Naruto me pertenece, soy Masashi Kishimoto, jajaja son bromas.

Naruto no me pertenece y demás.

Disfruten de la lectura.


Se le estaba acabando el poco oxígeno que le quedaba en los pulmones, si la dejaban un rato más allí estaba segura que se ahogaría. Los dos chicos levantaron bruscamente su cabeza del tanque de agua donde estaba sumergida y la tiraron sin ningún cuidado al frío suelo. Respiraba entrecortadamente y no hacía más que toser, estaba segura que tenía agua en los pulmones. Le tiraron del pelo levantándola bruscamente del suelo y empujándola a una silla cercana. La golpearon, una vez más y la esposaron. Oyeron un ruido afuera, alguien se acercaba hacia la puerta. Ya sabía quién era. Debía reconocer que tenía miedo, mucho miedo.

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Odiaba cuando a Naruto le tocaba preparar el almuerzo. Siempre hacía ese asqueroso ramen instantáneo. Su cuerpo necesitaba una comida decente para poder rendir bien en el entrenamiento. Se apartó uno de los mechones de su pelo, ahora castaño, y empezó a comer.

Oyó que alguien estaba abriendo la puerta, ya sabía quien era, había sentido su presencia desde hacía tiempo.

La chica de pelo rosa entró cogiendo de la mano a un niño. Al entrar en la estancia el pequeño se soltó y empezó a buscar dentro de la casa como un loco.

- ¡Tío Naruto!- gritó el niño al ver al rubio en la cocina.

- Nagisa-chan- dijo alegremente el rubio correspondiendo el saludo del niño.

- Vamos a jugar.

El niño y el rubio salieron al jardín a jugar como siempre hacían, como dos niños pequeños.

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Al abrir la puerta lo vio. Vio a la persona a la que tanto odiaba y a la que tanto rencor guardaba. Notó como el susodicho sacó una jeringa con un líquido. No sabía que era, pero sí podría decir con total seguridad que no era nada bueno.

Se acercó a ella. La chica de pelo rosa se revolvía en el sitio, no le iba hacer fácil la tarea de inyectárselo. La agarraron fuertemente de brazos y pies inmovilizándola; le dolía todo el cuerpo, había perdido la cuenta de cuantos golpes había recibido. Sintió un pinchazo, lo miró con odio mientras retiraba la jeringa de su cuerpo. Empezó a sudar, estaba perdiendo lentamente la visión y después, cayó inconsciente.

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Naruto buscaba a la chica de pelo rosa por toda la casa. Nagisa se acababa de marchar con Shikamaru, su padre. Cada vez que Shikamaru o Temari, su madre, salían dejaban a su pequeño a cargo de Naruto y Sakura.

- ¿Has visto a Sakura-chan?- le preguntó a Sasuke que estaba sentado en el sillón del salón.

- Hace rato vino un ANBU a buscarla porque Tsunade-sama quería hablar con ella.

- ¿Por qué no me lo habías dicho antes? ¿No ves que la estaba buscando?-dijo un Naruto enfadado

Sasuke se encogió de hombros.

- No me lo habías preguntado.

Naruto iba a lanzársele y a decirle unas cuantas cosas al chico, cuando la puerta de la casa se abrió. Ella ya había llegado. El rubio la miró, tenía los ojos sin brillo y la cara neutra. Cualquiera que la viera no hubiera notado nada, pero él sabía que algo malo había pasado, la conocía demasiado bien. Se sentó al lado de ella en el sillón.

Estaban en silencio.

Sasuke alzó una ceja al verlos. ¿Tanta insistencia con buscar a la chica para que cuando la encuentra quedarse callado?

Naruto sabía que en estas situaciones la chica necesitaba tiempo antes de hablar.

- Tsunade-sama lo encontró- empezó la chica mirando al suelo.

Naruto hizo una mueca de comprensión.

- Esta tarde saldré de misión, también tiene unos pergaminos que le interesan a la aldea.

- ¿Cómo lo harás?- preguntó el rubio serio.

- Él habitualmente hace grandes fiestas en su casa y contrata prostitutas para entretener a sus amigos, así que- hizo una pausa antes de continuar.- ya sabes.

Naruto la miró.

- ¿Estás loca?¿Cómo vas a dejar que ese tipo te toque?-le gritó el rubio.- Cuando te encontré temblabas al mínimo roce con un chico. Ni siquiera te acercabas a mí. Y ahora vas... - el chico tomó aire tranquilizándose.- vas a dejar que...

- ¿Y que quieres que haga Naruto?. Él es el asesino de mis padres. Tengo que matarlo.

- ¿Pero llegar hasta tal punto?, tiene que haber otra manera. Yo te ayudaré si quieres.

Antes de que el chico pudiera decir algo más, la chica lo interrumpió.

- Lo haré sola.- le dijo cortante.- No soy esa chica débil a la que siempre tenías que proteger. ¿ Crees que a mí me gusta? ¿ Que me gusta ser esta mala copia de mí misma en la que me he convertido?

- No estoy queriendo decir que eres débil, solo es que no quiero volver a perderte.- dijo el rubio abrazando a la chica.

- No me perderás- dijo zafándose del agarre.- Tengo que preparar las cosas para la misión.

Naruto suspiró. Sabía que la chica era una cabezota.

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La chica abrió lentamente los ojos. Se encontraba en la misma habitación que antes. Como empezaba odiar esas cuatro paredes. Lo vio sentado enfrente de ella.

- Desearía que esto no fuera demasiado doloroso.- le dijo el hombre.

- Yo también. Gracias. Me alegra que pienses como yo.- dijo Sakura irónicamente.

Se acercó a ella quedando sus rostros a centímetros de distancia.

- Dígame, ¿para quién trabaja usted?. No volveré a preguntárselo.

La chica rió.

- Tengo malas noticias para ti. Soy tu peor enemiga, no tengo nada que perder.

El hombre cogió un estuche que estaba encima de una mesa. Lo abrió bajo la atenta mirada de la chica enseñando unos utensilios de médico.

- Eso no es del todo cierto. Tiene dientes.

Sakura miró hacia otro lado. Sabía que esto sería doloroso.

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Había tardado un día en llegar al país del arroz. Estaba extrañamente nerviosa, no sabía como iba a reaccionar al tener a ese tipo delante. Con el tiempo que llevaba siendo Kunohichi había descubierto que los hombres cuando se excitaban bajaban de sobremanera la guardia, haciendo más fácil el matarlos. No quería acostarse con él, y haría todo lo posible por no hacerlo.

Sacó el papel con la dirección de la casa del individuo y se puso en marcha.

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Le tenían agarrada la cabeza fuertemente hacia atrás impidiendo cualquier tipo de movimiento. La mandíbula le dolía ya que le estaban abriendo la boca con un utensilio que no había visto en su vida. Sólo sabía que no podía cerrar la boca por mucho que quisiera.

- Se lo digo una vez más. Dígame, ¿para quien trabaja?.- preguntó una vez más el hombre con unos alicates en sus manos.

Intentó hablar pero no se le entendía ya que tenía la boca demasiado abierta.

El hombre hizo una mueca a uno de sus subordinados para que le quitara el utensilio que le mantenía abierta la boca.

Miraba a la chica esperando a que hablara, ésta cogió aire.

- Sólo le diré que empiece por las muelas, si no le importa.

Le volvieron a poner el utensilio y con los alicates le arrancaron el primer diente. Los gritos de dolor no se hicieron esperar en la habitación.

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Se encontraba delante de la casa que decía la dirección. Se había cambiado de ropa en un callejón cercano, ahora llevaba puesto un vestido negro sin tirantes pegado al cuerpo que realzaba su delgada figura y unos altos tacones color beige.

En el viaje le dio tiempo a planear que hacer. Una vez dentro, lo seduciría y cuando la llevara a su habitación lo mataría. Después se dirigiría a su despacho y robaría el pergamino. Parecía fácil.

Vio a un grupo de chicas entrando en la casa y se colocó detrás de ellas, infiltrándose.

Debía reconocer que la casa era hermosa y que el hombre era popular ya que había montón de gente. Un camarero se paró delante de ella, cogió una copa y lo buscó con la mirada. Le recorrió un odio por todo el cuerpo cuando lo divisó, tenía ganas de abalanzarse sobre él y matarlo al instante. Respiró profundamente no podía ser tan impulsiva, ya que si lo hiciera la matarían al instante. Lo descubrió desde que entró, todos los hombres que se encontraban ahí eran asesinos de rango S.

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Naruto se estaba vistiendo en su habitación. Estaba preocupado por su amiga, rezaba porque todo le saliera bien. Se dio un último vistazo en el espejo y sonrió satisfecho con lo que veía. Quería estar guapo para su cita con Hinata.

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Se disponía a acercarse al hombre cuando una rubia se le acercó y lo besó desesperadamente. Mierda, ya estaba pillado. Parece que la misión iba a ser más difícil de lo que pensaba.

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Esperó a que se marchara la rubia para presentarse pero parecía que estuvieran pegados con cola. Decidió ir primero a por el pergamino, estaba harta de las miradas lujuriosas de los presentes y ya se le habían acabado las excusas para espantar a los que se le acercaban.

Se alejó de la sala y subió por unas escaleras para ir hacia despacho. Ya en la planta de arriba empezó a abrir todas las puertas que se encontraban, buscándolo. Puso la mano en la manilla de una de las muchas puertas y notó que estaba cerrada. Sonrió, seguro que era esta, las otras estaban abiertas. Escuchó un ruido detrás de ella, pero antes de que pudiera girarse sintió un golpe en la nuca. Y después, todo se volvió negro.

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Se despertó con sabor a hierro en la boca producto de la sangre. Extrañamente no sentía dolor. Se abrió la puerta y entró el hombre, caminó hacia ella sentándose de nuevo en la silla frente a ella.

- La pastilla que le he dado mitiga el dolor. Lo he notado porque ha dejado de gritar tan fuerte.- le dijo el hombre.- Desgraciadamente el efecto solo dura dos horas y prácticamente ya han pasado esas dos horas, así que, usted es la que decide. ¿Qué camino tomamos?.- preguntó enseñándole con una mano los alicates y con la otra un bote de pastillas.

La chica tomó aire y cerró sus ojos.

- Hable y le daré otra pastilla.-seguía insistiendo

- Es que... no puedo.- dijo ella con un hilo de voz.

El hombre se acercó a ella, lo bastante como para sentir el aliento de éste en su rostro.

- Vamos, ¿para quién trabaja?, Hable hermosa jovencita.

Sakura levantó la mirada. Le dio un cabezazo tan fuerte que lo tiró en el suelo. Respiró profundamente y dio una voltereta quedando encima de él, asfixiándolo con la silla a la cual estaba esposada. Tanteó con la mano en los pantalones de éste cogiendo una llave de su bolsillo y abrió las esposas. Se levantó y lo esposó ahora a él en la silla. Cogió los alicates del suelo y lo miró con odio.

- No.- dijo el hombre asustado.

La chica se acercó a él con los alicates en la mano y se lo cerró en su anatomía masculina. El grito no se hizo esperar. Miró su alrededor cogió un palo de hierro y le golpeó, matándolo.

Salió lo más rápido que pudo de allí. Se encontraba en el sótano de la casa. Subió por las escaleras dirigiéndose al primer piso, hacia el despacho. Casi no le quedaba chakra, notaba como sus energías le fallaban.

Con una traba que tenía en el pelo abrió la puerta cerrada, efectivamente daba al despacho. Buscó en los alrededores y encontró el pergamino en el segundo cajón de su escritorio.

Suspiró aliviada. Ahora solo tenía que salir sin que nadie lo notara.

Esquivó a duras penas un kunai dirigido hacia ella. Sabía que no le quedaba chakra para luchar y que la casa estaba llena de asesinos rango S, así que hizo lo mejor que se le ocurrió en ese momento. Se dio la vuelta, y se tiró por la ventana.

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Sasuke, Ayame y Naruto se encontraban en el despacho de la Hokage, ésta los había mandado a llamar urgentemente.

- Bien chicos, los he mandado a llamar para una misión urgente. Sakura debía volver de su misión hace dos días. Su misión será traerla de vuelta. Pero hay algo que deben saber, deben tener cuidado con el objetivo de Sakura ya que ese hombre es uno de los mejores torturadores. Obtiene siempre la información.

Iba a seguir hablando pero se vio interrumpida, alguien había entrado en su despacho sin llamar.

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La chica de pelo rosa entró despacio en el despacho de su maestra sin mirar a los presentes. La falta de chakra era evidente ya que casi no podía andar. Tenía la boca hinchada debido a su falta de dientes, además de numerosos golpes y cortadas a lo largo de su cuerpo. Le dio el pergamino a su maestra bajo la atenta mirada de todos.

-¿Cumpliste el objetivo?.- preguntó la Hokage mirando a su alumna con preocupación.

La chica hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.

- Vete al hospital para que te revisen, también avisaré al dentista.

La chica alzó su brazo en dirección a Naruto. El chico entendiendo le cogió la mano y salieron del despacho, rumbo al hospital.

Al final del día, cuando ya termina.

Todo lo que queremos es estar cerca de alguien.

Así que eso de mantener las distancias

y pretender que no nos importan los demás

Suena como una gran mentira.

Así que elegimos y escogemos a quien queremos para estar cerca de ellos

Y una vez que hemos escogido a esa gente

Tendemos a quedarnos cerca.

No importa cuando daño les hagamos

La gente que sigue contigo al final del día

Son los que valen la pena tener.


Hasta aquí el cuarto capítulo. Sí, ya lo sé fue pésimo.

Pero no encuentro a mi inspiración.

Bueno, pues hasta el próximo capítulo y gracias por leerme.