Disclaimer: La serie de HBO 'Juego de Tronos' no es de mi propiedad, como tampoco lo es la serie de libros 'Canción de Hielo y Fuego' del escritor estadounidense George R. R. Martin.
DAWN
Capítulo 4:
Bringer of Storms
Visenya apretó la mandíbula cuando el jinete que guiaba su caminar azotó su espalda con un enorme látigo de cuero. Los esclavos de Yunkai habían abandonado sus labores para observar con tristeza como la mujer que había intentado liberarlos era exhibida en las calles como una esclava común.
Las manos de la joven Targaryen habían sido atadas con una cuerda, al igual que sus pies para impedirle correr con libertad.
Como había imaginado, los Sabios Maestros le habían encomendado a Daario Naharis la captura de la infame Rompedora de Cadenas. El torturador que la obligaba a caminar en medio de un mar de esclavos guiaba sus pasos hacia la Pirámide de Qaggaz, donde los Amos esperaban juzgarla por los crímenes que había perpetrado en contra de Astapor.
Después recibir una serie de azotes, Visenya fulminó con la mirada al jinete. Cuando sus pies tocaron las escaleras que conducían a la pirámide, la Reina subió por ellas con lentitud.
Cuando entró al Salón de Audiencias, Daario desmontó su caballo y entregó el extremo contrario de la cuerda que ataba sus manos a un esclavista particularmente horrendo. Después de ser arrojada sobre sus rodillas, Visenya reparó en los depósitos de aceite combustible que mantenían encendidas las antorchas que yacían a cada lado de su cuerpo maltratado.
—Preside este juicio el noble Razdhal mo Eraz, de esa Antigua y Honorable Casa, Amo de Hombres y Orador de Salvajes.
Cuando un esclavo señaló al hombre que yacía sentado en un trono con la forma de una arpía, ella resopló en voz baja. Todos los Maestros de la Ciudad Amarilla habían decidido asistir al juicio para presenciar su humillación. De pronto, los esclavistas tomaron asiento en las tribunas del público para regodearse en su propia crapulencia.
—Antiguo y glorioso es Yunkai. Nuestro Imperio era antiguo mucho antes de que los dragones existieran en Valyria—comenzó el noble repugnante. La cuerda que mantenía atadas las manos de Visenya fue entregada a un verdugo. A pesar de la situación, ella intuyó que aquellos hombres pensaban en volver pública su ejecución para arrebatarle toda esperanza a los esclavos de Yunkai—. Aún así, esta puta creyó ser capaz de penetrar nuestros muros y cortar nuestras gargantas con la ayuda de alimañas. Yunkai no es Astapor, tenemos aliados poderoso. Tomaremos el control de la Ciudad Roja cuando esta Reina Mendiga muera.
Al oír aquellas palabras, la mujer negó con la cabeza, pues no había esperado aquella revelación. Muertos los Bondadosos Amos de Astapor, los nobles de Yunkai ansiaban la ciudad como las codiciosas arpías que eran. Una vez más, la maldad humana lograba horrorizarla aún más que los espectros de Valyria.
—Todos ustedes son hombres pequeños y corruptos. No son dignos del aire que respiran—rió Visenya al ponerse de pie. Con una sonrisa en los labios, acarició el borde de una antorcha. Ella realmente esperaba que Daario hubiese huido de la Pirámide Qaggaz, pues era incapaz de continuar oyendo las palabras de aquellos idiotas.
—Propongo que la follemos antes de cortarle la cabeza—rió un Maestro. Los esclavistas rieron para secundar aquella moción—. Puede ser una puta asesina, pero tiene buenas tetas. Me gustaría cogerla por el culo.
—Un dragón no se arrodilla—espetó Visenya hacia el hombre gordo que había propuesto como castigo para ella una violación masiva—. Todos ustedes morirán como las alimañas que son.
Visenya entonces arrojó las antorchas al piso, causando que el aceite cayera sobre los Maestros. Los esclavistas corrieron de inmediato para huir de las voraces llamas que se extendían como el fuego valyrio, pero les resultó imposible hacerlo. Daario Naharis había sellado las puertas desde el exterior como habían pactado antes de fingir su captura.
La Madre de Dragones mantuvo una sonrisa en su rostro al ver como los hombres eran consumidos por las llamas. Los gritos de los moribundos inundaron sus oídos hasta que sólo el fuego emitió algún sonido. El calor acarició el cuerpo de Visenya como un amante hasta que estuvo completamente desnuda en medio de la habitación.
El aroma a carne quemada inundó las fosas nasales de la mujer, y los huesos de los Amos crujieron al ser consumidos por las llamas. Cuando el fuego arrasó las puertas, ella recorrió el mismo camino que había tomado para llegar a la Sala de Audiencias. A su alrededor, las llamas comenzaban a consumir la estructura de la pirámide como bestias hambrientas.
Visenya entonces emergió del fuego para observar las expresiones de los yunkíos. Los esclavos corrían con baldes de agua en las manos, pero detuvieron aquellas acciones al divisar su cuerpo desnudo en medio de las llamas.
De pronto, los esclavos comenzaron a caer sobre sus rodillas mientras exclamaban el título que los libertos de Astapor le habían otorgado.
Visenya inclinó la cabeza con curiosidad al divisar las acciones de Aenar. El Hijo del Hierro trazaba sobre un pergamino el boceto de un elegante barco de guerra. Ella no era una experta en la navegación, pero estaba segura de jamás haber encontrado tal nave en los puertos de Nuevo Ghis.
—¿Su Majestad ha convocado al Consejo de Guerra? —murmuró Aenar desde su lugar junto a la ventana. Después de acabar con los Sabios Maestros, Visenya había tomado como residencia temporal la Pirámide de Qaggaz. Aunque la mayoría de las habitaciones se hallaban carbonizadas, cumplían con sus necesidades de alojamiento—. Es evidente que Daario Naharis moriría por estar en mi lugar. Además, Ser Jorah comienza a verte como un idiota enamorado. No soy digno de su presencia, Madre de Dragones. Hay tantos hombres que ansían estar a su lado.
—Necesito preguntarte un par de cosas. Lamento interrumpir tus actividades—murmuró Visenya, tomando asiento en la ventana. Ella se abstuvo de replicar aquel comentario, pues no deseaba que sus consejeros desarrollaran por ella un sentimiento distinto a la lealtad—. He visto en mis sueños un perverso kraken nadando en un mar de sangre. He visto como una tormenta azota un castillo mientras un hombre sin rostro asesina a otro. ¿Por qué Euron está obsesionado con dragones?
—Los brujos de Qarth recitaron para él una profecía—suspiró Aenar, depositando en la mesa más cercana su nueva creación. La mujer observó los ojos azules de su acompañante con curiosidad, pues la melancolía se había apoderado de ellos—. Cuando el kraken se una al dragón, el mundo caerá de rodillas… creo que dijeron. Euron pensó que era su destino poseer un dragón—entonces Visenya suspiró. Las mismas palabras habían sido pronunciadas por Shiera Estrellademar. Ella esperaba que la bastarda de Aegon IV hiciera caso de sus amenazas. Después del incidente que había experimentado debido a Cuervo de Sangre, ella no deseaba conocer a ningún miembro de su horrible familia—. Los brujos le hablaron sobre la magia de sangre y sus teorías respecto a los dragones. Desde ese momento, la locura de Euron empeoró.
—¿No debería encontrarse en las Islas del Hierro? —indagó Visenya, poniéndose de pie para examinar los bocetos de su acompañante. Ella sabía que los Greyjoy eran navegantes, pero le extrañaba que surcaran los mares como giróvagos. De acuerdo a las historias, éstos siempre terminaban regresando a su hogar.
—Balon expulsó a Euron de las Islas del Hierro después de que violara a la esposa de mi tío Victarion—Aenar espetó con el ceño fruncido, siguiendo los pasos de la Reina. Con cuidado, situó su pecho tras la espalda de la mujer para enseñarle sus creaciones—. No sólo violó a la esposa de mi tío, la embarazó. Victarion asesinó a su esposa para acabar con aquella vergüenza. Él ansiaba asesinar a Euron, pero Balon se opuso a ello debido al lazo de hermandad—negó con la cabeza. Visenya apretó los labios al recordar las manos de aquel monstruo sobre su cuerpo—. Vi las marcas en tus pechos la noche que nos conocimos. Euron intentó…
—Arthur no debe saberlo—declaró la joven Reina. No deseaba recordar como las manos del perverso kraken habían asaltado su intimidad—. Son muy buenos. Jamás he visto barcos como estos—tomó en sus manos un pergamino para examinar de cerca la estructura de la nave—. Supongo que plasmas en estas hojas el barco de tus sueños.
—Es mi pequeño pasatiempo—admitió Aenar, abrazando el abdomen de la mujer. Visenya dio un pequeño respingo, pero no intentó apartar al Hijo del Hierro. Por alguna razón, las manos de Aenar causaban que su vientre cosquilleara—. Las naves cisnes de las Islas del Verano son rápidos, pero inútiles cuando escasea el viento. Los barcoluengos conforman la Flota de Hierro, son útiles para la navegación y la guerra, pero en ausencia de remeros resultan inútiles.
—La Flota de Hierro hubiese poseído un excelente capitán—suspiró Visenya, extendiendo la mano para crear una pequeña versión del barco que Aenar había esbozado. Con una pequeña sonrisa, la mujer estrechó los fuertes brazos que yacían sobre su vientre. Entonces observó aquellos ojos azules sobre su propio hombro—. Eres mejor que Euron. Puedo decirlo sin la necesidad de recurrir a la magia.
—No debería pronunciar palabras como esas, mi Reina—gimió Aenar, cepillando aquellos carnosos labios en el indefenso cuello de la mujer—. Si desea mantener su integridad, le recomiendo no provocarme. No todos los días un hombre tiene la oportunidad de montar un dragón… —entonces Visenya sonrió tímidamente. Las manos del kraken bastardo comenzaron a subir por su estómago—. No puedo negar que la imagen de tu cuerpo desnudo me ha arrebatado el sueño. Verte emerger indemne de aquel incendio despertó en mí oscuras pasiones—Visenya compartió una mirada sensual con Aenar. Ella siempre había amado a los hombres con barba—. Haría tantas cosas con usted, mi Reina, cada una más perversa que la anterior.
—¿Qué te impide montar al dragón? —sonrió la mujer, alzando una ceja de forma burlona. En ese momento, Aenar giró su cuerpo para sentarla sobre la mesa. Aunque las manos de Euron aún torturaban su mente, ansiaba ser tocada por un hombre que verdaderamente deseara—. No es sencillo montar un dragón. Debes convencerlo.
—Visenya… tus padres no pudieron haber escogido un nombre más adecuado—gimió Aenar antes de asaltar los carnosos labios de la mujer. Una atracción había surgido entre ellos desde el primer día, pero ninguno había imaginado la intensidad de la misma. Las prostitutas de Nuevo Ghis jamás habrían logrado prepararla para tal sensación. La intimidad de Visenya cosquilleó, y ella supuso que aquella era la sensación que las personas experimentaban al ser víctimas del calor—. Eres toda una seductora.
—Lo sé—sonrió perversamente la Reina, tirando del labio inferior de su atractivo amante. Visenya entonces saltó de la mesa, fastidiando al Hijo del Hierro—. Arthur convocó al Consejo de Guerra. Creo necesario decirte que si él se entera de lo que acaba de suceder, te castrará sin dudarlo.
—Valió la pena—afirmó Aenar, besando los rojizos labios de la joven Reina. Visenya gimió al saborear la exquisita esencia masculina que reinaba en aquella boca pecaminosa—. A diferencia de Euron, prefiero follar a mujeres que consientan el sexo. Mi lealtad es tuya, mi corazón es tuyo… —susurró Aenar, abrazando suavemente a la hermosa mujer. Él sabía que los azotes que ella había recibido aún la atormentaban—. Puedo lidiar con los ancianos, pero no esperes que soporte las patéticas insinuaciones de Daario Naharis.
—¿Celoso? —rió Visenya, besando suavemente los labios de su amante—. Daario Naharis no me interesa de esa forma, puedes estar tranquilo.
—¿Qué es lo que somos? —Aenar besó su cuello, sonriendo contra aquella pálida piel—. Creo que tienes razón. Sin importar la relación que exista entre ambos, el viejo intentará castrarme. No puede tolerar que Daario devore tus tetas con la mirada. Aunque detesto la presumida sonrisa de aquel idiota, pienso que Arthur exagera las cosas. Todo Yunkai vio tu cuerpo desnudo hace un par de días.
—Somos un secreto—declaró Visenya, compartiendo una intensa mirada con el hombre que despertaba en ella la pasión. La mujer entonces sujetó una de las manos de Aenar para instarlo a caminar junto a ella.
—Aún no sé si ellos admiran o temen lo que has hecho—Aenar declaró al pasar junto a un grupo de antiguos esclavos. Los libertos que reparaban la estructura de la pirámide detuvieron su trabajo para realizar una reverencia—. Supongo que pronto lo descubriremos.
—Majestad—susurró Missandei antes de realizar una pequeña reverencia. Después de emerger indemne de las llamas, parecía ser que todos se dirigían a ella con mucho más respeto.
—Luce aún más hermosa que antes, Majestad—declaró Daario Naharis, causando que Arthur desenvainara de forma ruidosa la hoja de Hermana Oscura. El mercenario entonces cayó sobre su silla con una sonrisa descarada—. Debo informarle que los Segundos Hijos saquearon las bóvedas de los Sabios Maestros y tomaron las catapultas de asedio disponibles en la armería—Visenya alzó una ceja al oír aquella pieza de información. Ella no podía negar que el oro y las piedras preciosas beneficiarían enormemente las obras sociales que pensaba realizar, pero le desagradaba la idea de ser llamada ladrona—. Tiene las armas necesarias para asediar Meereen.
—Madre de Dragones—intervino Gusano Gris de forma solemne—. ¿Se encuentra bien?
—Estoy bien. Agradezco tu preocupación, Gusano Gris—sonrió Visenya, consciente de la tensión que aquella pregunta había causado. Todos ansiaban indagar sobre la muerte de los Sabios Maestros, pero nadie se atrevía a cuestionarla por temor a insultar de alguna manera su fuerza—. Hemos tomado Yunkai sin derramar una gota de sangre. ¿Cuántos líderes pueden decir lo mismo? Después de lo sucedido, espero que logren comprender el alcance de mi determinación.
—Mi Reina, le aseguro que nadie en esta ciudad duda de su fuerza—declaró Ser Jorah con seriedad. Visenya entonces asintió con la cabeza en señal de reconocimiento—. Los Grandes Maestros confiarán en sus murallas para defender la ciudad.
Visenya admiró el mapa sobre la mesa con los ojos entrecerrados. Meereen parecía poseer muros más gruesos que Yunkai, y ella dudaba que la compañía de mercenarios que los Grandes Maestros rindieran sus armas por la misma razón que Daario Naharis.
—¿Todos están de acuerdo con Ser Jorah? —La joven Reina alzó una ceja, esperando que alguno de sus consejeros decidiera objetar las observaciones del oso—. Dos mil quinientos Inmaculados permanecerán en la ciudad. Marcharemos a Meereen.
Visenya admiró el paisaje desértico que yacía frente a sus ojos con los brazos cruzados sobre el pecho. A pesar de la distancia, era capaz de observar la enorme pirámide en el centro de Meereen. Su mente no era capaz de imaginar la cantidad de esclavos que debían haber muerto construyendo aquella estúpida pirámide.
—¿Has estado visitado aquella horrible ciudad? —La mujer ignoró el pequeño y adorable bostezo de Vhalia. La bebé se encontraba dormitando alrededor de su cuello de la misma manera que Rhaegon lo había hecho en el pasado.
—Muchas veces, Majestad—respondió Missandei con timidez, y la Reina realizó un gesto con la cabeza para instala a continuar. Visenya valoraba enormemente la opinión de Missandei, pues ésta conocía todas las Ciudades Libres—. Se dice que un millón de esclavos murieron construyendo la Gran Pirámide de Meereen.
—Una ciudad construida con la sangre y las lágrimas de su pueblo… —negó la Madre de Dragones. Todos los Maestros eran la misma basura. Ella se enorgullecía de haber quemado vivos a los Sabios Amos de Yunkai—. Un ejército de antiguos esclavos marcha a sus puertas. Espero que un derramamiento de sangre no sea necesario. No puedo quemar a los Maestros dos veces seguidas.
—Ellos no saben lo que les espera, Majestad—declaró Missandei con una pequeña sonrisa, causando que la Portadora de Tormentas acariciara su brazo con simpatía. La confianza que la antigua esclava sentía por su Reina era tan poderosa que Visenya casi podía sentirla.
Cuando Daario Naharis inundó su rango de visión, la mujer de cabello plateado adoptó su mejor expresión de indiferencia.
—Tu lugar se haya junto a los Segundos Hijos—Visenya enunció con la mirada fija en la Gran Pirámide de Meereen. Su vida había cambiado completamente en menos de una luna.
—Si, mi Reina Guerrera—El hombre asintió con la cabeza, acercándose al borde del acantilado—. Pero debo hablarle de un importante asunto de estrategia.
Al captar la mirada del mercenario, Visenya indicó a Missandei marcharse. Los ojos de Daario habían logrado transmitirle su necesidad de privacidad. Cuando el hombre reveló ante ella un ramo de flores, la Reina rodó los ojos.
—¿Este es el importante asunto de estrategia? —alzó una ceja Visenya, alejándose del hombre barbudo con lentitud—. Creo que a Arthur le encantaría admirar aquel hermoso ramo.
—Una rosa del atardecer—Daario situó frente a ella una rosa azul. Visenya suspiró al recordar que las rosas azules habían sido las favoritas de su difunta madre. Ella odiaba aquellas rozas—. Esta se llama lazo de dama—colocó un flor blanca a la altura de sus ojos—. Pensé que debía conocer esta tierra antes de gobernarla; sus plantas, sus ríos, sus caminos, su pueblo. El té de rosa alivia la fiebre, todos en Meereen lo saben, en especial los esclavos que deben hacer el té. Vivió toda su vida en las ruinas de Valyria. Si desea que el pueblo la siga, debe ser parte de su mundo—entonces le enseñó una flor naranja—. Arpidorada… hermosa, pero venenosa.
—Detesto las rosas azules—negó Visenya. Ella cruzó los brazos al caminar junto a las legiones de Inmaculados que marchaban al unísono.
—Perdóneme, mi Reina Guerrera. Desconocía su odio hacia las flores—Daario siguió sus pasos como un cachorro perdido—. Sería mucho más fácil para mi si admitiera cuales son sus gustos. Solo sé que adora los hombres con barba.
Visenya entonces notó la barba en el rostro del mercenario. Él no había poseído vello facial cuando se habían conocido.
—¿Has oído hablar de Viserys Targaryen? —indagó la joven Reina. Aunque no deseaba reunirse con su tío, sentía curiosidad por los hermanos de su padre—. Missandei dijo que es famoso entre las compañías de mercenarios.
—¿Se refiere al Rey Mendigo? —Daario frunció el ceño—. Sé que desfila por los bares declarando ser el Último Dragón. Prometió a la Compañía Dorada tierras y títulos una vez que conquistara los Siete Reinos. Afirma ser el legítimo Rey de Poniente. Oí que fue recibido en la mansión de un magister de Pentos—declaró distraídamente antes de realizar un importante descubrimiento—. Ese hombre es su pariente.
—Mi tío parece ser un idiota—concluyó Visenya. Viserys debía pensar que por el simple hecho de portar el apellido Targaryen todo le debía ser entregado. Si Rhaegar hubiese triunfado en el Tridente, ella habría nacido como una presumida princesa de los Siete Reinos. La extravagancia de aquella vida provocó que frunciera el ceño—. El Último Dragón… Viserys es menos que la sombra de una serpiente.
—Es el Último Dragón, mi Reina. Dudo que el Rey Mendigo logre caminar en el fuego sin resultar herido—Daario sonrió cuando la mujer aceptó el ramo de flores—. ¿Quién es el legítimo monarca de los Siete Reinos, Majestad? No comprendo la línea de sucesión.
—El Rey Loco fue el último Rey Targaryen en el Trono de Hierro. Mi padre era su heredero. Soy la última hija de Rhaegar, eso me convierte en su heredera—razonó Visenya en voz alta—. De acuerdo a las reglas de sucesión, los hijos del heredero priman sobre los segundos hijos.
—Eso la convierte en la legítima Reina de los Ándalos y los Primeros Hombres—rió Daario ante aquella revelación. La aspiración de Viserys no tendría fundamento mientras ella continuara con vida—. Necesitará de al menos cien naves para cruzar el Mar Angosto.
—No tengo interés en los Siete Reinos. Robert Baratheon puede quedarse con el Trono de Hierro—negó la joven Reina—. En este lugar puedo intentar hacer del mundo un lugar mejor. Aegon el Conquistador fue un hombre pequeño al aspirar únicamente a Siete Reinos. Aspiro a cambiar el mundo, Daario Naharis.
—Confío en usted, Majestad. Su determinación me asombra—elogió el mercenario con una sonrisa seductora—. Ha logrado abolir la esclavitud en menos de una luna. Que mujer…
Visenya tragó saliva al divisar el cuerpo crucificado de una niña. Arthur intentaba cubrir las cruces y los niños clavados en ellas, pero le resultó imposible ocultar aquella cantidad de muertos. El camino a Meereen se hallaba repleto de infantes crucificados, y ella sabía que era su culpa.
—Hay un niño cada kilómetro—reveló Ser Jorah. Visenya respiró profundamente cuando las nubes de tormenta oscurecieron el cielo. Los caballos lucharon contra los hombres que los guiaban al oír los truenos que sacudían las colinas a su alrededor, y el viento sacudió el mar como un demente. El hermoso día que habían experimentado hasta ese momento comenzaba a ser dominado por una tormenta.
—¡Visenya! —exclamó Arthur, corriendo para abrazar la espalda de la joven Reina—. Tranquila. Respira como practicamos. Sé que estás furiosa, pero te ruego que esta tormenta desaparezca—entonces la arena bajo sus pies comenzó a congelarse—. Prometo que los responsables de este crimen pagarán.
Visenya entonces apretó las manos y observó el cielo durante un momento. De pronto, sus ojos brillaron y la tormenta desapareció con la misma rapidez que había sido invocada.
—Presenciaré cada uno de sus rostros—declaró con los dientes apretados al liberarse del abrazo de Arthur. El fuego rodeó las manos de Visenya cuando ésta comenzó a recorrer el camino que conducía a Meereen. Entonces ella se encargó de quemar aquellos cuerpos putrefactos con una sola mirada de rabia.
Visenya situó frente a Vhalia un pequeño trozo de pescado. La mujer entonces cayó sobre sus rodillas para observar de cerca las acciones del bebé. A sus espaldas, las llamas que consumían el cuerpo de los niños asesinados iluminaban la noche como un millón de velas.
—Fuego… —susurró. Vhalia observó la carne con la cabeza inclinada antes de entonar una extraña melodía. Nymeris entonces arribó al peñasco junto a Aenar, que era torturado por la joven dragona—. ¿Qué haces aquí?
—Necesitas comer—respondió el Hijo del Hierro, tendiéndole un cuenco con sopa. Visenya negó con la cabeza ante aquel ofrecimiento, pues su estómago era incapaz de retener la comida—. Visy… por favor.
—¿Visy? —susurró la joven Reina, enderezando su espalda dolorida—. Arthur solía llamarme Visy. Cuando mis hijos nacieron dejó de hacerlo. Supongo que él pensó que en aquella pira había nacido una mujer.
—¿Comerás entonces? —indagó Aenar, luchando para arrancar a Nymeris de su cuello. Visenya recogió la sopa para comerla con lentitud, pues no deseaba vomitar sobre sus hijas—. ¿Qué sucede con ellas? No permitiré que devore mi yugular.
—Ella solo quiere dormir en tu cuello. Algunos dragones bebés prefieren hacerlo debido al calor en esa zona—rió Visenya, causando que Aenar cesara la absurda lucha que mantenía con la dragona. Nymeris bostezó y enroscó su cuerpo alrededor de aquel grueso cuello masculino—. Les agradas. Mis hijos solían torturar a Arthur de la misma manera.
—¿Debo sentirme honrado? —alzó una ceja Aenar. La mujer sonrió traviesamente cuando la dragona en el cuello de su amante ronroneó como un pequeño gato—. Es bastante cálida, y debo admitir que ambas son hermosas. Una es púrpura y la otra verde esmeralda, lucen como gemas preciosas.
—Todos mis hijos son hermosos—tragó Visenya, observando los cuerpos que ella misma había incinerado. Ella era una madre, y como tal era capaz de imaginar el dolor que debían sentir las madres de aquellos inocentes. Su peor temor era presenciar la muerte de uno de sus dragones, verlo caer sobre una ciudad en llamas—. Es mi culpa. Esos niños murieron por mi culpa.
—No lo es. Los únicos responsables son los Maestros de Meereen—negó Aenar al notar un par de destellos en el rostro de Visenya. Con cuidado, éste situó a la triste mujer en su regazo—. Ellos no son dignos de tus lágrimas. Su objetivo era que reaccionaras de esta manera. No permitas que ganen. Eres más fuerte que ellos.
—¿Qué pensarán de ti en las Islas del Hierro? —sonrió ligeramente Visenya, acariciando la barba en el mentón de su amante—. Un Hijo del Hierro aliado con una Targaryen… supongo que no les agradará la idea.
—No me interesa lo que mis tíos puedan pensar—espetó Aenar con el ceño fruncido, abrazando el abdomen de la hermosa mujer con la mirada en la costa—. Balon está loco, Aeron aún más… el único que posee un poco de sentido común es Victarion, y no es mucho. No he pisado las Islas del Hierro desde que Euron fue exiliado. No creo que les importe que el hijo bastardo de Ojo de Cuervo asesore las decisiones de la Reina Dragón.
—Eres mejor de lo que piensas—sonrió Visenya, causando que Vhalia trepara sobre su regazo para unirse a aquel reconfortante abrazo—. No me interesa si eres un bastardo. Juzgo a las personas por sus actos.
—He visto como Euron lleva a cabo las peores atrocidades. Jamás intenté detenerlo. Soy tan malvado como él—Aenar apartó la mirada bruscamente. Ella apretó los labios al notar las lágrimas en aquellos hermosos ojos azules—. No deberías confiar en mí. Soy un nacido del hierro, el pillaje y las rebeliones fallidas son mi especialidad.
—He saqueado dos ciudades y quemado a decenas de hombres. Diría que he pagado el precio del hierro—espetó Visenya con una pequeña sonrisa llorosa—. Sentí en Euron una enorme maldad aquel día. Sentí como la muerte rondaba sus pasos. Esa sensación no te acompaña a ti. No eres como él.
—¿Dónde estuviste toda mi vida, Visy? —preguntó Aenar con una sonrisa cariñosa, acariciando aquellos infames rizos plateados—. Te aseguro que puedes robarle el aliento a cualquier hombre. Adoro a las mujeres violentas—entonces intentó besarla con la misma pasión que ella demostraba, pero Nymeris intervino en el último segundo. La dragona de color amatista compartió un extraño beso con el nacido del hierro bajo la indignada mirada de Visenya—. ¡No! ¡Que asco!
—Eres un pervertido, Aenar Pyke. Ella es un bebé—rió Visenya, apartando a las dragonas para reanudar las lecciones de éstas—. Pensé que preferías profanar a su madre.
—Profanaría a su madre bastante duro—enunció el nacido del hierro con una sonrisa pícara. Visenya cayó sobre sus rodillas para observar de cerca a las dragonas, pero movió ambas cejas hacia su amante de manera sugestiva. Ella amaba aquella seductora sonrisa—. Deberías saber que un kraken no suelta lo que atrapa.
—¿Deseas ver algo asombroso? —indagó la mujer al inclinarse sobre Vhalia—. Fuego… —susurró con más autoridad. Vhalia chilló antes de escupir humo sobre el trozo de pescado que Visenya había colocado sobre la roca con anterioridad. De pronto, una pequeña llamarada de color verde rostizó la carne hasta el punto óptimo de cocción—. Sus primeras llamas siempre revelan el color del fuego que escupirán por el resto de sus vidas. Balerion debió exhalar fuego negro por la boca.
—Su aliento luce como el fuego valyrio—tarareó Aenar, observando como la dragona comía su premio. Nymeris entonces escupió una llamarada amatista sobre el trozo de carne restante—. ¿Siempre escupen fuego del color de sus escamas?
—No siempre. La mayoría de los dragones escupen fuego anaranjado, es raro que uno ostente un color diferente—suspiró Visenya, y entonces recordó a su hijo Aerion. Ella había nombrado al dragón de esa forma debido a su llamarada verde, que le había recordado al fuego valyrio. Nombrar al bebé como Aerion Llamabrillante, el idiota que había bebido fuego salvaje, le había parecido correcto en su juventud—. Aún no descubro que los hace diferentes.
—Nunca he visto fuego púrpura—musitó el nacido del hierro cuando las dragones entablaron una pequeña lucha de llamaradas—. Su fuego unido aparenta ser las luces que danzan en el cielo del norte. Cuando un marinero se aventura al Mar de los Escalofríos, aquellas luces aparecen. Se dice que son los espíritus de los gigantes de hielo.
—Los valyrios llamaban a esas luces aurora boreal—informó Visenya, pues había leído sobre ellas en las ruinas de Valyria—. Pensaban que los espíritus de los dragones de hielo danzaban en el cielo cuando morían.
—Dijiste que los primeros dragones escupían hielo por la boca—mencionó Aenar de forma casual, recargando la cabeza sobre sus antebrazos. Nymeris trepó de inmediato sobre su estómago para dormir—. He oído sobre los dragones de hielo. Se dice que están hechos de hielo vivo y que son más grandes que los dragones de Valyria. Sin embargo, dudo que un dragón de hielo le hubiese dado pelea a Balerion.
—El dragón de hielo hubiese devorado a Balerion de un mordisco—rió Visenya. Ella no había conocido al Terror Negro, pero estaba segura de que éste hubiese lúcido como un gusano junto a su precioso Rhaegon—. Ya no existen. Se han ido como todas las bestias fantásticas que una vez recorrieron el mundo.
—No todas—negó Aenar, observándola por el rabillo del ojo—. Gracias a ti, los dragones aún tienen esperanza.
Visenya observó el rostro de Ser Jorah con una pequeña sonrisa curiosa. Las anécdotas del oso habían llegado a sus oídos mientras cabalgaba a Meereen. Ella no había tardado en unirse a él para oír aquellas fascinantes historias.
—¿Por qué Jorah el Ándalo? —indagó la Reina con el ceño fruncido—. Los norteños descienden de los Primeros Hombres.
—Los Dothraki piensan que todos en los Siete Reinos descienden de los Ándalos—explicó el Caballero, apretando las riendas de su caballo con fuerza—. En sus venas también corre la sangre de los Primeros Hombres, Majestad.
—Tiendo a olvidarlo. Jamás he sentido cariño por Lyanna—admitió Visenya con amargura. La Doncella Lobo había actuado como una idiota al huir con un hombre casado—. Mis padres fueron un par de idiotas. Rhaegar estaba obsesionado con profecías de viejas brujas. Lyanna odiaba la idea de convertirse en una Dama. Jamás se detuvieron a pensar en lo que sus acciones causarían.
—Si ellos no hubieran hecho lo que hicieron, jamás habría nacido—señaló Ser Jorah, causando que la joven asintiera con la cabeza. Ella odiaba a sus padres con toda el alma, pero les agradecía la vida que había experimentado debido a su estupidez. Si la obsesión no hubiese dominado la mente de Rhaegar, Visenya habría nacido como una princesa—. ¿Cuántas vidas ha cambiado en menos de una luna? ¿Cuántas personas en el mundo pueden caminar en el fuego sin quemarse? ¿Cuántos líderes han arriesgado su propia integridad para evitar que la sangre de su pueblo sea derramada? A penas logro creer que sea real.
—Me temo que no tengo intención de tomar los Siete Reinos—tragó Visenya, jugueteando nerviosamente con las riendas del caballo—. Viserys es el idiota que codicia el Trono de Hierro. No puedo regresarle la Isla del Oso.
—Eso ya no importa—declaró Ser Jorah, sorprendiendo a la joven Reina. Como respuesta, ella asintió solemnemente con la cabeza—. Su tío planeaba casar a su hermana Daenerys con un Khal Dothraki. Aún con un ejército tras él, Viserys no lograría tomar los Siete Reinos.
—Aún no comprendo porque todos ansían el Trono de Hierro. Los Siete Reinos no son mejores que las Ciudades Libres. En ambos continentes los nobles tratan a los pobres como alimañas—espetó la mujer antes de que un cálido recuerdo inundara su mente—. Solía admirar a Aegon V. Amaba las aventuras que vivió junto a Ser Duncan. Solía considerarme su versión femenina porque un caballero también acompañaba mis pasos.
—Un poco de Aegon V vive en usted—sonrió Ser Jorah, observando las murallas de Meereen desde la cima de su caballo. Visenya entonces cabalgó lentamente para llegar a Arthur, que esperaba su arribo en compañía de Gusano Gris. Ella podía sentir que ambos hombres comenzaban a entablar una gran amistad.
Visenya desmontó con la ayuda de Daario Naharis, que posicionó las manos en su cintura. La Espada del Amanecer inmediatamente golpeó los dedos del mercenario con la hoja de Hermana Oscura.
La joven Reina notó como los Grandes Maestros se reunían en la cima de los muros para observar la extensión de su campaña. Las armas de asedio formaron una hilera tras su espalda, y los Inmaculados chocaron sus lanzas contra la arena al detenerse.
De pronto, las puertas de Meereen fueron abiertas por una pareja de esclavos. Un jinete solitario emergió de la ciudad, gritando en un idioma desconocido para ella. Al parecer, los Maestros se habían negado a contratar mercenarios, lo cual era un enorme alivio.
—Un campeón de Meereen, mi Reina—declaró Ser Jorah—. Quieren que envíe a su campeón contra él.
Visenya rodó los ojos cuando el hombre comenzó a orinar en su dirección.
—Dice que somos un ejército de hombres sin… partes de hombres… —Missandei tradujo tímidamente las palabras del soldado solitario—. Afirma que no sois una mujer, sino un hombre que… oculta en el culo su polla.
—Tengo algo que decir a las personas de Meereen—Visenya giró sobre sus talones, buscando con la mirada a Hermana Oscura.
—Permítame el honor de ser su campeón, Madre de Dragones—Gusano Gris intervino solemnemente—. No la decepcionaré.
—He estado contigo desde que eras un bebé. No permitiré que ese hombre te insulte de tal manera—Arthur dio un paso hacia adelante, desenvainando la espada de la Reina Oscura—. Has hecho demasiado por esta campaña. Permíteme el honor de protegerte una vez más.
—Mataré a ese hombre por ti. Pagaré el precio del hierro en tu lugar—intervino Aenar, acariciando el brazo de la joven Reina. Ella tragó saliva cuando aquellos hermosos ojos azules comenzaron a reducirla a un charco de saliva—. Permíteme matarlo por ti, Visy.
—Fui el último en unirme a su ejército—Daario empujó al nacido del hierro de forma casual, aunque sus ojos revelaban que había actuado conscientemente. Aenar tropezó junto a Jorah, y ella alzó una ceja con curiosidad—. No pertenezco a la Guardia Real ni soy el Comandante de los Inmaculados. Mi madre fue una puta, vengo de la nada y pronto regresaré a la nada. Permítame matar a ese hombre, le aseguro que actuaré mejor que un pirata.
—¿Pirata? —Aenar apretó los dientes, encarando a Daario. Visenya rodó los ojos ante aquella lucha de egos, que amenazaba con terminar en una pelea a puñetazos—. Soy un nacido del hierro. No te atrevas a compararme con un pirata común.
—Un nacido del hierro… creo que te sobrestime al llamarte un pirata—tarareó Daario. La Reina entonces separó la falda de su corto vestido para alcanzar el Lazo de Vhagar. Missandei rió en voz baja al descubrir el motivo que impulsaba aquella estúpida lucha—. Visy necesita un hombre de verdad.
Visenya negó con la cabeza al dirigirse a las puertas de la ciudad. Aenar y Daario continuaron insultándose cuando el campeón apuntó una enorme lanza en su contra. La mujer esperó que el jinete se acercara lo suficiente para desenroscar la Llama de la Verdad. El caballo que el hombre montaba cayó sobre sus piernas al percibir su poder, brindándole la oportunidad de cercenar la cabeza del idiota. El Lazo de Vhagar cortó limpiamente la espina del hombre y cauterizó la carne para que el cadáver no pudiese sangrar.
Ella observó sobre su hombro para reprender con la mirada a los tontos hormonales que la aconsejaban, pero éstos parecieron aún más babosos que antes. Visenya casi podía ver un charco de baba bajo sus pies.
—Esa es una mujer… —respiró Daario, provocando que Aenar frunciera el ceño. Arthur simplemente golpeó a ambos hombres en el estómago con una expresión bastante inocente.
—Soy Visenya de la Casa Targaryen, Portadora de Tormentas—La joven aclaró su garganta al admirar el temor en el rostro de los Grandes Maestros. El Lazo de Vhagar tendía a producir ese efecto—. Sus Amos quizás les hayan dicho mentiras sobre mí o tal vez no les han dicho nada. Eso no importa. No tengo nada que decirles a ellos. Les hablo a ustedes—enfocó su atención en los esclavos que observaban desde las murallas—. Primero fui a Astapor. Los que eran esclavos en Astapor ahora están tras de mí, libres. Luego fui a Yunkai. Los que eran esclavos en Yunkai ahora están tras de mí, libres. Ahora he venido a Meereen. No soy su enemigo. Su enemigo está a su lado. Su enemigo les roba y asesina a sus hijos. Su enemigo no tiene más para ustedes que cadenas, sufrimiento y órdenes. He venido a darle a sus enemigos lo que merecen. Respondo a la injusticia con justicia. Mientras viva sus enemigos no conocerán refugio. Mientras viva su causa es mía. ¡Fuego! —exclamó. Los Inmaculados empujaron las armas de asedio hasta que éstas lanzaron a la ciudad una serie de barriles repletos con collares de esclavitud—. ¡Sólo son dignos de libertad aquellos que están dispuestos a morir por ella!
—¿Por qué debo permanecer en esta tienda? —Visenya frunció el ceño, posicionando las manos en sus caderas para demostrar la indignación que sentía—. Puedo hacer mucho más que esto.
—Conozco perfectamente tus habilidades—suspiró Arthur, resistiendo el deseo de rodar los ojos. La joven Reina podía llegar a ser tan terca como un kraken cuando se le provocaba—. Me preocupa tu seguridad. Soy el Señor Comandante de la Guardia Real, es mi deber protegerte. Permití que enfrentaras sola a los Sabios Maestros porque sabía que mis súplicas serían acaparadas por oídos sordos, pero no me pidas ver como los soldados de Meereen intentan lastimarte. Asesinaste al campeón de la ciudad, has hecho tu parte.
—¿Por esa razón ocultaste la armadura de Jaenara? —parpadeó Visenya con lentitud, cruzando los brazos sobre el pecho. La mujer entonces buscó apoyo en sus consejeros, pero todos parecieron apoyar la postura de la Espada del Amanecer—. ¿Estás de acuerdo con esto, Gusano Gris?
—Llevaremos a cabo una infiltración. No puedes ir con nosotros porque toda la ciudad sería capaz de reconocerte—Arthur señaló la cabellera plateada de la joven. Visenya, a regañadientes, admitió que la verdad se hallaba en las palabras de su querido protector—. Cuando estás molesta me recuerdas a tu padre.
—Lleva contigo a Hermana Oscura—La mujer pateó la empuñadura de la espada, causando que ésta saltara en el aire. Visenya extendió una mano para atrapar la espada sin la necesidad de apartar los ojos de su padre. Aquella era una pequeña costumbre que la mujer había adquirido durante sus entrenamientos en Valyria—. Actúen con prudencia, Gusano Gris. No estoy completamente de acuerdo con esta decisión.
—No la defraudaré, Madre de Dragones—afirmó Gusano Gris, cargando en sus brazos desnudos una bolsa repleta de armas. Al igual que Arthur, el Comandante de los Inmaculados vestía los mismos harapos que utilizaban los esclavos de Meereen.
—Guiaré su camino—declaró Visenya, alcanzado la Corona de Meraxes. Con cuidado, situó el artefacto mágico sobre las trenzas que Missandei había tejido en su cabello. Los ojos de la lechuza brillaron antes de que ésta batiera sus alas y emprendiera el vuelo—. Confío en ambos.
Arthur besó la frente de la joven antes de seguir los pasos de Gusano Gris. Visenya jugueteó con sus dedos al caminar erráticamente alrededor de sus consejeros. Los ojos de la Reina habían perdido las pupilas, pero el resto de sus sentidos se hallaban en óptimas condiciones.
—Cavarás un agujero—Aenar detuvo a la mujer, permitiéndole permanecer de pie.
—Creí que los Maestros resguardarían la ciudad con todo recurso disponible, pero me equivoqué. Meereen carece de defensas—murmuró Visenya al sobrevolar las calles. Aunque detestaba presenciar las arpías del Imperio Ghiscari, era capaz de oír las conversaciones de los esclavos—. Arthur y Gusano Gris no corren peligro.
A diferencia de sus ciudades hermanas, los muros de Meereen eran más altos y se hallaban en mejores condiciones. Las murallas eran defendidas con torres, bastiones y ballesteros. Incluso desde la distancia, la Gran Pirámide saltaba a la vista, pues sus ochocientos pies sobrepasaban la altura del mismísimo Muro de Poniente.
—Es una buena noticia—asintió Ser Jorah cuando los ojos de la joven regresaron a la normalidad. Visenya entonces dejó caer su cuerpo sobre un sillón—. Ha hecho su parte en esta batalla. No puede arriesgar su vida constantemente. Si muere, todo lo que ha logrado será en vano.
—El viejo tiene razón—intervino Daario, posicionando una mano en el hombro de la Reina. Visenya entonces bajo la cabeza y transfirió su vista a las lechuzas que custodiaban las ciudades que ya había conquistado—. El mundo necesita de usted.
—El Consejo de Yunkai parece ejercer sus funciones sin problemas—La mujer observó desde la cima de la Pirámide de Qaggaz las plantaciones que los libertos habían realizado fuera de los muros. En Astapor la situación no era diferente—. Un carnicero llamado Cleon ha intentado derrocar el Consejo de Astapor. Ansion se ha hecho cargo del problema.
—Mil ojos y uno más… —tarareó Aenar con humor—. Se dice que Cuervo de Sangre practicaba la brujería para espiar a sus enemigos. La sangre es fuerte en ti, Portadora de Tormentas.
—Cuervo de Sangre fue un verdevidente. Ser Jorah tal vez pueda explicárselos, los norteños tienden a conocer las historias que circulan sobre los Niños del Bosque—afirmó Visenya con amargura. Aunque odiaba lo que Brynden Ríos había hecho, no podía negar que ambos eran similares—. Al menos utilizó su poder para llevar a cabo una causa justa. Muchos brujos terminan sacrificando personas para mantener su juventud.
—¿Cómo se siente? —Aenar señaló la Corona de Meraxes con curiosidad.
—No es tan fácil como parece—respondió la Reina, apartando de sus rizos el artefacto mágico. Visenya entonces acarició la delicada corona con la yema de sus dedos—. La corona no concede la habilidad de practicar magia, simplemente… controla el poder de un mago muy poderoso. Si una persona normal intentara usarla, su mente se haría pedazos. Se necesita de una enorme concentración para dominarla—ella observó el rostro de sus consejeros dudosamente—. ¿Esto no los asusta? He hecho cosas realmente extrañas frente a ustedes, pero ninguno ha dicho nada al respecto.
—Lo ha dicho, Majestad—declaró Missandei con una pequeña sonrisa—. Sus habilidades no inspiran temor porque utiliza su poder para llevar a cabo una causa justa.
—Espero que todos piensen de la misma forma—Visenya depositó la Corona de Meraxes sobre una almohada de seda. La corona cambiaba de forma para adaptarse a las necesidades de su usuario, pero no había esperado que ésta tomara una apariencia tan delicada. Cuando ésta había servido a su antecesor brujo, la corona había ostentando una fuerte estructura de vidriagón. Ella no podía negar que era la corona más hermosa que había visto, pero le desagrada que luciera tan débil—. El hombre teme aquello que no es capaz de comprender.
Gusano Gris y los Inmaculados que habían ingresado a la ciudad por medio de las alcantarillas abrieron la puerta principal en medio de la noche. Aunque Ser Jorah intentó detener a la joven Reina, Visenya se unió a la batalla con el Lazo de Vhagar ardiendo en sus manos.
Los esclavos corrían por las calles, acabando con la vida de los Maestros. Visenya corrió entre los antiguos esclavos, mutilando a todo hombre que osara detener la revolución que había comenzado.
Al amanecer, la ciudad rindió sus fuerzas ante Visenya, y los esclavos que habían sido sometidos eran hombres libres.
Los libertos arrojaron sus collares a los pies de Visenya cuando la joven comenzó a subir los escalones que conducían a la Gran Pirámide. Su rostro se hallaba ensangrentado, pero una pequeña sonrisa adornaba las facciones de la mujer. Visenya entonces fue conducida a un pequeño altar por niños delgados y sucios.
Los Maestros sobrevivientes habían sido reunidos por Arthur, que esperaba su arribo junto a un cansado Ser Jorah. El oso había corrido tras ella por toda la ciudad en un intento de protegerla.
—¿Qué harás con ellos? —indagó la Espada del Amanecer. El caballero había sustituido los harapos por una armadura de combate adecuada—. No permitas que la rabia nuble tus decisiones.
—Voy a juzgarlos. Mi primera decisión en esta ciudad no puede ser un asesinato masivo. Enciérrenlos en las prisiones—respondió Visenya, observando el rostro de los cautivos con indiferencia—. Puedo descubrir la naturaleza oculta de las cosas, exterminar toda mentira. Y lo haré.
La Reina giró sobre sus talones para subir las escaleras que conducían a la entrada de la Gran Pirámide. Pronto, los miembros del Consejo de Guerra siguieron sus pasos a través de la inmensa estructura. Ladrillos y vigas de roble negro sostenían los techos altos, y azulejos decoraban las paredes que eran tres veces más gruesas que los muros de cualquier castillo de Poniente.
Missandei detuvo a Daario cuando Visenya arribó a la Sala de Audiencias. La joven observó el techo alto y las paredes de mármol con desdén, pues imágenes que conmemoraban la gloria del Imperio Ghiscari decoraban el lugar. Visenya entonces subió la escalera de mármol para llegar al trono tallado en madera dorada, el cual presentaba la forma de una arpía.
La mujer cepilló los dedos contra la madera antes de enterrar las uñas en ella. Visenya observó con satisfacción cómo la horrible arpía estallaba en un millón de fragmentos debido al frío de su toque. De pronto, la joven estrelló su pie contra el mármol para extender el hielo a las paredes. Fue entonces que las imágenes del Imperio Ghiscari fueron reemplazadas por la liberación de esclavos que había gestado. La quema de Kraznys y su salida de las llamas fueron esculpidas en las paredes más altas.
—¿Comenzamos? —preguntó Visenya al descender las escaleras, congelando el mármol bajo sus pies.
Missandei tarareó una dulce canción al trenzar el cabello de la joven Targaryen, que había convertido el último nivel de la pirámide en la Cámara de la Reina.
—¿Han escogido sus habitaciones? —indagó Visenya con una pequeña sonrisa. La antigua esclava asintió con la cabeza, sellando la trenza principal con un pequeño broche plateado—. ¿Crees que mis decoraciones son demasiado ostentosas? No deseo aparentar ignorancia, pero… viví toda mi vida en ruinas mohosas. Desconozco cual es la cantidad correcta de opulencia.
—Las paredes brillan como piedras preciosas… es lo más hermoso que he presenciado—respondió Missandei con una pequeña sonrisa—. Sin embargo… hace un poco de frío.
—Lo lamento—La mujer desvió la mirada para ocultar su vergüenza. Después de días de incertidumbre, alguien tenía el valor para revelarle aquella información. Visenya entonces comprendió la razón por la que sus consejeros vestían ropajes más gruesos de lo normal—. No soy capaz de sentir frío ni calor, deben decirme que la temperatura no es la adecuada para corregirlo.
—No tiene importancia, Majestad—negó Missandei al terminar su trabajo. Con cuidado, la antigua esclava depositó la Corona de Meraxes en la cabeza de la joven—. Es muy noble de su parte el otorgarle un juicio justo a los Grandes Maestros.
—Mi primer acto como Reina no podía ser un asesinato. Los Maestros de las Ciudades Libres hubiesen utilizado aquella decisión para ganar adeptos en mi contra—suspiró Visenya. La joven monarca había tomado un par de días para instalar sus fuerzas en la ciudad antes de dar inicio a los juicios que había prometido—. Quienes hayan ordenado la crucifixión de aquellos niños morirán gritando.
—¿Cómo sabrá quién es responsable? —indagó Missandei con timidez, cruzando las manos sobre su nuevo vestido. La joven Targaryen entonces movió ambas manos para adornar aquella tela de color azul con pequeños destellos de colores. Ella utilizaba un vestido verde hecho de hielo puro, pero no podía otorgarle a Missandei un traje de las mismas características. Solo su cuerpo era capaz de resistir el frío que conllevaba el hielo—. Los Maestros dominan a la perfección el arte de la mentira.
—Yo extermino mentiras—replicó Visenya con una pequeña sonrisa secreta, alcanzando el Lazo de Vhagar antes de bajar la escalera de mármol que conducía a la Sala de Audiencias. La Cámara de la Reina y las habitaciones de sus consejeros más leales se hallaban sobre el salón donde los Maestros aguardaban por un juicio—. Meereen necesita justicia.
Missandei tomó en sus manos el expediente con los nombres de los Grandes Amos cuando Visenya tomó asiento en el sencillo banco de madera que habían dispuesto en la cima de las escaleras. Arthur y Jorah flaquearon los costados de la Reina con expresiones solemnes.
—El último Rey que serviste fue mi demente abuelo—susurró Visenya al notar la melancolía en los ojos de la Espada del Amanecer. Él había sido despojado de la espada ancestral de su Casa, pero continuaba siendo el mejor guerrero que jamás había integrado la Guardia Real—. Espero ser mejor que él. No pretendo quemar a nadie con fuego valyrio.
—Os encontráis en presencia de Visenya de la Casa Targaryen, la Primera de su Nombre, Reina de Meereen—enunció Missandei con propiedad. Previamente ambas mujeres habían acordado que los títulos más ostentosos de Visenya serian enunciados únicamente cuando la Reina golpeara sus zapatos de hielo contra el mármol—. Majestad, os encontráis en presencia de Grazdan zo Phal.
—Majestad—El hombre barbudo lloró antes de caer sobre sus rodillas. Los días que los Maestros habían pasado en prisión parecían haber invocado la desesperación en sus corazones—. Juro por la vida de mi esposa e hijos que no tome partido en la muerte de aquellos niños. Soy padre, jamás podría ocasionar tal dolor a mujeres inocentes.
—Este es el Lazo de Vhagar, y su origen se remonta a los origines de Valyria. La leyenda dice que fue entregado al primer Señor de la Casa Garathyen por los dioses del Feudo Franco. Los brujos, por otro lado, lo llamaron la Llama de Verdad—declaró Visenya antes de envolver los brazos del noble lloroso con la cuerda. Ella tensó su agarre sobre el lazo para encender el fuego que era capaz de exterminar toda mentira—. ¿Ordenaste el asesinato de esos niños?
—Lo hice—respondió el noble de manera inconsciente—. La esclavitud ha existido desde los albores de la humanidad, una puta dragón no debería haberse atrevido a terminar ese sistema. Esos niños no eran más que alimañas, merecerían morir como alimañas—entonces Visenya cubrió su boca con horror. El noble pareció reaccionar, pues intentó remover el Lazo de Vhagar—. ¡Bruja! ¡Quítame esta mierda!
—¿Quién más ordenó la muerte de los niños? —tragó la Reina, tirando de la cuerda. El noble apretó la mandíbula cuando fue incapaz de resistir el poder de la Llama de la Verdad.
—Sken zo Zhak, Xhander zo Hazkar, Galaz zo Gazin… —lloró Grazdan. Visenya señaló con la cabeza a Gusano Gris, que observaba el juicio tras un pilar. Arthur bajó la escalera para cargar al patético noble. De no ser por el Lazo de Vhagar, aquel malvado jamás habría confesado sus crímenes. Ella no podía creer que éste hubiese utilizado el nombre de sus hijos de una manera tan cobarde—. ¿Qué es esto?
—La Llama de la Verdad extermina toda mentira—Visenya retrajo el lazo mágico para atarlo en su cadera. Fue entonces que la Reina se puso de pie para descender las escaleras con lentitud—. Grazdan zo Pahl. Yo, Visenya de la Casa Targaryen, Primera de mi Nombre, Portadora de Tormentas y Reina de Meereen os sentencio a muerte—entonces el noble grito mientras era arrastrado por los Inmaculados—. Bajen a la prisión y arrastren a todos los hombres que ese imbécil mencionó. Liberen al resto, que regresen con sus familias.
—Eso fue aterrador—mencionó Daario Naharis al morder sensualmente un durazno. Visenya no había reparado en su presencia—. No pensé que una simple cuerda fuera capaz de llevar a cabo tales hazañas. A pesar de ello, puede atarme las veces que desee, mi Reina. Preferiría estar desnudo cuando lo haga.
Visenya sostuvo en sus manos un mapa de Essos al crear frente a ella una mesa hecha de hielo. El Consejo de Guerra, que comenzaba a ser llamado Consejo Pequeño, había sido convocado en la Cámara de la Reina para una reunión.
—Aegon el Conquistador construyó una mesa con la forma de Poniente en Rocadragón—señaló Arthur cuando Visenya terminó de dar forma a su pequeña escultura. Una mesa con la forma de Essos ahora yacía en medio de la Sala del Consejo—. De vez en cuando me recuerdas a él.
—¿Aegon? Prefiero ser la Reina Oscura—rió Visenya con humor. En ese momento, sus consejeros arribaron a la sala con expresiones de asombros—. Bienvenidos. Siéntense, por favor.
Visenya entonces sacudió los dedos para dar forma a las pequeñas ciudades que yacían en la mesa. Las ciudades de la Bahía de Esclavos fueron representadas por medio de sus características pirámides.
—Noticias del este, Majestad—Ser Jorah detuvo sus acciones al colocar sobre la mesa un pequeño pergamino—. Jon Arryn, la Mano del Rey, ha muerto. Robert Baratheon se dirige al Norte. Ned Stark será designado como la nueva Mano del Rey.
—Los chismes de los Siete Reinos no son de mi interés—negó Visenya antes de construir una pequeña versión de Volantis—. Los Stark pueden resguardar la espalda Robert cuanto deseen.
—Los Segundos Hijos han tomado la flota de Meereen—mencionó Daario, alcanzado el plato de fruta que Missandei había situado sobre la mesa. El hombre sostuvo la mirada de la Reina al devorar una naranja—. Suficientes naves para transportar un ejército.
—Las naves son insuficientes—espetó Aenar con los brazos cruzados, fulminando con la mirada el rostro del mercenario—. No son naves de guerra, sus velas son demasiado pequeñas y su timón no vira con precisión. Un barcoluengo destrozaría esos barcos como cristal.
—No planeo tomar los Siete Reinos—suspiró Visenya por millonésima vez. Robert Baratheon podía nombrar un cerdo como Mano del Rey. Poniente no era de su interés—. Sin embargo, puedo dar un buen uso a esa flota. Será tu responsabilidad reparar aquellas naves y adaptarlas para la guerra. Puedes contratar cuantos carpinteros sean necesarios para construir tus barcos experimentales.
—¿Qué? —Aenar frunció el ceño, señalando su propio rostro con incredulidad. La joven Reina rió al crear un pequeño prendedor con la forma de un barco en alta mar.
—Eres un nacido del Hierro, ¿no? —señaló Visenya con una sonrisa, hundiendo en la chaqueta de su amante el brillante prendedor de hielo—. Aenar Greyjoy, te nombro Consejero Naval.
—No soy un Greyjoy—negó el kraken con los labios apretados, tomando la mano de la mujer para evitar que ésta bromeara con él—. Sólo soy un bastardo de las Islas del Hierro. No juegues conmigo.
—Eres un Greyjoy desde este momento. Como Reina, puedo legitimarte—afirmó Visenya con determinación. Rhaenyra Targaryen había legitimado a varios bastardos de la Casa Velaryon durante la Danza de Dragones. Visenya tenía el mismo poder—. Y es mi decisión hacerlo. ¿Aceptas el cargo? —Aenar solo asintió con la cabeza, demasiado sorprendido para formular una respuesta decente—. ¿Alguien tiene noticias sobre el estado de Meereen? No me he involucrado con el pueblo tanto como me gustaría. Demasiados nobles hipócritas que apaciguar.
—El pueblo ha comenzado a formar facciones, Madre de Dragones—informó Gusano Gris, sosteniendo su casco bajo el brazo—. Existen aquellos que rechazan su reinado y quienes la apoyan. No se han entablado batallas, pero mis hombres han debido terminar bastantes rencillas en los mercados. Pronto se producirá un derramamiento de sangre.
—Una distracción es necesaria—tarareó Visenya, cruzando los brazos sobre el pecho. El putrefacto aroma de la ciudad inundó sus fosas nasales—. Debemos construir un alcantarillado y un sistema de irrigación. No sólo acabará con la podredumbre de la ciudad, también frenará las enfermedades producidas por la falta de salubridad. El tesoro de los Maestros solventará el sueldo de los trabajadores. ¿Puedes supervisar las obras, Gusano Gris?
—¿Qué hay de los Segundos Hijos? —indagó Daario, mordiendo un durazno. La mujer Targaryen supuso que aquella era una conducta destinada a seducirla—. Mis hombres esperan una aventura.
—Los Segundos Hijos adiestraran en el combate a todo hombre que desee convertirse en un guerrero. Es necesaria una Guardia de la Ciudad, los Inmaculados necesitan un descanso—respondió Visenya antes de recordar las palabras del Inmaculado que servía como Comandante de Astapor—. Ansion me ha informado que las revueltas de libertos han cesado en Astapor. Las verdaderas intenciones de Cleon Segundo han sido reveladas.
—Se nos ha informado que las plantaciones necesitan agua con urgencia. Los agricultores han labrado las tierras aledañas, pero las semillas no germinarán en tierras tan áridas. Los víveres comenzarán a escasear pronto—añadió Ser Jorah. Visenya entonces enfocó la mirada en el balcón—. Sugiero enviar mensajeros a las ciudades cercanas. Qarth y Yi Ti serían grandes aliadas.
—No entablaré relaciones con ninguna ciudad que comercie con la vida humana. Cuando las bestias fantásticas desaparecieron, los esclavistas enfocaron su atención en los seres humanos. El ave inmortal que renace de las cenizas, el ave del trueno, el hipogrifo, el unicornio… la humanidad terminará como todos ellos si continua siendo explotada de tal manera—negó Visenya. Nymeris entonces ingresó por la terraza para dormir en el cuello de su madre—. Me encargaré de regar las nuevas plantaciones.
—El fénix se ha ido, debes aceptarlo—mencionó Arthur en voz baja. El mayor sueño de Visenya siempre había sido contemplar un ave fénix—. Los cuerpos de los Maestros crucificados deben ser entregados a sus familias. Ha pasado demasiado tiempo, los cadáveres comienzan a pudrirse.
—Bien… entreguen los cuerpos a sus familias—asintió Visenya—. Bahía de Esclavos es un nombre estúpido… Bahía de Dragones suena mucho mejor.
—¿Bahía de Dragones? —alzó una ceja Aenar, saltando en la silla, pues Vhalia subía por sus piernas—. Es un nombre bastante ostentoso. Como nuevo Consejero Naval propongo cobrar un impuesto a todo barco que atraque en la Bahía de Dragones. El impuesto debe ser proporcional al tamaño de la embarcación… estimaré el monto al supervisar los puertos—entonces Aenar depositó en la mesa a la dragona esmeralda. Fue entonces que éste depositó un beso en la mejilla de la joven Targaryen—. Regresaré a la costa. Prometo que la Flota de Meereen avergonzará a la Flota de Hierro.
—Espero que tome la precaución necesaria—murmuró Visenya al crear un prendedor con la forma de un pergamino. Aenar sonrió sensualmente al emerger de la Cámara de la Reina. Ella esperaría por él—. Missandei de Naath. Te nombro Consejera de Edictos.
—¿Yo? —Missandei señaló su propio rostro con incredulidad—. Sólo soy una traductora, Majestad. No soy digna de tal honor.
—Eres más inteligente de lo que piensas. No puedo desperdiciar tu talento en audiencias con nobles llorosos. Las leyes de la Bahía de Dragones deben ser creadas por alguien que comprenda al pueblo—declaró Visenya, asegurando el prendedor en el vestido de la antigua esclava—. Kraznys no hubiese prosperado sin ti. Necesito que enfoques esa inteligencia en el bienestar de esta causa. Eres perfectamente capaz de asumir el cargo—sonrió al notar las lágrimas en los ojos de la joven mujer—. Eso es todo. Pueden regresar a sus funciones.
—¿Qué es lo que harás? —indagó Arthur cuando Visenya depositó a Nymeris en la mesa de planificación. Ser Jorah, como Guardia Real, permaneció en su silla—. Tu rostro adoptó esa expresión… la última vez que vi esa expresión decidiste entrar a un incendio. No cometas una locura.
—Haré lo que hago mejor—respondió la Reina. La mujer respiró profundamente al divisar la ribera del río Skahazadhan y el Templo de las Gracias. Los ojos de Visenya brillaron de un púrpura intenso cuando las nubes de tormenta rodearon los huertos y colinas que se encontraban fuera de los muros. Pronto la lluvia comenzó a caer en el horizonte—. Portar tormentas.
Krasni: Visenya es un OC, no es la versión femenina de Jon. Saludos desde Chile.
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