Decisions
Lydia
Desperté con el sonido que hacían los speeders al pasar. Suspiré. No estaba cansada, pude dormir toda la noche, y hace tiempo que no lo hacía, así que me sentía satisfecha.
Hice a un lado las sábanas y me levanté de la cama. Me puse mi bata encima de la camisa de dormir y caminé hacia la ventana, admirando la ciudad de Coruscant por la mañana.
Un suave golpe provino de la puerta, haciendo que me volteara. —Adelante
La puerta se abrió dejando ver a Anakin quien me sonrió y se inclinó levemente. —Buenos días Milady
—Buenos días Anakin— sonreí. — ¿Dormiste bien?
—Bueno, no dormí del todo. El Maestro Obi-Wan dijo que debía vigilar que no hubiera intrusos
Fruncí el ceño. —No necesitas vigilarme Anakin. Estoy perfectamente bien... deberías descansar
Él sonrió. —Aprecio su preocupación Milady, pero mi misión es protegerla
Es verdaderamente un encanto. No solamente me siento a salvo con él, siento una extraña conexión que nunca sentí con nadie antes.
—En realidad vine a preguntarte algo — dijo cruzando sus manos sobre su pecho después de ajustar su túnica.
—Pues entonces pregúntame — me senté al borde de la cama con la mirada fija en él, y una sonrisa en los labios, esperando por su pregunta.
Hoy día me levanté de buen humor.
—Bueno, tú dijiste ayer que creciste queriendo convertirte en una Jedi. — asentí aún con la sonrisa en mi rostro. — Y que tu padre te dijo que eso estaba prohibido... — volví a asentir. — Hablé con el Maestro Obi-Wan sobre eso — hizo una pausa — y él me dio permiso
— ¿Permiso para qué Anakin? — pregunté.
—Si tú quieres ser una Jedi…— me miró directo a los ojos — yo puedo enseñarte
Apenas esas palabras salieron de sus labios, la sonrisa que tenía en mi rostro desapareció, dejándome completamente helada.
¿Él haría eso por mí?
Al ver el cambio que hubo en mi expresión, Anakin volvió a hablar, como si no hubiera terminado de hacerlo.
—De esa manera tu podrás aprender a defenderte sola si es necesario... En caso de que no me encuentre cerca de ti — ante las últimas palabras, bajó la mirada como si temiera que eso pasara.
— ¿No me metería en problemas con mi padre? — pregunté.
Anakin sonrió. —Tú eres capaz de hacer todo lo que quieras hacer. Ser un Jedi no está prohibido, incluso para una Princesa
Atrapé mi labio inferior entre mis dientes y exhalé.
¿Qué se supone que tengo que hacer? Quiero que Anakin me enseñe lo que es ser un Jedi. Pero otra parte de mi no quiere lidiar con la forma en que se lo tomará mi padre.
Pero él no está aquí. Dijo una pequeña voz en mi cabeza.
—Quiero que me enseñes — hablé en un susurro. — Muéstrame lo que es ser un Jedi — la misma sonrisa que tenía en mis labios hace unos minutos atrás volvió a mi rostro.
— ¿Cuándo quieres empezar?
Seguía a Anakin quien me conducía a través de los corredores del templo Jedi.
—Está es la sala de entrenamiento. Como lo habrás notado, debido a su nombre, vendremos aquí para entrenar — dijo quitándose la túnica.
Asentí con la mirada fija en él, observando cada movimiento que hacía al quitarse esta. Luego caminó hacia un muro y miré con asombro como él levantaba su mano y la pared comenzaba a separarse. Detrás de la piedra había otro muro lleno de una especie de fundas plateadas. Cuando levantó una de aquellas en su mano mis ojos se centraron en la brillante luz azul que apareció.
—Esto es un sable de luz. — me dijo. —Es la vida de un Jedi
Lo puso en mis manos y yo lo moví a mí alrededor, el suave susurro que se produjo ante los movimientos que hacía con él, causó que una ola de escalofríos recorriera mi columna vertebral.
Anakin llevó su mano a su cinturón, sacando de este su propio sable de luz. Lo prendió y me miró directamente a los ojos.
—Trata de golpearme — dijo bajando su sable de luz.
— ¿Estás seguro? — asintió con determinación.
—Seguro
Levanté mi sable de luz y lo balanceé hacia Anakin. Él levantó el suyo y rápidamente bloqueó mi golpe.
Jadeé ante el extremo sentimiento que repentinamente recorrió todo mi cuerpo. Me sentí diferente; más fuerte, más confiada de mí misma.
—La fuerza es intensa en ti — dijo y sus ojos nuevamente se encontraron con los míos.
—Al igual que en ti — respiré agitádamente — puedo sentirlo
Después de varios intentos de golpear a Anakin sin obtener resultados, nos apartamos y apagamos nuestros sables de luz.
—Ese sable de luz es tuyo ahora. Se cuidadosa con él. Como te dije antes, es todo para los Jedi — hizo una pausa mientras rascaba su nuca y una sonrisa traviesa se comenzaba a formar en sus labios. —Y Obi-Wan me mataría si uno más se rompe.
No pude evitar soltar una pequeña carcajada.
— ¿Así que te ha pasado antes? — pregunté en tono burlón cruzando mis brazos por sobre mi pecho.
—Pude o no haber tenido algunas complicaciones en Geonosis hace un par años
Me miró con la misma sonrisa en su rostro y los dos reímos mientras colocaba mi sable en el bolsillo de mi túnica. —Gracias por hoy... El tour, y el sable de luz
—No es nada Milady
—Supongo que volveremos a entrenar mañana — cuestioné, esperando que él dijera que sí.
Asintió. —Mientras tú quieras...
—Si quiero — lo interrumpí. — Me gusta pasar tiempo contigo
Las mismas hermosas arrugas que he visto antes se formaron al rededor de sus labios en el momento en que él sonreía. —Yo también disfruto de tu compañía
El silencio se apoderó de nosotros mientras nos contemplábamos el uno al otro con sonrisas en nuestros labios. Al cabo de unos segundo desvié mi vista de él hacia la puerta, manteniéndola fija en ella. —Entonces, ya me iré — rompí aquel silencio. —Lo veré pronto Maestro Anakin
—Nos veremos Milady
Hola de nuevo, yo aquí de nuevo, y después de nada de tiempo como recompensa por la demora en el segundo capítulo, aquí les tengo el tercero, espero que lo disfruten y me disculpen si vuelvo a tardar, porque no tengo editados los demás capítulos en adelante, y se me viene una semana fuerte, pero espero que me de tiempo de editar lo más pronto el siguiente.
Bueno, sin nada más que decir, los dejo en paz ajajaj, besitos.
