Bueno ya se hace mas y mas corta la espera para ver de Punisher y por la cosas que salen de la serie creo que cada día la emoción me puede, ya deseo ver a Frank en solitario. Sobre el capitulo que puedo decir, solo una cosa: Crudo, es bastante crudo y puede ser algo agridulce.

En este capitulo Beguile pone una canción y en vista de que creo que hacen mas amena la lectura, la coloco. ¡Espero les guste!

ESTO ES UNA TRADUCCIÓN AUTORIZADA DE LA HISTORIA ORIGINAL "IT TAKES A VILLAGE" DE BEGUILE

Esta historia esta basada en la Serie de Netflix: Marvel's Daredevil, mas específicamente en la SEGUNDA TEMPORADA. Así que CONTIENE SPOILERS ¡Todos advertidos!

Disclaimer: Los personajes, las licencias y conceptos mostrados en esta historia son propiedad de Marvel y sus asociados. Al igual que la idea y la historia son propiedad intelectual de Beguile. Este es un intento novato de traducción con el propósito de entretener.

¡Sin mas a leer!


"Mis demonios me están pidiendo que abra la boca
Los necesito, hacen que mecánicamente salgan las palabras

Ellos me combaten, vigorosos y enojados, los veo atacar
Enciéndeme, lame las llamas que ellos provocaron"

Halsey - Hold Me Down


Capitulo 3. Hold Me Down

Había un montón de sangre en el cuerpo de Matt y la mayoría de esta no era suya. Un buen porcentaje de esta estaba siendo bombeada hasta su brazo derecho, era pesada y caliente. No necesitaba seguir aquella manguera para saber a quien estaba conectada, sin embargo lo hizo. No fue sorpresa que la mano asesina de Frank envolviera su muñeca y enviara su brazo de vuelta a la mesa.

"Aun soy yo, Red", Significaba que ya habían tenido esta conversación una vez antes. Matt quiso decir que no lo recordaba, pero entonces no recordó lo que le iba a decir.

Matt se sintió sumergido por dentro. En un principio demasiado vacio, ahora demasiado lleno de sangre y plaquetas y agua salada. Su piel estaba teniendo problemas para retenerlo todo, y mientras su espinilla se encontraba abierta de par en par, sin alguna posibilidad de escapar. La medico tiene sus manos dentro. Pinzas de metal abrieron su musculo; un escalpelo que quitaría el tejido. La mujer tomó una larga tira de carne fuera de su hueso y dejó una herida abierta que se sentía como si una roca royera sus huesos.

El dolor desapareció en cuanto Matt trato de enfocarse. Sabía que le pertenecía, que esos nervios cortados aun permanecían atados, pero el dolor era voluble y fugaz. Primero su pierna, luego su espinilla, luego su cabeza, luego su pecho, y se fue. Lejos, muy lejos, mientras Frank revisaba su pulso y la doctora aplicaba una serie de suturas sobre el metal que usaría para unir.

"No soy una mala persona" Ella dijo.

Frank no respondió. La escuchó, eso era seguro. Puesto que el dedo que usaba para disparar se encogió contra su pierna, el tendón cobró vida como si fuera a hacerlo. Aunque no dijo nada, así que la doctora trató de nuevo, mas fuerte esta vez, "No soy una mala persona".

El dedo que usaba para disparar no se encogió esta vez, pero solo porque no estaba entrenado para disparar más de una sola vez, "Nunca diga lo que nunca fue, Doc.".

"Dijo que iba a matarme" Comentó la fémina. "Usted solo mata a las personas malas"

"Me va a decir que usted no lo merece, ¿Haciendo las cosas que hace? ¿Arreglando a montones de mierda para que sigan siendo lo que son?" El corazón de la mujer se estremeció en el siguiente par de latidos. Frank presionó mucho mas, como si pudiese oír su culpa, como si esta se sintiera digna de castigo "Pensé que hacía un juramento o algo: No dañar. Pero usted arregla tipos y estos salen a dañar a más personas. Allí es donde lo jodió Doc.".

Matt giró su cabeza en dirección a Frank, gruñendo, "Detente. Detente, Frank" Llevó su mano para lidiar con el problema, antes de que su cabeza se moviera en la dirección opuesta. Toda su percepción daba vueltas. Las drogas le dejaban dando vueltas entre círculos y espirales. Tan solo salió de su estado ante el sonido de Frank: Pues Frank escupía palabras como animales cayendo de las ruedas de un auto, "¿Y usted qué? ¿Tiene familia? ¿Tiene amigos? ¿Acaso la mafia va a matarlos si no hace esto? Nah. la muchedumbre le gusta Doc., nadie le obliga. Eso no le hace mala persona, tan solo tomó malas decisiones. Primero, por involucrarse con la mafia, y segundo por ser lo suficientemente buena como para dejarme pasar por su puerta".

La mujer permaneció callada, trémula. "Por favor", rogó, "Por favor no me mate"

Frank no dijo nada. No hizo nada. Tan solo permaneció al lado de Matt, transfundiéndole sangre de su brazo.

La doctora siguió trabajando. Con sus manos que permanecían fuertes sobre su rodilla y tobillo.

Un enfermizo y múltiple crujido hizo eco en los oídos de Matt, como un disparo, y el dolor regresó. Regresó con furia, estaba en todos lados, y de nuevo se desvaneció.

Cuando Matt despertó la doctora ya se había ido. El aroma de la muerte pululaba bajo sus pies, flotando desde una carcasa fría y muerta del suelo, cubierta en una nube de sangre y residuos de disparos. Él no podía percibir ningún otro latido salvo el suyo propio, rápido y temeroso bajo su pecho.

"Frank", su voz estaba hinchada a causa de los fluidos extra que palpitaban bajo su cuerpo. Los que absorbía, como una vieja esponja, y sin la anestesia nublando sus sentidos y manteniéndolo fuera de sí "Frank... Dios mierda, Frank..."

Alzándose. O cayendo. Matt no estaba seguro de ello. Solo de que se estaba moviendo en la única dirección que podía, y el hacerlo era horrible. La máscara se deslizó de su sudorosa y ensangrentada cara. Su pecho le quemaba. El área bajo su rodilla picaba demasiado, burbujeando entre los apósitos de tela que cubrían toda la longitud de su pantorrilla. Trató de medir esa incisión en pulgadas, y cuando falló, contabilizó los segundos que dedicó a escuchar, a sentir. Perdió la cuenta también. Solo cuando dejó de concentrarse, la respuesta vino a él a través de su nublada percepción. Del tobillo a la rodilla, su piel palpitó suavemente. Del tobillo a la rodilla, de anterior a posterior: Una pobre cruz dibujada en su carne destrozada.

Entonces Matt pasó una mano temblorosa sobre su rodilla. El dolor y las nauseas le invadieron al roce. No pudo reconocer aquel muslo o su sensación, pero era el suyo. Unido de manera experta, por dos gruesos vendajes y un par de maderas reutilizadas mientras su doctor yacía inerte en el piso.

"¡FRANK!" Tragó con fuerza para contener el vómito "No lo hiciste...no lo hiciste...Dime que no lo hiciste..."

La puerta se abrió entre un torbellino de balas y manchas de sangre. "La Doc, dijo que podrías estar despertando". Demonios, Frank sonaba casi que alegre. Con su respiración acelerada. Matar siempre lograba eso en él.

Matt empujó la mesa, con el cuerpo en piloto automático. Su pie derecho le atrapó en cuanto tocó el suelo, gracias a Dios, porque sus brazos no eran de mucha ayuda. Tampoco lo era su pierna izquierda, con todas las cincuenta toneladas que pesaba, que caía como un ancla y arruinaba todo a su paso.

Agarró a Frank. Aunque no sabía como lo hizo (las leyes de la física le jugaban bromas o quizá era él quien le jugaba bromas a estas) pero luego de todo eso estaba de nuevo sobre la mesa, el viento le golpeó. Las costillas rotas se clavaron en sus pulmones. Sus manos se agarraron a al chaleco antibalas de Frank, y no le dejó ir. "¿Por qué lo hiciste Frank?" demandó con brusquedad, sacudiendo las piernas. "¿Qué demonios hizo para merecerlo?"

Frank gruñó. O al menos, eso es lo que Matt pensó. Difícil de saber cuando sus pulmones le torturaban mucho más que sus propios nervios. Allí es cuando Matt no tenía la certeza de cuando fue atrapado. Frank colocó su brazo alrededor de sus rodillas, "Cálmate, Red"

"¡Ella salvó mi vida! ¡Ella salvó mi puta vida!"

Su voz se cortó. La bilis recorrió su esófago. Matt recurrió a golpear para mostrar su punto. Golpeando el aire la mayoría de las veces, hasta que sus nudillos aterrizaron en la tráquea de Frank. Frank tomó sus costillas rotas a modo de represaría. Dejando que el poco aire que emergió de la boca de Matt saliera en un grito, el cual Frank no demoró en callar con una de sus manos; Matt continuaba golpeando y conectando golpes, pero Frank los absorbía de la misma forma que hizo con la bala incrustada en su cerebro. Aquel hombre recolectaba daños y se los devolvía sus enemigos en forma de balas.

"¿Acabaste?"

Matt no había acabado. Por lo que se lanzó hacia los hombros y el rostro de Frank, ignorando la creciente insistencia de su pierna por PARAR.-Para por favor para-. "¡Eres una mierda Frank!" fue devuelto nuevamente a la mesa. Su pierna quemaba, gritaba y lloraba. No por Frank, exactamente. Sino por Matt que no paraba. Que no podía parar. Incluso cuando Frank lo retenía.

"Detente, Red", era una orden. "¡DETENTE! Puedes parar con calma o yo te haré parar. Tú eliges".

Esa no era una elección, no para Matt. Gruñó, antes de morder el brazo de Frank. Este se quejó por ello, en una especie de -hazlo a tu manera- no verbal. El Punisher liberó el cuello de Matt y este se lanzó al otro con todo lo que tenía.

Arriba se volvía abajo. Y Matt no pudo explicarlo, pero en lugar de caer sobre Frank, terminó de vuelta en la mesa con un brazo alrededor de su cuello, su cabeza golpeó contra el pecho de Punisher. Sin poder encontrar la forma de sus piernas, ya que se encontraban atrapadas entre el brazo de Frank. No lo hacía para protegerse a sí mismo, pero si para proteger la pierna de Matt: La inútil e hinchada pierna de Matt, aquella que se sacudía tras de él, mientras trataba de golpear o codear a Frank con la poca fuerza que le quedaba.

Punisher sonó casi que aburrido, "Para, Red. Joder para".

Pero Matt no podía parar mas de lo que podía respirar. La futilidad de la situación se sentía distante, enterrada bajo las miles de millas de la sangre de Punisher que ahora palpitaba por su cráneo, la agonía de su pierna, su puta pierna, aquella que no perdió, pero que dolía, que dolía demasiado. Casi tanto como el sonido de ella en su oído "Te tengo, Matthew", luego todo se fue a rojo, blanco y negro.

Distante, su consciencia volvió en cuanto Frank aflojó el agarre de su cuello, con el aire bajando lentamente de sus pulmones. Sus piernas descendieron lentamente al suelo, la izquierda haciéndolo en absoluta agonía. Una mano se puso junto a su boca revisando su respiración. Matt gimió débilmente, sintiendo que se desvanecía.

"Estás bien, Red. Estás bien. Dios, joder, estás bien" Frank se encogió, paseándose inseguro por el lugar. Mientras Matt no sabía a quién trataba de convencer. Escuchó a Frank tirar del cadáver al pie de la mesa para conseguir la ropa que le cubría la espalda un segundo después.

Matt tomó esto como una señal para desvanecerse.

El auto sonaba de tal forma que a Matt le parecía tranquilizador. Abrió los ojos ante el sonido de la lluvia golpeando la ventana, el chasquido que producía el limpiaparabrisas y el movimiento que coincidía con la inercia de sus propios pensamientos. Allí no tenía nauseas ni mareos. Por lo que Matt se acomodó en el asiento trasero, escondido bajo el abrigo de Frank, con la pierna enfundada y elevada por su armadura.

Estaba drogado de nuevo. Lo suficientemente suave como para que pudiera notarlo, o quizás era el auto, pero estaba tan agotado y somnoliento que no le molestó ser el pasajero de Frank Castle después de haber sido estrangulado hasta la inconsciencia.

Y hablando de Frank. "Tú no..." su boca estaba seca. Matt se lamió los labios, trató de nuevo, "No tenías que matarla"

Entonces Frank soltó un pequeño, casi inaudible suspiro, el cual Matt no comprendió el porqué lo retenía. O al menos así fue hasta que la suavidad del medicamento tomó un nuevo significado. El Punisher estaba preocupado por la dosis. No por el estrangulamiento. Escondiendo su preocupación bajo una actitud dura, "Nunca tengo que matar a nadie, Red. Yo lo tomo. Yo elijo"

Los ojos de Matt se llenaron de lágrimas. Demonios, las medicinas. El cansancio. El sutil ardor de los músculos desgarrados y la piel abierta bajo su rodilla. "¿Te sientes bien con esa elección? Esa joven médico salvo mi trase..."

"No recuerdo que ella alzara la viga sobre tu pierna, o que cargara tu culo a través de Hell's Kitchen"

"¡Salvó mi vida!"

"Hizo un buen trabajo con tu pierna, y le agradezco eso. Incluso se ofreció a coserte cuando la hinchazón bajara"

Era un buen contraataque, revelado estratégicamente cuando Matt no era capaz de luchar de vuelta, "Ella no merecía morir Frank"

Frank se burló, "¿Merecía vivir? ¿Pagando la escuela de medicina con remiendos que hacía a tipos de mierda, quienes salían para mandar a mas personas al hospital? El infierno es un modelo de negocios, Red".

Matt podía percibirla vívidamente gracias a la magia de los medicamentos. Su palpitante miedo dentro de la habitación. Su cuidadoso, y medido tono. La gentileza de sus dedos al interior de su musculo. La manera en la que rogó, en voz baja para que no se molestara. Lagrimas cayeron sobre su barba, no podía detenerlas, no podía borrarlas, no podía salvo odiar su pierna, odiarse a sí mismo, odiar a Frank. Trató de arrancarlas de su memoria, de aquella voz temblorosa de la mujer, preguntando "¿A donde vamos?"

"¿Tienes algún lugar a donde ir, Red?"

Su corazón palpitó en deseo por un momento. Solo por un momento. Pues era mejor de esa forma. "No".

"¿No mas justicieros a quien defender? ¿Algún testigo al cual tratar con hostilidad?"

El otro frunció los labios, "No desde tu caso, Frank". Y ellos no tendrían esa conversación si él hubiera hecho bien su trabajo desde el principio.

Frank no se percató de lo que el otro tramaba, o en realidad, no le importaba. Estaba muy ocupado como para ser impresionado. "Da igual, una cosa. ¿Desde hace cuanto estás ciego?"

"Mucho mas de los que pude ver", Matt hundió su cabeza mas profundo dentro del asiento. El cuero se adoptó a su cuero cabelludo. Adoptando la forma de su cabeza y cabello.

"¿Y alguien te enseñó a pelear de la forma en la que lo haces?"

Matt no quería tener esa conversación, "¿Qué fue lo que dijo la doctora?"

Antes de que muriera. Antes de que Frank la matara.

"Doc dijo que no deberías de alzar peso" entre un montón de otras cosas -Por favor, por favor no me mates- era lo mas notable para Matt. "Por no mencionar el reposo absoluto que debe tener tu pierna hasta que la cierren. ¿Tienes con quien quedarte? ¿Alguien que conozcas?"

Foggy. Karen. Claire.

"No".

"¿Y qué tal ese abogado amigo tuyo?"

"No".

"¿Tu secretaria?"

"No. No hay nadie Frank". Le gustó como sonó eso, en donde no había nadie. Era familiar, como un puño en los intestinos o un gancho a su mandíbula. El silencio duro de Frank le golpeó con la misma fuerza bruta, y Matt necesitó entonces salir de ese auto. El aire estancado, el suave movimiento: era complaciente y dócil, y él no podía ser ninguna de esas cosas cuando estaba en desventaja. El varón limpió el polvo de sus hombros, pese a lo hinchado de sus costillas y la camiseta de la persona muerta que llevaba puesta. "Tengo un sitio".

"No voy a llevarte allí, Red, no mientras tú no tengas quien te ayude a lidiar con esto".

"¿Desde cuándo te importa?"

"No jodí mi culo para salvar esa pierna tuya. La última cosa que quiero es que jodas todo el trabajo al dejarte solo en tu apartamento", Frank descendió en un silencio propio de un militar. La pierna de Matt era su nuevo trabajo, y nadie debía meterse entre un marine y su trabajo. Tan solo rompió su estoica actitud, para preguntar, "¿Es en serio? ¿No hay nadie a quien pueda llamar?"

"No".

Frank se burló. "¿Qué?" Preguntó Matt.

"Todo lo que hablas sobre... sobre la esperanza y las segundas oportunidades, hasta tu jodido traje de Santa Claus para luchar ¿Y todo lo haces por tu cuenta?" Frank rió. Pero su risa era fea, misteriosa. Todos los ingredientes para una risa, pero no para una ligera. "Qué demonios te pasó, Red. Qué demonios te pasó".

Una declaración, más no una pregunta, una que estaba más cerca de la verdad de lo que Matt quería admitir. "¿A dónde me llevas?"

"A mi sitio", Frank dijo.

"¿Tienes tu propio sitio?"

"Sí, tengo mi propio sitio".

"¿Dónde es? Donde uh... ¿Dónde estamos ahora?"

"Al norte por Malcom X", y Frank solo lo dejó en eso.

Matt trató de averiguar más, "¿Harlem?"

"Por ahora"

No entró en pánico. Las drogas no se lo permitieron. "¿Vas a decirme a donde vamos?"

Nada. Nada cambió en sus latidos, nada de culpa sobre el secuestrarlo, nada: Frank Castle parecía una estatua en el asiento de conductor. Matt respiró profundo, tratando de no entrar en pánico, tratando de no pensar en la ciudad que se alejaba y de que no tenía ni idea de cómo saber a dónde se estaban dirigiendo. Se enfocó en memorizar los movimientos. Frank giró a la derecha bruscamente. Un puente, Ellos estaban en el Bronx. Matt jadeó para respirar, sintiendo nauseas, "Podrías uh... ¿Podrías romper una ventana, Frank? Necesito... Necesito algo de aire"

Matt se inclinó hacia atrás. No habían ventanas automáticas en su auto; por lo que gruñó a su manera mientras rodaba la manija. La lluvia y el frío entraron dentro de la cabina. Entonces Matt pudo oler el rio Harlem el cual daba paso a olores urbanos: a viejos edificios, edificios desmoronados; vapor y alcantarillas. El fuerte aguacero que caía al sur del Bronx. Él podía escuchar el auto pasar a través de los edificios pero no podía percibir cuanto medían, y la temperatura había bajado hace ya mucho.

Matt aproximó su mano con debilidad en un intento por cerrar la ventana de nuevo. Un par de inútiles intentos luego, la mano de Frank reapareció. Y volvió la ventana a su posición original.

A la derecha, dos bloques, a la izquierda, cuatro bloques... ¿o eran tres? Matt sacudió la cabeza, pero sus pensamientos no se aclararon. El movimiento, el calor, y las drogas conspiraban para mandarlo a dormir de nuevo sin importar lo mucho que él se negara.

Su pierna vino al rescate, doliendo poderosamente en anticipación en cuanto Frank giró en dirección al lote de aparcamiento. Matt siseó, sosteniendo sus costillas para soportarlas y alzando su pierna tan alto como le era posible con tanto movimiento. "Ya casi llegamos", Frank le dijo, pero pasó una eternidad antes de que el auto se detuviera.

Matt no tuvo entonces una oportunidad siquiera para pensar en luchar. La puerta se abrió sobre su cabeza. Con este tomándole por los hombros y sacándole del vehículo hacia el torrencial aguacero. Se empapó de inmediato, pero Frank continuó enrollando el abrigo sobre él, antes de ayudarle a salir del auto.

"Hay una escalera allí", dijo Frank. Matt trató de encontrarla pero sus sentidos estaban abarrotados, entrecortados por la lluvia, por las gotas sobre su piel, y los truenos en la distancia, Frank junto a él, su pierna quemaba, su pierna se destrozaba. Se detuvo por unos instantes y colapsó contra la pared de ladrillos del edificio de apartamentos de Frank. Los gemidos se convirtieron en pequeños gritos. El musculo pinchaba de esa forma en su piel, y Dios, Dios, por favor, Dios, por favor. Matt no tenía ni la remota idea de que era lo que estaba rezando, tan solo quería que Dios interviniera.

Entonces el Punisher le tomó por debajo de los brazos mientras se agachaba. La lluvia cubría misericordiosamente su llanto, pero Frank lo sabía. Su pulso estaba descendiendo, una marcha fúnebre. Empujó la puerta abierta, y Matt se dejó entrar.

Castle puso de nueva cuenta el brazo derecho de Matt sobre su hombro, cargando casi que todo su peso sobre el piso de baldosas. Una escalera atrapó el eco de sus pisadas, y Matt difícilmente pudo distinguir a otros por los latidos de sus corazones. Frank tenía vecinos. Dos o quizás tres. Uno de ellos cocinaba comida italiana y otro jugaba a deformar a Bach en un tocadiscos.

El escalón apareció a sus pies. La cabeza de Matt cayó. Hasta que su mano encontró el barandal. Cada pulgada de él, cada célula estaba vacía y cruda, pero en lugar de arrastrarse por los suelos y morir él se levantó. -Un paso, dos pasos- aferrándose mas y mas fuerte de Frank, sosteniendo cada vez menos su propio peso. El dolor se borró del mundo por varios latidos. Sus gemidos y maldiciones se entremezclaron con la insistencia del otro por decir que todo estaba bien, que casi llegaban. -Demonios, Red, respira-. Y cuando pensó que no podría mucho mas, cuando pensó que podría morir entre fuego y furia en medio de las escaleras, Matt tocó el pasillo y caminó mas cerca de algún jodido Dios.

Una puerta se abrió en medio de su camino. Los oídos de Matt se inclinaron hacia esta, menos de forma voluntaria y mas como un resultado del cansancio. Por lo que no pudo conseguir mas que una respiración escalonada y unos acelerados latidos antes de que la puerta se cerrara de nuevo. Cello Suites saltó en el tocadiscos, entonces siguieron.

Matt mordió entonces su labio inferior, su secreto más profundo. Alguien los vio. Alguien lo vio y ellos pretendieron que no había sido así.

Frank se detuvo de repente, buscando en el bolsillo oculto que tenía el abrigo que llevaba. Tomó una llave, abrió la puerta, y tiró de un colgante Matt al interior.

Tan pronto como la puerta se cerró tras ellos, la pierna buena de Matt se rindió, decidiendo que ya había sido demasiado por hoy. "No aquí", Frank le dijo, tirando de él un par de pasos mas, y es allí cuando Matt cayó sin gracia sobre una eslinda de lona. Un catre militar con almohadas militares y sabanas que se sentían como metralla sobre sus manos.

Arriba, Matty: Hay trabajo por hacer. Pero él no se levantó. Sus brazos yacían ahí, sus piernas yacían ahí, yacía allí hasta que Frank apartó el abrigo de sus hombros. Hasta que Frank le recostó de espaldas. Hasta que el otro elevó su pierna destrozada. La sangre comenzó a correr de vuelta a su pecho y cabeza. Allí fue que Matt permaneció tambaleante en el espacio en ruinas de Frank, mareado, ciego y jadeante.

"Vuelvo enseguida", Frank le comentó.

"Estoy bien", Matt balbuceó, mintiendo. Demasiado tarde. Frank se había ido. Fuera del edificio y de vuelta a la lluvia mientras luchaba con las chirriantes puertas de su auto.

Aquella habitación robó su irregular respiración y continuó oculta, inaccesible para él. Matt sacudió la cabeza, esperando encontrar un mejor ángulo, pero aquel espacio era tan Frank, tan jodidamente Frank, que guardaba todos sus secretos. Aquel que le había dejado solo con su dolor, sin tener idea de donde se encontraba en aquel apartamento. Sin idea de en que parte del Bronx se encontraba el edificio. Estaba atrapado en el segundo piso de un edificio, adolorido, usando la ropa de un cadáver, con una pierna rota y con Frank Castle como compañía.


Y ¡El tercero llegó! La verdad es un capitulo que a mi parecer muestra un moco mas las dinámicas entre Matt y Frank, y de la forma en como se entienden y se atacan ¡A mi eso me encanta!

El cuarto no tardará en llegar.

Pd: Y es la hora de las preguntas ¿Cómo se imaginan la serie de Punisher? Yo por lo menos la quiero cruda, sanguinaria, llena de esa violencia primitiva y casi familiar de Frank, quiero crudeza y sería feliz si esta se desarrollara justo después de donde acabó Defenders, pero sin que tenga que ver con cosas místicas como La Mano ¡Frank merece algo mas propio de él! Pueden dar su opinión con un review