Potter, así lo llamaban sus amigos del colegio; señor Potter, cualquier persona relacionada con la empresa; y Harry, solo Sirius, Remus y ahora… ella.

-Ginevra, mas respeto con el señor Potter – la regañó Arthur.

-¿Porqué?

-Porque es el hijo del señor James Potter ¿recuerdas? – Le contestó Charlie – no lo puedes llamar así por su nombre como si lo conocieras. No seas irrespetuosa.

Ginny no dijo nada y solo sentó justo frente a él.

-No, está bien, no hay problema. De hecho, ella ya me conoce- todos voltearon a verlo sorprendido- tuve un accidente recién llegué – les señaló el parche de la frente – y fue ella quien me atendió. De hecho, creo que a todos me los encontré durante el día.

-Bueno, a mi no – le dijo Molly con una sonrisa.

-No – también le sonrió Harry – pero probé su comida. Simplemente deliciosa, jamás había comido algo tan rico.

-Cuando me dijo Arthur que lo había invitado, preparé pastel de melaza.

-¿Pastel de melaza? No lo he probado, pero si usted lo ha preparado, seguro sabrá delicioso.

Molly le sonrió con nostalgia.

Todos empezaron a servirse de comer y hablar de diferentes temas. Arthur, Bill, Ron y Harry hablaban de la fábrica y los proyectos. Ginny comía pero disimuladamente veía a Harry hasta que sintió un codazo en su brazo.

-¿Por qué no me dijiste que el trasero que tenias en tu casa era del señor Potter? – le reclamó Fleur susurrando- pasé la vergüenza de mi vida. Solo espero que tu hermano no lo sepa.

-¿Qué andas viendo traseros de otros hombres?

-No, que era el trasero del señor Potter.

Harry ahora conocía un poco más acerca de la fábrica. No se comparaba para nada a lo que estaba acostumbrado hacer que era solo dirigir o bien, solo decir no o sí, y que los demás tuvieran las ideas. Arthur Weasley sabía demasiado acerca del negocio y notaba cómo Bill siempre le ponía atención a su padre en cada aspecto. Entonces ¿Por qué la empresa de Ottery estaba casi en la ruina?

Después de cantarle feliz cumpleaños a Victorie y abrir los regalos cada quien se fue a su casa. Amenazaba con llover y todos regresarían a sus casas caminando. Ginny ayudó a su madre a recoger toda la cocina, así que solamente quedaron sus padres, Bill con su familia, Harry y ella.

-Tenemos mucho trabajo, entonces – comentó Bill.

-Ha empezado a llover –se quejó Fleur – y Victorie ya está dormida.

-Deberían quedarse a dormir aquí – les dijo Molly – tu también, Ginny.

-No mamá, no puedo. Neville debe regresar a su casa y yo tengo que estar al pendiente de la clínica.

-Pero te vas a mojar mucho si te vas caminando.

-Vine en bicicleta.

-No estoy de acuerdo…

-Yo la puedo llevar – se ofreció Harry.

-No, señor Potter, no queremos molestarlo – le dijo Arthur – Ginny puede quedarse aquí – Ginny puso los ojos en blanco.

-No tengo ningún problema con llevarla, además sería de gran ayuda para conocer un poco mejor el pueblo.

-Se lo agradezco mucho, señor Potter – le dijo Molly viendo a su hija que sabía que de ninguna manera se quedaría en casa mientras alguien la necesitara en la clínica - ¿quiere llevarse el pastel de melaza?

-¿Puedo? – todos notaron como le brillaron los ojos a Harry, simplemente ese pastel era lo mejor del mundo.

-Claro que sí.

Llovía intensamente, así que Harry puso los parabrisas en el nivel mas rápido, pero curiosamente no soltaba el plato del pastel. Si de por sí no conocía el pueblo, menos con la lluvia y sin poder ver.

-A la izquierda- le dijo Ginny -¿Por qué no sueltas ese plato?

-Es el pastel que me dio tu mamá. Podría comerlo todo el día.

-Siempre decías eso – dijo Ginny muy despacio.

-¿Cómo?

-Nada ¿te siguió doliendo la herida?

-Me siguió doliendo la nalga.

-Lo siento – dijo Ginny riéndose – suelo ser muy buena inyectando, pero no soporto que alguien, que no sepa de medicina, me contradiga en mi diagnostico.

-Es que… yo no necesitaba la vacuna.

Ginny negó con la cabeza.

-Así que eres la hija de Arthur Weasley, por eso sabías lo que pasaba en la fábrica.

-Sí. Dale a la derecha- le indicó el camino. Harry reconoció en seguida donde se encontraba la clínica.

-¿Aquí vives? Pensé que solo era un hospital.

-Es una clínica. Mis hermanos me ayudaron a construirla, yo vivo en el desván y lo demás esta acondicionado como clínica.

-¿Quién te ayuda con el mantenimiento si no cobras las consultas?

-La secretaría de salud.

-¿La misma que no envía un doctor?

-Esa misma, por eso nunca se quejan cuando les pido medicamento.

Harry estacionó su auto frente a la casa de Ginny, esa con una imagen de cruz roja en la puerta.

-Ay no puede ser.

-¿Qué?

Ginny se bajó del auto dejando a Harry confundido.

-¿Qué haces aquí, Michael? – le gritó Ginny al hombre que estaba frente a su casa no importando la lluvia.

-Supe que fuiste a buscar a Dean.

-Si ¿y eso a ti qué?- le reclamó Ginny empezando a mojarse toda.

-¿Lo preferiste a él? ¿Por qué Ginny?

Harry se bajó del auto al ver que ese hombre empezaba a jalonear a Ginny.

-Michael, ya te he dicho muchas veces que no quiero nada contigo.

-¡Eso también le decías a Dean! ¡Y a él si vas a buscarlo!

-Fue a la ciudad y le encargue unas cosas para mi sobrina.

-¿Quieres que yo también vaya a la ciudad para que puedas ir a buscarme? – la apretó de los brazos.

-¡Ey, déjala en paz! – le gritó Harry.

-¿Tu quien eres? – Le preguntó Michael y después volteó a ver a Ginny furioso - ¿Qué haces en el auto de un hombre en la noche?

-¡Suéltala!

-¿Ahora también tengo que competir contra él para que me hagas caso?

-¡Que la sueltes! – le gritó Harry separándolo de ella.

-¿Quién te crees que eres, idiota? – Michael lo aventó pero Harry solo se movió un poco.

-Michael, por favor, vete.

-Primero me vas a explicar que haces en el auto de un desconocido.

-No tengo porque darte explicaciones a ti.

-Claro que tienes que hacerlo – de nuevo la jaló del brazo, pero Harry se interpuso entre ellos -¿acaso es tu amante?

-Déjala en paz, ya te dijo que te fueras.

Y sin más, Michael le estampó un puñetazo en la cara a Harry derribándolo contra el lodo.

-¡Michael! – Gritó Ginny pero no había pasado ni un segundo cuando Harry se había levantado y le había regresado el golpe -¡Harry!

Después de dárselo, Harry sacudió su mano por el dolor. Nunca había dado un golpe a mano limpia. Cuando estaba en el colegio tenía que hacer algún tipo de deporte, no era muy bueno en nada en especial, pero en una ocasión estuvo en boxeo y peleaba con guantes. Definitivamente no se comparaba el golpear sin ellos.

Empezó una pelea entre ellos bajo la intensa lluvia, ninguno daba su brazo a torcer. Ginny entró a la clínica a buscar a Neville para que le ayudara a separarlos, pero encontró una nota de él diciéndole que se tuvo que ir un poco antes. Volvió a intentar separarlos ella, pero era imposible. Ya los dos tenían cortes en la cara llenos de sangre que se mezclaban con el agua de la lluvia. No sabía qué hacer para separarlos hasta que vio su celular.

-¡Michael, sino te detienes en éste instante llamaré a Charlie!

Michael se detuvo. Charlie era policía y ya lo había metido a la cárcel un par de veces por ser un tanto agresivo y causar problemas a donde fuera, pero más por estar enamorado de su hermana. Sabía que Charlie aprovechaba cualquier situación para encerrarlo al menos un día.

-Te estaré observando- le dijo Michael a Harry apuntándolo con el dedo –y mas te vale que te mantengas lejos de ella ¿entendiste?

Michael se fue agarrándose la nariz que le sangraba. Ginny corrió hacia Harry, tenía miedo que Michael le hubiera abierto la herida de la frente.

-Dime que le rompí la nariz – le dijo Harry entrando a la clínica, sangrando de una ceja y de un labio, mojado y lleno de lodo.

-Por la forma en que sangraba, creo que sí.

-Espero que no lo vayas a curar – Harry la fulminó con la mirada mientras se sentaba frente a ella para ser curado.

-No, seguro buscará a Neville. Charlie lo tiene bien amenazado.

-¿Fue tu novio?

-No, claro que no – le decía viendo las heridas – te abrió la ceja, lo bueno es que no te hizo daño en la herida de la frente.

-Siento que me va a estallar la cabeza.

-Toma – le daba unas píldoras – son para el dolor.

Harry se las tomo mientras se dejaba curar por Ginny.

-No debiste meterte, mira como te dejó.

-Yo lo dejé peor – se defendió. La verdad es que siempre había estado acostumbrado a ganar y no dejarse de nadie, aunque nunca lo había hecho peleando a mano limpia.

-Hombres- negó con la cabeza Ginny – todo lo quieren resolver a golpes.

-Él empezó ¿Qué querías? ¿Qué me quedara de brazos cruzados? – le dijo molesto.

-Es mejor el diálogo.

-¡El me pegó primero! – le gritó.

-Bueno, ya – le dijo Ginny para calmarlo. Le puso alcohol en la herida.

-¡Ay, Ginny! – gritó enojado.

-¡Tengo que desinfectar la herida!

-¡Maldita sea! - Harry se levantó y pateó la puerta bajo la mirada molesta de Ginny – todo el día ha sido de mierda ¡Todo el maldito día ha sido una pesadilla, carajo!

Ginny bajó la mirada triste, para él había sido un día de mierda, en cambio para ella, había sido el día que había esperado durante 15 años. El día en que volvería a ver a su primer amor, el dueño de su primer beso, el día que él le había prometido que regresaría. Pero después de 15 años, Harry no recordaba nada, y no es que esperaba que él regresara derramando amor por ella, pero quería volver a verlo en su vida y recordar juntos las aventuras que tuvieron de niños. Sólo eso, porque estaba consciente que el futuro dueño de la empresa más grande de Ottery no se iba a fijar en ella. Fue por eso que ella, durante su estancia en la universidad, había tenido sus novios pero siempre recordando al primer amor de su vida.

-Debo cambiarme – le dijo Ginny dejando el algodón sobre la charola – creo que Neville tiene algo de ropa aquí, te buscaré algo para que también te cambies.

-Ginny – ella volteó haciendo hacia atrás su cabello completamente mojado- perdón, no fue mi intención gritarte. Tú… tú has sido muy amable conmigo y… perdóname, por favor.

-Supongo que no querías venir ¿verdad? – Harry no le contestó -¿te obligaron? – Él asintió y ella se vio sus zapatos que ahora estaban desechos – lo siento, supongo que si ha de ser una pesadilla estar aquí.

-Es… simplemente es diferente a lo que estoy acostumbrado.

-Lo entiendo. Vamos a que te cambies, no querrás agregarle a la pesadilla una neumonía ¿verdad? – le sonrió.

-No – le dijo con una sonrisa.

Ambos subieron al desván, Ginny tenía todo bien organizado en ese pequeño espacio: una habitación, un baño y una pequeña cocineta.

-Neville deja algo de ropa aquí, a veces nos ensuciamos nuestra ropa y tenemos que cambiarnos en seguida.

-¿Neville también es doctor?

-No, él se quedó a mitad de la carrera porque su abuela ya no pudo seguir pagando la universidad. Es muy bueno y me ayuda mucho. Está ahorrando para continuarla.

-¿Ahorrando? Pero si dices que aquí no cobran – le dijo Harry recibiendo la ropa que le daba Ginny.

-Trabaja en tu fábrica.

-¿En serio?

-Sí – sonrió Ginny sacando de su ropero ropa para ella- es el mensajero, pero como a veces no se necesita todo el tiempo ahí, se viene conmigo para ayudarme. El pobre vive corriendo todo el día.

-Aquí muchos hacen varias cosas a la vez.

-Sí. Cámbiate aquí, yo me cambiaré en el baño.

Harry empezó a cambiarse, volteó hacia enfrente de él y estaba un espejo. Ginny había dejado media abierta la puerta del baño, así que podía verla de la cintura para arriba, pero ella le estaba dando la espalda. Se había quitado la blusa mojada dejando descubierta toda su espalda. Su piel era blanca y hacia un contraste hermoso con su cabello. De pronto se imaginó besando sus hombros, su espalda, su cabello.

-¿Ya puedo salir? – preguntó Ginny.

-No – salió de sus pensamientos, Ginny ya se había puesto su ropa limpia y seca. Rápidamente se cambio.

-¿Te quedó la ropa?

-Un poco grande. Ya puedes salir.

Ginny salió del baño y se quedaron viéndose unos minutos.

-Realmente necesito curarte esas heridas.

-Lo sé, prometo ya no gritarte.

Mientras Ginny estaba concentrada curando las heridas de Harry, él la veía detenidamente. En la mañana no pudo darse cuenta de lo hermoso que eran sus ojos chocolate, las pecas que estaban esparcidas perfectamente sobre sus mejillas y su nariz; sus labios, rosados y carnosos.

-Ahora si te portaste bien- le dijo Ginny cuando terminó.

-¿Merezco una paleta?- le sonrió, aunque hubiera preferido decirle un beso en lugar de una paleta.

-¿No te basta con el pastel que te dio mamá?

-¿Te das cuenta del hambre que voy a pasar el tiempo que este aquí? Tus hermanos ya me mandaron pedir un microondas, así que estaré a base de una dieta rigurosa de comida congelada.

-Cuando quieras ir a casa de mamá, ahí siempre hay comida.

-¿Estarás tu ahí?

-Casi no voy a comer a casa de mamá – le dijo guardando el medicamento que utilizó para curarlo– no me gusta dejar sola la clínica, pero mis hermanos acostumbran comer con ella. Seguro que a mi familia les gustará que los acompañes a comer.

-Lo tendrá en cuenta.

Se quedaron un momento viéndose, Harry aun sentado en la camilla.

-Cuídate, Harry, espero que mañana sea un mejor día y puedas despertar de tu pesadilla.

Harry aun siguió viéndola – sí, gracias, aunque creo que ya estoy despertando.


Harry ya esta sintiendo mariposas en el estómago pero aun no recuerda nada.

Mil gracias por sus reviews, Potterheads hasta la médula jejeje.

Saludos.