Operación Fortuna (4/13)
Parejas = Harry/Severus
Disclaimer =Los personajes de esta historia son propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
Belladona: Sí… sé que Alastor no está dando muy buena impresión que digamos… pobre hombre… se nota que anda desesperado, jajajaja… te juro que no sé donde tenía la cabeza para haber puesto esa estupidez porque según yo siempre checo los nombres para no equivocarme, pero es obvio que esta vez me lo pasé por el arco del triunfo, jajajaja… en este capi no sale Severus, pero te prometo que en el siguiente si : ) … besos enormes, linda.
Sasamii: Vi la imagen de tu perfil y está wenísisima… Severus se ve imponente ahí… coincido en que fue una suerte que no se pusiera a babear, jajaja… ya veremos más adelante que pasa con Alastor ; ) … nos vemos hasta el próximo lunes… byeeee
Capítulo IV. Sirius al rescate
¡Pero qué horrible día había sido ése! Pensó Draco mientras se aventaba a la cama y se zafaba los zapatos. Vincent era el muchacho más aburrido que jamás hubiera conocido y ya se estaba arrepintiendo de haberle prometido que saldrían esa noche. Al principio le había parecido una buena presa, pero era claro que se había equivocado… ¡y cuánto le molestaba equivocarse! El chico parecía estar dispuesto a complacerlo en lo que más pudiera, pero cuando paseaban en un centro comercial, le insinuó que necesitaba unos lentes de sol y el otro murmuró que no sabía si debía utilizar la tarjeta que le había dado su padre. Al final de cuentas lo convenció de comprárselos, pero no le gustó nada esa alusión. Para su desgracia no fue la única ocasión en que el padre de Vincent fue mencionado. Que si mi papá quiere que haga esto, que si a mi papá no le agrada que gaste demasiado, que si mi papá aquello y lo otro. ¡Por todos los cielos! ¡Ya estaba hasta la coronilla del mentado señor Goyle!
'Definitivamente Vincent es una pérdida de tiempo' –se dijo al aceptar que no obtendría nada de él.
Sopesó la posibilidad de llamarlo y cancelar la cita, pero luego se dijo que saldría con él. Habría logrado que lo invitara a la recepción que daba una pareja sueca. Sabía que era un excelente lugar para proseguir con su búsqueda ya que su primera cacería había sido un total fracaso. En ese momento se preguntó dónde estaría Harry. Le molestaba dejarlo solo y más aún después de su terrible error de hablar con Alastor Moody, pero simplemente no podía llevarlo a su cita amorosa.
'Pues hoy sí se irá conmigo' –decidió–. 'No pienso quedarme un minuto más a solas con Vincent'
Se levantó de la cama y salió al balcón. Su habitación daba hacia el interior del hotel y justo debajo de su ventana se encontraba la alberca. Ésta era grande y se hubiera encontrado vacía a no ser por un joven que la cruzaba en ese momento a buen ritmo. Draco sonrió al reconocer a Harry. El moreno era un buen nadador y Draco sabía que disfrutaba mucho del agua. Volvió a meterse a la habitación decidiendo que dejaría a su amigo disfrutar de la alberca una hora más, después bajaría por él para que se arreglara.
'Volveré a soportar a ese tonto de Vincent, pero será la última vez. ¡Lo juro!' –se prometió antes de meterse a bañar.
* * * * * * * * * *
Harry había vuelto al hotel tras tres horas de vagar sin rumbo por la ciudad y ya le dolían los pies de tanto caminar. Había salido tan apresuradamente que nunca se acordó de que no llevaba dinero y no pudo tomar ningún transporte para que lo llevara de regreso. Dudó un segundo en entrar al lugar porque no quería volver a encontrarse con ese hombre que había visto su alma. Estaba seguro de que conocía la razón del por qué Draco y él se encontraban en la ciudad. Su mirada penetrante y grosera lo hizo sentirse sucio y luchó por quitarse de encima ese sentimiento, pero le fue imposible. También se dijo muchas veces que ese hombre no podía saber que estaba ahí para conseguir una pareja rica, pero cada vez que lo repetía, más se convencía de que sí lo sabía. Al final decidió que no valía la pena preocuparse. No tenía por qué hablar con él y simplemente con que lo eludiera, era más que suficiente. Se sintió feliz al no verlo en el vestíbulo y desechó el utilizar el elevador porque tardaba demasiado y eso le daría la oportunidad a Alastor de volver a abordarlo. Lo había visto nada más entrando al hotel y siguió de largo sin corresponder a su saludo. Le sabía mal no contestarle, pero no quería que Draco se enojara de nuevo con él y lo mandara de regreso a Inglaterra.
Subió corriendo los tres pisos y entró a su habitación apresuradamente. No creía posible que Alastor lo hubiera seguido, pero más valía no permanecer demasiado tiempo en el pasillo. Una vez dentro se entretuvo viendo la televisión y no fue a comer. No quería bajar sin la protección de su amigo rubio, pero cuando la tarde avanzó se sintió prisionero. Nunca le había gustado estar encerrado y por eso decidió ir a la alberca. Se puso su traje de baño, se envolvió en una bata, tomó una toalla y salió de su habitación rogando no toparse con Moody. Para su fortuna, un empleado le mostró una ruta para llegar a la alberca sin necesidad de pasar por el vestíbulo. Una vez que tuvo a la vista la invitante agua, se metió en ella y disfrutó muchísimo al sentir su leve frialdad. Siempre le había gustado nadar, pero no podía darse el lujo de asistir a los balnearios. En primer lugar porque no tenía dinero y en segundo porque se encontraban muy lejos de Londres.
Era una bendición que nadie estuviera ahí y pudo disfrutar del agua a sus anchas. No supo cuánto tiempo se entretuvo en dar vueltas y más vueltas por la alberca, pero a pesar de que no estaba cansado, decidió salir. Localizó la escalerilla más alejada y se sumergió hasta lo más hondo nada más por diversión. Cuando estaba a la mitad de la alberca, sintió un horrible calambre en la pantorrilla izquierda. Éste fue tan fuerte que lo hizo quedarse quieto por un segundo. Sabía que no le quedaba mucho aire y trató de estirar la pierna, pero el calambre aún no se iba. Cambió de táctica y trató de tocar el fondo de la piscina con su otra pierna y así empujarse hacia la superficie, pero para su total consternación estaba justo a la mitad de todo. Sintió como el miedo comenzaba a ser presa de él y se esforzó en controlarse. Lo último que necesitaba en ese momento era un ataque de pánico y comenzó a bracear para salir del agua. La falta de oxígeno y su poco avance hacia la superficie comenzaron a desesperarlo y manoteó con fuerza tratando de salir lo más pronto posible. Cuando ya comenzaba a pensar que estaba en serios problemas, sintió como un brazo se deslizaba por su cintura y lo guiaba hacia la superficie. En cuanto su cabeza salió del agua, tomó una gran bocanada de aire y tosió con fuerza.
-Tranquilo, ya pasó –le dijo una melodiosa voz masculina y Harry volteó a ver al hombre que había evitado que se ahogara.
El moreno literalmente se quedó con la boca abierta al contemplar a su salvador. Este era un apuesto hombre maduro con unos increíbles ojos azules… tez blanca, pero que en ese momento estaba tostada por el sol… una increíble sonrisa pícara que coronaban una inmaculada y blanca hilera de dientes que asemejaban perlas. ¡Harry simplemente no podía creerlo! ¡Ahí estaba el hombre con el que siempre había soñado y él no dejaba de abrazarlo!
-Fue una suerte que pasara por aquí, ¿no lo crees? –comentó el hombre como si nada y fue hasta ese momento que Harry se percató que su salvador estaba completamente vestido.
-¡Oh, cuánto lo siento! –se ruborizó hasta la punta de los cabellos–. Hice que se estropeara su traje.
-No te preocupes –sonrió más ampliamente–. Tu vida vale más que estos trapos y mucho más al ver lo que guapo que eres.
-Muchas gracias –bajó la vista cohibido al ver una sincera admiración en los ojos azules.
-Me llamo Sirius Black –se presentó el hombre.
-Soy Harry Potter –le contestó el chico todavía sin mirarlo.
-¿Te parece bien que salgamos del agua para poder darnos la mano? –sugirió Sirius con diversión.
-¡Oh, claro! ¡Qué tonto soy! –se disculpó Harry de inmediato.
Se sentía tan bien estando cerca del hombre que se le había olvidado que aún flotaban a mitad de la alberca. Sirius lo ayudó a llegar a la escalerilla y Harry la subió con un solo pie pues su pantorrilla izquierda aún latía debido al calambre. Se sentó en el suelo nada más saliendo y Sirius se arrodilló frente a él.
-Déjame revisarte.
Lo obligó a estirar la pierna y Harry nuevamente sintió dolor. Se tumbó completamente sobre sus espaldas y se mordió los labios para evitar gemir. Sintió como Sirius comenzaba a masajear la parte afectada y sintió mucho alivio. Esas grandes y gentiles manos parecían saber lo que hacían y le agradeció en el alma que lo estuviera ayudando a ahuyentar el dolor. Sirius, por su lado, dividía su atención entre la pierna del moreno y el resto de su anatomía. Le parecía que hacía mucho tiempo no contemplaba un cuerpo tan hermoso. Todo estaba en el lugar correcto y en magnífica proporción. Había músculos no demasiado prominentes donde debían estar y lo mejor de todo es que estaban envueltos en una piel sedosa y brillante.
-¿Ya te sientes mejor? –preguntó Sirius ya masajeando innecesariamente toda la pierna del chico.
-Sí. Gracias –aceptó Harry suspirando profundamente.
Sabía que las manos de Sirius estaban tocando partes que no debían, pero se sentía tan bien que no creyó prudente detenerlo. Se sentó y le pidió ayuda a su salvador para ponerse de pie.
-¿Te estás hospedando aquí? –le preguntó a Harry y éste contestó afirmativamente–. Entonces déjame ayudarte a llegar a tu habitación. Dudo mucho que puedas apoyar la pierna con seguridad.
Sirius se deshizo de absolutamente toda su ropa ante el gran regocijo y consternación de Harry que se obligó a mirar hacia otro lado a pesar de que no quería dejar de ver nada. El hombre dejó su ropa hecha un montoncito sobre una silla antes de colocarse sobre las caderas la toalla que Harry había llevado.
-Luego haré que la recojan –le dijo contestando la muda pregunta del joven de sí la dejaría ahí.
-¿También estás hospedado aquí? –preguntó Harry mientras dejaba que Sirius lo envolviera con la bata.
-No, pero desde este momento lo estoy –le contestó riendo antes de conducirlo con suma delicadeza hacia el edificio.
Utilizaron la misma ruta que tomó Harry para bajar y no les llevó demasiado tiempo llegar a la habitación del moreno.
-¿Ya te sientes mejor? –le preguntó Sirius al tiempo que estiraba la mano y retiraba de la frente un húmedo mechón.
-Mucho mejor. Muchas gracias –le contestó Harry esperando que el otro no escuchara el furioso latir de su corazón.
-Para la próxima vez que vayas a nadar… invítame –le pasó un brazo por la cintura y lo acercó a su cuerpo–. No me gustaría que algo malo te pasara.
-Lo… haré –tartamudeó el moreno y cerró los ojos al sentir como un pequeño beso se depositaba en sus labios.
-¿Te veo esta noche? –depositó otro tierno beso en los labios entreabiertos del joven.
-C-l-a-r-o –aceptó sin saber muy bien lo que estaba diciendo.
-A las nueve en el vestíbulo, ¿de acuerdo? –volvió a besarlo por tercera ocasión.
-Ahí estaré.
Harry abrió los ojos cuando Sirius se alejó para tomar el elevador. Sentía que acababa de subir hasta la nube más alta y no quería que nadie lo bajara de ahí. Tocó la puerta esperando que Draco ya hubiera llegado porque de pronto recordó que no tenía llave. Para su fortuna, su amigo rubio sí estaba y entró simulando bailar un vals.
-¿Y ahora a ti qué te pasa? –le preguntó Draco con diversión.
-Acabo de conocer al amor de mi vida –le contestó Harry con voz soñadora–. Alto, fuerte, enormes ojos azules y… ¡Ay! ¡Besa de una forma!
-¿¡Qué qué!? –preguntó el rubio azorado y lo tomó de los hombros para luego sacudirlo con fuerza–. ¿¡Dejaste que un completo desconocido te besara!?
-No es un desconocido –seguía hablando como en trance–. Es mi dios… mi destino.
-¡Ya deja de decir estupideces! –volvió a sacudirlo–. ¿¡Alguien te vio!?
-No –negó con rapidez, pero luego frunció el deño–. Al menos creo que… no.
-¿¡Pero qué demonios voy a hacer contigo, Harry Potter!? –tal parecía que no podía dejar de sacudirlo–. ¿¡Dónde diablos tienes la cabeza!? ¡Primero Alastor Moody y ahora este… este! ¿Cómo se llama? –de pronto recordó que su amigo no le había dicho el nombre del tipo que lo había besuqueado
-Sirius Black –la voz soñadora reapareció.
-¡Uf! Al menos esta vez escogiste mejor –la calma llegó a Draco de inmediato–. Te recomiendo que no lo dejes ir, pero no permitas que te bese cada vez que se le dé la gana. Hay que tenerlo a la distancia hasta que llegue el momento.
-¿El momento? –Harry lo miró sin comprender.
-¿Podrías aterrizar en la tierra de una vez por todas? –le dijo ya enfadado–. Sirius Black está en nuestra lista, ¿ya lo olvidaste?
Harry se quedó de una pieza al recordar que así era. Sirius Black era uno de los hombres más ricos de Europa y, para su total fortuna, soltero de la cabeza hasta los pies.
-¿¡Y se fijó en mí!? –el moreno no podía creer en su suerte.
-¿Qué hiciste para que se te acercara? –le preguntó Draco con interés.
-Ahogarme –una risita nerviosa se le escapó.
-¿¡Quieres decir que fingiste que te ahogabas para llamar su atención!? –lo miró con incredulidad–. Es una buena táctica aunque jamás lo había pensado.
-¡No fue así! –se defendió de inmediato–. Realmente me hubiera ahogado si Sirius no me ayuda a salir del agua.
-¿¡Lo dices en serio!? –preguntó con incredulidad–. ¡Pero si nadas como un pez!
-Me dio horrible calambre en la pantorrilla izquierda –se tocó el músculo que aún dolía–. Jamás había experimentado eso y espero no volver a hacerlo.
-Te vi nadando, pero jamás pensé que corrieras peligro –repentinamente se le echó al cuello–. ¡Perdóname, Harry! ¡Jamás me hubiera perdonado que algo te hubiera pasado!
-No te pongas así, Draco –le dio un beso en la mejilla–. ¿Cómo ibas a saber que me iba a dar un calambre? Además, no pasó nada malo y sí conocí al hombre de mis sueños.
Draco asintió con la cabeza antes de alejarse de él y platicarle sobre el aburrido día que había pasado con Vincent.
-¡Dime que irás conmigo! –le suplicó–. Ya no quiero estar más tiempo solo con él.
-Pero es que le prometí a Sirius que lo vería a las nueve en el vestíbulo y no quiero dejarlo plantado –objeto de inmediato.
-Pues ya veremos cómo nos las arreglamos para salir los cuatro –a Harry no le hizo ninguna gracia la sugerencia–. ¡Por favor, por favor, por favor!
Harry no tuvo más remedio que aceptar porque se lo debía a su amigo. Si él no hubiera vendido sus joyas para comprarle ropa, él no estaría ahí y no habría conocido a Sirius. No le hacía la menor gracia que le hiciera mal tercio, pero no tenía otra opción.
Muy corto el capi... lo siento : (
