"En el futuro lejano, los vampiros son dueños de la noche, pero su número está disminuyendo. Grandes precios tienen sus cabeza, y ha aparecido una nueva clase de cazadores, los cazarecompensas."

"Un cazador es diferente a los demás. Es un Dunpeal, mitad humano, mitad vampiro. En lucha consigo mismo, temido por todos, atormentado y solo, él es el Cazador de Vampiros D."

"Alice Rostrumon ha sido secuestrada, y D es contratado para su rescate. Conoce a Catherine, una joven chica que desea ser cazadora, en una aldea de paso. Esta es atacada y los habitantes le piden a D que investigue Toldgus, una ciudad abandonada. Sin embargo, la ciudad destruida es base a una ilusión cuyo epicentro es un templo en el cementerio, la tumba de Roman P. Trusmant."

"Las leyendas que crean los hombres,

Se pierden en el tiempo y espacio.

Pero entre palabras agregadas y desechadas

los sentimientos siempre serán los mismos."

Vampire Hunter D

~The City of Illusion~

Capítulo 4

Sospecha

- Buenas noches. - Preguntó Catherine mientras habría la puerta de la casa de los Rostrumon. D la seguía lentamente, a la vez que observaba la oscura casa. A primera vista no se notaba ninguna luz encendida.

- Parece que no hay nadie. - Catherine aún estaba algo sorprendida que D se dirigiera a la casa de su amiga Alice, sin motivo aparente para ella.

- ¿Quién es? - Se oyó. La pregunta quedó en el aire unos segundos. D y Catherine se adentraron un poco, hasta ver un pequeño foco de luz que provenía del salón. Los dos se dirigieron con cuidado a la sala, y entraron lo más silenciosamente posible. Por alguna extraña razón, podían palmar la soledad en el ambiente, y no deseaban romperla. Pero por necesidad, Catherine se aclaró la garganta y se puso donde la luz pudiera darle.

- Soy Catherine, señor Rostrumon... - Dijo la chica, ya visible para el caballero. D también se acercó ligeramente, aunque aún permanecía en las sombras.

- ¿Y usted...? - Preguntó el patriarca de la familia. D siguió en silencio durante un rato, hasta que dando un paso adelante, se alzó a la luz. El hombre se percató finalmente de quién se trataba.

- Mi... Mi acompañante: D, el cazador dunpeal... - Añadió Catherine, al ver que ninguno pretendía presentarse.

- Le he estado esperando... - Concluyó el señor Rostrumon, mientras encendía su pipa. - ¿Le molesta la luz? – Preguntó.

- No... - D se quitó la espada de la espalda, y la apoyó junto a la chimenea. - Lamento el retraso...

- ¿Y Alice, señor Rostrumon? - Preguntó Catherine. Ninguno de los dos hombres contestaron a la pregunta, mientras se cuestionaban el decirlo o no.

- No se encuentra en casa... - Mr. Rostrumon intentó no darle importancia a la cuestión, dejando de mirar a los ojos a la chica.

- ¿Ha salido?

- Podríamos decir que sí... - Susurró el amo de la casa, mientas daba otra calada a su pipa. Alice se quedó algo alterada ante la respuesta, e intentó volver a preguntar.

- Catherine, ¿podrías echarle un vistazo a los chicos? Creo que siguen jugando... - El señor Rostrumon calló la no pronunciada pregunta, en pos a no seguir con el tema. Catherine, aceptó el ofrecimiento con una reverencia. Y tan lentamente como entró al salón se dirigió a las escaleras, para que subiéndolas, se perdiera por el segundo piso. D y el señor Rostrumon, callados, oían los pasos de la chica que retumbaban levemente por la casa, junto al rechineo de las maderas podridas.

- Haga el favor de sentarse... - Rostrumon movió ligeramente la mano, mostrando un sofá frente suya. D se lo pensó levemente, y finalmente aceptó sentarse allí. El amo de la casa, suspiró y dio otra calada a la pipa. – ¿Supongo que sabrá para que lo he mandado a llamar? –Preguntó, soltando el humo por su boca.

- No hay otro motivo por el que se me llame… - Contestó D. El señor Rostrumon sonrió levemente, mientras su cabeza se agachaba, y su mirada se clavaba en la alfombra.

- Alice es mi tesoro más preciado. Tanto para mí como para sus hermano. Apenas podemos imaginar una vida sin ella. Y no quiero creer que dejemos de ver su sonrisa alguna vez. – D miraba sin perder su seriedad, a la persona que tenía delante de él. Cuantas veces habría visto a un padre en ese estado, y cuantas veces ha dejado el silencio como único remedio. – Estoy dispuesto a pagar lo necesario para que vuelva viva…

- Antes de hablar de ese tema, quisiera hacerle unas preguntas. – Sugirió D, ante el sorprendió señor.

- Adelante…

- Más allá de las creencias que se ciernen sobre esta zona. ¿Sabe usted quién podría estar detrás del secuestro de su hija? – Pensándolo un poco, Mr. Rostrumon respondió algo inquieto.

- La última criatura vampírica conocida por estos lugares, fue la condesa Felicia – Al oír esto, D asintió con el rostro, pero el hombre le detuvo con la mano. – Pero, hace siglos que se le declaró muerta.

- ¿En alguna circunstancia extraña?

- No. Históricamente, se estipula que en la ciudad de Toldgus, en la época de resurgimiento de la raza humana, se plantearon dar el golpe final al reinado de la condesa en el feudo. Por ello, y dado el poder económico que poseían, contrataron a varios cazadores de vampiros. Pensaban enviar varios grupos de ellos, hasta que ella cayera. Finalmente, uno de los cazadores volvió el día… - El señor Rostrumon se rascó la cabeza. – Me parece que lo tenía anotado por aquí… - Dijo, mientras sacando de una pila un libro y poniéndose sus gafas, leyó.

- Aquí. Es esta fecha… - Rostrumon pasó el libro a D, mientras se acomodaba a seguir narrando. – El cazador volvió con un anillo, el anillo de Felicia. Así todo el mundo supo que la pesadilla había acabado.

- Volvió a Toldgus, evidentemente… - Preguntó D.

- Evidentemente…

- Sin embargo… – D devolvió a darle el libro a su dueño. – Y suponiendo que estos datos estén en lo cierto ¿Sabe usted que, en ese caso, Toldgus habría sido destruida 3 días antes de que el cazador volviera? – El señor Rostrumon palideció un momento y volvió a revisar sus datos anotados.

- No puede ser… - Susurró, mientras buscaba algo que rebatiera esa hipótesis. Sin embargo no lo encontró.

- Es decir que, o el cazador no volvió, o cuando regreso, no había sitio al que llegar – D miró levemente el fuego de la chimenea, mientras el señor Rostrumon rendía en su búsqueda.

- Es decir…

- No hay evidencia claras de que Felicia muriera en ese encuentro… - Afirmó D.

- ¡Pero no tiene sentido! ¿Porqué aparentó que si lo estaba todos estos años? ¿Porqué ahora? ¿Y porqué mi hija? – Rostrumon se desesperaba mientras buscaba en todos sus libros.

- Quisiera hacerle otra pregunta. – Añadió D, llamando la atención del hombre. – ¿Le suena el nombre de Roman P. Trusmant? –

- ¿Trusmant? Ese es el nombre que se le adjudica al cazador que teóricamente derrotó a Felicia…

- Sin embargo… está enterrado en Toldgus, días después de la destrucción de esta… – D volvió a dar otro dato, que chocó con la teoría de Rostrumon.

- Esto se me esta yendo de las manos… – El señor Rostrumon, aún intranquilo, visualizaba su teoría. – Lo que podemos asegurar es que Trusmant existió, y probablemente si ejercía el rol de cazador. Dadas las circunstancia, cuestionaríamos el hecho que destruyera a Felicia, sin embargo, los cazadores caídos no eran recogidos. Después de la caída de la condesa, el castillo se convirtieron en un lugar prohibido, y nadie se dedicaba a ir a buscar los cuerpos de los cazadores muertos en la lucha. Por ello se podría decir, que si salió vivo de la contienda.

- Pero, se contempla que Trusmant murió pocos días después. – Añadió D. – O por lo menos, fue enterrado tres días después de la destrucción de Toldgus. Eso no nos asegura que saliera vivo del castillo.

- En el caso de que muriera, era inexplicable que volviera y fuera enterrado en Toldgus… - Finalizó el señor Rostrumon. D respiró fuertemente, en señal de incertidumbre, mientras barajaba otras hipótesis.

- ¿Y los mutantes? – Preguntó.

- ¿Qué mutantes?

- Cuando estuvimos en Toldgus, se veía una evidencia de que la ciudad se había convertido en residencia de mutantes.

- Seguramente se instalaron después de la destrucción de la ciudad. En esa época, los únicos mutantes de la zona eran los comandados por la condesa. Además que Toldgus en aquel entonces estaba habitada… - Aclaró el señor. Sin embargo, D seguía viendo en ese hecho algo que no encajaba. Aparte, claro está, de la tumba de Trusmant y todo lo que ello conllevaba.

Catherine, miraba la ventana de la habitación de Alice. Todas las veces que visitó a su amiga, no prestaba atención a la decoración. Sin embargo notaba el mínimo cambio en la habitación. Y notaba perfectamente que el cristal era nuevo, sin rasgos de polvo ni grasas. También, la habitación estaba demasiado limpia, y se percibía un olor extraño a encierro. El perfume de Alice, que siempre embriagaba el ambiente había desaparecido. No consiguió sonsacarle nada a los hermanos pequeños de su amiga, que tan perdidos como ella, no sabían donde se encontraba su hermana mayor.

- Realmente te has ido… - Susurró Catherine en el silencio, en medio de la oscuridad. Nadie se lo había asegurado ni explicado exactamente, pero era bastante evidente de que Alice había desaparecido. ¿Secuestrada? Tal vez. Eso explicaría el deber de D en dirigirse a la villa Rostrumon. El único motivo de viajar para un cazador es cazar vampiros. No hay ninguno más. Y seguramente el pueblo, temerosos de que ella se empeñara en ir a rescatarla, no le contaron nada. Y en parte tenían razón. Era su deber, como amiga suya.

- No quiero perderte a ti también Alice… - Volvió a susurrar la muchacha mientras observaba la cama de su amiga, iluminada por la luz de la luna. Y por un instante vio una pequeña sombra pasar en medio de ella. En principio pensó que era algún insecto, pero observando mejor, se dio cuenta de que era una sombra proyectada por la luz de la luna, que poco a poco se hacía más grande. Se giró, y observó la luna, esperando ver algo extraño. Sin embargo, vio una figura a lo lejos, algo irreconocible, por tener la luna estaba justo detrás de ella. Pero poco tiempo le hizo falta para darse cuenta, por el movimiento, que era un jinete y que se dirigía claramente así la villa Rostrumon.

- ¡D! - Gritó, mientras salía de la habitación y bajaba apurada las escaleras. Realmente, su apuro era innecesario, dado que D ya estaba en la puerta junto al señor Rostrumon, observando al que se acercaba.

- ¿Es amigo? – Preguntó el señor Rostrumon, preocupado por que sus hijos en le oyeran. D no dejaba de mirar la figura del jinete acercándose.

- ¿Espera a alguien más? - Preguntó el cazador.

- No.

- Entonces es probable que no lo sea… – Finalizó D, mientras se acercaba a agarrar su sombrero y su espada. Antes de salir de la casa, miró a Catherine.

- Prepara los caballos, partiremos en cuanto termine con esto. Ya nada podemos hacer aquí. - Ordenó. Catherine asintió con la cabeza a la vez que veía como D salía por la puerta, cerrándola tras él.

Mirando al horizonte, al jinete que se acercaba cada vez más, D esperaba. Esperaba de pie, con los brazos cruzados, y sin moverse. No había prisa. Además este tiempo de espera le daba un margen para pensar en toda esta oscura trama que se alzaba tras el, a primera vista, poco importante secuestro de Alice Rostrumon.

- Una ciudad, unos mutantes, una condesa y una chica... - Dijo la hasta ahora silenciosa mano izquierda de D. - ¿Se me olvida algo?

- Un cazador... - Contesto D. La mano rió.

- Si es verdad, aunque tampoco es seguro. Trusmant pudo haber sido otra persona, que nada tuviera que ver con los vampiros.

- Sin embargo, también esta metido en este asunto. Objetivamente hablando, está claro que no mató a la condesa Felicia. Por lo tanto, también es probable que muriera. Sin embargo, lo que no encaja, es que estuviera enterrado en Toldgus, días después de su destrucción. Este hecho, sea o no cazador, es algo totalmente fuera de lugar. - Contestó D.

- Así que el problema está en ese hecho. No sería descabellado pensar que fueron los propios sirvientes de Felicia quienes por algún absurdo motivo, lo enterraran.

- No, pero esa hipótesis esta muy poco argumentada. No existiría motivo para ello.

- Je, ¿cómo que no? ¿Un simple agradecimiento por la muerte de su cruel patrona no podría ser? - Preguntó sarcásticamente la mano.

- ¿Y como explicaríamos entonces la destrucción de Toldgus y que Felicia siguiera viva? – Preguntó D nuevamente. La mano dejó de reírse. - Una ciudad tan grande solo podría haber sido destruida por un poderoso vampiro. Felicia siguió viva después del enfrentamiento, eso es algo completamente irrefutable. - D, veía como ya el jinete estaba bastante cera, con lo que desenfundó la espada.

- Bueno, lo mejor será no darle vueltas al asunto, lo sabremos cuando llegue el momento. - La mano izquierda de D rió un momento. - Aunque sé, que dentro de ti, sospechas perfectamente lo que pasó, pero no quieres revelarlo. Al fin y al cabo la hipótesis de que todo esto es el objetivo para una reencarnación no es tan difícil de suponer ¿no? - D no contesto a la pregunta. Apretó su puño izquierdo para que su mano se callara, mientras veía como el jinete finalmente había llegado a su posición. Quitándose la capucha y bajando del caballo, dio perfectamente la imagen de un nuevo enviado de Felicia. Era un mutante, con legua viperina y colmillos sobresalientes de la boca. Tenía una larga cabellera que le cubría los ojos, añadidos a unos brazos mas largos de lo normal. Y unas manos, que tenían perfectamente la forma de gigantescas zarpas. Se apoyaba en los brazos, ya que sus piernas eran pequeñas, pero se mostraban poderosas.

- ¿El cazador D es el que me ha venido a recibir? - Preguntó, mientras la baba le caía por la boca. D alzó la espada en posición de defensa.

- Exacto. - Respondió el cazador. El mutante sonrió, mientras él también adquiría una extraña postura.

- Me encanta, así me ahorras el trabajo. Soy Ivelacte. Y me encargaré en que no metas más las narices en asunto que no te conciernen. - Dijo el mutante. D miró fijamente a su oponente antes de que comenzara la pelea.

"…Continuará… "

Fanfiction by

Vampire Hunter D - Ilustrations Novels © Hideyuki Kikuchi & Yoshitaka Amano
Vampire Hunter D - Animation film © Toho
Vampire Hunter D Bloodlust - Animation Film © Madhouse Studio