La mañana golpeaba mi puerta, sonsacándome del sueño que Sacred y yo guardábamos ambos en la habitación de ese hotel de mala muerte, con una ligera cabeceada saqué la cabeza de las sábanas que por cosa rara yo estaba debajo de ellas, ella sintió el movimiento y se distanció un poco del epicentro del mismo, yo volví a moverme pero esta vez para aproximarme hasta la orilla de la cama y volver a colocarme mis prendas. No todas, obviamente. Ella sintió cuando una de las sábanas cayó al piso y con extremo pesar se empezó a mover lentamente hasta dar con uno de los bolsos que yo había puesto en la cama. La vi con una mirada risueña. Solté una risa simpática y me compadecí un poco con ella, me acerqué hasta Sacred y le planté un beso en la frente que por si fuera poco ella al sentirlo abrió los ojos, encontrándonos frente a frente, ambos. Yo mirándola a sus ojos violetas que parecían estar sacados del pigmento de la orquídea más bella de toda Equestria, -Hola, cariño-Dije poniendo mis patas en sus hombros dándole un abrazo. Que ella me correspondió. –Hol,a-Dijo con extremo pesar. Me sorprendí que me hablara tan bien, porque de verdad. A ella le cuesta un mundo hablar, ella gimoteó un poco viendo hacia el techo y rio entre dientes. -¿Qué pasa amor?-Comenté algo sobresaltado. Ella solo me soltó una sonrisa risueña que me conmovió el corazón, la vi de reojo mientras me sonrojaba y bajaba la cara apenado, la verdad es que esa yegua me llega al fondo de mi alma, la tengo como mi estimada, la única que me derrite con su sonrisa.

/Pasadas dos semanas/

Regresábamos de la lectura de uno de mis libros favoritos, "Perdido en una mañana de noviembre" un interesantísimo libro que explora las aventuras personales de un joven escritor que por tragedias de la mismísima vida, pierde su pata izquierda delantera debido a un accidente, en la mañana de noviembre. Desde ese punto comienza una etapa en su vida que él mismo denomina la llamada de noviembre. Donde se quiere adaptar al tan brusco cambio, pero eso le complica aún más cuando pierde a su madre en un intento de robo, ahí. Él decae completamente en una profunda depresión, que lo hace llegar al abandono total de cualquier comunidad, y se recluye en la finca que solía ser de su abuelo paterno, donde trata de llevar una vida calmada en soledad. Eso se le llamó "la caída de enero". Porque desde finales de diciembre de ese año y comienzos de febrero del siguiente se la pasó en la más remota incomunicación, comiendo de lo que pobremente sembraba en las tierras llanas de su difunto abuelo. El penúltimo movimiento que se tituló, el amanecer de marzo, que fue cuando conoció a una yegua, que le movió el piso, desde el primer momento que la vio. A ella no le importó que él hubiese perdido su pata, de hecho, le daba bastante igual, desde que lo conoció se interesó en su vida, en lo mucho que este la hacía sentir y viceversa, ambos se complementaban. Pero, todos se preguntaran, ¿Por qué la chica linda se queda con un inválido? Pues esta yegua es ciega de nacimiento, y realmente lo que la enamoró de nuestro protagonista fue su hermosa personalidad, que aunque sea opacada suavemente por su increíble depresión cual cargaba y el odio que traía contra sí mismo, ella le conmovió el corazón, e hizo que él se enamorara perdidamente de ella. Todo ese meneo duró cuatro meses ya en junio que fue su último capítulo, le titularon. Floreciendo en junio, donde ambos comienzan una relación, de verdad, fue algo encantador, terminarme ese libro me llenó tanto, sobre todo… que estoy locamente enamorado de Sacred. Me sentí brutalmente identificado.

Saliendo de la sala constitucional, que era donde se estaba presentando el evento. Nos dimos cuenta (Sacred y yo) de una nueva tienda que estaban abriendo en la esquina inferior del pueblo, acercándonos nos percatamos que era una heladería, ella me sonrío dulcemente y presentí lo que ella quería, con una sonrisa de lado y algo apenado comenté viéndola a los ojos. - ¿quieres un helado?—Para respuesta de ella solo cabeceó para indicarme su respuesta, que obviamente entendí al instante. Era un completo sí, Entré directamente al mostrador, un joven pegaso de crin celeste me atendió. –Buenas tardes, ¿Qué puedo hacer hoy por usted?-Dijo para dejarme elegir mi orden. —Buenas, a mí me das un helado de chocolate con galletas y a mi acompañante uno de fresa con chispas de chocolate, por favor—Dije con una sonrisa. Él solo agarró los pedidos y tras un minuto o menos me entregó los dos helados. –Serán 4 bits—Comentó el chico, yo solo saqué mi monedero de la mi chaqueta y entregué los bits.

Mientras caminábamos a la casa, nos parábamos cada tanto a ver las tiendas, ya que están decorando todo por el día de los corazones cálidos. Era bastante lindo ir caminando junto a la yegua que quieres. Degustando tus ojos de la magnificencia de los brillantes colores invernales, y con cierta empatía por lo hermosa de su compañía, y, aunque ninguno de los dos nos hemos declarado al otro, cada uno sabía perfectamente lo que el otro sentía. Se le podría llamar una breve conexión entre corazones olvidados por el destino, pues… Celestia los cría y el camino los une. O así dice el dicho. –Eh ¿Sacred?—Pregunté algo sonrojado por la bobería que estaba haciendo, y para peor, ni me di cuenta cuando empezó a hacerla, porque sólo me quedé pensando ahí parado, frente a ella… mientras lamía el bastón de caramelo que ahora, mantiene su lengua pegada a él por el frío que hace, Mi yegua me dirigió la mirada y sólo se apeno de lo obvio, de la graciosa situación en la que se había metido. Yo sólo la observé unos segundos reí algo estrepitosamente, pero solo un poquito… y le comenté. —Tienes que hacer pequeños circulitos con tu lengua para que la superficie se humedezca—Ella lo notó y lo hizo. –Que bobita eres, cariño. —Dije abrazándola ya de vuelta en mis patas. Cuando presenciamos el horizonte, se notaba claramente que el día estaba llegando a su fin, una vez más, nuestra princesa de las sombras nos traía un ocaso precioso y digno de admirar, solté un pequeño estornudo, para después decirle a Sacred: -Cariño, deberíamos ir a nuestro lugar de siempre, para ver los atardeceres—Comente extasiado por los épicos finales que siempre nos brindaban las soberanas princesas que nos rigen. Ella solamente asintió para seguirme.

Pasó un rato hasta que llegamos a la parte del parque que siempre solíamos usar para ver los atardeceres, Sacred me tomó por la chaqueta y me empujó hacia el piso, yo sólo me dejé llevar, ella me vio con una ternura inimaginable y me besó la mejilla, para hacerme sonrojar. Yo sabía que ella sólo demostraba cariño y afecto para molestarme y ponerme nervioso. Era un gesto un tanto provocativo pero yo solo le seguía la corriente a la yegua… de todos modos, me encantaba que se pusiera así conmigo. Es algo genial, que alguien se entregue totalmente a tus necesidades cariñosas y tú solo te hagas cargo de las suyas. Probablemente es uno de los mejores estados físico-emocionales por el cual he estado.

Bostecé un poco, ella me miro con una sonrisita tierna y de entero aprecio con la cual se me acerco a mi lomo, para meterme un pequeño mordisco, - ¡auch! –Gimoteé un poco, no me habría ver venir ese mordisco ni porque me lo hubiesen pintado meses antes. Baje la cara y le dediqué una mirada de confusión a mi allegada, - ¿Qué pasa ternura?—Dije algo extrañado. Ella se acomodó un poco en sus patas traseras para sacar una hoja dobladita de su abrigo. –Toma—Me dijo. La acerqué con mi magia y la desdoblé para poder leerla, al principio pude notar un pequeño dibujo de ambos encerrados en un corazón. Todo dibujado y coloreado por ella, eso me puso una sonrisa inmensa en la cara, tanto así que sólo la abracé y me quedé un rato a su lado. Con una lagrimilla bajándome por la mejilla, jamás alguien me había regalado un presente tan sentimental. Algo tan limpio y puro, casi que dejo toda mi llorantina en su hombro antes de que ella me interrumpiese un poco acongojada para resaltarme que todavía quedaba una parte en la hoja. –Lo siento Sacred, creo que me dejé llevar un poco—Dije rascándome la nuca, para sorpresa de ella, se encontraba súper nerviosa y lo peor, es que estaba apenadísima. – ¿Estás bien querida?- Ella solo asintió entre sus múltiples jadeos y constantes arrebatos de nerviosismos. Estaba totalmente ida. –Vale cariño, deja leo la nota—Dije entre risas nerviosas.

… Gracias, por todo lo que me has enseñado, por la literatura que me has mostrado y las enseñanzas que me has inculcado. Desde que me recogiste esa noche. Sentí que mi mundo cambio drásticamente, tanto así… que puedo decir sin pena que eres el único semental aparte de mí ya difunto padre que realmente quiero y adoro. Han pasado ya unas 3 semanas, y realmente pensaba que tirada en ese jodido hoyo iba a morir tarde o temprano por el invierno. Hice una pausa para verla a la cara, su expresión de incertidumbre y de horribles nervios no la dejaban respirar, casi que se tambaleaba en sus propias patas, era algo tan extraño y sutil… que simplemente me parecía el acto de amor más inmaculado y perfecto. Gracias por haberme devuelto ese ánimo y esas ganas de existir que perdí hace mucho tiempo… y ahora, puedo medio decir que soy feliz, aunque tenga los múltiples problemas que me han acaecido por la mala vida que solía llevar. Torció un poco los labios y dejó de mirarme a los ojos, sólo se puso a contemplar mis verdes ojitos que leían su carta. Eres, el mejor amigo de cualquier persona, y ahondando más en nuestra relación, casi siempre que te veo, mi corazón se me sale del pecho, haces que mis emociones se retuerzan cada vez que observo tus labios y en general, todo tú. Sin duda, quisiera ser tu acompañante, hasta que la muerte nos separe.

Sonreí, una tierna risita de cariño se filtró por mis cachetes, casi que lloro cuando termino de leer toda la carta, y por si fuera poco, ella no dejaba de verme con esa carita tan apenada y avergonzada que tanto adoro ver en ella. Con sus lindas mejillas ultra coloradas, y sus patas tapando sus hermosos ojos violetas.

Dejé la carta en mi regazo, y solamente me acerqué a ella. Me quedé viendo sus perfectas amatistas que por ojos tiene. Su estupefaciente sonrisa apenada, la vi más de treinta segundos, y seguía embadurnado en su esencia, simplemente, su magnificencia me enloquece, tomé su cabello, y lo acomodé atrás de su orejita. Esta yegua si es preciosa… es la yegua de mi vida, la que necesitaba desde hace más de cinco meses. Acerqué mis labios a su oído derecho y le dije tiernamente con ambos ojos cerrados. —Por favor, acompáñame por el resto de nuestras vidas… Sacred—Ella asintió casi al instante, con el rubor matándola. Prácticamente su pelaje era rojizo, por el fuerte sonrojo que ambos sentíamos. –Sé mi vida—Dijo ella de un solo tirón. Dejándome estupefacto… subí su mentón y le dirigí unas palabras. –Sé tú la mía—Para finalizar con el beso más tranquilo, más perfecto e intangible que cualquier poni haya dado en su entera existencia. Ambos, simplemente, no parábamos de apreciar el néctar del otro, cada leve murmullo o cosquilla que mi yegua sentía era lo más perfecto del mundo. Simplemente nos drogábamos con el otro. Pasaron cerca de dos minutos, y por la necesidad fisiológica del oxígeno, tuvimos que soltarnos. Sólo la vi, y observé su eterna cara de gracia, su etéreo hálito de suntuosidad. Que simplemente me dejó perplejo. Ella, la yegua que hace menos de un mes rescaté, me salvó el corazón… de ese eterno mar de melancolía que estaba acostumbrado a sobrellevar. Le retorné una mirada de satisfacción, y… realmente, amo a Sacred Heart.