¡Hola a todos! Aquí os dejo el capítulo del baile, espero que os guste =)

PD: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen (videos= youtube, ok?)

¡Un besito!

Cáp. 4- El baile

Rachel observó maravillada el hermoso sendero que Sam había trazado con pétalos de rosas blancas y rojas. El conjunto de hojas le indicaban el camino a seguir desde la puerta de su casa hasta la misma acera, dónde esperaba el rubio impaciente al lado de una limusina negra de tamaño medio. La morena sonrió, con un brillo de absoluta emoción en sus ojos al tiempo que él le tomaba de una mano, para después colocarle un hermoso ramillete.

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-¡Oh, Sam! ¡Es hermoso! ¡Muchas gracias!- exclamó ella, sin dejar de sonreír, para después observar la limusina con los ojos muy abiertos- ¿Una limusina? ¡Pero seguro que te ha costado mucho dinero, Sam!- apuntó la morena, con preocupación en la voz.

-¡No te preocupes, Rach! ¡Uno de los socios de mi padre trabaja en una empresa de alquiler de limusinas y nos ha hecho una rebaja! – le tranquilizó él, con una sonrisa cálida.

-Pero… son tus ahorros, Sam- comentó ella, cada vez más apurada.

-¡Tranquila, Rach! ¡Tampoco tenía grandes planes para ese dinero!- le aseguró el rubio-Además, no todos los días puedo compartir este momento con alguien tan especial- admitió Sam, guiñándole un ojo y besando su frente, para después susurrarle al oído- Por cierto, estás preciosa.

Rachel no pudo evitar ruborizarse de pies a cabeza ante su cumplido y sólo pudo sonreír a modo de respuesta, para después bajar la mirada y posarla sobre su ramillete, que consistía en una hermosa flor blanca con tonos rosados que ya descansaba sobre su muñeca y combinaba a la perfección con su vestido rosa palo.

-¿Te gusta?- preguntó él, algo nervioso, al ver que la morena no pronunciaba palabra alguna.

-¡Claro que me gusta! ¡Es precioso, Sam! ¡Tienes muy buen gusto para estas cosas!- dijo ella, acurrucándose contra él y refugiándose en sus brazos, que la rodearon al instante.

-Bueno, en realidad, mi madre me echó una mano- admitió él, con las mejillas coloradas.

-Sea como sea, gracias- respondió ella, alzando el rostro para mirarle directamente a los ojos.

-¿Gracias? ¿Por qué?

-Por convertir esta noche en una de las mejores de mi vida- le dijo ella, sonriente.

-No es nada, Rach. Te prometí que a partir de ahora iba a cuidarte y pienso cumplir con mi palabra. ¿Preparada para el baile, princesa?

-¡Sí, vamos!

Sam ayudó a Rachel a subir al coche y tan sólo unos segundos después los chicos ya se dirigían hacia el McKinley.

Unas calles más arriba, Finn acababa de aparcar el coche que Burt le había prestado para recoger a Quinn e ir juntos al baile. El moreno apoyó su frente contra el volante del coche un par de veces, tratando de infundirse ánimo para la noche que le esperaba junto a la rubia. Finalmente salió con desgana del auto, para dirigirse hacia la puerta principal con el ramillete que Quinn le había ordenado recoger de la tienda en una de sus manos mientras que con la otra llamó al timbre. Unos segundos después, la madre de Quinn apareció tras la puerta con una sonrisa amable para después invitarle a pasar al salón. Mientras tanto, en el piso de arriba, Quinn estaba en su habitación dándole los últimos retoques a su maquillaje. Cuando sintió que el acabado era perfecto, se detuvo a mirarse en el espejo unos segundos sin poder evitar que una sonrisa le cruzase todo el rostro. A pesar de que había tenido un pasado difícil, aquí estaba ahora, a tan sólo unas pocas horas de convertirse en la reina del baile del McKinley. Durante las últimas semanas había trabajado duramente en una intensa campaña para que Finn y ella resultasen elegidos y por nada del mundo iba a permitir que nada ni nadie le arruinasen ese momento. Mucho menos si se trataba de la estúpida e insignificante Rachel Berry. Quinn sabía que Finn todavía no la había olvidado y era obvio que ella siempre sentiría algo por él. De modo que era vital ganar el concurso aquella noche para afianzar su relación con el quarterback y hundir para siempre a aquella perdedora en la miseria. Quinn sonrió una vez más ante aquella idea. Tal vez Rachel era ahora la capitana de las animadoras, pero la rubia estaba convencida de que tan sólo era cuestión de tiempo que las cosas volviesen a la normalidad y el nombre de Quinn Fabray recuperase el respeto y la admiración que tuvo meses atrás. La voz de su madre la sacó de sus pensamientos y le avisó para que bajase. Quinn se puso sus zapatos azules que iban a juego con su vestido y por último cogió su bolso para después bajar las escaleras, dónde ya la esperaba Finn, con cara de pocos amigos.

-¡Por fin llegas! ¡Vámonos o llegaremos tarde, Finn!

-¿Qu… qué? ¡Pero si llevo más de diez minutos esperando!

-¡Tampoco es para tanto, Finn!- dijo ella con una sonrisa, restándole importancia- ¿No me vas a decir nada de mi vestido?- preguntó ella, balanceando la seda del vestido de un lado para otro.

-Perdóname, Quinn, estás preciosa- respondió Finn, de forma mecánica.

-¡Finn, tienes que espabilar o no ganaremos así me oyes!

-Sí, claro, lo que tú digas… ¿Podemos irnos ya?

-¡Sí, vamos! ¡Adiós mamá!

Tras hacerse unas cuantas fotos y despedirse de la señora Fabray, Finn y Quinn subieron al coche de éste con dirección al instituto. El parloteo incesante de Quinn repasando todas las indicaciones convirtió el trayecto en un auténtico infierno para Finn, que subía el sonido del estéreo para callar a su novia, sin éxito alguno. La rubia pasaba de un tema a otro en cuestión de segundos y se veía que tenía todo perfectamente medido y planeado. Quinn le indicó cómo debía vestirse, lo que tenía y no tenía que decir y había llegado al extremo de redactarle el discurso a Finn, pues, según ella, él no era bueno en decir lo que pensaba y era mejor que ella lo hiciese por los dos. Finn sentía una mezcla de rabia y desesperación en su interior. Cuanto más tiempo pasaba junto a la rubia, menos la soportaba. La idea de asistir a aquel ridículo baile se le hacía cada vez más insoportable y tan sólo rogaba que la noche pasase lo más rápido posible para después acabar con aquella estúpida relación sin sentido de una vez por todas. Si tan sólo pudiese retroceder el tiempo un par de meses, todo sería completamente diferente ahora. Lo más probable es que estuviera con Rachel y fuese la morena su pareja para el baile en vez de Quinn. La simple imagen de Rachel y él asistiendo juntos al baile era más que suficiente para sacarle una sonrisa al moreno. Por más esfuerzos que hiciera, Rachel siempre estaba presente en todos y cada uno de sus pensamientos. Cada cosa que decía o hacía Quinn, era suficiente para compararla con Rachel y cuál habría sido su reacción. Tal vez a Rachel también le gustaba controlar en exceso los detalles, pero Finn sabía que tenía mejor corazón que Quinn y que realmente le importaban los demás y no sólo una maldita corona de reina del baile. Tan sólo pensar en que esta noche tendría que verla del brazo de Sam, bailando y riendo, hacía que su corazón se rompiese en mil pedazos. Finn sabía que aquella noche sería una de las más difíciles de su vida, pero tenía clara una cosa: Rachel Berry era el amor de su vida y no iba a dejarla escapar tan fácilmente. Finalmente la pareja llegó al instituto y Finn se quedó inmóvil tras aparcar el coche, sumido en sus pensamientos.

-¿Finn? ¡FINN HUDSON! ¡¿Has escuchado algo de todo lo que te he dicho?- preguntó la rubia, alarmada y con las manos cruzadas bajo el pecho.

-Perdona, Quinn… ¿Qué decías?- preguntó Finn, con un deje de cansancio en la voz.

-¡Te decía que todo el Glee Club ha llegado ya! ¡Si no nos damos prisa vamos a causar mala impresión!

-¡Vale! ¿A qué esperamos, entonces?

-¡FINN! ¡Se supone que tienes que abrirme la puerta del coche! ¡Te lo he dicho miles de veces pero no me escuchas!

-¡YA VOY!- le gritó Finn, con brusquedad.

Quinn le observó con la boca abierta, totalmente sorprendida para después cambiar su expresión por una de absoluta indignación, mientras resoplaba. Finn decidió ignorarla y salió rápidamente del coche para después ayudar a la rubia a salir. Los chicos caminaron entre la multitud hasta que llegaron a la entrada al gimnasio, dónde se encontraron a todo el Glee Club y en concreto a Sam y a Rachel, que posaban para su foto de recuerdo del baile. La morena lucía un espectacular vestido rosa que le llegaba hasta las rodillas y con un escote en palabra de honor que dejaba al descubierto sus hermosos hombros. Aquella imagen dejó a Finn sin respiración, por más que intentaba recordar juraría que nunca había visto a Rachel tan hermosa como aquella noche. De hecho podría jurar allí mismo que jamás había visto algo más hermoso en toda su vida. El moreno observó con fastidio como Sam la sostenía por la cintura y la acercaba hacia él, posando para la foto. La luz del flash le cegó por un momento, para después contemplar cómo Rachel y Sam reían, haciéndose confidencias al oído el uno al otro para finalmente ocupar su lugar en la mesa dónde ya esperaba el resto de New Directions. Quinn observó también la escena con rabia, al ver cómo todos sus compañeros piropeaban a la morena y en cambio ninguno se había detenido a elogiar su hermoso vestido azul que tantas semanas le había costado escoger. La rubia prácticamente arrastró a Finn hacia el photocall, dónde posaron para la foto y finalmente se dirigieron hacia la otra punta del lugar, dónde se sentaban los jugadores y las animadoras, excepto Rachel, Brittany y Santana.

Por su parte, Rachel observó emocionada el gimnasio mientras sentía la mano de Sam acariciando la suya con ternura y delicadeza. La morena contuvo un poco la respiración cuando vio por primera vez a Finn vestido con un impecable esmoquin negro, con chaleco y corbata azules, que combinaban a la perfección con el vestido celeste de tirantes que Quinn había escogido. Rachel no pudo evitar bajar la cabeza, examinándose a sí misma y sintiéndose diminuta de repente. A pesar de que le encantaba su vestido y consideraba que Kurt había hecho un excelente trabajo con ella, la morena sabía que por mucho que lo intentara nunca podría igualar a Quinn en belleza. Un sentimiento de absoluta desolación se comenzó a adueñar de ella, cuando Sam le susurró al oído lo hermosa que era y que no tenía porqué compararse con nadie. Aquellas palabras despejaron todas sus dudas, para después girarse hacia el rubio y susurrarle que él también estaba realmente radiante aquella noche. El rubio le sonrió y la escoltó hacia la mesa, dónde ya se habían sentado todos los miembros del Glee Club.

-¡Guau, Rach! ¡Estás preciosa!- exclamó Mercedes, con una gran sonrisa.

-¡Gracias, Mercedes! ¡Tú también estás genial!

-¿Chicas, queréis tomar algo?- ofreció Mike, tras besar a Tina en la mejilla.

-¡Vale!- dijeron todas a coro.

-¿Qué quieres tomar, Rach?- preguntó Sam, con una sonrisa.

-Lo que tú tomes estará bien, Sam- le indicó ella, también sonriente.

El rubio asintió para después reunirse con Artie, Puck, Mathew y Mike junto al puesto de bebidas.

-¡Bueno, Rach! ¿Cuándo nos lo vas a contar?- preguntó Tina, con una sonrisa cómplice.

-¿Contar? ¿El qué?- dijo la morena, con el ceño fruncido, muy confundida.

-¡Lo que hay entre Sam y tú, Berry!- le aclaró Santana, mirando el techo en un gesto de impaciencia.

-¡Oh! ¡No, chicas! ¡Os confundís! ¡Entre Sam y yo no hay nada! ¡De verdad!- aclaró la morena, con el rostro cubierto de un intenso rubor.

-Ya… eso decimos todas… al principio…

-¡Pero…!- empezó a protestar Rachel.

-¡Ey! ¿Qué está pasando aquí?- quiso saber Sam, que de un momento a otro había aparecido tras Rachel.

La morena dio un brinco de sorpresa, para después ruborizarse aún más.

-¡Nada! ¡No pasa nada!

-¡Le estábamos felicitando a Rachel por vuestro dueto! ¡Seguro que ganáis!- dijo Mercedes, echándole una mano a su amiga, que suspiró aliviada.

-¡Oh! ¡Vaya gracias! ¡La verdad, con Rachel todo es más sencillo!- dijo Sam, con una sonrisa.

La noche transcurrió entre risas y anécdotas. Sam estuvo toda la noche pendiente de Rachel para que nada le faltase y la morena parecía encantada con su compañía. De repente, el volumen de la música subió y Sam sacó a Rachel a bailar sin percatarse de que, al otro lado del gimnasio, Finn le fulminaba con la mirada al tiempo que deseaba golpearle con todas sus fuerzas en todo el estómago. El moreno observó con resignación cómo el rubio guiaba a Rachel en la pista de baile, desatando la risa de ésta, que se movía de forma adorable, siguiendo el ritmo de la música. El resto del Glee Club no tardó en unirse a los chicos, formando finalmente un círculo de baile. Finn los miró con nostalgia, deseando poder unirse a ellos. De repente, Quinn le soltó un codazo para que la sacase a bailar. Finn prefirió contenerse y simplemente obedecer. Los chicos bailaron junto a los jugadores y las animadoras, al tiempo que Quinn no perdía ocasión para promocionarse como reina del baile. Finn se limitó a balancearse de un lado para otro, intentando concentrarse en seguir el ritmo y no pensar que a tan sólo unos pasos el estúpido de Sam Evans estaba meneándose contra Rachel. El sonido de varias personas marcando el ritmo de la música con palmadas captó su atención y la de Quinn, que se giró para descubrir que medio instituto se encontraba aplaudiendo la danza que Sam y Rachel estaban improvisando en medio del escenario. La rubia sintió como el rostro le ardía de rabia y sin previo aviso sacó a Finn de la pista, mientras el moreno no dejaba de mirar a Rach, que, cuando terminó el baile, se giró y cuando sus miradas se encontraron le sonrió con timidez. Finn le devolvió la sonrisa y finalmente se sentó al lado de Quinn, con una mueca de fastidio pero feliz al ver que Rach comenzaba a brillar como la estrella que él sabía que era.

Rachel sonrió a Sam cuando ya estaban de vuelta en la mesa. Los chicos siguieron hablando entre ellos, comentando los bailes de las parejas que quedaban en la pista y comentando el estilismo de las chicas. Cuando Artie notó que las chicas estaban distraídas, hizo una seña a Puck y a Sam para que lo acompañasen al escenario, dejando a las chicas totalmente sorprendidas y sin entender nada.

-Buenas noches a todos- comenzó a decir Artie- hemos subido al escenario porque varios chicos del Glee Club hemos preparado un tema para esta ocasión y queríamos dedicárselo a tres personas muy especiales: Britanny Pierce-dijo el castaño, señalando a su novia.

-Lauren Zizes y…- le interrumpió Puck, guiñándole un ojo a su chica.

-Rachel Berry- concluyó Sam, mirando a la morena con un brillo especial en los ojos.

Sin más, los chicos tomaron posiciones, para después comenzar su interpretación de Friday de Rebecca Black:

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Toda la multitud comenzó a aplaudir entusiasmada cuando la canción terminó. Sam bajó corriendo las escaleras del escenario para reunirse con Rachel, que no podía dejar de sonreír y que se abalanzó sobre él para abrazarle con fuerza, agradeciendo aquel gesto tan hermoso que el rubio acababa de tener con ella. Los chicos volvieron a ocupar sus posiciones en la mesa y poco después Rachel tuvo que disculparse para ir al baño.

Por otro lado, el sonido de los tacones de Quinn replicando contra el suelo estaba acabando con la paciencia de Finn al tiempo que sus constantes comentarios sobre Sam, Rachel y el maldito baile estaban volviéndole completamente loco.

-¡¿Te lo puedes creer, Finn? ¡Esa manos de hombre ha captado la atención de medio instituto! ¡Es vergonzoso! ¿Cómo pueden prestarle atención a esa "cosa"? ¡Esto es el colmo!

-¿QUIERES CALLARTE DE UNA VEZ, QUINN?- le espetó Finn, enfurecido- ¡Desde que hemos llegado no te he oído decir más que si Rachel esto que si Sam lo otro! ¡Deja en paz a los demás! ¡El mundo no se termina por no ganar una estúpida corona!

-¡Tú no lo entiendes! ¡En mi familia es toda una tradición!- le gritó ella, muy ofendida.

-¡A la mierda con esa tradición, Quinn! ¿Tú te estás viendo? ¡Ni siquiera eres tú misma! ¡Pareces una versión renovada de la niña del exorcista que no hace más que soltar barbaridades por esa boca!

-¡FINN! ¿Cómo te atreves a hablarme así?

-¡Me da igual lo que pienses, Quinn! ¡Estoy harto! ¡Este estúpido baile y tú habéis acabado con mi paciencia! ¡Me voy!

Finn se dispuso a abandonar el lugar, cuando sintió una mano posada en su brazo.

-Lo siento mucho, Finn. Tal vez tengas razón. A partir de ahora prometo no hablar más de Rachel ni del baile. Estoy convencida de que todo saldrá bien. ¿Me perdonas?

-No sé, Quinn. Todo esto ha llegado demasiado lejos. Esta relación…

-¡Espera! ¡No digas nada! Por favor, siéntate ahí y espera a que vuelva del baño, ¿de acuerdo?

-…

-Por favor, Finn- le suplicó la rubia, con lágrimas en los ojos.

-De acuerdo… ¡Pero en cuanto termine esta maldita fiesta tú y yo hablaremos!

-Como quieras, ahora mismo vuelvo…

Quinn se giró y abandonó rápidamente el gimnasio. La rubia sentía más y más rabia a cada segundo que pasaba. Por más que intentaba concentrarse en el baile, una sola idea ocupaba su mente: acabar con Rachel Berry de una vez por todas. Como si alguien hubiese escuchado sus plegarias, Rachel apareció de repente por la otra punta del pasillo. La morena no se había percatado de su presencia y lucía una estúpida sonrisa en el rostro. Quinn no se lo pensó dos veces y se abalanzó sobre ella, empujándola contra las taquillas.

-¡Quinn! ¿Cuál es tu problema?- le preguntó Rachel, sin entender nada.

-¡TÚ, ENANA! ¡TÚ ERES MI MALDITO PROBLEMA, RACHEL BERRY! ¡TE ODIO!

-¿Qu… qué? Pero…

-¡Aléjate de Finn y de Sam o lo lamentarás! ¡La corona de reina va a ser mía y no puedes hacer nada por evitarlo!

-¡Por mí puedes tragarte la corona, Quinn! ¡No me interesa! ¡En cuanto a Finn, él y yo sólo somos amigos! ¡Él te escogió y yo no pienso entrometerme! ¡Pero Sam es mi amigo y no pienso alejarme de él!

-¡Lo único que busca Sam de ti es compañía, Berry! ¡En cuanto dejes de ser capitana de las animadoras y vuelvas al lugar que te corresponde él se olvidará de ti!

-No… eso no es cierto…- dijo Rachel, entre sollozos.

-¡Claro que lo es! ¡No eres más que una perdedora! ¡Una más entre el montón!

-¡Basta! ¡Déjame!

Rachel corrió hacia el gimnasio sin mirar atrás, mientras sentía que su corazón se rompía en mil pedazos. ¿Y si Quinn tenía razón y Sam terminaba abandonándola también? Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas sin que pudiese hacer nada por evitarlo. Unos segundos después, la morena comenzó a respirar profundamente, intentando tranquilizarse. En cuanto estuvo más serena, sacó un pequeño espejo que llevaba en su bolso y retocó como pudo su maquillaje. Al volver a la pista de baile, notó como Finn no la quitaba el ojo de encima, con el ceño fruncido, y la morena supo que él sabía que algo había pasado ahí fuera. De repente, Rachel sintió una mano sobre su hombro y se giró para encontrar a Sam, que llevaba varios minutos buscándola sin éxito.

-¡Ey! ¿Dónde te habías metido? ¡Ya pensaba que estabas huyendo de mí!

-N… no, Sam… tan sólo me entretuve en el baño, lo siento…- se disculpó ella, bajando la cabeza.

-Oye, ¿estás bien, Rach? Tienes mala cara, ¿ha pasado algo que deba saber?- le preguntó el rubio, con un semblante muy serio.

-No, no. Todo está bien, no te preocupes. ¿Vamos a la mesa?

Sam la miró fijamente a los ojos, intentando descifrar qué era lo que había ocurrido hacía unos instantes en el pasillo. Por mucho que Rachel lo negara, Sam había notado desde el principio de la noche un brillo especial en su mirada y ahora ya no había nada. Sus ojos se habían oscurecido y Sam podría jurar que Rachel había estado llorando. De repente, Quinn entró de nuevo al gimnasio y el rubio encajó al instante todas las piezas del puzzle. Sin duda, la rubia estaba detrás de todo esto y Sam estaba dispuesto a dejarle las cosas claras a su ex novia.

-¡Lo sabía! ¡Voy a decirle cuatro cosas!

-¡Sam, no!

-¡No, Rach! ¡No pienso permitir que te insulten!

-Entonces… por favor, no me dejes sola...

-Rach, nunca lo haría. Me importas demasiado como para dejarte ir.

-No quiero perderte, Sammy.

-Nunca me perderás, siempre estaré a tu lado y sea lo que sea lo que te haya dicho quiero que sepas que es mentira. Tú eres mil veces más hermosa e inteligente. Eres toda una estrella y quiero verte brillar.

-¡Gracias, Sam!

Finn contempló el abrazo de los chicos con una mezcla de dolor y resignación. Sin embargo, por más que le doliese sabía que Rachel merecía todo el cariño del mundo y él había sido un auténtico cobarde al no luchar por la chica que realmente quería. Finn contempló a Quinn con suspicacia mientras ésta le dedicaba una sonrisa "angelical".

La fiesta siguió su curso hasta que llegó el momento en el que Figgins anunciaría quiénes serían el rey y la reina del baile.

-Buenas noches, chicos- saludó el director- ante todo quiero felicitaros a todos por vuestro buen comportamiento, espero que siga así. Ahora voy a anunciar al rey de este año. El rey del baile es… ¡SAM EVANS!

Quinn observó con la boca abierta como Sam subía al escenario, al tiempo que todo el mundo aplaudía entusiasmado.

-¡No entiendo nada!- exclamó Rachel- ¡Si Sam no estaba apuntado como candidato!

-¡En ese caso alguien se ha encargado de hacerlo, Rach!- le susurró Mercedes.

-¡Silencio, por favor!- pidió el director- Ahora llega el momento de anunciar a la reina del baile. Este año la elegida ha sido… ¡RACHEL BERRY!

Mercedes y Tina comenzaron a abrazar a Rachel, totalmente entusiasmadas, al tiempo que la morena no sabía como reaccionar. Finalmente Sam corrió a su encuentro y la ayudó a subir al escenario, al tiempo que Quinn ardía de rabia y celos.

-¡Enhorabuena, chicos! ¡Ahora el rey y la reina deben bailar una canción! ¡Adelante!

Sin pensárselo dos veces, Sam escoltó a Rachel hasta el centro de la pista, dónde la agarró suavemente por la cintura mientras ella colocaba sus manos alrededor de su cuello.

-¿Qué es lo que ha pasado, Sam?- preguntó Rachel, sin entender nada.

-No lo sé, pero ahora no pienses en eso y disfruta.

Rachel sonrió y alzó la cabeza para perderse en sus hermosos ojos azules, al tiempo que la canción comenzaba a sonar y los chicos se movían lentamente al ritmo de la música.

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Al terminar la canción, los chicos permanecieron abrazados durante algunos segundos, disfrutando el uno de la presencia del otro. Cuando se separaron, Sam entendió que había llegado el momento de abrirle su corazón a Rachel y decirle lo mucho que la quería.

-Rach… ¿podríamos hablar a solas un momento?

-Claro- asintió ella, sonriente.

Los chicos entrelazaron sus manos y se disponían a abandonar el lugar, cuando alguien empujó a Rachel contra el suelo. La morena resbaló pero afortunadamente Sam fue más rápido y pudo cogerla antes de que cayese.

-¡QUINN! ¿PERO ES QUE TE HAS VUELTO LOCA?- le espetó Sam, muy enfadado.

-¡TÚ! ¡MALDITA ZORRA! ¡DEVUÉLVEME MI CORONA!

-Quinn, yo…- comenzó a balbucear Rachel, que temblaba del susto.

-¡Cállate, todo esto es por tu culpa!

-Pero…

Sin más, Quinn abofeteó la mejilla izquierda de Rachel, que cayó contra Sam, que se interpuso entre las dos.

-¡Quinn, ya basta!- dijo Finn, que la retenía por las muñecas- ¡Creo que ya has dado suficiente espectáculo por hoy!

-¡No, esa corona es mía! ¡ES MÍA! ¡DÁMELA!

Quinn se abalanzó sobre Rachel para quitarle la corona, pero Finn consiguió detenerla mientras que Rachel abandonaba el gimnasio en brazos de Sam. Cuando la pareja estuvo fuera, Sam sentó a la morena en un banco y pronto sus sollozos fue el único sonido que se escuchaba en el lugar. Sam sintió que su corazón se rompía al verla tan frágil y la atrajo hacia sí, protegiéndola. Rachel se aferró al rubio con fuerza, descargando todo el dolor que el odio y las palabras de Quinn le provocaban.

-¿Estás bien?

-Sí… no te preocupes.

-¡Lo siento, Rach! ¡Tendría que haberte acompañado al baño!

-¡No, no! ¡No ha sido tu culpa, de verdad!

-¡Se ha vuelto completamente loca! ¡No sé cómo pude fijarme en ella!

-¿Tal vez porque es guapa y popular?

-Ese argumento es cierto en principio, pero la verdad es que lo que realmente importa es el interior. Si hay algo que valoro en una chica es su personalidad y lo que he visto hoy de Quinn nunca lo había presenciado con ninguna chica.

-Lo siento mucho, Sam.

-Pues yo no. Todo esto, lo que ha pasado estas semanas me ha ayudado a darme cuenta de que la vida son sólo pequeños momentos y hay que disfrutarlos al máximo porque nunca sabes cuándo acabarán. Por eso quiero compartir mi vida con alguien especial que quiera conocerme y pueda comprenderme cuando más lo necesite. Alguien que no me haga sentir un idiota por no ser un buen orador o un buen estudiante. Alguien como tú, Rachel.

-¿Y… yo?- preguntó ella, con los ojos muy abiertos.

-Sí, Rachel. Eso era lo que quería decirte, lo que llevo semanas ocultando: estoy enamorado de ti.

-Sam…

Antes de que Rachel pudiera contestar, los labios de Sam ya estaban contra los suyos, besándola con absoluta dulzura. La morena se quedó inmóvil unos segundos, sin saber cómo reaccionar, pero después se dejó llevar por aquel beso. Los chicos permanecieron así varios minutos, saboreando el sabor del otro y descubriendo nuevas sensaciones que jamás habían experimentado antes. Rachel se separó de Sam al tiempo que la luna se reflejaba en sus hermosos ojos marrones.

-Entonces… ¿Quieres ser mi novia, Rach?

-Yo… sí, Sam, me encantaría- confesó ella, sonriente.

El rubio volvió a besarla, mientras rodeaba su cintura, atrayéndola más hacia sí. Los chicos siguieron besándose hasta que el sonido de una voz muy familiar hizo que se separasen.

-Rachel…

¿Quién habrá contemplado el beso de los chicos? ¿Qué opinará Finn de la nueva relación entre Rachel y Sam? ¿Quién fue el que introdujo la candidatura de Rachel y Sam como rey y reina del baile? ¿Qué ocurrirá con Quinn? ¿Se disculpará con Rachel? ¿Romperá Finn su relación con Quinn tras la pelea? ¡Todo esto en próximos episodios!