Nada es mío, solo la trama extraña, Eyeshield y sus personajes le pertenece a sus respectivos autores, las Canciones que salen en capítulos son de sus respectivos autores e intérpretes.
"Concrete Kingdom"
Las cosas no podían ser fáciles, nunca lo eran. Akaba Hayato se había levantado un día sabiendo que no era él, los ecos pasados de centurias atrás lo habían alcanzado y ahora tenía una misión que cumplir. Elladan había despertado de su descanso y su deber era hallar a su rey, Maglor, el emperador de los guerreros de la luz.
No sabía cómo lo reconocería o si sería mayor o más joven, todo lo que sabía de él era que un aura sin igual, rebosante de poder y confianza. Él había tratado de explicárselo a Kotaro, su pareja desde hacía poco más de un año, pero el pateador no había entendido ni la mitad de lo que le había dicho y sin importar que discutieran, o que el de cabellos oscuros lo amenazara con dejarlo, él no podía dejar de lado su deber. Tenía que encontrar al emperador y debía de hacerlo rápido, el tiempo se estaba acabando.
Casi se rio al escuchar que Kotaro le dijo que lo seguiría, no sabía lo que pasaba, no entendía por qué eso era importante, pero no iba a dejarlo irse solo y menos aún si era posible que su vida corría peligro.
Así fue como su búsqueda comenzó, pocos meses después él se encontró en una situación incómoda, entre la pared y su emperador. Los recuerdos de otras épocas llegaron súbitamente.
Ellos dos habían compartido un ideal, un sueño y también el lecho. Recordaba haber visto el brillo de las estrellas en su mirada, el brillo del sol en su sonrisa y la belleza del atardecer en todo su cuerpo. Maglor no solo había sido una constante en su vida sino que había sido la persona más importante para él.
Así fue que acabaron marchando en contra de Xardheligz, poco más de una década antes de que la oscuridad iniciara, diezmando sus tropas y retrasando su conquista. El muriendo, en los brazos del otro. Había muerto por una lanza que lo había atravesado, se había interpuesto para salvar al emperador; recordaba vagamente sonreír mientras veía sus bellos ojos llenos de tristeza.
"No llores por mí, majestad, con gusto daría ésta y mil vidas por ti"
Esas habían sido sus últimas palabras en aquel entonces. Pero cuando estuvo de nuevo frente a él, un joven resplandeciente y lleno de determinación su corazón se dividió, lo amaba profundamente como en aquellos días y también amaba al chico que lo venía siguiendo sin ninguna razón, al hombre con el que había compartido unos años de su vida y su pasión por el Futbol Americano. Akaba Hayato no sabía que hacer después, en caso de sobrevivir, porque no podía decidir si amaba a novio Kotaro más de lo que amaba a su Emperador Maglor.
Cuando se dio cuenta estaba en ese avión, viajando a otro país, para salvar al mundo de toda esa locura.
I hear cries tonight
i hear cries tonight
ain't no love
ain't no life
i hear cries tonight
i hear cries tonight
i hear cries tonight
i hear, i hear
i hear cries tonight
i hear cries tonight
i hear cries tonight
i hear, i hear
Hiruma necesitaba golpear algo, destruir a alguien, simplemente no podía soportar la idea de saber lo que ese monstruo le había hecho a Agon, a Obsidiana; se sentía asfixiado, atado, su corazón se encogió dolosamente cuando vio el video el cual ni siquiera estaba completo, solo eran unos minutos de lo que debieron ser horas de agonía debajo del peso de ese hijo de puta malnacido.
Sus dientes crujieron rabiosamente, no iba a dejarlo así, ni importaba lo que ya habían decidido o los planes que tuvieran, él iba a dedicarse por completo al rescate de Agon y los demás deberían ir al lugar que marcaría un nuevo inicio o su final. No iba a dejar que nadie más supiera de esto, no tenían por qué saber. El rubio cerró su laptop bruscamente y miró al mayor de los Kongo, no podía dejarlo ir con él, eso solo lo pondría en peligro, a él y a Mamori; después de todo lo que habían intercambiado en información y calcular las posibilidades en definitiva tenían que dividirse, las horas eran escasas y el velo que dividía a los dos mundos, que él mismo había separado hacía milenios, se estaba rompiendo y con ese ese monstruo ganaría más poder.
Unsui estaba esperando a saber qué le diría, porque él también quería recuperar a su hermanito pero entendía perfectamente que su esposa no podía ir con ellos y tampoco podría correr el riesgo de dejarla sola. Ellos dos se alejaron del resto, bajo miradas calculadoras que ellos decidieron ignorar por completo. Después de un breve intercambio y de una competencia de miradas Hiruma había ganado, no importaba si era un poco peligroso era su mejor opción, Unsui lo sabía aunque no le gustara lo que estaba por ver.
—Anezaki— Hiruma se acercó a ella con cautela —necesito que localices a Agon con la mayor exactitud posible, no tenemos tiempo que perder— ella lo miró mientras analizaba sus palabras.
—No se puede hacer, Hiruma. No sé cómo, yo…— ella quería ser de más ayuda. Creía que si el rubio le decía las cosas era por una buena razón y sin embargo él estaba pidiendo algo imposible.
—Se puede hacer—afirmó él, determinado —Cuanto más cerca está el eclipse más se rompe la barrera de lo sobrenatural— él señaló a uno de los presentes en el avión, quien solo devolvió la mirada de forma calculada aunque con una ligera sonrisa —Le puedes preguntar al emperador, él lleva años usando ese poder aun cuando no se había dado cuenta— él apenas recién notó ese detalle, pero sabía en el fondo de su mente que era verdad —Lo mismo ocurre con el pelirrojo— Ahora miró a Akaba, quien no parecía interesando en anda de lo que ocurría, pero era solo su forma de ser —Es posible para algunos de nosotros usar algunas habilidades de ese entonces si nos concentramos lo suficiente—
—¿Eso es verdad?— ella miró al emperador y a Akaba, nunca se hubiera imaginado que sus habilidades en el campo de juego se debieran a algo sobrenatural.
—Lo es— contesto el emperador, estaba tranquilo, como si estuviera seguro de que ellos ganarían.
—Podría ayudarte con esta tarea en particular, después de todo fuimos hermanos anteriormente, tal vez funcione mejor de esta manera— el pelirrojo contestó, sin usar sus referencias musicales por primera vez, dejando a todos un poco sorprendidos.
—¿No será peligroso?— Kotaro preguntó en un susurro, preocupado. Cierto era que él no sabía nada de lo que estaba pasando, pero no era ciego, entendía que no era un juego y también sabía que algo pasaba entre su novio y el "emperador", bastaba ver las miradas que se dirigían de vez en cuando, las palabras susurradas que compartían cuando parecía que nadie más les prestaba atención. Nadie lo estaba obligando a ir, seguía a Hayato porque quería pero aun así se sentía arrastrado por todos, en momentos como ese se preguntó si estaba haciendo lo correcto al ir con ellos.
—No te preocupes, realmente nadie saldrá lastimado y si algo pasara— el emperador no explicó a qué se refería —Me encargaré de mantenerlos a salvo— su aura rebosante de confianza no podía ser más chocante para el pateador pero se mantuvo callado.
—¿Y funcionará?— Mamori se dirigió al pelirrojo, quien ya estaba a solo un par de pasos de ella.
—Podemos tratar— ellos se quedaron mirando por unos breves segundos, teniendo una plática silenciosa que solo un par más de los presentes podía entender a medias.
—Está bien— ella dijo finalmente para dirigirse a Hiruma y a su esposo, quienes estaban a su derecha, esperando —¿Qué tengo que hacer?—
—Buscar la ubicación de Agon, cualquier cosa que nos diga en donde está será suficiente— Hiruma no sabía que otra cosa decirle, no era como que él supiera que palabras usar o si tenían que hacer un ritual. Unsui solo respiró profundamente a su costado —Aredhel fue quien te dijo que estaba en peligro y también te dijo que teníamos poco tiempo, tal vez ella pueda decirnos en dónde está ahora— él estaba haciendo algo que no solía hacer, confiar en alguien más.
Mamori asintió con determinación en la mirada y luego de mirar a Unsui para dedicarle una sonrisa de disculpa se giró hacia Akaba, quien sencillamente estaba esperando a que ella estuviera lista para tomar su mano, la cual había extendido apenas ella se decidió a intentarlo.
Así, frente a la mirada incrédula de más de la mitad de los presentes las figuras fantasmales de Aredhel y Elladan se hicieron presentes en los cuerpos de sus reencarnaciones, eran parecidos a sus cuerpos nuevos y al mismo tiempo eran diferentes, cualquier aunque hubiese visto a los dos elfos en el pasado no dudaría en que eran hermanos aun cuando Anezaki y Akaba no se parecieran en esta vida.
La voz de ella era hermosa y delicada, era como escuchar la melodía de un piano o tal vez de un violín, mientras que la de él era más parecido al sonido suave y rítmico de un tambor. Sus palabras fueron pocas pero la información era exacta. Ella miró a su hijo antes de desvanecerse con la una irada triste. Él miró a Maglor con una sonrisa apenas marcada en sus labios y los ojos llenos de alegría justo antes de desvanecerse. Mamori y Akaba cayeron inconscientes justo después de terminar, solo estaban agotados.
Like all of the best, we've been taken
like all of the lost, we've been had
pray god, kingdom come, deliver us,
amen
all life, is it lost, have they won
Ain't no love in a concrete kingdom,
ain't much life
ain't no life in a concrete kingdom,
i hear cries tonight
Desde la cima de la montaña se podía ver con claridad hasta el horizonte, un campo lleno de cadáveres, un rio de sangre que cruzaba hasta donde su vista podía llegar, las de carne podrida y huesos añejados por el tiempo. Agon estaba frente a él, esperando una respuesta que no sabía si quería tener.
Se trataba de un hombre joven, de piel morena como la suya, cabello negro y largo. Tenía un halo dorado a su alrededor, él parecía mirar hacia el horizonte en busca de algo. Cuando Agon llegó a la cima de la montaña se fijó en él aunque no parecía sorprendido, tenía el semblante de una persona que llevaba esperando mucho tiempo.
—¿Quién eres tú?— Agon fue el primero en preguntar, tratando de recuperar el aliento de todo el tiempo que estuvo corriendo, tenía la sensación de que aquí estaba seguro, en ese lugar nadie iría a buscarlo —¿Qué es este lugar y que hago yo aquí?— quería respuestas ahora.
—Yo soy Obsidiana de Arabhi, viajero— su voz era profunda y calmada, parecía una persona que había madurado a fuerza del paso del tiempo —Este es el cementerio de una vieja guerra en dónde no hubo un ganador— él seguía mirando al horizonte como si no le interesara mirar a su nuevo acompañante — En cuanto a por qué estás aquí, eso es algo que no puedo saber, dime viajero ¿Por qué estás aquí?— en ese momento se giró para concentrar toda su atención en el chico recién llegado.
—Yo…— Agon no sabía qué responder, no recordaba muy bien porque estaba corriendo siquiera y este hombre le resultaba familiar por alguna razón, desconocido también. Le parecía tener nociones de algunas cosas, el recuerdo de un chico rubio, de un hermano… ¿Por qué le era tan difícil recordarlo?
Agon estaba siendo transportado de nuevo, mientras estaba semiconsciente, ahora no era importante para mister Don, ya lo había roto su cuerpo y quebrado su espíritu, le daba igual en dónde lo dejaran o lo que le pasara siempre y cuando lo mantuvieran cautivo, no se arriesgaría que ese humano fuera llevado al portal y arruinara sus planes, como la última vez.
Las personas que lo llevaban solo se burlaban de lo débil y patético que era, de la muñeca sin voluntad en la que se había convertido. Había sido muy "generoso" por parte de su jefe habérselo regalado para que jugaran durante un par de días más.
Xardheligz había salido de estados unidos para llegar al portal y abrirlo, estaría listo para cuando la oscuridad llegara y sumiera todo bajo su sombra.
ain't no love
ain't no life
ain't no right,
what's for my son
When all of the good,
have been taken
where all of the lost,
have gone
ravaged, then raped, annihilation-amen
all life, is it lost, have they won
Ain't no love in a concrete kingdom
ain't much light
ain't no life in a concrete kingdom
i hear the cries tonight
Aún debían de tener al menos dos días sin embargo el aire en este país se sentía diferente, más pesado, no habían aves cantando y parecía como si todo se hubiera detenido de repente, algo irrelevante para lo que ellos habían ido a hacer a ese lugar, llamaban la atención debido a que eran casi una veintena de personas asiáticas en un país europeo por lo que tendrían que ser discretos y comportarse como un grupo de turistas más era su mejor elección. Habían llevado ropa abrigadora, paraguas y cámaras fotográficas, nadie que los viera debería de sospechar.
Kurita estaba triste, era bastante notorio en su mirada, él hubiera querido acompañar a su mejor amigo a su cruzada personal pero Hiruma había sido muy claro al respecto, lo necesitaba con Mamori y con Unsui, él y Musashi eran los encargados de cuidarlos y asegurarse de que volvieran a casa en una sola pieza, él no podía confiar en nadie más para ese encargo, "Confío en ti y en él más que en ninguna otra persona, Kurita" había dicho con suavidad, mientras había puesto una de sus delgadas manos sobre el hombro el enorme jugador. Había sido una jugada sucia y manipuladora pero había funcionado, Kurita no pudo negarse después de esas palabras ni tampoco pudo ser obstinado para perseguirlo a donde quiera que estuviera yendo.
Musashi simplemente había asentido y le prometió silenciosamente que nada le ocurriría a la castaña ni a su esposo, costara lo que costara.
Akaba mantenía los brazos cruzados, tratando de no pensar en las cosas que no venían al caso, aunque no era algo que pudiera evitar ¿Qué le había dicho Hiruma a Kotaro para convencerlo de ir con él? Era algo que no dejaba de dar vueltas a su cabeza, tampoco podía sacarse al emperador de la mente, eran sentimientos encontrados, él sabía que tener el corazón dividido para dos personas no era la manera de ir a una guerra pero no sabía cómo arreglarlo en ese momento, tendría que hacer un esfuerzo para olvidarse del cómo se sentía para concentrarse en lo que debía de hacer. Sintió un estremecimiento en su espalda y luego unas ligeras descargas en la punta de sus dedos. No era una buena señal, eso solo quería decir que las cosas se complicarían. Miró a Anezaki, sin duda ella también lo había sentido.
Mamori estaba mirando sus manos en el momento en que se dio cuenta de que Akaba la estaba mirando, no fue la única que lo sintió, algo había cambiado. Antes de que pudiera decir nada la voz del emperador llamó la atención de todos ellos.
—Creo que tenemos un "ligero" problema— comentó mientras señalaba su reloj de pulsera, la hora se había congelado exactamente a las once con cuarenta y cinco de la mañana — ¿Alguien más se siente diferente?— él no sabía cómo explicar esa sensación pero bastaba con mirar a las personas a su alrededor, algunos de sus compañeros se habían quedado inmóviles, era como ver una enorme fotografía a color.
—¿Qué es lo que sucede?—Unsui preguntó, notablemente conmocionado.
—Ya comenzó— Aredhel estaba hablando a través de Mamori, mirando hacia el cielo —Xardheligz ha encontrado una manera de traer la oscuridad a este mundo antes del momento en que estaba destinado a pasar— en el cielo se podían ver líneas grises, como si fueran grietas, la luz del sol se había atenuado.
—Eso quiere decir que él está aquí— Maglor comentó, poniéndose repentinamente serio —Tendremos que continuar sin ellos— después de todo no era como que sus compañeros inmóviles pudieran ayudarles de alguna manera.
—Llevémoslos de regreso al hotel— Musashi fue quien habló esta vez —Estarán más seguros ahí—
Los otros pocos que estaban con ellos asintieron a su comentario, seguirían esa instrucción y se marcharían de inmediato para buscar el portal, debían de asegurarse de lograrlo antes de que fuera muy tarde. Mamori miró a Kurita, quien parecía estar a punto de poner a llorar, ella sonrió, ese chico tenía un corazón tan grande como él mismo.
—No te preocupes, estoy segura de que Hiruma está bien— le susurró tranquilizadoramente mientras esperaba a que sus compañeros terminaran de poner a salvo al resto de sus amigos.
—Espero que sí— Kurita sonrió, tratando de animarse, tenía que mantenerse fuerte, le había prometido a su mejor amigo que mantendría a salvo a esta joven mujer y cumpliría su palabra o moriría en el intento.
Lejos de ahí, Hiruma estaba listo para hacer lo que hiciera falta, no tardó en darse cuenta de que el cielo tenía unas líneas negras en él, el velo se rompería antes de lo que habían pensado, casi no tenían tiempo. Se hubiese preocupado hace una hora, cuando estaban todavía volando, ahora su única preocupación era encontrar a Agon.
Kotaro iba justo detrás de él, pensando en todo lo que había visto, se sentía celoso, enojado, triste… Él consideraba a Akaba todo su mundo, "el amor de su vida" tan cursi como sonaba era la verdad, ahora sentía que lo estaba perdiendo, él se estaba alejando de su lado y no había que pudiera hacer para evitarlo; si se estuvieran separando por una pelea al menos tendría forma de arreglarlo, una esperanza, pero era algo tan simple y complejo como la existencia de un "ex" que pasaba a ser de milenios atrás ¿Cómo peleaba contra eso? No quería pensar en ello.
Había tratado de mantenerse al margen de todo, solo observando y quedarse a lado de su novio para apoyarlo, pero las cosas no salieron así, no era tan simple. De alguna manera sabía que no terminaría bien, al menos no para él. Hiruma no había tenido que decirle nada en particular para que lo siguiera, se hubiera ofrecido voluntariamente si no le hubiese preguntado. Era doloroso ver la mirada que Akaba le dedicaba al "emperador", esa miraba que había sido solo para él, ahora seguro ni siquiera formaba parte de los pensamientos de su novio, realmente era muy doloroso. Kotaro respiró profundamente para no dejar que sus lágrimas cayeran, ahora tenía que concentrarse en buscar al tipo de rastas, que apenas y conocía, después ya podría ahogarse en su miseria. En ese momento se dio cuenta de que las cosas estaban mal, nadie más se estaba moviendo, solo ellos tres.
—¿Qué ocurre? ¿Qué le pasó a la gente?— todos inmóviles, como si fueran estatuas.
—Esto quiere decir que está por comenzar— Hiruma habló sin detenerse, los otros dos los siguieron apurando el paso para no quedarse atrás.
—¿Qué cosa va a comenzar?— Habashira Rui fue el otro que lo había acompañado, él ni siquiera sabía que estaba pasando, pero se lo debía al rubio y nunca faltaría a su palabra.
—En fin del mundo— Hiruma lo decía como si no se tratara de la gran cosa, al menos en ese mismo momento para él no lo era —Es por eso que las personas normales se quedaron congeladas, es por la colisión de la energía—
—¿Qué?— Habashira quiso gritarle alguna cosa grosera pro meterlo en ese lío, pero tenía miedo ahora por las cosas que estaban pasando, después de todo él ya había presenciado lo inexplicable en el avión y alguna otra escena unos días atrás.
—¿Por qué no estamos congelados? Al menos estoy seguro de que yo soy normal— Kotaro agregó sin dejar de mirar por doquier, debía haber alguna otra persona que no estuviera petrificada, no podían ser los únicos que no estuvieran "congelados".
—No eres una persona normal— Hiruma giró su cabeza hacia atrás, mirando a los otros dos con una sonrisa aterradora que mostraba sus dientes afilados —Ninguno de nosotros lo es— estaba consciente de que seguramente estaba aterrándolos.
—¿Q…qué quieres decir?— Habashira trató de no tartamudear, fallando miserablemente, él no era ningún cobarde, sin embargo algo en su interior le decía que era natural tener miedo de Hiruma, de Lólindir.
—Tal vez deba hacer que lo recuerden— él se giró por completo hacia ellos, dejando que la sobra de su vida pasada se hiciera presente, así ellos podrían recordar y ser de verdadera utilidad.
Tiempo atrás, varios milenos en realidad, había existido criaturas increíbles, como los elfos y los centauros, los demonios mismos eran cosa normal, entre las criaturas de ese entonces también estaban los dragones.
En su larga vida, Lólindir, había conocido criaturas que ni siquiera lo elfos creían que existían, entre ellas estaban los dragones enanos de las montañas del sur, su raza se llamaba así misma "Karmikaln". Statru había sido un malicioso y escurridizo espía que lo había ayudado a cambio de llevarlo a conocer otros lugares, era un tipo ambicioso que no estaba conforme con lo que sabía, quería más, siempre más. Habashira Rui era su actual reencarnación, eran diferentes en muchos sentidos pero en esencia seguía siendo ese dragón tramposo.
Otra raza poco conocida fue la "Forza", entes de cuerpo oscuro de un único centro brillante, capaces de hacerse ver como humanos, según había escuchado ellos venían de otro mundo y otro tiempo, era una de las pocas razas capaces de "mover las estrellas". Lo había conocido accidentalmente, cuando era bastante joven y había visto un cometa. Un niño con un destello en la parte derecha de su cadera, un mestizo de "Forza". El chico le había sonreído y le dijo que llamaría a una estrella para que pudiera pedir un deseo. Lubo Talmi Awudu se había presentado con una sonrisa radiante. Si Hiruma se esforzaba lo suficiente aún podía ver a ese joven en Sasaki Kotaro.
Por supuesto que ese par no eran personas normales.
Ellos no tardaron más de una hora para llegar al lugar en donde tenían a Agon. A Hiruma no le importaba lo que otros pudieran decir de él, los muros se tiñeron de escarlata, hizo estallar al menos tres lugares, forzó su entrada a ese maldito edificio en ruinas manchado de sangre. Todo su esfuerzo para encontrar a Agon en una cama maloliente, lastimado y desnudo, con algunas heridas aun sangrando, su mirada perdida en el vacío, solo era un hombre quebrantado.
Verlo solo hizo su corazón romperse en pedazos, como aquel día que lo dejó para ascender al monte de los espíritus para salvar a una humanidad que no lo merecía. Ahora era diferente, alguien más se lo había robado, junto con su alma y su corazón.
Habashira y Kotaro salieron del lugar apenas vieron al hombre de rastas, no hacía falta ser un genio para saber lo que había pasado, especialmente conociendo al tipo que lo había secuestrado. Ellos miraron el cielo, las grietas negras se estaban haciendo más grandes, la oscuridad se acercaba rápidamente a su mundo. Ninguno de los dos había recordado más que unos pequeños recuerdos de su pasado, prácticamente nada en realidad y aun así sabían que eso no podía ser nada bueno. Kotaro entró al edificio para informarle a Hiruma.
El rubio estaba sonriendo sombríamente, sus ojos ocultos detrás de sus manos cruzadas, sus codos apoyados sobre sus rodillas. Se sentía desesperado, lo había perdido de nuevo prácticamente sin saberlo y nada iba a traérselo de vuelta. Las lágrimas corrían libremente por mejillas, su tensa sonrisa no se había borrado. No podía soportar mirarlo de esa forma, él que era la imagen de la prepotencia y la autosuficiencia, el talento en bruto, toda la energía y al fuerza. Cuando el pateador entró se limpió la casa con las manos, lo había escuchado sin mirarlo.
—Está bien— el rubio se levantó de la vieja silla en la que estaba.
—¡No está bien! ¡Habías dicho que eso eran malas noticias!— Kotaro se quejó, evitando mirar en dirección de Agon.
—Lo único que tenemos que hacer es ir a matar a ese maldito bastardo— él se tronó los dedos de las manos con solo abrir y cerrar sus puños, tenía tantas ganas de meterle un par de balas a mister Don.
—¡Están en Inglaterra! ¡No vamos a llegar ni en seis horas ahí!— eso suponiendo que alguno de ellos supiera volar un avión desde luego. El rubio debía de estar enloqueciendo.
—Tenemos tiempo suficiente— él miró a Agon, haciendo un esfuerzo para gritar, no podía dejarlo ahí y no podía llevarlo con él, tendría que dejarlo en algún sitio seguro y él sabía que Kotaro tenía razón, no tenía tiempo suficiente, uno de ellos tendría que quedarse con Agon.
ain't no love
ain't no light
ain't no right
ain't much love in a concrete kingdom,
ain't much light
what's for my son
Ellos habían llegado al portal, aquel lugar en donde el Monte de los Espíritus estuvo alguna vez. Cuando Maglor, Anezaki, Unsui, Akaba, Kakei, Kurita, Musashi, Gao, Marko y Kid, eran los únicos diez que podían moverse y algunos de ellos no tenían sus recuerdos completos, pero eso no iba a detenerlos.
Mister Don estaba ahí, junto con un grupo pequeño de personas, no sería más de treinta según estimaba Kid, seguían siendo más que ellos de cualquier modo, no había forma de que pudieran ganarles si iban uno contra uno, demás aún tenían que abrirse paso para que Maglor llegara al centro del portal e hiciera lo que sea que tuviera que hacer para detener la oscuridad o lo que sea.
El olor a muerte estaba en el aire, miles de años no podían disipador ese hedor sin dejar rastro alguno, ellos casi podían ver las pilas de cadáveres en el lugar. El emperador dio un par de pasos al frente, mirando hacia su enemigo declarado, estaba determinado a no perder.
—Yo me encargaré de esto, por supuesto que no podré solo pero— hizo una breve pausa, acordándose de los sueños y las pesadillas, las palabras que tenía que recitar —Si ganamos tiempo suficiente al menos uno de nosotros dos llegará al portal— él se giró hacia Anezaki —Nosotros somos los únicos dos que podemos hacerlo— ambos sabían que Agon no podría ir a ayudarlos ahora —Si no lo logro cuento contigo, Anezaki—
—Lo lograremos— ella comentó, negándose a mirar a su alrededor, los dos sabían que cualquiera de ellos que ascendiera por el portal de desintegraría para hacerse uno con la Luz, el que se fuera no volvería, justo como pasó con Obsidiana milenios atrás. Ella estaba casada ahora, formaría un hogar, pero no era solo su vida sino la de todos los que amaba la que estaba en peligro. Ella moriría por ellos si era necesario.
—¿Cuál es el plan entonces?— Marko intervino, tratando no estar aterrorizado, nunca le había gustado estar en esa posición pero justo ahora no era opcional, esperaba que al menos Gao le cubriera las espaldas.
—Avanzaré contra ellos con uno o dos de ustedes— él señaló a Gao y a Kakei, los recordaba del pasado, guerreros excepcionales y mortales —Los demás deben de asegurarse de que Anezaki llegue al centro de las piedras circulares— era un plan simple y difícil.
—¿Y cómo se supone que podrás ir en contra de todos ellos?— Akaba preguntó, bastante preocupado por el emperador.
—Por qué no seremos sólo nosotros tres, así como él, también podemos usar a los guerreros caídos de otro tiempo— Antes de que ellos pudieran preguntar él se giró hacia el campo, abriendo sus brazos y extendiéndolos hacia el cielo —¡Levántense, guerreros, el día de hoy su Emperador los necesita una vez más para salvar al mundo de la oscuridad!— sus palabras hicieron retumbar el cielo como si fueran truenos.
Las líneas negras que cubrían el cielo descendieron como si se tratara de relámpagos, partieron la tierra y seres se levantaron de ella, sombras embestidas de armaduras blancas, negras, grises y doradas; todos ellos hablando en una lengua perdida hacia siglos. "Por el Emperador Maglor" rugían los durmientes al levantarse. Segundo a segundo había más y más, todo un ejército apareció frente a sus ojos.
Mister Don miró con una cruel sonrisa a los guerreros caídos, no estaba sorprendido en lo absoluto, era algo que estaba esperando a decir verdad. Él era el único que podía hacerle frente y se había olvidado de su existencia por considerarlo poco digno. Yamato Takeru debió de quedarse en su casa mientras esperaba a ser tragado por la oscuridad. Al menos ahora tendría el placer de aplastarlo con sus propias manos, una vez más.
El ejército oscuro ya estaba listo, oculto a la vista de los recién llegados.
El Enfrentamiento no se hizo esperar, los gritos de guerra y el cruce de los metales resonó por todo el campo, trayendo solo angustia y desolación.
Gao y Kakei se quedaron junto a Yamato, justo como el emperador lo dijera minutos atrás. En medio de la conmoción los demás se apresuraron para llevarse a Mamori aún tenían mucho que correr para llegar a su destino y más aún, ya que aún tenían que pasar de Xardheligz para llegar al centro de aquellas rocas.
Lejos de ese lugar, Agon aún seguía inconsciente, mirando la pelea desde su sueño. Él sabía que aquellas luces resplandecientes, que veía en algunas personas, indicaban que estaban vivos y que no se trataba de muertos reanimados. Entre ellas estaba su cuñada, Anezaki, cuya Luz era tan intensa como la del sol. También estaba la de Yamato, cuyo resplandor era segador. Él comprendía, de una forma más bien elemental, lo que estaba ocurriendo, era muy parecido a sus pesadillas, él sabía cómo iba a terminar, todos ellos iban a morir.
—Si ellos mueren ¿Qué pasará entonces?— Agon se dirigió a Obsidiana, quien solo estaba mirando la pelea críticamente.
—La vida de ellos no es importante en esta perspectiva— ya deberían de saberlo si estaban ahí —La vida de todo un mundo es lo único que importa— él comenzó a resplandecer, miraba con fascinación una estela que había parecido repentinamente en el cielo.
—No puedes…— su queja murió antes de formularse, ahora él también estaba viendo esa estela, le parecía familiar de alguna manera. Una línea entre dorado y negro con lo que parecían ser brillantes de varios colores se aproximaba —¿Qué es eso?—
—Lólindir— Obsidiana sonrió con auténtica felicidad, había esperado mucho tiempo para poder verlo de nuevo —Mi elfo, ha llegado por fin— nunca pudo descansar en paz porque esa última mirada llena de dolor que había visto en aquellos ojos verdes lo había retenido.
I - i wanna know why
i wanna know why,
we're shrinking from the sun
i said now i, i wanna know why
i wanna know why, there's poison - everyone
There ain't no love, in a concrete kingdom
ain't much light
ain't no life in a concrete kingdom
i hear the cries tonight - i hear, i hear
Las cosas nunca fueron bien para ellos, habían muerto la primera vez por lo que no iba a haber diferencia si repetían las mismas acciones en esta ocasión, sin embargo eso no detuvo a Yamato, lo único que tenía que hacer era ganar tiempo, ahora Akaba estaba a su lado también, tratando de abrir un camino más seguro para Mamori, con que ella llegara al portal sería suficiente. Pero era evidente que no ganarían, los reanimados de Xardheligz no solo eran numerosos, eran atroces, bestias de otros tiempos que nadie se imaginaba de donde habían salido.
Mamori iba en medio de los hombres que la resguardaban, oraba por una oportunidad, por un signo de que las cosas iban a estar bien… Entonces ella lo sintió, una contracción en su vientre, le hizo falta el aire y escuchó una risa suave, los dulces balbuceos felices de un bebé; Mamori casi podía sentirlo en sus brazos, era tan cálido. Esperanza. Entonces ella miró al cielo, nunca había visto un cometa como ese en toda su vida.
—¿Qué es eso?— Kid preguntó mientras seguía la mirada de la castaña, él era el tipo con mejor visión de campo, después de Marko desde luego, era su deber asegurarse de que nadie se interpusiera en su camino.
—Una estrella Fugaz— Marko contestó casi distraídamente, él sabía que tendría que desviarse por la izquierda en pocos minutos o la horda de asesinos los barrerían como si fueran polvo.
—Esa no es una estrella fugaz—Mamori dijo con una sonrisa, no sabía lo que él tenía planeado pero podía confiar en que los ayudaría, siempre hallaba una forma de lograr lo imposible, justo como ahora.
—¿Eh?— sus compañeros dijeron casi al mismo tiempo.
—Él siempre supo cómo hacer una entrada— Musashi estaba sonriendo, recuperando los ánimos perdidos —Muy bien, es momento de ponerse en marcha— ahora se puso serio, si echaban a perder lo que sea que el rubio había planeado sin duda alguna el diabólico chantajista los haría ver su suerte.
—¡No fallare!— Kurita se había enderezado y sus ojos ardían furiosamente, era como ver a otra persona, a otro ser, un titán hecho de la piedra más sólida.
—¿Qué sucede? ¿Por qué tan animados de repente?— Marko preguntó un poco confundido.
—Es por que Hiruma acaba de llegar— Unsui respondió mientras sentía una nueva tranquilidad aliviándolo, si ese chico estaba involucrado ahora significaba que su hermano menor estaba bien, lo había encontrado y todo estaría bien, eso es lo que él había escogido para creer.
La estela de luz se impactó en medio el campo, dividiendo a los soldados y a las bestias. El humo que levantó se disipó rápidamente y dos siluetas emergieron de entre las sombras. Lólindir Ciryatan, un demonio de piel pálida, cabellos oscuros y un par de alas negras, portando un lanzamisiles, con granadas y balas de alto calibre; con él estaba Lubo Talmi Awudu, un Forza, conocido también como un "hombre de las estrellas" cuya piel parecía hecha de cristal y un destello blanco estaba a uno de sus costados, justo sobre su cadera.
—No sé por qué estos idiotas decidieron venir a pelear solo usando los "viejos" métodos cuando puedes usar un poco de los nuevos— Hiruma sacó una granada y la arrojó en contra de las bestias —VOY A DESTROZARTE PEDAZO POR PEDAZO— y la pelea comenzó de nuevo…
Ahora las explosiones se sumaron a los ruidos de la guerra, ahora ellos tenían la ventaja aunque fuera por poco, la llegada de Hiruma les había dado una oportunidad que no había visto, Akaba fue el primero en darse cuenta de ello.
—Debes ir con Anezaki— el pelirrojo se dirigió a Yamato, quien estaba completamente convertido en su viejo yo —ella tal vez no tenga la fuerza necesaria para traer la luz a través del portal, tú, como el emperador seguramente podrías ser más fuerte y tal vez ninguno de los tenga que ser disuelto por la luz—
—¿Tú lo sabías?— eso sorprendió a Maglor, nunca creyó que su primer caballero supiera tanto de los aspectos más celosamente guardados de los escogidos.
—Aredhel fue mi hermana, ella me dijo muchas cosas de ese entonces— y ahora Elladan era el que estaba hablando — No me gustaría ver a ninguno de los dos morir—
—Pero Xardheligz no se quedará a esperar—abrirse paso ahora que el demonio estaba gritando y distrayendo a todos era más fácil, quizás ese había sido el plan desde el principio —Él podría…—
—Vamos a estar bien, Un titán como Gao no perderá y yo me aseguraré de que así sea— esta vez no iba a fallar —Tienes que ir, por nosotros, por todos—
—Ten cuidado— aun en medio de los gritos y los golpes él tuvo tiempo de tomar el rostro de su caballero con una de sus manos y darle un beso rápido como despedida.
Hiruma abrió un camino directo hacia Xardheligz por el cual Gao y Kurita corrieron, yéndose encima del destructor, a su alrededor, Kakei, Akaba, Kotaro y Hiruma se aseguraban de que ninguno de sus esbirros lo liberaran.
Kid, Marko, Musashi y Unsui se aseguraron de que Anezaki llegara al portal, justo a tiempo para ver como el cielo se había puesto oscuro por completo y apenas se vieran unas líneas azules.
Agon seguía mirando a través de sus sueños, se sentía alejado de todo lo que miraba, casi como si él fuera solo una sombra. Miró a ese hombre que era idéntico a él, Obsidiana, quien estaba sonriendo como un idiota mientras observaba la batalla, como si lo estuviera disfrutando enormemente.
—Es tiempo— Obsidiana habló sorpresivamente, dando un paso hacia adelante.
—¿Es tiempo? ¿De qué?— Agon estaba confundido ahora, ese hombre se veía diferente, como si fuera parte de la realidad y no parte de su sueño, resplandeciendo como Anezaki y Yamato.
—De expulsar la oscuridad de este mundo— y dicho eso desapareció en un estallido de luz.
—¡Espera!—Agon se quedó ahí, solo, lo único que podía hacer ahora era mirar.
Ain't no love
ain't no light
ain't no right
ain't much love in a concrete kingdom
ain't much light
ain't no light - in a concrete kingdom
ain't no light
ain't no right
ain't no light
ain't no right
What's for my son
Un pilar de luz emergió en medio de la oscuridad, más brillante que la luz del sol, radiante y blanca como la luz reflejada por la luna. Aredhel, Maglor y Obsidiana, los tres escogidos, los tres hijos del Sol estaban en medio del camino luminoso que ascendía al cielo, los tres tenían una mano extendida hacia el centro y sus cuerpos se disolvían lentamente mientras miraban hacia arriba.
Xardheligz quitaba en su lengua nativa al mismo tiempo que se desvanecía también, dejando un cuerpo de carne y hueso, mortal como cualquier otro hombre.
Éste es el penúltimo capítulo, espero que lo hayan disfrutado y, en una semana, subiré la conclusión.
Gracias por leer y esperar todo este tiempo por esto.
