Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 4
En el horizonte, dos siluetas se percibían bajo el calor del día. El cielo estaba despejado, por lo que la luz del sol entraba limpiamente en el tercer planeta. Velozmente, ambas personas aterrizaron frente a la vivienda. Uno era un saiyajin y la otra una humana.
– Date prisa–le dice el saiyajin, que entra a su casa rápidamente.
La chica de ojos azules cierra la puerta detrás de ella, ambos cargan varios paquetes de las compras recién realizadas.
– Quiero que guardes los granos y demás cosas secas, en los estantes–le ordena–la carne, la guardas en el congelador.
– ¿Congelador?… ¿qué es eso?
Suspira–Es cierto, no sabes nada de máquinas–dice–mira el congelador es ese–Videl mira la gran caja blanca que le señala, esta tiene una puerta en la parte superior–esta máquina sirve para mantener congeladas las cosas, se guarda la carne aquí para que no se eche a perder.
– Ya veo.
– Bueno, comienza a guardar las cosas–se retira dejando a su esclava sola.
El guerrero con cola sube a su habitación, y de su guardarropa saca una gran maleta. En la cual comienza a depositar ropa y entre otras cosas, que le serán útiles en su nueva misión. Una vez que ha terminado de guardar todo su equipaje, lo toma y baja de regreso a la primera planta de su casa.
– ¡Videl! –la llama– ¡Videl!... ¿dónde se metió esa humana?
Al llegar a la cocina, no la encuentra. Sorprendido al pensar que ha escapado, registra cada rincón de la casa, aún así no la encuentra.
– ¡No puede ser!... ¿habrá escapado? –Al regresar a la cocina, se da cuenta que todos los paquetes que trajeron, están donde él los dejó puestos– ¿cómo escapó sin que el collar anulador se activara?
Gira la cabeza mirando en todas direcciones desconcertado, hasta que escucha unos golpes extraños. Al poner más atención, descubren que provienen del congelador. Del cual, la puerta se sacudía violentamente.
– ¿Pero qué demonios pasa? –Pone uno de sus oídos en el aparato y desde adentro, oye gemidos–hay algo aquí–de inmediato abre la puerta de la máquina, para descubrir que Videl estaba dentro. La pobre titiritaba del frío– ¿cómo terminaste allí dentro? –Gohan la saca de la nevera, para acostarla en el piso.
– Esa…cosa…me…atrapó–dice con su voz quebrada–no…pude…salir…
– No me respondiste… ¿cómo te metiste? –el saiyajin usando su energía, comienza a calentarla.
– No…podía…llegar…al…fondo–le explica–por…lo…que…me…incliné…para…poder–dice–guar dar…las…cosas…pero…perdí…el…equilibrio…y…caí…dentr o.
– Ahh humana–ríe ligeramente–y cuando quisiste salir la puerta se cerró… ¿verdad? –Ella asiente–recuérdame cuando regrese, que te enseñe a usar las cosas–poco a poco el color rosado regresa a la piel de la chica–mejor mientras no esté, no uses electrodomésticos.
– Sí…
Gohan continuó calentando a la chica, que estuvo atrapada en el refrigerador por varios minutos. Mientras lo hacía no pudo evitar salir, una que otra risa ante la situación que le parecía muy cómica.
– ¿Ya estás mejor?
Ella responde que sí y se pone de pie.
– Escúchame–le habla–ya me voy, no sé cuánto tiempo me tome regresar…hay misiones que pueden durar días, semanas y hasta meses, durante el tiempo que no esté, puedes dormir en mi cama–dijo–te aseguro que es mucho más cómoda que el sofá.
– De acuerdo.
– Toma–extiende su mano que contiene una pequeña bolsa–aquí hay algo de dinero…quinientas monedas de oro, úsalas cuando necesites algo…pero no lo malgastes en tonterías, no quiero perder dinero.
– Sí–ella toma la bolsa al mismo tiempo que comienza a sonreír, ante una idea que le vino a la mente.
– Sí estás riéndote porque crees que vas a escapar–Gohan adivinó lo que pensaba–vete olvidando de esa idea…aunque yo no me encuentre presente, te mantendré vigilada.
La sonrisa de Videl desaparece.
– Dentro de la casa, hay escondido un sensor de rastreo–le explica–y está conectado con tu collar…si te alejas de esta casa a más de diez kilómetros, el collar se activa.
Ella maldice mentalmente.
– Así que no intentes nada–recoge su maleta y abre la puerta–ya me voy, cuida bien la casa…quiero verla limpia y ordenada cuando regrese.
– Sí–le respondió fastidiada.
– Confío en ti…adiós.
Gohan se retira volando a gran velocidad, mientras Videl lo mira alejándose por una de las ventanas.
– ¿Y ahora cómo me largo de aquí? –su voz hizo eco en la casa.
El vigilante se había retirado hace mucho, en el lugar la oscuridad prevalecía inmutable. Un par de horas antes lo habían torturado hasta el cansancio, pero por más dolor que le causaran no traicionaría a sus camaradas. El hombre de piel verde, deseaba con todo su ser que los demás de su raza…ya estén a muchos millones de kilómetros, a salvo del tirano...gobernante saiyajin.
El poco silencio y paz se terminaron, con el rechinido de la puerta de metal, que asegura al calabozo de prisioneros de guerra. Los pasos se hicieron más notorios a medida que la persona que ingresó, se acerca a la prisión.
– Sabes, siempre pensé que los de tu especie eran más listos–una voz se esparció por la húmeda y fría celda– ¿cómo fue que estúpidamente te capturaron?
El namek ríe–Vaya…vaya…vaya–dice al reconocer la voz–miren a quien tenemos aquí… ¿cómo lograste entrar?
– Nunca dudes del poder, de unas cuantas monedas de oro–le explica el individuo.
Sonríe a pesar del dolor–Sobornaste al guardia–suspira–de ti se puede esperar cualquier cosa–le comenta el extraterrestre encadenado.
– ¡Eres un idiota! –Grita–se supone que te largarías con los demás de tu especie…ese era el plan… ¡estúpido!
– ¡No fue mi culpa! –Gritó–la porquería de nave espacial que me diste falló a última hora, al menos los demás pudieron escapar.
– Eso es verdad–el tipo se reclina en los barrotes de la prisión–las esferas están a salvo, es lo que importa…aún así, la Resistencia está preocupada con tu captura.
– Dile a esos payasos que no diré nada, cuando nos aliamos a ellos prometí nunca traicionarlos…y cumpliré con mi palabra.
– Eso espero, ahora que las esferas del dragón ya no están al alcance de Vegeta…no podrá pedir la inmortalidad–comenta–debemos impedir ese deseo, a toda costa.
– Sí ese maniático consigue ser inmortal…no importa cuantos peleemos contra él…jamás le ganaríamos–el namek asevera.
– Fue precisamente por eso, que la Resistencia ordenó la evacuación masiva de tu gente–habla–para esconderlos en un lugar seguro.
– Confío en que los protejan de los saiyajin, las esferas son nuestro bien más preciado…le prometí al gran patriarca, que ni un sólo namek se sacrificaría por la loca ambición del bastardo de Vegeta.
– Esa debe ser la menor de tus preocupaciones, la Resistencia ya les tiene un refugio preparado para todos…debemos estar unidos para cuando la gran guerra comience.
– Lo único que no entiendo…es por qué alguien como tú, se unió a la Resistencia.
El hombre sólo suelta una risa ligera–Yo tengo mis razones…
Asiente–Será mejor que te vayas…antes de que te vean o te meterás en problemas.
Su acompañante asiente con la cabeza–Nos vemos luego…Picorro–sale por donde entró.
– Sí, nos vemos luego–ahora la soledad es la única compañía para el namek.
– Nappa–el soberano del imperio saiyajin le llama– ¿tus tropas ya están listas para partir?
– Sí mi Rey–hace una reverencia–nos iremos en veinte minutos.
El Rey Vegeta desde un balcón a gran altura, observa a su ejército ingresar a las gigantescas naves de guerra saiyajin. Se había movilizado a todas las tropas en el planeta, para la invasión.
– ¿Has conseguido que el prisionero hable?
– Lamento informarle, mi excelencia…que no.
– ¡Maldición Nappa! –Le tira la copa de vino que bebía, al rostro– ¡eres un maldito calvo inútil!... ¡estás agotando mi paciencia!
– Pero mi Rey–se defiende–lo hemos torturado de muchas maneras…pero se niega a hablar.
– ¡Pues síguelo torturando! –se frota la cara con sus manos en señal de ansiedad–mejor vete de mi vista…antes que te mate aquí mismo…Nappa.
El Capitán se retira, no quiere morir. Mientras tanto en la plataforma de abordaje, Gohan llega al lugar donde es recibido por su padre y tío. Los cuales conversaban, hasta que vieron al joven guerrero arribar.
– No sabía que estarían aquí–les saluda y tira su equipaje al suelo.
– Sólo vinimos a desearte suerte hijo–le dice Kakarotto quien le abraza.
– Estoy seguro que regresarás victorioso.
– Gracias tío–se dan un apretón de manos.
El saiyajin de la larga cabellera le susurra al oído de su hermano menor, el cual asiente–Hijo, tú tío yo…hablamos con algunas mujeres que quieren conocerte y…
– Ya sé a donde va todo esto–le interrumpe–les he dicho muchas veces, que por ahora no me interesa conseguir compañera…
– Pero Gohan–Raditz habla–todas son hembras saludables y capaces de procrear, cualquier sería una buena compañera.
– No…no…no y no–dice molesto–si algún día tengo compañera, será por mi propio gusto…
– Como quieras, malagradecido–su tío le reprocha.
– Ya no lo molestas Raditz–el padre defiende a su hijo–si no quiere, está bien.
– ¡Atención! –un altavoz interrumpe a los hombres–todos deben ingresar inmediatamente a las naves, estamos a punto de partir…repito…todos deben ingresar inmediatamente a las naves.
–Ya debo irme–levanta su maleta del piso, y sube por la rampa de abordaje.
– ¡Suerte! –le dicen sus familiares al unísono.
– Adiós–la escotilla de la nave comienza a cerrarse, dejando a Gohan dentro del vehículo.
El gran buque espacial seguido de otras dos naves de menor tamaño, comienza a ascender hasta la estratósfera y poco a poco escapa de la órbita terrestre. Acelerando con la ayuda de sus potentes motores de plasma, inicia su viaje de cuatro horas hasta el planeta Leire. Ya dentro de la nave, el saiyajin camina por los corredores internos…hasta llegar a su camarote, donde deja su equipaje.
– Gohan, ya llegaste–su compañero de escuadrón…peinado con una cola de caballo, le saluda.
– Galvan… ¿dónde están los demás?
– Están en el bar de la nave–se voltea–por cierto, Lime ha estado buscándote.
– ¡Qué buena noticia! –Dice con tono de sarcasmo–qué mujer más necia… ¿cuándo entenderá que no quiero ser su compañero?
Su amigo se ríe un poco, para luego hacerle señales con la mano. Indicándole que lo siga. Los saiyajin al ser una raza con mucho libertinaje, no les podía faltar el alcohol. Así que cada nave estaba equipada con un club nocturno en miniatura, para mantener entretenidos a los guerreros antes de iniciar la carnicería.
En una de las mesas, se encontraban cómodamente sentados los demás miembros de su escuadrón. Como era costumbre para el batallón número doce, Kaden y Nattan competían por quien podía beber más cerveza en menos de treinta segundos.
– ¡Fondo!... ¡fondo!... ¡fondo! –Lime gritaba alentando a sus compañeros de equipo–se agota el tiempo–ella con el cronómetro de su rastreador, llevaba el tiempo.
– Esos dos idiotas, otra vez con sus juegos–Gohan dice en voz baja para que Kaden no lo escuche, después de todo él es el líder del escuadrón.
– 5…4…3…2…1…–dice Lime–se acabó el tiempo.
– Ahh…he ganado, me tomé toda la garra–Nattan celebra–lo siento Kaden, paga la apuesta.
– ¡Maldición! –Saca un par de monedas y se las tira–has estado practicando infeliz.
– Puede ser–ríe y mira a lo lejos–miren quienes llegaron.
– Gohan, Galvan…ya era hora que llegaran–el líder dice.
Ambos hombres se sientan en la mesa, pero para fastidio de Gohan. La única mujer del grupo, se ha sentado a su lado.
– Te he estado buscando–le susurra al oído, al mismo tiempo que con su cola le acaricia el rostro–si quieres podemos ir a un lugar más…privado.
El nieto de Bardock, aparta el apéndice peludo de la mujer de su cara…de un manotazo–No gracias, prefiero estar aquí que ha estar a solas contigo.
– Tú te lo pierdes–su voz denotaba molestia, quería a ese hombre para ella sola.
– Si tienen problemas de pareja, busquen ayuda–Galvan hace mofa de la situación.
– No somos y nunca seremos pareja–le responde seriamente Gohan.
– Hagamos una apuesta–Kaden propone a Gohan–si al final de este año no sean convertido en compañeros…renuncio a mi cargo de líder, pero si se hacen compañeros…me darás todas tus posesiones terrenales–sonríe confiado.
El segundo al mando, niega con la cabeza.
– ¡Cobarde!... ¡Gohan es un cobarde! –Cantan sus amigos– ¡Gohan es un cobarde!
– ¡Acepto! –Su orgullo de saiyajin no pudo resistir más–aprovecha tus últimos días de líder–estrecha su mano firmemente con Kaden.
– No te preocupes Kaden–la mujer le habla–me encargaré de que ganes.
– ¡Oficial en el área! –un soldado anunció gritando, a lo que todos los presentes se pusieron de pie.
El Capitán Nappa como siempre de mal humor, ingresó al bar de la nave nodriza.
– Veo que todos se están divirtiendo–el saiyajin que no posee cabellera se coloca en medio de todos los demás.
– ¡Señor sí señor! –todos sus soldados responden al unísono.
– Como sabrán nuestros próximos oponentes son los leireanos–les dice–estos sujetos son como camaleones, los cuales son capaces de cambiar el color de su piel…lo que les permite camuflarse con el entorno.
– ¡Señor sí señor!
– No quiero que cometan equivocaciones–les advierte–ya habrán notado el pésimo ánimo del Rey.
Sus tropas asienten, y continúan escuchando a su superior.
– Hace unos días se realizó una misión de reconocimiento–explica–la cual determinó, que el poder de pelea de los leireanos ronda aproximadamente…las 55000 unidades, por lo que son fuertes… ¡pero nosotros somos aún más fuertes!–grita.
– ¡Sí señor! –sus tropas gritan.
– Mantengan sus rastreadores activados en todo momento, los escuadrones del uno al veinte atacarán el hemisferio norte…mientras que los escuadrones del veintiuno al cuarenta se encargarán del hemisferio sur.
– ¡A la orden Capitán!
– Muy bien–camina con dirección a la salida cuando algo llama su atención–tu, soldado–señala al sobrino de Raditz–tu nombre es Gohan…cierto.
– Sí Capitán…tiene buena memoria.
– Nunca olvidaría al cadete más torpe, que he entrenado en toda mi carrera militar–le dice–dime… ¿ya has aprendido la lección?
– Sí señor…el trabajo de un soldado, es acabar con el enemigo.
– ¡Correcto!...jamás olvides eso de nuevo.
Gohan asiente y de inmediato el saiyajin calvo se retira, dejando a los demás presentes solos…para que puedan continuar divirtiéndose.
– El trabajo de un soldado, es acabar con el enemigo–susurra, sentándose de nuevo mientras se sumerge en los recuerdos de su niñez…
Dos meses después, de que Gohan ingresó a la academia de pelea saiyajin, aprendió movimientos básicos de pelea entre otras técnicas de energía. Con el tiempo se sentía orgullo de la armadura que vestía, esto sólo alimentó una nueva aspiración en la mente del pequeño saiyajin. Comandar su propio batallón algún día.
Como era ya normal, el primer ejercicio de la jornada consistía en trotar alrededor de la academia…mientras cantaban canciones de motivación militar.
– ¡Yo soy un guerrero!–Nappa que en ese entonces sólo era un instructor, cantaba.
– ¡Yo soy un guerrero! –los niños de su compañía repiten en corro mientras corren.
– ¡Para el combate me preparo!
– ¡Para el combate me preparo! –corean los niños.
– ¡Y en el campo de batalla! –dice Nappa.
– ¡Y en el campo de batalla!
– ¡A mi enemigo haré pedazos!
– ¡A mi enemigo haré pedazos! –dicen fuertemente los mini soldados.
– ¡Soy de la raza más poderosa del universo! –Grita el calvo.
– ¡Soy de la raza más poderosa del universo!
– ¡Yo soy invencible!
– ¡Yo soy invencible! –cantan.
– ¡Porque soy un saiyajin!
– ¡Porque soy un saiyajin! –pronuncian con la adrenalina al máximo.
La canción termina pero continúan marchando en perfecta sincronización, ninguno hace ni un movimiento a destiempo.
– Compañía… ¡alto!–Nappa se posiciona al frente de los cadetes, que de inmediato se detienen–el día de hoy continuaremos con los combates de adiestramiento…ya han peleado en cámaras con la gravedad aumentada diez veces…pero ahora será algo diferente.
Los jóvenes cadetes llevados por su instructor, ingresan en una de las tantas cámaras de gravedad. Estas son muy utilizadas por las tropas para incrementar sus poderes, ya dentro del lugar…El saiyajin sin cabello, se agacha en el piso de tierra de la habitación en el cual siembra muchas semillas…luego con un pequeño frasco, deja caer gotas de un líquido color verde.
Minutos después frente al grupo de niños, unas criaturas verdes y pequeñas comenzaron a emerger del suelo.
– Les presento a los Saibaiman–sonríe–el poder de pelea de estos asquerosos bichos, es de mil doscientos…su misión en esta práctica, será eliminarlos a todos…no pueden dejar ni uno vivo–dice–todos tienen que morir.
Las criaturas se ríen morbosamente, al mirar a los soldados. Nappa ordenó que uno a uno cada escuadrón, peleara en equipo contra los Saibaiman. Algunos de los cadetes con mucho trabajo pudieron derrotarlos, otros no lo lograron y más de uno casi muere por la técnica de auto destrucción de los monstruos verdes, pero fueron salvados a última hora por su maestro, que les dio tremenda reprimenda por su ineptitud. Mientras algunos sufrieron fuertes heridas, por el ácido que los Saibaiman arrojan por la cabeza.
Al fin llegó el turno del escuadrón doce, cinco contra cinco.
– ¡Peleen! –dio la orden el guerrero de nivel superior.
Sin perder tiempo, los Saibaiman se dispararon hacia los niños. En segundos, los diez peleadores desaparecieron de la vista. La batalla ahora era a nivel súper sónico. El ejercicio no sólo consistía en derrotar a las criaturas, sino también, demostrar la capacidad de liderazgo de los líderes de cada grupo. En este caso eran Kaden y Gohan, líder y segundo al mando…respectivamente.
Nattan estaba muy ocupado esquivando los puñetazos de su rival, Galvan con su correspondiente Saibaiman, se daba de topetazos con la cabeza a más no poder. Increíblemente, Lime la única niña del grupo, parecía disfrutar de la batalla. A diferencia de sus compañeros de equipo que a duras penas, repelían los ataques de sus enemigos.
– ¡Ahhhhhhhh!–gritó el ser que mide fuerzas con Gohan, este había extendido sus afiladas garras contra el pequeño saiyajin. El cual se movió justo a tiempo, porque estuvo a milésimas de ser cortado en dos, a lo que su armadura rasgada hace notar.
En otra parte de la zona de lucha, Kaden y Nattan se lanzan juntos al ataque, ambos haciendo los mismos movimientos en perfecta concordancia. Les dan una patada al mentón a los grotescos seres verdes frente a ellos, luego al poner sus pies en el suelo…juntan sus manos, en las que concentran toda su energía.
– ¡Muéranse!–los niños disparan su ataque, que pulveriza a los Saibaiman. Metros atrás, Lime bloquea un puñetazo con su antebrazo derecho y seguidamente evade otro ataque, al inclinar su cabeza hacia la izquierda. Da un paso hacia un lado para tomar impulso, al hacerlo salta sobre el monstruo de piel verduzca, dando un giro en el aire. Cuando cae justo detrás de él, hábilmente tomó desprevenido al Saibaiman…y coloca sus manos en su cabeza–Adiós–le dijo sonriendo, segundos después le torció la cabeza, quebrándole el cuello…la muerte es instantánea.
Nappa sonreía cruelmente…estaba orgulloso, de esos niños que él mismo había convertido en excelentes máquinas de matar–Ahhhhh–al escuchar ese gruñido giró su mirada. Galvan reunió todo su poder de pelea en su puño izquierdo, con el que golpeó a su contrincante atravesándole el pecho, eliminándolo.
Ya casi todo estaba hecho, sólo faltaba un Saibaiman por eliminar…y a ese le tocaba a Gohan.
– ¡Maldición! –el hijo de Kakarotto estaba en problemas, su oponente lo tenía arrinconado y sujeto con sus brazos y piernas– ¡no puedo moverme! –al ver su desesperación, el Saibaiman sonríe extasiado, esté inclina su cabeza posicionándola frente al rostro del niño de cabello negro. Gohan miró con horror, como la cavidad craneal de la criatura se abrió. Él sabía perfectamente lo que va hacer, utilizará su ácido. Tal como lo vaticinó, su enemigo le roció la cara con su mortal sustancia corrosiva.
Muchos incluyendo a Nappa, cerraron los ojos en ese momento. Todos esperaron escuchar los gritos de dolor del chico, ante el líquido que le derretía la cara. Gritos que nunca escucharon. El pequeño saiyajin segundos antes, creó alrededor suyo…una capa de energía que lo protegió. Usando lo último que le quedaba de fuerzas, logró zafarse.
– ¡Masenko! –gritó al usar su técnica favorita, pero esta no fue muy poderosa. Porque sólo alcanzó a empujar al Saibaiman, hasta incrustarlo en una de las paredes del recinto.
– ¡Gohan! –Los demás miembros de su equipo corren a ayudarlo– ¡buen trabajo!–le felicita sus amigos, los cuales se alejan lentamente.
– ¡Alto ahí soldado! –Nappa le grita molesto– ¡regrese ahora mismo!
– Sí señor–Gohan camina hacia su instructor.
– Cadete, usted no ha terminado con su misión–dice–su oponente aún está con vida…elimínelo.
El Saibaiman totalmente golpeado y mareado, sigue vivo…encajado en la pared.
– Pero señor–habla–está derrotado, ya no puede moverse…no tiene caso acabarlo.
El saiyajin adulto le abofetea con su cola, claramente molesto– ¡Basta de decir estupideces cadete! –Le grita en la cara–en una guerra usted no va a dejar con vida a su adversario…siempre debe acabar con el enemigo.
– Sí señor.
– Ahora vaya y acabe con ese desgraciado…es una orden soldado.
– Sí señor–caminó hasta llegar frente al moribundo Saibaiman, paulatinamente extiende su mano derecha apuntando al bicho verde…pero no dispara.
– ¡Qué demonios espera!–más furioso no puede estar– ¡Dispárele!
– A la orden–con sus párpados cubrió sus ojos y disparó una ráfaga de energía a su ya debilitado oponente…matándolo.
– Escúchenme todos–dice en voz alta–grábense esto en sus retrasadas mentes…el trabajo de un soldado, es acabar con el enemigo… ¡repítanlo!
– ¡El trabajo de un soldado, es acabar con el enemigo! –gritan al mismo tiempo.
– Correcto–mira a Gohan– ¿ya has aprendido la lección?
– Sí Señor–el sobrino de Raditz pronuncia–el trabajo de un soldado, es acabar con el enemigo.
De repente siente un escalofrío que le recorre la espalda, al abrir los ojos se percata que mientras recordaba el pasado, había comenzado a dormirse.
– Gohan, ya era hora que despertaras–Galvan le habla–vamos levántate, estamos a punto de llegar al planeta Leire.
– Ahhh sí, ya voy–se pone de pie.
– Ven rápido, debemos prepararnos.
Al caminar a la salida, se percata que el bar de la nave estaba casi vacío. La mayoría se retiró hace mucho, para alistarse para la próxima batalla.
– ¡Atención! –El altoparlante de la nave espacial se escucha–nos encontramos a diez minutos de la órbita del planeta Leire…todos tomen sus posiciones.
La batalla, estaba por comenzar.
Fin Capítulo Cuatro
Gracias a Kokoro–Yolin–Chan, Lilia. Takarai y a Lolopito por sus comentarios en el capítulo anterior.
Siempre me ha gustado responder a los comentarios que me dejan, a Kokoro–Yolin–Chan olvidé responderle una cuestión suya, en la respuesta que le envié a su comentario.
Tu pregunta era, si en esta historia iba a salir Trunks. Lamento decirte que no, no tengo nada en contra de él pero sí contra sus padres. Como tú sabes para que Trunks exista, tiene que haber algo entre Vegeta y Bulma. Pero son una pareja que siempre he detestado, por lo que no habrá nada de ellos aquí. Además, mi intensión es presentar a Vegeta como era al principio de DBZ, donde él quería las esferas del dragón para ser inmortal a toda costa.
Gracias por leer, hasta la próxima.
