Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto
DOS
Placer y olvido
Entre beso y beso intentaban inhalar aire, no deseaban separarse, mejor dicho, no podían separarse. Necesitaban esa batalla arrebatada de bocas, ese enfrentamiento de calores corporales, esa tensión chocante de sus centros. Era un lío pero qué importaba. Era delicioso olvidar los problemas a través de la carne, del jugoso placer.
No se dieron cuenta cuándo quedaron tendidos en húmedo suelo, cuando Sasuke ubicó las manos de la Hyuga sobre su cabeza para besar —atacar— su delicioso cuello, cuándo Hinata enrolló sus piernas alrededor de Sasuke para sentirlo más, cuándo perdieron el pudor y la vergüenza, cuándo la lluvia dejó de molestar. Sasuke siempre la vio como un elemento agua y ahora ella estaba bullendo y él era el fuego que la hacía hervir.
Hinata no supo cuándo olvidó a su clan, estaba perdida con aquella potente dosis de besos, de manos fuertes. Estaba deseosa como nunca, su cuerpo parecía un volcán en erupción.
—Por favor— Sasuke la oyó suplicante y el deseo se incrementó a mil por mil—más…
La soltó para arrancarle las mallas, su piel blanca contrastaba con sus cabellos azabaches, no podía negar que era demasiado hermosa y comestible. Era una diosa y él la tenía bajo sus dedos. La tocó suave y luego fuerte, sus dedos comenzaron a conocer esa piel delicada y húmeda. Quiso quitarse la ropa, quería que toda su piel palpe la piel de ella, esa piel lechosa que le invitaba a beberla, a saciarse glotonamente de ella. Era incluso más de lo que él algún día pensó tener.
En un movimiento brusco por librarse de su ropa su katana cayó, fue un sonido seco. Miró a la Hyuga tendida, con las mejillas rojas y la respiración entrecortada, con los cabellos esparcidos en la tierra, su piel expuesta y su ropa rota por él. El deseo y la realidad colisionaron de repente.
Él no estaba mejor que ella, también luchaba por respirar, sus manos le picaban, no quería parar. Se levantó y la ayudó a ponerse de pie. Él recogió el saco de la joven y cubrió la desnudez de ésta. Recogió su katana para ponerla en su lugar. A medio paso tomó de la mano y pegarla a su fuerte pecho. Sin previo aviso la cargó y en medio del humo blanco desaparecieron.
Ya no había rastro de sus presencias en ese solitario campo de entrenamiento y la lluvia había cesado.
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Nebel dice:
Llegamos al corto cuarto capítulo, debo inclinarme y agradecer los comentarios de:
AntoniaCifer. Linda, no hay nada que debas agradecerme. Soy yo la que está inmensamente agradecida por tomarte tu tiempo de leer y comentar. Gracia.
También a Itachi Akihiko. Muchas pero muchas gracias por su comentario.
Comentarios, si lo desean.
