Sely Cat: Me alegra que te guste la historia y espero no decepcionarte con los próximos capítulos.
Cristianangar1995: gracias a ti también por molestarte en escribir, no sabes lo que me ha alegrado leerlo.
Finalmente, gracias a ti Lord Ark, por animarme a publicar esta historia, pase lo que pase no olvidaré que tuviste confianza en mí. Gracias a todos.
Capítulo 4
Severus era, con diferencia, el mejor alumno de la clase por lo que varios de sus profesores complementaban su formación con clases particulares, de modo que nuevamente estaba sola. Recordé la famosa Sala de Menesteres, que según creía estaba en el tercer piso de modo que me dirigí hacia allí intentando concentrarme en la necesidad que tenía de encontrar un sitio donde practicar mi magia. Tras cerca de media hora, una puerta apareció en uno de los pasillos, sonreí, la había encontrado. Sin pensarlo dos veces entré en ella. Se suponía que la sala cambiaba su interior dependiendo de lo que necesitara quien la había convocado en primer lugar. En mi caso, me encontré con una sala vacía aparte de un sillón, sí definitivamente era lo mejor, no quería romper nada si uno de los hechizos salía mal. Pensé en que hechizo practicar y uno apareció en mi mente. El Expecto Patronum. Era uno de los más difíciles, pero quería practicar, me concentré en un recuerdo feliz y lo intenté, me costó un par de intentos pero finalmente lo conseguí. Un Patronum corpóreo, un precioso Patronum en forma de Pegaso. Era la visión más maravillosa que nunca había contemplado. Un precioso y enorme pegaso corrió por la habitación hasta finalmente desaparecer. Exhultante por lo que había conseguido, salí de la habitación contenta.
- ¡Eh, Slytherin! - escuché una voz, me paré y me giré. Era Sirius.
- Eh, Gryffindor - sonreí, esta vez su tono de voz al llamarme Slytherin no había incluido el desprecio.
- ¿Qué haces por aquí a estas horas? Ya deberías estar en el comedor, la cena está a punto de servirse.
- ¿Tan tarde es? - pregunté mirando mi reloj, el tiempo en la Sala de Menesteres se me había pasado volando -. ¿Y tú qué? - inquirí poniéndome en marcha pues él también lo había hecho -. ¿No deberías estar también en el comedor?
- Sí - asintió -. Pero estaba buscándote - dijo suavemente.
- ¿Y eso? - pregunté con una buena dosis de sorpresa.
- Estaba preocupado por ti. No te vi al almuerzo y tampoco después de clases - respondió mirándome fijamente a los ojos.
- ¿Un Gryffindor preocupando por una Slytherin? Hay que marcar este día en el calendario - bromeé para aligerar el ambiente que de pronto parecía un poco más tenso. Él se unió a mis risas.
- Bueno, en mi defensa diré que no soy el único. Snivellus también te está buscando como loco - se defendió.
- ¿Quién? - inquirí sin entender.
- Tu amigo el rarito, ya sabes, Snape - añadió al ver que seguía sin entenderlo, entonces me puse seria.
- No lo llames así, es una buena persona, incluso mejor de lo que jamás podrías llegar a creer. Además, tú conoces a Lily Evans, ¿no?
- Sí - respondió con cierta sorpresa.
- Pues ella también es amiga suya... Creía que habíamos quedado en que no te ibas a fiar más de las apariencias - le reclamé ligeramente molesta.
- En su caso no son sólo apariencias, Shayleen, lo conozco desde que entré al colegio. Siempre tiene la cabeza enterrada en un libro, no tiene amigos... En una persona así debe haber algún problema - rebatió sin querer dar su brazo a torcer.
- Hay una amarga lección que aprenderás a lo largo de tu vida Sirius, que sólo aquellos en quien confías te pueden traicionar - respondí sin evitar la tristeza con la que se tiñó mi voz. El que consideraban su amigo, Peter Petrigrew fue el que los traicionó mientras que Severus, de quien se habían reído y molestado durante años, al final, había dado su vida por ellos. Él paró y me miró pareciendo considerar cuidadosamente mis palabras, puesto que ya habíamos llegado al comedor seguí adelante y me senté junto a Severus quien, como siempre, se sentaba al final de la mesa.
- ¿Dónde estabas? - preguntó sin apenas darme tiempo de sentarme -. Comenzaba a preocuparme.
- Practicando hechizos - respondí -. ¿Qué? - exclamé al ver la sorpresa en su cara -. No eres el único al que le gusta estudiar.
- Hola, Shayleen - escuché de pronto a alguien sentándose a mi lado. Resultó ser Evan Rosier, no pude reprimir un escalofrío el tenerlo tan cerca, no se me olvidaba que el había pertenecido a los Mortífagos... Pertenecería... Lo que fuera -. Has estado un poco desaparecida estos días, pero si quieres, esta noche podría enseñarte alguno de los lugares especiales del colegio - sonrió. Por su tono de voz supe exactamente lo que realmente estaba intentando decir con eso y tuve que contener una mueca de asco.
- Eres... muy amable Rosier - dije -. Pero ya tengo a un guía - respondí, y para que no le cupiera duda de que nuestra conversación había terminado me giré hacia Severus, casi mantuve la respiración hasta que lo oí levantarse.
- Debes tener cuidado, no es bueno molestarle de esa forma - susurró Severus viendo la cara con la que Evan se había marchado.
- Es más fuerte que yo, no lo soporto. No sé como puedes ser su amigo - añadí.
- No lo soy - dijo él.
- ¿No lo eres? Pero yo creí que... - repetí sin entender.
- Que Rosier y otros como él me busquen para que les ayude en Pociones o cualquier otra asignatura no significa que sean mis amigos, Shayleen - yo lo miré con sorpresa. No era eso lo que decían los libros.
Al día siguiente, durante el recreo caminaba a toda prisa hacia la biblioteca donde había quedado con Snape, estaba tan ensimismada que no los ví hasta que una conocida voz me detuvo.
- ¡Slytherin! - era Sirius, cómo no. Estaba con Lily y otros dos chicos.
- Hola - sonreí a Lily quien me abrazó como si hubiéramos sido amigas toda la vida.
- Quería presentarte a unos amigos - continuó Sirius -. Estos son James Potter, Remus Lupin y a Lily ya la conoces - sonrió.
- Hola - los saludé con un leve asentimiento de cabeza.
- Me preguntaba si vendrías con nosotros esta noche - dijo Sirius.
- ¿Para qué? - pregunté con curiosidad.
- Es una sorpresa - sonrió él -. ¿Vendrás?
- Bueno, no lo sé, tengo algunas cosas que hacer primero, ¿dónde y cuando quedaréis?
- En el jardín de las gárgolas a las once - pensé un segundo donde estaba el sitio y afirmé.
- Está bien, si termino a tiempo y no me pierdo iré - ellos rieron. Volví a mirar mi reloj.
- Lo siento, tengo prisa - me disculpé -. ¡Nos vemos! - exclamé ya alejándome de ellos.
- Siento el retraso - dije sentándome junto a Severus en la biblioteca.
- ¿Te has vuelto a perder? - preguntó sin poder evitar sonreír. Yo le enseñé la lengua molesta, una cosa es que yo bromeara con ello y otra cosa muy diferente con lo hicieran los demás.
- Oye, Sev. ¿Qué me puedes decir de los animagos? - pregunté tras unos minutos leyendo.
- ¿Qué quieres saber? - preguntó mirándome.
- ¿Todos podemos transformarnos en animales? - interrogué.
- En principio sí, aunque hay algunos a los que les cuesta más que a otros.
- ¿Y siempre se convierte uno en el mismo animal?
- Normalmente sí, aunque se puede cambiar. Pero normalmente un animago se convierte siempre en el mismo animal. Como la profesora McGonagall por ejemplo, siempre se convierte en gata - explicó.
- ¿Tú lo has intentado alguna vez?
- No, las transformaciones de ese tipo no son de mi interés - respondió.
- ¿Cuánto tiempo podría permanecer un animago en su forma animal? - él tomó aire antes de responder.
- En principio, podría mantenerla para siempre.
- ¿Qué diferencia hay entre un animago y un licántropo? - continué preguntando.
- Los animagos se transforman en animal a voluntad y conservan la conciencia, es decir, la profesora McGonagall aún como gata sabe quien es y quienes son los demás. Los licántropos no, se transforman cuando la luz de la luna llena incide en ellos, lo quieran o no. Además, pierden la conciencia, podrían matar a un amigo sin darse cuenta... ¿Por qué este repentino interés en animagos y licántropos? - preguntó entonces con la ceja alzada. Ahora sí que se parecía al Severus Snape que yo recordaba.
- Es que... estaba pensando. Ser un licántropo debe ser aterrador, ¿por qué no hacemos una poción para evitar su transformación?
Es decir, ¿crees que es posible? ¿Hacer una especie de poción matalobos?
- Supongo que sí - dijo meditando mi pregunta -. Pero, ¿por qué hacerlo?
- ¿Y por qué no? ¿No sería bueno hacer algo por los demás? Además, eres el mejor en pociones, si alguien puede hacerlo. Ese alguien definitivamente eres tú - sonreí.
- Está bien - consintió tras unos segundos -. Comenzaré a investigar mañana.
- ¡Gracias! - exclamé feliz dándole un beso en la mejilla, él pareció quedarse paralizado tras mi reacción. Entonces sonaron las campanas -. Tenemos que darnos prisa - dije recogiéndo los libros que estábamos leyendo -. Si llegamos tarde McGonagall se enfadará - por fin reaccionó y recogiendo sus cosas salimos a todo correr hacia la clase.
Esa noche terminé los deberes que nos habían marcado y además había terminado de leer el libro que me había recomendado Severus, al ver que aún eran las diez y media pensé que tenía tiempo para ir al patio de las gárgolas, por lo que me puse la capa por encima y cogiendo mi varita fui para allá. Me perdí en uno de los pasillos por lo que llegué diez minutos tarde a la cita, pensé que ya se habrían ido, pero al llegar comprobé que aún seguían allí.
- Pensé que ya os habríais ido - reconocí acercándome a los chicos.
- Sirius dijo que esperáramos un rato más, que si venías seguro te perderías por el camino - dijo Lily con una sonrisa, miré a Sirius a quien por un instante me pareció ver con un tono rosado en sus mejillas mientras que Remus y James reían suavemente.
- Bueno, tenía razón - admití por lo que el resto se rió con más ganas. Una vez ya puestos en camino pregunté.
- ¿A dónde vamos?
- Al bosque prohibido - dijo Remus.
- ¿Y no se supone que el bosque prohibido está, ya sabes, prohibido? - inquirí no sin cierta dosis de ironía en mi voz.
- Es que Hagrid ha traído unos nuevos animalitos - dijo James -. Y queremos verlos de cerca.
- Mientras no sean dragones, vamos bien - dije. Sirius se rió.
- No, no lo son. SShh - dijo ya más cerca del lugar. Nos acercamos y vimos un pequeño nido con una especie de pájaros desplumados en él.
- ¡Son hipogrifos! - exclamó Lily con sorpresa acariciando a uno de ellos con suavidad. Tras un rato más observando a los animalitos volvimos al colegio, Sirius me acompañó prácticamente hasta la puerta de la Sala Común de mi casa. "Para asegurarme de que no te pierdas", había dicho. Le di las buenas noches y subí a mi habitación procurando no hacer ruido. Nada más poner la cabeza sobre la almohada quedé profundamente dormida.
Como siempre, reviews bienvenidos. Siempre estoy abierta a una crítica constructiva :-)
