-Capítulo 4: La heredera de Slytherin.

Dijo Slytherin: "Nosotros solo enseñaremos a aquellos cuyos ancestros puros son".

- ¡Despierta¡Niña, despierta!

La joven empezó a oír esa voz que la despertaba todas las mañanas. ¿Todo habría sido un sueño? Si así era no quería despertar, así que ignoró la voz que la llamaba. Sentía su cuerpo dolorido y mucha hambre, pero no quería despertar. Se negaba a volver a aquella vieja casa en la que había estado recluida, en la que no tenía amigos ni nadie la quería.

- Despierta de una vez – volvió a oír. Esta vez abrió sus ojos y la luz del Sol la deslumbró. Pudo ver la cara de un anciano, de un anciano totalmente desconocido para ella. Era un mendigo que estaba muy desaliñado y vestía con un sucio y raído abrigo marrón. En la mano tenía una botella y la miraba muy enfadado.

- ¿Dónde estoy? – preguntó la niña a aquel hombre, mientras se sentaba en el banco.

- Estas en mi banco, es mi banco del parque. ¡Lárgate de aquí!

Ella se levantó corriendo y salió a paso ligero del parque. No quería tener problemas con nadie, y menos con ese vagabundo con graves problemas de halitosis. Caminaba entre las flores del jardín, y miraba expectante todo aquel espectáculo de colorido y luz, que no había visto nunca.
Siguió por la calle hasta llegar a la estación King Cross, donde había gran barullo de personas.

Ella se preguntaba que hora sería ya que el tren salía a las 11 de la mañana y después de todas las molestias que le había causado llegar allí no quería perderlo. Estuvo dando vueltas entre los andenes 9 y 10 y pudo ver en un gran reloj que eran las 10 de la mañana, pero no veía ningún andén 9 ¾ por allí.

La joven se estaba cansando de aquello. ¿Sería una broma? Después de todo lo que había caminado a través de la estación le dolían mucho los pies. Se preguntaba si tendría alguna piedra en el zapato, así que fue a apoyarse a una de las columnas de ladrillo para quitarse el zapato, cuando de pronto cayó al suelo.

No comprendía que había pasado, que extraño... estaba de cara a una pared. Cogió su zapato y lo volvió a poner a su sitio. Había atravesado el muro.

Se levantó lentamente tocándose el trasero a causa del dolor producido con la caída y cuando se dio la vuelta pudo ver un enorme tren negro y rojo que escupía vapor, en cuya locomotora ponía con grandes letras: Expreso de Hogwarts.

Mientras miraba impresionada el enorme y largo tren, sintió como algo chocaba con su espalda. Miró hacia atrás y pudo ver a un niño de pelo oscuro y ojos grisáceos que conducía un carrito lleno de bultos y baúles. Este niño se la quedó observando fijamente con una extraña mirada, cuando dijo:

- Lo siento – y se dirigió hacia el tren.

Ella siguió a aquel chico y se metió en el expreso y vio un largo pasillo lleno de niños iguales o mayores que ella. Los niños reían, gritaban y hablaban sin parar. Pasó a lo largo del pasillo hasta que encontró un compartimiento que estaba solitario al final del tren y allí se sentó al lado de la ventana. Una extraña sensación empezó a invadir su alma. Estaba muy nerviosa, no sabía lo que pasaría a partir de ahora. Para tranquilizarse un poco sacó de su bolsa una pequeña burbuja de cristal. La burbuja, que había cogido de la estantería de la casa de su padre, comenzó a levitar en su mano hasta llegar a la altura de su cabeza, cuando de pronto la puerta se abrió y la bola cayó de nuevo sobre su mano. La escondió corriendo, viendo como una niña asomaba la cabeza. Era una chica muy guapa, tenía el pelo largo y muy rojo, sus ojos eran almendrados y de un profundo verde esmeralda, y la miraban impacientes.

- ¡Hola! – dijo la chica -. ¿Está ocupado?

- No, puedes pasar si quieres – dijo ella mirando con curiosidad.

La pelirroja entró arrastrando su baúl hasta su asiento y se sentó justo delante de ella diciendo:
- Es que estaba en un vagón de allá adelante, pero unos chicos idiotas no dejaban de molestarme, así que...¿Cuál es tu nombre? Yo soy Lily Evans.

- Perséfone – dijo estrechando la mano de Lily.

- ¿Y tu equipaje, solo llevas ese bolso?

- Si, pero es una bolsa mágica, cabe todo lo que metas en ella, pero a veces es un problema para encontrar lo que buscas.

Lily sonrió diciendo: - ¿En serio¡Me recuerda al bolso de Mary Poppins!

- ¿Mary qué?

- Bueno supongo que vienes de una familia de brujos, es que yo vengo de una familia normal, ya sabes...

- ¿Muggles? – inquirió Perséfone.

- Si, así que no conozco nada de todo esto... la magia – dijo Lily mientras sacaba unos bocadillos. – ¿Quieres uno? Mi madre me ha preparado muchos. Me dijeron que era un viaje muy largo.

- ¡Oh, muchas gracias! – dijo Perséfone. La verdad era que tenía mucha hambre.

- Pues yo estoy un poco nerviosa ¿sabes? Me han dicho que hay una prueba de acceso para entrar en Hogwarts. Dicen que hay cuatro casas, algo así como Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin...

¡SLYTHERIN! – retumbó una voz ronca en los oídos de Perséfone.
En ese mismo momento, algo escalofriante en ese nombre la hizo estremecerse. Su tatuaje de la Marca Tenebrosa comenzó a arder. Su padre se había enterado de su huída y se vengaba de ella a través de su dolorosa conexión. Perséfone gimió y se agarró el estómago con gesto de dolor.

- ¿Te pasa algo¿Te sientes mal? – dijo Lily intentando ayudarla.

- No, no te preocupes, no pasa nada – dijo Perséfone mientras el dolor disminuía. – Ya estoy mejor.

- ¿Tú siempre vistes de negro? – inquirió Lily con curiosidad cuando Perséfone volvió a la normalidad.

-... Si...

- Creí que vestías así por algún uniforme o algo. Por cierto, deberíamos ponernos las túnicas para la recepción – dijo mientras sacaba una nueva túnica y se la ponía. Perséfone buscó una suya en su bolsa, metió el brazo hasta el hombro en la bolsa. Lily la miró impresionada, parecía no tener fondo. Entonces empezó a sacarlo y pudo ver que había agarrado una túnica que se colocó encima de la ropa.

- Es impresionante tu bolsa. ¿Sabes?...no sé en que casa me tocar�, pero espero que me toque contigo – dijo sonriéndola.

- Yo también lo espero – dijo Perséfone devolviéndola una sonrisa.

Entonces volvió a abrirse la puerta, dejando escucharse el escándalo que había fuera del compartimiento. Dos chicos entraron corriendo, uno de ellos llevaba unas gafas redondas, y tenía un pelo revuelto, color azabache; al otro chico ya le había visto con anterioridad. Era el muchacho de pelo oscuro y ojos grisáceos que había visto en el andén 9 ¾ de King Cross. Esta vez su cara no reflejaba susto, sino que estaba sonriente y parecía divertido por algo.

- ¡Oh, no, son ellos! – murmuró Lily, que parecía conocerlos.

Los dos muchachos cerraron la puerta rápidamente y se echaron a reír a carcajadas. No parecían darse cuenta que no estaban solos en el vagón hasta que Lily carraspeó amenazadoramente.

- ¡Anda mira James¡Si es nuestra querida amiga, la mandona! – dijo el chico de ojos grises al de gafas.

- Me llamo Lilian Evans, para tu información – dijo Lily en un tono tirante.

- ¡Si, claro, tienes razón¡Que maleducados! Yo soy James Potter, y él es Sirius Black – dijo James con una sonrisa socarrona en su boca -. ¿Y tú eres? – refiriéndose a Perséfone.

Perséfone pudo notar la mirada del chico de ojos grises sobre la suya azul de una forma muy curiosa. No le gustaba como la miraba... no le gustaba el chico en general.

- Perséfone... – murmuró Perséfone con desconfianza.

- Y de todos modos– preguntó Lily en un tono bastante dulce -¿qué diablos estáis haciendo aquí?

- Verás, Evans... – dijo James subiendo el tono en esa última palabra y quitándole el bocadillo de las manos y dándole un mordisco -, ebtamos escapband de lads faddales condecuendias que condeva gadtar uda pedqueña droma a und pelodrasiendo...

- ¿Qué? – preguntó Lily -. ¿No te han enseñado modales tus padres? Punto uno, no me hables. Punto dos, no hables con la boca llena. Punto tres, dame mi bocadillo – y le arrancó el sándwich de las manos.

- Traduce – dijo Perséfone a Sirius.

- Quería decir que estabamos escapando de las fatales consecuencias que conllevan a gastar una pequeña broma a un pelograsiento...

-...narigudo... – añadió James.

-...y estúpido futuro Slytherin... – acabó Sirius.

- ¿Cómo están tan seguros de que será un Slytherin? – preguntó Perséfone con curiosidad.

- Es que al chaval... se le ve venir – dijo James con una sonrisita maligna en la cara.

- ¡Si, sobretodo de perfil! – murmuró Sirius.

- En algunas personas está muy claro. Yo seré un Gryffindor seguro. Toda mi familia lo ha sido, desde el principio de los tiempos – dijo James hinchándose de orgullo.

- Pues mi familia es toda Slytherin por completo, pero en toda familia hay una oveja negra... y ese soy YO – dijo también con orgullo. Perséfone no pudo evitar sonreír ante aquel comentario.

- Beeeeeee – empezó a balar James.

- Beeeeeee- le siguió Sirius mientras brincaba por los asientos – Jajajaja.

- Pues nosotras no sabemos a que casa perteneceremos, lo que si sabemos es que vosotros dos vais a tener problemas muy pronto... – dijo Lily mirando hacia la puerta que se había abierto sin hacer ruido.

- ¡Solo hay que verlos! Potter y Black saltando como gorilas – dijo un chico de pelo negro y nariz ganchuda que estaba en la puerta.

- ¡Como ovejas negras... no como tu madre! – dijo James descaradamente.

- ¡Potter, desgraciado¿Cómo te atreves! – dijo mientras se abalanzaba sobre James.

James esquivó ágilmente al chico, agarrándose a una de las barras del equipaje que había en el techo del compartimiento y de un salto llegó hasta la puerta y corrió por el pasillo seguido por Sirius y por el chico de nariz ganchuda, quien exclamó un "lo siento" y cerró la puerta con cuidado, para luego echar a correr detrás de esos dos.

- Vaya personajes de comedia...

El resto del viaje Lily estuvo hablando de su familia, y la cara que pusieron el día que le llegó su carta. ¿Cómo iban a pensar que una hija de muggles podía ser una bruja? También estuvo hablando de su hermana Petunia, su hermana mayor. Ella siempre la había tenido envidia por ser la pequeña, pero su comportamiento con ella había empeorado el día que recibió la carta. Sus padres estaban orgullosos de ella, pero su hermana hervía de rabia en su interior.

De pronto el tren se detuvo. El viaje no se había hecho tan largo como esperaba, pero se había hecho de noche. Se levantaron y salieron del compartimiento. Vieron como todos los chicos y chicas salían a bandadas del tren. Lily y Perséfone los siguieron y bajaron.

Una vez fuera del tren, observaron el andén de un pequeño pueblo con algunas casas, tiendas y bares. Perséfone miró un cartel de madera en el que ponía en letras negras el nombre de Hogsmeade. Había un hombre gigante esperando en el andén del tren que llevaba una lámpara, y condujo a los alumnos de 1º año por un sendero. Caminaban y caminaron por el largo sendero de barro y muchos tropezaban en la oscuridad de la noche.

Perséfone se colocó al lado del gigante y se le quedó mirando extrañada. Era un chico joven, de unos 30 años, aunque tenía rastros de barba, pero aunque su apariencia fuera juvenil medía mucho más de 2 metros, y sus manos y pies eran tan enormes que podría haber aplastado a cualquier niño de 11 años de los que estaba rodeado. Perséfone no sabía muy bien por qué, pero aquel joven le caía bien.

El enorme joven se dio cuenta de que Perséfone le observaba y la miró. Sus ojos parecían tristes, pero él sonrió a la niña y la guiñó un ojo.

Llegaron a un llano, en el que se pudo ver a lo lejos la gran fortaleza de Hogwarts, un gran castillo con luces naranjas saliendo de sus ventanas. Había un gran lago que se extendía desde el castillo hasta el llano en donde se encontraban.

- ¡A los botes! – gritó el gigante.
Cruzaron el lago sin ningún incidente, Lily, Perséfone y dos chicas más en un bote.

Por fin llegaron a las puertas del poderoso castillo, donde una mujer de unos 40 años pero de aspecto severo salió a recibirles. Era una mujer delgada, con gafas y cabello negro con un moño muy ajustado a su cabeza. Ella se paró imponentemente delante de todos los estudiantes.

- Los jóvenes de primer año, profesora McGonagall – dijo el gigante.

- Muchas gracias, Hagrid – dijo la profesora McGonagall yendo a través del vestíbulo seguida de los estudiantes.

La profesora les llevó hacia una pequeña sala, fuera del vestíbulo y pronunció unas palabras:

- Bienvenidos a Hogwarts. El banquete dará comienzo en breve, pero antes tendrán que asistir a la ceremonia de Selección. Esta es muy importante ya que sabrán por primera vez a que casa pertenecen. Mientras estén aquí, en Hogwarts, sus casas serán como su familia, a saber: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw, y Slytherin. Espero que todos seréis un orgullo para vuestras casas – dijo abriendo la puerta que conducía al Gran Comedor.

Cruzaron la sala de dos en dos, pasando entre las mesas puestas a lo largo del enorme Comedor.

Perséfone iba al lado de Lily, quien estaba tan asustada como ella, y sentía que los ojos de todo el mundo se posaban sobre ellas.
La Profesora McGonagall colocó un sombrero bastante viejo en un taburete, y con una lista de los alumnos empezó a llamarlos para sentarse.

La primera chica era muy alta y delgada, con el pelo y los ojos oscuros, alguien que no inspiraba ninguna confianza a Perséfone:

- Black, Bellatrix – dijo la profesora McGonagall.
La chica se puso el sombrero, que enseguida gritó:

- ¡Slytherin! - y la chica parecía muy contenta de que así fuera.

El segundo chico de la lista tenía el mismo apellido que la anterior. Perséfone pensó que serían parientes, ya que sería demasiada coincidencia:

- Black, Sirius – profirió la profesora.

Era Sirius el chico que había atropellado a Perséfone con el carrito en la estación y el que había entrado con James en su compartimiento. Él caminó hacia el taburete, se sentó y según iba a ponerle el sombrero grito:

- ¡Gryffindor!

Sirius corrió hacia la mesa de Gryffindor y allí le dieron la bienvenida.

Después de unos cuantos Ravenclaws y Hufflepuffs más le llegó el turno a Evans, Lilian. Ella dio un bote asustándose al oír sus nombre. Lily dejó sola a Perséfone y caminó temerosa hacia el Sombrero Seleccionador. Se sentó en la banqueta y la profesora le puso el sombrero. Estuvo unos segundos allí sentada, con el silencio a su alrededor, hasta que el Sombrero exclamó:

- ¡Gryffindor!

El Sombrero Seleccionador puso también a Edwars, Elizabeth; Graves, Alice; McKinnon, Marlene; Longbottom, Frank; Lupin, Remus; Pettigrew, Petter; y Potter, James en Gryffindor, cuando entonces:

- Riddle, Perséfone – la voz de la profesora retumbó en los oídos de Perséfone.

El silencio se hizo en la sala. Perséfone contuvo la respiración y se dirigió hacia el pequeño taburete. La daba la impresión de que todo el mundo la observaba atento. Ella se sentó y le pusieron el Sombrero sobre la cabeza. Perséfone oyó una voz, una voz que salía desde dentro del sombrero, y que solo ella podía oír:

- Tienes sangre Slytherin, oh si, pero también hay sangre Gryffindor en ti... muy, muy difícil eres de clasificar. Tu corazón es puro, en ti no hay avaricia, envidia o ambición...pero...

- No me metas en su casa...- dijo Perséfone rogando a la voz en su cabeza.

- Mucho poder tienes desarrollado, y una gran capacidad...aunque si así... mejor que sea... ¡Gryffindor!

Perséfone oyó como un gran aplauso ensordecía sus oídos y corrió contenta a la mesa de Gryffindor, sentándose al lado de Lily.

Poco después pudieron conocer el nombre del chico de nariz ganchuda, Severus Snape, quien como habían predicho Black y Potter, acabó en Slytherin.

Cuando la ceremonia de Selección había terminado, el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, quien tenía una larga barba gris, de la cual aun salían destellos rojizos de su color de pelo, que caía sobre su túnica de gala, pronunció un discurso de bienvenida:

- Bienvenidos a Hogwarts a viejos y nuevos estudiantes. Esperemos que este año sea bueno para todos. No está de más decir que el bosque está prohibido para todos los alumnos de Hogwarts... ¡y sin más preámbulos, que comience el banquete! – dijo dado dos palmadas y haciendo que la comida brotara de la nada encima de los platos.

Perséfone comió de todo, aunque estaba nerviosa por todo lo que la había sucedido y lo que estaba por suceder.

- Vaya, la torta está muy buena¿verdad Sirius? – dijo James.

- Si – dijo Sirius con dificultad, ya que había llenado su boca de comida a modo de gran bolsa de la compra, y la había abierto dejando ver la comida masticada de dentro.

- Eso es asqueroso ¿lo sabías? – protestó Lily con cara de repugnancia.

- ¡Tú calla, pelo de zanahoria! – dijo James tirándole un guisante a la cara, catapultado por su cuchara.

-¡No me tires comida, idiota...!

Después del banquete la gente empezó a disiparse hacia sus Salas Comunes, pero Perséfone había estado esperando pacientemente este momento para hablar con Dumbledore, el director. Algo le decía que él tendría alguna respuesta. Entonces pudo ver como se levantaba el director y ella también lo hizo.

Dumbledore salió del comedor y atravesó el vestíbulo, seguido de cerca por Perséfone, hasta que ella notó como algo la agarraba del hombro:

- ¿Dónde te crees que vas? – dijo la voz de McGonagall.

- Tengo que hablar con el director, es urgente -. Algo en la voz de Perséfone debió convencer a la profesora porque enseguida dijo:

- Acompáñame.

Perséfone siguió a la profesora McGonagall por unos corredores, hasta llegar a una gárgola. La profesora se paró en seco delante de esta y pronunció unas palabras - Rana de Chocolate.

Perséfone creyó no haber oído bien, creía que esa mujer estaba loca de remate. ¿Rana de Chocolate? Pero de pronto un ruido la asustó, y vio como la pared se habría dejando ver unas escaleras.

Las dos subieron las escaleras y llegaron hasta una enorme habitación llena de estantes con unos cuantos libros, cuadros colgados por todos lados y otros muchos cachivaches. Era el despacho de Dumbledore.
Este aguardaba sentado frente a un escritorio y profirió unas palabras:

- Siéntate Riddle, te estaba esperando...