Apuesto mi amor hacia Kagami a que creyeron que los dejaría(?)
Pues no, solo tarde de más pero ya estoy aquí con el nuevo capítulo listo para deleitar sus ojos. Son las 5 de la mañana pero estoy actualizando porque a "alguien" no le gusta leer en amor Yaoi, y prefiere hacerlo aquí en fanfiction, y pues como yo no quise dejarla en duda pues aquí me tienen. (Si estoy hablando de ti, Ina-san ¬¬)
Aclaro que mi otro fic (Jäger Reisen) queda pausado por el momento, y tal vez actualice cuando pueda, pero no será pronto, eso lo dejo en claro. También veo que la idea del MuraKaga fue muy bien aceptada, así que cuando el tiempo y las ideas me alcancen prometo llevarla a cabo.
Sin más disfruten mis ideas descabelladas~
Salió de la habitación donde su hermanastra había estado tomando sus clases de baile; de alguna manera había algo que le hacía pensar que Momoi sabía algo sobre ese chico misterioso del que hablo Midorima, y lo pudo comprobar por sus reacciones y también por la mirada de la sirvienta. Algo no cuadraba ahí, y él iba a averiguar de qué se trataba.
Espero cerca de esa habitación por si ocurría algo, la paciencia no era uno de sus fuertes, pero si quería saber lo que la pelirrosa tendría oculto entonces tenía que esperar, y continuar usando la poca paciencia que poseía. El sol se estaba ocultando y justo estaba por quedarse dormido cuando escucho pasos que le hicieron reaccionar.
Las doncellas se encontraban algo apuradas, y corrían en dirección opuesta a todos las demás habitaciones; la única que se encontraba en ese sendero era la de su padre, ósea el faraón, por lo que tal vez supuso que Satsuki iba a ir a verlo, si tenía suerte probablemente la chica hablaría con él respecto al tema del pelirrojo, este lo buscaría y entonces sabría quien es, luego lo seduciría, lo haría suyo las veces que quisiera para no acabar con su racha, y fin de la historia. Pero solo para verificar, decidió seguir a ambas en silencio.
Cuando llego al lugar donde seria la habitación de su padre le extraño no ver a la princesa. El faraón se encontraba con unos mercaderes a las afueras del palacio lo que quería decir que la chica no había ido ahí por él. Tal vez se quedo a esperarlo. Decidió esperar por unos momentos más, y cuando la paciencia se le acabo, concluyó que lo mejor sería entrar. Se acerco a pasos lentos y suaves procurando no hacer ruido, pero escucho una conversación que hizo que se detuviera por unos momentos.
- Y eso fue lo que ocurrió… - ¿Ocurrió? ¿Qué ocurrió? ¿De qué demonios hablaba Satsuki? y lo que era más importante ¿Con quién?
-Al faraón no le gustara esto… – Espera… ¡¿Qué?! Esa voz no la reconocía, no era ni del faraón, ni de la sirvienta de su hermana, ni de nadie que conociera, pero le pareció que hace unas horas antes la había escuchado.
- Y lo peor fue que tuve que mentir… - Su ceño se frunció al saber que Momoi le mintió. Entonces ella si sabía, pero no le dijo. Ahora vera que Aomine Daiki no se queda con los brazos cruzados.
-Ya sabía yo que estabas ocultando algo… – El peliazul no era alguien que pensara mucho las cosas, por lo que entro en la habitación sin decir nada. Ignoro olímpicamente que su presencia incomodo el lugar y observo que había un chico que tenía la cabellera color fuego, exactamente como lo había descrito Shintarou – Así que eres tú a quien Midorima vio…
Se acerco a pasos rápidos hasta estar situado detrás del chico. Las miradas de pánico de las chicas no le importaron en lo absoluto. El desconocido no se movió, y decidió que era hora de conocerlo. Justo cuando una de sus manos toco en el hombro ajeno, unos chillidos irritantes en sus oídos y un dolor desgarrador en su piel se lo impidieron.
-¡TAKAO! – Y ahora recordó donde había escuchado esa voz antes…
Se defendió como pudo, pues realmente no tenía idea de con quién o con que estaba peleando, solo sentía punzadas por todo el cuerpo y el sonido dañándole los tímpanos de los oídos. Los pequeños grititos que soltaron las chicas tampoco le ayudaban, y tal parecía que el único que pretendía hacerlo era ese chico del cual no sabía nada. Retrocedió unos pasos, pues su atacante estaba haciéndolo ceder, y sin querer uno de sus pies descalzos resbalo y callo de sentón al piso.
-¡Takao! ¡Ya déjalo! – Lo que sea o quien quiera que sea Takao dejo de atacarlo, tal parecer que estuvo a punto de morir por culpa de un halcón, pues es lo que sus ojos azulinos pudieron ver cuando la gran ave voló hacia el techo de nuevo. Sentía que su piel le ardía, y sinceramente el desconocido pudo espantar al ave en el mejor momento – Oye, ¿Estás bien? – Aomine levanto la cabeza y para sus ojos no había visión más perfecta que la que miraba en estos momentos.
Cabellos rojizos con mechones que terminaban en puntas negras casi fundiéndose con cada hebra, piel color durazno, que parecía ser tersa y suave al contacto, ojos como dos rubís, rojo intenso que hacia juego con el pendiente que colgaba en su oreja derecha, simulando una cruz que contenía en la parte superior una piedra preciosa de color escarlata, y esos labios, o por Horus, carnosos y apetecibles, ese chico era una invitación hacia la pasión, hacia la lujuria, hacia el pecado.
Estaba hechizado, ese chico era hermoso, y sin duda alguna tenía que estar en su cama, pero había algo fuera de sus pervertidos y egoístas pensamientos, que hacía que su pequeño sentido común trabajara ¿Por qué estaría oculto? ¿Por qué Satsuki y su sirvienta sabían de él? ¿Por qué estaría en la habitación de su padre? Con un chico así de bello, era obvio que no lo andarían exponiendo, pero ¿Por qué el faraón lo guardaría solo para él?
Podría ser que él… no, pero ahora que lo pienso, sería lo más lógico. Con esa belleza que posee pudo haber seducido a mi padre sin que él lo supiera y lo habrían obligado a quedarse aquí. No quiero adivinar nada aunque… creo que definitivamente es el amante de mi padre. Su mirada se oscureció, y por segundos el mar profundo que surgía en sus ojos se convirtió en una tormenta llena de enojo y celos. ¿Por qué? La razon era obvia, ese chico ya estaba marcado, pertenecía al faraón, pero de algún modo lo tendría para él, aun si tuviera que asesinar a su propio padre por el pelirrojo, encontraría la manera de hacerlo.
-¡Dai-chan! –La pelirrosa pareció salir del shock inicial de haber visto a su hermano en la habitación y después atacado por el ave. Se acerco corriendo y se tumbo en el suelo a un lado del moreno para abrazarlo fuertemente, luchando para que las lagrimas que estaban en las comisuras de sus ojos no salieran, y sin escuchar sus quejas por el dolor de las heridas - ¡Qué bueno que estas bien!
-¡Satsuki me lastimas! – Daiki aparto de manera algo brusca a su hermanastra, haciendo que la espalda de la princesa se estampara en el frio suelo, haciendo que posteriormente Riko fuera para ayudarla, ya que al parecer él aun estaba cegado por los celos y la ira de algo que ni siquiera estaba seguro pero que era lo más probable según él.
-¡Oye tonto ten más cuidado! – Kagami sabía con quién trataba. Aomine Daiki, segundo hijo del faraón y el mejor de los dos varones en el manejo de armas y defensa personal. Pero eso no le daba derecho al moreno de andar empujando a una chica, mucho menos si esta era su hermana y también la princesa, además esta se había mostrado preocupada por su bienestar, y el ingrato peliazul tan solo la había agredido. No quería pelear, ya que el faraón se enojaría muchísimo, pero ganas no le faltaron para romperle la mandíbula al príncipe.
-¡¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?! – Por suerte el faraón apareció por la gran puerta sorprendiendo a todos los presentes. Su cabello negruzco hacía contraste con sus irises grisáceos, y no aparentaba tener más de los 30 años; su mirada era seria y carente de alguna emoción, pero se podía distinguir apenas un ligero toque de amargura y enojo.
Nijimura Shuuzo era el gran faraón de la civilización Teikou, contenía un aire de gobernante digno de admirar y también era respetado por toda la población. Él era, no solo el gran faraón, sino también el tutor de Kagami, y quien le había prohibido salir o dejarse ver ante cualquiera; Justo venía de atender unos asuntos con unos mercaderes cuando escucho el ruido sobresaliente de su alcoba, y al saber que Kagami se encontraba ahí, entonces se había inquietado.
-¿Daiki? – La mirada del gobernante se poso directamente en su segundo hijo que estaba irguiéndose desde el suelo, pues de alguna manera Nijimura sabía que quien no pertenecía a ese cuarto era Aomine. No debía estar ahí; es cierto que no dio específicamente una orden con respecto a eso, pero no quería decir que cualquiera pudiera entrar a su habitación real. El tono de su voz se volvió más severo en cuanto capto la gravedad de la situación - ¿Qué estás haciendo aquí?
-Verificar algo… - De sus labios se escaparon susurros, el moreno veía a su padre con la misma mirada que se le iba dirigida, y sus ojos parecían transmitir dagas gélidas capaces de atravesar a la persona que tenía en frente. Calmo su respiración e ignoro el ardor que le producían las heridas que el halcón le había causado – Ahora que se que es verdad, quiero explicaciones – el peliazul cruzo los brazos sobre su pecho, en un intento por contener las ganas de ahorcar a su progenitor por la gran mentira que se le había estando dicho en los años que había vivido - ¿Quién es él? ¿Y porque está escondido en tu habitación? – Y uno de sus pulgares señalo al pelirrojo que se mantenía junto a las dos chicas.
Nijimura soltó un suspiro al verse descubierto, o más bien, al ver que Taiga había sido descubierto. Bien sabía que no podía esconder al pelirrojo para siempre, ya que en algún momento debía dejar que el chico de orbes escarlata conociera el lugar donde vivía, pero él consideraba que Kagami aun no estaba listo, y el que Daiki ahora sabía de su presencia, le traería problemas con el Dios Horus.
-¿Cómo te enteraste? – El pelinegro ignoro las preguntas del moreno, y cambio la dirección de la conversación para que Aomine no siguiera insistiendo.
-Midorima me dijo – Shuuzo arqueo una ceja.
-¿Midorima también sabe? - ¡Perfecto! Ahora si estaba muerto, el dios Horus le haría morir antes de tiempo y todo por no saber cuidar bien al pelirrojo. Y no solo eso, también tendría que decirles a sus hijos sobre Kagami, y el porqué había estado escondido. Miro de reojo al causante de todo esto y noto que este mantenía en su rostro un gesto de preocupación y arrepentimiento.
-Así es… - Sus ojos azulinos vieron que la figura de su padre se dirigía junto al pelirrojo. En cuanto llego junto al chico le acaricio el rostro y le dio un fuerte abrazo que vio que el otro le correspondió casi de inmediato. Las chicas tan solo observaban, después de que Aida ayudara a la princesa a levantarse, ambas habían permanecido en silencio sentadas en el borde de la cama. Aomine chasqueo la lengua, al ver la tan cercana conexión que esos dos compartían. Tch, son amantes después de todo. Pero eso no evitara que haga mío a ese chico.
Kagami sentía que ese abrazo le estaba ayudando mucho, el podría ser alguien fuerte, pero ahora se encontraba asustado, pues no sabía que reacción era la que el faraón Nijimura tendría al enterarse de esto, pero tal parece que no se encontraba enojado con él, y eso le tranquilizo. "Kagami no es tu culpa, cálmate". Las palabras de Shuuzo hicieron eco en los oídos de Taiga y eso fue suficiente para lograr que nuevamente recuperara la compostura.
-Daiki ve por Shintarou – El hombre de orbes color plata se separo de Kagami y camino en dirección a su hijo, para quedar cara a cara con él. No quería hacer lo que estaba haciendo pero de alguna manera, ahora que ambos príncipes sabían de la presencia de Kagami, no le quedaba más remedio – Cuando estén los 2 juntos hablaremos a solas.
-Bien – Y después de lo que fue un duelo de miradas, el moreno se dirigió hacia la salida de la habitación para ir en busca de su hermanastro. Le valía una mierda lo que sea que estuviera haciendo ahora, pero si la presencia de Midorima era necesaria para saber más sobre aquel chico, entonces lo arrastraría con él.
La clase de arte por fin dio por finalizada; menos mal, el tema de hoy había sido tan repetitivo, que escuchar una sola vez más sobre lo que estudio le caerían nauseas, y no quería andar de enfermo y posponer sus demás asesorías. Y no solo eso, la duda sobre aquel chico que vio hace algunas horas en el baño real le seguía rondando en la cabeza, lo único que recordaba de él fue sus cabellos rojizos, y que a pesar de no verlo lo suficientemente cerca, sin dudas aquel pelirrojo resulto ser alguien muy atractivo a su parecer.
Tan sumido se encontraba en sus pensamientos que no escucho los pasos que se encontraban cerca. Y solo cuando sintió el toque brusco en uno de sus hombros obligándolo a voltearse fue que pareció reaccionar. Su mente aun estaba confusa y revuelta por el repentino movimiento que había hecho sin querer, y cuando distinguió a Aomine frente suyo con el seño fruncido, sus pensamientos se mesclaron aun más.
-¿Aomine? – Midorima no sabía a qué se debía la anterior acción del peliazul, pero algo le decía que estaba por averiguarlo.
-El faraón nos llama – Sus ojos azulinos se mantenía firmes y fríos, como si de estos salieran dagas listas para atravesar a quien pusieran enfrente. El peliverde arqueo una ceja, confundido por lo repentino de la situación. Aomine se estaba cabreando, ¿Enserio Midorima era tan lento? ¡El faraón los llamaba, joder! Se supone que deberían ir lo más rápido posible a donde el gobernante para atender ese asunto. Vio que el mayor no se movió, por lo que esta vez le hablo con un tono un poco más alto -¿Acaso no piensas venir?
- Claro que iré – Utilizando sus dedos de la mano izquierda se acomodo las gafas en la zona del puente de la nariz. El moreno soltó un suspiro, debía de decir que el peliverde se tomaba muy enserio su papel de próximo heredero muy enserio, ya que ahora que se da cuenta nunca le ha visto sonreír; pero estos no eran momentos para pensar sobre su hermanastro, tenían cosas más importantes que hacer.
Aomine comenzó a caminar en la dirección de la que había venido, con Shintarou detrás siguiendo sus pasos. Su padre dijo que cuando estuvieran ambos hablarían, el problema es que en realidad no sabían sobre qué. Llego de nuevo al pasillo que conducía hacia la gran entrada de la habitación del faraón, y después de apartar el pedazo de tela que cubría el paso hacia el recinto, ambos príncipes entraron al lugar, y enseguida Daiki se percato de que solo se encontraba su padre en el sitio, sin rastros del pelirrojo.
El ambiente se torno tenso, y a pesar de que Aomine no le había dicho nada con respecto a lo que se supone que hablarían, presentía que era un tema delicado. Observo como Nijimura los miraba a ambos indicándole por medio de sus ojos albinos que preferiría que hablaran sobre el asunto a las afueras del palacio, en el balcón de la habitación.
- Entonces Shintarou – El mencionado reacciono de manera inmediata, y poniendo especial atención a lo que su padre iba a decirle, aun no sabía qué, pero de algo estaba seguro, ese "algo" era importante – Daiki me menciono que tu viste a un chico pelirrojo en el baño real, ¿Es cierto? – Él asintió aun sorprendido por el objetivo de la pequeña "reunión familiar" ya que no se esperaba que fuera sobre aquel chico, pero esta charla probablemente le traería la información que estaba buscando, y dejaría de romperse la cabeza pensando – Ya veo… - fue lo último que dijo Shuuzo.
- ¿Y bien? – El seño de Aomine se encontraba tan fruncido que parecía que sus cejas estarían a punto de juntarse. Él quería respuestas, quería información, y también quería saber el paradero que tendría ahora el chico, -aunque esto último lo averiguaría después- y realmente le estaba costando bastante esfuerzo el hacer que su padre hablara, pues el hombre parecía no querer cooperar con ellos. El faraón emitió un suspiro seguido de una leve risita.
- ¿Supongo que quieren saber quién es? ¿No? – Y las miradas que le dedicaron sus dos hijos le aseguraron al pelinegro que aquella pregunta había sido estúpida – Bien – y respiro profundo para continuar con la larga charla que estaba por venir, ya que en realidad no tenía ni la más mísera idea de lo que les diría a los chicos – Su nombre es Kagami Taiga.
-¿Kagami? – Inevitablemente el peliverde interrumpió al faraón. Los ojos esmeraldas del mayor de los hermanos se abrieron de forma exagerada, tras pensar lo que iba a decir a continuación - ¿Tiene algún lazo con Kagami Sora?
-Así es, ella es su madre – respondió Nijimura.
-Pero, no se parecen en nada – Esta vez fue el turno del de piel morena de interrumpir, aun sin entender como Sora-san podía tener un hijo, y de su misma edad; por lo que estaba enterado no era casada ni tenía "aventuras", además de que si comparaban a ambas personas no les hallarías ni una sola señal de que se parecieran o fueran parientes, mucho menos madre e hijo.
-Si me dejaran terminar se enterarían – El hombre de cabellos negruzcos bufo irritado por la insolencia de sus hijos de interrumpirle cuando se encontraba hablando. Ambos príncipes cerraron sus bocas y con una simple mirada le indicaron a su padre que podía proseguir con su explicación – Como ustedes mismos han deducido, Taiga es hijo de Kagami Sora, pero la razon por la que no se parecen es porque Sora lo encontró en las orillas del rio que conectaba al palacio cuando aún era un bebé, y lo adopto como su hijo.
-¿Entonces no es su madre biológica?
- No Daiki – Sus ojos grisáceos fulminaron con la mirada a su hijo menor – Creí que eso había quedado claro – Le soltó con un tono de… ¿burla? Haciendo que Midorima ahogara una risita, y el ofendido mascullara por lo bajo un par de maldiciones – Como pueden ver, Taiga tiene la misma edad que ustedes, aunque creo que es un poco más pequeño – Y se llevo una mano a la barbilla en gesto pensativo.
- Eso no importa ahora – Shintarou no era alguien que perdiera sus estribos, pero si bien tenía más paciencia que se hermanito, esta también se agotaba fácil, y ahora no estaba de humor para saber si el pelirrojo era más grande o no que ellos; Él necesitaba respuestas, y las necesitaba ya – Ve al grano – Exigió.
- De acuerdo – Y finalmente el faraón se decidió a soltar la "bomba" – Como han visto, el chico es realmente muy atractivo… y los sacerdotes me dijeron que al ser hijo del rio Nilo, los dioses querían que lo ocultara hasta que al menos haya cumplido la mayoría de edad. Fue por eso que lo oculte incluso de ustedes – Obviamente se salto la parte de que había sido "visitado" por el dios Horus personalmente, ya que sus hijos no le creerían.
- ¿No es tu amante? – La pregunta salía de manera automática de los labios de Aomine, sin darle tiempo a este de siquiera planear su pregunta antes de decirla, ganándose una mirada de asombro de parte de su hermano y padre por la acusación, porque sí, eso era lo que estaba haciendo, acusando a su padre de algo que ni él sabía.
- Por supuesto que no – La respuesta que salió de los labios de Shuuzo le lleno de un alivio en todo su ser. Si no se acostaba con el pelinegro y había permanecido oculto, eso significaría que el pelirrojo seguía siendo virgen, y alguien puro y con la inocencia intacta era el mejor manjar que un depredador sexual pudiera desear – Yo soy su tutor, y solo lo veo como si fuera uno de ustedes.
- ¿Y porque Satsuki sabe de él? – Midorima se empezaba a marear de todo el asunto que se daba entre su hermano y el gobernante. Sentía que de alguna manera él sobraba ahí, pero si quería saber más sobre de lo que estaba hablando su padre entonces tendría que quedarse un poco más. Y es que las preguntas que el moreno hacia eran interesantes y también una manera atacantes, ya que no dejaban más motivo al pelinegro que responder con la verdad.
- Tu hermana entro a mi habitación cuando Taiga tenía 10 años y ella contaba con 9 – Ambos chicos arquearon una ceja sin entender a donde quería ir su padre con esto – Al entrar vio a Taiga ahí y empezó a hacer preguntas sobre él niño. Obviamente tuve que decirle, ya que de lo contrario no me dejaría en paz, pero le hice jurar que no les dijera a ustedes.
-Y ahora que sabemos sobre él ¿Qué pasara? – El peliverde parecía que aun no entendía el caso a todo esto. Si todo lo que su padre decía era verdad, entonces eso significa que ahora Kagami tendría derecho a andar por donde quisiera sin temor a ser descubierto pues ya sabían de su presencia, entonces ¿Dónde rayos entraba él en todo esto?
-La verdad no lo sé – Nijimura dejo escapar el suspiro que había estado reprimiendo por todo el rato. Lo cierto era que ni él estaba enterado de lo que pasaría ahora, ya que siempre estuvo tratando de pensar en esconder a Kagami, y nunca se le pasó por la cabeza que lo descubrieran antes de tiempo – Se los diré en la mañana – Les hizo una seña con la mano a ambos príncipes para que se retiraran y se fueran a sus habitaciones; en cuanto se encontró de nuevo solo en su habitación, dio un largo bostezo, mientras trataba de despejar su mente, a sabiendas de que hoy sería una noche muy larga…
CHAN CHAN CHAAAAAAN‼!
Ahora sí que Nijimura ya la cago(?) XD ok no, pero en el próximo capítulo habrá más de Takao, y tendremos la visita de un dios especial *w* ¿Puede estar segura que no habían notado que faltaba la madre adoptiva de Kagami? Porque para ser honesta, yo tampoco me había dado cuenta xD así que no me odien ;u; También olviden las faltas ortograficas, es que dio flojera revisar xD
Bueno mis preciosos, espero sus sensuales reviews y nos leeremos hasta la próxima actualización. Besos~
