tardé lo sé, espero compensarlo.
Review, plis:)
3. Edward
Sus ojos salpicaban ira, pero cuando vio miedo en los míos, retrocedió, de un salto hasta los pies de la cama.
— Lo siento. Ahora estoy como cuando te conocí, y esa herida no ayuda en nada— susurró con voz tensa mientras se acercaba de nuevo hacia donde estaba yo.
Me encontraba en un estado… estaba… ¡esto era una catástrofe! Mis manos estaban a cada lado de mi cabeza, donde él las dejó, y mis rodillas estaban flexionadas, hacia la derecha.
Respiraba entrecortadamente. Cada poco rato expulsaba un poco de aire. Este vampiro era tan letal como cualquier otro. Me acordé de la herida, y metí el pie debajo de la sabana, poco a poco, sin mirarlo.
Este vampiro lo vio, y volvió a acercarse a mí. A los pocos segundos, volvía a tener esos ojos negros, ya con el aro difuminado rojizo delante de mí. Estaba sediento, sí. Pero sobre todo de mi sangre.
— No me mates, por favor. — gimoteé.
— Bella, soy yo.
— No me hagas daño, no…— volví a pedir.
— Bella, ¡¿qué te pasa?!
— Tú no eres mi Edward… Tú eres Edward el vampiro.
— Y exactamente por eso me alejé de ti. — dijo confundido, mientras cerraba los ojos. Al cabo de los segundos, los volvió a abrir y el miedo y el deseo, junto con la añoranza se apoderaron de ellos.
Esas palabras me dolieron, e instintivamente, me llevé los brazos a mi herida del pecho, aquella que con Jacob debía sanar, ahora estaba supurando, supurando y sangrando.
— Bella, ¿De quién es esta camiseta?
Edward se envaró al recordar el olor de esa camiseta y se abalanzó sobre mí.
— Dime que no es de Jacob… dímelo…. ¡DIMELO!
Sabía que no estaba Charlie en casa, así que podría chillar.
— ¡Jake! ¡SOCORRO! — Chillé a todo pulmón— ¡Jacob, ayúdame! — empecé a sollozar, antes de que Edward me tapara la boca con una de sus frías y fuertes manos. Estaba segura que me los iba a acallar con uno de aquellos besos fugaces, de cuando él me amaba… pero yo me alejé.
— ¡Sal de esta habitación estúpido chupasangres! Ella no te quiere aquí, es más, ¡VETE LEJOS DE ELLA, SANGUIJUELA!
— Insulso, perro sarnoso… ¿Te crees que ella te ama?
— Jacob, sácame de aquí…. — bisbiseé, con el rostro todavía de ese vampiro hambriento frente a mí. Se estaba complicando todavía aún más las cosas…¿Y si decía la verdad? ¿Y si no salía… ilesa de aquí?
Jake casi voló desde la ventana hasta mi cama, sacó de un empujón a Edward, y me cogió, colocándome en su espalda. Le rodeé con mis piernas su cintura, y le pasé un brazo por debajo del hombro y otra por alrededor del cuello, ajustándolas a la altura de su pecho. Saltó por la ventana y mientras caía, me dejó un momento abajo, se alejó dos o tres metros y se transformó— con mucha facilidad—. Con el morro me acarició la mejilla. Se agazapó y me monté en su espalda. Corrió al bosque y yo cerré los ojos, aún así, no pude impedir que mis lágrimas cayeran a borbotones y mi herida me desgarrara por todo mi ser.
Todo lo que había soñado, que él volviera, había ocurrido. Pero no de la manera en que yo, me hubiese esperado. Ese fue el instante en que me dí cuenta de que si no fuese por Jacob, hubiese acabado como cuando James me llevó al estudio de ballet, o como Laurent me hubiese dejado, de no ser— de nuevo— por mi particular…LOBO. Pero no podía olvidar lo que sentí cuando le ví en mi cuarto, en esa ventana y lo que sentí cuando me quise abalanzar sobre él y acariciarle.
No podía más, no aguantaba sin ella, debía averiguarlo. Sólo hacia un minuto que había visto en la mente de Alice la visión, de que Bella se iba a suicidar. Se iba a tirar por el acantilado.
Me obligué a no mirar en su cabeza, a no estar cerca de nadie, pero su grito, el estridente chillido de Alice, fue lo que hizo que indagara en ella.
Entonces la vi, hablando sola… mirando al acantilado, vi como una lágrima caía de su rostro, y saltó.
Sólo iría a ver si seguía viva. Solamente iría a asegurarme si estaba viva. Si ella había rehecho su vida, me marcharía para no volver más. No me gustaría, seguramente, lo que vería, pero debía asegurarme de ello.
Fui, escuché a Charlie hablar con ella y me marché. O eso intenté, por que a medio camino volví a por ella. Entonces no estaba muerta. Cierta alegría me pasó por el cuerpo.
Estaba en su casa. Estaba con alguien. Pero no me gusto nada su compañía. Alice me había avisado.
—Edward, no vayas… no creo que te guste lo que veras…— me había suplicado Alice.
— ¿Esta muerta? Eso es lo único que me disgustaría.
—Anda con licántropos.
Entonces enfurecí. Fue cuando ella tuvo otra visión. Yo… en su casa, ella sangrando…una laguna oscura, lo mas probable por que estaría con un licántropo, una mirada furtiva… yo… otra oscuridad…
—Déjame…
— Edward no vayas, no podrás contenerte. — me volvió a suplicar con su angelical mirada.
— Alice, eso no funciona conmigo.
— Al menos prométeme que irás de caza primero. Al menos déjame que yo la llame. Déjame ayudarte.
— ¡No! — bramé— no hagas nada. Ni te acerques a ella.
Ahora estaba perdiendo los estribos.
Aguardé en la habitación de Bella, a que ese se marchase, pero no pude reprimir un gruñido, cuando noté el alegre repiqueteo de su corazón, cuando subía. Sólo significaba una cosa. Su corazón sólo latía de esa manera cuando se alteraba… y no creo que estuviesen discutiendo.
De pronto la oí decir algo.
— Jake, ¿eres tú? ¿Sabes que hora es? ¡No entres por mi ventana! Acabas de marcharte… ¿me deseas tanto como para volver a besarme tan pronto? — chilló Bella, con el latido aún más nervioso y seguramente, sonrojada, desde a fuera de la puerta.
Entonces sé que estaba con… otro gruñido salió de mi pecho. Debía detenerlo, pero mi autocontrol se estaba viendo desbocado, de nuevo, por ella. Debía haber ido de caza antes de venir, ya que hace bastante tiempo de la última vez. Me dirigí a la ventana, no soportaba más esta situación. No estaba muerta, había rehecho su vida, pero con él… agarré la camiseta, otra prueba, y la olí, su efluvio se entremezclaba con el de Bella… no podía más…
Abrió la puerta de un golpe y se le descompuso el semblante.
— ¡Qué haces tú aquí! —gruñó, mirándome, aunque yo miraba a la llovizna que caía.
Ya no soportaba más, iba a soltarlo todo.
— ¡Qué hace esta camiseta en tu cuarto!
Me giré a ella, y mi furia se desvaneció, al igual que la de ella. Vi como sus mejillas se tornaban de un color rosáceo. Corrió hacía mí, saltando todos los obstáculos— bambas, botas…— hasta que tropezó con la cama y antes que cayera, la agarré.
— siempre tan… pulcra caminando — susurré.
— Ed… Edward… ¿eres tú? — espetó. Tenía los ojos casi llorosos y, aunque no pudiera leerle la mente, sabía que me añoraba. Al igual que yo.
Pero… su aliento… pegado en mi cara. Debió de ver en mis ojos que…— ¿Cuándo fue la última vez que fuiste de caza?
Calculé mentalmente cuando pudo ser.
— Creo que… hace… tres meses.
Pero fue demasiado tarde. De la pierna empezó a salir una exquisita y roja sangre. De repente, al dejar la puerta entreabierta, hubo una corriente de aire, y su olor, ese apetecible olor, volvió.
— No…— musitó con miedo.
— Mmm.... Bella… ahora es mucho, mucho más difícil contenerse. — el monstruo que intentaba impedir que saliera, salió, con una gloriosa sonrisa… su sangre… después de seis meses, ya no estaba inmunizado, también se le sumó los pocos antecedentes de caza, y su siempre irresistible olor. Mi pechó empezó a dar señales.
— No me hagas daño— dijo asustada.
Intentó zafarse de mí, pero fue en vano, ya que mi fuerza no era nada comparado con ella, más ahora me dominada mi instinto depredador, que mi autocontrol, o lo que quedara de él. La tenía cogida desde la cintura y de la mano. Cogí una gran una bocanada de aire y gemí. Mm… irresistible, pensó mi fuero interno
— no me mates.
— Bella… sabes muy bien, que no puedo… Ag.. No puedo ¡más!
La tiré hacía la cama y la olor de su herida llegó mas fuerte a mi nariz. La garganta me estalló de ardor. Me abalancé sobre ella. Ahora dominaba mi cuerpo el ser más… salvaje e instintivo que había en la faz de la Tierra.
La lancé contra la cama, poniéndome encima de ella. La deseaba, la deseaba demasiado. A ella y a su sangre. No me podía contener. Si hubiera rehecho suvida con cualquier otro… Sí, no estaría tan protegida… pero con un nuevo licántropo, tan salvaje… tan… ¡NO! Sí, estaba celoso, celoso y preocupado.
La miré, y mi ira cayó como un rayo sobre ella. La herida no hacía nada a mi favor. De nuevo esa olor… OH... Bella… ¿por qué tienes que ser tan…. provocativa? ¡Cállate Edward y concéntrate, habla con ella y márchate! Me obligué a mi mismo.
Intenté decir algo… pero no necesitaba leerle la mente para saber que estaba aterrada. De un salto, estaba en los pies de la cama.
— Lo siento. Ahora estoy como cuando te conocí, y esa herida no hace nada— susurré. No pude esconder la tensión que vagaba en mí.
Intentó esconder la herida debajo de la sabanaza, pero mi increíble visión, alcanzó ese movimiento. Respiré hondo. ¡Pero no respires, imbécil! — me chilló una voz, antes de que se me cortara la inspiración.
— No me mates, por favor.
— Bella, soy yo. — intenté convencerla. En vano.
— No me hagas daño, no…— volvió a pedir.
— Bella, ¡¿qué te pasa?! — me estaba poniendo demasiado nervioso. ¿Me había dejado de querer? ¿La había asustado tanto que… que… no quería saber nada de mí?
— Tú no eres mi Edward… Tú eres Edward el vampiro.
Aquello me descolocó. Todo el tiempo que pasé con ella, intentando que ese lado de mi desapareciera, ahora, había sumergido y por fin, aunque no para mi gusto, Bella se había dado cuenta que no estaba a salvo conmigo. Al menos eso era posivito, creo.
— Y exactamente por eso me alejé de ti.
Respiré.
— Bella, ¿De quién es esta camiseta?
Recordé el olor y no pude retenerme a lanzarme a ella. Éste sería la última vez que la vería, y debía saber que era lo que sentía, pero la furia me nublaba la coherencia.
— Dime que no es de Jacob… dímelo…. ¡DIMELO!
— ¡Jake! ¡SOCORRO! — chilló todo lo que pudo— ¡Jacob, ayúdame! — ahora sí que estaba seguro de que estaba aterrada. Llamar a… no puedo ni decir su nombre, para salvarle… ¿de qué? ¿de mí? ¡Pues claro! ¡Soy un vampiro! Y él un nuevo hombre lobo, no se lo que era peor. Otra oleada de ira me abarcó.
Le tapé la boca con un fugaz beso, pero se apartó y rápidamente lo hice con una de mis manos. Eso me destrozó. ¿Pensaría ella que la iba a morder?
Oh no… ese olor ¡puaaj!
— ¡Sal de esta habitación estúpido chupasangres! Ella no te quiere aquí, es más, ¡VETE LEJOS DE ELLA, SANGUIJUELA! — chilló Jacob, desde la ventana.
— Insulso, perro sarnoso… ¿Te crees que ella te ama? — sabía perfectamente, por la mirada de Bella, que no le amaba. Quizá si le gustaba, pero nada comparado, con lo que un día, me pudo querer. No era creído, pero eso lo sabía de sobras.
— Jacob, sácame de aquí…. — bisbiseó. Todavía tenía sus labios a un paso, y quizá con un beso lo arreglaría…
— ¿piensas que ella te dejará Edward? — pensó Alice. Alice… le dije que no viniera.
Jacob me empujó en esta distracción y acabé en la pared más alejada de la cama. La cogió, colocándola en su espalda. Saltó por la ventana y ya no vi nada más.
Caí de rodillas… ¿o ya había caído, cuando me tiró ese perrucho?
— Alice, déjame…— sabía que estaba ahí, me estaba atacando mentalmente.
¿Pero se puede saber que pensabas? ¡Que hacías¡
— Sólo ver si estaba viva— se mofó con el mismo tono sombrío en que se lo dije.
Estaba medio sonámbulo… quién lo diría, un vampiro muerto. Me reí mentalmente de tal chiste.
Me llevó hasta la mansión, y ahí estaban todos.
