Capítulo IV. Molly y Lucy Weasley

Molly y Lucy Weasley eran las dos hermanas más diferentes que podían existir. La última solía ser la más divertida de las dos y la más extrovertida. Molly, en su lugar, era más parecida a su padre y eso la hacía ser la más allegada a él. Cuando ocurrió la explosión, lo que Molly alcanzó a tomar la mano de Lucy y apretarla con fuerza. Por eso, cuando abrió los ojos, apretó la mano buscando la de su hermana, pero no la encontró. Se levantó rápidamente y se mareó, miró hacia los lados y vio a Lucy boca abajo con un brazo debajo de su torso. Asustada, corrió hasta ella, y pasó la varita por encima, luces rojas y verdes salieron de su cuerpo.

—Oh Lucy —susurró mientras buscaba unos trozos de madera e improvisó, con la ayuda de la varita, un cabestrillo para su pierna y otro para su brazo antes de voltearla— ¡Enervate! —Ella despertó y se quejó audiblemente, miró a su hermana con cara espantada y le tocó la frente. Hasta ese momento, Molly no había notado que tenía un corte fuerte en su frente y que un hilillo de sangre bajaba por su quijada. Lucy buscó su varita y en silencio curó a su hermana, la miró y se abrazaron.

—¿Qué haremos ahora? ¿Dónde estarán papá y mamá? ¿Los abuelos? ¿Todos los demás? Oh Molly, ¿qué fue lo que pasó? —Ambas sollozaron en silencio, se levantaron y buscaron a su alrededor, se tomaron de la mano fuertemente y continuaron buscando con el alma en hilo.

—Los encontraremos y estarán bien, ya verás —Molly miró a su hermana intentando transmitirle seguridad. Era cierto que eran diferentes, tal vez un poco como el Ying-Yang, pero se amaban y no importaba lo que estaba sucediendo a su alrededor, ellas estarían juntas.