Voy a ser sincera, no revisé correctamente este capítulo porque el otro día me estresé horrible cuando intentaba hacerlo y, en serio, no pude terminar de leerlo sin sentir náuseas :'v Pero alv.

ADEMÁS: Escribí unas cosas, como escenas eliminadas, y las estaré publicando en un fic llamado Entre las sombras, así que si alguien tiene curiosidad, allá va.


XV

—¡No puedes prohibirme nada, no eres mi padre!

Lex pensó que, si alguna vez oía esa frase en su casa, sería dedicada a él. Sin embargo, Conner dirigía su cara roja y palabras enojadas a Timothy, que por su parte lo miraba desde atrás de sus lentes de sol como si no entendiera que dos más dos son cuatro (Lex se dio un momento para preguntarse por qué en el infierno su hijo usaba lentes de sol tan feos en la casa).

El alboroto lo había hecho salir de su estudio y observar la pelea que se llevaba a cabo en la sala de estar. Tim y Conner estaban de pie en el medio, el último arreglado para salir, ambos mirándose con el ceño fruncido.

—Pero eres mi hermano —Tim estaba alegando—, no puedes hacer cosas sin mí.

—¡Tú haces cosas sin mí todo el tiempo!

—Hey —Lex decidió interrumpir, antes de que esto terminara en un dolor de cabeza. Los niños se tensaron al escucharlo—, ¿Qué está pasando aquí?

—Tim no quiere que vaya a los helados con Bart y Cassie —explicó Conner con un puchero (pero ¿Entre los dos? La cara inocente de Tim podía ganar más lástima). Lex enarcó una ceja.

—¿Quién va a llevarte a los helados, Conner, y por qué yo no estaba enterado?

El comentario hizo que el clon enrojeciera. Lex pudo ver la sonrisa mal disimulada de su primogénito antes de que hiciera su salida silenciosa hacia la cocina, dejándolos solos en el recinto. Conner se revolvió nervioso, pero al final explicó que la madre de Cassie había ofrecido llevarlos por un helado, ya que la niña estaba de cumpleaños y no se podían permitir una fiesta real, pues su regalo era un viaje.

Al final, se ganó un regaño, pero cuando a señora llegó en una mini-van y anunció su presencia en el comunicador —con voces de niños emocionados en el fondo—, Lex dio su bendición a Conner de participar en la pequeña salida.

Cabe decir que Timothy no estuvo feliz —Lex podía sentir los ojos del niño quemando detrás de su cuello, seguro Tim había observado todo desde la escalera en lugar de marcharse por completo. Su reacción lo inquietaba.

XVI

En su cumpleaños número once, Tim volvió a pedir unas cortas vacaciones en Gotham.

Conner estuvo molesto durante toda la semana, intentando convencer a su hermano de pedir cualquier otra cosa menos la ciudad de los vampiros —incluso le mostró imágenes de lugares con al menos se podía ver el sol, alegando que su padre no negaría un cambio de planes—, todo en vano. Lex tampoco quería aceptar, pero lo hizo.

Y así se encontró a la entrada del hotel Fitz Carlton, sus hijos a cada uno de sus lados, preguntándose qué mierda iba a hacer en los días que estuviesen allí. ¿Salir? Ni a la esquina. ¿Trabajar? Probablemente eso molestaría a Tim y no estaba de humor para lágrimas. ¿Distraerse con Conner? El universo sabía que su hijo cambiaba de tema tan rápido que producía jaqueca.

Su hijo mayor fue quien aclaró sus dudas cuando, ya en sus habitaciones, le enseñó una lista de Cosas por hacer en Gotham.

Martes, 7:00pm: Asistir al baile anual de caridad organizado por Bruce Wayne.

Miércoles, 3:00pm: Visitar el parque de diversiones de Gotham. (Cena para cinco en el restaurante del hotel, hora no establecida)

Jueves, 8:30 am: Museo de Arte.

Jueves, 1:00 pm: Almuerzo en la casa Wayne.

Oh.

Así que era eso lo que su hijo pensaba que harían.

Lex estaba más que encantado de explicarle por qué no pasaría. Tal vez sí lo de ir al museo de arte —porque esa era la única parte de todo el itinerario que parecía no tener relación con los malditos murciélagos.

—Para empezar, Timothy —Lex dejó que su máscara gentil se deslizara lejos de su cara—, Bruce Wayne no nos ha invitado al baile y no lo hará. En segundo-

—Ya nos invitó —aseguró Tim, sacando de quién-sabe-dónde un sobre doblado con el sello de casa Wayne impreso sobre una de sus caras—. Cuento con que su necesidad de mantenernos cerca, serán suficiente para moldear esta visita conforme a mis planes.

Lex soltó un bufido, por un momento relajando la postura fría para contenerse de rodar los ojos.

—Están socialmente presionados a enviar una invitación, Tim, lo sabes —de hecho, no era así del todo, su hijo tenía un punto—, eso no significa que Bruce Wayne vaya a invitarte a comer en su casa. Por mucho que quiera mantener un ojo en mí, no pienso acercarme a él, ni siquiera por uno de tus caprichos. Sabes bien por qué.

El tono de voz usado borró de inmediato la sonrisa de confianza que Tim tenía en la cara y disminuyó el brillo seguro en sus ojos. Bien. Lex no iba a retractarse.

No.

(En realidad tuvo que salir de la habitación, los hombros caídos y el puchero de su hijo eran una trampa en la que no iba a caer. Mientras se alejaba, pudo captar a Conner, quien había estado silencioso durante el intercambio, acercarse a Tim y poner un brazo sus hombros. Y la forma en que su primogénito se aferró a la camiseta de Conner le dijo que aún luchaba contra las lágrimas.

Mierda)

XVII

Lex odiaba ser indulgente con sus hijos. Lo odiaba, porque muchos de los deseos que estos tenían provocaban que su paciencia se quebrara. Como en ese momento, entrando por la puerta de la maldita Mansión Wayne, dentro de la cueva del murciélago —figurativa y literalmente— y siendo guiado por el mayordomo al Gran Salón, donde eventos como ese tomaban lugar. Ellos, en especial Timothy, serían su muerte uno de esos días.

Sintió la emoción de su hijo mayor y le sorprendió —aunque, joder, estuvo aliviado— que no estuviera dando saltos por todo el lugar. En cambio, a simple vista él y Conner representaban la definición de calma, aunque si Lex observaba más de cerca podía notar el tic en el párpado del clon demostrando que estaba poco complacido.

La velada fue amena durante los cinco minutos que pasaron antes de que Richard Grayson y Jason Todd, los protegidos de Bruce, hicieran aparición enfundados en sus trajes elegantes.

—¿Podemos robarnos un rato a Timothy y Conner, señor Luthor? —ofreció Richard, con una sonrisa agridulce en la cara, manteniendo más o menos bien su fachada; Lex sabía que no había razón para negarse, aunque aceptar supusiera entregar a sus niños a un interrogatorio sutil— Jason y yo podríamos usar de su compañía, no hay muchos jóvenes en estos bailes.

—Adelante.

Lex les dio una mirada a sus hijos, pero ninguno estaba prestando atención. Conner parecía impresionado con la altura de Grayson y Tim estaba ocupado analizando a ambos para dedicar un segundo pensamiento a su pobre padre. Observó a los cuatro avanzar por el salón, esquivando con cuidado pero sin mucho esfuerzo a las parejas bailando, y pudo deleitarse en captar a Timothy desplegando su mejor actuación de inocente.

Al momento de quedar solo —no en realidad, porque varios hombres de los que no recordaba el nombre estaban haciendo conversación con él—, Bruce Wayne apareció de la nada y le invitó un baile.

Já. Lex no quería páginas de chismes en el Gotham Gazette, así que declinó la oferta, pero aceptó tomar una copa de champan con él. En cuanto se deshicieron de los ricachones interesados y Bruce le guio a un espacio alejado, la voz del hombre a su lado se convirtió en casi un gruñido —al igual que su cara de frialdad cambió a una más calculadora. No había necesidad de fingir.

—¿Qué haces aquí, Luthor? Esta es mi ciudad.

Lex le ofreció una sonrisa torcida y se deleitó en el efecto que las siguientes palabras tuvieron en su acompañante.

—A diferencia de ti, Bruce, incluso yo soy un buen padre. Y en lugar de poner a mis hijos en riesgo constante como haces con los tuyos, disfruto cumplir sus caprichos. Si Timothy quiere venir a la ciudad vecina, yo le traigo. Eso les hace felices. Eso evita, ya sabes —Lex se acercó un poco a su oído y le inyectó más veneno a sus palabras—, que las aves abandonen el nido.

Y no es que pensara que Batman entre todas las personas le creyera —aunque era verdad—, así que no estuvo sorprendido de tenerlo revoloteando a su alrededor.

Pero sí que lo estuvo cuando, casi siendo las once y después de haber escuchado el discurso de Bruce sobre su programa de ayuda a los chicos de Gotham, captó a sus hijos y los Wayne riendo junto a una mesa. Timothy estaba entregando algo a Richard y Conner parecía intercambiar números con Jason Todd-Robin-Protegido de Bruce Wayne-Enemigo.

Lex tuvo que disculparse con la señorita que le estuvo haciendo conversación porque ¿Qué en el infierno estaban haciendo esos niños? ¿Los Wayne les habrían sacado algo de información? Sobre todo, le preocupaba Conner. Mantener a tus amigos cerca y tus enemigos aún más cerca era la forma de actuar de los ingenuos, sobre todo cuando estás en terreno hostil con el maldito Batman. Así que se dirigió directo a donde estaban sus niños, les hizo despedirse y los sacó de esa fiesta a la que jamás debieron ir, con un agarre de hierro en los hombros de cada uno —que Conner no sentía tan fuerte, pero con seguridad Tim encontraba doloroso.

Bien. Por estas cosas la indulgencia era debilidad.


1592 palabras aproximadamente.