—¡Chicos! Es hora de levantarse. —La señora Odinson llamó desde el pie de las escaleras a sus hijos para hacer que estos comenzaran un nuevo día. Sabía muy bien que con aquella llamada a sus pequeños hijos les bastaría para hacer lo que les pedía. Es por ello que al terminar de enunciar dicha frase, emprendió el camino directo a la cocina para preparar un exquisito desayuno, tanto para sus retoños, como para su marido y ella.

Al estar en la entrada de la cocina, sacó su varita poniéndola al frente suyo y realizando un leve movimiento de muñeca los platos se empezaron a lavar por sí mismos, una escoba muggle barría el poco polvo que se encontraba en el piso de la habitación, la ropa que se hallaba en el cesto para las prensas sucias ingresó a una de tantas máquinas que había inventado la gente no mágica -muy práctica si le preguntaban-, que se ubicaba en el cuarto de lavado cotiguo a la cocina. Cuando comprobó que todo marchaba en orden, fue hacia la estufa para comenzar a preparar el desayuno; mientras tanto, con otro movimiento de varita puso a funcionar la tostadora y la cafetera. Cuando concluyó todo esto, finalmente guardó entre sus ropas su preciada varita.

A los pocos minutos, el señor Odinson bajó de la segunda planta de la vivienda y al llegar a su olfato el agradable aroma de un buen café, sus pasos fueron dirigidos a la única parte de la casa donde su esposa se encotraba preparando los alimentos del día. A Frigga el preparar los alimentos era la única cosa de su tipo que no le gustaba hacer con magia.

Se detuvo en el marco de la puerta, contempló por unos instantes aquella rutina a la que su querida Frigga todavía se estaba acostumbrando. En parte estaba agradecido de no tener elfos domésticos, aunque en ocasiones admitía que se quería hacer de uno y que éste se encargara de las hogareñas labores, no obstante su esposa se había negado de manera rotunda a tener una de esas criaturas; aún más con la situación por la que atravesaban. Sin más que hacer en esos momentos, mejor emprendió el caminar los pocos metros que lo separaban del modesto comedor de la estancia.

—Querida. Buenos días —tomó con su diestra y de modo gentil la cadera de su esposa para parle un suave beso en la mejilla.

Frigga tan sólo sonrió ante tal acción y siguió su labor cuando su esposo se retiró a sentarse en el comedor.

—Pronto estará preparado tu café —mencionó la señora Odinson al ver que su esposo tenía una actitud no tan común y su mirada no presagiaba algo bueno—. ¿Sucede algo?

Odín solamente suspiró cuando posó su mirar en los ojos de su esposa. —Nada, querida; sólo pensaba en el futuro. Y que en algunos meses extrañare a uno de nuestros hijos. Que rápido se está yendo el tiempo Frigga, y en algún tiempo llegará lo inevitable.

—No te preocupes por el futuro, nosotros lo quisimos así. Es mejor que vivamos en el presente, querido —Frigga le ofreció una sonrisa a su marido para tranquilizarlo

—Tienes razón. Bueno, sabes a qué hora bajaran los niños; tengo algunas cosas que pedirles.

Se escuchan unas enérgicas pisadas y la señora Odinson sonríe. —Creo que ya vienen.

A los pocos instantes, un niño de cabello rubio entra al comedor de manera eufórica seguido de unos pasos más tranquilos pertenecientes a un pelinegro.

—Ya era tiempo de que aparecieran hijos. Si no llegaban pronto, iba a emplear mis maternos métodos para hacer que despertaran y bajaran— Frigga comentó con una sonrisa en su rostro.

—Fue culpa de Thor. No se despertaba, hasta que le mencioné que había comida.

Posterior a dicha réplica, ambos niños saludaron cortésmente a sus padres y tomaron asiento en sus respectivos lugares en la mesa, no sin antes poner sobre ésta los utensilios necesarios para los alimentos. Mientras esto sucedía, Frigga le entregaba a su esposo un café de su agrado. Cuando ocuparon sus lugares, su madre les dio sus respectivos platos con su desayuno y puso sobre la mesa una pequeña jarra con jugo de calabaza y una taza con té de jazmín para ella.

—Y bien —comenzó Odín después de degustar su café y recibir su desayuno—. ¿Cómo han avanzado en sus aprendizajes niños? ¿Alguna duda que quieran aclarar?

Thor bajó un poco la mirada ante la pregunta de su padre, gesto que no paso desapercibido por este, pero que sin embargo lo dejo correr de momento.

—Estupendamente, padre. Madre nos ha explicado varias cosas y ha encargado algunos trabajos para que cerciore que aprendimos las cosas. ¿Verdad Thor? —mencionó Loki mirando a su hermano.

—Así es padre. Aunque... —Thor dudoso de contestar continuó con titubeos—, se me ha dificultado un poco comprender algunas cosas. Pero sé que cuando entre a Hogwarts, seré uno de los mejores y me esforzaré mucho.

Un sorbo más a su café para poder acabarlo y Odín habló. —Es muy bueno que tengas esa visión Thor —dirigió su ojo único al niño pelinegro—. En cuanto a ti Loki, ¿compartes la misma visión que tu hermano? Espero que tú también estés muy emocionado de ir a Hogwarts hijo.

Sin importarle que le pudiesen ver, el de mirada verde realizó un mohín con su boca haciendo notar que estaba molesto. Con esto Frigga decidió intervenir.

—Hijo. Ya habíamos hablado sobre esto —acarició su pequeña mano y mirándolo con detenimiento continuó—. Tu padre y yo sabemos muy bien que quieres ir a estudiar a Dumstrang. Pero comprende que de momento no podemos enviarlos a escuelas diferentes, además de que sería una oportunidad para conocer otro ambiente el cual no dudamos que te agradará.

—Pero mamá.

—La decisión ya está tomada. No hay vuelta atrás, ¿comprendido? —dijo Odín.

—De acuerdo —Loki suspiró resignado. —¿Puedo retirarme de la mesa? Ya no tengo apetito.

Frigga lo miró con comprensión —Muy bien, puedes retirarte hijo. Estudia tus apuntes que en la tarde tendremos más lecciones.

Loki sólo asintió mientras se ponía de pie.

—¿Puedo salir a jugar afuera madre y padre? Sólo será unos momentos y prometo que no me alejaré mucho —Thor se aventuró a decir su propuesta.

—Recuerda que es peligroso que se aventuren lejos de casa, hijo. Por favor ve a estudiar con tu hermano los apuntes y te quede todo claro. —Ordenó Odín a su hijo.

Nuevamente el pelinegro que ya casi había terminado de lavar lo poco que ocupó realizó una mueca de disgusto.

Un carraspeo sonó, a lo cual los tres hombres voltearon hacia a la mujer para ver lo que le pasaba.

—Odín —comenzó Frigga—. ¿Qué tal si les permitimos salir por una o dos horas? Les sentaría muy bien a los chicos. ¿Qué dices?—Inquirió con una mirada que sólo ella sabía hacer.

—Esposa...

—Esposo. —Contestó la dama. Aumentó el poder de su mirar, sabía que funcionaría.

—Bien. Sólo hora y media y los quiero de vuelta a casa sin retardo —aceptó Odín sin más.

—Claro padre, estaremos aquí para entonces. —Thor fue donde su hermano cuando terminó de lavar también sus trastos. —Vamos a jugar Loki —hizo ademán de tomar su brazo para guiarlo fuera.

No obstante el menor esquivó su movimiento. —No quiero ir. Prefiero quedarme a estudiar.

—Si no van los dos a jugar fuera, no saldrán y se quedarán a estudiar juntos. Fin de la discusión —sentenció Odín.

El oji-azul mostró su rostro como si asemejara un pequeño cachorro apaleado y buscando consuelo. —Pero papá yo quiero salir —volteó hacía donde estaba el pelinegro—. Vamos hermano, hay que divertirnos un poco. Por nosotros, ¿sí?

—No —Dijo Loki con mirada asesina dirigida a su hermano.

—Anda.

—No, Thor. —Recalcó.

—Sólo por hoy, ¿hermano? —su cara de cachorro por alguna razón no dejaba duda de que en si fuera animal, sería un canino.

Como siempre que veía esa cara, el oji-verde finalmente sucumbió a los caprichos de su hermano, y sin poder evitarlo rodó los ojos. Odiaba verlo con ese gesto tan bien perfeccionado, pero sobre todo tan convincente. Aunque ese sentimiento no rivalizaba con el que sentía por sí mismo al caer en dicha treta.

Frigga al ver a sus niños en su pequeña charla y al ver que el más cabeza dura de ellos caía ante los encantos del otro, no pudo evitar soltar una escasa risa, cubriéndola por supuesto con su mano

—Bien. Sólo por hoy.

No le agradaba para nada que le ocurriera ese tipo de cosas, aunque últimamente a su consideración le ocurrían a menudo. Para rematar su mala suerte, había tenido ese episodio cuando discutía con su padre; ya que este le había prohibido usar el robot que con tanto esmero había hecho en los últimos días, y para colmo se lo había quitado.

Cuando terminó su descontrol, sin dudar eligió salir de la casa. Sabía que esa era una mejor opción que quedarse a lamentar su infortunio en la soledad de su habitación o su lugar secreto el cual, pensando en retrospectiva, quizás en un futuro ya no lo sea. Aunque tenía el punto a su favor, en donde sus padres durante un considerable tiempo no harían nada que le alterase más; en todos esos años que habían lidiado con el problema, sabían que era lo mejor

Mirando el deplorable paisaje que Londres le regalaba en aquel no tan gran ni bonito parque cerca de su domicilio, tenía que admitir que su mala suerte quizá aún no concluía.

—¡Tony! —el castaño escuchó una voz familiar llamándolo y penso que quizá la fortuna estaba volcando a su favor.

Volteó hacia donde aquella voz provenía con una sonrisa impresa en sus facciones. Aunque todavía sonreía, no pudo evitar sentir como una imaginaria gota de sudor a modo de confusión descendía en su sien. Y no era para menos, pues su querido amigo Thor parecía traer arrastrando a un huraño y arisco gato. Pero aquello no lo perturbó, todavía.

-¡Thor! Que felicidad verte de nuevo rubiales —sin pensarlo dos veces abrazó al oji-azul.

Rompieron el contacto segundos después, y el niño rubio aprovechó para hablar. —Lo mismo digo, Tony. Y siento no haber venido a tratar de buscarte antes, pero no se nos tiene permitido salir por ahora. Sólo nos dieron permiso por poco más de una hora hoy.

—No te preocupes Thor —Stark palmeó el hombro de el otro restando importancia al asunto y que no tenía de qué preocuparse.

Cuando el castaño se recordó que no estaban solos, trató de que su cuerpo no lo traicionará ante la mirada esmeralda que lo observaba y prometía un gran y torturador infierno el cual no se aventuró a la posibilidad de explorar. Pero como buen Stark, pudo sobreponerse a la difícil situación, no como en su primer encuentro.

—Si no mal recuerdo tú eres...

—Loki. Hermano de él —señalando a Thor dijo, callando las palabras de Tony. Y agregó—. No es grato conocerte.

—Oh, vamos hermano, no tienes que ser así con alguien que acabas de conocer —el mayor trató de tranquilizar al pelinegro.

—Pero si... ¿No recuerdas que…? Saben qué, olviden eso. Que les parece si los invito a mi casa y vamos a jugar en lo que les resta del tiempo — nuevamente el de ojos cafés mostró una sonrisa.

—Por supuesto que nos gustará amigo —mencionó Thor.

—Bien. Síganme.

Loki suspiró. —Esto terminará mal.

Los niños Odinson siguieron a Tony por unos cuantos minutos. Pronto, vieron se dirigían hacia una casa totalmente diferente a las demás que se encontraban alrededor de la que destacaba. Ambos, moreno y rubio se miraron en comprensión; el niño que estaba enfrente de ellos era de familia adinerada. No es que ellos no tuvieran una casa decente o que tampoco tuvieran el suficiente dinero y más quizá, no obstante esa casa parecía un gran lujo.

Antes de poder acercarse más a su hogar, Stark dio un giro para ver a sus invitados. —Bien, hay algo que debo decir antes. Allá —señaló la majestuosa casa con sus pulgares—, están mis padres. Tranquilos chicos, no hay problema con ellos —dijo rápidamente cuando los rostros de los otros niños mostraron nerviosismo—. Tan sólo les pido que no hagan mucho ruido, ¿de acuerdo? Sólo por seguridad.

—No te preocupes Tony, haremos lo que nos pides. ¿Cierto hermano? —Thor inquirió al azabache. Éste sólo levantó los hombros.

—Genial. Iremos a mi cuarto; quiero mostrarles algunas cosas que he hecho y si se portan bien, también les mostraré mi lugar preferido de la casa —Tony de nueva cuenta comenzó el trayecto a su casa.

Cuando llegaron a la entrada Tony dirigió su índice derecho e izquierdo a la boca de cada chico en señal de que no hicieran ruido, sólo el de esmeraldas golpeó su mano; Stark no evitó rolar los ojos. El castaño abrió la puerta, miró con detenimiento a todos lados buscando a sus progenitores, por suerte no había rastro de ellos. Apartó más la portezuela permitiendo el acceso a los hermanos Odinson, y cuando estos estaban en el recibidor cerró silenciosamente la puerta. Con un movimiento de su diestra les dijo que lo siguieran hacia las escaleras las cuales subieron hasta el tercer piso y recorriendo un largo pasillo llegaron ante una puerta con afiches un tanto extraños. Sus caras no pasaron desapercibidas.

—Vamos chicos, ¿no me digan que no les gusta la buena música? —Tony cruzó sus brazos en su pecho.

—No somos muy dados a la música, me temo —Thor rio un poco nervioso.

—Ok. —poniendo su mano en un extraño artefacto pudo abrir su cuarto, cuando ya no se vio aquella luz que recorría la mano del castaño. Los hermanos vieron con curiosidad aquel hecho, sin lugar a dudas era asombroso—. Les enseñaré lo que de verdad se debe de llamar música. —Empujó la puerta e ingresó a su cuarto

—Estoy ansioso. No puedo esperar —Loki comentó con evidente sarcasmo en su voz.

—Vamos. —El rubio literalmente empujó a su hermano dentro y como era de esperarse, trastabillo quedando tirado cerca de algo que parecía una especie de chatarra con muchas luces de colores.

—¿Qué se supone que es esto? —Con ceño fruncido cuestionó a su anfitrión—. ¿Cacharros?

Tony al dirigir su mirada donde la posaba el extraño niño sintió como su corazón se detuvo por unos microsegundos. "Dum-E" al parecer sí que funcionaba bien, y se encontraba en su cuarto como si nunca hubiese salido de aquel lugar. Fue a tomar entre sus brazos a su querido robot y cuando lo hacía, era levemente consiente de que el pelinegro era ayudado por su hermano a levantarse. Quizá por ello decidió salir de su pequeño momento íntimo y hacer caso a su amigo y su raro hermano.

—Dummy —puso a su creación en el piso, aun consternado—, ¿puedes ir por tres sodas a la nevera y traerlas? —La máquina pareció asentir y fue por el pedido. Mientras tanto, Edward invitó a los niños a sentarse en su gran cama cuando se fue a encender su grabadora y que el ambiente se llenara con una agradable atmósfera de rock.

Dum-E le dio a cada niño su bebida los cuales comenzaron a degustarla ya estando los tres sentados en la cama.

Los hermanos Odinson se sentian en otro mundo, de verdad. Thor conforme ingería su bebida, y poniendo atención a los pósteres pegados a lo largo y ancho de la habitación de su amigo, que contenían personas con atuendos estrafalarios y algunas letras combinadas con números e imágenes fuera de su comprensión, no se dio cuenta hasta que Tony se lo hizo notar, que movía su pie izquierdo y cabeza al ritmo de la música; le agradaban aquellos sonidos, sin duda.

En contraste, el menor de los Odinson no parecía para nada cómodo. Primeramente, le desagradaba la idea de tener que dejar la comodidad de su hogar, lleno de cosas interesantes. Seguía el asunto de volver a encontrarse con el chico Stark, quien afortunadamente no había dicho nada sobre su encuentro realizado hace tiempo; le debía una aunque no lo quisiera admitir. Sin contar aquellos estridentes ruidos y gritos lastimeros que provenían de aquel aparato y los cuales hacían que algo recorriera su cuerpo invitándolo a moverse, lo que obviamente evitaba a toda costa.

Los minutos siguientes transcurrieron entre más soda, música y explicaciones por parte de Tony acerca de algunas cosas que tenía en su habitación incluido Dum-E que sencillamente no entendían los Odinson, pero no hicieron comentario al respecto.

—Y es por eso que está aquí mi querido amigo Dum-E —concluyó Stark su larga explicación sobre su pequeño robot. Tanto rubio como moreno se percataron que a Anthony le agradaba hablar.

—Es muy interesante saber eso Tony —dijo Thor sosteniendo en sus brazos a Dummy. Le agradaba conocer un poco más a su amigo, y aunque llevaban poco de conocerse ya le tomaba mucho aprecio. Y restando las cosas que no entendía por completo, podía dar por seguro que se estaba divirtiendo.

—¿Qué les parece si…? —Unos suaves golpes procedentes de la entrada de la habitación se hicieron escuchar.

—Edward. ¿Estás aquí? —la voz de María Stark cuestionó.

Tony no sabía que hacer; nunca había invitado a nadie a su casa, menos a su cuarto. Era 50% probable que su madre no hiciera nada a parte de llamarle la atención un poco, el resto era lo contrario. Quizá con la presencia de su amigo se inclinara por la primera opción.

—¿Todo bien Stark? —con sorna interrogó Loki.

—Sí mamá —ignorando a su invitado, Tony fue a abrir un poco la puerta, cubriendo el espacio con su cuerpo. Vio a su madre y mordió con escaso el interior de su mejilla—. No tiene mucho que acabo de llegar.

—¿Puedo pasar? Quiero hablar contigo respecto a hace rato.

—¿Y papá? —nervioso bajó su mirada.

—Salió a atender asuntos de la empresa. Volverá más tarde —la mano de María se posó en el rostro de su hijo—. Anthony. Entiende que esto es un tanto difícil para tu padre. Te ama, mucho. No lo dudes; sólo no sabe cómo demostrarlo.

—Está bien ma; lo sé. Y aprovechando que padre no se encuentra, espero esto no te moleste —una sonrisa asomó en el castaño.

—¿A qué te refieres? ¿Algo incorrecto? —correspondió al gesto del niño.

—Sólo un poco. —Tony dejó libre la entrada, mostrando a Thor y Loki que aun se encontraban sentados en la cama junto a Dum-E.

—Hola señora Stark. Que gusto verla de nuevo —mencionó Thor con una sonrisa.

—¿En qué quedamos la última vez, Thor? Puedes decirme María, recuerdalo —la madre de Tony fue al encuentro con el pequeño fundiéndolo en un apretado abrazo y besando la mejilla de éste continuó—. Igualmente es un gusto verte.

—Lo tendré en mente, María —sonrió con amplitud el ojiazul. Momento después se recordó de que no estaba solo, agregó—. Y déjeme presentarle a mi hermano. Su nombre es Loki. Y estamos encantados de conocer su casa. ¿Verdad hermano?

Loki parecía no quitar la vista de la señora Stark. Con su porte elegante y por completo diferente a su molesto hijo, no podía evitarlo.

—Eh… Mmm… Sí —secundó las palabras del rubio.

—Huy —Tony se burló—. Parece que tienes un admirador mamá.

—¿Ahora te diré sobrino, Tony? —Thor también siguió el juego

—Callen ustedes dos. —En el rostro claro se veían unas manchas rojas de baja intensidad. Tratando de ocultar su bochorno, el ojiverde volteo a otro lado y cruzó sus brazos.

—No veo ningún problema y más con un niño tan encantador —María un poco enternecida por ello le dio un beso en la mejilla al pelinegro. Ahora el rostro del menor era por completo carmesí. La señora Stark rió por lo bajo. —Bueno. ¿Qué les parece si les traigo algo para que coman? Ahora vuelo.

—¿Puedes traer dulces, mamá? —la detuvo un rato el castaño.

—Claro. —Alborotó el cabello de su hijo y abandonó la habitación.

—Chicos. ¿Saben jugar turista? —Tony bajó una caja de cartón con muchos colores de la parte de arriba de lo que parecía su armario.

—Un poco —respondió Loki ya más relajado.

—Perfecto. A jugar. —Tony puso el juego al centro de la gran cama.

La partida del juego de mesa iba como por la mitad al momento que María Stark ingresó al cuarto de Edward, para dejar los aperitivos en uno de los muebles de la habitación.

—Lamento interrumpirlos chicos, pero quiero que sepan que la casa Stark siempre estará abierta para ustedes. Sólo deben avisar a Anthony antes, y no habrá inconveniente —la mujer comentó cuando se hallaba en el marco de la puerta.

Al unísono y con una inclinación de su cabeza, los Odinson agradecieron la invitación.

—Diviertanse —María cerró la puerta.

—No se ustedes, pero yo tengo hambre. —Tony fue a devorar los emparedados y demás cosas que su progenitora había preparado. Posteriormente fue seguido por el pelinegro y rubio.

Cuando terminaron con todo, Loki al ver por la ventana y con una paleta de cereza en la boca, se percató que el sol al parecer había recorrido una distancia considerable hasta el oeste.

—¡Demonios! —golpeó el hombro de su hermano—. Tenemos que irnos ya. ¡Andando!

—¿Cómo que ya se van? —sorprendido Stark interrogó, mirando cómo se iban.

—Lo sentimos Tony. Esperamos volver a verte pronto —Thor casi gritó esto último ya que ahora el era a quien arrastraban.

—Al menos ya no estaré tan solo. ¿Verdad Dum-E? —La máquina iluminó rápidamente todas sus luces en una secuencia.

En la parte baja de la escalera los hermanos se encontraban. Thor detuvo al ojiverde en su andar.

—Tenemos que despedirnos de la mamá de Tony, hermano. Sería de mala educación irnos así.

—De acuerdo. Pero rápido antes de que se den cuenta que nos alejamos mucho —Dijo el menor de los Odinson con su ceño fruncido.

—¡María! —gritó el rubio ya estando en el recibidor.

Los segundos posteriores de espera parecieron eternos para los menores. Tenían que salir cuanto antes. Aunque gracias a sus súplicas mentales, pronto apareció la señora Stark. Si ambos suspiraron de alivio al mismo tiempo, no hicieron comentario alguno.

—¿Sucede algo chicos? —preocupada la mujer cuestionó.

Loki respondió. —Nos tenemos que ir ya, señora Stark. Sentimos no despedirnos de la manera correcta, pero tenemos que irnos a casa cuanto antes.

—No se preocupen niños; comprendo. Y Loki, al igual que tu hermano te doy permiso para que me llames por mi nombre. —Una sonrisa cálida en las facciones de la dama se hallaba.

—Gracias. Con su permiso —el menor hizo un ademán con su cabeza y tomó el brazo de Thor para salir junto con él de la casa.

María iba a preguntar dónde vivían e ir a conocer a sus padres. Sin embargo los niños se fueron demasiado rápido. —No importa. Será para la próxima.

Sanos y salvos los niños Odinson llegaron a casa sin que sus padres les llamaran la atención como se esperaban. Sólo su madre les dijo que fueran a descansar un poco y que en una hora más quería que fueran a la habitación que fungía como estudio donde tomaban sus clases sobre teoría mágica antes de poder ir a la escuela.

Tomaron un repaso sobre algunos hechizos, pociones y encantamientos. Contestaron cuestionarios acerca de algunas lecciones previas. Leyeron sobre historia de la magia y criaturas mágicas.

—Y bien, ¿alguna duda niños? —interrogó la señora Odinson al concluir las horas de estudio.

Sus hijos negaron con la cabeza cuando ya habían terminado de guardar sus pergaminos, sus plumas y la tinta.

—Eso espero. Recuerden que ambos son capaces de ayudarse o pueden preguntar a su padre y a mí —informó Frigga—. Y ahora que lo recuerdo, su padre quiere verlos en su estudio. Quiere decirles algo importante a ambos.

Ambos hermanos se miraron confundidos y temieron por un momento que su padre les regañara por lo de hace algunas horas. Esperaban que no supiera de Tony, sino les iría muy mal. Ni tardos ni perezosos fueron al encuentro con Odín.

Cuando llegaron, Thor tocó con su puño la puerta. Como antes, sintieron que el tiempo transcurría de forma lenta a la espera de la indicación de su padre para poder entrar.

—Adelante —pronunció Odín, callando los pensamientos de sus hijos.

Thor y Loki cuando entraron, saludaron a su padre de forma respetuosa como era costumbre.

—Siéntense hijos —señaló las sillas enfrente del escritorio donde estaba arreglando algunos papeles.

—Mamá nos dijo que nos querías ver. ¿De qué quieres hablarnos, padre? —cuestionó el menor de los hermanos.

—Antes que nada, ¿se divirtieron explorando el vecindario? ¿Conocieron algo nuevo?

Thor volteó a ver al ojiverde. Algo en su expresión le hizo saber que era muy probable que Loki mencionara a Tony y María; en su mayoría el pelinegro no le ocultaba algo a su padre, y menos algo así de importante.

—Sí, descubrimos algo —el rubio se adelantó a las palabras de su hermano. Era mejor de aquella manera, aunque sabía que tal vez el de cabello negro se lo reclamara—. Estuvimos en un parque pequeño en el que hay algunos juegos. No está muy lejos de aquí, pero se nos fue el tiempo al usarlos y después en trepar algunos árboles. Y nos entretuvimos bastante, ¿verdad hermano?

Odín miró inquisitivamente a ambos, pero más con detenimiento al menor de ellos. Loki tan sólo le dirigió su mirar con algo de enojo al rubio, sin embargo un brillo en sus esmeraldas daban a entender otro parecer. Thor no supo descifrar tal sentimiento, pero por su bien decidió aguardar a que su hermano hablara. Era todo o nada.

El pelinegro movió su vista a su papá. —Así fue padre. Nos divertimos mucho. Gracias por dejarnos salir.

El padre de ambos asintió comprensivo.

—Me parece muy bien hijos, y me alegra escuchar eso. Es por ello que he tomado la decisión de dejarles salir una vez al mes para que evitar que se aburran aquí en casa.

El oji-azul abrió su boca y ojos en señal de asombro. No esperaba una noticia como aquella. Aún no se lo podía creer, se sentía en un sueño. Podía ir a ver a su amigo muggle una vez al mes, claro, mientras su padre no se enterara.

Se levantó rápido y fue a abrazar a su progenitor. —Gracias padre. De verdad.

Odín correspondió al abrazo, no pudo negarse a esa muestra de afecto. No obstante su otro hijo no se acercó, aunque no le pareció extraño; a este no le gustaba ser sentimental.

—Vamos Loki, ven a abrazar a papá. —pidió Thor separándose un poco de su padre.

El menor estaba indeciso por ir a abrazar a Odín. Aunque al ver la escena frente a él y al rememorar la decisión de su padre, no tuvo más remedio que aceptar que estaba muy agradecido por ello.

Sin más, fue al encuentro de las otras personas de la habitación para abrazarlas.

—"Gracias. Padre". —Loki dijo en su cabeza.