Nota: Si no eres fan de las parejas SasuHina y SasoSaku, dale una oportunidad a esta historia y quédate hasta el final del capítulo, podrías cambiar de opinión; si ya amas a estas parejas, lo harás aún más. ❤

Anteriormente: el equipo de rastreo conformado por Hyuuga Hinata, Yamanaka Ino, Inuzuka Kiba y Hatake Kakashi iban en búsqueda del rastro de Temari, la chica desaparecida misteriosamente; en su camino, se encontraron con dos miembros de Akatsuki: Itachi y Kisame. Tras un breve enfrentamiento, Ino se separa del grupo para seguir a la misteriosa mujer que acompañaba a Akatsuki, dándose cuenta de que se trataba de la misma Temari. Ella la lleva a una de las bases de Akatsuki, donde la esperan Deidara y Sasori, para realizar un extraño jutsu... Por otro lado, Sasuke habla con su maestro Orochimaru y ambos llegan a la conclusión de ir tras Hinata. Pero, ¿cuáles son los verdaderos planes de Orochimaru?


Capítulo III

"Trampa"


—1—

El marionetista caminaba con lentitud hasta su laboratorio, donde sus experimentos fallidos lo esperaban para ser modificados y la soledad aguardaba paciente por su regreso. Era un tanto descabellado pensar que esa era la mediocre vida que llevaba, ya que él mismo se había encargado de que la situación estuviese donde estaba. No servía de nada lamentarse de su soledad en ese momento, ni mucho menos regocijarse en su ego después de estar a un paso de lograr su cometido.

Un paso increíblemente grande y alejado de su posición actual.

Si bien, había sido inteligente al lograr recuperar su propio cuerpo de marioneta a tiempo, antes de que los shinobis de la arena llegaran y dieran el veredicto final de su muerte, también perdió a Hiruko, al Tercer Kazekage y su amplio arsenal de las cien marionetas con el que devastó un pueblo entero; todo gracias a la intensa batalla perdida con su abuela y esa chica pelirrosa.

Ahora debía no sólo recuperar su arsenal confiscado por las autoridades de la Arena, sino también crear nuevas armas que le sirvieran en una posible futura batalla, además de restaurar su cuerpo cerámico y elaborar nuevos venenos más letales que los anteriores. Venenos que ni aquella kunoichi de la Hoja pudiera contrarrestar.

Su mente era un caos desde que la vio alejarse de él después de haberle salvado la vida. A veces pensaba que habría sido mucho mejor morir aquel día, antes de tener que lidiar con los estragos de una pelea en la cual había salido derrotado de forma humillante.

Divagaba tanto en el tema, que su objetivo primordial había pasado a un segundo plano. Y vaya que su propósito de convertirse en una auténtica marioneta era lo único que lo mantenía con vida. Eso, al menos antes de saborear su primera muerte; porque sí estuvo muerto durante varios minutos, y por obra de aquella niña insolente, regresó a la vida para quien sabe qué propósitos.

Estaba tan ensimismado en sus cavilaciones , que ni siquiera se dio cuenta de que había llegado a su destino, ni que se había sentado en la única silla dentro de la habitación, ni mucho menos que habían pasado ya dos horas desde la última acción ejercida. No supo si sonreír ante tal descuido o lamentarse. Todas las decisiones, por más insignificantes que fueran, se habían convertido en un verdadero ajetreo después de conocerla a ella.

—Maldita mocosa —susurró al vacío—. Te mataré... En cuanto Akatsuki termine de exprimirte.

Como si de una terapia se tratase, esas palabras lo hicieron sentir mejor de lo que imaginaba. El hecho de tener a su merced a esa mujer, controlándola con sus hilos de chakra, o mejor aún, controlando su mente, le provocaban una sensación de alivio y soberanía. El tan sólo imaginarse a sí mismo dándole una muerte lenta y dolorosa, hacía que sus ánimos se dispararan hacia arriba.

Y eso que a él no le gustaba esperar. Ni siquiera cuando se trataba de ver a alguien morir.

Sin embargo, el caso con esa jovencita de cabello rosado y ojos verdes como el jade era una excepción a la regla. Ella y toda su voluntad de vivir hasta el último segundo le revolvían las inexistentes tripas dentro de él, provocando que sintiera repugnancia de sólo rememorar su encuentro.

Aún lo tenía presente. Sus ojos retándolo como la primera vez que se vieron; la mueca en sus labios que denotaba un profundo odio hacia él, incluso más que la primera vez. Seguramente lo culpaba por la muerte de Chiyo y su feroz odio se había incrementado. Quizá siguiera tan puro que ni cuenta se había dado de que se trataba de alguien revivido de los muertos. La chica tenía una faceta ingenua a la vista ajena.

Y eso a él le molestaba.

La niña era tan transparente que eso la volvía difícil de estudiar. Sasori no sabía por dónde comenzar a analizarla, nunca le había prestado el interés necesario a una persona, mucho menos a una mujer. No obstante, debía hacerlo. No por él y su absurda idea de conocer al enemigo, sino por órdenes del líder; Pain había sido específico: en cuanto ella pisara una de las bases de Akatsuki, él debía actuar de inmediato y estudiar su mente para poder manipularla.

Él sabía que Sakura sería la pieza más difícil de manipular, al menos mucho más que la rubia idéntica a Deidara. Suponía que tanta pureza en su mente le volvería tedoso su trabajo, algo que odiaba de sobremanera; esa mocosa le daría fuertes migrañas, a pesar de no poseer un cerebro en su cerámica cabeza con aspecto real.

—Es hora —una conocida voz se hizo presente a sus espaldas—. Debemos partir a Suna, ¡hmn!

Se giró en dirección de la proveniente voz y se encontró con el rostro sonriente de su compañero rubio y su gemela detrás de él. «Tal para cual.» pensó. Y es que de tan sólo pensar que tendría que lidiar con ese par durante las siguientes seis horas, deseaba estar en manos de los ninjas de Suna. No era que Deidara le cayera mal, de hecho, era el único al que toleraba; más bien, era aquella rubia de aspecto irritante y voz chillona.

Pero no estaba en posición de quejarse. No en su estado actual. Por ahora debía ser reticente a los enigmas que se le presentaran, no importaba si aquella rubia se volvía molesta o si Deidara volvía a tener sus arranques artísticos.

Para eso estaba la rubia a su lado, para cubrir la espalda de Deidara durante el próximo encuentro con los shinobis de Suma, ya que él se encontraba con múltiples fracturas que le volvían imposible una batalla justa. Además, su primordial objetivo era infiltrarse en las bases donde mantenían su arsenal resguardado, para recuperar al Tercer Kazekage, o por lo menos lo que quedara de él.

No lo pensó más y cerró la puerta de su laboratorio con llave, dejando a Deidara con un notable entrecejo arrugado a modo de descontento. Pasaron un par de segundos antes de que Sasori escuchara la molesta voz de su compañero:

—¡Demonios, Sasori no Danna! —reprochó ofendido—. A estas alturas ya debe dejar a un lado sus secretos y dejar de ponerle llave a ese cuarto suyo. Recuerde que todos somos miembros oficiales de Akatsuki, por lo tanto, todos debemos de confiar mutuamente, ¡hmn!

—No lo hago por ti —respondió Sasori con la voz ronca—. Lo hago por esa mocosa. Aún no confío en ella.

—¡Pero usted mismo fue quien le aplicó ese Jutsu de control mental! —replicó el rubio una vez más—. ¿Acaso no confía en sus propias habilidades?

El pelirrojo no respondió, al contrario, adelantó sus pasos hasta perderse de su vista. Deidara lo sabía, Sasori tenía el humor por los suelos y él no se atrevería a llevarle la contraria en ese momento; no era por miedo, sino por respeto. Después de todo el marionetista era un artista al igual que él.

Ya tendrían tiempo de platicar después. Por el momento, era primordial que se concentraran en su siguiente misión. Y para eso, Ino desarrollaría un papel muy importante, quizás mucho más que ellos, pues Sasori sólo se infiltraría para recuperar sus marionetas y él serviría de distracción para cubrir a la rubia. Aunque eso no quitaba que pudiera divertirse un poco con esos ninjas de la Arena y mostrar sus obras de arte explosivas.

—Vamos, nena —llamó pícaro a la chica detrás de él—, que a Sasori no Danna no le gusta esperar.

Ino se encogió de hombros y comenzó a seguirlo justo después de que dio el primer paso.

...


—2—

—¡Mierda!

Masculló adolorido mientras apretaba su brazo derecho con su mano izquierda. No le gustaba nada esa vista, estaba sangrando en gran cantidad y ardía como el infierno. Tuvo que esperar cubierto detrás del tronco de un árbol para poder tratar su herida, o lo poco que podía hacer para detener el sangrado. Él no era ninguna clase de médico y tampoco tenía conocimientos sobre medicina, pero de algo podía servir el retazo de tela improvisado de sus pantalones para sustituir una venda.

—¡Hey, mocoso! ¿Dónde rayos te metiste?

Sintió aquella voz detrás de él, no obstante, parecía que aún no lo había visto. O tal vez sólo estaba jugando con él. De cualquier forma, no concebía cómo había terminado en ese lugar.

En un combate con un Akatsuki.

—¡Mi Dios, Jashin-sama te castigará! —lo escuchó gritar—. Sal de una vez, maldito mocoso.

Estaba en una clara desventaja. Había subestimado el poder de ese par de hombres y se lanzó a la pelea sin saber nada sobre sus habilidades; ese tipo de cabellera plateada tenía alguna clase de poder especial que le otorgaba la inmortalidad, pues ninguno de sus ataques surtía efecto en él. Inclusive, se atrevió a cortar su brazo izquierdo y ese sujeto ni siquiera dolor sintió.

Sasuke recordaba estar en la búsqueda de la chica de sangre Hyuuga y logró su cometido. La encontró huyendo hacia Konoha junto a Kakashi y el chico del perro, no recordaba su nombre. Sin embargo, antes de que pudiera interceptar al equipo, se topó con el dúo de Akatsuki.

No desaprovechó la oportunidad que se le estaba presentando, así que dejó a Hinata seguir con su camino para encarar a los hombres y cuestionarles sobre el paradero de su hermano Itachi. Tanto el proveniente de Takigakure como el originario de Yugakure le negaron la respuesta y comenzaron una ardua batalla que terminó con una pelea entre ambos compañeros y amenazas de muerte. Al final, fue el tipo «religioso» quien le hizo frente al Uchiha.

El discípulo de Orochimaru creyó que aquellos sujetos eran unos payasos, y por ende, que su nivel era inferior al suyo. Se había equivocado. Nunca hubiera imaginado que ese extraño sello en el suelo por parte del que se hacía llamar Hidan, fuera letal. Su aspecto cambió drásticamente tiñendo su piel de negro con algunos toques blancos y posteriormente, se hirió a sí mismo en el brazo derecho, causando de inmediato una hemorragia que ni siquiera le provocaba dolor. Sin embargo, al Uchiha sí.

Nunca había visto esa clase de ninjutsu, y se arrepentía de ello. Gracias a que Hidan se hirió a sí mismo, él también resultó con la misma herida en el mismo brazo, dándole a entender que ese hombre había establecido alguna clase de vínculo con él. Después de todo, le advirtió que si le llegaba a hacer daño, él sufriría lo mismo.

Era un alivio que antes de que el Akatsuki llegara a herirse en el pecho, Sasuke hubiera actuado rápidamente para sacarlo de ese círculo en el suelo que claramente era una parte de la conexión entre sus cuerpos. Aunque para lograrlo, haya tenido que sufrir algunas heridas alrededor de su cuerpo, gracias a la filosa arma del hombre.

Ahora sólo estaba a la espera de que Hidan lo encontrara para interceptarlo con la guardia baja. Sin embargo, también debía de cuidarse del otro sujeto extraño que no había hecho nada más que ser un espectador durante toda la batalla. No podía confiar en el desinterés por dañarlo.

—No te servirá de nada esconderte —vociferó el Akatsuki desde la cercanía del árbol—. Jashin-sama te castigará donde te encuentres.

—Deja de jugar, Hidan —su compañero le advirtió—. O te mataré.

Nuevamente comenzaron a discutir entre sí, acto que aprovechó Sasuke para empuñar su katana y envolverla en electricidad. Con ese golpe acabaría con ese sujeto. Ya no le importaba que le dieran informes sobre Itachi, estaba seguro de que no lo harían, así su vida estuviera pendiendo de un hilo.

Salió de su escondite, sorprendiendo a Hidan por detrás y perforar su pecho con la katana; sin embargo, parecía que el hombre de cabello plateado ya lo esperaba e intentó cortar alguna parte de su cuerpo para que derramara sangre, y así, poder realizar de nuevo su movimiento.

Sasuke fue más rápido y esquivó la ofensiva de su atacante, haciéndose a un lado justo antes de que el filo de la hoz rozara su rostro; posteriormente, se giró sobre sus talones y realizó un par de sellos mientras aspiraba todo el aire que sus pulmones le permitieron.

Katon: Ryūka no Jutsu.

Hidan apenas pudo esquivar la ráfaga de fuego que fue dirigida hacia él. Tenía que admitir que el muchacho era habilidoso. Sin embargo, no logró observar cuando la espada Kusanagi del moreno iba dirigida hacia su cuello con la intención de cortarlo, así que pidió con la mirada a que su compañero Kakuzu lo ayudara, más bien, le suplicó.

Por su parte, Sasuke ya podía saborear la victoria con aquel tipo, de no haber sido porque sus piernas rápidamente fueron inmovilizadas por unos extraños hilos que salían de la tierra, al igual que sus brazos, los cuales nunca llegaron a conectar la espada con el cuello ajeno. Volteó a ver en dirección contraria a su objetivo y se encontró con el renegado de la aldea de la Cascada haciendo el movimiento que lo había detenido.

—¿Qué demonios...?

—Kakuzu, Hidan —una voz diferente se hizo presente—. Diríjanse al noroeste ahora. Su nueva compañera temporal los está esperando ahí. Recuerden que aún tienen una misión pendiente... No desperdicien el tiempo en tonterías.

Cuando no escucharon nada más, Hidan gruñó como muestra de inconformidad mientras recogía del suelo su brazo mutilado y Kakuzu sostuvo a Sasuke durante un momento más, antes de alejarse y soltarlo. Ambos saltaron hacia un árbol, escapando del alcance del Uchiha antes de despedirse:

—Desearíamos terminar contigo ahora —vociferó el de cabello plateado con una gran sonrisa—, pero tenemos asuntos pendientes. Espera justo aquí, cuando hayamos terminado, vendremos a buscarte para terminar con esto.

—No me interesa pelear con ustedes —Sasuke envainó su espada—. Lo preguntaré una vez más: ¿Dónde se encuentra Uchiha Itachi?

Observó como Kakuzu entornaba la vista hacia él mientras Hidan sonreía sarcástico. Era un hecho que nunca le darían informes.

—Eso... —comenzó Hidan—. Es algo que podrás saber hasta que nos hayas derrotado. A nosotros o a cualquier miembro de Akatsuki —soltó una sonora carcajada. Sasuke apretó la mandíbula—. Si es que puedes lograrlo.

Dicho eso, desaparecieron del mapa, borrando cualquier rastro de chakra que Sasuke pudiera rastrear. El moreno apretó los puños y masculló un par de maldiciones al aire, admitiendo su fracaso; había dejado ir a la heredera Hyuuga y perdido de vista al par de criminales sin poder hacer nada al respecto. Ahora su cerebro se encontraba a dolorido, sin embargo, sus pensamientos habían sido centrados.

Aún no estaba listo para encarar a su hermano mayor, por lo tanto, debía entrenar más para volverse más fuerte... Y debía hacerlo rápido, sin distracciones y sin fines secundarios.

Dejaría a un lado los caprichos y su único objetivo sería Itachi.

No le importaba la opinión de Orochimaru, después de todo, lo mataría en cuanto ya no le sirviera.

...


—3—

La llegada a Suna había sido un tanto ajetreada. Sakura nunca se imaginó que la desaparición de la hermana menor del Kazekage causaría tanto descontrol en Kankuro y un poco de impaciencia por parte de Gaara; sin embargo, ella lo comprendía. Habían pasado ya más de siete días sin tener alguna pista de la kunoichi rubia y la situación deparaba seguir igual en las próximas horas.

Shikamaru, en cuanto llegaron, pidió informes a los encargados sobre el estado actual de la desaparición; Sai analizó las posibles rutas que pudieron haber tomado los secuestradores de Temari y desarrolló diferentes hipótesis, que más después, entregaría al Nara; Naruto se dirigió a hablar con el Kazakage para aminorar el estrés acerca de una posible traición por parte de Konoha hacia Suna y alentarlo a no perder las esperanzas, como sólo el rubio sabía hacer; y ella, sólo pudo esperar a que alguno de ellos terminara con lo suyo para ayudar.

En esta parte de la misión se sintió inútil —de nuevo—, débil y bastante frustrada. De nuevo recordaba a Sasuke y sus intentos fallidos para que él se quedara en la aldea, que más tarde, serían intentos fallidos para lograr que regresase. Llorando, suplicando, lamentándose por no ser lo que él esperaba... Eso era lo típico de ella.

«¿Por qué esa maldita necedad de creer que cambiaría?»

Esas palabras le llegaban como un balde de agua fría sobre sus tibios pensamientos. Ya suficiente tenía con el asunto de Sasuke como par volver a pensar en él, Akasuna no Sasori. Tenía razón, ni ella sabía la razón por la cual llegó a pensar eso de un criminal de rango S; una marioneta sin sentidos y sin emociones, al que no le importó herir a su propia abuela de muerte con tal de ganar una batalla sinsentido.

«No me hagas esperar por una respuesta, y espero que sea lo suficientemente contundente.»

¿Respuesta? Ella no sabía qué clase de respuesta quería escuchar ese tipo para estar satisfecho. Pero lo peor de todo, era que con esa advertencia había establecido una fecha no exacta para un próximo encuentro, eso era lo que más le aterraba a ella. Desde el principio deseó no tener que encontrarse nunca más con él, así le hubiese salvado la vida gracias a un arranque de cobardía; porque de eso se trataba: Sakura había sufrido de un ataque de cobardía al intentar salvarle la vida a Akasuna no Sasori. Aunque no estaba segura del porqué, si no existía ya ninguna amenaza en ese momento.

Cambiar.

Esa palabra en los labios del pelirrojo hizo eco en sus penaamientos una vez más. Esta vez se preguntó por la causa de esa palabra en un ser como él. La duda la invadió al pensar un posible cambio en el maestro titiritero, pensándolo bien, ¡ni siquiera podía imaginárselo! Un sentimiento o sensación, por mínimos que fueran, eran totalmente ajenos a ese sujeto.

—Haruno-san...

Elevó la vista hasta encontrarse con un par de orbes aguamarina que la observaban curiosos. Se levantó del asiento en el que reposaba y ulteriormente, se inclinó ante el hombre al frente suyo.

—Kazekage-sama, ¿qué se le ofrece? —preguntó con fingido interés.

—Ese tipo de formalidades no me gustan, viniendo de una persona cercana a Naruto —respondió secamente el pelirrojo—. Lo sabes.

—Entonces estoy en posición de decir lo mismo —contrarió ella con un gesto de confianza—. Gaara-kun.

El aaldido frunció el ceño por un momento, provocando un silencio incómodo entre ambos, pero su expresión se suavizó al ver la sutil sonrisa que la kunoichi le dedicaba. Ella, por su parte, encontró en la mirada de él, algo inusual; un brillo que no pudo describir ni descifrar y que sólo se encontraba en ese momento, ya que, cuando los recibió durante su llegada, la preocupación abarcaba la mayor parte de sus rasgos faciales.

—Bueno, creo que debe de tener asuntos pendientes —ella rompió el silencio después de unos minutos—. No le quito más su tiempo, con permiso.

—La carta —antes de que Sakura pudiera encaminarse lejos, Gaara la detuvo con sus palabras—. ¿Qué te pareció la carta que te envié hace unos días?

El cuerpo de la chica se tensó ante esa pregunta. Sabía que no podía esquivar por mucho tiempo al hombre sin que ese tema saliera a la luz; no deseaba hablar sobre eso, no ahora, no en esa situación... Tal vez nunca.

Gaara, por otro lado, se encontraba impávido, con los brazos cruzados sobre su pecho y la mirada puesta en la espalda femenina. Sin embargo, por dentro, lo invadía la impaciencia por saber el pensamiento de Sakura sobre la carta en cuestión. Estaba consciente de que en ese momento, lo primordial era buscar a Temari, pero simplemente no podía ante la curiosidad por saber lo que rondaba en la cabeza de la chica de ojos jade mencionaba aquello.

—Gaara-kun —Sakura trataba de hallar una salida y así escapar una vez más del pelirrojo—. Temari-san está desaparecida. No creo que sea conveniente hablar de eso mientras tanto.

—Lo sé —el Kazekage resopló—. Pero es imposible no pensar en ello cada vez que te veo. Es por eso que necesito saber tu respuesta ahora, para evitar conflictos conmigo mismo en un futuro.

Los ojos de Sakura se abrieron de par en par al escuchar la frase de Gaara; no era posible que una simple carta provocara tantas anomalías en él que ella nunca había visto ni se hubiera imaginado. Recordaba a la perfección todas y cada una de las palabras escritas en ese papel, pero parecía que para él, significaban mucho más de lo que ella creía. Una vez más estaba siendo prejuiciosa y desconsiderada.

—Temari me ayudó a escribirla —continuó él, mirando cómo Sakura por fin se daba la vuelta y lo encaraba—, y Kankuro me alentó a enviártela. Tal vez para ti no signifique nada todo lo escrito en ella, pero para mí es importante saber tu opinión.

«Yo veo otra reacción en ti, mocosa...»

Una vez más, la culpa la invadió. El hecho de estar parada frente al Kazekage la hacía sentirse una completa traidora, no sólo a él, sino a toda la aldea de la Arena; porque lo había dejado vivir la primera vez, porque lo había dejado escapar la segunda vez y porque estaba pensando en él esta vez.

Sarori.

Necesitaba soltarlo, decirle a alguien su gran pecado y que la juzgara sin compasión alguna. Ya una vez había pensado en decirle a Tsunade sobre sus injustificadas acciones, pero el miedo a que le dijera criminal, era más grande. Un miedo a convertirse en la misma basura que eran los Akatsuki, o peor aún, en pensar igual a Sasuke, llenarse de odio hacia las personas que no tenían ninguna culpa por el simple hecho de hacer justicia.

—Lo he salvado —se mordió el labio con el objeto de calmar su creciente nerviosismo.

Gaara no supo como interpretar aquello, así que sólo arqueó la inexistente ceja en su frente y la invitó con la mirada a continuar. Ella suspiró con pesadez, supo en ese momento que ya no había vuelta atrás. La inquisitoria mirada del pelirrojo se lo decía.

—Le he salvado la vida, cuando mi misión era matarlo, cuando nuestra misión era salvarte a ti, Gaara —su tono de voz era cada vez más bajo—. Akasuna no Sasori.

—Sakura, tú-

—¡Salvé a un criminal peligroso de la muerte! —interrumpió la kunoichi sin delicadeza—. Gaara, me he convertido en una traidora... No sólo de mi aldea, sino también de la tuya —los ojos del pelirrojo se abrieron como platos. Sakura continuó, esta vez la tensión en sus palabras era evidente—: ¿Sabes lo que eso significa? No es cualquier criminal, ¡es Sasori, el renegado de Suna! Claramente eso me convierte en una criminal, en una basura... En tu enemiga.

No lo soportó más y rompió en llanto... De nuevo. Nuevamente derramaba las lágrimas que había prometido no volver a derramar, a menos que fuese una situación que lo requiriera. Un ninja no debía sucumbir ante sentimientos, eso claramente se convertiría en una debilidad que el enemigo no dudaría en usar en su contra. Recordaba esas palabras, Sasuke una vez se las dijo, Kakashi también. Entonces, ¿por qué sentía la necesidad de llorar? Y peor aún, frente al gran Kazekage.

—No tuve el tiempo de tomarle importancia a tu carta, porque ese maldito criminal inundaba mis pensamientos —su voz sonaba quebrada, patética. Aún así, no le importó—. Día y noche me preguntaba, ¿por qué lo había hecho? ¿Por qué salvarle la vida a alguien que no lo merece? —sonrió con amargura—. Porque vi arrepentimiento en él, porque yo no soy nadie para quitarle la vida a alguien, cuando ni siquiera valoro la mía propia... Lo sé, esa excusa suena bastante estúpida, pero es la única respuesta que encuentro a sus preguntas.

—¿Sus preguntas? —Gaara se apresuró a hablar. No entendía nada de lo que ella le estaba diciendo. Más bien, no quería entenderlo.

—Eso no importa ya —ella sorbió de su nariz y se limpió las lágrimas que habían rodado por sus mejillas—. Él sigue vivo gracias a mí, también está libre gracias a mí... Akasuna no Sasori sigue formando parte de Akatsuki. Por lo tanto, puedes considerarme una traidora y proceder a hacer lo que tengas que hacer con los traidores.

Se formuló un silencio entre ambos una vez más. Gaara estaba atónito con aquella confesión y Sakura no podía ni siquiera verlo a los ojos; ninguno pronunció palabra alguna durante los siguientes minutos, pero eso no importó. Lo que a ella le importaba era lo que él pensaba después de decirle aquello; y a él le importaba entenderla. No supieron con exactitud cuánto tiempo transcurrió y pudieron estar más tiempo de la misma manera de no haber sido por el urgente llamado de uno de los subordinados de la Arena.

—¡Kazekage-sama! Un comunicado urgente de Konoha ha llegado hace un momento. La Hokage-sama lo envió personalmente.

—En un momento voy.

Él siguió mirándola después de que el tercero en escena se retiró, haciendo que Sakura se pusiera cada vez más nerviosa. Ahora ella se arrepentía enormemente por haberle contado todo eso al Kazekage, de hecho, no supo cómo había llegado a esa situación. Nunca fue su intención hacerlo, al menos no a él.

Observó cómo se daba la vuelta y comenzaba a caminar hacia el lado contrario. Definitivamente no era eso lo que ella esperaba; necesitaba que la llamara traidora, que le manifestara su comprensión o que por lo menos le dijera alguna maldición. Pero sin duda no quería que las cosas entre ellos se quedaran en silencio. Un silencio que Gaara se encargaba de profundizar con el rechazo de su mirada.

—No te preocupes, no diré nada... Por ahora.

En fondo, escuchó la voz del mismo Gaara, con un tono de voz diferente al ya conocido, indescifrable para ella. Eso le preocupaba de sobremanera, ¿qué significaba? No lo sabía. Podía interpretar esas palabras como un posible encubrimiento a sus indebidos actos, pero a la vez, podía decir con certeza que se trataba de una advertencia, una que le especificaba hacer algo al respecto antes de que él dijera un sola palabra de esa conversación. ¿Qué habían sido exactamente aquellas palabras?

Cuando se dio cuenta, él ya se había marchado y ella se encontraba sola de nuevo. Suspiró con pesadez y se dirigió hacia el balcón al final del pasillo para encontrarse con la peculiar vista que Suna le ofrecía. Parecía que el viento era más fuerte de lo normal, lo que la alertaba por una posible tormenta de arena. Según le había dicho Gaara, en esa época del año eran bastante frecuentes.

Estar sola sólo le hacía recordar a Sasuke y a Sasori, algo que le desagradaba en demasía. No lo pensó un momento más y se giró sobre sus talones con el objeto de buscar a su compañero rubio o a su raro compañero pintor y brindar su ayuda en lo que fuera; sin embargo, no logró su cometido, gracias al sonido seco de una presencia instalarse en el balcón, a sus espaldas.

—Que bueno que te encuentro, Sakura.

Esa voz, la conocía perfectamente. Pero no concebía, ¿qué hacía ahí? Tal vez había sido producto de su imaginación, por lo que rápidamente se dio la vuelta para cerciorarse de la nueva presencia y corroborar que, en efecto, no era su imaginación.

—Ino... ¿Cómo es que estás aquí?

—Eso no importa —por alguna razón, a Sakura le pareció diferente el tono empleado por la rubia—. La Hokage me ha mandado hasta aquí para traerte esto.

De la mochila que cargaba en su espalda, sacó un pergamino y se lo entregó a una confundida Sakura. La de ojos jade se dispuso a abrirlo inmediatamente, aludiendo la idea de que sería algo importante si la quinta Hokage había mandado especialmente a Ino para entregarle el mensaje; no obstante, la rubia se adelantó y colocó sus manos sobre las de Sakura antes de que lograra su cometido.

—No lo leas ahora. No es importante.

Aquello terminó por descolocar a Sakura totalmente. Si no era importante, entonces no entendía la razón por la cual Tsunade no hubiera esperado a que terminara la misión actual y su estadía en Suna; además, Ino se estaba comportando de una manera sumamente extraña.

La miró acusadora y no pudo evitar entrecerrar los ojos con sospecha. No lo comprendía, viniendo de aquella rubia todo podía pasar, eso pensaba Sakura; pero aquello se le escapaba de sus más retorcidos pensamientos.

De pronto, una idea surcó su mente.

¿Y si Tsunade ya se había enterado de su traición? Tal vez por eso, Ino le prohibía la lectura. Tal vez sólo estaba haciendo tiempo extra para evitar que escapara.

—Antes de que me preguntes cualquier cosa, quiero decirte que me voy de Konoha —la rubia bajó la mirada con aparente dolor—. En realidad, es un mensaje de despedida para ti, mi mejor amiga... Porque no volveré a poner un pie en esa tierra.

Los ojos de Sakura se agrandaron de sorpresa. Primero le hablaba de una forma impropia de ella y ahora le confesaba sus planes futuros para nada normales; eso indudablemente tenía que ser una broma, de otra forma, no veía la razón por la que decidiera hacer algo semejante de la noche a la mañana.

Añadiendo a eso, ¿por qué se tomaría la molestia de ir hasta Suna y entregarle un mensaje de despedida? Estaba claro que se despediría de el la en ese momento, en persona. Algo andaba mal, no sólo en Ino, sino en toda la conyutura.

No pudo pensar en nada más, debido a que una fuerte explosión inundó sus tímpanos y, por lo tanto, acaparó su entera atención. Corrió hasta el barandal del balcón y paseó su mirada por toda la aldea, hasta que dio con el origen de dicha explosión: un rubio montado en una extraña ave, portando la peculiar capa negra con nubes rojas bordadas.

Lo reconoció de inmediato. Era aquel tipo con el que se toparon en la misión de rescate del actual Kazekage y compañero de Sasori. Recordaba perfectamente el ave de arcilla que ocupó para llevarse a Gaara lejos y la bulliciosa voz que emitía cuando discutía sobre arte con el marionetista. Y si él estaba ahí, eso significaba que Sasori también, ya que eran compañeros. Aunque desconocía totalmente la razón, si el Bijuu en el cuerpo de Gaara ya había sido extraído con éxito.

Cuando giró su vista de nuevo, Ino ya no estaba, lo que le hacía tener más dudas acerca de la posible nota y la relación con los miembros de Akatsuki. No lo dudó y abrió el pergamino con nerviosismo.

No lo comprendía. Definitivamente no lo comprendía. Aquel pergamino que la rubia le entregó, sólo tenía escritas seis palabras, las cuales la dejaban aún con más dudas y un terrible presentimiento.

"¡Hipócritas! Naceré, Tan lejos de ustedes."

Algo no cuadraba. No tenía sentido. Ino jamás haría lo que ella estaba pensando, pero los latidos de su corazón le indicaban una mala jugada y sus pensamientos racionales eran invadidos por las miles de dudas que se albergaron en ella en cuanto la rubia puso un pie en aquel balcón.

Y cuando quiso darse cuenta, sus piernas ya la encaminaban al almacén de armas confiscadas.

...


—4—

—¡¿Qué estás diciendo?!

Tsunade estrelló sus puños contra el escritorio, rompiéndolo en el proceso y haciendo que Shizune y los tres ninjas pegaran un Respingo. Apretó la mandíbula con fuerza, como si quisiera romper sus propios dientes. Ahora lo tenía claro: todo había sido una trampa montada por Akatsuki.

Aunque no debía sacar conjeturas precipitadamente. Temari de la aldea de la Arena aún estaba bajo sospecha gracias a la nota que le había entregado a Hinata. Si bien, alguien pudohaber usado un Jutsu de transformación, no descartaba la idea de que la hermana del Kazekage hubiera desertado de su propia aldea con fines desconocidos y arrastrado consigo a la Yamanaka.

—Ella se perdió de nuestra vista en cuanto prestamos atención en Uchiha Itachi y Hoshigaki Kisame —explicó Kakashi—. Y tanto su esencia como su chakra se esfumaron de repente, imposibilitándonos su posible rastreo.

—No lo entiendo —habló Hinata—. Temari-san me dijo que me buscaba a mí cuando me entregó la nota, también me aseguró que habría información importante.

La habitación se quedó en completo silencio después de las palabras de Hyuuga. Cada uno pensó en la información brindada por la chica y se cuestionó sobre las verdaderas intenciones de Temari al dejar una nota que la alejaría para siempre de su hogar.

Para Kiba aquello sólo era un complot ridículamente exagerado que todos habían generado en un principio, pero que había desencadenado la inestabilidad de ambas aldeas. Sin embargo, ya no era sólo eso. Ahora se trataba de algo más que una simple huida o escape. Ahora Ino estaba involucrada.

Para Kakashi era más que una intervención por parte de Akatsuki. Algo mucho más complejo de lo que se imaginaba. El hecho de arrastrar a la Yamanaka en sus planes era ya todo un lío, pero aún estaba pendiente el caso de Temari. El Hatake sólo podía vincular ambos casos con Akatsuki, pero aún así no hallaba una teoría lo suficientemente creíble para que ellos decidieran actuar con las chicas, cuando su objetivo era Naruto.

Para Tsunade era evidente que habían caído en una trampa. Mientras ellos se preocupaban por hallar un mínimo rastro de Temari, desprotegieron sus fuerzas decombate y actuaron sin recibir una respuesta por parte de Suna, llevando así a Ino a morder el anzuelo. Desde el principio había sido demasiado obvio. Desde el principio debió de haber tomado las medidas necesarias para que no pasara lo mismo que había pasado con Sasuke. Ahora se encontraban a merced del enemigo.

Y para Hinata, las circunstancias actuales sólo le daban un mal presagio. Lo intuía, Akatsuki era una organización criminal con miembros relativamente inteligentes y astutos. Itachi se encargó de llenarla de dudas con respecto a sus posibles propósitos, alegando que ella les interesaba, pero no en ese momento, lo que la llevó a pensar que era Ino a la que buscaban y no a ella, ya que cuando miraron a la rubia, ambos criminales se comunicaron con la mirada.

—Ellos no tenían intenciones de pelear, sino de distraernos —pensó ella en voz alta—. Y Temari-san me dijo con tanta seguridad que pronto pensaría igual que ella y me alejaría de la aldea.

—¿Eso quiere decir que...? —Kiba dejó la pregunta al aire con una expresión de sorpresa sobre el rostro.

—Ellos planearon todo esto desde un principio —culminó Kakashi—. Su objetivo siempre fue alejarnos de la aldea para llevarse consigo a la mujer que se separara de nosotros.

—No exactamente, Kakashi —de repente, Tsunade buscó entre los restos del escritorio que había roto. Cuando emcontró lo que buscaba, lo entregó al ninja copia—. Esta nota tiene algo extraño. Deduzco que Akatsuki seleccionó previamente a sus víctimas.

Kakashi leyó la nota un par de veces, buscando la información que Hinata aseguraba tener. Entonces abrió con desmesura su único ojo visible.

—¡Hokage-sama!

Había encontrado el verdadero mensaje.

...


—5—

Shikamaru leía y releía el mensaje enviado por la Hokage, en compañía de Gaara, Sai, Naruto y Kankuro. No le cuadraba, por más veces que leyera el contenido, había algo mal dentro de aquellas palabras. Tenía que haber un error. Temari nunca hubiera hecho tal cosa de abandonar Suna por su cuenta.

Sin embargo, eso no era lo único que le preocupaba. El mensaje en esa copia era bastante extraño, pero a la vez bastante inquietante. Por más vueltas que le diera al asunto, siempre llegaba a la misma conclusión y hacía el mismo descubrimiento.

—Las iniciales de esta nota —mostró a los hermanos el papel—. "¿Intentar buscarme? ¡NO volveré!" Estas dos iniciales —señaló las letras en cuestión—. En conjunto con esta letra escrita en mayúscula, apuntan hacia una persona.

—Ino —respondió automáticamente el rubio.

—Según la Hokage, esta nota le fue enviada a Hinata hace cuatro días —continuó el Nara—. Lo que me lleva a la hipótesis de que, si su objetivo es Ino, ya debió haber realizado su movimiento.

—Un momento —Kankuro hizo uso de la palabra—. ¿Estás insinuando que Temari es la responsable?

—No es lo que quise decir —el de la coleta se quedó en silencio durante un momento, meditando una posible conclusión. Lo siguiente, lo pensó en voz alta—: Hay algo que no me gusta nada, ¿para qué querrían a Ino y a Temari?

—¿Quienes?

La pregunta del hiperactivo rubio no se hizo esperar, no obstante, nadie le contestó, haciéndolo enfadar; cada uno trataba de pensar con la cabeza fría. Por más que intentaran hallar una respuesta lógica, no le hallaban sentido a esa nota. Es decir, ¿por qué enviarían una nota con un posible objetivo?

—Esperen —Shikamaru volteó a ver a los presentes—. ¿Dónde está Sakura?

Ninguno supo responder, en cambio, Naruto miró ceñudo al Nara... ¿Qué tenía que ver Sakura?

Mientras tanto, en la bodega de armas confiscadas se encontraba ella, de pie en el umbral de la puerta, atónita ante la figura que la miraba con diversión. Ese mal presentimiento se apagó, para dar nacimiento a un miedo incontrolable.

—Esperaba tener una mejor compañía... Ahora espero tener mi respuesta.

Él, Akasuna no Sasori estaba frente a ella, con los restos del Tercer Kazekage en su mano.

Mirándola a los ojos con intensidad y sonriéndole con burla.

—To be continued—


Notas de autora:

Ha pasado un buen tiempo desde que no actualizo esta historia. Últimamente no he tenido el tiempo necesario para poder escribir o siquiera leer.

Pero quiero decir que estoy muy agradecida con las más de tres mil lecturas y más de mil visitantes. Me llena de alegría saber que causa interes este fic. ❤

También agradezco infinitamente a las personas que han marcado como alerta esta historia, la han agregado a sus historias favoritas y me han agregado a mí a su lista de autores favoritos, así como a: Hina Hyu 90, Blossom Komatsu, Tsuki-shin, Lady Yuki, Nana Zaphyr Bell

Por dejarme sus hermosos comentarios. Créanme, los leo más de diez veces.

Y espero poder actualizar pronto, pero no lo prometo, ya que he decidido retomar mis otras historias de fandoms diferentes que dejé en Hiatus hace un tiempo. Así que no desesperen si tardo un poquito más en actualizar.

Si les gustó el capítulo, no duden en dejarme un Review, al igual que ai tienen alguna queja o sugerencia. También pueden seguir votando. Yo anunciaré las parejas oficiales en el capítulo 6 o 7. No lo piensen, me encantaría recibir opiniones.

P.D: No se olviden de leer Pasión de Estocolmo y Circumscriptio. Si no lo han hecho, ¿qué esperan?

Sin más que agregar, ¡Hasta la próxima! (\•3•)/