Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.
El primer día de todos.
Tenia miedo, si lo tuve en ese tiempo con más de dos semanas de retraso, cuando no me atrevía a pensar que se haría realidad lo que siempre había querido, había tenido mis dudas porque estaba sola en este momento. Me había parecido extraño de que mi amiga Ángela no lo hubiese notado ya que me tenía más controlada que a ella misma, la única excusa que era valida para no percatarse era la emoción por su graduacion, por fin terminaba su residencia y se dedicaria a la especialización de Gineco - obstetra, la profesión que siempre le había gustado; ella se quedaría en el Universitario Chicago Medical Center, le gustaba el ambiente trabajo y sus compañeros, ellos tenían una plaza para su especializacion, ademas era el único lugar que le permitiría ausentarse por casi dos años a Londres para unos estudios que tenia pautados hacer, por lo que era su mejor opción.
Lo que viví hacía ya casi siete meses atrás estaba grabado en todo mí ser.
Entré sola al Medica Center con mi corazón palpitando fuertemente; a cada paso que daba me preguntaba si será cierto, no me había sentido extraña, sí, ciertamente habia ganado un poco de peso pero había comido mucho en la calle, una de las consecuencias de vivir sola. Al entrar miré la recepción que siempre me daba la bienvenida cuando venia por An, de un blanco perlado con marmol entre negros y grises, la Señora Gladys me sonrió observándome un poco extrañada y se acercó a donde me encontraba.
-Hola Isabella, la señora Ángela no se encuentra, ¿te puedo ayudar en algo? - Escuché preocupación en su voz.
-Hola Gladys, no te preocupes, vengo por consulta general. - Le sonreí tranquilamente, aunque por dentro sentía todo mi ser revolucionado –. Vengo a ver a la doctora Felice, nos vemos en un rato. - Me despedí con un gesto de mi mano y caminé para tomar el ascensor; me había citado con Nina, una la mejores como repetía constantemente Ángela, Nina le había enseñado casi todo lo que sabía, así que creí que no le molestaria.
Iba caminando por el pasillo que me indicacaba dónde estaba el consultorio, los oídos me zumbaban tanto por la emoción y el susto que llevaba conmigo, por lo que no me percate del sonido de mi teléfono hasta el tercer repique. Lo busqué un poco desesperada en mi cartera; sabia desde el momento en que An me lo había dado como regalo que estas cosas pasarían. Cuando ya estaba en mis manos vi el nombre de Tony en la pantalla insistente, tanto me conocía como para no colgar, me causó mucha gracia, y en medio de una risilla atendí rápidamente.
-Tony - le respondí en un tono muy bajo, no queria molestar a las personas que estaban sentadas, ya había llegado al consultorio sin darme cuenta. Antes de seguir hablando con él, le dije mi nombre a la chica que esta sentada en un escritorio.
-Pequeña, ¿dónde estás? Llamé a la tienda y Rose me dijo que estabas en el médico, ¿pasa algo? ¿Te encuentras bien? ¿Quién está contigo? - Me bombardeó y su tono de preocupación me angustió, ¿debería decirle a qué venía para acá? Él siempre había estado para mí en cada paso importante en mi vida.
-Estoy bien... estoy bien, vale. - Me reí un poco para que él creyera mi mentira -. Es solo algo de rutina, ¿sabes?, pensaba llamarte o escribirte para saber si podías venir a buscarme, ¿puedes? - Le pregunté. No era una mentira, sí pensaba escribirle fuese cual fuese el resultado de todo esto.
-Está bien, en una hora te busco. - En su voz escuché la duda, y supe que no me había creído ni una palabra.
-Creo que puedo tardar un poco más, pero ven en una hora. - Quería tenerlo a mi lado en ese instante, necesitaba distraerme y sentirme apoyada.
-Bien, en una hora estaré allí. - Lo escuché resignado y podría jurar que había salido de una vez a buscarme y que lo tendría a mi lado en menos de media hora. Suspiré y colgué el teléfono, caminé hacia el área de espera y me senté a esperar, rodeada de varias mujeres, algunas felices, otras no tanto.
Le sonreí a la asistente de la doctora, ella lo hizo de vuelta y me dio un poco de gracia los aparatos en sus dientes con gomas de colores variadas, se veía tan joven, no debía pasar de los diecinueve años. Ella mencionó que debía esperar pero vi detrás de donde estaba un afiche de una mujer admirando su gran vientre y un hombre adorándola mientras lo rozaba con las manos juntas a las de su esposa, y no pude detener mis pensamientos.
Tony... Debí darme cuenta en el momento en que íbamos a fallar, tal vez sí. Una de las tantas veces que me había llevado a comer cuando éramos novio a la casa de su madre; mientras cocinaba la lasaña que me encantaba tanto, y yo esperaba sentada alejada de todos esos elementos peligros para mí en esos inmensos taburetes, en la barra de estilo rustico que dividía el área de la cocina del comedor, cuando observé a sus sobrinos jugar en el patio a través de las puertas de cristal no pude evitar preguntarle.
-¿Te imaginas cuando sean nuestros hijos los que juegues en ese jardín? – Lo dije con la ilusión de una mujer enamorada que lo quería todo y lo deseaba tanto, pero sabiendo que no era el momento, estábamos recién graduados, sin nada que ofrecer. Él me respondió sin voltearse a mirarme.
-Pequeña, eso no es una prioridad para mí – lo dijo sin ninguna emoción como si no importara en lo más mínimo lo que acababa de decir, y procedió a cambiar el tema como si estuviésemos hablando del clima –. Listo, amor, ¿qué quieres de postre? - Me sonrió de la manera en la que siempre buscaba compensar las cosas, haciéndome olvidar.
Había sido una estúpida al pensar que con el tiempo le haría cambiar de opinión, simplemente él no consideraba la opción de tener hijos ¿conmigo o con alguien siquiera?, ¿yo hubiese podido vivir sin esa opción? No, no hubiese podido, ya que sabía cómo era sentirse vacía. ¿Quién no suspiraba por tener a algo creado con tanto amor para abrazarlo? ¿Para cuidarlo? Solo para amarlo más que a ti mismo.
Sentí una mano sobre mi hombro y salí de mis pensamientos, era Nina. Me levanté de golpe mientras ella me miraba extrañada, la había visto muy poco en mis visitas a la clínica, pero era imposible no admirarla con su larga cabellera rojiza y esos ojos azules como el océano y tan alta como esas modelos brasileñas; ni siquiera tenía que empezar a hablar de su cuerpo, me sentía pequeña e insulsa a su lado, y yo no estaba tan mal, como podía percatarme a veces.
-Hola, Bella, puedes pasar. ¿En qué puedo ser útil? – Me miró interrogante y noté por su tono de voz que estaba extrañada, esta consulta la podría haber hecho An, pero no quería más presión de la que estaba sintiendo con todo lo que tenía dentro. La vi ir a su escritorio y la seguí sintiéndome ansiosa; su consultorio era agradable con colores pasteles verdes y amarillos combinando con su escritorio de acrílico como verde agua, pero lo más atrayente era el cuadro que estaba a un lado de ella, donde podía admirar a todos los bebés que había traído al mundo, todos hermosos, inocentes, con esa tranquilidad y alegría que solo ellos podían tener. Instintivamente toqué mi vientre.
-Tengo un retraso – dije atropelladamente, sin siquiera sentarme, todavía mirando ese cuadro, perdida en los pares de ojos brillantes de todos esos niños.
Nina comenzó con las preguntas de rutina, última menstruación, última relación sexual, si tenia pareja estable, si me había hecho algún examen de sangre o casero; en realidad tenía miedo así que no había tenido el valor de hacerlas, ni siquiera había tenido el valor de decir en voz alta que podía estar embarazada. Yo sabía que existía una posibilidad pero solo hacía tres meses que cabía la oportunidad y solo tenía un retraso de dos semanas, así que no había posibilidad lógica. Nina me mandó a cambiarme para examinarme y después que me recostada en la camilla dentro de cubículo a un lado del consultorio; éste si era todo lo contrario a la habitación anterior, no era tan cálido pero tenía varios toques femeninos, como cuadros y unas plantas muy bonitas, pero estaba tan llena de aparatos que no quedaba para decorar más.
Unos minutos después descubrí que mi vida había dado un giro de ciento ochenta grados, no podía creer que esa pantalla me mostrara lo más hermoso que alguna vez habría visto, nada tenía mayor importancia, ni que estuviese sola, o que no tuviera la estabilidad perfecta que siempre quise para esta etapa, nada… solo él. Podía ver lo diminuto que era, su cabecita, sus pequeños brazos y piernitas, era un poco extraño pero ya los tenía. ¿Cómo no pude sentir que estabas ahí? Vi su corazón latir tan deprisa y lo escuché también. Sentí las lágrimas correr por mis mejillas pero no quería siquiera parpadear y perderme algo importante. Estaba ahí dentro de mí, podía escuchar a Nina diciéndome "Mira como abre la boca, capturaré esa imagen"; pero la ignoraba completamente, solo podía ver la imagen que me presentaba la maquina. Me negaba a dejar de verlo, pero necesitaba respuestas; ¿cómo no pude darme cuenta antes?, ¿él estaba dentro de mí?, ¿por cuánto tiempo?, ¿estaba bien?, podría haber hecho algo mal por mi ignorancia, sentía que iba a explotar y entré en pánico, podría haberlo perdido por no saber que estaba allí.
Nina notó en el estado en que me encontraba y se detuvo para calmarme, pero me molesto más el que no pudiera seguir verlo moviéndose. Lo amaba, Dios… Solo habían pasado minutos desde que sabía de su existencia y ya lo amaba con locura. Mi bebé. Me había dado la impresión que sacó la máquina de ecosonograma, su primera foto, no podía dejar de verla, no quería dejar de hacerlo.
Ya sentada en la camilla, varios minutos después, Nina me explicó que tenía once semanas, que él estaba bien, en perfectas condiciones. No media más de siete centímetros, era tan pequeñito, tan mío; también me explicó que era normal que hubiese visto mi periodo los primeros meses y que no hubiese tenido malestares que me indicaran mi estado; que no debía preocuparme porque estaba sano y bien agarrado dentro de mí; que ese tipo de preocupaciones no eran buenas. ¿Cómo podía decirme que lo tomara con calma? Me sentía aterrada, emocionada, feliz, pasmada y con ganas de saltar alrededor extasiada. Me recetó mis vitaminas y otras cosas pero yo solo quería ver su imagen una y otra vez.
Salí del consultorio aturdida, si no estuviese viendo el eco no lo creería, no me sentía extraña, mi cuerpo no había cambiado pero ahora sabía que estaba dentro de mí y quería verle de nuevo, ¿Nina me haría otro ultrasonido? ¿Seria malo? Decidí esperar a An, se volverá loca, mi mamá se volverá loca también, su primer nieto o nieta. Dios… no me importa lo que sea porque ya lo amaba más que nada en la vida. Caminé sin darme cuenta hacia dónde iba, cuando reaccione estaba cerca del reten de niños recién nacidos, no dude en ir directo para allá, quería imaginarme cuando mi bebé estuviera ahí, y pudiera tocarlo, tenerlo en mis brazos, ver su carita, sus ojos, su nariz, todo él.
Cuando llegué al ventanal me detuve abruptamente, el pasillo no estaba solo, había un hombre allí, podía verlo apoyando su frente en el cristal con la vista perdida dentro de la habitación. Desde donde estaba parada se veía lo atractivo que era, algo alto, algo delgado, con poca musculatura, no podría decir como tenía el cabello ya que estaba casi al ras de su cráneo, invitando a pasar mi mano sobre esa parte de su anatomía tan blanca como todo él; solo llevaba una franela algo holgada, con unos jeans y deportivos, se veía muy bien pero había algo que me trasmitía una inquietud y no de mala manera, se veía tan necesitado de algo ¿pero de qué? Poco a poco me acerqué a él hasta quedar a su lado, me apoyé viendo a todas esas criaturas tan inocentes, tan llenas de vida, sin poder evitar en pensar en el que crecía dentro de mí y cómo quería tenerlo ya en mis brazos. Me surgió la necesidad de observar al extraño que estaba a mi lado, que no se había dado cuenta que yo estaba allí. De reojo y subiendo un poco mi cabeza vi sus ojos, estaban perdidos, tan opacos, pero a pesar de eso no dejaban de ser hermosos de un verde como las esmeralda, ¿cómo se vería brillantes, con vida?, ¿cambiaria algo las facciones tan duras de su rostro?, no es que estuviese mal pero me gustaría verlo de otra forma. Tomé un poco de valor y respiré profundamente.
-Son hermosos, ¿no lo crees? ¿Tienes uno aquí? – Me giré para mirarlo mejor y cuando estuvo de frente a mí, me quedé sin aire. Era de esas persona que te quitaban el aliento con solo posar un segundo su vista en ti, cuando logré reaccionar le volví a preguntar a cuál veía. Mientras me respondía me iba perdiendo un poco en su voz aterciopelada con pequeños tonos roncos; pero allí en ese instante me pregunta fue contestada, él buscaba lo mismo que yo por motivos diferentes: "Tranquilidad". Mi necesidad era más por pensar en todo lo nuevo y desconocido que venía para mí; ¿y para él?, ¿qué podía estar viviendo ahora para estar así?, y ¿por qué lo veía tan solo como si estuviese llevando un cruz encima? No puede evitar sentir la necesidad de quedarme a su lado y querer decirle que no, que en realidad no lo estaba, que no era demasiado tarde para lo que fuera que estuviese viviendo ¿estaba aquí todavía, no? Entonces no debía decaer.
Me hubiese gustado quedarme más rato a su lado, pero escuche la voz de Tony al fondo del pasillo. Me sentía feliz por lo que estaba viviendo en ese momento y quise lograr que ese extraño se sintiera de la misma manera, me gustaría pensar que fue así porque algo cambio en su mirada que me gusto, y por primera vez me moleste porque Tony no tardara un poco más en llegar.
Cuando iba un poco lejos, me volteé para verlo por última vez, estaba apoyado de espalda contra el cristal, con su cabeza mirando al techo, podría imaginar que sus ojos estaban cerrados buscando lo que estaba perdiendo.
"Solo espero que lo consigas… nunca es tarde", le susurré en silencio.
Desde ese instante mi vida fue una locura, mi familia me atormentaba, no me dejaban sola en ningún momento, ¿sabrían ellos que la mitad del tiempo estaba más que asustada por casi todo? Todo el que me conocía me daba miles de recomendaciones de lo que debía hacer y de lo que no… para que no me dieran gases, no salieran estrías, para la acidez, para no engordar más de lo necesario, para que mi bebé naciera limpio, para que diera bastante pecho… ¡Para todo!
No es que no estuviese agradecida pero ¿por qué no podían ver que mis preocupaciones eran otras?, siempre me preguntaba si estaría bien, ¿si se estaba moviendo y creciendo lo suficientemente bien?; ¿tendría todos sus deditos en sus manos y sus pies?, ¿sus latidos eran normales? Yo solo deseaba que el tiempo pasara rápido para poder abrazarlo y ver que estaba bien. En cada consulta esas eran mis preocupaciones y podía respirar tranquila cuando Nina me decía que crecía fuerte, que era un niño muy sano y que estaba bien aferrado a su madre, "todo un niño de mamá", como decía Rose. Generalmente salía llorando del consultorio porque estaba tan feliz; An y mi madre me acompañaban a todas las consultas, a veces también Tony lo hacía pero él usualmente prefería solo buscarme. A las salidas del consultorio les pedía tiempo para estar sola y calmarme, caminaba sin mirar nada en específico, solo recordando la imagen de mi niño, lo grande que estaba y lo mucho que lo amaba; ya poder sentirlo era la señal de que en verdad estaba allí conmigo.
Por muy raro que pareciera durante los siete meses de consultas el llegar a éste pasillo tan blanco y a veces tan vacío, me llenaba de extraordinaria tranquilidad. Siempre anhelaba encontrarme al extraño apoyado al cristal que vi ese día, uno de los más importante en mi vida pero nunca lo hacía lo cual cada vez me dejaba un poco decepcionada. ¿Qué sería de ti?, pregunté al viento. De verdad esperaba que no hubiese perdido las fuerzas, deseaba poder verlo aunque fuera de lejos, comprobar que estaba bien, ¿lo reconocería? Tal vez no, él pasó a ser como una ilusión, me atrevería a pensar incluso que lo había imaginado, ese día fue tan surrealista que me pierdo en ese recuerdo con mucha facilidad.
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El segundo día…
Todavía tenía miedo, no me había abandonado del todo. Me había preparado mentalmente para esto, tanto An como Nina estaban tranquilas, por lo que debería estarlo yo también, ¿no? Pero me era difícil en este momento eso, en realidad desde que Nina me dijo que mi travieso era muy inquieto y que se había enredado con su cordón umbilical en la última ecografía, no había podido estalo. No había dejado de preguntarme qué pasaría si se complicaba, siempre había querido dar a luz de forma natural pero ahora era imposible y debía ser por cesaría, eso me dejaba los nervios de punta, aunque haría todo lo que se me dijera por el bien de mi niño, mi pequeño, que todavía no sabía como llamarlo, él mismo lo haría cuando llegara el momento, estaba segura. Sí, quizás estaba loca, pero ya verían todos como él lo haría.
Llegamos muy temprano al hospital ese día, eran casi las siete de la mañana cuando íbamos Tony, mi bebé y yo. Él me dijo que se ocuparía de todo, que todo lo que quisiera solo se lo pidiera, que no me preocupara. Si escuchaba eso una vez más me echaría a llorar en serio, me sentía fuera de mi cuerpo como si todo pasara lejos de mí, veía a Tony a mi lado con mis maletas y las de mi hijo, arreglando el papeleo mientras un enfermero llegaba con una silla de ruedas a recogerme, observé como la señora Gladys me saludó con mucha emoción y cariño, An debía haber emocionado a todos sus compañeros; me veía sentada en esta silla con una bata de esas que llevan las abuelas y pantuflas de peluche cortesía de Rose, a quien iba a matar por lo horrorosas que eran, pero mis pies estaban agradecidos ya que calmaban el dolor por lo hinchados que estaban; estar así me deprimía un poquito pero solo quería que llegara la hora.
La cesaría estaba programa para las diez de la mañana, faltaba tan poco para tenerlo en mis brazos pero están serían las peores dos horas, horas de angustia y zozobra que jamás había experimentado en la vida. Todo en mi embarazo había pasado tan rápido que a veces sentía que no disfrute de él como debería haberlo hecho. Todo era nuevo y los miedos me invadían por mucho tiempo, miedos normales según los libros que había leído y que por supuesto después había terminado odiando ya que me aterraban aún más.
Estaba acostada mientras arreglaban la habitación, de color blanco, sí, pero con detalles de color salmón, con franjas decorativas, lo cual la volvía bastante agradable. Tenía un pequeño recibo donde habían un muy lindo juego de muebles de color beige, suficientes para recibir a las únicas personas que valían en mi vida, las contaba con una mano y dentro de menos de dos horas se sumaría la otra. Rose había llegado para ayudar a Tony. Estaban inflando los globos cuando había llegado una enfermera y empezó arreglarme para el quirófano, me aterré al instante, no sabía qué hacer, hasta que observé con pánico a Rose quien vino hacia mí y me miró con sus grandes ojos azules, notándose muy calmada, me abrazó fuertemente y susurró en mi oído.
-Tranquila, respira profundo, estamos aquí para ti. –Le respondí con un abrazo más fuerte, todo lo que mi enorme barriga podía y me dejaba dar, enterré mi rostro en su cabello rubio que olía a vainilla y me di cuenta que estaba temblando. Al levantar mi cabeza vi a Tony que también esta calmado, ¿Dios, cómo lo hacen? Claro, ellos no son los que van a entrar en ese quirófano y abrir como a un saco de papa.
-Tony… ¿y si algo sale mal, tu velaras por él, verdad? – Pregunté. Se acercó a nosotras y nos abrazó a los tres besando mi frente en el acto, cuando apoyó su frente en la mía me dijo mirándome a los ojos con mucha seguridad.
-Isabella, todo saldrá bien, dentro de una hora estarás aquí con tu bebé en brazos y habrás olvidado las sandeces que estas pensando en este instante. – Se detuvo solo un segundo para tomar aire –. Además Angela estará a tu lado, ella cuidara de ambos. – Para que él se apoyara en An era difícil, siempre se habían caído mal, esa batalla la había perdido muchos años atrás.
Después de separarme de los chicos la enfermera me pidió que me sentara en la silla de rueda para prepararme. Ya era la hora, le tomé la mano con fuerza a Tony, estaba realmente asustada y no podía con todo lo que estaba pasando a mí alrededor. Él caminó a mi lado hasta llegar cerca del quirófano, sabía que no lo dejarían pasar pero no quería soltarlo, debí pedirle que entrara conmigo, ya era demasiado tarde para eso. Sentí como van separándose nuestras manos y lo escuche decirme. "Nos vemos en un rato, vas a estar bien". Lo vi parado en medio del pasillo muy tranquilo, sonriéndome con entusiasmo, quedándose atrás.
¿Dios, cómo fue capaz de abandonarme ahora?, no lo perdonare nunca, me había dejado aquí sola. Pude ver el pasillo, sentí que estaba realmente frío allí. La enfermera me pidió pasarme a una camilla diciéndome que debía tranquilizarme sino me dormirán completa y no podría ver el nacimiento de mi bebé, lo cual sabía que no quería que sucediera. No podía permitir que eso pasara, quería estar consciente para verlo, había esperado tanto para eso. Acaricié mi vientre lentamente buscando esa tranquilidad que necesitaba, pronto lo tendría aquí conmigo. Respiré profundamente en la posición más incomoda en la que me había encontrado en mi vida y con esta barriga era casi imposible doblarse así, me sentía muy expuesta, unos segundos después recibí el dolor más horrible en toda espalda, una corriente fuerte de la cual no pude evitar reaccionar. La enfermera me reprende por moverme y casi inmediatamente dejé de sentir mi cuerpo de la mitad para abajo, era tan extraño, me aterré no sentirlo a él, perder mi conexión por un momento. Vi como dos enfermeras me iban ingresando al pabellón donde puedo observar a An con una cara de éxtasis nada normal y a Nina que ya estaba lista estaban esperando por mí, no tengo idea de cómo me movieron hacia la mesa de cirugía pero no puedo dejar de observar la lámpara que esta en medio de ésta. Ángela empezó a tomar fotos y lo supe por el sonido de la cámara que se escuchó alrededor, porque no podía dejar de ver la luz de la sala.
Sentí como abrían mi piel, porque a pesar de no haber dolor podía percibirlo todo, como iban moviendo las capas, empujando y presionando mi piel, pasando cada músculo y hasta mis órganos como si fuese un muñeco de hule, algo tan moldeable. Era demasiado extraño escuchar la voz de An en éxtasis total, podía percibir como lloraba, todo fue tan rápido que no podía creer lo que mis ojos estaban viendo a través de la lámpara, a pesar de la tela que colocaron delante de mí pude ver como salió de mí tan rápidamente, primero sus pequeños pies, sus nalguitas, era tan pequeño, podía escuchar su llanto fuerte y no pude evitar llorar de alegría. Nina me lo enseñó y la escucho decir "Mira qué travieso, no quería salir de mamá". Vi su rostro, era tan hermoso, no puedo controlar mi llanto. Levanté un poco mi mano pero lo alejaron para atenderlo, lo sabía pero soy egoísta y me enfureció que lo hicieran. No lo perdí de vista, no podía dejar de admirarlo mientras lo limpiaban y lo vestían, lo vi temblar y comenzar a tranquilizarse por unos segundos poco a poco fue abriendo sus ojos no estaba muy claro todavía era grisáceos y se queda mirándome apoyado de lado "Mi niño, soy mamá", susurré. Tendrá los ojos azules, lo sé tan azules como los de mi madre Renée.
No supe en qué momento se ocuparon de mí, estaba lista con un gran vendaje en la parte baja de mi vientre, dejé de existir en cuanto lo miré, estaba totalmente perdida. Me había enamorado irrevocablemente de él.
Después de tenerlo en mi brazos nada más tuvo sentido para mí, sin darme cuenta fui llevada a la que seria mi habitación, podía ver a todos en ella y no ver nada en realidad solo tenia la capacidad de verlo a él, no había vuelto abrir sus hermosos ojitos y estaba tan tranquilito en mi pecho. Todo el sentimiento de alegría a mi alrededor me acogía, Renée no dejaba de llorar y abrazarme; Rose no se atrevía a besarlo, le tomaba su manita con mucha ternura y me besaba a mi a cambio; An era otra cosa, ella no paraba de decir lo bello que era nuestro bebé; y a pesar de todo sentía a Tony a un lado de mi, observándonos a los dos intensamente, yo seguía sin poder descifrar la expresión en su rostro y no pude evitar albergar la sensación de haberlo perdido de cierta manera a partir de ahora y aún así aquí estaba para mí.
¿Es una de las etapa de la vida, existe el momento preciso donde todos los sentimiento se unen y te desbordan? ¿Somos capaces de lidiar con ellos? Claro que sí, yo sé que sí, lo había vivido en menos de veinticuatro horas, y todavía los seguía viviendo. Aquí me encontraba, con los mismos sentimientos en una escala un poco menor, la incertidumbre de lo desconocido, ¿sería normal todo lo que sentí?, ¿tantos cambios en mi cuerpo eran normales? ¿Estaríamos bien? La angustia, el miedo, el terror a cualquier complicación, en ese momento mi cuerpo no era el mismo, sabía que él estaba bien, eso me decían todo el tiempo pero ¿realmente estabas bien? Todavía no había dejado de estar asustada, en el momento de tenerlo en mis brazos la alegría me invadió, mi mayor sueño lo tenía en ese instante muy pegadito a mi cuerpo, verlo así después de haberlo tenido dentro de mí durante treinta y siete semanas fue la mayor experiencia de la vida.
Después de que todos se fueran solo quedamos Renée y yo. No había hablado mucho desde ayer por indicaciones médicas pero ya era otro día y tenía que empezar a movilizarme. Se habían llevado a mi bebé para que yo pudiese descansar pero quería ir a verlo, él debía estar con los otros niños así que me dispuse a caminar. Me levanté con sumo cuidado, los puntos me dolían una barbaridad pero si quería ir pronto a casa debía aguantar. Renée estaba en el pequeño recibo, se veía tan agotada, me acerqué un poco para avisarle que iría a caminar por un rato. Cuando salía de la habitación volteé para obsérvala y no pude evitar recordar lo que dijo anoche cuando logré preguntar un inquietud que me consumía.
-¿Mamá, porque no dejo de estar asustada? – le dije a Renée. Mi madre que en ese momento me cegaba con su maravillosa sonrisa y ese brillo en sus hermosos ojos azules tan idénticos a los de mi niño, se levantó de la silla que estaba junto a mi cama y se sentó a un lado de mío, nos abrazo a ambos, era tan reconfortante.
-Y nunca dejaras de estarlo hija, nunca... Yo aún lo estoy. - Se separó un poco solo para mirarme a los ojos y pude ver todos mis sentimientos reflejados en ella.
-Te amo, mamá. - Es lo único que pude pronunciar antes de echarme a llorar, y ser consolada por mi madre.
Fui caminando por los pasillos, pasillos que me sabía memoria con la diferencia que a quien iré a ver será a mi pequeño hombrecito. No pude evitar sonreír como idiota, mi niño se había vuelto mi todo, no me importaba ir y que me vieran con esta bata tan grande sin mencionar las pantuflas horrorosas que me había obsequiado Rose. Debería haberme arreglado un poco para mi bebé que no podía ver a su mamá así, demacrada por no haber dormido por el dolor, debería verme hermosa, siempre lo estaría para él, me lo prometí. Al cruzar se podía ver que había pocas personas alrededor, eso me alegró un poco, hasta que llegué al lugar que visitaba en cada consulta, en cada visita de An, en cualquier oportunidad que tenía para tan solo tener la oportunidad de verle a él…mi extraño.
Y ahí estaba, no pude evitar que mi corazón latiera desbocado, se encontraba en la misma posición en la que siempre estaba en mis recuerdos, pude ver que estaba bien ahora, algo más repuesto pero seguía viéndose delgado y su cabello seguía estando al ras de su cabeza. ¿Todavía estaría buscando esa tranquilidad que tanto necesitaba? Esta aquí, eso es lo que importa ahora. Di unos pasos hacia él no podía evitar sentirme atraída como si fuéramos dos imanes que se llamaban, cuando recordé como me veía quise llorar pero no pude perder la oportunidad de verlo, era como un espejismo que se podía desvanecer en unos segundos, pero que diablo decía sabía que estaba ahí, a solo unos pasos de mí.
Me apoyé de la misma manera que hicimos ese día y no puedo evitar sonreír como loca; mis hormonas me tenían desquiciada en estos instantes, deberían pasar unas vez diera a luz, pero aquí estaban acompañándome.
-Son hermosos, ¿no lo crees? – Dije sin evitar sonreír aún más, no pude evitar decir las mismas palabras que pronuncie cuando lo conocí. Estaba tan nerviosa y en ese instante él se giró sorprendido, como sino se creyera que estuviera a su lado, se quedó observándome fijamente y no pude evitar preocuparme por mis fachas, quisiera llorar pero no había remedio ahora. Sus ojos verdes seguían igual de hermosos y apagados, parecía estar mejor físicamente podía verlo, pero ¿en realidad, lo estaba?
-Sí lo son… En realidad lo son. – Me respondió. Mi recuerdo de su voz estaba intacto como hacía meses atrás. Su tono un poco ronco pero que me acariciaba como el terciopelo estaba aquí ahora. Y sus ojos me observaban tan fijamente que por más extraño que pareciera no me incomodaba –. Y dime, ¿cuál es el que ves? – repitió mi frase con cierto humor, también lo recordaba -. ¿Cuál es el tuyo?
-¿Quieres verlo? ¿De verdad? – Le dije sin pensarlo, estaba loca, por Dios no lo conocía. Parecía una adolescente, no sabía siquiera su nombre, él me miró sorprendido y no pude evitar ver un pequeño destello en sus ojos verdosos ¿ilusión, tal vez? Algo dentro de mí me dijo que estaba bien así que lo hice, tomé su mano para entrar con él y ver a mi niño. No pude evitar sentir una corriente en su contacto, era tan agradable. De reojo vi nuestras manos juntas, él era de manos grandes y tan suaves que me sentí como una niña a su lado, una niña enseñando sus juguetes nuevos, pero en la realidad solo era una mujer, una mujer que desbordaba de tanta felicidad y que quería compartirla y si con ello él podía obtener un poco de lo que busca, no me negaría a dárselo.
Entramos a la habitación, las enfermeras nos miraron de manera extraña pero no les presté mucha atención. Les pedí ver a mi hijo, dando su apellido para ubicarlo fácilmente y poco a poco me giré para verlo a él que tiene su vista perdida en el lugar, si por fuera transmitía todas esas cosas, emociones y sentimientos que necesitamos aquí adentro era mucho más. Una de las chicas nos pone una de esas batas azules para la higiene y en unos instantes pude ver como traían uno de los cuneros con lo más importante de mi vida. Tomé a mi pequeño y lo arrullé un poco, en ese momento lloraría por todas las emociones que estaba sintiendo, pude percibir que me observaba y en un arranque de locura coloqué a mi hijo en su brazos, pude ver el terror en él pero le insistí a tomarlo. Él parecía tener tanta duda pero sus ojos brillaron con una emoción que no sabría describir, y como si yo no fuese la única que quisiera darle un poco de alegría a este hombre frente a mi, vi a mi hijo abriendo sus ojitos y se quedó fijamente mirándolo diciéndole con ellos "yo también estoy aquí".
No pude evitar que las lágrimas salieran de mi ojos, ¿por qué estoy tan sentimental? Pude ver como ellos se pierden en un instante viéndose verde con azul tan intensamente. Él levantó un poco su rostro y sus ojos están muy brillosos, vi sus labios moviéndose lentamente "Gracias", me susurró. Yo solo pude sonreír, en mi interior sentía una tranquilidad que no sabría explicar y me atrevería decir que mi extraño también la tenía. Un sonido nos sacó de la burbuja en la que sentía que estábamos, me volteé a para ver qué nos interrumpía y era un joven de cabello negro muy liso, de rasgos nativo americano, era de la misma contextura que el hombre que en este momento estaba de espalada a mí, tocaba el cristal con insistencia y sin dejar de hacer señas, volví a ver a mi extraño y le sonreí.
-Gracias… No sabes lo que has hecho por mí. – Y pude sentir en su tono de voz que estaba tan emocionado como yo, lo vi colocar a mi niño con mucho cuidado en su cunero y después quitándose la bata sin dejar de mirarlo. Antes de verlo retirarse me apresuré a decirle lo mismo que le dije esa vez.
-Nunca es tarde para ser…- Él me interrumpió con una aceptación que no vi ese día.
-Sí lo es, extraña… para mi lo es. – El nudo en mi garganta evito que le refutara, pude observar cómo salía de la habitación y solo anhelaba verlo de nuevo. Me acerqué a mi niño y lo tomé en brazos, su calorcito me quitó la angustia con la que había quedado. Sin querer escuché a las enfermera murmurar.
-Qué bello es, ¿no lo crees?, no es lo mismo verlo de cerca – dijo la que nos había pasado las batas a una chica que traía pañales y biberones
–Sí, claro que lo es, lastima que sea paciente del Doctor German - respondió la otra. No puede evitar meterme en la conversación y preguntarles.
-¿Quién es el doctor German? – Lo dije con tono de disculpa pero quería saber el porqué de la lastima de chica. Quería saber porqué estaba aquí.
-El es nuestro jefe en el área de oncológia, lo trata desde hace un año – dijo con cierto pesar en su voz que se reflejaba también en su rostro –. Es muy joven pero Madison, la asistente de German, comento el otro día, que se estaba recuperando. Uno nunca sabe en realidad con esa enfermedad. – Dejé de respirar un segundo, ¿cáncer? La gente se cura de eso, lo he escuchado.
-Mmm… ¿de casualidad sabes su nombre? – Estaba loca, era definitivo, ¿por qué sencillamente no lo puedes dejar como tu extraño y nada más?, me pregunté queriendo golpearme a mí misma. La chica me miró un poco extrañada pero aún así me respondió.
-Solo sé que se llama Edward. – Se encogió de los hombros y me dejaron ahí con mi hijo y como si fuese una señal, él se sonrío o eso creí que hizo. Acerqué su rostro al mío para tocarle su naricita y le pregunte.
-¿Te gusta el nombre de Edward? – Y una de sus manitos rozó mi rostro, no pude evitar sonreír, definitivamente estaba loca –. Entonces ese será tu nombre mi amor… Te llamaras Edward…
Disculpa, disculpa, disculpa, disculpa… por el retraso u_u, prometo recompensarlos pronto…
Gracias a todas por su apoyo, sus alertas y favoritos, a las personas que no tienen cuentas : en el cap anterior se voló tu nombre "me alegra que te gustara, el FF no me dejo responder tu review". Ana Masen: Gracias por comentar nena, siiii Bella es la Luz al final del túnel que el necesita. Gracias a las fantasmas también xD.
Mi Ami, mi beta y ahora mi gran acosadora Betza, awww nena te quelo…ya lo sabes todo jejejeje
No se olviden de comentar sus opiniones son muy importantes para mi.
Besos
LaFlacu
