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~This Place is painted Blood~

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(Notas al final de capítulo)

Flashbacks−pensamientos.

Hechos ocurridos en tiempo real.

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4)

Recordaba como si estuviera dentro de una pesadilla todo lo que había ocurrido esa noche. Se podía observar a si mismo dando RCP a una inconsciente Asuna, y luego la puerta de la habitación abriéndose y muchos uniformados de blancos adentrándose en la escena y separándolo de ella. La voz de Seijirou Kikuoka intentando volverlo en si mientras le colocaban una máscara de oxígeno a la pelirroja y la trasladaban en una camilla cuesta abajo.

Recordaba como dentro de una profunda bruma, incorporarse del suelo con ayuda de su empleador, y de pronto el llamado de atención ante el otro muchacho inconsciente tirado en el suelo del cual él se había olvidado. Pero estaba demasiado aturdido para intervenir. Kikuoka lo cargó en su auto en silencio y siguió a la ambulancia que se movía rápidamente por las calles de Tokyo

En un parpadeo se encontró en el corazón de Saitama, entrando a ese lujoso hospital donde Asuna había estado internada dos años atrás: el Hospital General de Tokorosawa. Tan grande e imponente como recordaba. Tiempo después se encontraba en un largo pasillo infinito lleno de puertas cerradas, con una tenue luz tétrica mientras él estaba esperando, sentado -solo- en un sillón.

Luego la escena cambió, Seijirou lo sostenía de los hombros, esta vez estaban dentro de una habitación pequeña; una oficina. Y frente a ellos un hombre alto de bata blanca decía muchas cosas que no entendía. Miró a sus costados para encontrar al hermano mayor de Asuna, quien lucía devastado, pero por más que trató de decirle algo, su boca permanecía cerrada como cuando en sueños luchas por gritar y es francamente imposible.

En algún otro momento de su lapsus se halló en un consultorio con varias enfermeras a su alrededor suturando sus manos, y algunos cortes en las mejillas que no recordaba que tenía. Kikuoka estaba ahí viéndolo con la misma preocupación de antes, luego le susurró algo a la enfermera que lo cuidaba y ésta le inyectó un sedante. Lo supo porque al momento se sintió débil y manejable. Pronto la oscuridad lo engulló y él se dejó acunar por la tranquilidad de su seno, hasta que alguien lo sacudió violentamente despertándolo.

El rostro de su madre adoptiva apareció en primer plano, el amanecer había llegado en un parpadeo y ella estaba insistiéndole que fuera a asearse y cambiarse de ropa, que llevaba días así vestido y el personal del hospital descalificaba su conducta, y estaba empezando a ofenderse ante su aspecto. Además que no lo había criado para que se comportara de esa forma.

Entonces él recordó mirarse a sí mismo, encontrándose extraño y ajeno como si no se reconociera como tal. El sueño, o la falta de él hizo que volviera a desvanecerse. Quizás estaba bajo los efectos de alguna droga porque apenas podía mantener los ojos abiertos; la fisonomía llorosa de Midori se distorsionaba frente a sus pupilas, dibujándose y desdibujándose conforme él intentaba enfocar la mirada y negarse. No iba a abandonar ese lugar. No hasta saber que Asuna estaba bien y pudiera verla sonreír con sus propios ojos. Midori insistía con sus orbes grises cuajadas de lágrimas, y a él le costaba negarse. ¿Cuántos días habían pasado desde entonces? El rostro de su madre se veía avejentado y cada vez más desesperado rogándole que le dejara suplantar su lugar para que él pudiera descansar de alguna manera.

¡Pero esa era una locura! ¿Cómo iba a irse sin saber nada de su novia? Seijirou andaba por ahí y en esta ocasión no vestía elegante, estaba de mangas de camisa y jeans, y se golpeaba la frente preocupado… ¿acaso no tenía un traje negro la vez anterior? ¿O era gris a rayas? Negó con la cabeza ante tal absurda conclusión, y luego sacudió la mano ante la sugerencia de la dama, y volvió a acomodarse en ese sillón que ya llevaba grabada su forma y volvió a sucumbir a los efectos de la somnolencia.

Despertó no mucho después, o eso le pareció al confundido joven, y esta vez era de noche. Pero no estaba en ese pasillo infinito lleno de puertas a ambos lados. Estaba en su cama, dentro de su habitación. ¿Acaso todo era producto de su imaginación? Se miró las manos en la penumbra y reconoció los vendajes que la enfermera le había puesto más temprano… ¿Entonces que hacía ahí? ¿Cómo había llegado si hasta hace unos minutos atrás estaba en el hospital?

Salió de su cama notando con interés que estaba vestido con su pijama limpio, que su cabello estaba suave y no se sentía maloliente. Al parecer su madre se había salido con la suya y había logrado arrancarlo del sanatorio; alguien lo había aseado y de la misma forma había logrado que durmiera un buen rato… Tomó de la ropa que descansaba en la silla junto a su escritorio y se vistió rápidamente. Pero por más empeño que pusiera sentía que toda acción la hacía en cámara lenta, ni siquiera coordinaba bien sus movimientos ¿Qué rayos le pasaba?

Cuando volvió en si, se encontró otra vez en ese pasillo poblado de gente, la luz del sol era terrible y le hacía daño en los ojos. Las personas a su alrededor se movían aceleradas como si fueran parte de una película muda, mientras él seguía sentado en ese sillón de cuero vistiendo sus mejores jeans y la chaqueta negra que no recordaba habérsela puesto. No había nadie conocido allí, solo rostros ignotos que pasaban a su lado sin prestarle atención. ¿Dónde estaban todos?

La pregunta fue lógicamente contestada al segundo siguiente. Sus ojos grises examinaron ese consultorio que para estas alturas era extremadamente familiar. El doctor al otro del escritorio estaba más serio de lo acostumbrado, y de este lado Kikuoka lo sostenía de los hombros como si temiera que pudiera hacer alguna tontería, allá estaban los padres de Asuna. La señora Kyouko a quien había visto en pocas ocasiones no dejaba de llorar y realmente se veía extraña en esa estampa de mujer quebrada y atormentada. Shouzou conservaba una máscara fría e impersonal, pero en su palidez y en sus ojos yertos se notaba la desesperación y la culpa que estaba carcomiéndolo.

El médico seguía hablando exponiendo un discurso largo y lleno de diagnósticos y terminología médica que ninguno parecía entender. Salvo Kikuoka que no había abandonado su lugar y continuaba confortando al muchacho rodeando sus hombros. Los sollozos de la señora Yuuki llenaban la habitación a la par que el veredicto del doctor crecía con voz monótona, sus palabras sin sentido flotaban en el ambiente pero para Kazuto era como si no pudiera oírlas ni entenderlas hasta que cierta frase borró de tajo la nebulosa en la que se encontraba sumergido, y lo despertó completamente del letargo.

−… a pesar de que hemos reestablecido su ritmo cardíaco, no podemos asegurar cuál será su calidad de vida, ni qué clase de secuela esa droga ha dejado sobre ella… −se ajustó los anteojos sobre el puente de su nariz −Por esa razón no puedo darles mi veredicto final sino hasta que la señorita Yuuki despierte…pero la perspectiva no será algo fácil ni agradable… puede abarcar desde una ceguera hasta una parálisis completa con todas sus co…

Kazuto no supo en que momento, pero su cuerpo se hizo agua, y sus ojos se perdieron en esa oscuridad salvadora haciendo que se derrumbara inconsciente en los brazos de Kikuoka.

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Normalmente todo dentro de ese hospital era de lujo y de excelente calidad; sin embargo ese sillón era en extremo incómodo. Y más cuando llevas mucho tiempo mal dormido cualquier cosa -por más pequeña que sea- enerva tus nervios.

Se acomodó para dormir solo unos segundos más cuando recordó porque había despertado; había tenido una sensación extraña, casi como un presentimiento que lo trajo de vuelta de las tierras de Morfeo. Se sentó obviando su dolor de espalda y demás molestias para prestar atención al rostro amado frente a él, y lo que descubrió llenó de felicidad su desmejorado aspecto.

Los ojos ambarinos estaban abiertos en todo su esplendor, tan serenos y cristalinos como un estanque. Y por la posición que ella ocupaba en la cama se podría decir que estaba viéndolo.

−¿A-Asuna…? −tartamudeó con emoción bajándose del mueble en el que estaba para acercarse, y sostener la mano que no estaba llena de cables ni agujas. Rió para si, ¡era obvio que era ella!

Aunque la muchacha no pestañeó se dedicó a mirarlo fijo sin mover un musculo y Kazuto lo atribuyó al trauma, y a su reciente despertar.

Atolondrado y feliz, el joven se puso de pie y presionó el timbre llamando a la enfermera.

−No te preocupes…−murmuró alegremente, no sabiendo si reír o limpiar las tontas lágrimas que se asomaron a sus ojos −Ella sabrá que hacer así que no necesitas decir nada…−se inclinó rozando la mejilla femenina, el golpe que otrora oscurecía su piel, era ahora una simple línea sin importancia. Y aunque se veía tan pequeña y frágil, su belleza se mantenía intacta −Si que te has tomado tu tiempo para despertar…−sonrió otra vez pese a las lágrimas que de nueva cuenta pugnaron por salir. Se las secó a manotazos manteniendo la sonrisa, aunque le resultaba casi imposible −Cuando te… dormiste era invierno, ahora es casi primavera…

La muchacha no decía palabra, seguía de lado mirando al chico que hablaba sin parar. Sus ojos no transmitían nada, estaba viéndolo, pero a la vez no. Como si sus ojos de miel lo traspasaran.

Como si fuera transparente…

−¿Qué ocurre Kirigaya-kun? −la voz demandante de la enfermera Aki se oyó tras que la puerta se abriera y sonó casi de mal humor por haber sido sacada de su descanso matutino. Pero al ver la expresión del muchacho rápidamente comprendió −¡Asuna-chan! −exclamó con alborozo y rápidamente se acercó a la muchacha que ahora dirigía sus amielados ojos hacia ella. Le bastó verla tan solo un segundo para girarse al chico −¿Por qué no esperas afuera un momento mientras hablo con esta belleza?

−Ehhh ¿por qué?

Pero la mujer con firmeza tomó al muchacho del brazo y lo acompañó hasta la salida −Ve a buscar a su médico −le dio un pequeño empujón antes de inexplicablemente retener su muñeca −No le digas nada a su familia... Y… que Kikuoka venga contigo….

Kazuto asintió y con sus fuerzas renovadas se dirigió por el pasillo en busca del facultativo.

En todo lo que restó de ese día, y luego de que centenares de doctores se internaran en la habitación de Asuna por horas, no volvió a verla.

Es más tiempo después, la enfermera Aki con semblante serio y voz firme le comunicó que de momento las visitas a esa paciente en especial estaban terminantemente prohibidas.

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Luego de la pesadilla vivida esos tres meses no estaba dispuesto a volver a pasar por lo mismo. No ahora que había despertado.

¿Entonces porque todo el personal del hospital se comportaba de modo tan extraño?

Para la familia, Asuna aún seguía en coma, esperando despertar como cuando se encontraba bajo los efectos de SAO. Y Kazuto ya no estaba tan seguro; pues el momento en que la vio con los ojos abiertos había sido tan fugaz, y él se encontraba aún adormilado, que varias veces se replanteó si no había sido todo producto de su imaginación y de sus ganas de verla despierta.

¿Podría ser que su subconsciente le jugara una broma cruel?

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El primer mes tras su internación no había podido ver a la muchacha en ningún momento, y poco recordaba de esos días sombríos y extraños; donde Kikuoka no lo dejaba ni a sol ni a sombra, y donde extrañamente el nombrado pasaba largas horas hablando con el doctor que estaba a cargo de la salud de Asuna. Pero era cierto, Seijirou mantenía un dialogo casi de igual a igual con el facultativo que levantaba muchos murmullos y habladurías a su alrededor. Pero lo extraño vino después; cuando la enfermera encargada de su rehabilitación; Natsuki Aki entró a trabajar en el hospital para cuidar a la chica, como si no hubiera suficiente personal capacitado para hacerlo en semejante centro de salud.

Además los informes al respecto de su salud se mantenían en el silencio más absoluto… o quizás él se encontraba tan devastado que su mente había excluido eso de sus recuerdos. Pero si repasaba esa época, no podía poner orden a lo poco que recordaba.

Luego de ese primer mes de tratamiento se le permitió a él y a la familia ver a la muchacha que había sido trasladado a una habitación aislada, en un área apartada del hospital. Conectada a múltiples aparatos extraños, y llena de cables monstruosos que entraban y salían de su cuerpo parecía una muñeca quebrada. Hermosa y dormida era lo que su memoria había guardado con ahínco de esas noches de invierno. En ese entonces ya se encontraba un poco más repuesto de la pesadilla de aquellas primeras horas, había tomado los restos de su corazón y con decisión los había parchado para seguir andando y no sumir de preocupación a su propia familia y amigos.

Lo cierto fue que la vida continuó después de esa noche en la que el torneo del Bob finalizó. Y mientras la vida de Asuna se debatía, el mundo seguía girando a pesar de él. Repasaba esos instantes y los sentía lejanos y ajenos, como si hubieran sido de otra persona, como si no le pertenecieran a él…

Pero lo cierto era que estaba pasando aquí y ahora. La preciosa vida de la chica estaba colgando de un hilo gracias a la dosis de succinilcolina que un desquiciado le había inyectado; y las consecuencias nefastas que le seguirían una vez que la peligrosa sustancia se hiciera con las funciones respiratorias de su cuerpo aún eran una incógnita.

Su memoria le traía el eco del doctor diciendo que el panorama no era alentador en cuanto a las secuelas que sufriría Asuna si llegara a despertar. Pero como no podía recrear con precisión ese veredicto, había empezado a pensar que ciertamente se lo hubo imaginado. Ese primer mes había sido una nebulosa constante y todo lo que tenía eran recuerdos sueltos, retazos de una memoria que no quería ser hallada.

El segundo mes había sido más alentador porque su estado se había mantenido estable. Pero con el comienzo del tercer mes en coma, las posibilidades de que algún dia despertara comenzaron a escurrirse como agua entre las manos. Si bien a simple vista los signos vitales de la chica se encontraban en orden, no daba señales de querer despertar, y aún esos espasmos que usualmente se daban por reflejo en pacientes comatosos, y que todos esperaban se sucedieran en Asuna, pasaron sin pena ni gloria sobre el cuerpo dormido de la pelirroja.

El panorama era devastador, y por eso su médico permitió que la familia y allegados la visitaran a diario como si esperaba que el premeditado final se sucediera de un momento a otro, y que toda la gente que la quería tuviera su oportunidad de despedirse. Kazuto pasaba varios días de la semana velando su sueño; hablándole, intentando no quebrarse, y sobretodo tratando de no remontar el momento actual a ese tiempo cuando en ese mismo hospital rogaba porque Asuna despertara, mientras ella estaba atrapada dentro de ALO. Sin embargo era imposible no encontrar similitudes… parecía que su vida era un completo Deja vu; la desaparición de Asuna en manos de Kayaba, su internación mientras estaba a merced de Sugou…

Su forma de sacrificarse siempre… siempre por él.

Por eso cuando la vio con los ojos abiertos, la máscara de oxígeno conectada a su nariz, la cofia que ocultaba su cabeza, y la bata que apenas escondía lo delgada y pequeña que se veía, le costó reaccionar. Había soñado tantas veces con ese momento, y había pensado como habría de actuar, que el instante se le escapó de las manos en un santiamén. ¿Había sido real? ¿U otra de las fantasías recreadas por su mente?

Sin embargo nadie corroboró lo que él sospechaba, y cuando esa noche iba a ocupar su lugar como siempre junto a la cama de Asuna, se encontró con que ese lugar estaba vacío.

No había rastros de la muchacha, como si ella nunca hubiera ocupado esa cama, como si su presencia fuera un fantasma dentro de la habitación. Y la enfermera Aki había desaparecido del hospital como por arte de magia.

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− Hijo, cariño despierta…

Kazuto abrió los ojos con confusión, viendo la fisonomía cansada de su madre.

−¿Mamá? −Esta le sonrió antes de despejarle el cabello de la frente −¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es? −se incorporó confundido notando que estaba acurrucado en el viejo sillón del pasillo que llevaba a la habitación de Asuna.

Deja vu.

Eso era tan parecido a ese primer mes de locura y demencia, que se sentó mesándose el cabello, intentando poner orden a sus pensamientos.

−Son cerca de las diez de la mañana, Kazuto. ¿Por qué no te vas a cambiar de ropa mientras yo ocupo tu lugar?

Él la miró sintiéndose más perdido que antes.

−Y sé que ya hemos hablado de esto muchas veces, pero deberías ir a la escuela, y arreglar tu situación ed…

−Conseguiré un tutor −se le adelantó −No perderé el año, Kikuoka va a ocuparse de eso ¿Dónde está todo el mundo? −aventuró mirando alrededor.

−Los señores Yuuki se retiraron a descansar, Seijirou les dijo que les avisaría de ocurrir algo importante −le tocó la mejilla −Tú deberías de seguir su ejemplo, hijo. ¿Qué logras quedándote aquí?

La miró con sospecha. Todo lo que estaba ocurriendo era tan similar a esos primeros días. Como si estuviera viviendo la misma película una y otra vez. Una y otra vez.

−No…

−Kazuto, hijo…−la señora Midori lo interrumpió con firmeza −Debes descansar, llevar tu salud al límite no va a ayudar a Asuna-chan.

−Mamá…

−Hazme caso, cariño. Es por tu bien.

La expresión de la dama fue suficiente para enternecerlo. Sonrió con cansancio −Está bien, pero a media tarde estaré aquí.

Ella asintió y se sentó a su lado viendo como el muchacho -casi hombre- se estiraba perezosamente y se tallaba los ojos. Era obvio que pese a sus acciones aún estaba algo adormilado −Bueno…−se colocó la chaqueta −Nos vemos luego mamá.

−Por supuesto, hijo.

Echó a caminar por el largo pasillo vacío. Al ser esa una sección poco usada el eco de sus pasos retumbaba en sus oídos. ¿Cuántos días habían pasado desde la primera vez que puso un pie ahí? noventa y tres, o noventa y cuatro días y contando… la espera por un milagro y que ella despertara se hacía eterna.

Apretó el botón del ascensor mientras veía en trance como los números iban iluminándose poco a poco.

¿Despertar?

¿Qué acaso eso no había ocurrido ayer? ¿O antes de ayer? ¿O ese bonito sueño en el que veía sus hermosos ojos ámbar clavados en los suyos mientras esperaba por la enfermera Aki había ocurrido una semana atrás?

El ascensor llegó y dentro de la cabina volvía a experimentar esa extraña sensación de que estaba repitiendo ese mismo episodio por enésima vez. Se jaloneó el cabello apretando sin misericordia los parpados mientras se ordenaba tranquilizarse; pero el hilo de sus pensamientos era un descontrol sin forma que lo asustaba. Porque recreaba situaciones que no concordaban con su memoria: retazos de situaciones idénticas que se sucedían una y otra vez con el mismo resultado.

La puerta se abrió ante sus ojos y él salió buscando la oficina donde Kikuoka y el doctor de Asuna usualmente se reunían. Estaba en el piso número diez, un lugar tranquilo y apacible, donde algunos pacientes pasaban su post operatorio. Allí también había poco personal, y esa planta estaba vacía casi todo el día. Caminó hasta el lugar indicado, y llamó a la puerta con suavidad. Al no obtener respuesta la abrió lentamente.

−¿Doctor Tajiri? ¿Seijirou?

No había nadie dentro lo que le pareció extraño. Resopló con fastidio antes de volver sobre sus pasos para llamar al elevador.

−Buenos días Kirigaya-kun…

Una conocida voz lo llamó desde atrás, y el joven se volvió con curiosidad viendo a una sonriente enfermera que portaba una bandeja en las manos. Luego de observarla por espacio de unos segundos, la reconoció; era una de las asistentes que estuvo a cargo de Asuna dos años atrás durante la inmersión de SAO y ALO. Él la había visto muchas veces esos meses cuando recién había despertado, y pasaba sus tardes visitando a la pelirroja.

−Buenos días −le respondió solícito.

−¿Te regresas a tu casa tan pronto? −aventuró sonriendo afablemente.

−Solo un par de horas, luego volveré.

−Está bien, aún sigues montando guardia por la señorita Yuuki ¿verdad?

−S-Si…− asintió.

Ella le dedicó una mirada comprensiva cargada de melancolía −Eres un buen chico, realmente no mereces todo esto…

Él se encogió de hombros, incómodo y apenado no sabiendo que decir.

−Que tengas buen día, muchacho.

Se inclinó y cuando la mujer pasó a su lado, él alcanzó vislumbrar algo que hasta el momento no había puesto atención. La bandeja con un desayuno ya consumido tenía un nombre grabado. Anna.

Y esa palabra hizo que sus orbes grises se abrieran de impresión, completamente despabilado. Antes de pensarlo, su mano sujetó del brazo a la enfermera deteniéndola de improviso.

−¿Kirigaya-kun? −la mujer lo miró con cierto espanto.

−¿De quién era eso?

Ella lo miró con curiosidad, luego observó lo que portaba e imperceptiblemente acercó la bandeja a su pecho.

−Es para una paciente… delicada.

Los ojos cafés de la mujer lo veían con incertidumbre. Se estaba comportando como un desquiciado, por lo que la soltó y retrocedió algunos pasos −Lo siento, enfermera…

La mujer no le respondió apretó el agarre en torno a lo que llevaba y tras un ligero movimiento de cabeza se alejó de él a paso rápido.

Kazuto la observó irse con pesar, luego con fastidio volvió a llamar al ascensor hasta que este abrió las puertas ante sus ojos. Se metió en la cabina y no pudo evitar golpear su cabeza contra la pared recriminándose su actuar.

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¿Kirito me oyes…?

Alguien estaba zamarreándole el brazo buscando traerlo de la inconsciencia que día a día caía sobre él si remordimiento.

Abrió pesadamente los parpados, otra vez era de noche. ¿Qué día era? ¿lunes, sábado…? ¿Y cuánto tiempo llevaba confinado en aquel lugar?

¿Kazuto?

El llamado se repitió por lo que prestó atención al rostro preocupado de Ryoutarou que frente a él sacudía su mano como intentando atraer su atención.

Klein… ¿qué haces aquí?

Te dije que vendría a hacerte compañía ¿no lo recuerdas?

Se talló los ojos y se miró las manos, las cicatrices ya casi estaban sanando; resopló, era el penoso recordatorio de como seguía pasando el tiempo pese a que para él la noche era larga y eterna.

Además me enteré de algo más… pero no sé si sea correcto decírtelo…

Kazuto volteó a ver a su amigo pelirrojo, este se había dejado caer a su lado y observaba el suelo como si algo interesante se hallaba allí.

¿Qué?

Bueno, no sé si…

Si viniste para decir cosas a medias mejor no hubieras dicho nada −le dijo poniéndose de pie hastiado de la situación.

Es sobre el otro…− se apresuró viendo que su compañero perdía la paciencia −Sobre ese tal Shinkawa, el sujeto al que tú…

¿Qué sabes de ese infeliz? −apretó los dientes al preguntar con rabia volteando a ver a su amigo.

Ryoutaru se mesó el cabello con incomodidad, sintiendo como la respiración de Kazuto se ponía laboriosa, como si intuyera lo que estaba por decirle.

Oí a Kikuoka-san cuando hablaba por su móvil y le confiaba a alguien que ese tipo había despertado gracias al antídoto que le habían suministrad… ¡Kirito espera…! −pero el pedido fue inútil, el nombrado lo empujó violentamente haciéndolo sentar de golpe en el sillón de cuero cuando intentó frenarlo −¡No te atrevas a detenerme Klein!

¿Pero qué vas a hacer?

¿Qué crees que puedo hacer?... −lo miró fijo, sus ojos inyectados, y las ojeras que acentuaban su gesto fúrico le daban un aspecto demente y desesperado.

Solo no cometas una tontería, sus padres están a un paso de demandarte y…

¡¿Demandarme?!... ¡Después de lo que le hicieron a Asuna! −Lo interrumpió conteniendo la voz de gritar de la impotencia. Apretó los puños como si con eso pudiera serenarse −¡Yo debiera de demandarlos…!

Kirito cálmate…− Ryoutarou intentó frenarlo, pero Kazuto demostrando claramente que ya no era un niño se soltó de un golpe rudo.

Voy a hacerle una visita, tú quédate aquí… si hay alguna novedad me avisas…− ni siquiera esperó que su amigo estuviera de acuerdo, caminó por ese pasillo infinito a conciencia que no llevaba abrigo y ese día el invierno se hacía sentir. Pero era tanta la furia que sentía por dentro que el clima bajo apenas le afectaba.

Y así en trance, con esa decepción que monopolizaba sus emociones viajó hasta el lujoso hospital privado donde era de público conocimiento que Shinkawa Kyouji estaba internado gracias a la influencia de sus padres.

Kikuoka le había comunicado cual había sido su paradero, como si inconscientemente supiera que esa información le sería útil en algún momento futuro. El ministro de gobierno era un hábil titiritero que sabía muy bien cómo mover los hilos, y Kazuto estaba seguro de que ese detalle había sido cuidadosamente premeditado por su empleador. Y a medida que caminaba dentro de las instalaciones estaba cada vez más convencido que Ryoutarou había sido otro peón dispuesto por las circunstancias a cumplir sus caprichos.

Hola ¿Quién eres? −una enfermera lo retuvo al salir del ascensor. Realmente no debía de ofrecer un buen aspecto cuando llevaba varias semanas sin dormir apropiadamente, y vistiendo la misma ropa.

Soy un compañero de instituto de Shinkawa-kun~

Oh, claro…−le sonrió −No han venido muchos amigos suyos a verlo, solo la chica de gafas y cabello corto, así que le gustará mucho tener otro invitado…−le sonrió afable −¿Sabes cuál su habitación?

Kazuto sonrió de lado en un gesto que dejó a la empleada algo asustada −No se preocupe, lo recuerdo con precisión −le dio la espalda y prosiguió su camino hasta el cuarto del nombrado al final del pasillo.

Abrió la puerta notando sin querer las muchas diferencias que se erigían entre la situación actual de ese muchacho y la de su novia que seguía debatiéndose entre la vida y la muerte. Mientras Asuna estaba conectada a varios aparatos que en cierta forma vivían por ella, Shinkawa solo tenía una máscara de oxígeno, y su habitación estaba vacía de equipamiento médico y personal.

Y hasta dónde sabía la dosis que había sufrido era mucho peor que la de Asuna. Entonces ¿cómo podía ser que él ya estuviera despierto…? ¿Qué cambiaba…?

Cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, haciendo que el paciente que descansaba en la cama se sobresaltara ante el estruendo. Sus ojos castaños lo observaron con confusión hasta que finalmente pudo reconocerlo. Se quitó el respirador.

¿Q-qué haces aquí…? −su voz sonó débil y rasposa. Tenía una venda que le cubría casi todo el cuello y Kazuto recordó haberle clavado la jeringa con saña justo ahí.

Solo vine a advertirte algo− le dijo el joven de cabello negro mientras se detenía a unos pasos de la cama para que pudiera verlo bien.

Kyouji lo miró expectante, le hizo una seña de que continuara, aunque sus ojos tenían un dejo cruel y altivo.

No entiendo porque Dios es demasiado compasivo y misericordioso con una mierda como tú… −lo dijo entre dientes y en un tono tan bajo y resentido que estaba seguro que su interlocutor no lo había oído.

Pero se equivocaba, el enfermo alargó la sonrisa y desvió la vista en una mueca de falsa preocupación −Eso quiere decir…− alzó ligeramente la voz arrastrando con trabajo las palabras −Q-que tu preciosa victima aún no se ha repuesto… ¿v-verdad?

¡Maldito!

¿Qué se siente… K-Kirito kun…? ¿Ver cómo lo que más amas se derrama de tus manos sin que puedas hacer algo para evitarlo…? −tosió ante el esfuerzo que le llevaba hablar. Sin embargo no ocultaba la sonrisa sardónica −Permitiste… permitiste que ella se interpusiera y se inmolara por ti… Ella… ella que haría cualquier cosa por p-protegerte ¿verdad…?

Kazuto apretó los puños como conteniéndose de gritar, pero la vena que latía en su mandíbula era suficiente para entender que estaba perdiendo la paciencia.

Cállate no tienes idea…

¡Oh pero si la tengo…! −habló y el esfuerzo le valió que su respiración se agitara un poco −Sé todo sobre ti, sobre ella… Así que dime… ¿Se le está acabando el tiempo, verdad…?

¡Escucha miserable! −Kazuto no tenía plena idea de lo que estaba haciendo cuando se inclinó sobre el muchacho y lo levantó tomándole del cuello de la bata que usaba. Hacía fuerza para no gritar, pero su voz salía apretada y contenida −No entiendo como lograste zafar de esta, pero… que te quede bien claro infeliz; si… Asuna no logra salir de esto te… te mataré ¿entiendes? −rechinó los dientes e hizo presión con sus manos −Terminaré lo que empecé contigo…

El otro rió sin humor viendo la expresión desesperada del pelinegro −¿Q-Que no debieras estar a su lado ahora…?

Kazuto lo ignoró, aunque sus nudillos se pusieron blancos ante la presión desmedida −A-Asuna…− sus ojos se aguaron por lo que apretó los parpados imponiéndose control −S-Su vida está pendiendo de un hilo… por tu culpa. Mientras tú…− apretó los dientes con furia −¡Eres un maldito hijo de puta! ¡Tú debieras de estar muriendo, no ella…!

¡Es tu pecado por ser un idiota…! −Kyouji rió pero solo algunos segundos, las manos temblorosas del joven de cabello negro se cerraron tras su garganta y el aire se atoró en sus pulmones empezando a boquear como un pez fuera del agua. Trató de liberarse, pero le resultaba imposible, primeramente porque estaba débil y en una posición de clara desventaja contra su adversario que ejercía presión sobre él. Sentía un sonido sibilante haciendo eco en su cabeza en lo que sus manos perdían fuerza.

¡Oye que crees que haces! −La enfermera de antes lo censuró con horror desde el umbral de la puerta abierta. Vió el brillo demencial en los ojos negros del muchacho y retrocedió −¡Suéltalo!

Kazuto lo soltó, dejándole caer sobre el colchón. La enfermera se había marchado pero la oía dando gritos de alarma en el pasillo, y seguramente no tardaría en traer a la seguridad del hospital. Retrocedió y desde los pies de la cama observó al maltrecho joven que tosía y aspiraba aire trabajosamente.

Si Asuna muere terminaré lo que empecé con mis propias manos…

N-No supiste cuidarla… no… intentes hacerme ver como la causa de tus e-errores…

¡No tienes idea de lo que dices!

Kyouji alzó la cabeza como si con eso pudiera ponerse a su misma altura −Pues ella hubiera estado mucho mejor con alguien que realmente la cuidara, alguien como yo…

El joven pelinegro ciñó los puños y avanzó un paso, pero finalmente se detuvo, entendía que lo que su interlocutor quería era que perdiera el control sobre si mismo. Le dio la espalda y se dirigió hacia la puerta abierta.

Tu vida por la de ella, no lo olvides.

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−¿Alguna vez te ha pasado que meditas en el pasado y te arrepientes de alguna decisión tomada?

Kazuto miró al alto muchacho de cabello castaño y de ojos avellana, similares a los de su novia. Estaban sentados en la cafetería, y a través de los ventanales se veía el sol cobijando la ciudad con los últimos trazos de luz. La noche no tardaría en caer, adhiriendo otro día más a los que llevaban confinados ahí dentro.

−Siempre tomamos decisiones de las que luego nos arrepentimos− dijo lacónico.

−No, no…−el otro muchacho sacudió la cabeza −Me refiero a esas decisiones que son trascendentales en nuestra vida, y que pueden llegar a cambiar todo en un segundo…

Kazuto bebió el café haciendo una pausa para recordar: si él no hubiera dejado el Kendo, nunca hubiera descubierto su pasión por las computadoras y los videojuegos, por ende jamás habría conocido a Asuna. Fue una decisión muy controversial dejar aquella practica milenaria que a la vez representaba las raíces de su familia, para volcarse de lleno en ese pasatiempo tecnológico y en los juegos en red… Una melancólica sonrisa se hizo presente en sus labios tiesos, gracias a esa decisión tomada cuando aún era niño se podía decir que había marcado su futuro.

−¿Sabes? A veces pienso… ¿Qué habría pasado si yo no me iba de viaje ese día, o si me llevaba conmigo ese NerveGear…? −Kouchirou lo miró fijo exponiendo su idea −Asuna nunca… nunca se hubiera adentrado a este mundo… sería una niña genio como siempre, abocada en tener el promedio más alto, y una conducta intachable… en estos momentos estaría en un dormitorio de la universidad preparando… preparando sus c-clases para… mañana…− la voz se le cortó en este punto, por lo que se apresuró a beber el café −Me culpo de haberme ido ese día, de haber dejado la copia de SAO al alcance de su mano, de no haberla protegido… ¡Soy su hermano mayor, maldita sea! Se supone que debí velar por ella porque eso es lo que hacen los hermanos ¿no es cierto?

Kazuto fue tomado por sorpresa ante la magnitud de la pregunta. Sobre todo porque fuera dirigida a él… cuya relación con Suguha recién se hubo establecido luego de que volviera de SAO. Y aún después de eso, los primeros meses fueron de ajustes y malentendidos que aún hoy le pesaban… pensándolo detenidamente: no era un buen ejemplo a tomar en cuenta.

−Yo…

−Y volví a fallar…− el castaño lo interrumpió −Otra vez... yo debí protegerla… mis papás me lo habían pedido… era mi responsabilidad... −se llevó las manos al rostro y se apretó los ojos en un gesto ausente mientras un sonido gutural salió de sus labios, semejante a un gruñido de impotencia -¡Maldita sea ese juego…! ¡Maldito sea ese mundo de mierda…! ¡Ese mundo… que se empeña en… querer llevarse a mi hermanita…!

−¡Koichirou…! −Kazuto estiró su brazo para sujetar el hombro del joven antes de que alguien del hospital viera el alboroto que estaban armando. El alto muchacho al parecer estaba sufriendo lo que parecía una crisis nerviosa, luego de tanto tiempo finalmente estaba tocando fondo −¡Cálmate!

Sin duda le daba vergüenza mostrarse quebrado frente al menor, se quitó a manotazos la humedad que osaba escaparse de sus ojos, e intentó sonreír pese al rictus que oscurecía su semblante pálido.

−Y Kouchirou…− Kazuto continuó con un tono de voz ligeramente firme e imponente −Nunca vuelvas a maldecir lo que hiciste… Conocer a Asuna fue lo mejor que me ha pasado en la vida… −le dijo con sinceridad −Lo que para ti fue una mala decisión, para mí ha sido una bendición y un acierto…−su interlocutor lo miró con asombro y curiosidad −En verdad.

−Eso no quita todos los problemas que pasó… y no estoy echándote la culpa de todo, solo…− se mordió el labio y se despeinó su espeso cabello castaño chocolate. Lo único que él y Asuna tenían en común era el color de sus ojos, como la miel, iguales a los de su madre. Bajó la vista hacia su taza ya vacía −Creo que estoy cansado y…

−¿Por qué no vas a descansar? −Kazuto ya estaba sintiéndose como su propia madre, proponiendo sus mismas palabras. ¿Cuántas veces ella le había dicho lo mismo en esos meses?

−¿Me dirás si algo importante ocurre?

−Por supuesto.

Deja Vu

Otra vez esa sensación de que ya había vivido eso. ¿A esto se resumía su vida actualmente? Una multitud de retazos que conformaban su memoria… una memoria que ni siquiera recordaba le perteneciera. Una laguna profunda donde su subconsciente flotaba llena de recuerdos que no concordaban entre sí, como una cadena a la que le faltaban los eslabones del medio para unirse…

−Oye Koichirou… −el nombrado lo miró con atención mientras se acomodaba el cuello de la chaqueta liviana y se preparaba para irse −¿Asuna no ha despertado, verdad?

Ni siquiera supo porque había preguntado algo semejante, pero la pregunta escapó de sus labios casi sin darse cuenta. Y supo por la mirada apesadumbrada y triste del hermano de su novia que había dicho algo en extremo delicado y crudo.

−¿Por qué preguntas eso? Cuando sabes que…

−Lo siento− se excusó sintiéndose estúpido y confundido, se tocó el cuello maldiciendo su lengua floja −Perdona, fue una pregunta de muy mal gusto… No debí decir eso.

Koichirou sonrió pese a todo y cuando pasó junto a su cuñado, le revolvió el cabello como solía hacer con su hermana −Tú también necesitas descansar ¿sabes?

.

.

.

Otra vez estaba en el piso 10 buscando al insufrible doctor; había intentado en la mañana y no había tenido suerte. Últimamente Kikuoka y el facultativo se desaparecían todo el tiempo, y aunque le preguntaba a la enfermera Aki, ésta parecía un caparazón hermético… que no soltaba prenda alguna.

Ella siempre se caracterizó por ser una persona ruidosa y locuaz, siempre parecía tomarlo de punto mofándose de él hasta por la más pequeña cosa; pero luego de ver la devoción con la que se quedaba día y noche al lado de su novia, Natsuki Aki cambió su forma de dirigirse a él, haciéndolo de un modo formal y hasta melancólico.

Kazuto se dirigió por el pasillo plagados de puertas, y golpeó la que correspondía a la oficina del facultativo.

¿Doctor Tajiri?

Al no recibir respuesta, abrió la madera con cuidado, llevándose una enorme sorpresa al ver a la conocida enfermera que presurosa cerraba un cajón del escritorio.

Kirigaya-kun ¿Qué haces aquí?

Eso mismo iba a preguntar yo− entró y cerró la puerta tras de si notando con atención como la mujer escondía algo en el bolsillo de su uniforme −¿Hurtas a escondidas?

Solo dulces… estoy intentando dejar de fumar, y Seijirou esconde cientos de paletas aquí… ya conoces su afección a las golosinas… y la verdad saco algo de beneficio propio gracias a su raro pasatiempo…

Kazuto se aproximó hasta el escritorio y abrió el cajón de un tirón notando de reojo las diferentes paletas de varios tamaños y colores, así como chocolatines y bombones que cubrían toda la basta superficie. Sin agregar palabra volvió a cerrarlo.

¿Lo ves?

No entiendo como el doctor Tajiri permita que ese imbécil guarde su mercancía aquí.

¿Quizás la compartan? −Aki alzó la esquina de sus labios en una sonrisa sarcástica, metió la mano en el bolsillo y le extendió un dulce de los que había tomado −¿Quieres?

No −observó como ella tomaba la golosina desdeñada y tras quitarle el papel se la metía en la boca en una mueca provocadora que él ignoró llanamente −No sabía que fumabas.

¿Crees que las horas exhaustivas dentro del hospital no arrojan un vicio?

Él se encogió de hombros y soltó un bufido leve −Bueno, como veo que el doctor no está aquí, volveré después −se dio la vuelta para salir por donde había entrado.

La mujer dio vueltas el dulce entre sus labios, parecía muy concentrada pensando algo −Kirigaya kun…−lo llamó antes de que saliera. El muchacho la miró por encima de su hombro −¿Quieres mucho a Asuna chan, verdad?

Él no le contestó la continuó viendo con seriedad.

¿Y has considerado que quizás ella…? −desvió la vista −…¿jamás despierte?...

Kazuto no se inmutó ante sus palabras.

Existe la posibilidad de que ella…

No. No existe esa posibilidad −la cortó furioso, sabiendo a dónde iba −He visto con mis propios ojos cómo ese bastardo de Shinkawa despertó, y tú bien sabes que su daño era mucho peor que el de Asuna…− la enfermera abrió con sorpresa los ojos −¿Ignorabas eso?

No esperaba que estuvieras al tanto de su recuperación…

Le hice una visita y lo descubrí, tu jefe me lo confió.

Ella soltó una maldición entre dientes, antes de serenarse y quitar la paleta de sus labios −Escucha Kazuto kun, es cierto lo que dices Shinkawa kun se recuperó porque sus padres son doctores y dirigen un hospital y… −el muchacho la veía mordiéndose el labio −No olvides que Asuna chan y tú estuvieron internados dos años durante el fiasco de SAO, y… lastimosamente la salud de esa muchacha es un poco frágil desde entonces…

¿Qué quieres decir? Sé clara.

Debes hacerte a la idea de que no despierte.

No.

Kazuto kun…

¡No!

¡Ya casi llevamos tres meses así!... ¡Debes tomar en cuenta esa posibilidad!... Ella podrá vivir a través de tus recuerdos…

¡No! −empuñó las manos ciñendo sus nudillos −Ella despertará… Asuna es fuerte, y saldrá de esta como lo hace siempre…

La enfermera se acercó unos pasos hacia el escritorio y arrojó la paleta aun entera dentro del cesto de la basura, sostuvo los aguados ojos de Kazuto con los suyos, entendiendo cuanto esfuerzo le costaba mantener entera esa fachada, y añadió con voz muy suave – Solo olvidamos las cosas que debemos olvidar, las olvidamos sin percatarnos. Eso es porque mientras más pensamos en querer olvidar algunas cosas, más se fortalecen sus recuerdos...

No− le dijo el muchacho otra vez y abriendo la puerta, se dio la vuelta para mirarla. La expresión de la enfermera era inescrutable, y antes de que ella pudiera decirle algo más le cerró la puerta en la cara y se marchó.

.

.

.

Ya hacía dos semanas que veía a la misma enfermera llevando la bandeja de desayuno, puntual a la misma hora. Lo saludaba con una sonrisa y seguía su camino sin inmutarse.

Kazuto la observaba curioso, y algo adormecido a esa temprana hora de la mañana. Ella siempre pasaba a la misma hora; las 8 am con la bandeja −la única que portaba con tanta diligencia− la llevaba a una habitación particular, y una hora después iba por ella y la traía de vuelta. Eso último lo sabía por Koichirou quien varias veces cuando subía a hablar con el doctor de Asuna la veía pasar a su lado cumpliendo la pacífica rutina de retirar el desayuno de Anna, la paciente que contaba con tan distinguida atención.

Kazuto no supo cuando empezó a prestar atención a ese ritual que día a día se sucedía frente a sus ojos. Quizás la ausencia de sus amigos, familia, y hasta de la alocada enfermera Aki lo sumía en un estado de aburrimiento tal que prestaba atención hasta al mínimo detalle de lo que sucedía a su alrededor. Así fue como descubrió ese extraño ritual; esa enfermera llevaba una bandeja de alimento 3 veces al día a una habitación la cual aún no sabía cuál era. Pero la veía pasar a la mañana, mediodía y noche cumpliendo afanosamente su encargo.

Y fue luego de varias semanas de verla deambular ante sus ojos, que le picó la curiosidad de ver a la paciente que se encontraba alojada en un área donde la mayoría de los internos hacía las cosas por si mismos. Esa mañana vio a la enfermera caminar con la bandeja del desayuno entre las manos y él la siguió a medio metro notando que pasaba el consultorio del doctor de Asuna e iba más allá, a una parte que nunca había visitado, internándose en otro de los muchos pasillos infinitos que poblaban ese hospital.

Frustrado volvió sobre sus pasos y se sentó en el sillón esperando como siempre lo hacía a que Kikuoka apareciera para su reunión matinal. Esa donde sin éxito intentaba enviarlo de nuevo a casa y que volviera a la escuela, hasta que él tuviera alguna novedad redundante de la salud de Asuna.

A lo que Kazuto se negaba una y otra vez, por supuesto.

−¡Kirito kun! −el llamado alborozado retumbó en el pasillo haciendo que varios voltearan en dirección del hombre de gafas que alegre se acercaba al parco muchacho que lo veía llegar con una ceja en alto.

−¿Qué modales son esos en un hospital?

−¡Yo también extrañaba charlar contigo! −le rebatió el recién llegado entregándole uno de los dos vasos de humeante café que llevaba en las manos. Se sentó a su lado.

−Estás muy alegre hoy− refirió entre dientes.

−¿Es que hay algún motivo para no estar alegre? −canturreó bebiendo un sorbo de su latte, luego reparó en el gesto de su compañero y se apresuró a disculparse −Lo siento, Kirito kun.

Este le hizo un gesto vago con su mano y se concentró en el café −¿Para qué me llamaste?

−Tu madre habló conmigo otra vez…−Kazuto suspiró con fastidio −Debes seguir con tu vida Kirito kun. Aunque no quieras reconocerlo, el mundo sigue girando pese a que Asuna chan sigue aquí.

−No me iré de este hospital sin Asuna.

Kikuoka resopló con cierta impaciencia, había terminado su café y levantándose del sillón fue a tirar el empaque vacío, demorándose un poco en eso, cuando volvió tenía una expresión seria −En verdad te cité porque tengo ciertas novedades para ti.

−Novedades.

−Sí, se trata de un pequeño trabajo.

−¿Trabajo? ¿Testear un nuevo juego? −aventuró arqueando las cejas con escepticismo.

−No exactamente, se trata de un proyecto que aún está en su fase experimental…

−¿Y yo sería su conejillo de indias?

Seijirou sonrió de lado conservándose de pie −Adoro como atas cabos sin tener pleno conocimiento de todo…− resopló −Es una tecnología más avanzada que el AmuSphere, se trata del STL…

Kazuto lo veía sin pestañar esperando que continuara.

−¿Estas interesado en saber más? Creo que imaginas a donde conduce esta conversación… Puedo hacer una cita para que te enteres de todos los detalles… como sabrás es algo muy delicado que no puedo decirte aquí…

−¿Quieres sacarme de este hospital a toda costa, verdad?

−Quizás así decidas comenzar a preocuparte un poco más en ti, ¿te has visto en un espejo recientemente? Apenas pareces tú, hueles mal y tu apariencia es la de un pordiosero… ¿crees que Asuna chan querría verte así?

Kazuto frunció los labios sintiéndose ligeramente avergonzado de esa bofetada verbal.

−Si te interesa puedo hacer arreglos para que tengas una cita la semana entrante con Higa san…

Kazuto dejó el vaso de cartón en el suelo mientras consideraba aquello −¿Hablaste con mi madre?

−Por supuesto, ella está de acuerdo… quiere que vuelvas a encontrar una razón por la que decidas levantar la cabeza…− el joven bufó ante sus palabras.

−Está bien, sin embargo hay algunas cosas que quiero dejar en claro…

−Adelante.

−Mi tiempo con Asuna es primordial, así que deseo que me garantices que podré estar a su lado cuando lo desee… que este trabajo no estorbará mi tiempo con ella.

−Tienes mi palabra que así será, podrás venir al hospital siempre que quieras. Aunque es cuestión de tiempo para que la solvencia económica que esto te deje haga que consideres…

−No te equivoques−lo cortó el pelinegro con acento gélido −Juntaré el dinero suficiente para llevarme a Asuna al extranjero, aquí sé que hay algo extraño en torno a ella que ni tú ni su médico están diciéndome.

−¿De dónde sacas eso?

Kazuto lo ignoró, se puso de pie con la intención de arrojar el empaque vacío −¿Era todo?

−Deberías ir a casa hoy, tu madre realmente está angustiada de lo que estás haciendo contigo. Otra cosa más −el joven lo observó de soslayo −Deberías de cargar tu móvil, haré que se comuniquen contigo por ahí.

−Lo haré −Kazuto deslizó los dedos por su cabello notando al tacto cuanto había crecido desde entonces. ¿cuánto tiempo llevaba ahí dentro desgastándose lentamente…? −Seijirou…−lo llamó logrando que su acompañante se quedara tieso ante la forma en la que lo había nombrado −Quiero ver a Asuna.

−Sabes que eso es imposible, su estado es muy delicado y…

−No te lo estoy preguntando; quiero verla… ¿piensas que soy tan estúpido que no me doy cuenta que ese trabajo que tan afanosamente me ofreces es para ocupar mi mente y alejarme de Asuna?

El otro sonrió condescendiente −Que imaginación tienes, pero hablaré con Satoshi, aunque no puedo asegurarte nada.

−Con que hables con él es más que suficiente para mí.

Seijirou Kikuoka observó con una mueca de tristeza como la alta silueta del muchacho se alejaba de la escena rumbo al ascensor. Seguramente iría a la cafetería o al jardín, allí pasaba gran parte de su tiempo. En verdad casi no salía del hospital, y sus amigos y familia habían desistido de hacerlo reaccionar.

Y él estaba jugándose la última carta que disponía.

Aquella que era la más importante, y que podía dar resultado, pero a la vez era una poderosa arma de doble filo. Podría salvarlo todo, o hundirlos irremediablemente en la desdicha.

.

.

.

¡Cálmate!

¿¡Dónde está Asuna!? ¿Porqué la cambiaron de habitación? Y-Yo la vi en l-la mañana… ¡ella estaba bien! Había… había abierto los ojos…

Kirito kun estás algo confundido…

¡No me tomes por imbécil Kikuoka! ¡Sé muy bien lo que vi…! ¿DÓNDE ESTÁ? ¡¿DÓNDE MIERDA SE LA LLEVARON…?! ¡la enfermera Aki estaba con ella cuando me mandó a buscarte…!

Ni siquiera vi a esa lunática en todo el día… necesitas…

¡Sé muy bien qué mierda necesito! ¡QUIERO SABER DÓNDE ESTÁ MI NOVIA!

Tienes que calmarte… estás haciendo alboroto en un hospital y de continuar así me obligarás a que llame a seguridad…

¡Solo dime donde se llevaron a Asuna!

Cuando ingresamos a su habitación, estaba teniendo un fuerte ataque que derivó en una complicación respiratoria y su médico decidió ingresarla en la UCI otra vez… No había nadie con ella al momento de entrar, de habernos tardado un poco más… hubiera sido fatal…

N-No es cierto…

Te estuve buscando por esa razón. He tratado de decírtelo desde antes pero no escuchas…

−…yo la vi Seijirou… sus o-ojos estaban abiertos… y me estaba mirando…

Estás abrumado por todo esto, apenas duermes, y tu imaginación te está jugando una mala pasada…

¡YO LA VI…! E-ella me miró por un segundo, y m-me reconoció…

Ven, siéntate aquí, y tómate esto….

¿Qué es?

Algo que te ayudará a relajarte, lo necesitas… aquí tienes bébelo todo… todo…

Pero…

Todo, te ayudará a sentirte mejor.

−…

¿Kirigaya kun?

−…

.

.

.

Aquel lunes de principio de Abril Kazuto se bajó del ascensor con ese recuerdo anclado a su memoria. Hacia unos cuantos días que limitaba las visitas al hospital solo por la mañana, hablaba con Seijirou, o con el doctor Tajiri algunos minutos quienes le transmitían las nuevas sobre la estable salud de Asuna, y luego se dirigía a ese trabajo de medio tiempo que su empleador le había recomendado.

Y no es que hiciera mucho, el proyecto estaba en la fase práctica aún, y más que esas exhaustivas inmersiones no había gran cosa por hacer. O al menos eso era lo que el joven pensaba.

Obviamente Kikuoka no le había dicho que Alicization Project era un programa secreto del gobierno japonés: donde la militancia nacional y RATH metían mano a diestra y siniestra, en busca de confeccionar un perfecto prototipo de Inteligencia Artificial que se asemejara más a un cerebro humano y sirva a sus fines egoístas.

Y Kazuto era el sujeto ideal para realizar tales experimentos. Aunque aún no lo supiera.

Esa mañana salió del ascensor en el piso diez, curioso de la inactividad en el pasillo que usualmente estaba poblado de gente. Eran las 8 am, hora del desayuno general y por eso no le llamó la atención ver a la enfermera que usualmente pasaba con la bandeja hacia la paciente fantasma. Pero lo que le pareció muy extraño fue descubrir a Satoshi Tajiri, el médico de Asuna, caminando a la par de la enfermera aquella mientras ambos parecían muy inmersos en su conversación, que ni siquiera notaron su presencia.

Kazuto los observó hasta que ambos desaparecieron de su vista en uno de esos corredores desconocidos. Minutos después el citado doctor volvía con su semblante apacible, le sonrió levemente al reconocerlo y con un gesto le indicó que se le acercara.

−Kirigaya kun las novedades son las mismas −le dijo con cierto cansancio −La señorita Yuuki no muestra una mejora contundente, pero se mantiene estable… si esto continua hasta consideraría trasladarla a una habitación común… quizás en los próximos meses…

−¿Meses? −repitió el chico con voz incierta.

−Tenemos que ser optimistas.

Kazuto lo observó, quizás comprendiendo ahora la magnitud de las palabras del facultativo y lo que ellas significaban.

Y en otras oportunidades se hubiera molestado y hubiera retrucado eso, exigiendo y declarando que Asuna despertaría pronto y se reiría de cada una de sus palabras, ella y su carácter temperamental, su resolución que la convertía en esa guerrera de leyenda… su audacia tantas veces alabada por todos se remitía ahora a una presencia, un ente que vivía solo a base de sus recuerdos.

−Bueno, debo seguir con mi ronda −le dijo notando que el muchacho se había quedado impresionado tras lo último.

−Doctor espere −lo frenó −¿Qué hay de lo que le pedí la última vez? ¿Cuándo podré verla?

−De momento es imposible, su salud es frágil y cualquier cuerpo extraño ocasionaría en ella una infección. No podemos arriesgarnos… lo entiendes ¿verdad?

El muchacho asintió levemente sintiéndose culpable de lo que había pedido. Sabía que la familia Yuuki había acatado sin problemas el criterio médico, pero siempre parecía que quien no podía aceptar las disposiciones que el facultativo tomaba era él.

−Buenos días muchacho −se despidió el medico dándole la espalda, y Kazuto se quedó en el lugar viendo como la bata blanca del doctor se perdía entre las instalaciones lujosas del lugar.

La conversación había sido breve e impersonal, y el joven sentía una zozobra horrible carcomiéndole el pecho. Hacia bastante que esa sensación estaba ahí, pero parecía que últimamente estaba comenzando a prestarle más atención de la que debía.

Después de 4 meses de la final del Bob apenas podía con la realidad que se había fabricado a su alrededor.

Se pasó la mano por su corto cabello y consideró buscar a Kikuoka para hablar con él. Existían diversos temas laborales que lo llenaban de dudas… como esa idea de Takeru de implantarle un diminuto sensor en el pecho que monitoreara sus funciones vitales entre full dive e IRL.

Normalmente ese tipo de cosas las hablaba con la persona más cercana a él, pero actualmente esa persona estaba en coma e imposibilitada de poder oírle y responderle. Y sabía que, de contárselo a su familia, esta se negaría de inmediato.

Dio una vuelta sobre sus talones y caminó por el pasillo en dirección contraria a la que había venido. El consultorio del médico de Asuna quedaba en ese lado y a esa hora de la mañana su ridículo empleador estaría atiborrándose de dulces antes de acompañar al facultativo por su acostumbrada ronda dentro del complejo. Llegó hasta la nombrada oficina y le dio un ligero golpecito de advertencia antes de abrirla sabiendo de antemano que su dueño no se encontraba.

Empero cuando entró a la misma se sorprendió de no hallar al autoproclamado ayudante, sino que del otro lado del escritorio estaba la simpática enfermera que veía cada día. Con su mano extendida y su aspecto sorprendido era obvio que acababa de abrir un cajón del mueble.

−Kirigaya kun…− murmuró luego de reponerse del momentáneo susto. Rio incómoda mientras apretaba un folder negro −No te oí entrar.

−Lo siento…

−¿Buscas al doctor Tajiri? −mientras hablaba echó la carpeta dentro del cajón abierto.

−No exactamente ¿También es adicta a los dulces?

−¿Eh?

−Ese cajón está repleto de golosinas− le respondió señalando el lugar y sabiendo de antemano que estaba en lo cierto −Y Kikuoka san es un completo adepto a ellas.

La mujer sonrió lentamente y asintió divertida mientras rodeaba el mueble −¿Salimos?

−No, esperaré a Seijirou en algún momento de la mañana vendrá a abastecerse.

La enfermera lo miró con un leve dejo de inquietud antes de suspirar sonoramente. Metió las manos en las bolsas de su bata y abrió la puerta. Sus ojos castaños lo miraron con pena antes de despedirse.

−Ten bonito día Kirigaya kun.

−Igualmente.

La puerta se cerró con suavidad tras su espalda y él tomó asiento frente al escritorio esperando por el excéntrico sujeto. Pero los minutos pasaron y Kikuoka no daba señales de vida lo cual era muy extraño. Con el aburrimiento a flor de piel se levantó de la silla y fue en busca de un dulce.

Se paró al otro extremo del mueble y abrió el mencionado escondite esperando verlo a rebosar de paletas y chocolatines. El folder que había echado la enfermera ocultaba la primera capa de golosinas por lo que lo sacó un momento para tomar unos caramelos, pero mientras los guardaba en los bolsillos descubrió varios recipientes pequeños, similares a una probeta, que estaban al fondo del mueble. Levantó uno con curiosidad para observarlo a trasluz, cuando al mover los otros que estaban vacíos descubrió que debajo había una hilera de los mismos envases diminutos cargados de un líquido transparente de color azul.

Examinó el objeto a trasluz, el color azulino del extraño liquido se reflejó unos segundos en sus ojos de tal forma que se mareó, sus dedos dejaron de responderle y antes de que se diera cuenta la probeta se deslizaba hacia abajo en cámara lenta. Reaccionando la tomó en el aire con tanto estrépito que botó al suelo algunos dulces y la carpeta que antes descansaba sobre el mueble.

−¡Diablos…! −masculló entre dientes inclinándose a recoger todo antes que Seijirou llegara.

Algunos papeles se habían volado del folder, por lo que se apresuró a ordenarlos estudiándolos de reojo; al parecer se trataban de valores médicos y exámenes pues al leerlos no entendía nada. Sin embargo al dar vuelta la carpeta el nombre Anna Y. le caló tan profundo que sintió como si alguien le hubiera dado una bofetada y le ordenara las ideas.

Sus manos empezaron a temblar mientras volvía a tomar los papeles y los releía sintiéndose profundamente horrorizado:

Fecha de ingreso del paciente: x de diciembre 2026

Nombre del paciente: Anna Y.

Diagnóstico: Paro cardiorrespiratorio y contusión severa.

Causa Posible: Dosis de Succinilcolina.

Droga administrada: Solution XPN. Epinefrenina y Atropina.

Mejoría: Si.

Trauma: x

Fecha de recuperación parcial: Marzo del 2026.

Observaciones: …

Kazuto soltó un sonido gutural conforme las piezas del rompecabezas iban agrupándose en su cabeza y tomaban la forma de una realidad paralela de la que al parecer él nunca tuvo idea.

Entonces la memoria de ver a Asuna despertándose no era el alocado fruto de un sueño ¡Ella realmente había abierto sus ojos y lo había observado por varios minutos…! Y luego otras cosas vinieron a su mente; la nebulosa constante que impregnaba sus recuerdos haciéndolos parte de algo que muchas consideró un delirio, ver a la enfermera Aki en la misma oficina cerrando ese cajón, como si se hubiera visto descubierta… ¿Es que ese tubo de ensayo con aquel liquido azul era la pieza clave? Descubrir que esa oficina la mayor parte del tiempo estaba bajo llave; los dulces que seguramente eran la coartada para esconder esa droga…

La presencia de esa enfermera momentos antes, en compañía del médico de Asuna… y todas las veces en esas semanas que la había visto deambular frente a sus ojos portando la bandeja, y el nombre de Anna que hubo visto la primera vez…que le llamó tanto la atención como para lanzarse a investigar… y hasta Koichirou lo había descubierto…

¡En verdad había sido tan iluso!

¿En verdad le habían mentido en sus narices?

Eso terminó de hacer click en su cabeza, como si las piezas del engranaje finalmente acabaran de acomodarse y empezaran a funcionar correctamente corriendo a contra reloj, acomodando sus pensamientos e ideas con la velocidad que lo caracterizaba. Su mente andando a toda máquina como siempre debió ser.

Antes de que se diera cuenta estaba fuera del consultorio, no se molestó de recoger los papeles del suelo ni nada de lo que había tirado, sus pies caminaban con una presión extra no temiendo quien le saliera al encuentro. Sus puños crispados a los lados, la mandíbula tensa y amenazante al igual que el resto de su cuerpo. Su expresión tormentosa denotaba un acérrimo malhumor.

Caminó como poseído por ese pasillo desconocido haciendo memoria de lo poco que había visto a esa mujer. A los costados estaba lleno de puertas las cuales él iba descartando casi por intuición ciega.

Anduvo alrededor de doscientos o trescientos metros más, tomando una curva e internándose en un área del sanatorio que nunca había visto y que a juzgar por tanta quietud parecía cerrada al público. Las puertas a los lados se hicieron mínimas, y el lugar más sombrío. El olor a desinfectante se volvió irrespirable que contuvo el aliento a tal extremo que supo había llegado a donde deseaba ir. La habitación sin nombre. Era tan obvio que hasta se sintió estúpido. Y si no hubiera estado tan desesperado, sin duda hubiera reído ante la absurda ironía.

Sin perder tiempo, y antes de pensarlo demasiado tomó la manija y abrió.

.

.

.

Sentía algo similar a un deja vu. Y otra vez era como si ya hubiera vivido eso.

Y en verdad así era. Un año atrás a esta parte estuvo en la misma situación, abriendo una puerta, corriendo una cortina para ver una verdad que temía y ansiaba al mismo tiempo.

Solo que ahora no era de noche; era media mañana. Y no era la luz de la luna lo que se filtraba por el amplio ventanal a su derecha, era el sol. El fulgor del astro rey resaltando sus rasgos tan familiares y nuevos al mismo tiempo.

La blancura de la habitación era absoluta, todo allí dentro conservaba ese mismo toque límpido e inmaculado. La dorada y tibia claridad que entraba desde el exterior relucía en la única ocupante de la enorme cama, mostrando su piel nívea, semejante a la de una princesa de nieve.

Kazuto se mordió el labio inferior para no dar rienda suelta a sus emociones intrincadas cuando sus ojos finalmente la descubrieron. Y se cansó de verla y recrearla en su mente, cerrando los ojos para abrirlos y darse cuenta que ella seguía allí; que no era un sueño y no iba a desaparecer.

Se veía más delgada; como la primera vez que despertó luego de SAO y ALO. Usaba una bata blanca que acentuaba su palidez, y en la cabeza -y eso era lo que más le llamaba la atención de su estampa- una cofia blanca ocultaba su cabello. No había cicatrices ni hematomas en su rostro descubierto. Solo una sonda intravenosa se conectaba desde su brazo izquierdo hasta un artefacto alto y delgado que contenía una bolsa plástica con un líquido que a cierto tiempo goteaba induciendo el medicamento por el catéter.

Aun así se veía tan hermosa…y frágil. Como una gota de lluvia a punto de romper.

−Asuna…

Sin querer el susurro escapó de sus labios al igual que sus pasos que pronto lo llevaron al pie de esa cama. Como un peregrino rendido ante los encantos de una diosa, se encontró rindiendo pleitesía a su propia divinidad. El sonido de su nombre se escapó por segunda vez de sus labios cuando con dedos temblorosos delineó la mejilla de la chica, advirtiendo en el tacto la suavidad de su piel. Aquella que creía haber olvidado. Volvió a repetir la acción esta vez con un poco de más presión, logrando lo que inconscientemente había deseado en un primer momento.

Que los ojos ambarinos se abrieran. Parpadeantes y confundidos en su dirección.

Y Kazuto se mantuvo inmóvil y conmovido de presenciar tal milagro. Luego de casi cuatro meses de no sentir su cristalina mirada sobre sí, estar ahí en ese momento era increíble…

Salvo que las pupilas pasaron de la confusión al pánico en solo una milésima de segundo. Los labios resecos se abrieron en una mueca muda, similar a un grito de pánico que nunca escapó de su garganta. Pero la expresión desesperada fue tal que Kazuto sintió instantáneo sus ojos llenarse de lágrimas.

−Tranquila Asuna… tranquila…− susurró −Soy yo…

Pero eso no hizo que la muchacha abandonara su expresión. Sus pupilas color miel se agrandaron y se pusieron brillosas, las aletas de su nariz se agitaron rápidamente, su rostro se puso pálido y sus labios seguían boqueando como si le faltara el aire, claro signo de una hiperventilación en proceso.

Fue a tomarle la mano, pero ella la movió, empuñando ambas contra el colchón, sin dejar de mirarlo con la misma actitud angustiosa. Lágrimas insipientes detenidas en las comisuras de sus ojos.

Era como si no lo reconociera.

O aún peor; como si le tuviera miedo.

−¿A-Asuna…?

De pronto la puerta se abrió detrás de él, y la enfermera Aki entró a la habitación, venía preparando una jeringa con un líquido azul claro, se detuvo pasmada cuando reconoció al chico. Sus ojos viajaron de la expresión desencajada de Kazuto hasta el gesto desamparado de Asuna, cuyas delicadas cejas temblaban sobre sus ojos cuajados de lágrimas.

−¿Qué haces aquí Kirigaya kun?

El muchacho reaccionó a la cuestión, viendo la jeringa y comparándola con la probeta que hubo hurtado antes, su humor volvió a agriarse y su recién adquirida paciencia se evaporó como agua recordando cuando Kikuoka le informó que la mujer frente a él había vuelto a su anterior puesto de trabajo.

−¿Qué hago aquí? −aventuró con falsa quietud −¿Qué haces aquí…? Ese grandísimo imbécil dijo que tú habías terminado tu contrato en este hospital…

Natsuki Aki había trabajado a la par de ese jovencito de gélidos ojos grises y ahora podía decir con toda seguridad lo furioso que estaba. Un año atrás a esta parte apenas podía reconocer al chiquillo debilucho en este joven hombre de aspecto serio y acérrimo, ciertamente lucía algo ojeroso y mayor de lo que realmente era.

Y estaba completamente desesperado, y ella entendía que tenía parte de la culpa. Suspiró acercándose, dispuesta a prestarle toda su atención a la paciente antes de contestar el torrente de preguntas que estaba segura sería dirigido a ella apenas abriera la boca.

−Sé que quieres respuestas, pero… ¿Podrías esperar afuera en tanto atiendo a mi paciente?

Antes de que la enfermera terminara de explicarse Kazuto supo que aquello tenía que ver con la jeringa y su misterioso líquido. Se cruzó de brazos y se plantó en la mitad del camino con actitud imponente.

−No lo creo. La vez anterior me hiciste lo mismo ¿recuerdas? Me mandaste a buscar a su médico para desaparecer como por arte de magia…

−Había una razón para todo eso, Kirigaya kun.

−¿Y cuál es?

−No puedo decírtelo… no me corresponde a mí hacerlo…

Él entonces volteó hacia Asuna, quien había permanecido silenciosa todo el tiempo. Sus manos seguían echa puños, temblaba imperceptiblemente, y de sus ojos brotaban sin control lágrimas que corrían cuesta abajo por sus mejillas. Apretaba los labios y le sostenía la vista con el mismo terror de antes, pero no hacía el menor intento por comunicarse con él.

−Asuna…−susurró, estaba a un lado de su cama; pero a pesar de que físicamente estaba frente a ella, la conexión que siempre los había señalado como una pareja perfecta y hermosa, parecía haberse quebrado. Y a juzgar por el rictus severo del pálido rostro femenino, Asuna estaba a millones de kilómetros de distancia de él. Y eso dolía como mil demonios…

¿Aún estaría molesta por como acabó el Bob? ¿Por haberla matado dentro del juego en esa acción desesperada por salvarla…? Había tanto que quería aclarar con ella luego de todo lo ocurrido…

−Kirigaya kun, en verdad no puedes estar aquí…

−¿Por qué no? ¿Quién va a prohibírmelo? ¿Tú?

−No. Yo seré quien te lo prohíba.

La nueva voz, familiar y hasta irónica en este punto, hizo que el joven se girara hacia esa dirección, hacia la puerta entreabierta. Reconociendo a Kikuoka Seijirou quien había hablado, y atrás de su silueta al doctor Tajiri y a la enfermera con la que hubo conversado antes.

Todo el grupo de ilustres traidores, tuvo que reconocer.

Ciñó los párpados solo un segundo como conteniéndose de empezar a gritar de la rabia que sentía. Recordando donde estaba, que Asuna estaba despierta a su lado… que esa pesadilla finalmente había acabado.

−Tú…−empezó, haciendo un esfuerzo porque las emociones atribuladas que sentía no le hicieran una mala pasada. Pero la forma en la que ceñía los puños y hasta el musculo que latía peligrosamente en su garganta ponía en manifiesto lo mucho que se estaba deteniendo a sí mismo −Te burlaste de mí todo el tiempo, de su familia…

−Todo eso tiene una explicación lógica.

−¿Y cuál es…?

−No puedo decírtela, está bajo juramento médico y tú bien sabes qu…

Pero Kikuoka no acabó de hablar. En un parpadeo Kazuto se le acercó con gesto siniestro, y al segundo siguiente su puño se impactó de lleno en su rostro sin darle tiempo a prepararse.

−¡Kirigaya kun…!

El grito de Aki no mermó la situación en lo más mínimo. El muchacho volvió a echarse sobre su empleador repartiéndole golpes que apenas podía esquivar. Kazuto estaba furioso, el color acerado de sus ojos había desaparecido por completo siendo reemplazado por un rictus siniestro y oscuro. Apretaba los dientes, mientras sus nudillos descendían una y otra vez. Hasta que un gancho certero de la víctima lo hizo desestabilizarse e irse hacia atrás.

Kikuoka se sujetó la mandíbula adolorida, le corría un hilillo de sangre de la comisura izquierda, pese a eso sonreía divertido e irónico al muchacho que era detenido por el doctor Tajiri, quien lo retenía con evidente esfuerzo.

−Golpeas como niña Kirito kun…−y amplió la sonrisa mostrándole una espantosa visión de su boca ensangrentada.

−¡Infeliz hijo de put…!

El aludido se sacudió buscando liberarse, pero solo logró que el medico afianzara la fuerza con la que lo mantenía inmóvil. Natsuki Aki se acercó hasta él poniendo una mano en su hombro tenso para apaciguarlo.

−Tranquilo Kazuto…− le habló con tono suave y sereno, no solo pensando en él sino en la muchacha que, ajena a ambos, era testigo de todo lo que ocurría.

La otra enfermera corrió a socorrer a Seijirou, abriendo un gabinete que estaba a un costado de la pared y del que sacó lo necesario para hacer las primeras curaciones.

−Habla infeliz…− le gruñó el muchacho soltándose del médico con recelo, para tocarse ese punto insensible en la mejilla donde había sido golpeado −Habla porque juro que no tendré problemas en darte otra paliza.

El hombre ensanchó el gesto, haciendo una ligera mueca ante el escozor que le produjo el antiséptico al contacto con su herida, miró ceñudo a la enfermera antes de dirigir su castaña mirada al muchacho que no lo perdía de vista.

−Primero cálmate, estás haciendo preocupar a Asuna chan… ¡mira cómo está la pobre niña!

Ante sus palabras pareció detenerse, Kazuto observó por sobre su hombro; recordando quizás dónde estaba. Todo ese tiempo horrible de incertidumbre y dolor para acabar en esto… comportándose como si estuviera dentro de la realidad virtual y tuviera que defender su orgullo a golpes. Por supuesto había más que eso en juego… una ojeada a la expresión asustada y confundida de Asuna le hizo darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Y ella lucía tan desamparada, tan indefensa y… vulnerable. Conservando la quietud de antes, solo sus pupilas cristalinas temblaban de aprensión.

−Seijirou…−la enfermera Aki se acomodó los lentes sobre el puente de la nariz y le disparó una agria ojeada al aludido quien la ignoró llanamente −El muchacho tiene razón, creo que ya no hay más opción que confesar todo…− Kazuto la observó por lo bajo.

−Tú también tuviste que ver…

−No intento esconder mi culpa.

−Pues si tienes tantas ganas de empezar… ¿por qué no lo haces? −agregó el hombre haciendo graciosas muecas de dolor ante las curaciones de las que todavía era objeto. Se retiró su propio par de lentes notando lo maltrechos que habían quedado tras su encuentro con el joven de cabellera negra que parecía más repuesto que él.

Natsuki suspiró y se apoyó contra el muro, sabiendo que contaba con la atención de todos allí adentro. Estaba de frente a la cama donde Asuna seguía recostada, y no se le pasó por alto el terror de su mirada ambarina al cruzar sus ojos con ella.

−¿Por qué me mintieron? −la voz hiriente de Kazuto retumbó algunos segundos en el ambiente antes de desaparecer. Todos los presentes lo observaron, sorprendidos de que hubiera empezado con el interrogatorio. Quizás intuía que los demás dilatarían la explicación y por eso se aventuraba a hablar.

−Era necesario.

−¡¿Necesario?! −exclamó alzando la voz, dirigiendo su mirada desde la enfermera que tan bien conocía hasta Kikuoka que seguía con ese mismo aire ladino y burlón − ¡V-Vieron como estaba! ¡La desesperación de su familia…! Pero más que nada…− volteó a ver a Asuna quien rápidamente lo evitó −Mi preocupación por ella al no saber nada, al no poder verla… ¿Por qué…?

−Fueron mis órdenes −el de anteojos hablo con firmeza manteniendo la curva irreverente en sus labios en tanto los ojos grises se ensombrecían al sostenerle la mirada −El caso de Asuna chan fue muy delicado… Y se supone que te contrataba a ti para que no hubiera más peligros en el juego y resulta que…−los ojos de Kazuto se hicieron más oscuros e inmensos −Fallaste miserablemente… No sé si te has vuelto demasiado blando, o si actuar bajo presión no es lo tuyo…

−Fue mi error, lo reconozco…−murmuró el aludido en un susurro −Pensé que si quitaba a Asuna del juego estaría segura, fue un tonto error de cálculo… que casi…− su voz descendió hasta ser un imperceptible susurro.

−Sabíamos a lo que nos enfrentábamos -continuó Kikuoka, luego se giró hacia la enfermera que lo había atendido −Puedes retirarte, muchas gracias.

La mujer miró a los ocupantes con obvia preocupación y tras inclinarse algunos segundos, dirigió una mirada arrepentida en dirección a Kazuto −Realmente lo siento Kirigaya kun…− murmuró, y haciendo otra corta reverencia, salió de la habitación cerrando sigilosa la puerta tras sí.

−Ahora podemos hablar con más soltura.

−¿Más soltura?

−Escucha Kirigaya kun −Natsuki intervino −El cuadro de Asuna chan era muy delicado, no estábamos engañándolos en cuanto a eso, los primeros meses se debatió entre la vida y la muerte y no estábamos seguros de que fuera a sobrevivir a esto… Y… y por eso Seijirou mandó a buscarme, como había trabajado en tu rehabilitación creyó que tenía la suficiente experiencia para ocuparme de su salud… Lo que se venía no sería fácil y por eso intentamos prepararte a ti, y a su familia para un desenlace fatal… Su médico creía que cuanto menos contacto tuvieran con ella, sería más fácil acostumbrarse a su perdida…

Los ojos de Kazuto se abrieron impresionados −¿Qué…?

−Lo que ella quiere decir es que… esto también es parte de ese trabajo de medio tiempo en el que estás…

−¿A-A qué te refieres…?

−El proyecto Alicization también fue parte fundamental de la recuperación de Asuna chan… −continuó Kikuoka con seriedad − El hospital militar donde trabajaba Aki era el encargado de crear un antídoto que combatiera la Succinilcolina que era la causante de esos decesos en Gun Gale Online. Aunque luego de esas muertes y con tu presencia en el juego creímos que ya no sería necesario, no obstante, creamos un prototipo que estaba en fase preliminar…

−¿Es el mismo que le dieron a Shinkawa? −las muelas del jovencito se apretaron al preguntar con furia contenida.

−Sí.

−¿Y porque hiciste que supiera que él había sobrevivido…?

−Ese fue un error de mi parte… no creí que te aventuraras a donde estaba internado…− meneó la cabeza negando su aparente estupidez −Casi lo matas…

−¡Debí hacerlo! −Kazuto recordó la sonrisa enferma que tenía Kyouji cuando le decía mofándose: …¿Se le está acabando el tiempo, verdad…? Y el placer obvio que experimentaba ante su desesperación. Se llevó la mano a la cara y se despeinó el cabello −Ese maldito no merecía el antídoto…

−Debíamos probarlo en alguien aparte de Asuna chan…−añadió la enfermera con voz conciliadora y suave, −Y… y aun así su evolución no era garantía de que el tratamiento resultara en ella luego de las secuelas que SAO dejó en su salud… −Kazuto centró su atención en la chica, la pelirroja veía hacia afuera como si no prestara oídos a la charla que se mantenía ahí dentro −Existía solo un pequeño porcentaje de que la droga actuara como queríamos…

−¿Entonces? −preguntó notando que el silencio tras las palabras de la mujer se extendía sin misericordia.

−¿Recuerdas esa vez que fuiste a buscarme porque ella había despertado?

−¡Por supuesto que lo recuerdo…! −bramó −¡Pero luego tú negaste todo, y Aki san desapareció sin dejar huella…! Yuuki san y toda la familia estaba desesperada de que hubiera vuelto al coma cuando yo la había visto con mis prop…

−Kazuto escucha…

−Déjame a mí…−Natsuki corrió su cabello trenzado hasta detrás de su cuello mientras detenía a su jefe con un gesto. Se acercó al muchacho y colocó ambas manos en sus hombros con expresión maternal −Como te decía, no sabíamos las secuelas que Asuna chan habría de tener, así que durante el proceso experimental decidimos mantener todo en secreto y bajo el criterio más silencioso esconder todo lo que pudiera llamar tu atención…

−¿E-Ese… ese antídoto era este…? −Kazuto metió la mano en el bolsillo de su jean y extrajo la probeta que había hurtado de la oficina del médico. Este al ver el objeto miró con pavor al par restante.

Kikuoka rio por lo bajo palpándose el golpe y sintiendo la quemazón que le había quedado −Sin duda te subestimamos Kirito kun. Sospecho que Aki te ha dado alguna pista para que lo descubras…

−Tu cajón de dulces, fue la clave…−Kikuoka bufó por lo bajo −Y luego seguir a la enfermera que traía la bandeja con el desayuno…

Esta vez jefe y asistente miraron con sorpresa al facultativo quien confuso se rascaba la nunca con pesar −En verdad no creí que se diera cuenta.

−Subestimas al muchacho Satoshi −farfulló el de anteojos soltando un suspiro de derrota −Lo hemos dopado, convencido a su madre y amigos para que lo quiten de la escena, pero nada dio resultado…

−¿Me doparon? Eso explica porque mis recuerdos son una nebulosa… −miró de reojo a su empleador −Sin embargo, aún no me explican porque decidieron ocultarme todo; sí sé que el antídoto fue una de las razones, pero no la fundamental… ¿Qué…? −añadió al notar que el ambiente había cambiado nuevamente −¿Q-qué más me ocultan…?

−Asuna chan así lo quiso −dijo la enfermera Aki con acento triste.

−¿Qué? −el muchacho miró a la nombrada encontrando que otra vez sus ojos lo mantenían anclado a los suyos como durante esas estrategias en el viejo SAO; cuando entre una reunión y otra la veía con atención sin poder evitarlo. Fascinado y hechizado por su belleza e inteligencia.

−La señorita Yuuki nos pidió que no te dijéramos nada ni a ti, ni a su familia de su mejoría.

−¿Porqué? ¿Asuna, que locura es esta? −se acercó a la cama advirtiendo los límpidos ojos color miel que lo veían con pena.

Empero Natsuki lo detuvo sujetando su brazo −Si bien el antídoto actuó como queríamos eliminando las toxinas que la sustancia química dejó en su organismo, sabíamos que no podíamos fiarnos de las secuelas… Y con el fantasma de Sword Art Online en su sistema la mejora no se dio al cien por ciento como en el caso de Shinkawa…−habló en voz baja. Sus dedos largos se clavaron en las carnes del chico en un gesto casi doloroso.

Y Kazuto comprendió…

Los ojos de la chica se anegaron de lágrimas y bajó las pestañas propiciando que estas se liberaran cayendo por sus mejillas. Sus labios se movieron, pero ningún sonido salió de ellos.

−Asuna chan no puede caminar, no puede hablar correctamente, ni valerse por sí misma; tiene la mitad de su cuerpo paralizad…

Kazuto no escuchó lo demás. Pronto la nebulosa que rondaba su mente engulló su realidad, de modo que se sintió desfallecer cayendo de rodillas en el suelo, mientras sentía el abrazo desesperado con el cual su enfermera intentaba consolarlo. Y contenerlo.

.

.

.

"Recuerdo que me dijiste 'no te dejaré caer' y de repente solo me empujaste…"

.

.

.

El muchacho se hundió cada vez más en la oscuridad, hasta que ya no recordó más.


To be Continued (?)

Nota:

Capitulo dedicado a varias personas que quiero mucho:

Yui Kirigaya! Feliz cumpleaños guapa! Esta es una tradición que lleva un año de vida, el año pasado te dediqué el final de ¿Tan solo amigos? Y esta vez como no podía ser menos, un capitulo entero de esta locura solo para ti. Que la empieces y lo termines aún mejor. Se te quiere harto!.

Noa (aka la Líder Kiriasu) Bueno niña no sé si leerás este fic, ni esta nota, pero espero que si n.n, me enteré que la semana pasada fue tu cumpleaños así que ¡Feliz atrasado Cumpleaños! Te haré un obsequio riko esta semana, pero aquí este cap para que vayas deleitándote ^^. Espero que lo leas, te guste y me digas por algun lado (por review seria genial xD) que te gustó, o lo que sea.

Y a mi amiga Tifa (aka Chocola. Neko ), quien ha sido de gran, gran, gran ayuda moral y mental para hacer esto. Que leyó la primera parte y me alentó a seguir: Gracias amiga linda! Te quiero harto *dibuja corazones*

Bueno ya acabando la sección agradecimientos… Pasaré a decir que a este fic le queda un capitulo… sí… me di cuenta que no podía cerrar todo en este, porque sería demasiado apresurado, así que esta agonía se extiende una entrega más que Dios mediante vendrá en Mayo para el cumple de Mayra! (juajuajua, allí tendrás tu obsequio May xD)

Que pasó con Asuna? Bueno, hablé el tema de arriba abajo con mis doctoras Sakura Zala y Verde es mi color y decidimos… (o me hicieron decidir) que no matara a Asuna… es que… en verdad no iba a poder vivir sabiendo que la había matado xDDD. Pero bueno, las secuelas ahí están, son reales y Kazuto y Asu tendrán que lidiar con ellas, y ver si pueden sobrevivir y mantener a flote su relación… lo que será duro, y muy triste.

-Quien es Takeru Higa? Según la WIKI de SAO es uno de los que trabaja junto a Kikuoka en el Alicization Project.

-Natsuki Aki es la enfermera que cuidó de Kiri en GGO.

-Satoshi Tajiri el doctor de Asuna es un invento mío! En honor a Pokemon y su creador ^^

Y que hay de verdad en lo de la Succinilcolina? Pues es la droga que le inyectan a Kirito en la novela n°9, y las medicinas que le dan a Asu son las mismas que le inyectan a él.

Como verán quise unirlo un poco a lo que será la trama de Alicization y… ¡Pido perdón por mis manotazos de ahogado! Leí mucho la wiki para los detalles y espero no haberme equivocado tanto… si es así sepan disculpar D:

Y…

Gracias por tantos reviews: EN SERIO! No saben como alegran mi vida con tanto cariño. Gracias! Y a los lectores fantasmas les aliento a salir de la oscuridad y opinar, sería bonito saber de ustedes, y ayudarán a esta escritora a no sentirse tan sola T.T

Y por favor recuerden que a parte de escribir drama, tragedia y crueldad puedo hacer miel como en 'Catorce días de Honeymoon' xD

Gracias especiales a:

TheCrimsonOrchid, LadyMoon, Sakura Zala, Luciernagas en la noche, Saori Luna, Guest1, Majo de Kirigaya, Chocola. Neko, Guest2 y Belen.

Nos leemos pronto!

Reviews? Díganme que piensan pulsando el botón de aquí abajo ^^

Sumi Chan~


Música que escuché para inspirarme: Te dejo en Libertad by HA – ASH.