Muerte y destrucción. Nada más importaba para ellos tres. Eran los más temidos por los no mágicos. Su nombre se susurraba con temor entre los círculos militares a pesar de que la victoria no mágica estaba cerca. Todos lo sabían. El mundo mágico había descuidado su conocimiento de los avances no mágicos, pero eso no había ocurrido a la inversa y esa estaba siendo su gran perdición.

Nadie sabía cómo, pero los no mágicos habían conseguido anular el efecto que tenía la magia en sus aparatos electrónicos y, aunque no habían podido evitar que los magos se desapareciesen, eran capaces de detectar cuando se producían las mismas. Una red de satélites monitorizaba todos aquellos movimientos mágicos. Decenas de magos y brujas habían muerto nada más empezar una batalla cuando segundos antes estaban seguros de la efectividad de su ataque sorpresa mediante aparición.

Era irónico para que los magos que ellos tres eran los más efectivos en la lucha contra los no mágicos ya que eran los que mejor conocían la sociedad no mágica y sabían cómo pasar desapercibido dentro de ella.

Los tres luchaban solo por venganza. Nada más. Solo por producir el mayor daño posible. Solo porque los no mágicos sintieran lo que sentían ellos. Los tres habían perdido a sus padres a manos de los no mágicos, los tres no habían escuchado al resto de su familia y se habían convertido en la guadaña de la Parca.

James Sirius Potter había sido el primero. Juro vengarse de los no mágicos que habían asesinado a su padre y lo había conseguido. La Varita de Sauco en su mano había vuelto a escribir páginas de muerte y derramamiento de sangre. La había recogido de su lugar de reposo en la tumba de Dumbledore y la blandía como si le perteneciera y su creadora le aconsejara al oído la mejor forma de llenar el Otro Lado.

Rose Weasley se había unido a su primo una vez que su madre murió prematuramente. El corazón de la bruja más inteligente de su generación se paró a la joven edad de 73 años, cansada de soportar todo el sufrimiento que los dos mundos a los que pertenecía estaba generando. Si James portaba la varita más poderosa de la historia, Rose, como su madre, poseía un conocimiento sin par de las más variadas artes mágicas. No era tan poderosa como James o tan letal como el tercer miembro de su escuadrón de venganza, pero nunca la habían pillado en una situación a la que no encontrara una solución. Era el cerebro del grupo.

Scorpius Malfoy entro tras el asesinato de su padre. Draco murió de la misma forma y debido a la misma persona que había disparado a su antiguo rival. Scorpius añadió al grupo la magia oscura que impregnaba a su familia desde su nacimiento. Su padre había adquirido una amplia colección de artefactos tenebrosos que no pretendía usar pero que Scorpius dio el uso para el que había sido creados. Había sido el quien había torturado durante horas a la francotiradora que había asesinado a Harry Potter y a su padre.

Los tres sabían que su único final era la muerte, pero la recibirían como sus dignos servidores. Asesinatos en la noche, grandes atentados con hechizos explosivos, destrucción de los símbolos de la sociedad no mágica, nada había que no estuviera a su alcance. La nieta de la Reina, el hermano del Primer Ministro, toda la familia de los presidentes de la Cámara de los Comunes y de la Cámara de los Lores… Tantas personas habían perdido la vida bajo sus manos que habían perdido la cuenta.

Y ahora iban a llevar a cabo su acto más grandioso. Tres edificios, tres símbolos en el corazón de Londres iban a caer bajo su mano. Los no mágicos habían comenzado la guerra atacando el símbolo de la esperanza de un nuevo mundo mágico. Ellos destruirían tres símbolos antiguos y darían un golpe que quedaría en la historia de ambos mundos. Perderían la guerra y quedarían supeditados al dominio no mágico pero cada vez que cualquiera de los no mágicos levantara la cabeza vería que aquellos tres edificios ya no existían y recordarían siempre el poder que tienen los magos.

—¿Estamos preparados? —preguntó Rose a sus dos compañeros.

—Lo estamos —respondió James.

Rose miro a Scorpius que se limitó a asentir con la cabeza. Al principio de su conjunción como equipo, James se irritaba ampliamente por la parquedad de palabras. No entendía como podían hacer un buen equipo si no mantenían una buena y constante comunicación. Además, la expresividad de James era todo lo opuesto a la estoicidad de Scorpius. Con el paso de los meses, se generó una comunicación silenciosa entre los cuatro que hacía mucho más prescindible la verbalidad.

—¡Mierda! —exclamo Scorpius, al ver su reflejo y el de sus compañeros en el espejo de la habitación.

—¿Qué ocurre, Scorpius? —preguntó James.

—No os mováis. Nos han pillado —respondió moviendo sus ojos hacia el espejo.

Rose y James soltaron sendas exclamaciones malsonantes al verse en el espejo. Tres puntos luminosos verdes refulgían en las tres frentes de los magos. Todos sabían que significaba eso: estaban en el punto de mira de tres francotiradores y no había forma de salir de allí. Ni siquiera la desaparición podría sacarles de allí. Había que ser un experto absoluto desapareciéndose para poder hacerlo bajo la presión de saber que estabas a décimas de segundo de que te volaran la cabeza. Ninguno de los tres era capaz de eso. Además, la bala podría atravesar el túnel generado por la desaparición e impactarles donde aparecieran, tal y como le ocurrió a Dobby.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó James casi en un susurro.

—Tranquilízate, James —ladró Rose identificando inmediatamente que significaba el cambio en el tono de voz en su primo. Cuando James empezaba a bajar la voz significaba que estaba empezando a perder los nervios y eso solía provocar que cometiera errores importantes.

—Rose, ¿qué opciones tenemos?

—¿Salir vivos? —replicó amargamente—. Depende de ellos… de si nos quieren muertos o vivos. Sin embargo…

—Sin embargo, ¡¿qué?! —exclamó James.

—Podemos terminar la misión.

—¿Cómo es posible, Rose? —inquirió Scorpius.

—Podemos activar las bombas mágicas ya implantadas desde aquí y destruir los edificios —comunicó Rose.

—¿Y por qué no le hemos hecho ya? —preguntó James alarmado.

—Requiere que sacrifiquemos nuestra energía vital para activar el hechizo a tanta distancia —sentenció.

—Así que, tenemos dos opciones: depender de la piedad de nuestros agresores o morir terminando la misión —resumió Scorpius.

—¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó James a su amigo.

Scorpius susurro unas palabras y un mapa virtual de los alrededores del bloque de viviendas surgió frente a ellos. Todos los puntos rojos que identificaban a las personas no mágicas estaban situados en lugares que indicaban que ninguno de ellos formaba parte de alguna fuerza policial o militar gubernamental; por desgracia, tampoco había ningún punto verde que significara un mago cercano que pudiera ayudarles.

—No parece que vayan a invadir la casa inmediatamente —señaló—. No sabría decir con exactitud cuánto tiempo tendríamos, pero supongo que unos cinco minutos sería una apuesta razonable.

—¿Podríamos activar las bombas a distancia en cinco minutos? —preguntó James.

—Incluso en menos —aclaró Rose—. Sin embargo, tenemos que estar vivos los tres para ello. Cada uno de nosotros está conectado a una bomba en concreto y si uno muere esa bomba se desactiva.

—¿Votamos entonces? —sugirió Scorpius. Sin mucho más que poder hacer, Rose y James asintieron con la cabeza —Bien… entonces… votamos sí o no a terminar la misión, ¿entendido? —dos movimientos de cabeza simultáneos dieron vía libre a la votación.

—Voy yo primero —intervino James— A la mierda todo. Fuegos artificiales. Volemos este país por los aires.

—Si —dijo Rose sencillamente.

—Por unanimidad entonces —sonrió tristemente Scorpius.

Rose cargo el hechizo y con ese acto los tres amigos entraron en la historia. La guerra terminaría poco después con la rendición total del mundo mágico. Lo que ocurrió a continuación es de sobra conocido por todo el mundo.

Victoire Weasley toco con su varita la pluma de dictado y la dejo descansar por primera en las últimas semanas. La llegada de la vejez había exacerbado la necesidad que había tenido toda su vida de dejar plasmado en documentos escritos todos los sucesos relevantes de su vida. Por fin, había terminado su historia personal sobre la Guerra entre los Mundos. Al contrario que sus dos grandes superventas sobre la guerra, uno desde el punto de vista mágico y otro desde el punto de vista muggle (este escrito bajo seudónimo), esta iba a ser la única copia de su relato sobre la guerra analizada desde ambos frentes y sería una herencia para su familia. Un relato para que los Weasley, los Granger, los Potter y los Delacour nunca olvidaran lo que había pasado. Al fin y al cabo, ella había sido la única superviviente de las cuatro familias y cuando muriera cada una de sus hijas heredaría uno de los apellidos para que no cayeran en el olvido. Su historia no moriría.