Los personajes que aqui aparecen son de Rumiko y no mios pero la historia sip

Hola los saludo desde el mas aca, disculpandome con mis lectores por la tardanza, la verdad me traian como negra en el trabajo y ademas surgieron proyectos por fuera y no habia tenido tiempo de escribir, hasta hoy, muaajajajajaja y aqui tienen el resultado espero que les guste, muchas gracias a todos


Capítulo 4

Del otro lado del terreno, sobre la muralla una enigmática silueta contemplaba el ir y venir de la gente, las peleas entre el enorme demonio y humanos, fue entonces cuando su excelente vista la encontró en los jardines.

- Tú – Una voz firme, y grave surgió de sus labios.

De pronto aquel demonio dejó de atacar el palacio, y fijó su atención en otro lugar.

Una violenta ráfaga de viento los golpeó. Un grave y grotesco ruido ensordecedor inundó el lugar, haciéndolos reaccionar.

- Pero ¿Qué está pasando? – Dijo al separarse violentamente de Bankotsu, quien tardó en reaccionar unos segundos.

- ¡Nos están atacando! Debo ir a ayudar.

- No Aome, tú te quedas aquí. – acarició la mejilla de la muchacha y se dio vuelta para dirigirse a hacia donde estaba la pelea.

- No soy ninguna inútil y sé cuidarme.

Se dio vuelta intentando ganarle el paso a Bankotsu y llegar al castillo, pero antes de dar siquiera un paso alguien la jaló del brazo impidiéndoselo, Aome bastante molesta volteó a ver a Bankotsu y se soltó de su agarre, sin embargo no fue lo suficientemente rápida, así que el muchacho la tomó del brazo y la jaló violentamente poniéndola detrás de él.

El joven guerrero desenvainó rápidamente su banryu y logrando desviar uno de los ataques de aquella bestia.

Sintió el fétido y repugnante aliento de aquel demonio, una bestia peluda de 4 metros, con una "boca" llena de mortales colmillos y de ella brotaba saliva, saliva que al tocar tierra quemaba todo lo vivo que ahí crecía, por armas además tenía 4 poderosos brazos que terminaban en fuertes y letales garras.

Aome iba a repelar nuevamente, pero las palabras no salieron de su boca, se quedó completamente atónita a lo que estaba sucediendo. Bankotsu la había protegido de aquel demonio.

- ¡Protégete, haz un campo de energía¡AHORA! – Inmediatamente Aome hizo lo que él le decía.

El muchacho continuaba haciéndole frente al monstruo, la pelea era bastante desigual, sin embargo Bankotsu no le daba tregua al demonio, cualquier movimiento en falso podía significar en el mejor de los casos una herida, en el peor su muerte, y si alguien iba a morir no iba a ser él.

La muchacha no podía hacer nada, sólo permanecer dentro de aquel campo de energía como una estupefacta y muda espectadora.

De la nada aparecieron otras dos criaturas infernales de menor tamaño que la primera, pero no por ello menos mortales, corrían velozmente dirigiéndose a hacia donde ellos se encontraban, pasando a un lado de los primero dos contrincantes, su objetivo: ella.

La preocupación y el nerviosismo comenzaron a invadirla, no sabía si aquel escudo resistiría el ataque de los demonios, pero lo que si sabía y le preocupaba demasiado era que el campo de energía no resistiría mucho tiempo, estaba agotada por el entrenamiento, tendría que tratar de mantenerlo el mayor tiempo posible.

Ambas bestias se abalanzaron sobre ella, el campo logro rechazarlas una vez, se incorporaron lanzándose nuevamente contra ella golpeando el escudo, y así lo hicieron una y otra vez, así como también una y otra vez ella sintió que sus fuerzas se acaban y no podría sostener por más tiempo el campo de energía.

Los soldados tardaban en llegar. Bankotsu volteó rápidamente a ver como se encontraba Aome, un grave error que aprovechó la bestia, tomando absoluta ventaja sobre este, agarrando violentamente al humano y hundió en él sus afiladas uñas, atravesando su armadura, llegando hasta la suave carne, traspasándola como si fuera un hoja de papel, hiriendo de gravedad al joven.

- ¡Muere maldita basura! – gruño el demonio.

- ¡AAAAAAAARRGGH! – El ensordecedor grito de dolor inundó el lugar.

Su respiración era agitada, un agudo y paralizante dolor pulmonar y abdominal se presentaba cuando inhalaba o se movía, de las garras del demonio goteaba un vital líquido rojo, la sangre de su víctima, hilillos de esta también escapan por su boca.

- ¡NOOOOOOOOOOOOOO! –

Un grito desgarrador grito se unió a aquella terrible escena. Una mirada desencajada y una mueca de horror aparecieron en el bello rostro de la joven.

Para el colmo de males los guardias de palacio seguían sin llegar, o todo estaba sucediendo de manera increíblemente rápida para darles tiempo como para que aparecieran en el lugar y ayudaran, o eran demasiado tontos que no se daban cuenta de lo que sucedía o de plano les habían puesto plomo en las suelas de las botas.

Después de aquello todo sucedió muy rápido. Una violenta ráfaga de viento cruzo el lugar, pero ninguno de los ahí presentes puso atención aquel extraño fenómeno, seguido de una explosión de energía junto, segundos después un estruendoso sonido invadió toda el área, seguido por una cegador haz de luz.

A continuación un silencio de ultratumba se hizo presente, la muchacha se encontraba encorvada con las manos en las rodillas respirando rápidamente, más allá estaban los cuerpos de los tres demonios y el de un guerrero totalmente inconciente.

- ¡Pagarás por esto! –

Se encontraban algo heridos y atontados, pero lograron recuperarse rápidamente y emprendieron un nuevo ataque contra la joven.

- ¡NOO… no, no puede ser!

No tenía idea de que más podía hacer, ya no tenía fuerzas, todo el anterior despliegue de energía había sido un esfuerzo sobrehumano, no comprendía como seguía manteniéndose en pie. Se obligó a volver la vista hacia donde estaban sus enemigos, quienes ya se estaban moviendo hacia ella y ahí a unos dos pasos de ella se encontraba un arma.

Sin si quiera pensarlo dos veces se apodero ella, sus ojos perdieron todo su brillo, entró en una especie de trance, blandió la espada tres veces, y tres torrentes de poderosa energía impactaron contra cada bestia, la amenaza desapareció del campo, soltó el arma, cayó en 4 puntos, jadeante, exhausta, asustada, sudorosa, su preciosas orbes recobraron su brillo.

Al alzar la vista y buscar el cuerpo del guerrero sus ojos encontraron la blancura impecable de una tela blanca, cerró los ojos y sacudió la cabeza pensando que era efecto del cansancio y que había visto mal, sus ojos se fijaron en el suelo y lo ultimo que vio fue un par de botas negras.


Bueno me despido, y nuevamente pido una disculpa por la tardanza.