Octubre, parte 1.
Viernes, 5:34 de la tarde. La semana de evaluación por fin había terminado. De momento, tendrían el resto de la tarde libre, mientras los resultados del último examen eran publicados en los diferentes tablones de anuncios. Los miembros del consejo estudiantil estaban encargados de eso, por lo tanto Arthur tenía que aguantar las pláticas incoherentes de los amigos de Francis.
―Y pues Lud ya está ayudando a Kiku con el periódico, así que ya no necesita que le eche una mano de vez en cuando―Gilbert jugaba a los naipes con Antonio―Pero es un poco triste…
― ¿No es mejor así? Aunque Lovi solo habla de ellos…
―Últimamente todos están más cariñosos―Alfred se unió a la conversación desde el escritorio, donde ayudaba con los papeles. Iba continuar con algún chisme, cuando los demás en la habitación empezaron a reír.
― ¡Mira quién lo dice!―rió Gilbert, estridente como siempre.
―Siempre estás con Kiku, ¿Crees que no nos damos cuenta?―dijo Francis, quien extrañamente casi no aportaba a la conversación.
― ¿Qué tiene? Es mi amigo―Alfred lo vio receloso, y todos lo atacaron con burlas. Cuando se vio acorralado, cambió de tema―Últimamente veo que Ivan se pasea cerca de Yao, Gilbert…
― ¡Bien por mí! Así van a dejar por fin ese tema―gruñó Gilbert―Ustedes incluso se lo dijeron a Alfred, no puedo creerlo…
― ¿Acaso intentas escapar, Alfie?―Francis nunca dejaba pasar oportunidades.
― Tú siempre andas atrás de Artie, y nadie dice nada―ahora todos se fueron sobre el muchacho de barba.
Pero entonces, Arthur intervino al escuchar su nombre―No me metan en sus problemas estúpidos y pónganse a trabajar. Para las seis quiero esas listas en su lugar.
―Qué aguafiestas―se quejó Antonio, pero continuó jugando con Gilbert en silencio. Después de un rato, Alfred salió del aula para colocar las listas en el edificio oeste, mientras Arthur y Francis irían al edificio sur.
―Muévete, Francis―lo apuró Arthur―debemos ir con el subdirector y después a pegar las listas.
―Espera, no encuentro mi listón―el muchacho buscaba en su mochila.
Arthur observó en silencio a Francis que, después de encontrar el viejo listón azul, lenta y delicadamente se agarró el cabello en la coleta de siempre.
― ¿Qué pasa?―después de tomar los papeles, Francis se dio cuenta de que el otro no dejaba de verlo, y le hizo una mueca―Deja de verme, me das escalofríos…
―No te estaba viendo―Arthur siempre envidió el cabello de Francis, aunque nunca lo admitiría.
― ¿Cuándo va la directora a anunciar la fiesta de Halloween?―dijo el muchacho del listón luego de entregar al subdirector los papeles.
―Después de la final de beisbol―ahora iban camino a pegar las listas. Algunos alumnos los siguieron, ansiosos por saber sus resultados.
―Ah, es mañana, lo había olvidado―Francis divisó a alguien familiar entre las caritas desconocidas― ¡Basch, saliste de tu habitación!
― ¿Podrías dejar eso y trabajar? Quiero ver mi calificación―el muchacho causó que Francis hiciera una mueca.
―Gracias por su arduo trabajo―saludó Erika, quien usualmente estaba junto a Basch. Todos se sorprendieron un poco, pues siempre era muy tímida.
―No es nada, ahora mismo pegamos las listas―Arthur dijo amable, pero al terminar lanzó una mirada asesina a Francis. Una vez terminaron ahí, se despidieron y se alejaron.
― ¿Ahora qué?―preguntó el joven de barba mientras veía por la ventana a unas chicas en el patio.
―Solo ordenaré unas cosas en la sala. Después iré a la habitación, mañana es la final y debemos tomar temprano el autobús para llegar a tiempo.
Francis se quejó con un gruñido―No recordaba que nosotros también debemos ir en el primer autobús… adiós a mi sueño de belleza.
―No importa, igual no te funcionan en nada―se burló Arthur, y se fueron discutiendo desde la sala del consejo hasta su habitación.
― ¿Podrían callarse? ¡De verdad ustedes nunca van a cambiar!―les gritó Yao, quien también iba a su habitación.
Después de hablar un poco, entraron a su habitación y prepararon lo que necesitaban para el siguiente día. Como siempre, Arthur se tardó una eternidad.
― ¿También llevas los papeles de―ya iba empezar a repasar otra vez, cuando Francis lo interrumpió.
― ¡Que sí, Arthur! Solo faltan nuestros desayunos, porque mañana no voy a poder prepararlos―el muchacho estaba pegando fotos en el armario―Será muy temprano, debería ir a la cocina de una vez…
― ¿Sigues pegando cosas en mi parte del armario?―lo que inició como una solitaria foto en la puerta del armario, se convirtió en un mar de recuerdos. Había toda clase de fotos, ni siquiera recordaba que la madre de Francis las tomara.
―Vamos, incluso sales con tu querido Alfie―Francis le pasó al otro muchacho una de las imágenes.
― ¿Enserio?―Arthur casi rompe en llanto luego de ver la foto y recordar aquel día― ¡Qué recuerdos! Incluso parece que no se quería despegar de mí…
―Hay muchas, ¿quieres verlas?―Francis sacó una bolsa llena de fotos―A mi mamá de verdad le gustaba tomarlas.
Ambos reían mientras recordaban lo que había pasado antes o después de que fueran capturadas esas imágenes, y Francis veía disimuladamente hacia Arthur para observar sus reacciones. Cuando sonreía, encogía los hombros por costumbre y las mejillas se le ponían coloradas. También hacía todo tipo de muecas mientras Francis le hablaba sobre ese día, y notaba cómo esos bonitos ojos verdes se ponían cristalinos. "Dios, yo no pensé eso" se dijo a sí mismo cuando se dio cuenta de que no dejaba de ver a Arthur.
―Esta foto…―en la imagen estaba Arthur llorando, abrazando a Francis―Me caí por perseguir al hada del río y…
―Lo primero que hiciste fue correr hacia mí―dijo Francis, sonriendo al recordar. Antes de que Arthur tartamudeara algo, el muchacho se levantó de la cama―Voy a la cocina, luego regreso.
"―Ya no tiene sentido que lo ocultes, desde el año pasado intentas seducir al cejas."
"―Eres malévolo, compañero. Yo nunca hubiera pensado en vengarme de esa forma."
Eso habían dicho sus amigos aquella vez, al iniciar el curso actual. Desde que lo recordó por aquel sueño, Francis no podía dejar de pensar en ello. No lo había comprendido, pero al darse cuenta de la forma en que su estómago se retorcía cuando Arthur hablaba de Alfred, se había dado una idea de lo que pasaba. Sin embargo, él nunca intentó seducir al otro, le molestaba que sus amigos pensaran así.
Cuando llegó, la cocina estaba repleta con los miembros del equipo de beisbol y sus conocidos, todos preparando su comida de mañana.
― ¡Fran!―lo llamó Alfred desde una mesa― ¿No vino Artie?
―No, está viendo unas fotos―Francis saludó a todos con ademanes.
― ¿Las que tomó la Tía? ¡Qué vergüenza!―con Alfred estaban Simon, Matthew y Roderich.
―Te tardaste, Francis, ¿ya vas a preparar tu comida?―preguntó Roderich.
―Descarado como siempre―Francis le hizo una mueca― ¿Por qué siempre tengo que prepararles yo la comida?
―No es necesario que te molestes, Francis ―Kiku llegó desde la cocina, sonriendo amable―Tino, Elizabeta y yo nos encargamos.
El muchacho hizo un puchero―Prefiero prepararla a hacer nada…
― ¡De verdad te gusta hacer comida, eh!―rió Simon, y Roderich le dijo que bajara la voz.
Francis no había notado que otros de sus conocidos estaban ahí, y la tarde fue más animada de lo esperado. Sin embargo, cada cosa le llevaba a pensar en Arthur y en cómo le hubiera gustado estar riendo con todos. Se golpeó mentalmente cada vez que lo recordaba.
Cuando Francis regresó a la habitación, las cajas con comida listas, Arthur se había quedado dormido con unas fotos en la mano. Tenía los ojos algo rojos, como si hubiera estado llorando. "Mientras yo me reía de las estupideces de todos" pensó Francis y de nuevo se golpeó mentalmente.
―Arthur… ¿ya te duchaste? Aún no es hora de dormir―le habló como si fuera un niño pequeño. Quizá estaba soñando con algo del pasado, luego de ver tantas fotos.
―Ya lo sé… no molestes…―respondió medio dormido, y apartó la mano de Francis. Después de un rato, se levantó por fin― ¿Qué hora es?
―Casi las nueve. ¿Dormiste mucho? Quizá ahora tengas problemas para volver a dormir…
―No pasa nada, apenas estaba dormitando―el muchacho se dirigió al cuarto de baño. Estar en el consejo estudiantil era una ventaja por tener su propio baño, y poder relajarte en vez de ir a las duchas y estar incómodo. Gilbert a veces les pedía prestado el baño―Oye Francis, se me acabó el acondicionador, ¿cuál de tus botellas puedo usar?
―La morada o la verde―una extraña sensación le recorrió la columna. "¿Desde cuándo me importa si el cejas huele igual que yo?" pensó, y tuvo que golpearse de nuevo.
―No me gusta jugar a esto―dijo Arthur, mientras todos corrían en direcciones diferentes.
― ¿De qué hablas? Apúrate y escóndete, ya voy a contar―respondió Francis, que estaba recargado en un tronco.
―No quiero―el niño infló las mejillas, y se esforzó por no llorar. Francis pudo darse cuenta, pues Arthur lloraba muy fácil.
― ¿Por qué?―su pregunta fue brusca. A veces Arthur en verdad lo molestaba con sus rabietas.
―Pues… porque…―vaciló Arthur.
―No es momento para esto, ¡ya vete!―seguro todos estaban esperando que Francis fuera a buscarlos, pero no podía siquiera contar los segundos por tener a Arthur ahí.
El niño reaccionó de forma inesperada. No gritó, ni se enojó; solo hizo contacto con los ojos de Francis por un buen rato, para después ir al bosque.
Sin prestarle atención, Francis contó unos cuantos segundos y fue a buscar a sus amigos.
― ¿Alguien falta?―preguntó Gilbert después de que encontraron por fin a Sadik, quien siempre encontraba los escondites más raros―No veo al cejas.
Entonces Francis les contó lo que había pasado, y todos dijeron casi lo mismo. "Seguro se fue a casa, hay que jugar a otra cosa". Pero ahí estaba Francis, en el bosque, buscando al niño testarudo.
Lo llamaba, y lo llamaba, pero no había respuesta. Buscaba en sus lugares favoritos, y no había nadie. Quizá era cierto que se había ido a casa, pero si no era así, entonces Arthur estaría esperando a que lo encontraran en algún lugar del bosque. Quizá estaba llorando. Francis recordó que estaban jugando al escondite, y obviamente Arthur no iba ir a sus lugares favoritos, así que se adentró un poco más en el bosque y lo encontró cerca del río.
―Solo faltabas tú―le dijo al niño mientras se acercaba― ¡Ya habíamos acordado que en el bosque no!
―Igual viniste―respondió Arthur, sin voltear a verlo―No tenías que buscarme, solo iba a casa.
―Igual te quedaste aquí esperando―Francis intentó hacer contacto visual, y Arthur le devolvió la mirada. No parecía haber llorado.
―No me gusta jugar al escondite―dijo luego de un rato―Porque todos siempre se olvidan de mí, y no me buscan.
―No es cierto―respondió Francis―Yo nunca te olvido.
―Hey, Francis―lo llamó Arthur, luego de salir del baño―Ya terminé, ¿vas a entrar?
Francis se tardó más de lo normal en la ducha, pensando y dándole vueltas a sus recuerdos. Siempre, de una u otra forma, Arthur estaba relacionado. "Qué dolor de cabeza es ese niño", pensó cuando estaba por fin en su cama, listo para dormir.
A la mañana siguiente, Alfred los despertó más temprano de lo necesario, y estaban un poco malhumorados. A las siete debían estar en el autobús con los miembros del equipo, para llegar a las nueve al estadio donde sería el partido. Una hora después llegarían los otros autobuses, con sus compañeros de clase y amigos.
El papel de los miembros del consejo estudiantil era mantener el orden y registro de todos los alumnos que iban en los autobuses, por lo tanto era necesario que el presidente y el vicepresidente fueran en el primer autobús junto con el profesor asignado.
―Bueno, no fue tanto problema―respiró Arthur con alivio, luego de que todos los alumnos llegaron y tomaron asiento en las gradas―Solo queda mantenerlos vigilados.
―Ya no somos niños, sabemos cuidarnos―dijo Gilbert mientras comía palomitas.
―No se trata de eso―gruñó Arthur―Debo asegurarme de que no hacen nada para avergonzar a nuestra escuela, especialmente tú.
―No creo que sean tan imprudentes…―Matthew comentó despacio.
― ¡Cuando estos tres están juntos, nunca sabes qué puede pasar!
El juego inició muy bien, y estuvo reñido en todas las entradas. No hubo errores y jugaron con todo lo que tenían. Kiku fue lanzador en todo el juego y Alfred ganó varias carreras con su bateo. Sin embargo no siempre se gana, ni siquiera cuando es lo que más quieres. Terminó doce a quince. El equipo del Colegio W había perdido.
―Yo sé que no existe segundo lugar cuando estuviste tan cerca del primero―dijo el capitán del equipo luego de la última jugada―Pero nos esforzamos al máximo, y para mí, todos ustedes se llevan el oro. Gracias por seguir jugando hasta el final.
Los jugadores mantuvieron la cabeza en alto para el saludo y el agradecimiento, pero al final el remordimiento sale del cuerpo en forma de lágrimas. Cuando Alfred empezó a llorar y Kiku se acercó para abrazarlo, los del equipo y la audiencia se conmovieron a tal punto de llorar junto con ellos. Incluso Arthur se dejó llevar un momento, pero luego mantuvo la compostura.
El viaje de regreso fue de lo más incómodo en el autobús de los miembros del equipo. Estar tan cerca de Alfred y no escuchar sus animadas pláticas era por demás deprimente, lo mismo pasaba con Simon. Ver a Kiku sin su usual sonrisa amable y despreocupada te dejaba vacío.
Al llegar a la escuela, Francis les ofreció sus comidas favoritas, pero nadie aceptó. En otras circunstancias, el chico se habría indignado, pero en ese momento todos necesitaban un momento a solas. Ni siquiera los amigos de Francis estaban con ánimos de molestar y se fueron directo a sus habitaciones.
―Solo espero que no se depriman demasiado―dijo Francis al entrar en su habitación y ponerse cómodo. Los viajes en autobús le dejaban dolorida la espalda―Les va hacer mal.
―Qué insensible, ¿no viste cómo lloraba Alfred? Ese juego significaba mucho para él―Arthur lo golpeó en la frente.
―No lo decía con esa intención―Francis se sintió incómodo, pues no se había enojado por el golpe que recibió sino por algo diferente.
―Oh, claro que no, nunca es tu intención.
― ¿Qué insinúas?
―Si te hubieras detenido a pensar un poco en los sentimientos de Alfred, te habrías dado cuenta de que ese comentario estaba fuera de lugar.
―Lo siento, no recordaba que para su majestad el pequeño Alfie lo era todo―el joven hizo muecas de burla―Pobre niño, perdió un juego y se pone a llorar.
― ¿Cuál es tu problema?―Arthur se estaba enojando, era evidente por su tono de voz.
―Ninguno, no tengo ningún problema―le molestaba que en verdad no sabía lo que le pasaba.
―Sabía que eras insensible, pero nunca imaginé que te importara tan poco lo que sintiera Al―antes de que terminara, Francis lo interrumpió. No quería escuchar que Arthur dijera ese nombre de nuevo.
― ¿Perdón? ¡Eres tú el que no deja de pensar en Alfred!―Francis levantó un poco la voz―Ese juego no era importante solo para él, lo era para todos.
―Y aún así parece que a ti no te importaba.
―Me importaba tanto como a cualquier espectador―el joven debía calmarse solo, pues Arthur nunca cedería―Si ganaban, qué bien. Si perdían, también.
Arthur solo observó a Francis de pies a cabeza con esos malditos ojos verdes que ahora incluso lo mareaban. No podía siquiera devolverle la mirada.
―Hace mucho no lo veía llorar―dijo Arthur, ya calmado.
―No es nada del otro mundo. Siempre lloraba por cualquier cosa― "Igual que tú" pensó, pero no lo dijo en voz alta para evitar otra discusión.
―Espero―parecía que Arthur tenía una pelea con su dignidad, pues continuó con pesar―Que no se depriman mucho, sí…
―Oh, su majestad aceptó la derrota―Francis no se pudo resistir a molestarlo.
―Soy una persona madura, acepto cuando me paso un poco de la raya―pero en verdad estaba haciendo el mayor esfuerzo para no empezar a gritar de nuevo.
―Estoy orgulloso―sonrió burlón, y Arthur no pudo más. De nuevo estaban discutiendo sobre las tonterías de siempre.
¡Corto, muy corto! Pero seguro.
Sé que cambio mucho el punto de vista en la narración, pero éste lo dediqué más que nada a mi francés tonto. Si terminaste de leer esto, estoy muy feliz.
PD: Elegí el nombre "Erika" para Liech... quiero escribir más sobre las niñas...
