Capitulo 4: Goodless

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"Porque lo bello no es sino el comienzo de lo terrible,
ése que todavía podemos soportar;
y lo admiramos tanto porque,
sereno, desdeña el destruirnos.
Todo ángel es terrible."

("Primera elegía de Duino" Rainer María Rilke)

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Abrió la puerta con fuerza, esta chocó contra la pared, emitiendo un ruido seco. Inmediatamente después se llevó una mano a la nariz, para mitigar el fuerte olor. El aire estaba viciado por las actividades que ahí se habían realizado —y no es que fuera un puritano, pero creía que todo tenía un límite— no tenía que hacer viajar mucho su imaginación, para saber exactamente cuales.

El fuerte almizcle a sudor de hombre y mujer, diversos perfumes y lociones combinado con cerveza rancia; bastaba para marear a cualquier. Abrió la ventana de par en par, dejando que el cuarto se ventilara lo más rápido posible. Aspiró el aire fresco y giró sobre sus talones para volver a su tarea. Se acercó a la cama que tenía a la izquierda con cautela. Su pies te topó con algo pegajoso. Alguien había derramado cerveza y no se había molestado en limpiar. Hizo una mueca de asco. Jaló la cortina roja sin pizca de delicadeza, no le importaba despertar de un susto a su ocupante.

Sonrió con ironía. Al durmiente bien podría pasarle un dragón por encima y aun así, no se levantaría. Le escrutó severamente y negó con la cabeza. Su compañero en una masa amorfa desordenada que se escondía bajo las sábanas y mantas rojas. Jaló las cobijas con fuerza. Nada, él seguía durmiendo.

¡Aquello ya era el colmo! Una cosa era que le gustara disfrutar de la vida y otra muy distinta que se fuera a los límites. Él sabía que su compañero nunca había sido el ejemplo del compromiso y la rectitud, pero creía que por lo menos, respetaba a Albus Dumbledore —poco más que así mismo, por lo menos—. Sin embargo ahora veía lo mucho que se equivocaba.

Lo zarandeó violentamente importándole un bledo si le hacía daño en la operación o no.

¡Hongos Verrugosos! Que diablos tengo que hacer, para dormir en paz —gruñó con descaro.

¡Son las cinco de la tarde y tú estás en la cama! Borracho, llevas días sin hacer los deberes, se te olvido que tenías practica y no fuiste a la reunión con...

Bueno...nunca dije ser Merlín, así que no fastidies mamá —replicó antes de volverse a meter bajo las sábanas.

¡James!

Remus, me duele la cabeza, no me importa el mundo y quiero dormir.

Remus resopló furiosamente y agitó la varita.

¡Puta Madre!

Verdaderamente estaba molesto, él nunca decía palabras altisonantes, dignas de un gamberro. Pero se lo tenía bien merecido.

James se levantó la cama, agitando su cuerpo desnudo como si fuera un perro. El agua que Remus le había echado, estaba tan helada como el agua de ártico.

¡Que diablos te sucede!

Por si no te acuerdas James, tienes responsabilidades que cumplir.

James bufó. —Si sólo vienes por eso, te juro que...

James, son apenas las cinco de la tarde.

Por mi podrían ser las doce.

Y...James¿Qué diablos haces?

Intentar dormir. ¿Acaso es tan difícil comprender eso?

James, eres premio anual.

Quédate con el título si tanto te gusta.

Capitán de Quidditch¡Desde que entraste soñaste con serlo! —Esta vez, James no encontró nada que rezongar—. No eres el alumno modelo, pero jamás dejaste de estar al corriente, llevas...ni siquiera recuerdo cuando fue que entregaste una tarea. Antes mínimo copeabas mis trabajos. —James le observó esperar, como si esperara de él una respuesta—. Creo que Lily...

¡Ni lo menciones licántropo!

Licántropo, era la connotación que James usaba para herirle y, que él desistiera del hablar sobre el tema.

James mírate en un maldito espejo. No eres el de siempre y eso te está acabando.

Aún con la cama empapada, James se tiró sobre ella. Las sábanas frías le produjeron escalofríos por todo el cuerpo. ¡Unicornios saltarines; como le dolía la cabeza!

¡Vale! No tomare más de dos cervezas al día ¿contento?

McGonagall te estaba esperando en su despacho para llevarte con Albus Dumbledore. ¿Acaso no lo recuerdas? Como premio anual, tienes que ver lo del banquete de Halloween.

James rodó los ojos, ciertamente aquello le importaba un comino.

El año pasado, teníamos la obra que se iba a presentar y...¡hasta la estábamos ensayando a estas horas!

El año pasado, todos eran unos completo idiotitas adolescentes y se la pasaban fregándose los unos a los otros. El año pasado...¡Al diablo con eso!

No quieren hacer nada.

Corrección; Lilian no quiere hacer nada —puntualizó Remus.

No hablemos de eso Lupin. —James rodó sobre su cama, dándole la espalda a Remus.

Vístete ¿quieres? No me importa lo que digan las chicas, yo no quiero ver tu trasero al aire.

Era un intento de broma, para suavizar el ambiente, pero de nada sirvió.

¿Qué diablos quieres que haga, para me dejes en paz?

Lo había dicho con un tonó ácido, áspero y decididamente árido.

Quiero que hagas lo que te corresponde. Que vuelvas a ser...

¿El arrogante Potter? . ¿El rey de la SEPC? . ¿El imbécil, cabeza de chorlito, jefe de los merodeadores? . ¡Por favor Lupin! No me pidas eso, no lo deseo y no lo haré.

Sólo quiero, ver a mi amigo haciendo algo más productivo que; emborracharse y revolcarse con su novia. —La última frase, le dijo lo más rápido que pudo, agitando los brazos.

James se rascó la cabeza, era una forma muy dura de decirlo. Sólo pasaba más tiempo del debido, consecuentando a Lilian, eso era todo. Aunque vaaaaaale, beber en exceso ya era demasiado.

Lo tendré en cuenta —murmuró—. ¡Auch! —La almohada le había golpeado en la cara limpiamente y le había dolido mucho.

¡Eso es peligroso!

He hecho cosas más osadas que eso, Remus.

Remus cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de recobrara el temple. —James —dijo—, estás jugando con tu vida y... Eres muy considerado. James, jugar a: sábado, sabadete, cena y polvete de vez en cuando, es una cosa. Tomarlo como deporte, pones muchas cosas en riesgo.

James se giró hacía Remus lentamente, con una ceja alzada. —¿Quieres que trate a Lily como una ramera?

No, obvio que no —aclaró rápidamente.

Eso me imaginé.

Pero. —las palabras se le atascaron en la garganta ¿Cómo explicarle lo siguiente? James no era un niño; aunque a veces sinceramente dudaba de eso. Pero había comenzando una peligrosa obsesiva relación amorosa, con una mujer —tampoco podía calificar a Lilian de mujer, aunque tampoco de niña— que estaba viviendo una vida de excesos y desenfrenos—. James...¿Alguna vez...? —eso iba a sonar estúpido—. ¿Alguna vez tus padres te dijeron, como se hacen los bebes?

James alzó las dos cejas, como si quisiera fingir incredulidad. Después rodó los ojos y los dejó en blanco, tirándose en la cama con dramatismo.

¡Por Merlín Lupin! Invéntate otra más creíble.

No había sido la mejor forma de exponerlo.

James, no siempre corres con la suerte de no acertar. Y si te esfuerzas en recordar, en estudios muggles...

No me vengas con estas chorradas Lupin. Ni mis padres se han aventado semejante bochorno.

Por una inexplicable razón, la cara de Remus se tiñó de rojo. —No siempre los métodos resultan infalibles —a pesar de la vergüenza, terminó de decir su idea.

James suspiró. —Mi padre te estará eternamente agradecido. Pero no me importa en lo más mínimo.

Remus parpadeó desconcertado. James sonrió ante el desconcierto del chico, así que se tomó su tiempo para levantarse y enrollarse una diminuta toalla en la cintura. Sólo le cubría lo estrictamente necesario.

Remus¿Has pensando en que quizás eso es lo que busco?

El cambió de semblante en Remus fue monumental. Los ojos se le salían de la cuenca de sus ojos, su quijada descendió hasta donde su anatomía se lo permitió. Lucía como "El Grito" de Edvard Munch, sólo que con los brazos en los costados y los dedos abiertos en un espléndido abanico estático.

¡Estás de coña! —gritó una tercera voz—. Fue la mejor broma James, te llevas el título, ahora... No es una broma. ¡La puta!

¡Sirius! —le reprendió Remus aún aturdido. Claramente no estaba en sus cabales, de nuevo.

¡No, no, no! —dijo Sirius tomando a James por los hombros y sacudiéndolo fuertemente—. ¿Dónde está James, y que has hecho con él?

¡Quítame las manos de encima y cállate!

Vale, te pareces a él, pero.

¡Que te calles!

Sirius dejó de sonreír. James no estaba bromeando, aquella información le mareó tanto, como un galón de hidromiel con whisky de fuego.

No sé que es lo que se traen entre manos, pero.

¡No¿Qué diablos tienes tú en la cabeza? —bramó Sirius—. Jugar con palabras...tan, tan... —Sirius hizo como si un escalofrío le recorriera la espalda—. Eso ya no es, nada gracioso.

Pues yo no estaba contando un chiste para divertirte —apuntó James tranquilamente—. Tampoco es algo que éste hecho. Sólo he dicho, que; sí se da estupendo, si no...bueno, seguiré intentándolo.

¡.¿QUÉ?.!

Dejen de ser, tan melodramáticos —susurró.

Es que...es ¡diablos! James, estás...¡Demente! —exclamó Sirius, no logrando coordinar muy bien sus ideas—. ¿Sabes lo que eso significa?

Por supuesto que lo sé —respondió James sonriendo—. Si no lo supiera, diablos ¿Qué idiota sería? Hace mucho tiempo, que una mocosa malcriada me habría embaucado. —La manera en la que James decía las cosas, les ponía a los chicos los pelos de punta. En él no había preocupación o incomodidad. Por el contrario, parecía ansiosos de que tal cosa sucediera.

Pero James.

Eso sería...¡No, eso sería peor que veinte Voldemorts con un ejercito de mil dragones, un millón de quimeras y tres mil gigantes borrachos!

Madura Sirius —terció James tranquilamente—. Quizás tú no quieras —James pasó una mano por su cabello—. O no tengas con quien —añadió con malicia—, querer tener un niño, pero yo sí.

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Movió el caballo mecánicamente. Ella se recargo sobre su brazo izquierdo y observó el tablero, frunció el ceño y movió a su alfil.

Ése movimiento, no fue muy inteligente ¿sabes?

Ella se limitó a alzar una ceja en un perfecto triangulo. Y no se inmutó cuando el joven se comió una de sus torres. Por el contrarió movió un peón. No se lo pensó dos veces y fue por el alfil, con su reina.

No hay más ciego que, el que no quiere ver. —Remus parpadeó, intentando adivinar la jugada de la joven, pero ella sólo movió una torre.

¿Por qué tengo la impresión de haber caído en una trampa?

No le contestó, ella se limitó a esperar su movimiento. Dos jugadas más y casi se sentía darle el jaque. Y sin embargo tenía aquella extraña sensación, como si no prestara atención a un minúsculo detalle. Él movió y esperó.

Jaque al rey.

Se levantó de su asiento y miró el tablero incrédulo. Lo había pillado por lo más bajo, no tenía idea de que hacer.

Tanto tiempo, diciéndote que los golpes llegan por donde menos te lo esperes y...vaya caso que eres.

Remus miró el tablero. Lo tenía encerrado, el rey estaba apunto de ser picadillo. Meditó todas las posibles opciones. Que juego tan sutil había estado jugando Vera. Se mordió el labio inferior y... "los golpes llegan por donde menos te lo esperes..." Se incorporó velozmente. ¿Estaba hablando del juego?

Ganas.

Otra vez, aquel gesto de superioridad cubría su rostro, no sonrío, pero con la aquella altiva mirada le decía todo.

Eres bueno Lupin, pero siempre olvidas los detalles más sencillos. Dejas los cabos sueltos.

Frunció el ceño. ¿Desde cuando Vera hablaba libremente de "esas" cosas?

¿Y tú eres una experta, supongo?

No. —Admitió con humildad.

Lo pareces.

Esta vez fue ella quien se sorprendió o al menos, eso le dio a entender a Remus.

Vera reacomodó las piezas de ajedrez, ignorando las quejas de las piezas quienes; le pedían atentamente, que las tratara con mayor delicadeza.

¿Tú siempre atas todos los cabos?

Vera dejó caer al alfil blanco, el cual se destrozó apenas tocar el suelo. La cabeza gritó, mientras que sus compañeros profirieron una queja.

¡Silencio! —ordenó Vera—. Deja de darle vueltas al asunto. ¿Juegas otras partida? —Vera levantó la figurita y la colocó en su lugar.

A mi me parece un juego cobarde.

Los fríos ojos de Vera se clavaron en su rostro, le había insultado.

¿Cobarde? —preguntó gravemente—. Yo diría astuto. Es algo planeado, metódico, casi controlable. Se llama estrategia Lupin.

¿Atacar por la espalda es una estrategia?

—¿Lanzarse a la guerra sin varita es estrategia?

Mejor me abstengo de preguntar, quien te enseñó semejante barbaridad. Sólo un ser rastrero y sin valentía te lo habría enseñado.

Vera rió y se acomodó un mechón que le caía por el cara.

Por supuesto, no logras superarlo aún. Tienen que aceptar que; él era muchísimo más inteligente que todos ustedes juntos.

Remus apretó uno de sus puños. Ésta vez ella había optado por el ataque directo.

Tenía empatía.

¿Es eso una excusa? Tenía empatía. ¡Vamos! Dime algo menos cobarde Lupin. Invéntate una buena, no seas tan poco imaginativo.

Aquellas palabras fueron como veneno royendo sus entrañas.

Supo jugar sus piezas, hasta la última —dijo orgullosamente.

¿Y eso, lo convierte en un Dios?

Lo convierte en un enemigo formidable.

Que forma tan rara de ver las cosas. Siempre pensó que cuando ellas hablaban de Alexander, lo ponían en un pedestal, como el santo más grande de toda Gran Bretaña, pero siempre hablaban de él; como si fuera el peor hombre sobre la faz de la tierra.

Supongo es eso, puedo concedértelo.

Ella rió. —¿Concedérmelo? —dijo—. No puedes quitarle ninguno merito. Aún el día de hoy, su nombre tiene el magnifico poder de atemorizarte.

Por Dios, eso ya es exagerado.

¿Lo crees así? Yo creo, que él no se ha ido. Esta entre nosotros, de una u otra forma. —Vera cerró los ojos y respiró profundamente, como si estuviera detectando alguna presencia.

Pero no está y esa es la verdad.

Sus dos ojos se abrieron y le miraron fríamente.

No hay más ciego, que el que no quiere ver.

El epíteto le produjo un terrible escalofrío. Era como si verdaderamente creyera que Alexander estaba ahí. Pero no lo estaba, él había seguido adelante, sino, él vería su espíritu ¿no? Sería como...Nick casi decapitado.

No soy un muggle al que...

Responde a algo Lupin; nosotros los magos, vemos cosas que los muggles no¿cierto?

Aquella pregunta no venía al caso. Al menos, eso era lo que creía.

Se podría decir. Sí, supongo que sí.

¿Acaso no crees que hay cosas que sólo ciertos magos pueden ver? —Nunca se lo había preguntado. Los magos veían fantasmas, unicornios, gigantes, trolls, hadas. ¿Habría algo más allá? No lo podía imaginar—. ¿O quizás crees que un mago es un ser supremo? . ¿No hay nada por encima de nosotros?

No lo sé. Nunca lo he pensado.

Ella alzó una ceja nuevamente. Otra vez aquella mueca de superioridad.

¿Y tú, lo crees?

Su semblante cambió, se suavizó lentamente, hasta tener un gesto de tranquilidad. Vera lucía como una sabia druida.

¿Por qué no?

No era una respuesta. No era nada.

Vera. —El silenció cayó sobre el lugar. ¿Cómo continuar aquella incomoda conversación?

Es extraño. Todo puede cambiar, con una sola palabra. —Remus frunció ligeramente el ceño—. Es como el juego de ajedrez. Tienes miles posibilidades para ganar; dieciséis piezas, cada una tiene sus propios lineamientos; sin embargo, cada jugada es decisiva. Ganas o pierdes, en una sola jugada. Si hubieras movido antes el alfil, si hubieras dejado el caballo en su lugar, si...decenas de variantes y eres obligado a elegir, solamente un camino. Trataras de hacer lo mejor posible, y aun así, siempre te preguntaras¿He hecho lo correcto?

Profunda reflexión, por suerte, para él, no comparaba el ajedrez con la vida; demasiado complicado. Era una lástima, quizás ya no volvería a disfrutar de simple goce de perder el tiempo mirando la piezas medievales. No con aquellas palabras en su cabeza, y tenía la amarga sensación, de que cada vez que mirara un ajedrez, se acordaría.

¿Qué tal va tu jugada Vera? . ¿Te arrepientes de algún movimiento?

Vera entrelazo sus dedos y los recargo en su abdomen. —Quizás.

¿Te arrepientes?

No sabré si he hecho lo correcto, hasta que logre el jaque mate al rey —dijo tranquilamente—. Pero —se llevó una dedo a los labios, y tras unos minutos sonrió—, la vida es más complicada que el ajedrez. Hay más variantes, pero otras tantas posibilidades. En el ajedrez, sabes que el color contrario es tu enemigo. En la vida, no sabes quien es tu amigo.

¡Oh! El juego favorito de ustedes. El vil engaño.

Vera chasqueó la lengua de mala gana. —Hablas como si fuéramos viles serpientes.

A veces pienso que lo son.

Tal vez —convino—, pero tal vez no.

Máscaras y más máscaras, todas ellas tenían tan múltiples caras, que se preguntaba a menudo¿Cuál era la verdadera?

No logro entender la naturaleza de tu ser Vera. ¿De qué lado estás realmente? . ¿Qué es lo que buscas?

Vera parpadeó ligeramente. —Sinceridad. Es una buena virtud, pero...en éste juego te será más un estorbo, que una ayuda.

¿Y volverme un hipócrita obsceno como...tú amigo ése?

Mmmm, no veo porque tengas que enojarte, cada vez que hablamos de Alex.

No me caía nada bien.

¿Qué fue lo que te hizo?

Remus abrió la boca, pero las ideas se le atropellaron en la cabeza. ¿Qué le había hecho Fontela? Era una buena pregunta, y debía tener una respuesta sensata, lo sabía; sólo era cuestión de organizar las ideas.

Su actitud, era detestable, era irritante, se creía un ser superior, él...

No te besaba la suela de los zapatos —agregó con malicia.

¡Es algo más que eso! —estalló Remus—. Y no... —respiró profundamente analizando las palabras de Vera detenidamente—. Nunca he creído en ésa bobería de los Dioses. No me compares con Sirius, James y Peter.

¿Demasiado estúpidos, para tu suprema inteligencia?

¡No tergiverses mis ideas!

Vera se miró las uñas como si estuviera muy interesada en ellas. Cuando finalmente se decidió a hablar, lo hizo de forma lenta y aterciopelada.

Ése fue su error Lupin, siempre vieron en él un enemigo. Si hubiera ideado otra estrategia, tal vez... —Ella miró el techo como si estuviera decidiendo, entre decirle lo que pensaba o mentir—. Alex se hubiera puesto de su parte, él les pudo haber dado, mucha información.

Era nuestro enemigo, jamás nos diría las verdad. ¿por qué iba a traicionarlas?

¿Traición? —dijo desconcertada— ¿Qué traición hay en ayudar a un amigo? —Remus le miró sin comprender sus palabras—. Él hubiera podido argumentar que: para lograr nuestro bienestar tuvo que engañarnos un poco. Piénsalo Lupin¿Crees que Alexander se hubiera enojado, porque Torrence formara una buena relación amistosa con Black? O que hay si él hubiera podido unir a ella y Peter. Eso la hace feliz y por ello, Alexander hubiera jugado a favor de ustedes.

¡Aquello era absurdo! Era más creíble que; Snape de pronto hiciera una fiesta en honor a los merodeadores.

Ni tú misma lo crees —afirmó Remus—. Él nos detestaba.

¿Lo crees?

¡Que si lo creía! Cuantas veces él no le echaba en cara, cuanto los detestaba.

Mira, no hay que tener más de dos dedos al frente para darse cuenta de ello. Él no nos aceptaba, nos tenía tanta aversión, como nosotros a él.

Tal vez —se encogió de hombros—, pero nos quería más a nosotras.

No, no, no. Vera estaba fuera de sus cabales esa noche. ¿Fontela jugar a favor de ellos?

Sí era así. ¿Por qué no permitió que James se acercaba a Lily?

¿Alguna vez lo impidió?

Siempre andaba rondando cerca de ella y...

Pero nunca impidió su relación. Hasta donde yo recuerdo, Alex siempre animó a Lily a tener una relación con James.

Remus abrió la boca para protestar, pero ¿Con que argumentar? Si bien Alexander siempre fue un lastre y un pesado con ellos, siempre parecía dispuesto a hablar con ellos. ¿Acaso no hablo con ellos de las chicas, ése día en la enfermería? Remus parpadeó ligeramente, sería que, sería que...

¿Qué diría él, de la situación en la que nos encontramos ahora? —preguntó repentinamente Remus.

¿Que tal un partido en parejas? —dijo James animado, caminado hacía ellos.

Los dos noños, más noños de Hogwarts, contra los Dioses todopoderosos de Hogwarts —gritó Sirius.

La puerta de los dormitorios de las chicas se abrió.

Torrence ¿tú que dices? A mi me parece buena idea.

Vera avanzó hacía las escaleras en completo silencio. Remus le observó avanzar con la cabeza completamente en blanco. La información que le acababa de dar Vera le tenía demasiado aturdido.

Los ojos de Vera y Torrence se cruzaron por unos instantes, Peter parloteaba alrededor de Torrence indiferente al cambio que acababa de producirse en su novia. La cara indiferente que otrora tenía, había cambiado por una de ligero asombro.

Vera continuó su paso, sin embargo se detuvo a la mitad del camino. La joven entrecerró los ojos mirando fijamente la espalda de Torrence. Era como si la estuviera evaluando, como si poseyera un poder que le permitiera ver el interior de la chica. Finalmente alzó una ceja.

Peter fue hacía Remus y tomó el asiento en que Vera se había sentado. Hablaba sin darse cuenta de lo que sucedía. Torrence avanzaba hacía el retrato de la dama gorda, ignorando la cháchara de su novio.

En un santiamén, Vera se encontró a lado de Torrence. Vera colocó una de sus manos sobre un brazo de Torrence. La joven de cabellos negros se volvió hacía Vera. Ambas jóvenes se miraron larga y tendidamente. Vera escrutaba a la joven con altivez, Torrence se limitó a poner cara de circunstancias.

Remus observó a Vera sonreír maliciosamente. Era como si hubiera descubierto algo malo. Y para sorpresa de todos, Torrence le devolvió la sonrisa. Era como si Vera dijera: "Eres un demonio" y, Torrence contestara: "Hasta la eternidad".

Estoy segura que Alex le gustaría decirte esto Lupin: Mi chica, mi chica no me engañes ¿Estás preparado parado para perder toda esperanza? Sí es así, entonces dime¿Dónde dormiste anoche?

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Jala y déjate caer, piérdete entre los profundos baches de esta vida. Jala, sin permitirte dejar rastro atrás, olvida el significado de esta vida, borra la memoria del corazón. Jala, permitiéndote sentir el dolor en todo su esplendor, abrazar al profundo vacío que te consume. Jala más y más olvido en cada calada.

Su cabeza cayó hacia atrás, el agua le llegaba hasta la barbilla, mientras su cabello nadaba a su alrededor, como un enredadera melindrosa que se adueña del lugar que le ofrece cobijo.

Lentamente y meditando cada movimiento, se lleva una mano a la cabeza. Ya no recuerda si le dolía sólo un poco o tanto como en ése momento. Ni siquiera recordaba porque estaba metida en la bañera.

Pero que importaba, siempre y cuando la dulce Marie Jane le ofreciera sus encantadores atributos y la tranquilizara por completo. La vida era más llevadera cuando las hojas de la verde, tierna y amable Marie Jane se adentraran en uno y el cuerpo se relajaba con su magia. Bajó su mano a la boca y caló una vez más. Aún le quedaba cigarro para rato.

El humo se elevaba como una ligera pelusita grisácea, en forma de hermosas espirales. Espirales que daban vueltas una y otra vez, sin dejar de girar, de revolverse y desaparecer. Y todo pasaba ante sus ojos, imágenes etéreas, sueños olvidados, el maldito inconsciente con el que platicaba Freud.

Por eso cada vez, que las malditas y estúpidas manchitas del pasado, volvían a asaltarle por sorpresa, dejaba que el motor de las letras psicodélicas y los duros golpes de la música ruidosa se adentraran en su cuerpo, permitiéndoles tomar el control. Después de todo al ritmo de We Will Rock You, la vida no parecía nada complicada.

"Somebody better put you back in your place" resonaba la voz profundamente grave del cantante.

La música se esfumó, junto con la vida bella y fácil.

¿Acaso estás sorda? —La intrusa le tomó por sorpresa. ¿quién diablos osaba interrumpir su momento de preciada recreación?

Vete al infierno.

Una mano blanca golpeteó el agua con fastidió.

¡Apesta a…ésa cosa horrible!

Intentó enfocar a su interlocutora, pero para ella todo parecía estar en otra dimensión.

Lárgate.

Un viento frió y helado, se coló al cuarto de ducha. —No deberías encerrarte con, ésa horripilante cosa.

Las manos frías, de la hipócrita mujer de hielo le congelaron el alma. No deseaba que ella la tocara, la hacía sentir sucia.

¿Qué te has hecho? —bramó. Sus ojos violeta la penetraron con yerma crueldad—. Mírate esos ojos. Estás...estás...¡Lilian!

El cigarrillo se le resbaló de las manos. Su cuerpo, no había podido responder a tiempo al golpe sobre la mejilla. No le había dolido en absoluto, pero si le había aturdido aún más.

Emp, Sundory —habló un apenado Peter, les daba la espalda.

Sundory se giró hacia el chico. —Sal de aquí Peter —ordenó—. Tengo que hablar en privado con Lilian.

Peter asintió y se esfumó sin voltear a ver, a ninguna de las dos chicas.

Torrence ayúdame, por favor.

Los ojos verdes de la chica brillaron con autentico desprecio. No las quería alrededor de ella, no quería que la tocaran. Se resistió, luchó contra ellas. Deseaba que la dejaran sola. Pero no tenía la fuerza, para librarse de aquella dolorosa red de espinas.

Vístete, vendrás con nosotros.

No.

Lilian.

Yo, yo, ya no eres nada mío.

Tienes media hora —dijo Sundory finalmente.

Torrence y Vera se miraron en silencio. Sundory salió del cuarto con su típico porte angelical. Nunca nadie se imaginaría que debajo de toda aquella dulzura, existía un ser casi despiadado.

Sirius se arregló el cabello por ultima vez.

No sé James, te dije que...no vi nada.

James se paseó por el cuarto. —Entonces...

Es que, la voz de Sundory me dio miedo. —Peter se encogió de hombros y miró de reojo a Sirius.

Sirius sonrió. —A veces parece un ser completamente distinto —consintió el chico.

Peter suspiró y se miró las manos.

¿Entonces porque dejaste a Lily sola? —exclamó James.

Estaba...en la bañera, yo no...

Calma James —intervino Sirius—. Sundory es incapaz de hacerle daño.

Remus observó a James dar otra vuelta por el cuarto. Las palabras de Sirius no lo habían calmado en lo absoluto.

Voy a...

¿Tenemos tiempo verdad? —interrumpió Torrence de repente.

—contestó Remus tranquilamente—. ¿Sucede algo malo, Torrence?

La chica sonrió. —No. —Sus ojos viajaron hasta encontrarse con los de Peter—. Es que Lily no a terminado de arreglarse. Eee.. me parece que se le olvidó, la reunión de hoy. Así que tenemos que darle tiempo. —Trató de ser lo más natural posible. Seguramente ya se había dado cuenta, de que Peter les había inquietado.

Iré a su cuarto —dijo James secamente.

Torrence entre abrió los labios. Sin embargo sonrió nuevamente y le dejó a James, el paso libre.

No la retrases ¿vale? —Torrence le guiñó el ojo picaramente y después se volvió hacia Peter—. El azul te queda bien.

James bajó las escaleras velozmente. No sabía porque sentía aquella desazón. Quizás era el hecho de que sabían perfectamente, que Lily y Sundory ya no se llevaban bien. O tal vez, por la actitud cada vez más fría y distante que Lily había estado teniendo con él.

James podrías... —Llamó su atención Sundory—. Subirle esto a Sirius.

Hazlo tú.

No le importó haber sido grosero con Sundory, en ése momento sólo quería estar a lado de Lilian.

La puerta se abrió con facilidad. El cuarto tenía un olor extraño, era una mezcla de hierva quemada y almizcle de jazmín, rosa y agua salada.

Ella estaba de espaldas a él. Llevaba un falda de color blanco, que le llegaba hasta medio muslo, no llevaba puestos los zapatos, pero unos botines se encontraban a su alrededor. Se estaba colocando una blusa blanca con rayas horizontales negras, aunque parecía tener problemas para ponérsela. Su espalda se arqueó, haciendo que la luz iluminara los tatuajes que tenía en la espalda.

Siempre se habría preguntado, porque de todo lo que ella su hubiera pintarrajeado en la piel, había decidido ponerse las alas de un ángel, cuyo centro formaban un corazón. Los tatuajes permanentes adquirían un significado muy importante para él. Después de todo, era lo que iba a llevar, toda la vida.

Terminó de bajarse la blusa y suspiró. Se sacó el pelo que le había quedado, debajo de la blusa, dejándolo desparramarse a su antojo.

Tomó el cepillo pensando en el peinado que llevaría aquella noche. Quizás se haría una cola completa, de esas que se hacen en tres minutos y sin cuidado, pero dejaría que algunos mechones se le salieran y tal vez hasta le daría a su pelo, un aspecto de enredado y sucio. Para dar el efecto de Underworld.

Una respiración le hizo cosquillas en el cuello y de inmediato unos brazos se enredaron en su cuerpo velozmente.

El cepilló cayó al suelo estrepitosamente, haciendo un ruido seco.

Era inevitable, cuando estaban solos no podían hacer otra cosa que tocarse. Él no podía dejar de recorrer su cuerpo palmo a palmo, gravando en su memoria cada textura, cada olor, cada sensación. Y ella no podía dejar de respirar con dificultad y dejarse arrastrar por él.

No era el edivino acto que los libros describían como infinitamente hermoso. Se parecía más a la cruda descripción de las novelas románticas, sólo que sin esas estúpidas palabrejas rosas. También era sucio y profanador. Era un simple acto aprendido. Toca, besa, suspira, toca, besa, gime, toca, besa, resopla. Y al final siente como tu cuerpo se estremece, se tensa, te pierde y al final cae fríamente a la tierra; todo a terminado. Sexo, sexo, sexo; no existía nada más.

El chico se dejó caer sobre la cama, aún con pantalones y boxers a la altura de las rodillas. Todo el cuerpo exudaba a hormona descontrolada. James se llevó una mano al pecho, tratando de regular su respiración, pero le era imposible. Por Morgana, que aún sentía deseos de más. Sus manos buscaron a tientas a Lily, pero ella seguía de pie, pegada a la pared, con las manos entre los muslos y los ojos cerrados. Tras varios minutos, ella abrió los ojos y quitó sus manos del lugar. La falda blanca se encontraba completamente arrugada. James frunció el ceño ligeramente. Ella caminó hacía la él. James estiró la mano, pero Lily se dirigió hacía una de las cómodas que tenía a lado de la cama. La joven abrió un cajón, cuando sintió el tirón de James.

El chico la tiró sobre la cama y comenzó el cansino ritual, una vez más. Aunque él aún no estaba preparado, y ella tampoco.

Lily estrujaba la camisa del chico una y otra vez, como si le molestara la prenda. A él si le molestaba, por los menos le era incomodo. Hacía que su cuerpo acumulara demasiado calor, aunque desvestirse era un paso demasiado engorroso. Requería de tiempo que muchas veces —como en ese momento— no disponían. Era más fácil levantar un poco la falda, bajar la bragas y todo lo demás era cosa de cantar y coser.

Sentía la cabeza explotar, el calor era insoportable, así como la piel al contacto de la tela. Necesitaba refrescarse, pero para ello necesitaba disponer de tiempo, que ninguno de los dos, estaba dispuesto a ceder.

La puerta se abrió repentinamente. Ella abrazó al chico y enrolló las piernas en sus caderas. Era la orden silenciosa de: "¡No te atrevas a detenerte!"

¡Por las bragas de Morgana! —chilló el joven cerrando la puerta—. ¡Acaso un letrero de: "ocupado", es mucho pedir!

James sonrió intentando no perder el aire que a cada embestida se le escapaba. Clavó sus uñas en el colchón de la cama, mientras esperaba el final. El aire se le cortó impidiéndole gritar de satisfacción. Sin embargo su compañera se encargo de eso, al hacerlo por los dos y clavarle las uñas en la nuca.

El chico rodó a su lado recuperando, lentamente el control de su corazón. Su gran mano buscó el contacto con ella, era una lástima no disponer de tiempo. Se levantó de la cama algo temblorosa.

Que se vayan al infierno Lily. Vuelve aquí.

La pelirroja siguió su camino, mientras intentaba cepillarse el cabello con los dedos.

Tengo una cita. —Fue la fría contestación de la chica.

James se levantó pesadamente. —Sirius, él les dirá que...

James, no pensaba en ir con ustedes a Hogsmeade —le interrumpió.

El chico tardó en procesar la información.

Lily suspiró ruidosamente, mientras se quitaba la falda. James había arruinado su vestuario, estaba mojado por su simiente y aunque la prenda era blanca, no deseaba andar por el colegio con el fluido del chico en la falda. Una cosa era tener que soportarlo en la entrepierna y otra muy distinta, andarlo presumiendo.

¿A dónde vas? —Estaba apunto de tener otro de sus accesos de macho sobre protector.

Ella se encogió de hombros, mientras se colocaba unas bragas limpias.

Espero tú respuesta.

Recogió el cepillo y comenzó a cepillarse. No sabía si iba a poder soportar su fastidioso temperamento en éste momento.

Con unos amigos.

¿Quiénes? —gruñó al tiempo que comenzaba a abrocharse todo, nuevamente.

No los conoces. Bueno, no tengo mucho tiempo.

James se levantó visiblemente molesto. Esperó a que ella se colocara la falda negra y terminara de ponerse los mallones blancos.

—¿Esos amigos, estúpidos y gilipollas de quinto año?

Lily jaló las agujetas de sus botas con fuerza. No iba a poder quitárselo de encima con facilidad.

Sí. Ya habíamos planeado una velada esta noche.

No irás —sentenció rudamente.

¿Y porque no iba a hacerlo? —preguntó la joven tranquilamente.

Porque no quiero.

Lily terminó de amarrarse la segunda bota y se levantó para enfrentarse a James, cara a cara.

¿Y quien eres tú para impedirlo?

Tú novio.

Ella rió en su cara, enfureciendo al muchacho. —Por favor James, ni siquiera obedezco a mis padres¿por qué razón iba a obedecerte a ti?

James respiró profundamente, antes de hablar nuevamente. —Podría darte muchas —dijo con arrogancia—. Pero fundamentalmente, por no hacerme enojar.

¿Eso es una amenaza? —se mofó la chica—. Sabes por donde me paso tus amenazas James.

James tensó la quijada. —Soy tu novio Lily, y tengo el derecho a opinar, sobre tu seguridad. Esos adolescentes no me dan confianza.

¿Derecho? —le cuestionó—. Tú no tienes ningún derecho sobre mi.

¡Soy tu novio! Debo tener alguno.

Lily se cruzó de brazos y sonrió irónicamente. —Nadie maneja mi vida James.

¿Así que sólo puedo follarte?

Y una vez más ella rió. —Ni siquiera eras eso, cuando lo hiciste James. Ser mi novio no es un requisito. Puedo hacerlo cuando quiera, y con quiera. No necesito tu opinión. —Cruel, ella sabía que había sido innecesariamente cruel.

¿Qué diablos es lo que tenemos entonces? —inquirió el joven iracundo.

Sexo, James. Sólo sexo.

Si Lily le hubiera lanzando un cruciatus, ella hubiera sido muy benévola. Aquellas palabras le desgarraron el alma.

Eso, es lo que soy para ti: sexo.

¿Qué más quieres James?

¿Qué más quería? . ¡A ella! Quería tenerla, no en cuerpo, él no buscaba su cuerpo. ¡Quería su alma, su corazón!

Apretó los puños fuertemente, así como la mandíbula.

Lily... —¡No! No se iba a rebajar a suplicarle. Ya suficiente mermado había dejado ella su orgullo. Ya había soportado demasiado—. No tienes nada más que ofrecer.

Muy bien, si eso es todo. Lárgate.

No. Sexo es lo que tengo de ti, y sexo es lo que me has de dar. Ahora.

Lástima, tengo cosas que hacer. Tendrás que esperar —Sin darle tiempo a replicar, ella se encerró en el baño, dando un fuerte portazo.

Se llevó una mano a los ojos. ¿Qué había hecho? Avanzó hacia la puerta, alzó la mano. No, no podía arrepentirse de su decisión, si para ella, él sólo representaba placer; entonces ella también lo sería.

Ahí terminaba la relación.

&-&-&

Se dejó caer sobre el colchón. Había días en los que Sundory se comportaba como una completa pesada, pero otros...era como miel sobre hojuelas. Sonrió y giró hacia su izquierda. Observó a su hermano sentado sobre su cama, con las piernas estiradas sobre su colchón, los brazos cruzados, el ceño fruncido y los ojos cerrados. Lucía estar pensando mucho.

Últimamente ése era el semblante de James, serio, meditabundo, enojado. Sirius suspiró, le gustaría saber que le acongojaba. Aunque creía saber la respuesta a ello: Lily Evans. Los últimos días ya no estaba tan pegado a ella, ya no se desvivía para poder pasar cada hora del día con ella. Había un claro distanciamiento. Los chicos se lo había tomado bastante bien, después de todo no era muy agradable ver como esos dos, se besuqueaban y tocaban todo el tiempo. Pero algo raro debía de haber.

Sirius arrojó la almohada, que cayó a los pies de James, el chico abrió los ojos.

¿Qué quieres? —gruñó.

Hola James¿Cómo te va por la vida, hermano? Sabes hace meses que no hablamos y...

Sirius, ve a molestar a Peter. —Ofendido, Sirius se sintió ofendido.

Hermano, ya le volverá la calentura a Lily.

Los ojos de James se abrieron de par en par, y un furioso bramido salió de la boca del joven.

Como...como...¡Al diablo! —James cerró los doseles de su cama.

Sirius frunció el ceño. Muy bien, la había regado pero¿Por qué? Se levantó de la cama, rodeó la cama de James y se sentó cerca de sus pies.

James miraba las mantas rojas, mientras su dedo índice se enrollaba en ellas y tiraba.

Vale, sólo quería hacer la plática.

James rodó sobre sí mismo, dándole la espalda a Sirius.

Venga James, dije una idiotez; lo siento.

Ésas palabras perturbaron más al chico, pues enterró su cabeza en la almohada.

¿James?

Sirius se llevó una mano a la barbilla y se la rascó. Que mosca le había picado. Se inclinó y colocó una de sus manos en el colchón, para que con la otra pudiera mover a James. James le soltó un manotazo lastimándole los dedos. Ahora tenía la certeza de que algo estaba royendo las entrañas de su amigo. Se puso en cuatro patas y se acercó a el joven lentamente. Primero le jaló una oreja, recibiendo un segundo manotazo. Luego le picó el abdomen, esta vez fue una patada. La tercera vez intentó jalarle por el brazo. Hubo un juego de tira y golpea, hasta que de pronto James se volvió hacia él y gritó:

—¡Déjame en paz; maldita sea!

Sirius se levantó de golpe, completamente sorprendido y con un puñal clavándosele en el corazón. Era tal su impresión que apenas si parpadeó, a señal de que se había golpeado la cabeza con el poste de la cama.

James le dirigió una mirada de desconcierto, finalmente al ver la cara de asombro total de Sirius, inmediatamente bajó la cabeza y le dio la espalda nuevamente; esta vez sentado con las piernas cruzadas.

Volvió a respirar, mientras veía como James enterraba la cabeza en entre sus manos. Sirius sintió que el puñal se movía y le lastimaba. ¡.¡James estaba llorando!.! El corazón comenzó a latirle velozmente, mientras ése molesto nudo en la garganta se retorcía y se abultaba. Sus ideas y todo él, entró en crisis.

¡Cuando pusiera sus manos en aquella zorra!

James... —susurró con la voz toda temblorosa.

El chico se arrebujó entre sus manos.

¡Lárgate!

Era voz del orgullo deshecho, la dignidad pisoteada y el amor destrozado.

James odió que la cama se hundiera bajo el peso de su amigo. Quería golpearlo y lanzarle puñetazos hasta que sus manos sangraran. ¡Deseaba aventarse contra la pared y reventarse la cabeza a golpes de sin razón!

Los dedos temblorosos de Sirius le tocaron el hombro, con yerma seguridad.

James se hundió esta vez en sus brazos negándose a rebajarse a un más. Dolía. La cabeza, el cuerpo, el corazón le dolía. Sentía que su garganta se le hinchaba y se le reventaba, deseaba abrirse el pecho y apretar fuertemente su garganta para evitar que saliera de ella más quejidos. Deseaba abrirse el pecho y arrancarse el corazón.

Sirius no sabía qué hacer, qué decir¿Cómo ayudarle? Su mente estaba paralizada, obstaculizada. ¡Hasta respirar se le estaba olvidando!

Jamás había estado en una situación como aquella, nunca imaginó verse en un momento así. Pánico, tenía un tremendo pánico.

James se dejó vencer y cayó a en la cama, cubriéndose el rostro con las manos.

Como diablos adivinar algo semejante ¿Debía abrazarle? Pero los hombres no se tocaban. ¡Merlín en el tiempo! . ¡Los dioses no caían! . ¡Los dioses no lloraban! . Los dioses...no existían.

Sirius puso una mano en la cabeza de James y le palmeó suavemente. Dejando que el joven soltara todo lo sentía.

No...no logro entenderlo.

Sirius aún menos. ¿Qué debía contestar?

¿Qué sucedió James?

James movió sus labios torciéndolos varias veces, pero sin articular palabras ninguna.

No lo sé. Es que...sólo era.

James se incorporó lentamente, se secó las lágrimas con el dorso de su muñeca de espaldas a Sirius.

¿Discutieron?

Sí, pero...yo sólo. Fui a verla, tenía la intención de hablar con ella —comenzó a decir James, dándose la vuelta para ver a Sirius—, y... —el chico hizo un par de muecas sugerentes—, ya sabes, sucedió lo normal. Ella se levantó y comenzó a arreglarse, le dije, prefería quedarme con ella, que otro día iríamos a Hogsmeade. Pero ella me dijo que ni siquiera tenía planeado ir con nosotros, que...se iba a ir con sus nuevos amigos. Le dije que no me parecía, que no deseaba que fuera con esos idiotas. Ella se rió de mi, y me dijo, que no era nadie para impedírselo. ¡Puedes creerlo!

De Evans podía creerse cualquier cosa.

Y me supongo tú la mandaste al carajo por semejante insulto.

No me importó que se riera, pero...¡pero que me dijera que yo no era nadie! Era...era como decirme que no le importaba que lo nuestro... —la voz de chico se cortó.

James debió de haberse puesto como un dragón embravecido. —James éstas discusiones...

¡Aún no terminó! —clamó James, con su típica arrogancia infantil.

Sirius se encogió de hombros y asintió.

Le dije que tenía algún derecho por ser su novio. Dijo que nadie controla su vida. Me enoje y le dije¿entonces sólo tengo derecho a follarte? Y tuvo el descaro de decir, que no era su novio la primera vez que lo hice¡Ser su novio no es requisito para acostarse con ella! —El chico tenía la cara roja del coraje—. Y que no me iba a pedir opinión sobre quien hacerlo, o no. ¡Sirius entiendes eso!

Claro —respondió Sirius. Cielos, la pelirroja se la había rayado esta vez. Podía imaginarse el monstruo que James debió parecer con semejante contestación.

Se supone que es mi novia y...¡No sé qué diablos! Entonces le pregunte¿Qué es lo que tenemos? —Sirius esperó impaciente a que terminara el respiró que estaba dando James—. Y...y... —Lágrimas, lágrimas se forman en los ojos de James—. Y ella contestó que sólo sexo —al final de la frase la voz de James, apenas si era un susurro.

Irónico ¿no? Después de decenas de relaciones basadas en el sexo, la única con la que James se proponía ser serio, le decía; que sólo eran sexo.

Sexo. Es que no lo entiendo Sirius. —Y quien iba a hacerlo—. Ella siempre me hecho en cara que yo sólo buscaba eso. Y en las demás chicas lo acepto, pero no con ella. Trate de...hacerlo bien, y ella dice que sólo somos eso. ¡Cuando por años luchó por respeto! . ¡Y ahora me pide que la trate como si fuera una...!

Puta —James asintió.

Sirius se llevó una mano a la cabeza. ¡Qué lio!

No me pidas que lo entienda James, ni siquiera Remus podría —dijo Sirius.

¿Qué es lo que quiere? Porque...porque...

¿Por qué te dice eso ahora? —le ayudó Sirius—. No lo sé, nunca le he entendido James. Es de las mujeres más complejas que he conocido.

No sé qué hacer, ella... —No, Sirius no deseaba escucharlo.

Tal vez, sólo te dijo eso porque estaba enojada. Ya sabes cómo se pone, cuando se enoja.

James negó con la cabeza. —No esta vez Sirius.

Cuando Sirius la agarrara entre sus patas, despellejaría a ésa pelirroja.

James bajó la mirada y acarició las sábanas rojas. —¿Qué hice mal Sirius?

Sirius abrió los labios, pero no alcanzó a articular ni una sola palabra, observaba a un Dios herido, a un Dios destrozado, ante sus ojos tenía a un Dios enamorado. Que terrible, era el amor.

&-&-&

La huella de su mano sobre el cristal empañó el cristal. La luz tenue del sol apenas si se colaba por entre las nubes grisáceas. Apenas si le rozaba el alma.

Lo sabías.

Ella se encogió de hombros. —¿No estás sorprendida?

Bufó y sonrió irónicamente.

¿Hay algo que tú no sepas, Sundory?

Los ojos de la joven se posaron sobre la faz de su interlocutora. —Muchas cosas Vera.

Torrence rió quitando su mano del cristal.

¿Torrence?

Que es lo que sabes. —La joven morena se bajó del alfeizar de la ventana—. Saben algo, a veces no sé, ni que es lo que sé.

Vera resopló y se cruzó de brazos. —Y es mejor que sea así.

Sí, después de todo; soy yo la traidora ¿no es verdad Sundory?

La joven bajó la mirada y se agarró las manos. Ése era un claro golpe.

No lo sé.

Vera sonrió, era increíble la capacidad de Sundory para actuar. ¿Habría algo que la sacara de quicio? Claro, que alguien hiciera algo socialmente incorrecto. De ahí en fuera, nada sentía.

Por lo menos ella no lo predica.

Torrence frunció el ceño y le dirigió a Vera una mirada de hostilidad. Uno nunca sabía de qué lado se encontraba Vera, éste día se encontraba de lado de Sundory claramente.

¿Fui la única que les di la información?

La única lo suficientemente estúpida para hacerlo adrede.

Sundory observó a Vera y luego a Torrence, meneó la cabeza y suspiró.

Déjale en paz.

Vera se cruzó de brazos. —¿Quién crees que les dijo a los chicos sobre tu relación intima con Alex?

Sundory alzó la cabeza y parpadeó. —Pero...si todos sabían, que éramos amigos.

Vera puso los ojos en blanco, antes de continuar. —Ellos ni siquiera imaginaban que entre tú y él, hubiera algo más que amistad. —Los dedos de Sundory se movieron ligeramente—. Lily nunca le hubiera dicho; después de todo era tu tapadera. Yo no los trago.

Torrence.

Fue ella, ella lanzó el veneno. Muy sutil ¿no?

¡Por favor Vera! Todas... —replicó Torrence.

Vera descruzó sus brazos y los alzó. —Eso siempre se cuchicheaba entre nosotros. Pero no eran asuntos que debían llegar a oídos ajenos.

Tarde o temprano se enterarían. Era inevitable.

¿Es ésa tu escusa?

Torrence se recogió sobre las orejas los mechones de pelo que le caían. —Supongo. Sólo...escucha, salió sin querer. No quería...nada.

Ésa es una muy buena pregunta Torrence. ¿Cuál era tu propósito?

Mis actos nunca están tan fríamente calculados Vera —bramó.

No querida si lo estuvieran, no serías la estúpida del grupo.

La furia recorrió el cuerpo de la joven, encendiendo su sangre. Torrence dio un paso hacia Vera.

¿Llegamos tarde?

Muy bien Vera, tú ganas —exclamó Torrence sonriendo amablemente.

Vera se llevó una mano a la boca y alzó una ceja. Era una maldita hipócrita. —Como tú desees Torrence.

Sundory sonrió alegremente. —Teniendo todo decidido, vamos con los chicos.

Las sonrisas de las chicas lucían tan naturales que parecía que acaban de tener una charla amistosa. Pero ellos ya conocían de sobra la falsedad de ésas cosas. Algo había sucedido y se habían apurado a representar su obra. Como de costumbre.

¿Nos vamos?

Porque no.

Falta Lily ¿no?

Sirius se cruzó de brazos. —¿Nos vamos?

Oh no —dijo Vera—. Y no voy si Lily no va.

Mejor aún, ni ella ni tú. Merlín ha sido muy bueno conmigo el día de hoy.

Estúpido bastardo.

Torrence y Sundory gimieron.

Buscaremos a Lily, creó que fue...a caminar al lago —dijo Sundory.

Remus alzó una ceja. —Vamos a buscarle entonces.

James dio media vuelta y salió del lugar, Sirius le siguió.

No quiero... —dijo Sirius.

¿Traes el mapa del merodeador Sirius? No quiero perder el tiempo.

¡Sólo vamos a cenar! No la necesitamos para...

Por favor.

Sirius resopló y busco entre los bolsillos de su capa.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas —El pergamino comenzó a llenarse de miles de rayitas que se estiraban y cruzaban insistentemente, con puntitos y letritas que se movían constantemente como pequeñas arañitas.

Los jóvenes buscaron velozmente a la joven sin decirse una sola palabra.

Sirius soltó una tremenda palabrota, que le ganó un regaño por parte de James. Sirius golpeó el pergamino con la varita, apuntando un solo punto.

¡.¿Qué diablos?.! —Juntó al nombre de Lily Evans, se encontraba el nombre su peor enemigo.

&-&-&

Oscuridad, con él todo era oscuridad. Inclusive su frío tacto, se sentía como la caricia de la oscuridad.

¿Hice lo correcto?

Tú, no eres nada para él. —Mentira.

Mientes y lo sabes. Quieres hacerle daño.

No había detalle de su delicado rostro que él no conociera. Aun si se quedara ciego, él podría recordar la faz de su cara con toda claridad.

¿Entonces porque me lo preguntas?

Para odiarme a mi misma.

Fue conciente de haberle rasguñado la frente.

Lastímame Severus. Lastímame por ser tan cruel contigo. —Que fácil era para ella decir eso. ¡Lastímame! Eso sí era cruel, eso sí era despiadado.

No Lily, tú no eres cruel. —La pelirroja levantó ligeramente su cabeza, de las piernas del chico—. No puedes ser cruel, tú eres demasiado inocente.

Demasiado estúpida querrás decir.

Si era demasiado estúpida, sabía que no debía meterse con Potter. Creyó poder sortear todos los obstáculos, pero la verdad era que ella siempre terminaba enamorándose del primero que le dijera cosas lindas al oído. Ella era una simple mujer romántica.

El pasillo emitió murmullos y pasos. Era un sonido distante y bastante bajo. Severus miró el lugar, intentando encontrar algún intruso, pero no había nada y ya no se oía nada.

Remus obligó a James a relajarse y callarse, todos los demás hicieron lo mismo. Sirius metió su mano en la bolsa, rodeando la varita con sus dedos. Una cosa era que le disgustara la actitud de Lily y otra que la dejara en las manos de Severus Snape.

Remus avanzó lentamente, preparado para todo; excepto para lo que vio.

Su cabeza descansaba en las piernas del joven, quien le acariciaba el rostro distraídamente, mientras miraba la fría y negra pared de piedra. Ella alzó una de sus manos y la colocó sobre la mano de Severus.

Y el lugar que yo conozco, es un interminable valle blanco oscuro.

Con colinas que suben y bajan, el cielo siempre tiene el mismo color y la misma forma. Nubes interminables de dolor lo cubren, mientras los copos de la tristeza caen sobre la tierra, pintándola de blanco oscuro. Pero qué importa que el hielo enfríe la belleza y termine con la soledad, después de todo; tú no sientes nada.

Ella se levantó suavemente, miró al joven durante unos instantes, permitiendo que su rojo cabello se acomodara sobre su espalda. Finas hebras se arremolinaban en su frente, y la nuca estaba llena de retorcidas puntas enredadas. Colocó su mano en la barbilla del chico y le giró la cabeza, para obligarlo a mirarla. Se inclinó sobre él y suavemente deposito un beso en su frente; como la madre que despide a su hijo.

Su delicada figura se puso de pie y miró a la pared, dándole la espalda a Severus. Puso su mano sobre la húmeda piedra.

Él...él me dijo: no hay mañana que no esté tentado, no hay día que no recuerde la herida, no hay ayer sin tú perdida, no hay mañana en el que no...en el que no te diga adiós —Las lágrimas se derramaron sobre el suelo, en medio de la penumbra—. Lo hice...yo, yo...lo hice, yo siempre... —Los dedos de su mano, temblaban y se movía ligeramente, como si tuviera miedo de encontrar algo—. Alex...Aaa... —Su respiración se hizo profunda y ruidosa; los sollozos retumbaron por el pasillo—. Aaahh —La a del recuerdo, se convirtió en la a del tormento—. Lo sabes ¿verdad?...Alex, yo... —Sus manos se colocaron en su cabellos, mientras tiraban desesperadamente de ellos—. ¡Yo lo hice! —El eco de sus palabras se extendieron por el lugar.

Lily dio media vuelta y cayó de rodillas, estiró sus brazos hacía el frente, mientras se abalanzaba sobre Severus. Sus brazos se aferraron a la espalda media del joven, pegando su rostro en el abdomen de él, dejando al dolor salir desde su interior.

Ella lloraba, gemía, gritaba y se deshacía en el regazo de un enemigo. El furor del alma herida salió del ella, su gritos de agonía reverberaron por todo el lugar. Se estaba desvaneciendo y permitiendo que todo lo que había en ella se expresará en un terrible cuadro, de rojo dolor. Lily le mostraba a Severus Snape, sus verdaderos sentimientos.

¿Por qué Severus? . ¿Dime por qué?

Los profundos e insensibles pozos negros del chico, poco a poco y lentamente la enfocaron. Una de sus largas y delgadas manos le tomó por la barbilla, mientras que la otra se perdía en los largos cabellos rojos de la chica.

Ella sintió como él le acariciaba el cabello y luego descendía por su cuello, produciéndole un extraño cosquilleo. Poco a poco la mano de él se fue acercando al centro hasta que de pronto se detuvo en medio de sus pechos.

Aquí Lily —respondió con una innatural ternura—. El aquí no existe.

El silencio acaeció, ambos chicos parecieron congelarse en el tiempo. Hasta que de pronto, Lilian se inclinó hacía la derecha, fue como si el piso de pronto se hubiera inclinado hacia ése lado. Así de repente, de la nada y sin razón; ella se desvaneció.

Los brazos de Severus estaban preparados para ello, pues de inmediato evitó que ella cayera al suelo.

He aquí el cristal deshecho.

La miraba, le hablaba y la tocaba con total naturalidad, como si fueran amantes de muchos años. La levantó suavemente sobre sus brazos. La cabeza de ella cayó inerte hacía atrás, los ojos verdes de Lilian estaban abiertos; abiertos con un espantoso vacío.

Sundory se abrió paso, por entre los desconcertados y boquiabiertos chicos. Alzó la mano.

Snape se giró lentamente y observó a los presentes. Sus ojos apenas su relampaguearon con un desconocido sentimiento.

No —le dijo a Sundory.

Ella parpadeó ligeramente, sin comprender.

Tus manos —Sundory retiró la mano de su posición—, son demasiado innobles, sólo le lastimarás.

Ella asintió y él hizo una mueca desagradable. Snape volvió a mirar a los demás y dio media vuelta. Caminó en silencio con un paso constante, James dio un paso hacía adelante, pero Sundory le apuntó con la varita.

¡No permitirás que...! —replicó Torrence.

Los ojos violeta de la joven no dudaron en cambiar de la tranquilidad perpetua, a el fuego iracundo.

¡Como pudiste! —gritó Vera—. Ése maldito bastardo...

Calla —fue la orden de Sundory—, no hables de lo que no sabes.

¡Sundory! Tú sabes lo que él... —insistió Vera.

No hables de lo que no entiendes, no seas necia Vera.

Torrence empujó a Sundory para dejarle el paso libre a James.

¡No te atrevas! —gritó Sundory.

Torrence frunció el ceño.

Sundory puso los ojos en blanco. —Como si fuera la primera vez —ironizó.

¿Lo sabías¡Lo sabías y no lo habías dicho —gritó James.

Sundory asintió firmemente. —Él es mi primo y ella mi amiga, por supuesto que lo sabía. Ellos son amigos, desde mucho antes de entrar a Hogwarts.

James frunció el ceño.

Es verdad James, ellos se conocieron en el Callejón Diagon. Dos meses antes de entrar a Hogwarts y desde que se conocieron, han sido buenos amigos.

¡Amigos! Ése...ése..

A Severus no le importa la sangre de Lily. Él siempre ha sido muy amable con ella. Siempre la ha cuidado, vigilado. Es muy lindo, es...es su amigo. Él nunca le haría daño —le defendió la joven.

¿Cómo Fontela?

¡No te atrevas a insultarlo! —bramó la chica amenazando al chico con un dedo—. ¡Ni a él, ni a Serverus! Tú no le conoces¡Ninguno de ustedes le conoce!

Claro que conozco a Severus Snape —intervino Sirius.

Sundory se giró para enfrentarse a él violentamente.—No, no le conoces. Sólo le gastan bromas crueles.

¡Crueles! —clamó Peter—. No sabes de lo que él, es capaz.

¡Que no sé! Él es mi familia. Lo conozco mejor que todos ustedes juntos.

¡Por favor Sundory! Tú crees que todo el mundo es bueno, pero esa escoria que tienes por primo. No es otra cosa que pura maldad y crueldad. ¡Él no es capaz de querer a nadie!

¡Pues sí es capaz! Severus quiere a Lilian —gritó Sundory, enfatizando la palabra "quiere" —. ¡Y me quiere a mi! No es el ser ruin que ustedes creen.

Ninguno de los chicos podía tragarse las palabras de Sundory.

Ustedes no pueden romper esos lazos. ¡Nunca! —Les enfrentó la joven—. Ni Lilian, ni yo permitiremos que le hagan daño. La diferencia que hay entre ustedes, deben arreglarla entre ustedes. ¡Pero jamás permitiremos que eso interfiera con nosotros!

¿Es ésa una amenaza Sundory? —le preguntó James pasándose una mano, por el cabello.

Sí, es amenaza joven Potter. Toca a Severus Snape ¡Y sabrás de lo que Lily y yo somos capaces!

&-&-&

Frió, el lugar era completamente frió. Todo el cuerpo le dolía, las manos le temblaban, por primera vez su cuerpo sentía lo mismo que el alma. Oscuridad, a su alrededor sólo había oscuridad con destellos verdes; tan diversos y matizados como sus distantes ojos. La luz brillaba en la oscuridad, rompiéndose en miles de frágiles y hermosos destellos. La oscuridad le rodeaba, mientras el verde el esclavizaba. Dolor, la carne inerte no debería sentir dolor, el alma marchita no debía sentir dolor; yerma, muerta y de color gris; pero con un tremendo sufrimiento.

La mano dura y helada de la soledad, le acarició la frente. Tembló y se encogió; deseando poder gritar por el daño que le hacía.

Tranquila Lily. Ya ha pasado.

No, apenas comenzaba.

¿De qué tienes miedo?

De ti, de él, de la vida, del tiempo, del espacio, de mi misma.

Perdida, Lily se encontraba más allá de la razón. Lejos de la luz, oculta de la verdad, ignorada por la realidad. Pobre pajarillo caído del nido, con las alas rotas.

No le gustaba ese tipo de tacto. Era posesivo, era sucio, era perturbador.

Lily salió de su estupor, con una violenta sacudida.

No —susurró débilmente.

Severus retiró su mano y se levantó de la cama.

¿Te encuentras mejor?

Se sentía como si acabara de pasar el efecto de alguna droga. Desorientada, descompuesta y que ninguno de sus problemas tenía solución. Necesitaba de nuevo; ése algo que la aliviaba.

Tal vez.

Snape dejó la cama y se fue a sentar al pequeño sillón. Dos libros cayeron al suelo secamente.

¿Por qué me miras de esa manera Lily?

Tenía sueño y hambre, mucha hambre. No recordaba cuando había sido la última vez que había probado bocado. ¿En la mañana? . ¿Ayer en la noche? Se alimentaba a base de agua y pastillas para el dolor de cabeza.

¿Tienes somníferos? Hace días que no consigo dormir bien. Y hoy no siento nada de sueño.

Luces muy pálida.

Ella se comenzó a levantar de la cama. —No he cenado.

Hace tres días me pediste algo con cafeína; tenías demasiado sueño. Y hace una semana me pediste algo con frutos semimaduros de la amapola, tenías un terrible dolor de muelas. Y hace dos semanas antidepresivos. ¿Qué será después Lily? Me pedirás coca pura.

La pelirroja bufó ferozmente. —No sé qué es lo que piensas, quizás últimamente me he sobrepasado con el consumo de algunas, sustancias. Pero nada raro.

El derivado sintetizado de la efedrina, provoca la anulación de la sensación de hambre, pero no es un efecto permanente. Así como el efecto de euforia y energía. También hay otros más desagradables.

Exageras Sev.

También lleva a la paranoia y la ansiedad.

Por favor no me hagas esto —suplicó la joven.

Le estaba desnudando con la mirada, podía sentir como la luz de sus ojos le quitaban la camisa, tocaban su piel, deslizaba sus dedos debajo de los tirantes del sujetador y los hacía resbalar con grácil seducción.

Rodeó la cama tomando su tiempo, hasta llegar a Lily. Ella miraba los sábanas verdes y las acariciaba con sus dedos. Se acercó a ella, exhalando un suspiró. Los cabellos rojos le besaron la cara, cuando ella se giró velozmente hacía él. Ella le tenía miedo.

No eran para mí —susurró—, Pharopion me pidió que le ayudara. Yo. —Los dedos de Lily se encajaron en el colchón—. Tengo miedo de usarlos. —¿Miedo? —. Severus, es que creo...bueno yo. —Se encogió en el lugar temblando—. Creo que estoy embarazada.

Se alejó. Con los ojos muy abiertos y la sorpresa expresada en ellos, se alejó.

Rechazo, el inminente rechazo era claro.

¡Lilian!

Lily se abrazó a sí misma. —Aún, no sé, si es cierto.

Respiró, Snape respiró ruidosamente y dio media vuelta cruzándose se brazos. Lily le observó cuidadosamente¿La echaría de su cuarto ahora? Cerró los ojos y se pegó a la cabecera de la cama, cuando Snape se volvió bruscamente hacia ella. Esperó a que la tomara por el brazos y le echara a patadas. Sin embargo, lo único que sucedió fue que la estancia resonó, por el choque de cristales y manos que jalaban y buscaban algo entre frascos llenos de pociones.

Abrió los ojos lentamente, al sentir que la cama se hundía bajo el peso de algo pequeño. Una botella con contenido amarillo opaco, estaba ante sus ojos. Minutos después; tres botellas más, se encontraban delante de ella.

Snape se sentó delante de ella y le extendió una cuarta botella con un contenido grisáceo.

Tómatela.

Con la mano temblorosa, la chica sujetó el objeto. Tiró del corcho produciendo un suave "plop". Elevó el frasco hasta la altura de sus labios y, suspiró.

¿Es para saber, si yo...?

Snape frunció el ceño.

Lily tapó el frasco y lo puso a lado de los otros tres, que se encontraban en la cama.

Sólo quiero saber.

Severus asintió, volviendo a tomar el mismo frasco y entregándoselo.

Resolverá el problema.

Ella lo tomó de nuevo.

¿Qué es lo que contiene?

Severus alzó una ceja. —¿Desconfías de mi? . ¿Crees que te hare daño?

Lily negó con la cabeza. —Pero el padre es James; y eso lo sabes.

Su mandíbula se tensó y hecho aire por la nariz¡Como si no supiera de quién sería el estúpido bastardo! Por supuesto que sabía que era de ése. ¿De quién más podría ser? Si ella sólo tenía a un asqueroso mamarracho rondando a su lado. ¡Claro que lo sabía! Le daba asco y encendía su ira imaginarlo. Soñaba y se castigaba, con tremendas imágenes. Abominaba sentir el dolor que le producía saber, que él; ¡Ese despreciable ser! La tocaba, la manoseaba. Sentía repugnancia.

Lily, que harás si, resulta ser positivo.

La pelirroja miró el frasco indecisa. Su rostro demacrado se reflejaba en el cristal, sus ojos estaban rojos, hinchados y rodeados por grandes ojeras.

No lo sé.

Tenso, podía oler la tensión del cuerpo de Snape.

Entonces tómala, sea lo que sea: solucionara el problema.

La botella cayó en la cama, Lily se alejó de él; colocándose en el lado opuesto de Snape.

¡No matare al hijo de James! —gritó protegiéndose el vientre con ambas manos.

Severus miró la fría pared, evitando todo contacto ocular con Lilian; apretando los puños fuertemente. Le hastiaba la idea de ver crecer una cosa de ese idiota dentro de ella. Aborrecería ver su cuerpo desfigurado por él. Peor aún; el odio le asfixiaba de pensar, que ella se ataría a ese, por una pelotita infame.

Si tomas ésta —dijo señalando la de color gris—, nada quedará. No sufrirás daño alguno, en cualquiera de los dos casos. La amarilla te dirá lo que deseas saber. Debes beberla completamente, si el humo que sale de tus dedos es blanco, deberás tomar ésta otra. —Snape le mostró una botella de un líquido transparente—. Si el humo que sale de tus dedos es rosa, entonces...tú decidirás si tomar ésta azul.

Como sabré si...si sale blanco¿Qué significa?

Sólo haz lo que te digo.

Agradezco tu preocupación por mi Severus, pero...no deseo.

Sólo tu decidirás si tomar la gris y no saber nada. Las demás no te harán daño, ni...ni a eso —terminó de decir Severus, haciendo una mueca de repugnancia.

Lily asintió y tomó los frascos.

Snape no le volvió a dirigir la palabra, ni siquiera la mirada. Aún cuando un suave y cálido: Buenas noches, salió de la boca de la pelirroja. En cuanto la puerta se cerró y los pasos se alejaron, Severus se levantó y volcó las cosas que había en su escritorio con los brazos. Tintero, pluma, pergamino y cristal se mezclaron en el cuadro que conforman la ira y la furia.

Ésta noche ella había declarado con quien se encontraba su lealtad. Severus apretó fuertemente los puños, mientras planeaba la forma de atraerla para siempre, a la oscuridad.

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Las confesiones de Kirsche:

¡Acabe! Después de tanto tiempo termine, éste capi y ¡uf! Que dilema...hay tantas cosas que se han vuelto a deshacer, apenas construíamos una realidad, para volver hacer otra Muajajajaja. ¿Qué sucederá a continuación?

Reviews:

Gerulita Evans, Lianss, BlancEspirit: Ya saben, he respondido via reply.

Tomoe: ¡Buf! No sé hacer el perfil psicológico de la relación L+J me da dolor de cabeza. Es en exceso complicado, hay demasiados factores que influyen en ésta relación. Pero puedo decir que en parte tienes razón con tus comentarios ¡Sí pero...no! XXXDDD El fin de la historia, ya ésta escrito, SÍ y bueno ésta historia fue creada bajo conceptos no muy alegres. Habrá partes chistosas, para relajarnos pero...la tercera parte, es la más pesada y obvio, uufff, la más torturosa T.T hasta yo he llorado al escribir escenas de los proximo capitulos.

Blushy Potter: ¡Wenas! Lo sé, esto es peor que una tragedia griega, y bueno en cuando a la felicidad...es un tema algo delicado de tocar, despues de todo¿Qué es la felicidad? . ¿Que ganas y que puedes perder? Hay mucho en juego, muchas cosas que suceden bajo nuestras narices pero no somos capaces de ver. (Algun día me entenderás) Mia y Sita...mmm que tema tan interesante, pero...algun día las volveremos a ver. Yo te aseguro eso ;).

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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.

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