates—. Un chico del Horizon te está buscando allá afuera… date prisa, por favor… —pidió el teñido. Kageyama que había alcanzado a escuchar salió otra vez detrás de él con paso de superioridad plena, pero ya listo de echarle pleito al tal Han, sólo se encontró con el otro chico, el japonés, el que había llevado la playera número 8 durante el partido, el especialista en saques. Se detuvo al ver que hablaba tranquilamente con Hinata. Le daría su espacio y atacaría si lo creía conveniente, pero el encuentro fue en realidad más rápido de lo que pensó, pronto Shoyo hacía una reverencia con el cuerpo y el otro se alejaba hacia la salida. El problema, en realidad, vino cuando al girarse Shoyo parecía cargar algo entre sus manos. Kageyama ladeó el rostro.
—¿Qué es eso?
—Un regalo.
—¿Un regalo?
—Un regalo —repitió Hinata mientras desenvolvía la caja que contenía el presente.
—¿Por qué ese desconocido te trae un regalo?
—Hmp… —decidió no responder eso y en su lugar terminó por descubrir una caja de "Nike: polainas de un kilo talla mediana".
Kageyama y Hinata observaron la caja. Después se miraron entre ellos, y enseguida reaccionó Hinata para apartar la caja del alcance de Kageyama que tuvo las intenciones animales de coger aquella caja y mandarla a la mierda, mandarla de una hasta Tokio sin escalas.
Estaba dicho, Kageyama Tobio odiaba con desesperación a Hanzel Senikov.
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Notas:
Pasmo*: Es la tarjeta de transporte para los trenes y buses de Japón.
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Gracias inmensas por los follows y los "favs" dejados en capítulos pasados, me hacen sentir súper especial, espero seguir contando con su apoyo más adelante
Reviews:
Rinachi: Hola, hola~ Muchas gracias por la lectura del capítulo pasado, y sí, a mí también me duele mucho más la situación, este fic tiene cierto significado personal por el cual estoy totalmente decidida a terminar de la mejor manera posible en un futuro. Espero que sigas leyendo cuando llegue ese momento. En cuanto al cambio de escenario, casi no me gusta usar las líneas de separación así que en su lugar uso frases contundentes aunque en este capítulo cambié poquitín esa técnica, igual me funciona, muchas gracias otra vez por aclarar que no se pierde el hilo y! espero este capítulo te haga un poquito más feliz Saludos.
Rooss: Ya ni sé qué decirte mujer. Te dije que nada más iban a ser 6 capítulos pero ya eso es cosa del pasado, ahora serán unos 20 como mínimo -no es cierto-, que bueno que te gustará el capítulo pasado, ahorita me estoy comiendo las uñas, y hasta los dedos, por ver que tal queda la siguiente fase del fic que comienza desde este capítulo, básicamente Tobio pues empieza a darse cuenta de muchas cositas y Hinata pues, siempre he creído que es el más "maduro" de los dos, el que ve las cosas más allá y ahora con todo esta situación pues tiene cierto control de la situación que Tobio no tiene en sí. Como dices, es inocente y eso ocasiona muchas veces conflictos. Tsukishima~, ah... Tsukki... pues casi no ha tenido apariciones gloriosas pero también me gusta mucho y es el más franco, a la gente no le gustan las personas francas y por eso es que algunas fans pues no toleran mucho a Tsukki pero en lo personal creo que es adorable y genialoso, además que siempre tiene cosas muy inteligentes que decir, creo que es pariente de Oikawa o algo así xD ambos son muy listos , espero de todo corazón que este capítulo también te guste mucho; por suerte, el fic me sigue gustando como va quedando así que no planeo dejarlo tirado, me pasa que cuando un fic no me gusta a mí como va quedando me desanima y terminó por ponerle en Hiatus pero Las mil plumas de pronto se ha vuelto en una necesidad llegar a escribir en mis tiempos libres, quiero ver qué más tiene que decir esta historia. Y ahora sí, muchas muuuuuuuchas gracias por la recomendación y sobre todo por la imagen tan HERMOSA que hiciste, quedo bella a decir basta , me siento súper halagada por la recomendación y pues por algunos comentarios que he leído por ahí ihcdlsvnc soy feliz, inmundamente. Gracias de verdad. Auch, la contestación se hizo enorme xD. Sufrimos del mismo mal hahaha c: bueno, creo que te estaré enviando una solicitud por fb si das permiso, claro sin nada más, espero hayas disfrutado la lectura y nos seguimos leyendo. Gracias por tus bellas palabras c:
Gomhimtsu: Antes que nada muchas gracias por dejar un comentario y por leer el fic, la realidad de las cosas es que hay algo de cierto en todo lo que dices y a la vez no, no puedo decir nada más porque si no spoileo y no tendería caso hahaha. Lo que si puedo responder es sobre lo del entrenador: Sí, vio su potencial. Más adelante tendremos más noticias de ese hombre. Y las plumas de Kageyama son las que dan nombre a este fic. Kageyama es un romántico empedernido muy en el fondo debajo de esa capa y esa corona lo sé, lo sabes, lo sabemos todos haha. Otra vez gracias por leer y espero te haya gustado este capítulo. Saludos!
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St. Yukionna.
Quien los ama de corazón y pulmón.
