N/T: ¡Hola de nuevo! Lamento haberme tardado, pero tenía otros proyectos por terminar, además de que por fin me asignaron un caso en clínica *lanza confeti para celebrar*… aunque ahora tendré que adentrarme al oscuro mundo del autismo, aunque todo sea por ayudar. Este capítulo en especial me agrada, no les daré un spoiler aquí, sólo les diré que me gustó mucho. Por cierto, el autor checa sus review cada vez que publico, así que sí, comenten para que se ponga feliz (los review son la droga de los fanficker xD). Por cierto, las palabras de este capítulo era: A Helping Hand, que se traduce como: Dame la mano, lo cual, a mí parecer, no queda, por lo cual lo puse como "Una mano amiga".


Capítulo Tres: Una mano amiga.


Se quedaron junto a Toothless, hasta que el sol comenzó a descender en el horizonte. Hiccup no sabía cómo se las había arreglado, pero Ruffnut había conseguido que el dragón entrara en un estado de ánimo bastante permisivo, para que ellos se recostaran con la espalda reclinada contra su costado mientras dormitaba. Con Toothless dormido, tuvieron una charla acerca del entrenamiento de dragón, de Berk, y lo que se les viniera a la mente para mantener la conversación interesante. Con pereza, por su prolongado período de relajación, arrastraron a sus pies cuando notaron que la clase de la tarde iba a comenzar pronto. El dragón reaccionó a su salida con apática indiferencia, hasta que Hiccup prometió llevar más comida para él, al día siguiente. Ambos adolescentes compartieron una risa ante la despedida más entusiasta del dragón.

—Me pregunto si vamos hacerlo engordar por darle de comer —preguntó Ruffnut en voz alta, mientras golpeaba con fuerza las ramas de los árboles por donde pasaban.

—Bueno, él podría ejercitarse, ¿no?

—¿Haciendo qué? —bromeó—. ¿Escalando paredes? ¿Trotar alrededor del lago? No hay mucho que pueda hacer.

—Él podría… bueno, ¡podría volar! A los dragones les gusta volar.

—¿Que nuestra visita nos demostró que no podía volar?

—Sí… —concedió.

Eso se había colado a su mente en medio de sus bromas. Se había dado cuenta cómo Toothless no podía irse de la cala, cada vez que había intentado ganar algo de altura y salir por su cuenta. Por desgracia, cada vez que Toothless lo hacía, se desplomaba de nuevo en el suelo donde había despegado. Hiccup no podía entender porque el Furia Nocturna no podía volar por sí solo. Los Furias Nocturnas eran la especie de dragón que volaban mejor, hechos para aterrorizar a los vikingos de Berk hasta ese momento. Volaban tan rápidamente en la oscuridad, que sólo las catapultas en ruinas que dejaban atrás, confirmaban que habían aparecido, incluso si nunca eran vistos. Si Toothless era el mejor volador de todos los dragones, ¿Por qué estaba teniendo tanta dificultad para salirse de una mísera cala? Hiccup estaba confundido.

El problema resultó ser tenaz al intrigarlo, negándose a dejar descartarlo. Mientras él y Ruffnut iban a casa en silencio, siguió reflexionando sobre lo que estaba mal con Toothless. Claro, como un vikingo, tenía algunos problemas morales con sus actuales ganas de ayudar a que un peligroso dragón fuera más capaz de atacar a su propio pueblo, pero estaba intrigado. Llámenlo el inventor reprimido en él, que no dejaba pasar la oportunidad de hacer algo útil. Siempre había hecho armas que nunca iban más allá del prototipo, después de lo desastrosas que resultaron ser durante sus corridas experimentales, en medio de la batalla. Esta vez, probablemente, no sería menos riesgoso creando algún tipo de aparato que permitiera volar. Mientras que no se tratara de explosiones o cosas puntiagudas afiladas, diría que sería perfectamente seguro probarlo. Pero seguía volviendo a la parte en la que necesitaba saber exactamente qué era lo que estaba mal con Toothless.

Su preocupación estaba impacientando a Ruffnut. Al llegar a la clase, ella lo ignoró maliciosamente a favor de ir a conversar con su hermano, con ganas de desgarrar su pieza de pollo. Hiccup simplemente recogió el pescado que había elegido para sí mismo, sumergido sobre lo que iba hacer con el problema de Toothless. Estaba tan absorto en sus pensamientos, que casi no alcanzó el final de las palabras para Snotlout, después de que el chico comenzó a hacer promesas sobre vengar el brazo y la pierna faltantes de Gobber.

—¡No son los brazos o las piernas lo que interesa! Son las alas y la cola. Sin ellos, un dragón no puede volar. Un dragón derribado es un dragón muerto.

Todo cayó en su sitio como si nada. La respuesta a lo que estaba mal con Toothless. Cuando había estado dibujando al dragón ese día, había tomado nota de la aleta faltante en su cola. Fue un poco torpe para darse cuenta que, lo que faltaba de la cola, quitó a Toothless su capacidad para volar. La mente de Hiccup se percató de lo fácil que era la solución al problema. Si la aleta era lo que mantenía al dragón volando, lo único que tenía que hacer para arreglarlo era sustituirla. Como no quería llamar la atención con su salida, incluso de Ruffnut, Hiccup se alejó tranquilamente del grupo y el fuego para adentrarse en las tinieblas del pueblo.

Su casa estaba vacía. Había esperado ser detenido en la puerta por su padre, para que pudieran tener una charla acerca de las glorias de la caza de dragones. El silencio fue bienvenido, aunque era un poco triste. Se alegró por el indulto de las interminables historias de juventud de su padre, pero eran momentos como éste, cuando recordaba que no siempre habían sido él y su padre. Su madre había estado allí, y dada una situación u otra, si uno se había ido, por lo menos, la otra estaba en casa pasando tiempo con él. A pesar de que su madre tenía el carácter bastante similar al de su padre, era una persona dulce, suave. Hoy en día, él y su padre sólo pasaban el uno del otro, sin saber cómo hacer que la conversación no fuera aburrida para la otra parte. La incapacidad de Hiccup para ser un miembro en pleno funcionamiento de la sociedad vikinga, sólo agravó la torpeza en todas sus interacciones.

Por un minuto, se permitió disfrutar la sensación de paz del aislamiento antes de convertirse en una ráfaga de emocionado movimiento. Subiendo por las escaleras, se dedicó a recoger todo su material de dibujo y notas, que se hallaban esparcidos sobre la mesa. Una vez que todos los documentos, inútiles bosquejos y trozos arrugados por igual fueron tomado en sus brazos, bajó las escaleras de nuevo, corriendo tan atropelladamente que fue un milagro que no se cayó por las escaleras o resbalara por el lado donde no había ninguna barandilla para atraparlo. El por qué su padre no pensó en tomar ciertas medidas de precaución, mientras vivían bajo el mismo techo, y siendo él una fuerza perpetuamente torpe de caos, Hiccup nunca lo entendería.

Salió de su casa con un poco más de cuidado, mientras daba vuelta alrededor de su propia casa. A pesar de que era de noche, habría otros vikingos pululando por el pueblo, en su mayoría por las patrullas de dragones que vendrían por la noche. Hiccup no quería correr el riesgo de toparse con uno de ellos. La mayoría de los adultos del pueblo sabía que no debían dejarlo vagar por sí solo en la oscuridad. Si fuese capturado, sería arrastrado de vuelta a casa, donde no podría hacer ningún trabajo. No quería dejar que el poco tiempo que le quedaba antes de la visita de mañana con el dragón, se le escapara esta noche. De puntillas caminó más allá del rebano de ovejas que lo observaba con mirada perezosa, soltó un suspiro de alivio cuando había llegado a la puerta de la fragua de Gobber. Justo cuando estaba a punto de entrar, oyó un ligero ruido detrás de él antes de que una mano se posara sobre sus hombros. Conteniendo lo que él creía que hubiera sido un agudo grito, se giró para mirar a su captor.

—¿Qué estás haciendo aquí, Hiccup?

—¡Oh! Uh, Gobber, oye. Uhm… ¿nada?

Oh, eso fue muy convincente.

La mirada escéptica de Gobber confirmó que no sólo el vikingo con pata de palo no le creía, sino que estaba a punto de comenzar a arrastrarlo de vuelta a casa si no se explicaba adecuadamente de inmediato.

Entonces, ¿Cómo uno podría explicar a un colega vikingo que tenía la intención de devolver la capacidad de volar a un Furia Nocturna de nuevo, para que a su vez recuperara la capacidad de aterrorizar vikingos al ciento por ciento? ¿Preferentemente, en un sentido en que no sólo le creyera, sino que no pensara que estaba loco (muy loco) o encerrarlo en un sótano por traición, o apedrearlo hasta la muerte? Tal vez no debería decir nada en absoluto. O mentir. Mentir no sonaba tan mal, en realidad. Existía la posibilidad que funcionaría también. Justo cuando estaba a punto de decir que tenía algunas armas que reparar en la fragua, notó a Ruffnut y a su gemelo a la distancia, dirigiéndose a su propio hogar. Sus ojos se cruzaron por un segundo, los de ella lograron comunicar un poco de su curiosidad sobre lo que estaba haciendo, antes de desaparecer de su vista con Tuffnut. Gobber chasqueó los dedos frente de su cara, recordándole que dejara de tener la mirada perdida en el espacio y empezara a mentir.

—Ya ves, están estas armas y…

Gobber había permitido, con reticencia, a Hiccup usar la fragua, aunque le hubiera dejado con una mirada de advertencia, prometiendo un castigo si el herrero encontraba su casa en llamas a la mitad de la noche. En el momento en que el hombre estuvo fuera de su vista, Hiccup extendió todos sus variados papeles en la mesa de trabajo, tratando de averiguar por dónde empezar con su nuevo y loco artilugio. Garabatear. Garabatear era bueno. Al menos le daría una buena imagen de lo que estaba tratando de hacer. Iluminando con todas las linternas de la fragua, se puso a trabajar en los trazos de dos pequeños dibujos y versiones de tamaño natural, de lo que tenía la intención de construir. Lamentó no tomar la oportunidad de prestar más atención al estado relajado de Toothless para sus medidas. Debido a eso, todo lo que Hiccup tenía era una estimación del tamaño del dragón y trató de trabajar en proporción con lo grande de la aleta en sus bocetos en lo que restaba del día.

Con un suspiro de frustración, empujó su trabajo lejos de él por un segundo, golpeando el puño ligeramente contra su frente. Se adentraba en este proyecto, no exactamente a ciegas, pero sin la imagen completa. Por lo menos, con las armas podía obviar los detalles. Con esto, estaba haciendo algo que sería específicamente para algo, alguien, un ser vivo. No fue la primera vez en la noche que sentía que tal vez con toda esta idea del proyecto, estaba mordiendo más de lo que podía masticar. Con otro suspiro, volvió a sus bocetos, cada uno más detallado que el anterior, acercándose más a lo que se imaginaba. Con una chispa de la inspiración, finalmente pudo volver a trabajar, no pasaría mucho tiempo antes de que tuviera los bocetos finalizados. Se apartó de la mesa y encendió el fuego para hacerlos realidad.


Su rostro dolía.

No era una sensación de ardor lo que sentía, como si hubiera recibido una bofetada o un golpe en un accidente. Era sólo algo incómodo clavándose en su mejilla y ceja izquierda, e incluso en la neblina persistente del sueño, estaba despertando, muy cerca de la consciencia para ignorar el hecho de que le dolía y quería que dejara de lastimarlo ya. Sus brazos se trasladaron con pereza para asistirlo en su intento de levantarse a sí mismo y alejarse de lo que fuera —una herramienta cincel para ser más claro— que se haya dormido. Ahora que su cerebro estaba empezando a funcionar normalmente, se dio cuenta que no había ido a dormir, era más como si se hubiese desmayado en el yunque cubierto de herramientas. Un martillo seguía acunado en sus brazos desde el momento en que, al parecer, había sucumbido al sueño. Con cautela, Hiccup lo dejó en el yunque y se apartó, para que pudiera ver el desastre que era la fragua.

Había estado toda la noche en su "nuevo invento". Era difícil juzgar cuanto tiempo había pasado en el yunque, a pesar de que tuvo que haber sido un tiempo considerable, hizo una mueca, con base en las considerables marcas del cincel en su rostro. Bien, pensó al echar un vistazo a la mesa de trabajo, al menos toda la tarde de faena había dado algunos resultados. Su invento estaba completo, en realidad. Necesitaría probarlo para ver si funcionaba, pero en realidad lo había logrado. Una sonrisa tiró de sus labios pensando en el logro.

—¡Haddock!

El grito venía de la casa de Gobber, donde lindaba con la fragua. Con un sobresalto, se dio cuenta de quién era.

—¡Estoy atrás! —gritó en respuesta, esperando desesperadamente que tal vez Gobber no la había oído y despertado, o notado en general.

Se dio la vuelta para saludar a la personar que se acercaba. La puerta doble de la fragua fue abierta, lo que permitió que una onda de luz se vertiera en el espacio en penumbras. Hiccup quedó temporalmente ciego por eso, incapaz de ver con claridad el golpe que le dio en su hombro. Aullando de dolor y de sorpresa, trató de mantenerse lejos de su agresora mientras parpadeaba para quitar las manchas borrosas de sus ojos.

—¿De verdad tienes que ser así de abusiva? —exclamó, sobando su hombro.

—¡Por supuesto! ¡Por supuesto! —respondió Ruffnut con una carcajada—. Te suavizarás si no te trató rudo de vez en cuando.

Hiccup hizo un mohín, aunque se dio la vuelta para que ella no lo viera.

—Sí, claro, sólo te metes con los débiles y desprevenidos.

—¡No te pongas así, hombre! ¡Sólo estoy bromeando! Privilegio del amigo y todo —dijo la chica en forma cariñosa, deslizando casualmente un brazo alrededor de su hombro.

Cualquier cosa que hubiera querido decir murió en su boca en el momento en que ella dijo la palabra amigo. No le importaba si la forma en la que se estaba sintiendo era demasiado sentimental o cursi, sólo por una palabra que podría haber sido un desliz de la lengua, porque esa palabra le dio tanta felicidad, que no lo podía describir. Nadie lo quería. Nadie era su amigo realmente. Ellos lo toleraban, sino es que francamente lo odiaban, pero nunca les agradaba. Desde el día en que Ruffnut lo despertó rudamente y le mostró una nueva faceta de sí misma, se permitió fácilmente perdonarla por todo. Todas las veces que había estado con su hermano aterrorizándolo, pisoteando sus sentimientos y despreciando sus intentos de hacerse amigos. Porque ella fue la primera persona en serlo, en tratarlo realmente como una persona y no sólo una molestia. Alguien útil. La veía como una amiga ahora.

Fue algo sorprendente, maravilloso saber que era mutuo. Ella lo llamó amigo. A ella le agradaba. No era un inútil. Eran amigos.

Si no se separaba de ella, iba a llorar, y Ruffnut nunca iba a dejarlo vivir en paz por ello.

Zafándose de la chica, se tomó un momento para serenarse mientras ocupaba sus manos despejando las herramientas dispersas alrededor de la mesa, el suelo y el yunque. Estaba agradecido de que Ruffnut pareció no percatarse de su interna confusión mental antes, sino que implemente se agachaba y le ayudaba a recoger el material, recordándole algunas cosas discutidas en la cena después de que se había ido. La mayor parte era cosas que había aprendido el otro día en el Manual del Dragón. Nada importante. Él sonrió, sin embargo, cuando ella aseguró que no se había perdido de nada. Obviamente había olvidado lo irritada que había estado con él.

—¿Oye, y qué era lo que estabas haciendo aquí, ayer por la noche? —preguntó Ruffnut, dándole un ligero codazo—. Me detuve en tu casa primero, pero no estabas allí. Por el aspecto de tu cara, ¡Pasaste toda la noche aquí!

Hiccup se sonrojó, recordando las marcas.

—Uh, sí. Estaba aquí, trabajando en algo.

—¿Y bien?

—¿Bien qué?

—¿No me vas a mostrar en lo que estabas trabajando? —ella presionó.

—Oh, sí, espera un segundo —dijo Hiccup sobre su hombro para ir a buscar su invento a la mesa. Llevándolo sobre la espalda cuando regresaba, pudo verla meciéndose atrás y hacia delante sobre sus talones.

—¿Es algo que hace las cosas estallar? —preguntó ella con entusiasmo, ganando esta vez una exasperada sonrisa de él.

—No, en realidad, se supone que es para Toothless —explicó.

—¿Para Toothless?

—Sí —dijo sacando la improvisada aleta de la cola y entregándosela a ella—. La charla de Gobber de ayer me dio la idea. Él hablaba sobre cómo los dragones necesitan no sólo sus alas, también sus colas para volar. A Toothless le falta una aleta en su cola. Creo que es lo que arruina su vuelo. Quiero ver si esto va a solucionar el problema.

Con un poco de nerviosismo, vio como ella tomó la aleta entre sus manos, mirándola por encima, probando su peso. Era bastante grande cuando se plegaba hacia afuera. La había hecho tan ligera como sea posible, con la excepción de la piel, que estaba destinada a prestar un poco de sostén a la aleta. También hizo algunas correas en ella, por lo que la aleta podría unirse para adaptarse a la cola de Toothless. En resumen, Hiccup se daba palmaditas a sí mismo por un trabajo bien hecho. El diseño era bueno y los materiales que había usado en tan poco tiempo eran aceptables. Incluso si consideraba que la mayor parte de las dimensiones fueron realizadas con base en escalas, tenía fe que encajaría bien. Si había alguna dificultad, podría ajustarla y empezar de nuevo. No sería tan difícil una vez que tuviera la base y mediciones adecuadas. Ahora, se suponía, estaba pasando por una revisión por Ruffnut. Ella estaba tomándose su tiempo con eso, y su prolongado silencio lo inquietaba.

—¿Qué piensas? —él espetó finalmente.

Una sonrisa se extendió por su cara, haciendo que toda la tensión que había acumulado se drenará fuera de él.

—Tenemos que probarlo.


Pasó un rato antes de que realmente fueran con Toothless para hacer la prueba de manejo. Tenían clase después de que Ruffnut se detuvo en la fragua a, en efecto, venir a buscarlo para que pudieran caminar juntos. Por supuesto, ella no admitiría ese hecho, alegando que sólo estaba asegurándose que no se metiera en problemas en su camino y llegara tarde. La clase fue muy aburrida para los dos adolescentes, que sólo querían que terminara ya. Sobre todo porque había poco material interesante para repasar. Gobber no tenía un nuevo dragón para que hicieran frente ese día, en su lugar hacían una revisión sobre lo que habían aprendido del Gronckle y el Nadder. También hubo un poco de práctica de armas, con Fishlegs como su compañero para practicar. Él se rió un poco ante el hecho de que Ruffnut fuera emparejada con Astrid, ya que la chica parecía tan indignada por eso. No fue tan malo para él porque Fishlegs era tan inofensivo como de costumbre y podía colarse a asomarse secretamente para ver a Astrid practicando y Ruffnut avergonzándose de sí misma.

La ira de Ruffnut se disolvió cuando el tiempo de la clase se terminó y también cuando ella y Hiccup capturaron peces para Toothless, cerca de la costa. Iniciaron un juego, tratando de ganarle al otro para ver quién podía coger el pez más grande. Tuvieron el gran contenedor de mimbre lleno rápidamente, aunque el ganador no fue concluyente, debido a que ambos habían conseguido enganchar al pez más grande al mismo tiempo y no pudieron averiguar quién lo consiguió primero. Demasiado impaciente para sentarse y pelearse por lo peces, Ruffnut concedió un empate para que pudieran darse prisa y llegar con Toothless. Al igual que un niño vagabundo, ella corrió delante de él con la cesta con los peces que insistió en cargar, todo el camino hasta el dragón.

El momento de la verdad llegó cuando por fin tocaron la cala, donde Toothless se tambaleaba aburridamente alrededor.

—¡Oye, Toothless! ¡Mira lo que tenemos para ti! —Ruffnut llamó al dragón.

Él la miró con interés apenas disimulado, antes de soltar al aire un pequeño resoplido. Su expresión cambió instantáneamente a voraz cuando se acercó a la chica, quien había anticipado su entusiasmo y había inclinado la cesta de más para que la abundante cantidad de pescado viscoso se derramara. El dragón lucía feliz por el banquete, simplemente buceó ansioso en la cesta. Mientras el dragón estaba cómodamente distraído con el pescado y Ruffnut diciéndole quienes los habían atrapado, Hiccup aprovechó la oportunidad para tratar de conseguir conectar la aleta a la cola de Toothless. Era una tarea difícil, más cuando la cola del dragón no podía quedarse quieta. Cada vez que pensaba que no se iba a mover, lo hacia perezosamente escapando de su agarre. Un gruñido bajo lo hizo soltarla de su último intento. Entonces, Toothless dio un tirón de cuerpo completo hacia atrás, interrumpiéndolo por completo.

—¿Qué está pasando? ¿Qué pasa? —gritó, tanto para Ruffnut, como para Toothless.

—No lo sé. Está realmente asustado por algo en el pescado, creo —le respondió Ruffnut sonando igual de desconcertada que él.

Dejando a un lado la aleta por ahora, dio la vuelta para ver lo que estaba pasando. Toothless retrocedía lejos de la pila de pescados, mirando con disgusto y siseando airadamente. Mirando confuso primero al dragón, volvió su vista a la pila tratando de averiguar qué cosas de allí molestaba a Toothless. Estremeciéndose un poco por lo asqueroso, metió la mano en el pescado y sacó la única cosa en la pila que destacaba.

—¿Esto es lo que te preocupa, muchacho? —preguntó Hiccup, tendiéndole la anguila al enojado dragón.

Su siseó se hizo más intenso.

—Sí, al parecer —dijo Hiccup, lanzando la anguila al lago.

—¿En serio, grandote? —se burló Ruffnut del dragón—. ¿Miedo de una anguila?

Eso le valió un resoplido de indignación mientras se alejaba de ella y volvía a su comida.

Con Toothless distraído de nuevo, Hiccup retrocedió de nuevo a conseguir conectar la aleta. Ruffnut, después de verlo perder la esquiva cola dos veces, intervino poniendo bajo su cuerpo la cola para mantenerla en su lugar. Sabiendo que Toothless sospecharía acerca de lo que estaban haciendo, tomó la oportunidad que Ruffnut le había dado y aseguró las correas en Toothless. Fue sólo unos segundos después, que Toothless se dio cuenta de lo que habían hecho. dio a su cola una sacudida experimental para poner a prueba la aleta, haciendo que los dos adolescentes se agarraran para no resbalar. Con un poco de orgullo, Hiccup miró hacia debajo de la longitud de la cola, celebrando que el ajuste era casi perfecto, con discrepancias aceptables, aunque se acercaba en realidad. Él y Ruffnut no fueron advertidos antes de que Toothless se echara a correr y se sostuvieron por su vida cuando él extendió las alas y despegó hacia el cielo.

—¡Oh, Hel! —gritó Ruffnut desde algún lugar detrás de él.

Hiccup miró sobre su hombro para ver por qué ella estaba gritando. Toothless estaba acumulando más ímpetu, pero iba sólo en línea recta, no tanto hacia arriba. A este ritmo, se estamparía y los llevaría con él. Tragó el nudo en su garganta. Toothless estaría bien, pero sería una historia diferente para él y Ruffnut. Al mirar hacia atrás, notó la aleta que decaía flácidamente en el viento, se dio cuenta de que era demasiado débil para auxiliar a Toothless, para maniobrar correctamente. Extendió uno de sus brazos tembloroso hacia la cola y rezó a los dioses que estuvieran viéndolos que este último intento pudiera salvar sus traseros.

Tal vez sí lo escucharon.

En el momento crucial, Toothless fue capaz de elevarse y salir del camino esquivando la pared. El dragón dio un rugido de triunfo mientras giraba alrededor de la cala, como si diera vueltas burlonamente sobre un enemigo derrotado. Los pulsos de sus alas crecieron más vigorosamente mientras volaba cada vez más alto sobre el barranco, probando que podía hacerlo de nuevo. Una subida y un espasmódico giro brusco aflojaron el agarre de Hiccup en la aleta de Toothless, aunque no lo suficiente. Por desgracia, no fue lo mismo para Ruffnut. Su asimiento más arriba en la cola era precario porque era más gruesa y más duro mantener sus brazos alrededor. Con un grito ahogado, ella resbaló del dragón, cayendo en picada hacia la cala.

—¡Ruffnut! —exclamó Hiccup.

Vino a su cabeza, al verla pasar junto a él, que era importante seguir trabajando en la aleta. Todo lo que su mente pensaba era en que su amiga estaba cayendo a lo que parecía su muerte. Y él realmente no quería que muriera. Hiccup dejó ir la aleta y alzó su mano hacia ella. Trató de agarrarla, pero ella caía demasiado rápido, demasiado lejos.

Entonces, de repente, todos estaban cayendo también.

Tomó tiempo para que averiguara qué es lo que había hecho mal. Estúpido, una cosa tonta que Hiccup haría. Ahora no sólo Ruffnut caía, sino también él y Toothless. Atemorizado como si nunca hubiera tenido miedo antes, buscó una manera de salir de ésta. No lo pensó mucho tiempo cuando recordó el lago, prácticamente lo vio saludarlo mientras caía en él. Pronto, se sumergió y, totalmente agradecido a quienquiera que estuviera mirándolos ese día, pues le habían dado un segundo milagro. Salió a la superficie del agua, escupiendo y se dio la vuelta buscando en el lago a los demás. Toothless no estaba lejos, lo miraba como si fuese lo más interesante que había visto nunca.

Y entonces la escuchó.

Al otro lado del lago, la vio tropezar fuera el agua, maldiciendo hasta por los codos. Su casco estaba perdido y ella estaba empapada, pero se veía bien.

Sintió alivio.

Todos estaban bien.

Cerrando los ojos, Hiccup volvió a caer en el agua con un suspiro de cansancio. Flotó allí por un rato, hasta que sintió un poco de movimiento en el agua junto a él. Al abrir los ojos de nuevo, vio que eran Ruffnut y Toothless, que le devolvían la mirada. Ruffnut la tendió la mano con una sonrisa.

—Día loco, ¿no?

—Sí —respondió sin aliento, tomando el ofrecimiento.


Capítulo tres: Una mano amiga – fin.


N/A: Escribí estos bebés acá abajo para que pudieran llegar solo a la lectura.

Además, no quería que tuvieran que leer esta cosa. No tienen que leerlo, sólo pueden omitirlo si quieren. He estado fallándoles por no actualizar en cuatro meses (N/T: Igual que yo con mis fics u.u). La mitad de eso estuve ocupada con obligaciones, pero los otros dos fueron por pereza y desmotivación. Me siento muy mal. Ésta soy yo, tan sincera como puedo ser, disculpándome. Lo siento. Y agradezco a dos comentarios, Eduard Kassel y MarioDS01, que me metió de nuevo en la trama. Tengo cariño por ustedes, como si no lo supieran.

Por otro lado, en una nota más ligera (a veces llegó a ser muy seria), mis comentarios de este capítulo. Fue un intento parcial debido al bloqueo de escritora y como esbozar mi trama para hacerlo. Fue sólo, "Ellos ponen la aleta, yay", o algo así. Tengo otro capítulo más concentrado que éste en comparación. Lo que me gustó más fueron las interacciones entre Ruffnut y Hiccup. Tengo un placer enfermo en revertir sus papeles, haciendo de Ruffnut el chico y de Hiccup la chica en la relación. Tipo Astrid de la misma manera con Ruffnut, sólo que Ruffnut es un poco más ruda, relajada y burda.

La última cosa que me gustaría decir, más como pregunta, es si pueden decir algunas maldiciones nórdicas. Si te siente un poco caritativo, de los contrario, bis nachher (*).


N/T: Es alemán, y quiere decir: Nos vemos más tarde xD. Bueno, eso es todo de momento.

Sinceramente, Abel Lacie Kiryû.