ALOHAAAAAAAAAAAAAAA!

Yo de nuevo aquí comenzando con las actualizaciones Uff, Hermione y Draco se vuelven a encontrar una vez más, los misterios en lugar de resolverse van nen aumento, pero en fin, les deo leer y que ustedes mismas (os) los descubran.

Saludos.

BlackAthena


Vanny.- Pues espero que el Capitulo te guste, muchísimas gracias por permanecer al pendiente, Saludos.

Bestsellerwriter.- ¡Gracias! en verdad es un gusto escribir y que a los Lectores les gusten, es una inspiración para seguir manteniendo la Historia, saludos espero te guste la continuación.

Sely.- En realidad, lo cierto es que siempre me ha incomodado los capítulos Largos, pero con esta Historia simplemente me dejo llevar, ojala te guste y espero seguir leyéndote.

Lady Maring.- No puedo decir mucho, pero los próximos acontecimientos lo vas a averiguar, te dejo leer y espero te guste, un Saludote... gracias.


(El Maleficio)

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Erase una vez…en el pasado.


Jean los observaba desde la ventana de su alcoba, la cual abrió apresuradamente cuando vio a un muchacho acercándose a su única hija, Hermione aparentemente estaba sorprendida, Jean podía verle en sus ojos marrones, más aquello no pareció sorprender a la mujer de treinta y cinco años.

No sabía si fue el color de sus ojos, o tal vez, quizá había sido sus cabellos rubios, tan rubios que desde esa distancia parecían mechones blancos, Jean se alejó de la ventana dando un paso hacia atrás, pues no había sido ni su cabello, ni sus ojos lo que le habían hecho recordar, fue aquella sonrisa cínica la que había vislumbrado desde la lejanía, fue como un duro golpe, uno tan duro que había penetrado su mente y había terminado por chocar contra su corazón.

Entonces fue cuando recordó aquel cuento, uno que no sabía ya si fue de terror o Drama pero que finalmente se había convertido en una pesadilla, una de la cual no podía despertar y que lo volvía a vivir al mirar detenidamente a aquel muchacho.

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'…Había una vez, una joven heredera, cuyos padres querían casarla con un joven de su miso círculo social, más esta misma chica, cual educación había sido extremadamente cuidadosa, poseía talentos que muy pocos tendrían, Jean Granger era una muchachita de diecisiete años, con habilidades que cualquier otro hubiera dado su vida por tener, Jean sabía que más allá de su mundo, existía otro, pero sus padres habían hecho absolutamente de todo para evitar aquel destino lleno de magia y fantasía.

Fue una noche de hace dieciocho años, la pequeña Jean había escapado de casa y aunque ella era la princesita de papá, Jean contaba también con una bruja malvada, la desgracia era que era su propia madre quien le hacía la vida imposible, fue cuando anunciaron su compromiso con George, un hombre con intereses iban más allá de unir a ambas familiar, Georgie, como solía llamarle ella, le quería, le quería tanto que había perdonado cada uno de sus desplantes, pero fue esa misma noche a mitad de la cena cuando ambas madres y padres, habían informado sobre su fecha de casamiento, Georgie había sonreído, satisfecho…

Pero Jean se sintió dentro de una jaula que estaba dentro de otra más grande, recordó entonces que se había puesto de pie, provocando expectación a su alrededor y sin más, la princesita de la casa, había salido huyendo de casa…

Y ahí estaba ahora, una Jean Granger de diecisiete años, en la parte más alta de la torre Eiffel, la joven sonrío al pensar la razón por la cual su padre las había llevado a París a su madre y a ella, si hubiera sabido todo aquello desde antes de salir de Londres, jamás hubiera aceptado aquel viaje.

La noche era fresca y ella sabía que al igual sería efímera, como su libertad, cerró los ojos después de ver las pequeñas luces de colores que invadían a la ciudad más romántica del mundo, y Jean subió ambos pies al barandal de acero, inclinándose hacia el frente, admirando el paisaje más fue el suelo lo que había llamado su atención, una atención que duró mucho menos que un estornudo, fue entonces cuando sus ojos claros se desviaron al ser prácticamente atraídos por una ráfaga platinada…

No sintió miedo, no sintió nada al verle recargado al pasamanos justo a poco más de dos metros lejos de ella y lo observó detenidamente hasta que su cuerpo de estremeció por la sacudida que le provocó la sorpresa, la sorpresa de verse descubierta observando a aquel muchacho y se miraron fijamente, ella con el rostro empapado de sorpresa, él, con semblante serio y despreocupado, fue en ese momento cuando el viento sopló a su alrededor, meciendo los oscuros cabellos de Jean y los rubios platinados de él…

Era hermoso, pensó ella en esos momentos de completo silencio, era como un bello ángel postrado frente a ella, uno cuyos ojos parecían dos espadas intentado atravesarla, más la única palabra para describir aquella mirada era la de Demoníacos, aquel muchacho de extraño pero bonito color de cabello, poseía una siniestra y diabólica mirada.

- ¡Jean! – La joven se asomó por el barandal solo para descubrir a Georgie intentando buscándola, esperó un momento hasta que le vio desaparecer bajo la torre, fue cuando ella sonrío efímeramente mientras recargaba todo su peso sobre sus brazos, se levantó un poco y lentamente se inclinó al frente, pero antes de partir a la muerte, los ojos marrones verdosos de Jean, miraron por última vez a aquel ángel de mirada macabra… se volvió hacia el frente, ya había gravado la imagen de aquel joven en su mente, cerró los ojos…

- Seré Libre… al fin…- susurró Jean Granger antes de dejarse caer al vació ¿Pero por cuanto tiempo hasta que su cuerpo se estrellara contra el suelo? Su muerte sería rápida e indolora, ella lo sabía, Jean no era de esas chicas estúpidas que acudían a colegios privados, no, a pesar de pertenecer a una familia adinerada, Jean Granger era más conocida por su inteligencia, que por las propiedades, empresas y cuan cantidades extravagantes de dinero heredaría algún día, cuando el ingenuo de su padre y la tirana de su madre hicieran falta algún día.

Hubo una vez, hace muchos, muchos años, una princesa que quería ser libre, pero que por medio del arte, el dinero y la promesa eterna de un matrimonio de conveniencia no lograron nunca, se arrojó a los brazos de la muerte, cuyo silencio le proporcionaba la comprensión que sus padres y su familia no le dieron jamás.

Sintió la violenta ráfaga golpear su cuerpo ante la inminente caída, pero fue la calidez de unos brazos rodeándola el cuerpo, lo que le hizo temer, no había sido la muerte, ni lo que dejaba atrás al saber su decisión de renunciar a todo, sino aquella imagen de ese muchacho rubio de mirada platinada, lo que le hizo estremecer, fue cuestión de mover el rostro un poco, un gemido salió de su boca al verlo abrazarle mientras ambos caían…

- ¡¿Pero qué has hecho, idiota?! – le gritó mientras su propio cabello se arremolinaba en su cara, el volteó a mirarla y le sonrío, había sido una sonrisa de medio lado, una que ella sabía que no tenía ni una pisca de seductora, pero para ella lo había sido.

Él no dijo nada, de repente, sin saber cómo, Jean Granger sintió como sus pies tocaban tierra firme, la muchacha se estremeció de pies a cabeza, girándose para todos lados hasta volverse hacia él.

- ¡¿Por qué has hecho eso?! ¡¿Y cómo has logrado evadir la muerte?! – le chilló ella bastante desconcertada, aquel joven se arregló el oscuro traje que vestía, Jean no se había dado cuenta hasta en esos momentos.

- La muerte ya tiene demasiado trabajo cómo para hacerse cargo de ti…- Jean retrocedió un paso por instinto al escucharle hablar, él no la miraba, pues había levantado sus ojos hacia el cielo mientras la Luna llena brillaba en su máximo esplendor sobre ellos, su voz, había pensado ella mientras parpadeaba desconcertada.

- Que considerado, cuando te mueras lo tendrá mucho en cuenta…- fue su respuesta, un segundo después él le estaba mirado con una enorme sonrisa abierta, no había sido como aquella sonrisa arrogante, esta era sincera y cautivadora.

- Ha saber lo que estaba cruzando por tu cabeza…. Pero debes ser tonta al querer dejar este mundo por irte al otro…

- No soy tonta… y no opines sobre mí como si me conociera, señor metomentodo arrogante...- le respondió ella mientras fruncía el ceño, el muchacho rubio dio un paso hacia ella, fue en ese preciso momento cuando Jean se percató cuan alto era, ella con su estatura de 1,63 no era capaz ni de llegarle a los hombros, unos hombros que había sentido fuertes y cálidos.

- Entonces a la próxima te dejaré caer…

- Si… por supuesto…- le dijo ella mientras se giraba rápidamente, intentando marcharse, pero se detuvo, girando simplemente el rostro.-… aunque no ocupaba tu ayuda, Gracias Mrs. Entrometido…- dijo ella con una sonrisa apenas visible, el joven no dijo nada en ese momento, solo asintió con un movimiento de cabeza.- Nos vemos rubiales…- se despidió mientras comenzaba su andar.

- Luc…- dio de repente él, Jean se detuvo nuevamente.

- Jean…- se presentó sin volverse.

- Lo sé…- escuchó que le decía, fue en ese momento cuando Jean Granger se volvió para encararle, pero mayor había sido su sorpresa al verse completamente sola…'

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Pero aquello solo había sido el inicio de lo que era aparentemente era el paraíso, uno donde su ángel de amor había sido todo eso menos un ángel, Luc había sido un demonio, el príncipe de todos ellos, cuya maldad había terminado por corromperla, engendrando en su corazón el más puro odio, uno que no podía arrancarse por más que lo intentara, por qué al despertar de aquel engañoso sueño, Jean Granger se dio cuenta que esa falsa libertad que él le había ofrecido, había sido un simple engaño, una mentira que la encerraba en una jaula aún mas pequeña, más sofocante…

Tras haberlo perdido y odiado, Jean Granger temió a la libertad, regresó a casa y tras un discurso que nunca olvidaría, Jean Granger había vuelto a ser una vez más, aquella indefensa damisela en apuros, y tras su regreso había vuelto a esa jaula de oro, una donde ella ya no era una princesa sino una prisionera, una rea de sus propios miedos y rencores.

La señora Granger no lo sabía, pero Jean Mary la observaba desde las sombras, odiaba acercarse a las ventanas, pues le recordaba constantemente lo que no podía tener, había visto como la tierra antes in fértil y desolada, cubierta por aquel campo de trigo una vez más ¿Cómo había sucedido tal milagro? Ni ella misma lo supo, pero ahora lo que le causaba curiosidad era la madre de Hermione, se sentía extraña llamándola por cuyo nombre también ella poseía.

- ¿Te encuentras bien, querida? – preguntó el fantasma mientras observaba cono se giraba.

- Recordaba viejos tiempos…- respondió mientras sonreía, pero Jean Mary no era tonta a ella jamás le habían logrado engañar, había visto esa sonrisa en sus labios, pero también había detectado esa tristeza y ese odio que ella misma experimentada día tras día, no, a ella no podían engañarla ni siquiera Castor y Pólux Nott que en sus tiempos eran considerados los maestros del engaño, sonrío un poco.

- Es curioso, cómo los humanos, al recordar cosas que le duelen…pierden ese extraño brillo en los ojos… pero tú eres capaz de sonreír, Jean… eres una mentirosa innata, puedes engañar a todos… pero a mí no…- comentó el fantasma mientras daba un paso al frente, Jean la observó aún mejor, cuando la luz de la mañana iluminó la silueta sombría de la mujer que se encontraba atrapada entre dos mundos, quiso decir algo, pero al ver sus ojos marrones demasiados oscuros y sin luz, se percató de cuanta tristeza y odio debía sentir, para que sus ojos se hubieran ennegrecido de tal manera.

- Lo dice una mujer cuya existencia atrapada en este mundo no puede explicar ese odio que siente por alguien que ya murió… - y sin más, Jean Granger se alejó de la que parecía ser su antepasada, una que se parecía demasiado a su hija.

- Fue un hombre…- Jean estuvo a punto de tomar la manija entre sus manos cuando aquella afirmación llegó a sus oídos, ambas castañas se daban la espalda, Jean sonrío con tristeza y Jean Mary sonrío al notarlo a pesar de que no la miraba.

- Aparentemente… nuestra triste historia… si tiene algo en común al final de todo..- fue lo único que añadió la mujer antes de desaparecer tras la puerta.

- Es una pena… que sea el amor de un Hombre, nuestra perdición, nuestra maldición… nuestra jaula de oro…- susurró Jean Mary mientras se miraba y observaba el lugar por donde Jean Granger se había marchado, fue entonces cuando los recuerdos de Jean Mary comenzaron a golpear su mente una vez más.

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Fue a mediados de Abril de 1096, algún tiempo después de aquel baile donde se conocieron, por lo tanto también un poco después de aquel primer beso, de ese inolvidable y ya repetitivo beso.

Se encontraban recostados sobre el trigal, observando el cielo estrellado mientras sus manos entrelazaban les unían en aquel momento, Jean Mary ladeó el rostro para mirarle observar las estrellas, aquellos infinitos destellos que no tardarían en desaparecer hasta muchísimos años después.

- Posiblemente me muera yo primero, antes que esa estrella…- comentó ella mientras levantaba su mano libre y fingía tomar una de ellas, Dominic se giró hacia ella.

- Probablemente…- dijo él con calma.- …Pero su belleza se opaca al compararla contigo, Jean Mary… esa estrella dentro de cien o doscientos años puedo confundirla con cualquier otra… en cambio tú querida mía… tú en mi mente y mi corazón serás aún más eterna, por qué la luz de esa estrella tiene un fin… - levantó sus manos y depositó en la de ella un cálido beso.- …Pero lo que sentimos uno al otro es un destello que jamás se apagará, uno que no tiene fin… Es perenne, no morirá jamás…- continuó diciendo mientras se levantaba un poco, apoyándose con el codo.

- Que romántico… – comenzó a decir ella mientras que Dominic le interrumpía al posar sus labios sobre los de ella.

- Es en lo que me has convertido…- susurró mientras volvía una vez más a sus labios.

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Un mentiroso, uno tan vil que la misma Morgana le hubiera envidiado, pero Jean Mary era demasiado inteligente, sabía que ese odio que sentía hacia Dominic no estaba justificado ¿Entonces, si no recordaba su muerte, por qué le culpaba? Tal vez, quizá había pasado algo que su subconsciente fantasmal si supiera ¿Pero qué? ¿Por qué no podía recordar cómo había sido el momento en que perdió la vida? O por lo menos ¿Por qué no recordaba si quiera a su asesino?

¿O asesina?

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Hermione había guardado silencio al saberse que había exclamado la misma pregunta que Malfoy, lo que no podía explicar era que estaba haciendo él en aquel sitio, luego recordó que Malfoy Manor era prácticamente la residencia vecina de la pequeña casucha que su madre había recuperado hace poco.

- Vaya, vaya, vaya… ¡Pero si es la sabelotodo insufrible de Granger! – exclamó el rubio con un extraño brillo en los ojos, la castaña lo atribuyó a la burla, la joven levantó la ceja.

- Es lo que debería estar preguntándote a ti Malfoy, siendo tú el que está invadiendo una propiedad privada…- le espetó ella mientras entrecerraba los ojos, Draco levantó la comisura de sus labios en son de una sonrisa, una cuya arrogancia desbordaba como agua entre las manos.

- Granger…. Un placer volverte a ver a ti también por cierto… pero vaya… no sabía que esa casucha era propiedad privada… créeme, me sorprendió verte a ti y no a la comadreja pobretona, pero luego pensé que era imposible que la comadreja fuera dueña de un terreno tan grande… pobre… pero espacioso…- le dijo mientras se cruzaba los brazos, Hermione se mordió el labio inferior, había fuego en sus ojos, una intensa llamarada que estaba dispuesta a consumir a Draco Malfoy.

- ¡Deja de llamar a Ron así, ya madura Malfoy! Y no has respondido a mi pregunta maldito hurón botador… ¿Qué…haces… aquí? – le dijo ella mientras daba un paso adelante, Draco tensó sus hombros al notar el pequeño rebote de los pechos de la bruja, rápidamente apartó la mirada de ahí, tentativos pero peligrosos…

- Es algo que a ti no te importa, Granger… ¡Soy un alma libre! - le dijo tras soltar una carcajada, Hermione no se divertía ni por asomo, tener a Draco Malfoy merodeando dentro de su propiedad no podía traer nada bueno.

- ¡Pero si serás Malfoy, por supuesto que me importa, estas invadiendo la propiedad de mi familia, lárgate ahora mismo y regresa a las mazmorras que tienes por hogar maldita serpiente!

- Vaya Granger… tienes un mal despertar…- se burló él mientras se cruzaba de brazos y separaba un poco las piernas, fue con ese movimiento cuando la castaña recayó en el aspecto del rubio.

- Hurón…

- Sabelotodo…

- Idiota de pacotilla ¡Lárgate y no regreses hasta que te hayas vestido decentemente! – le respondió bastante molesta, aunque no sabía si al menos un poco le causaba gracia.

- Rata de biblioteca ¡Tú a mí no me das órdenes y será mejor que te fijes tú como vas vestida!

Con aquella respuesta ambos se quedaron en silencio, Hermione bajó la mirada y se percató de la bata de seda blanca que llevaba puesta, cuya tela era más delgada que el velo de la muerte.

- Aunque pensándolo bien…. No me molesta en absoluto.- agregó el rubio ante una sorprendida y sonrojada leona.

- Tú…

- Si… yo.

- ¡Lárgate de aquí ahora mismo antes de que te lance un expulso, Malfoy!

- ¡Deja de gritarme Granger, que mis oídos son delicados!

- ¡Delicados tu cu…! – iba a replicar la ex leona cuando la voz de su madre resonó por todo el lugar.

- ¡Hermione Jean Granger…! ¡¿Qué haces ahí a fuera con esas ropas?! ¿Y quién es ese indecente? – la voz de Jean Granger había sobresaltado a ambos jóvenes.

- ¡Mamá! – gritó sorprendida la bruja.

- ¿Indecente? ¡Ja! Esa señora no sabe lo que es…

- Cállate Malfoy… que es mi madre…. Ahora, haznos un favor y regresa a tu casita de campo…- le dijo ella mientras le apuntaba con el dedo, Draco le miró divertido y de un rápido movimiento, la ex Gryffindor se encontraba debatiéndose contra Malfoy por la liberación de su dedo.- ¡Suéltame de una vez maldito neandertal!

- ¿Casita de campo, Granger? ¡Por si no lo sabes se llama Malfoy Manor y es una mansión, por lo menos no es un cuchitril como…

- ¡Ustedes dos… ya basta! – esta vez la voz de Jean Granger era aún más fuerte y audible, ambos le miraron acercarse rápidamente, se veía enojada.

- ¡Bien, bien… te salvaste Granger…! Pero tenlo por seguro que volveré por más… - amenazó el joven con una sonrisa zorruna en sus labios, la castaña entrecerró los ojos.

- Te estaré esperando maldito hurón botador…

- Todas esperan por mi Granger… no podía esperar menos…- le dijo mientras saltaba la vieja cerca de madera, Hermione apretujó los puños.

- Maldito arrogante de mierda…- masculló mientras se daba la media vuelta e iba con su madre, quien al verla acercarse se detuvo.

- ¿Quién era ese? – preguntó a mujer.

- ¿Recuerdas a ese niño de Hogwarts que era como una espina entre la uña y la carne? – comenzó a contar la leona, Jean, mientras a lo lejos escuchaba los alegatos de Hermione, no pudo evitar volver la mirada hacia el lugar donde había estado ese chico, lo vio en la lejanía, ese cabello lacio y rubio platino, entrecerró los ojos ¿Sería posible que…? No, el destino no era tan cruel para hacerle esas jugarretas ¿O sí?

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Ya eran más de las tres de la tarde y Hermione no había tenido noticias del hurón oxigenado, por lo tanto, recordando su misión respecto a encontrar al supuesto asesino de Jean Mary, la antigua leona se dispuso a comenzar con la investigación.

Tras adentrarse al desván, cuyo único aspecto era siniestro y polvoriento, Hermione invocó el Lumus para iluminar el oscuro lugar, Jean Mary había tenido toda la razón, ahí había una cantidad considerable de cajas, sobre todo de cartón, la bruja comenzó a andar por el estrecho lugar buscando algo antiguo, algo demasiado viejo, fue cuando lo vio, un par de baúles cubiertos por una gruesa capa de polvo, la castaña sonrío, ahí debería de haber algo, y con un simple Baúl Locomotor, la joven regresó a su habitación siendo seguida por dichos objetos antiguos.

Hermione se sentó en el suelo, justo al lado del baúl y comenzó a inspeccionarlo, descubriendo un par de prendas, entre ellas una gabardina color marrón con una larga hilera de botones de plata, bajo este estaba un vestido blanco lleno de cristalería y holanes, Hermione recordó entonces que su Familia había sido exageradamente adinerada, la joven no se preguntó qué había pasado después.

Aquí están.

Se dijo la bruja tras descubrir los dichosos diarios y álbumes de la familia, pero había sido uno en particular el que había llamado la atención de la joven, era un grueso álbum de piel negra, la joven lo tomó entre sus manos y sopló el polvo, se sorprendió al ver el título del álbum, que aunque apenas legíble…

"Familia Granger"

…Fue lo que Hermione distinguió a leer, fue en ese momento cuando sintió la presencia de Jean Mary, quien la observaba quedamente, ambas se miraron a la una, Hermione aun veía increíble el enorme parecido entre ambas, solo eran pequeños detalles los que la distinguía una a la otra.

- Ese era el álbum de la familia, si hay algo que no recuerde, debería estar ahí…- susurró el fantasma desapareciendo y apareciendo a lado de Hermione, quien sorprendida se había sobresaltado un poco.

- Bueno, creo que es hora de dar inicio a esto…- dijo la muchacha mientras abría el dichoso libro familiar.

Hermione observaba un sinfín de pequeñas fotografías familiares, Jean Mary sonrío mientras lograba identificar a varios personajes que veía a través del papel, la castaña por otro lado se encontraba sorprendida, era increíble cómo el tiempo no parecía haber arruinado aquellas fotografías en movimiento.

Entonces una pregunta llegó a ella cómo un relámpago, fugaz y deslumbrante, causando un sonoro ruido dentro de su cabeza, la ex leona se giró hacia Jean, quien estaba de pie tras de ella inclinada ligeramente hacia el frente.

- ¿Sucede algo, querida? – preguntó Jean Mary.

- Oye Jean…- Hermione pareció pensar un poco lo que iba a preguntar, aun le parecía muy extraño llamar al fantasma con un nombre que normalmente lo utilizaba con su madre, pero aun así, continuó.-…No te lo había preguntado por qué tontamente no había caído en cuenta pero…cuando estabas viva ¿Podías usar magia, eras una bruja Jean Mary? – tras la pregunta Jean sonrío un poco.

- Extrañamente Hermione, en aquel tiempo… mi madre y yo éramos las únicas que teníamos acceso a la magia, cuando Ian se casó y nació Jean Leandré, mientras crecía me di cuenta que también ella era una bruja, muy poderosa déjame agregar, Ian y su esposa tuvieron tres hijos, Jean Leandré, Jean Carlo y Joan Maurice… Jean Leandré murió cuando tenía dieciocho años en un accidente de caballo, no me enteré muy bien, tras su muerte Ian y lo que quedaba de la familia se marcharon y jamás los volví a ver hasta muchos años después… un final muy triste para una chica tan joven ¿No te parece? – Hermione había escuchado el corto relato familiar.- Lo más extraño es que Jean Carlo y Joan Maurice no daban indicios de poseer un grao de magia en sus cuerpos…

- ¿Qué pasó con ellos, no volviste a saber algo de tu hermano y tus sobrinos?

Jean Mary pareció pensarlo, Hermione le observó, la fantasma parecía querer recordar algo, por su mirada oscura Hermione concluyó que estaba esforzándose.

- ¡Si! Ian volvió a casa muchos años más tarde… ¡Oh, Merlín bendito! ¡¿Cómo pude olvidarme de eso?! – gritó de frustración mientras desaparecía y aparecía al otro lado de la habitación que hoy pertenecía a Hermione.- Ian regresó a casa después de…. Muchísimos años, ya estaba muy viejo, oh, se parecía tanto a padre… su cabello antes castaño en esos momentos estaba tan blanco, todo su cráneo cubierto de canas y su piel… su piel antes tersa y suave ahora era arrugada… fue a casa a morir, su esposa y sus hijos lo habían acompañado….- Jean guardó silencio mientras miraba a Hermione, esta espero a que la joven siguiera narrando aquella parte de la historia de su Familia.

- ¿Qué sucedió después? – preguntó curiosa.

- Fue…algo aterrador, yo estaba en la alcoba con mi hermano, esperando el momento, recuerdo haber tenido miedo, no quería que mi hermano supiera que estaba ahí, fue cuando me oculté en las sombras mientras esperaba su momento de partir… y cuando sucedió un haz de luz cubrió su cuerpo…sabía que sus hijos y su esposa no podían verlo más que su alma y la mía… más a mí no se me permitió ir más allá… algo me retenía en este mundo, dentro de esta casa…- la voz del espectro parecía turbulenta, preocupada y cargada de dolor que era incapaz de descargar, Hermione seguía escuchando en silencio.- …Tras su muerte, Jean Carlo había comprado un corcel, era precioso y lo había traído a casa, él y su hermano menor tenían pensado hacer del terreno Granger una granja…

Hermione abrió los ojos en son de sorpresa, sabía que algo malo había sucedido, no supo él por qué ni las razones, pero algo dentro de ella se había estremecido y sacudido tanto, que aquello le causó temor a la leona.

- Murió… todo pasó tan rápido y yo apenas lo vi, estaba domando a ese animal salvaje dentro del corral… ¡Oh, Merlín, sus gritos….eran horribles, pobre mujer, pobre Joan!

Jean Mary guardó silencio entonces, Hermione aún observaba al fantasma, la pobre chica no podía llorar pero ahí estaba esa sensación de tristeza que la estaba ahogando y consumiendo poco a poco por toda la eternidad.

- Pobre Jean Carlo…- susurró la leona.

- Yo… no pude imaginarme cómo debió haberse sentido mi cuñada al perder a sus dos hijos… a un par de Jean…- ante aquel último comentario, Hermione levantó la cabeza, despegando la mirada de aquel álbum para mirar a la joven.

- ¿Qué dijiste, Jean? – preguntó una sorprendida Hermione.

- ¿Sobre la pérdida de dos Jean? – contestó ella, Hermione se mordió el labio inferior.

Tras la muerte de Jean Mary, sus sobrinos Jean Leandré y Jean Carlo habían perdido la vida en un catastrófico accidente.

- ¿Jean Mary…que edad tenías cuando moriste? – preguntó Hermione temiendo que su teoría fuera cierta, Jean pareció pensársela un poco tras la pregunta.

- Querrás decir cuando me asesinaron… tenia dieciocho años….- contestó el espectro muy segura de si misma de que alguien le había quitado su vida a tan tierna edad, Hermione cerró los ojos por un segundo, tras abrirlos… - ¿Por qué lo preguntas, Hermione?

- Jean Mary, tú falleciste a los dieciocho años ¿no te parece que es demasiada coincidencia que tu sobrina, llevando tu nombre, también haya muerto a los dieciocho años? Edad que también tú tenías cuando supuestamente te asesinaron… - las palabras de la castaña parecieron golpear a Jean Mary con bastante fuerza, el fantasma había quedado por unos minutos tan perpleja que no pudo decir nada.

- Además… no sé por qué pero… sospecho que Jean Carlo también tenía dieciocho años cuando murió en ese accidente de caballo… igual que su hermana…

- Tiene que ser una broma ¿No, Hermione? – la voz de Jean Granger desde la entrada sorprendió a loa castaña y su antepasada, la mujer se adentró a la habitación con una charola con un plato con galletas y un vaso con jugo de arándanos.

Hermione envió a su madre una mirada bastante profunda, pero aun así, Jean comprendió lo que su hija había querido decir.

- Un nombre maldito…- dijo Jean mientras se sentaba a lado de Hermione, dejando la charla a uh lado, la mujer tomó entre sus manos el libro de fotografías y que para sus sorpresa, algo de entre sus páginas había caído al suelo, Jean Granger lo tomó entre sus manos y lo giró, era otra fotografía…

- ¡Por Merlín bendito! – chilló Hermione Granger al ver la imagen, Jean se acercó y abrió los ojos de par en par, aquella foto…

Ahí, en esa imagen que Jean Granger sostenía entre sus temblorosas manos, estaban dos personas, dos jóvenes enamorados que se veían, a primera vista uno siempre piensa que no hay problema alguno con que una pareja se mire y se sonrían, lo que había asombrado y dejado en ascuas a la leona y su madre… fue el aspecto de aquel muchacho.

- Dominic Malfoy… Hermione… es el culpable de todas mis desgracias.- se escuchó decir a Jean, pero Hermione no le prestaba demasiada atención, aquel susodicho Dominic Malfoy era la viva copia de Draco Malfoy, la joven bruja se maldijo mentalmente y algo muy dentro de ella le decía a gritos que esa mañana no sería la última vez que vería a Malfoy.

Hermione y el fantasma de Jean continuaron buscando entre las cosas que habían encontrado en el baúl, había demasiadas fotografías, unas demasiado aterradoras, otras demasiado chistosas como para reprimir una sonrisa en Hermione, lo más curioso es que cada una de ellas tenía una fecha, la castaña se percató de algo, no había fotografías más allá del 19 de Septiembre de 1096, cosa que le dejó con un sentimiento extraño dentro de ella.

- ¿Qué es esto? – preguntó Hermione después de guardar los libros dentro de baúl, se percató que ahí había un par de prendas, Jean sonrío al ver el vestido blanco.

- No lo sé… es demasiado juvenil para que haya pertenecido a madre, tal vez fue mío…- fue la respuesta de Jean Mary.

- ¿Y esta gabardina? Por lo que vi en las fotografías, tus hermanos o padre no usaban ropa tan fina de no ser necesario ¿de quién…? – pero Hermione interrumpió su propia pregunta al ver el gravado en el pecho de aquel vestuario viejo y polvoriento.

'DM'

Hermione levanto una mirada hacia Jean, quien se había quedado en silencio simplemente al entender a quién pertenecía la vieja gabardina, la castaña bajó la mirada, se puso de pie y le dio una fuerte sacudida a la prenda hasta que una gigantesca nube de polvo las cubrió por completo y fu cuando algo muy extraño sucedió.

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'Cuando el polvo se hubo desvanecido, Hermione se percató de que algo estaba sucediendo, estaba en su casa, en la misma habitación que estaba ocupando en ella pero a la vez, no era la misma, se giró en un movimiento rápido cuando la puerta de abrió de un golpe.

- ¡Tienes que entenderlo Jean, para esa mujer ustedes dos no eres más que un capricho de él que pronto acabará, por eso lo acepta por el momento! – Hermione escuchó el grito de aquel joven, quienes habían entrado a la recamara habían sido Jean Mary y su hermano mayor, Lisandro, quien parecía un basilisco con aquel ceño fruncido y aquella voz ronca, incluso Hermione se había atemorizado, cosa que Jean Mary no hizo, simplemente se giró y enfrentó a su hermano.

- ¡Pues será cosa nuestra Lisandro, nos amamos y ya encontraremos la manera de estar juntos! – le contestó ella con los puños cerrados temblándoles violentamente.

- ¿Qué carajos está pasando aquí? – se preguntó la castaña, rápidamente comprendió que tal vez aquella gabardina había sido responsable de ese pequeño viaje, pero si los hermanos Granger no podían verla, eso significaba que posiblemente la gabardina poseía una especia de recuerdo que la había enviado directamente hasta esa época.

- Jean, no lo entiendes… papá no está muy contento con esto, los Malfoy son una Familia de sangre pura… ellos no se relacionan con nosotros… ¿Tienes idea de lo que van a hacerte esas mujeres cuando se enteren que tú y su futuro cabeza de Familia tienen en común? – Lisandro realmente se veía preocupado, Hermione levantó ambas cejas, hasta ella misma se hubiera alarmado su alguna hermana mantuviera una relación romántica con un Malfoy.

- No me importa… amo a Dominic más de lo que ustedes creen y él siente lo miso por mí, así que hazte un favor, Lisandro…déjame en paz ¡Déjame disfrutar de mi romance con Dominic! – tras aquella respuesta, Jean se había irado y acercado a la cama, se sentó a la orilla de esta sin mirar a su hermano.

- Estás cometiendo un grave error…

- Tal vez…- interrumpió Jean Mary…- pero será uno maravilloso y del cual no me arrepentiré nunca, estoy segura… - dijo ella, Hermione vio como Lisandro apretujaba la quijada con fuerza, sus ojos marrones se habían oscurecido aún más, estaba más que enojado.

- Eres una testaruda y necia… esa Familia no va a descansar hasta verte destruida y te alejes de él…

- Su amor es lo único que me basta, en este mundo no todo es miel sobre hojuelas hermanito y si tengo que ir en contra de Lissandra Y Alexandria Malfoy, que así sea… Pero nadie va a decir que renuncié a Dominic así de fácil…- no supo por qué pero ambas, tanto Jean como Hermione sonrieron ante aquellas palabras, Lisandro cerró los ojos un momento, intentando mantener la calma, al abrirlos, la claridad de su mirada volvió en sí.

- Solo espero que este 'amor' que dice él que siente por ti… no sea tan falso como la amabilidad de su madre y su hermana… porque te conozco Jean Mary… y estoy seguro de que si algo sale mal entre ustedes dos… será suficiente para destruirte por completo.

- ¡Soy más fuerte de lo que crees!

- Lo eres… pero eres una maldita sentimental… si llegas a perder a Malfoy… tú vas a derrumbarte… ¡Merlín, sueltas el llanto cada vez que aplastas a una hormiga!

- ¡No es cierto…! – respondió ella bastante molesta por el comentario, ambos hermanos se quedaron el silencio mientras Hermione presenciaba aquello, Lisandro levantó una ceja, enviándole un mensaje a Jean.- bueno… solo un poco.- dijo ella, tras aquello ambos soltaron la carcajada.

- Eres un caso perdido…- dijo él mientras se acercaba a ella y la envolvía con sus brazos.

Hermione sintió un poco de envidia al verlos así ¿Cuánto hubiera dado ella por tener un hermano mayor o aunque sea uno más pequeño que ella? La joven leona se estremeció cuando todo comenzó a dar vueltas, y de repente, la joven bruja se vio en otro escenario, esta vez se encontraba en el bosque, donde los rayos del sol no penetraban completamente, así que el juego de luz y sombra era causante de un extraño efecto bajo los árboles, donde se encontraban Jean Mary y Dominic Malfoy, este último con esa vieja gabardina de botones de plata que Hermione había encontrado en el baúl.

- ¿Te ha dicho algo tu hermano? – preguntó el rubio mientras jugaba con un mechón de cabello de ella, Jean sonrío tristemente.

- Típico… madre y padre no dijeron nada, pero estoy segura que a papá no le ha gustado nada, Ian no se ha enterado y Lisandro pues… es un necio por naturaleza.- dijo ella mientras levantaba la mirada y le observaba.

Hermione comprendió en ese momento cuanto era lo que ella lo amaba a él, sus marrones ojos enfocaron a Dominic Malfoy quien sonreía abiertamente, mostrando sus perfectos dientes blancos y alineados.

- Bien, ya sabes lo que mi madre y hermana piensan… ¿Pero no me importa, ya lo sabes verdad?

- Lo sé…

- Te amo…- dijo de repente él mientras reposaba su frente sobre la de ella y se miraban.

- Eso también lo sé…- respondió ella con una sonrisa.

- ¡Señorita Granger, eso no era lo que quería escucharle decir! – exclamó el falsamente indignado, Jean soltó la carcajada.

- ¡Señor Malfoy, ya debería saber cuánto lo amo yo a usted! – gritó ella mientras se alejaba, pero no había dado dos pasos cuando fue atrapada entre los brazos del hombre al que amaba más allá de la razón.

- ¡Usted es merecedora de un castigo por tal atrevimiento! – fue lo único que dijo antes de comenzar a hacerle cosquillas en los costados, Jean intentaba alejarse mientras se reía enloquecidamente, hasta que sus bruscos movimientos los llevó a ambos al suelo.

Rápidamente Hermione se sintió lo suficientemente incomoda cuando les vio tirados en el suelo, ella con su largo cabello regado por toda la hierba, él manteniéndose sobre ella ayudándose con sus brazos para no aplastarla.

Ellos eran felices aun después de que sus Familias se oponían completamente, Dominic y Jean Mary se mantenían juntos, firme en permanecer así, pero algo dentro de la castaña se estremeció al saber cuál había sido el final de todo aquello. Después de un rato de besos y caricias sobre la hierba, Hermione les vio ponerse de pie, ella siguió sonriendo y él continuó admirándola en silencio, de repente, una ráfaga de viento fresco sopló a su alrededor.

Él se quitó la gabardina.

- Toma, está comenzando a hacer frío….- mientras decía, cubría el cuerpo de la joven con su propia vestimenta.

- No estoy tan lejos de casa, lo soportaré… pero..

- Pero nada, quédate con él, así si me extrañas… solo tendrás que abrazarte a él…- le susurró al oído mientras ella sonreía, un par de segundos después estaban besándose de nuevo.

Hermione no se movió si quiera, pero mientras la pareja se besaba y despedía un millón de veces, la castaña se estremeció y sorprendió ver una silueta en la lejanía, ella dio un paso al frente e intentó enfocar la mirada, tal vez y con un poco de suerte averiguaría quien era, pero la distancia que la separaba de aquel desconocido era demasiado, para ella solo era una sombra tras los árboles, la castaña intentó ir tras él o ella, pero una fuerza desconocida la había rodeado, el jalón fue tan fuerte que la castaña estaba segura que daría alguna evidencia de ello… había vuelto, Hermione lo sabía…'

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- Hermione… Hermione… Hermione, despierta…Hija…

- Estoy bien mamá…- dijo de repente la muchacha mientras abría los ojos en rápidos parpadeos, Jean Granger y Jean Mary suspiraron de alivio, su madre le ayudó a ponerse de pie, no sabía que era lo que había pasado, pero lo que había visto seguro era un recuerdo del pasado que había quedado adherido a la gabardina.

- ¿Hermione, que ha pasado? Jean Mary comentó que…

- Fue la Gabardina mamá, había algo mágico en ella, algo poderoso que me llevó a otro sitio…- explicó la muchacha tras sentarse a la orilla de la cama y observar a Jean Mary.

- ¿Qué fue lo que viste? – preguntó Jean Mary con desconcierto.

- Tú y tu hermano discutían en esta recamara respecto a tu relación con Dominic Malfoy, luego estaba en el bosque y los miré Jean Mary… a ti y a Dominic Malfoy, jugando, riéndose…amándose, se veían tan felices… no me explico cómo fue que terminaron así… de verdad ustedes se amaban…- respondió Hermione, Jean Granger volteó a ver a Jean Mary, quien estaba desconcertada.- …además no fue todo lo que vi, estaban en el bosque, si, pero más allá, escondida había alguien… alguien que los observaba desde lejos, sospecho que esta persona sea quien sea… puede estar tras tu muerte…

- Fue Dominic…

- ¡Basta con eso! – gritó Hermione levantándose de un brinco.- ¡No sabes si realmente pasó eso, puede que todo ese tiempo hayas estado equivocada… ni siquiera recuerdas como fue que moriste Jean! Culpar al hombre que claramente amabas y te amaba es signo de que algo no está nada bien… tal vez sea parte del maleficio que te fue lanzado…- Hermione miró tranquila a Jean Mary, quien simplemente se mantenía quieta.

- No es fácil Hermione.- comenzó a decir ella.- No cuando es el único sentimiento que te ata a un pasado que no recuerdas de todo… - fue su simple explicación, después de eso, Jean Mary desapareció frente a Hermione y su madre.

Hermione lo sabía, lo supo en el momento en que había visto aquella sombra en la lejanía mientras Jean Mary y Dominic se encontraban, alguien había estado tras la muerte de Jean y si tenía un poco de suerte lo averiguaría, la castaña entrecerró los ojos, no sabía por qué pero algo le decía dentro de ella que ya venía siendo hora de que Draco Malfoy interviniera.

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Draco observaba al fantasma que habitaba la mansión de su familia por más de quinientos años, que tras su muerte cuyo destino era vagar dentro de las paredes de mármol de aquella mansión, no bastándole a quien fuera que lo condenó a tal cruel destino, el fantasma de Dominic era incapaz de salir de la mansión, Draco se puso de pie, su abuelo, su padre y él mismo habían estado intentando averiguar algo interrogando a los retratos, pero no habían descubierto nada del otro mundo, ni siquiera el tan mencionado Diario de Demitriv Malfoy, quien tras los siguientes dos años antes de irse de casa para no volver más, había estado escribiendo, Lucius pensaba que Demitriv tal vez sabría algo pero encontrar el Diario les llevaría más tiempo de lo que pensaban.

- Tengo todo el tiempo del mundo…- fue el triste comentario de Dominic, Draco le había prometido ayudarle y eso era lo que iba a hacer, el heredero del patriarcado Malfoy se puso de pie de un brinco, todos ellos habían estado en la sala de estar, Abraxas y Lucius leyendo el profeta en sus respectivos asientos, Draco y Dominic con sus propios pensamientos perdidos en ellos.

- ¿Draco, a dónde vas? – preguntó Lucius al notar la marcha de su hijo.

- Si queremos ayudar a Dominic a descansar en paz, tengo que ir a buscar a alguien…- contestó el rubio, Lucius se puso de pie.

- ¿A la señorita Granger? Aún no estamos seguros que Hermione Granger sea descendiente de…

- Lo es…- intervino Dominic.- La señorita Hermione Jean Granger es descendiente de Jean Mary… - Lucius le envió una mirada fugaz que fue difícil de interpretar, pero tras regresar su atención a su hijo…

- Granger está en esa vieja casucha, padre… tal vez Jean Mary tenía algo que pueda ayudarnos a resolver este misterio del Maleficio… - fueron sus palabras.

- No creo que averiguar quién fue el que lanzó el hechizo sea la solución, tenemos que averiguar cómo romperlo. – habló Abraxas mientras bajaba el periódico para mirar a su nieto e hijo.

- Pero averiguar por qué lo hizo sí que es importante para romper la maldición, tal vez esto sea más grande que solo un hechizo que lo mantiene entre dos mundos…

- ¿A qué te refieres? – preguntó Lucius a su hijo, Dominic prestó atención a Draco ante la pregunta.

- Me refiero… a que Dominic debió haber hecho algo lo suficientemente malo como para ganarse un pase al limbo… Perder la mayoría de sus memorias y cada tanto tiempo revivir lo sucedido… en otras palabras, alguien creyó necesario enviarlo al infierno para purgar eternamente algún acto verdaderamente aberrante.

- ¡Yo no hice nada! – gritó Dominic bastante molesto ate esas palabras, Draco se mantuvo inexpresivo.

- Eso no lo recuerdas tú… así que o me dejan ir a buscar a Granger… o te quedas vagando en esta mansión eternamente, me pregunto que pasaría si la mansión llegara a derrumbarse hasta volverse cenizas… ¿Seguirías aquí, encerrado simplemente en una zona en especial? – Lucius y Abraxas no dijeron nada más, Dominic simplemente soltó una maldición y desapareció aun sabiendo que Draco tenía toda la razón.

- Ve a buscar a la señorita Granger, Draco… y más te vale que quiera cooperar con nosotros…- sentenció Lucius Malfoy mientras volvía su mirada a la lectura, Draco no dijo nada, tan sereno como había permanecido, así salió de la mansión, sus ojos grises brillaban con determinación, si Granger no quería ayudarle, ya vería él como la obligaba, un simple imperius sería suficiente para convencerla y así, con Hermione Granger en sus pensamientos, Draco Malfoy se dirigió hacia los terrenos de los Granger.

Hermione caminaba por el sendero rodeado de trigo.

Draco se encaminaba por el frondoso bosque.

Ella pensando en solucionar el problema de Jean Mary.

Él en busca de cumplir su promesa a Dominic.

La castaña se detuvo a la orilla de la cerca de madera podrida.

El rubio se detuvo en la división de ambos terrenos.

Hermione y Draco se sujetaron a las viejas tablas que los separaban…

- ¡Malfoy/Granger necesito tú ayuda y quieras o no lo vas a hacer! – gritaron los dos sorprendiéndose al instante de lo coordinados que habían estado al decir aquello.

Jean los observaba desde la entrada de la casa, sabía que en el momento en que volvió a escuchar el apellido Malfoy entendió que las cosas no volverían a ser tranquilas nunca más, cerró los ojos por un momento, Luc… el nombre de aquel al que había amado tan intensamente retumbaba en su cabeza como un golpe duro a una campana, ese chico se parecía demasiado a éldemasiado.


¿Y luego, que les pareció? a partir de aquí Draco y Hermione tendrán aún más protagonismo y por si no lo notaron Lucius y Jane también, hay mucho por escribir y mucho por descubrir, en realidad esto me está gustando cada vez más, ideas se me están viniendo a la mente... por cierto... estén a la espera de Theodore Nott, quien no solo será el amigo intelectual de Draco Malfoy.

Bien, me gustaría revelar algo sobre la historia, El Maleficio fue lanzado originalmente a Dominic Malfoy ¿Pero por qué también afectó a Jean Mary? ¿Y que tiene que ver todo esto con la fecha de nacimiento de Hermione, es algo que iré explicando tal vez el siguiente capitulo o más adelante, otra cosa que me gustaría que supieran, es que el nombre de Jean realmente está maldito, ya se me ocurrió algo que a Hermione y a su madre les sucedió y podrían considerarlos efectos de la maldición...

¿Recuerdan el acto de amor de Lily Evans por su hijo? que cuya repercusión fue un extraña protección que envolvió a Harry Potter hasta que fuera mayor... pues bien, algo sí ocurrirá...

Pues bueno, como ya saben esto es un Dramione pero como soy yo... no se los voy a poner fácil es por eso que eh invitado a Theodore Nott, voy a confesarles algo, aunque a mi me gusta el personaje de Ronald Weasley en mi personal fue un catastrófico error de JK emparejarlo con Hermione... no se me vayan a enojar, pero es mi opinión.

Pero en fin, les dejo un saludote y miles de agradecimientos...

¡DEJAR REVIEWS PARA MI SI ES IMPORTANTE, ME REFRESCA, ME INSPIRA Y ME ALEGRA!