Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai

–Diálogos.

"Pensamientos."

Para Senshi Hisaki Raiden.

EL GUARDAESPALDAS

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

&&&KaiTakao&&&

El menor iba procesando toda esa información en su cabeza– Alto ahí... ¿quieres decir qué...? –no era capaz de terminar la frase, porque estaba esperando la temida respuesta por el bicolor.

–Afirmativo.

–Es una broma... –sonrió– ¿Verdad? –borró su sonrisa al ver que Kai estaba invitándole con una mano a acercarse.

–Tenemos poco tiempo.

–Pero –puso ambas manos extendidas, con rápidos movimientos hacia delante y hacia atrás–. Espera un segundo... esto no puede ser posible.

–¿Ah, no?

–No –alargó la palabra.

–¿Y por qué?

–Porque... eres mi guardaespaldas –argumentó con nerviosismo.

–Y ahora soy tu profesor –aclaró –. Yo que tu empezaba a ensayar desde ya.

Takao sonrió de lado inocentemente–. No sé bailar y piso mucho. "Ahora me voy a vengar por todo, jajaja".

–Bueno, eso se puede corregir. Ahora ven aquí –dijo autoritario, pero sin gritar. Takao lo hizo, pero guardó las distancias–. Acércate más –el moreno de piel dio sólo un paso–, más... más –volvió a repetir ya que aún estaba un poco alejado–, así ya vale –Kai le extendió la mano, esperando a que un dudoso Takao se la cogiera–. No muerdo– le aclaró, al ver que no era cogida.

–Ya lo sé –puso su mano sobre la de Kai.

–Vamos –le animó a que siguiera.

–No me metas prisa –contestó sereno. Kai rodeó con su mano libre la cintura de Takao al ver que no se iba a mover. Takao como primera reacción, caminó hacia atrás con rapidez– ¡Sí hombre, hasta ahí podíamos llegar! –Se quejó– ¡No señor, yo no sigo! –se cruzó de brazos.

–¿Qué problema tienes?

–¡Qué me has tocado la cintura!

–Tengo que hacerlo, es la posición del baile. –le recordó.

–¿Seguro? –le miró con duda.

–Claro... ¿Cuánto sabes de baile? –se decidió a preguntarle, ya que creía ver a Takao un poco perdido en ese momento.

–No mucho. –confesó.

–Ya.

–¿¡A qué ha venido ese ya!? ¡No soy ningún imbécil!

–No lo pongo en duda –se acercó a él–. Estamos perdiendo tiempo –fue a coger a Takao de nuevo como anteriormente lo había hecho, pero el joven de cabellos azules se alejó mirándole–. Hmn.

–Dejaré que me pongas la mano ahí, si te quitas esas gafas. –le hizo saber.

–¿Para qué? –Kai se preguntaba que tenía que ver una cosa con la otra.

–Tú sólo hazlo.

El bicolor así lo hizo, aunque a regañadientes y las dejó sobre la mesa– ¿Ya? –preguntó desesperado por empezar de una maldita vez.

–Sí –contestó. Dejó que Kai se acercase y le pusiese la mano en la cintura.

–Pon tu otra mano aquí –con la mano izquierda, cogió la mano libre de Takao y se la puso sobre su brazo derecho–. Bien, estás en posición –Takao no podía evitar mirar los ojos rojizos que lo miraban.

–Ujum –intentó decir una "ajá" que no le llegó a salir, porque su concentración estaba en esos ojos.

–Ahora vamos a ir un paso hacia la derecha.

–Hacia la derecha –repitió mirando hacia el suelo. Como era de esperarse, Takao con toda su idea pisó a Kai y sonrió en sus adentros hasta que Kai lo pisó.

–¡Me has pisado! –se quejó mirándole, esperando alguna explicación.

–Lo haré cada vez que me pises y... –le sujetó el mentón con su mano izquierda durante unos segundos– Número uno, no puedes mirar al suelo, mira recto. Número dos... –en un sorpresivo movimiento acercó más a Takao a él con su mano derecha–. Tienes que estar más pegado a tu pareja. Número tres, esta vez yo te guío hasta que aprendas a moverte y no al revés.

–No es justo –se quejó–. Si te piso es porque no sé bailar, tu lo haces apropósito.

–Ya tendrás más cuidado en no hacerlo, ¿no? Ahora empecemos –decía para empezar a moverse con los pies–. Izquierda... bien... derecha... mírame –le ordenó, al ver cómo Takao intentaba mirarse los pies para no fallar.

Takao subió la mirada y pisó al bicolor y no tardó en recibir la respuesta– ¡Ay! –se quejó.

–Ve girando lentamente... izquierda...

&&&KaiTakao&&&

Takao iba subiendo las escaleras encontrándose con su padre y su hermano. Las clases habían sido duras y había recibido muchos pisotones y eso que ya algunos ni los provocaba cómo tenía pensado. Hitoshi caminaba por el pasillo, sirviéndole de apoyo a su padre.

–Papá, ¿qué haces fuera de la cama? –inmediatamente corrió para serle de apoyo también, el cual su padre no rechazó, al dejar su brazo libre sobre los hombros de su hijo.

–Quiero cenar.

–Gustuv podría habértela llevado a la cama.

–A mí me gusta cenar con mis hijos en la mesa.

–Cuidado con las escaleras –avisó Hitoshi.

Pasó un rato antes de que por fin llegaran al comedor y pidieran que los sirvieran.

–¿Cómo te ha ido? ¿Has avanzado? –preguntó Shibure al menor de sus hijos.

–Pues no lo sé.

–¿De qué habláis? –preguntó Hitoshi un poco desconcertado.

–De sus clases de baile. –le contestó el padre.

–¿De baile? Pero pensaba que la señorita Judy no había vuelto. –decía Hitoshi.

–Y no lo ha hecho. Pero conseguí un sustituto a tiempo. –le seguía contando el hombre.

–¿De quién se trata?

–Kai –contestaba el padre a todas las preguntas de su hijo mientras que Takao miraba la copa llena de agua con atención, como si viera algo de interés en ella.

–¿De Kai? ¿Kai su guardaespaldas?

–Sí.

–Eso no me lo esperaba. Y creo que Takao tampoco se lo esperaba, por lo que puedo observar –vio cómo su hermano parecía distraído.

–Takao... hijo, ¿te pasa algo?

–¿Mn? –intentó apartar la mirada del vaso pero no podía, no dejaba de pensar en los ojos hechizantes de su guardaespaldas. En cómo lo había agarrado de la cintura... con rudeza y rapidez, pero a la vez sin hacerle daño.

–Takao –volvió a llamarle, tocándole ésta vez el hombro.

–¿Qué? –parpadeó un par de veces y miró a su padre– ¿Qué me decías?

–¿Te pasa algo?

–No, estoy bien.

Hitoshi decidió volver a romper el hielo, claro que con su padre. Porque todavía no conseguía olvidar el mal rato por el que había pasado su padre, gracias a Takao– ¿Quién será su pareja?

–Pues seguramente Margaret, ya sabes, esa chica de Inglaterra.

–Oh, sí. La chica es atractiva.

–Papá –interrumpió Takao.

–¿Qué?

–¿Y si ella no quiere bailar? ¿O y si yo no quiero?

–Debéis de hacerlo, para ambos significa la presentación... en sociedad.

–Pero porque nadie me conozca no pasa nada, ¿no?

–No digas eso hijo –sonrió–. Ya conocen a tu hermano y también deben de conocerte a ti.

–No fue tan malo eso del baile –recordó Hitoshi–. Simplemente es bailar, hablar un poco con los invitados. Ya sabes, relacionarte con la gente y comer algo, aparte de tocar el piano.

–¿Piano? –Miró a su padre–. No me habías dicho nada de eso papá– se puso de pie –¿Algo más que deba saber? –preguntó irónicamente–. Podrías decirme las cosas enteras en lugar de a medias. Siempre soy el último en enterarme de todo. –le reprochó.

–Se me había olvidado, lo siento hijo. –se disculpó.

Takao intentó tranquilizarse, después de todo su padre aún estaba delicado y no quería darle un nuevo disgusto por otra tontería– ¿Qué viene antes?

–Tocar el piano –le aclaró, viendo cómo Takao se sentaba en la silla.

–Espero que por lo menos me expliques que tengo que hacer en toda esa fiesta, si no quieres que meta la pata y hunda a la familia en una gran vergüenza.

–Está bien. Hablaremos de ello ahora, ¿qué te parece?

–Bien.

&&&KaiTakao&&&

Subía un poco cansado las escaleras para irse a dormir. A decir verdad, los pies le estaban matando, necesitaba tumbarse para relajarse. En el pasillo estaba Kai, apoyado en la puerta que estaba frente a la habitación de Takao.

–Recuerda... mañana a las nueve de la mañana, te estaré esperando.

Takao pasó de largo para girar el pomo de su puerta, para abrirla–. No madrugo, lo siento.

–Pues harás una excepción.

Takao se dio media vuelta–. Mira, en el salón puede que seas "mi profesor", pero aquí y ahora eres mi guardaespaldas, así que no mandas en mí.

–Te aconsejo que por tu bien lo hagas, aún te queda mucho por aprender y tienes poco tiempo. –le recordó–. Yo que tu haría el esfuerzo –se dio media vuelta y giró el pomo de su puerta.

–Alto ahí, ¿a dónde crees qué vas?

–A mi habitación.

–¡Je! Qué gracioso. Esa no es tu habitación, tu habitación está en el piso de abajo. No aquí.

–Negativo– sonrió al ver la cara de ¿what?, que tenía el joven de cabellos azules–. Y ensaya. –le dijo, haciendo referencia a los pasos de baile. Dicho esto, entró en su habitación, cerrando la puerta tras de sí.

El joven de cabellos azules seguía con la boca abierta. ¿Quién se creía que era ese viejo sexy para mandar en él? No era nadie. Sacudió varias veces la cabeza para eliminar ese pensamiento. Y encima ese bicolor andaba como si nada, cuando él iba casi cojeando con cada pisada. ¿Es que no le habían hecho daño sus pisadas? Tendría que mejorar en eso del baile y pronto.

Sacó la lengua en señal de burla, como si el otro pudiera verlo y entró a su habitación, echándola con llave.

–Si piensa que va a mandar en mí, está muy equivocado. Mañana no pienso ni hacerle caso y que no se haga ilusiones con eso de los ensayos –mascullaba enfadado, mientras se quitaba las zapatillas con los mismos pies por el camino y se desabrochaba los botones de la camisa con las manos–. Porque tenga unos ojos profundos y bonitos, no se va a escapar de mis jugarretas. Se va a arrepentir de haberse quedado en la mansión.

&&&KaiTakao&&&

Se movía inquieto en la cama, sudaba a mares. El calor que sentía lo estaba sofocando. Abrió los ojos con pesadez y se sentó en la cama, restregándose uno de los ojos. Estaba nervioso y por eso aunque intentaba dormir, no podía. Se levantó de la cama, sintiendo cómo le picaba todo el cuerpo debido a las diminutas gotas de sudor que recorrían todavía su moreno cuerpo.

Todavía la habitación estaba un poco oscura. Miró hacia la ventana y se dio cuenta de que faltaba poco para amanecer. Se asomó un poco por ella para ver el cielo. Abrió la ventana de su habitación para que entrase la brisa de la mañana y poder refrescar un poco su cuerpo.

–¡Estúpido baile! –maldijo para sí mismo. Miró su reloj para ver la hora que era. Las siete y cuarto de la mañana–. Genial –miró hacia abajo, más concretamente hacia el césped que había fuera, al percibir movimientos. Sus ojos no daban crédito a lo que veían. Un chico bicolor iba haciendo footing en pantalón deportivo corto, blanco con dos líneas azules a los lados y en una blusa de tirantes ancha de color azul. "Pero si es el viejo. ¿A dónde irá?", centró toda su atención en los movimientos del mayor que por la dirección que tomaba, juraría que iba a irse de la mansión. "Está cachas, quien lo diría", se asomó embobado más por la ventana, tanto que si fallaba un solo movimiento, caería por ésta. El bicolor no tardó en perderse de su vista al girar la esquina–. Qué lástima –metió de nuevo su cuerpo en la habitación–. Lo mejor será que me duche –cogió ropa limpia del armario y entró al cuarto de baño para darse una refrescante ducha.

Mientras que se duchaba, su mente no paraba de pensar en la forma tan brusca en la que le había acercado el bicolor en las clases de baile. Se sonrojó al recordarlo y eso le molestaba.

"Se lo tendrá creído. Ya verá, no pienso hacerle caso en nada de lo que me diga", pensaba satisfecho. Con esos pensamientos, salió de la ducha cerrando antes el grifo para seguidamente coger una toalla y empezar a secarse. Miró el reloj de su muñeca–. Aún es muy temprano –se encogió de hombros–. Veré la tele, total, no tengo otra cosa que hacer –se sentó en la cama y empezó a cambiar los canales–. No... No... Este tampoco...No me gusta... No –apretó el botón rojo del mando para apagarlo–. Vaya una estafa, y yo que pensaba que a estas horas habría algo interesante que ver en la tele –suspiró– ¿Qué puedo hacer para entretenerme? –a su mente llegaron las palabras del blanquecino... ensaya–. No pienso ensayar –se cruzó de brazos–. Además ¿qué se supone que tengo que ensayar un paso a la izquierda y otro a la derecha? Eso es pan comido –se puso de pie para mover las piernas hacia esos lados–. Izquierda y derecha –sonrió–. Ya está. Y puedo volver a repetirlo una y otra vez, incluso empezando a dar vueltas –cuando Takao cayó en la cuenta de lo que hacía, se detuvo en seco enfadado consigo mismo–. Pero, ¡seré idiota! ¡No me tengo que demostrar nada a mí mismo, porque yo sé muy bien hasta dónde puedo llegar! Y ahora estaba ensayando... le estaba haciendo caso al número veintiuno. Takao no dejes que el amargado ese te coma la cabeza con estúpidas... –cogió aire para intentar poner así sus palabras en orden–. Mejor vete a desayunar.

&&&KaiTakao&&&

Kai regresaba de su paseo diario, necesitaba estar totalmente en forma, así que cada mañana hacia footing antes de empezar a trabajar para calentar los músculos del cuerpo. Ni siquiera en invierno dejaba de hacerlo. También era una manera de liberar las tensiones para él. Entró a la mansión por la puerta acristalada que estaba cerca de la piscina. Se daría una ducha rápida y fresca y después desayunaría.

Por las palabras de la noche anterior de Takao imaginaba que seguiría durmiendo, con lo cual después de desayunar le tocaría la puerta y lo levantaría. Empezó a subir las escaleras de la mansión despacio, no quería hacer mucho ruido.

Takao empezaba a bajarlas cabizbajo, mientras dejaba que su mano resbalase barandilla abajo. Al sentir los pasos en las escaleras, decidió mirar hacia esa dirección, ya que a lo mejor era Gustuv.

Se sorprendió un poco al ver que era Kai, todo sudado. Lo que había visto antes desde arriba, no le hacía justicia a lo que veía ahora ante sus ojos. Ropa corta y pegada a la piel blanquecina. Los músculos estaban remarcados. Sus miradas se encontraron o eso creía él, porque con esas gafas oscuras no sabía muy bien hacia dónde miraba Kai. ¿Qué tal si le recriminaba que le estaba mirando y el bicolor miraba por detrás de él? Mejor sería estarse calladito y disfrutar del espectáculo que tenía delante.

El blanquecino se alejó un poco hacia su derecha para permitir bajar al joven de cabellos azules.

–Buenos días –le saludó, pasando de largo al ver que el joven de cabellos azules iba a pasar de largo de él. Siguió subiendo las escaleras. Por su parte, Takao giró la cabeza para mirar ese redondo trasero que se movía graciosamente. Sus mejillas se ruborizaron mientras se mordía el labio inferior. Vio cómo el bicolor se detuvo y que pretendía darse la vuelta. Así que volvió a su postura inicial, esperando que no hubiera sido pillado. Kai se había dado la vuelta al sentirse observado, se encogió de hombros al ver que Takao seguía tranquilamente su camino. Se quedó por unos segundos mirando al muchacho hasta ver que se perdía de su vista, para luego sonreír en sus adentros.

&&&KaiTakao&&&

Kai había desayunado tranquilamente. Se puso frente a la puerta, cogió aire y lo soltó tres veces para relajarse. Abrió la puerta para salir de su habitación. Después la cerró y bajó las escaleras. Caminó hasta llegar a la sala del piano. Se escuchaba música remota, debido a que la puerta aún estaba cerrada. Abrió la puerta, esa música era tipo discoteca, así que sólo imaginaba que podía ser Takao el que la había puesto.

Entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí, para ver cómo Takao bailaba desenfrenadamente mientras se reía.

–¡Uhh! ¡Sí! ¡Eso es! –empezó a mover las caderas mientras flexionaba las rodillas lentamente. Kai tragó con dificultad. Ese niño sabía cómo moverse, desde luego que sí, pero eso tenía que acabar. Con pasos largos se acercó a la mini cadena y quitó la música. El joven de cabellos azules que estaba de espaldas se dio la vuelta para ver que ya estaba ahí su "profesor"–. Vaya, ya has llegado.

–Ya es la hora –le contestó mientras metía un CD que había dejado sobre la mesita del artefacto. Apenas la música estaba empezando a sonar... Kai empezó a desabrocharse la chaqueta y a quitársela. Takao se acercó a la mini cadena y presionó un botón. Inmediatamente el Vals dejó de sonar para empezar a hacerlo la música Dance de antes. Sin hacerse de esperar, el moreno de piel empezó otra vez a bailar. Kai al ver el comportamiento del chico, se aclaró la garganta y dejó la chaqueta sobre una silla. Apretó otro botón, empezando a sonar el Vals de nuevo.

El menor sonrió y volvió a hacer la misma operación. No le dio tiempo a empezar a bailar, cuando el mayor volvió a poner la otra.

–Eso es aburrido, ¿lo sabías? –se quejó Takao, refiriéndose a la música.

–Hoy toca el Vals. ¿Has ensayado?

–Ni por un segundo –le miró incrédulo.

–Empecemos ya –se colocó en posición–. Vamos.

–Ni en broma.

–Hmp.

–No me gusta.

–Pues tienes que aprenderlo.

–Ya me defenderé solo.

–¿Eso crees? ¿Crees que vas a poder?

–Claro, está chupado –le quitó importancia con las manos.

–¿Ah, sí?

–Sí. Mira, tú te quedas con tu baúl de los recuerdos o lo que quiera que sea eso y yo me quedó aquí con lo que me gusta.

–¿Y qué es lo que te gusta?

–La música de verdad.

–¿Esta es de mentira? –le preguntó con burla.

–Esa música no sirve para nada.

–Es buena para muchas cosas.

–¿Cómo por ejemplo? –enarcó una ceja.

–Sirve para... las descubrirás si la practicas.

–Ya –dijo simplemente–. No pienso bailar.

–Muy bien. Solo espero que lo hagas bien delante de tu padre porque él confía en ti.

–Ya me las arreglaré. –agregó orgulloso.

–Bien. Espero que no te toque bailar un tango porque si no... –negó con la cabeza varias veces.

–¿Un tango?

–Eso he dicho –caminó hacia la silla para coger su chaqueta.

–¡Je! No puede ser tan difícil.

–No, no lo es. Se tarda aproximadamente tres años en aprenderlo –decía tranquilamente, mientras se ponía la chaqueta.

–¿Tres años? Vaya debe de ser muy difícil de aprender entonces.

–Es un baile mágico, en el se desatan muchas pasiones –se dio media vuelta para cruzarse de brazos, viendo la cara que tenía el menor en esos momentos–. Pero claro, este baúl de los recuerdos, sólo lo bailan la gente de prestigio. Creo que tú no serías capaz de aprender a bailar el Vals en tan poco tiempo.

–¡Claro que sería capaz! ¡Mi familia es gente de prestigio y yo llevo su sangre! –cerró el puño y lo alzó.

–Creo que es demasiado para ti, así que será mejor que lo dejemos –sonrió en sus adentros.

–¡De eso ni hablar! –Agitó el puño– ¡El que no serías capaz de bailar un Dance u otro tipo de variedad que no fuese el baúl de los recuerdos, serías tú! –sentenció satisfecho.

–¿Qué te hace pensar que yo no sé moverme como tú?

–Muchas cosas. No serías capaz de seguirme en mis movimientos.

–Bueno, eso habrá que verlo después.

–Bien, te voy a dejar en ridículo. Ya verás. Jajaja.

–A ver si eres capaz de seguirme ahora –lo cogió de la cintura y de la mano, mientras empezaba a moverse hacia los lados. A Takao le dio tiempo a seguirlo de milagro, ya que le había pillado totalmente por sorpresa–. Izquierda... derecha... espalda recta... mírame. Ve girando... eso es...–Takao levantó el brazo que estaba apoyado sobre el del bicolor, para quitarle las gafas.

–Esto fuera –como estaban cerca de la mesita, aprovechó para dejarlas ahí.

–Mhp... Concéntrate.

–Ya lo hago... izquierda... derecha... te miro... no dejo de mirarte. ¿Eso es una espinilla? –comenzó a reírse por su comentario, intentando hacer rabiar al bicolor.

–Estás muy separado de tu pareja. –le recordó.

–Es que quiero que corra el aire. –Le hizo saber–. No te preocupes, con mi verdadera pareja me acercaré más.

–Vuelta.

–¿Vuelta? ¿Qué vu... –Kai se separó de él un poco y sin soltarle le dio la vuelta. Takao al no esperarse el movimiento, le falló la orientación y estaba a punto de caerse cuando Kai lo rodeó con ambos brazos de la cintura– ¡Casi me matas idiota! –gritó asustado.

–No es para tanto. –se miraron a los ojos por unos segundos–. Concéntrate –lo fue levantando lentamente.

&&&KaiTakao&&&

Un Vals se escuchaba en la habitación y dos jóvenes bailaban al compás de la música. La música parecía ir más rápida en ese fragmento.

–Ahora Takao –ambos empezaron a bailar más rápido, dejándose llevar por la música. Takao le dio la vuelta a Kai. Esta vez era él quien lo llevaba e intentaba hacerlo lo mejor que podía. Volvieron a juntarse, ya estaba a punto de terminar la canción. Todo había salido bien. Excepto...

–Lo siento –se disculpó al pisar a Kai. Esperaba recibir un pisotón por parte del mayor, pero no le llegaba, así que siguió bailando. La música terminó de golpe, ambos se separaron y se hicieron una reverencia– ¿Y?

–Me has mirado a los ojos, me has llevado bien, los pasos eran los correctos, pero...

–¿Pero?

–El pisotón, intenta arreglar eso.

–O sea que tengo este baile casi dominado –dijo orgulloso.

–En cierta forma sí.

–Bien, pues prepárate porque te voy a dar una soberana paliza en mi terreno –corrió hacia la mini cadena y cambió la música... el Dance no se hizo más de esperar.

–¿Ahora? –preguntó el otro.

–¿Tienes miedo nº veintiuno?

–No le tengo miedo a nada. Es sólo que no tenemos mucho tiempo para tu baile. Mañana por la noche es la fiesta.

–Ya lo sé –empezó a moverse–. Deja que me relaje un poco. Tú también podrías hacerlo, creo que no te iría mal.

Hiwatari solamente hizo crujir su cuello hacia la izquierda y hacia la derecha–. Relajado –se sentó en una silla.

–¡Ja! Que te crees tú eso –se detuvo en sus movimientos y apoyó sus manos en su cintura–. Nº veintiuno, levántate y muévete. O empezaré a pensar que eres un debilucho– sonrió con altanería

–Me trae sin cuidado –explicó de lo más tranquilo.

–Bien, observa y aprende del maestro –empezó a moverse como solamente él sabía hacerlo, cuando escuchó cómo tocaban la puerta. Kai se puso de pie, caminó hacia dónde estaban sus gafas y se las puso–. Adelante –invitó a que pasara el que tocaba a la puerta.

–Hola –saludó Hitoshi–. Kai, ¿puedo hablar contigo un segundo? –Vio cómo el bicolor miraba a su protegido–. Es importante –le aclaró al saber que probablemente te recibiría una negativa por parte de éste.

–No te muevas de aquí –le advirtió a Takao antes de salir de la habitación.

Takao quitó la música y se sentó en una silla. Para que querría su hermano hablar con su guardaespaldas. No se imaginaba a su hermano mayor hablando del trabajo con el cachas.

&&&KaiTakao&&&

Ambos entraron al despacho de Hitoshi.

–Por favor, toma asiento –le invitó mientras se sentaba y veía cómo el otro lo imitaba–. Verás, te he hecho venir para hacerte una pregunta. ¿Han llegado más cartas en estos días? –al ver la seriedad del bicolor decidió seguir–. Verás, con mi padre en este estado tan delicado no me fío de preguntarle nada, no me gustaría preocuparlo. Sé que te tiene al corriente de todo, me lo contó antes de que le diera ese ataque. Dime, ¿sabes algo?

–Negativo.

–¿Crees que en verdad quiera matar a mi hermano?

–No lo sé.

–Quizás lo diga para asustarlo. Kai, si sospechas que pueda ir a por Takao por alguna razón, cuéntamelo. Es mejor saber las cosas, a que estén ocultas. Así sabremos cómo proteger mejor a mi hermano.

–Lo haré. Pero dime, ¿sabes si tu hermano ha tenido alguna pelea?

–¿Alguna pelea? Que yo sepa sólo una. En el instituto en el que estaba antes.

–¿Con un chico?

–Sí.

–Ese es un principio. ¿Cómo se llama ese chico? ¿Dónde vive?

–Mystel, ahora está viviendo en España, pero yo no creo que intente hacerle daño a Takao.

– ¿Hmp? ¿Por qué lo descartas?

–Porque después de ese incidente, los dos se hicieron amigos.

–Comprendo. ¿Algún enemigo de tu padre?

–No tiene, al menos que yo sepa.

–Esto no será nada sencillo. Por ahora no hay sospechosos a los que ceñirnos –se puso de pie–. Debo irme ya.

–¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Por qué no te tomas algo mientras deducimos?

–Porque tu hermano puede estar en peligro.

–Pero si no se va a mover de ahí –se puso de pie.

–Créeme que con lo nervioso que es, lo hará –dijo esto último, dirigiéndose a la puerta para abrirla.

–Kai –el bicolor no volteó–. En la fiesta no podrás negarme a que te invite a algo –sonrió, viendo cómo el bicolor finalmente abría la puerta y salía de allí.

&&&KaiTakao&&&

Takao se sentía inquieto. No paraba de hacerse una y otra vez la misma pregunta ¿Qué sería tan importante?

"¿Qué será tan importante? A lo mejor me preocupo por nada, o puede que haya algo en lo que como siempre, soy el último en enterarme. ¿Y si Hitoshi lo que intenta es acercarse a Kai? Porque se nota que le gusta y en el fondo, Kai no está tan mal. Si lo miras bien visto, con ese pantalón ceñido a su piel y esos músculos remarcados...tendría que centrarme más en como vengarme de él que en... ver sus virtudes. Eso haré y le avisaré de ello. ¿Por qué tarda tanto? ¿Es que Hitoshi lo está interrogando a fondo o qué? ¿Y si pasa algo entre esos dos en mis propias narices?", sacudió la cabeza.

"Como si me importara. Después de todo, mi misión es hacer que Kai se vaya de la mansión y que me dejen ser libre de una vez por todas. Hpm... Nt... Estoy hecho un lío. No puedo negar que me atrae un poquito esa forma de ser tan rara que tiene, porque es firme, rudo, sabe lo que quiere y... está bueno. Pero aún así, no se va a librar de mí tan fácilmente. Haré que no olvide su estancia aquí y lamentará haber venido. Sólo espero que se vaya cuanto antes porque..."

–Estás aquí.

El joven de cabellos azules salió de sus pensamientos–. Sí, estaba cansado –miró al bicolor por unos segundos– ¿Qué quería Hitoshi?

–Nada, sólo quería saber cómo iban las clases.

–¿Para eso te llama?

–Afirmativo.

–Imposible, dijo que era algo importante.

–Y a su modo lo es.

–Ya. Está bien, si no me lo quieres decir allá tú. De todas formas siempre termino enterándome de todo tarde o temprano. Más bien tarde. Porque soy el último en saberlo todo –sonrió con ironía, levantándose de la silla en la que estaba y pasando de largo del bicolor.

–¿A dónde vas? No hemos terminado todavía.

–A por algo de beber, me voy a deshidratar –cruzó la puerta, perdiéndose de la vista de Kai. Claro estaba que por unos segundos, porque el mayor no tardó en seguirle.

&&&KaiTakao&&&

Takao había decidido irse a tomar el sol en la piscina. Estaba harto de ensayar tanto y sentía que necesitaba un descanso, así que ahora disfrutaba un poco de esos luminosos rayos de sol que hacían broncear aún más su piel. El único problema que tenía era que no había conseguido sacar sus gafas de la piscina. Tenía que comprarse unas nuevas, pero dudaba que pudiera salir de allí él solito. Así que se encontraba tumbado bocabajo, con ambas manos cruzadas, y su cabeza apoyada en ellas. Kai permanecía callado, de pie, vigilando sus movimientos desde la sombra de un árbol.

La tranquilidad y el silencio del ambiente, fueron interrumpidos por el móvil de Kai que comenzó a sonar.

–¿Diga? –contestó. Takao abrió sus ojos para ver que hacía su guardaespaldas. No podía hacer nada más, ya que Kai estaba sonriendo y hablando en un idioma desconocido para él–. Sí, yo también te echo de menos... no sé cuando voy a volver... Natasha...

"Con quién estará hablando, se le ve feliz. ¿Estará casado?... ¿Quién es esa Natasha? Porque supongo que será algún nombre de chica", estaba claro que le picaba la curiosidad.

–... Uno para ti también, adiós –colgó, metiéndose el móvil de nuevo en el bolsillo.

–Oye, número veintiuno.

–Hmp... Tengo nombre– le recordó.

Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. "No soy ningún chiquillo celoso para preguntarle si está casado o no." ¿Piensas quedarte mucho tiempo aquí en la mansión?

–Afirmativo.

–Pues vaya rollo –cambió de posición.

&&&KaiTakao&&&

Al día siguiente...

Los sirvientes de la mansión estaban dejándolo todo impecable. Trabajaban a contrarreloj para que la comida estuviera lista. Los canapés estaban preparados, la mesa estaba llena de manteles, copas de distintos tamaños, desde el agua hasta el champagne. Los cubiertos ordenados por tamaño, unos para la carne, pescado y el postre. En una esquina habían puesto otra mesa, no tan grande como la principal, pero lo suficientemente grande para que en ella pudiera estar el ponche, los canapés, las bebidas, algunas decoraciones como las flores que adornaban un poco más la mesa y la hacían más alegre.

Kai estaba preparando sus armas. Debían de estar bien limpias, aunque él nunca las descuidaba, siempre las tenía apunto para lo que pudiera pasar. Debía de tener los ojos bien abiertos. Su protegido esta noche podía estar en peligro y eso no podía permitirlo.

Solamente faltaba una hora para que esa fiesta comenzase. Los ejecutivos y la gente de sociedad llegarían pronto. Él ya había cenado, aprovechando que Takao se había encerrado en su habitación para arreglarse.

Todavía recordaba una imagen que se había quedado grabada en su mente. El joven de cabellos azules bajo la ducha del jardín, echándose hacia atrás los mechones del flequillo para poder refrescarse la cara. Takao abría la boca para buscar aire... las gotas frías resbalaban por su barbilla. Algunas decidían bajar por su cuello... el pecho... el ombligo... perdiéndose en esa parte oculta por un pantaloncillo. Volvió a mirar hacia un lado, dando su mirada al suelo con un rubor en sus mejillas. Tenía que centrarse en su trabajo, no podía permitir que su mente flaqueara otra vez. Él no iba a ser quien rompiera su regla nº uno.

Así que sin más, salió de la habitación, dispuesto a beberse un trago de agua en la cocina.

Por otra parte el menor, estaba repasando los pasos de baile él solo. Estaba nervioso y lo último que quería esta noche era ser la vergüenza de su familia. No quería estropear esta ocasión tan especial, quería que su padre se sintiera orgulloso de su hijo menor. Aún no estaba vestido, únicamente llevaba una toalla alrededor de la cintura y ya casi era la hora.

"Creo que lo tengo... o eso espero", se miró en el espejo de su comodín, viendo la cara de preocupación que reflejaba–. Ojalá que todo salga bien –se susurro a sí mismo. Miró hacia su cama, viendo el traje que Kai le había elegido y que finalmente se había comprado–. Es la hora de la verdad.

&&&KaiTakao&&&

El bicolor volvió a tocar la puerta.

–Espera, no tardo –contestó el menor desde el otro lado de la puerta.

–Los invitados están llegando –le informó.

–Lo sé –contestó girando la llave para abrir finalmente la puerta. Kai se quedó maravillado con lo que sus ojos estaban viendo. Takao vestía el traje blanco con una camisa fina de seda color azul cielo debajo de la chaqueta, una pajarita roja y unos zapatos negros... estaba realmente impresionante e incluso llevando una coleta como siempre, parecía distinto. No pudo evitar dejar la boca abierta durante unos segundos, mientras lo miraba disimuladamente de arriba abajo.

–Nº veintiuno, ¿te pasa algo? Como no cierres la boca, te van a entrar moscas. –anunció sin saber que le pasaba a su guardaespaldas.

–Es... estás... –intentaba hablar, pero debido a su nerviosismo no le salían las palabras de la boca.

–Lo sé, creo que sería mejor ponerme otra cosa. No me siento seguro con esto puesto y con esta pajarita roja me siento como un imbécil. Me cambiaré de nuevo y me pondré otra cosa –se dio media vuelta, pero Kai le cogió de la mano– ¿Qué?

–Así estás... bien. –finalizó como pudo–. Vas a llegar tarde como no te des prisa.

–Ya voy –cerró la puerta.

–Takao –lo llamó su hermano Hitoshi, quien al verlo no pudo hacer otra cosa más que elogiarlo–. Vaya, estás muy guapo, hermanito –sonrió– ¿Seguro que eres mi hermano?

–Sí. ¿De verdad crees que estoy bien? –se miró a sí mismo con nerviosismo.

–Sí, de verdad. Venía a buscarte para que conozcas a los invitados, ya se están preguntando donde está el menor de los Kinomiya. Así que no les hagamos esperar más –le hizo una señal con la cabeza, indicándole que lo siguiera. Takao sonrió y sintió cómo su hermano mayor le pasó el brazo por encima de los hombros.

Kai los seguía en silencio. Manteniendo las distancias justas entre Takao y él. "Hitoshi tiene razón, Takao está demasiado bien esta noche. Mph... Tengo que concentrarme en mi trabajo y en nada más", se reprochaba a sí mismo.

Bajaron las escaleras con algo de rapidez, pero con elegancia. Escuchaban el barullo que había formado la gente al hablar unos con otros, a pesar de que una música relajante se escuchaba en toda la habitación. Takao se sentía nervioso. Miró hacia atrás comprobando que sólo Kai era el que estaba siguiéndolo. Suspiró en sus adentros. La puerta de la gran sala estaba abierta, con lo cual Takao ya podía ver el movimiento de sus sirvientes que ahora participaban como camareros en la enorme sala.

–Hitoshi, ¿sabes si ha llegado mi pareja de baile? –le preguntó el menor.

–Sí, está con los demás, esperándote.

–Ah –dijo simplemente entrando a la sala.

Tanto Kai como Takao pudieron ver cómo la mayoría de los invitados eran hombres, de la edad de su padre más o menos, algunos acompañados de sus mujeres. Entre ellas Takao pudo ver a una chica poco mayor que él, rubia, ojos azules, piel blanquecina con un elegante traje chino rojo con flores azules de sakura dibujadas en ellas. El traje era largo, le llegaba más abajo de las rodillas, y sus brazos estaban adornados por una tela trasparente de color banco. Sus zapatos eran de tacón alto de color rojo y unas pequeñas flores adornaban su recogido oriental. El menor enarcó una ceja. Él tenía otro concepto de la chica y estaba pensando en ello, cuando su padre le tocó el hombro sacándolo totalmente de sus deducciones.

–Qué bien que ya estés aquí hijo. Estás guapísimo. Tu madre estaría muy orgullosa de ti.

–Gracias, papá –dijo con una sonrisa– ¿Ella es mi pareja? –le preguntó mirando a la chica que hablaba con una mujer, imaginaba que su madre.

–Sí, es guapa, ¿verdad?

–Es mona, pero... yo pensaba que iba a vestir distinta.

–¿Te la imaginabas con un traje pomposo o como un vestido de novia?

–La verdad es que sí.

–Jajaja. Sí, yo también. Pero es su propio diseño, está estudiando para ser diseñadora –le informó a su hijo.

–Shibure –interrumpió un hombre.

–Yamamoto. Takao éste es Ryoga Yamamoto, es un buen amigo mío. Yamamoto, este es mi hijo, Takao.

–Hola señor –extendió la mano que fue estrechada.

–Shibure me ha hablado muy bien de ti...

Kai observaba apoyado en la chimenea a Takao. Todos eran completos extraños para él y tenía que estar muy alerta a todo, pero tampoco podía estar encima de Takao. Esa era su fiesta y tenía que dejarlo que disfrutase y se moviese con libertad.

Conforme iba avanzando el tiempo, la gente se había hecho un corro alrededor de su protegido. Ya apenas lo podía ver, pero según tenía entendido, todos ardían en deseos de conocer al menor de los Kinomiya, así que no iba a pelearse con todos y a hacerles llaves o a dejarlos caos. Los camareros empezaron a centrarse en ese lado. ¿Un canapé señor? ¿Un refresco?... Era lo único que se lograba escuchar. Hasta que vio cómo el corro se dispersó, tomando todos asiento en el lugar que más le gustase de la infinita mesa. Takao fue el único que pasó de largo de la mesa, con el fin de ir a tocar el piano.

Gustuv se acercó hasta el bicolor para ofrecerle un canapé– ¿Un canapé?

–No debería –dijo sin parar de mirar a su protegido.

–Vamos, disfrute usted también un poco de la fiesta –el mayordomo vio cómo Kai cogía uno y empezaba a degustarlo.

–Gracias.

–No hay de qué, señor.

Todo quedó en absoluto silencio. Parecía que nadie estaba allí y que la sala estaba totalmente vacía. Takao empezó a tocar "para Elissa". Era lo único que se escuchaba en toda la sala. La estupenda melodía. Takao se estaba esmerando, después de todo un niño rico tiene que saber tocar el piano, montar con elegancia un caballo, ser educado, saber bailar, tener buenos modales, etc.

Shibure estaba orgulloso, su hijo estaba radiante y se estaba comportando como un verdadero heredero. Sólo faltaba ver cómo le salía lo de bailar. El mismo Takao dijo que quería que fuese una sorpresa y estaba seguro de que su hijo no le defraudaría. Miró hacia el guardaespaldas, viendo cómo no le quitaba la vista de encima a su hijo. Se sentía más tranquilo al ver que Kai iba a seguir en la mansión para protegerlo. Pero ahora no era el momento de preocuparse, tenía que relajarse y disfrutar de la noche, al igual que lo iba a hacer Takao.

Takao dejó de tocar, al finalizar la lectura. Los aplausos no se hicieron de esperar y se sintió un poco avergonzado. Hizo una reverencia para dar las gracias a los demás y con lentitud caminó hasta su asiento que estaba frente al de su hermano y junto a su padre que encabezaba la mesa.

Los sirvientes empezaron a servir las langostas con una salsa especial, la cual tenía muy buena pinta. El señor Shibure se puso en pie para dirigir unas palabras. Dando un pequeño toque con la cuchara en la copa, llamó la atención de todos.

–Señores, señoras, señorita –dijo dirigiéndose a la menor–. Les doy la bienvenida a todos.

–Perdona Shibure –interrumpió Ryoga–. Creo que eso le pertenece al chico, ¿no?

–Tienes razón. Takao te cedo el honor –le avisó, mientras se sentaba. Al ver la cara de miedo del chico, le susurró–. Levántate con la copa en la mano y di algo –Takao no tuvo más remedio que hacerlo, ya que si no haría más el ridículo. Al ver que era el centro de las miradas, se puso aún más nervioso.

–Hola, bienvenidos a todos. Em... sé que venís de muy lejos y os agradezco enormemente que hayáis podido venir aquí. Espero que disfrutéis de la noche. Divertíos todo lo que podáis y si os falta algo, sólo pedidlo. Gracias por estar aquí... –alzó la copa –... Por vosotros... salud.

Todos alzaron su copa y repitieron esa última palabra–. Salud.

Takao bebió un poco de su copa, y se sentó. Acto seguido escuchó varios aplausos. Hitoshi miraba con gracia a su hermano, recordó cuando él tuvo que decir unas palabras frente a toda esa gente desconocida. Esa noche jamás la olvidaría.

–Podéis empezar amigos –avisó el señor Kinomiya.

&&&KaiTakao&&&

Después del primer plato, sirvieron el segundo. La carne. Una pierna de cordero asado, después llegó el postre para quien lo quiso.

Kai veía cómo la gente se ponía de pie. Unos para servirse un poco de ponche, otros fumando sus puros, otros hablando y riendo. Desde hacía rato, había observado cómo la chica estaba hablando con Takao, seguramente empezarían a bailar de un momento a otro.

Y así fue, la chica cogió del brazo a Takao y éste la llevó hasta el centro del salón. Un vals empezó a sonar y ambos tomaron sus posiciones hasta finalmente empezar el baile. El bicolor no perdía ni un solo movimiento. La verdad es que Takao parecía todo un profesional. La mirada la tenía recta, estaba pegado a su pareja, no la estaba pisando y le estaba sonriendo a la vez que hablaban.

–¿Quieres un poco de ponche? –le preguntó Hitoshi, el cual se había puesto a su lado sin que él se diera cuenta. Tan concentrado estaba en ver al menor que parecía que no había nadie más en la sala.

–Estoy de servicio. –fue lo único que contestó.

–Venga Kai, no me vengas con esas –miró a su hermano–. Le has enseñado muy bien.

–Tu hermano es listo, aprende rápido.

–Pero supongo que no ha tenido que ser nada fácil. Es muy cabezota. –reconoció.

–No es el único cabezota aquí –se incluyó él mismo.

–El ponche está delicioso. ¿Seguro que no lo quieres probar?

–Negativo. Hitoshi.

–¿Qué? –preguntó esperanzado.

–¿Por qué esta fiesta? ¿Es tradición en tu familia?

–Sí. Bueno, es una especie de tradición. Cuando un Kinomiya cumple los 18 años debe de ser presentado en sociedad. Pero en el caso de Takao es distinto, aunque él no lo sepa.

–¿Por qué es distinto? –quiso averiguar.

–Porque mi hermano es el heredero de la familia. Al ser el menor, es el que le corresponde todo en el caso de que mi padre algún día no esté presente y me refiero a la fortuna, el poder, la empresa.

–¿Y a ti?

–Me corresponde mi parte de la fortuna, pero poco más.

–¿Tu hermano está enterado de esto?

–No, ni siquiera lo sospecha. Él piensa que yo voy a ser quien tenga la empresa una vez que mi padre no esté con nosotros. Estos invitados son los amigos de mi padre, trabajan en el mismo campo que él.

–Por eso querían conocer a tu hermano. Querían conocer al futuro empresario Kinomiya. –dedujo.

–Así es –contestó mirando a Kai, viendo cómo no dejaba de mirar a su hermano ni un segundo. Los aplausos hicieron que también participaran en el acto. Takao salió por su lado y la chica por otro. Los empresarios que habían traído a sus mujeres, empezaron a bailar.

–Perdona –dejó a Hitoshi con la palabra en la boca y salió detrás de Takao. El menor se había servido un poco de ponche y ahora se dirigía al balcón para intentar relajarse.

–¿Cómo lo he hecho? –preguntó al saber quién estaba detrás de él, antes de ponerse a beber ponche.

–Has estado bien.

–¿Sólo bien? –preguntó, dándose la vuelta, apoyando su trasero en el balcón.

–Bueno, te ha salido muy bien.

–Lo sabía –sonrió satisfecho.

–No deberías...

–Beber. Ya lo sé, pero esta noche me guste o no, es mi noche. Y quiero disfrutar un poco de ella.

–Te dolerá la cabeza mañana. –refirió.

Se encogió de hombros–. Correré el riesgo –miró hacia el cielo estrellado y sonrió con nostalgia al recordar a su madre–. Nº veintiuno, ¿puedes hacerme un favor? –el otro asintió–. Baila conmigo ahora. Un vals. Yo te llevo –dejó el ponche sobre el poyato del balcón. Tomaron sus posiciones y empezaron a bailar.

–¿Puedo preguntarte por qué es esto?

–Motivos personales –dijo sin más.

Hitoshi tenía dos copas llenas de ponche. Buscaba al bicolor que se había perdido entre tanta gente. Esta vez le haría que cogiese la copa y hablarían de otra cosa que no fuera su hermanito. El único sitio en el que no había mirado era el jardín, así que a lo mejor ya estaba ahí. Se asomó con cautela y lo que vio no se lo esperaba. Kai bailando con Takao, muy juntos para su gusto, sin música. ¿A qué se debía ese bailecito? Kai ya le había enseñado a bailar a Takao y no hacía falta otra demostración o práctica. No podía seguir soportando ver por más tiempo esa escena, aunque no pudo evitar gruñir de coraje.

–Grrr...–enfadado se metió en la fiesta de nuevo e intentó aparentar que no tenía nada, aunque le era difícil de ocultar.

La luna brillante y esplendorosa era testigo de esa imaginaria música. Ambos se estaban dejando llevar por la tranquilidad de la noche. Ni siquiera estaban pendientes al alboroto que había dentro de la mansión, sólo el cantar de los grillos era lo único que interrumpía el silencio en ese momento. Un silencio cómodo... relajante...

Kai miraba por encima de la cabeza de Takao, disfrutando de esa sensación que le hacía sentirse bien. Takao miraba por encima de los hombros del más alto, sintiendo esa calidez en su interior que lo hacía sentirse protegido.

–¿Natasha es nombre de chica? ¿Quién es? –quiso averiguar.

–Eso es personal. –contestó Kai.

–Entiendo. Oye, para que veas que voy a jugar limpio contigo te voy a avisar. Esta noche puedo ser un corderito porque quiero que mis padres se sientan orgullosos de mí. Pero mañana, seré un lobo. ¿Entendido?

–Afirmativo y para que veas que yo también voy a jugar limpio, quiero que sepas que no voy a parar hasta amansarte... –Takao sonrió satisfecho ante esas palabras, claro, que el bicolor no se percató de ello. Ya que el menor le había apartado la mirada y miraba hacia otro lado–... Y si para ello tengo que convertirme en cazador, no dudes que lo haré.

–Pues que gane el mejor –le miró a los ojos, desafiante. Esa chispa ardiente reflejada en los ojos del joven de cabellos azules hacia que le llamase más la atención de lo que ya se la llamaba–. Te has parado.

–Porque tú lo has hecho –le contestó con evidencia sin dejar de mirarle a los ojos.

–Es que tengo que... estar con los invitados –respondió ante su torpeza.

–Pues entonces, suéltame.

–Ya lo hago –le soltó, se bebió el poco ponche que le quedaba en la copa y se metió dentro.

&&&KaiTakao&&&

En otra parte...

Un hombre estaba dentro de una habitación prácticamente vacía, sentado a la mesa. Un montón de periódicos atados, estaban situados a su derecha, mientras que en su izquierda, había varias letras recortadas de distintas formas. Con un cúter pequeño iba recortando las letras como mejor le pareciese, de una revista. Un poco de pegamento y un folio era todo lo que necesitaba para hacer el mensaje. Sus guantes blancos no dejarían ninguna pista sobre su persona. Con lentitud dirigió una de sus manos hasta una carpeta. La abrió y sacó unas cuantas fotos.

En la imagen, un bicolor estaba tumbado sobre un joven de cabellos azules en un callejón de un barrio peligroso. Cogió la foto en sus manos, acariciando el rostro moreno plasmado de esa foto. Con impulso, giró su silla giratoria y con una chincheta, clavó la foto sobre un tablón de madera. Muchas fotografías de periódicos llenaban el tablón. En todas ellas estaba Takao, rodeado por un círculo rojo para hacerlo más visible a su vista, ya que algunas eran de cuando estudiaba en la escuela y estaba rodeado por compañeros de clase y profesores. Sonrió al ver el triunfo ante sus ojos. Montones de fotos en las cuales Takao sonreía... le estaban sonriendo a él.

–Jajaja –girando la silla, volvió a su quehacer. El mensaje tenía que terminarlo cuanto antes. Quería a Takao junto a él, porque él era suyo y de nadie más. Cuando terminó de hacer su mensaje, besó la carta al aire. No podía hacerlo de otra manera o dejaría huella. Dobló la carta y la metió en un sobre, esta vez echándole un poco de perfume.

&&&KaiTakao&&&

Los invitados poco a poco fueron dejando la mansión. La noche había sido tranquila dentro de lo que podía caber. Algunos empresarios, habían optado por coger el primer avión que salía hacia sus países, ya que tenían negocios o asuntos importantes que atender. Otros habían decidido que ya que estaban ahí, iban a quedarse unos días en un hotel para visitar la cuidad. Otros habían aceptado la hospitalidad del señor Kinomiya y se habían quedado a dormir en la mansión. Claro estaba que no se iban a quedar allí mucho tiempo. Mañana por la mañana se irían, pero muy pocos eran los que habían escogido esta opción, ya que no querían ser ninguna molestia.

Takao estaba a punto de abrir la puerta de su habitación cuando Hitoshi le llamó.

–Takao.

–¿Qué? –preguntó. Hitoshi se detuvo un poco a pensar en lo que diría. No podía actuar como un celoso, ya que no tenía nada con el bicolor–. Hitoshi. ¿Quieres algo? De lo contrario me gustaría dormir, ya es muy tarde.

–¿Dónde está Kai?

–Detrás de ti –contestó el bicolor de brazos cruzados, haciendo que el otro diera un respingo por el susto– ¿Sucede algo?

–No –le respondió, para volver a mirar a su hermano–. Buenas noches, Takao.

–Buenas noches –respondió, abriendo la puerta sin dejar de mirar a su hermano–. Qué raro –susurró, viendo cómo su hermano se alejaba de allí y cómo Kai se acercaba a él–. En fin, no ha sido tan aburrido como pensaba –refirió, cruzando la puerta sin pasar totalmente a la habitación–. Good night, number twenty one –sonrió, al pensar que Kai no se había enterado de lo que le había dicho.

Hiwatari se acercó a su oído para susurrarle–. Spokoynoy nochi –aunque a Takao eso no le había sonado bien, Kai solamente le había dado las buenas noches.

–¿¡Qué me has susurrado!? ¡A mí no me hables en lo que quiera que me hayas hablado! ¿Entendido?

–Da –le contestó con una sonrisa.

–¿Da? ¿Cómo qué da? –Preguntaba histérico, pero intentando no hacer mucho escándalo al recordar a los invitados que se habían quedado a dormir allí– ¡Tú, vuelve aquí! –Ordenó al ver que el joven de ojos carmesí abría la puerta de su habitación y entraba con una sonrisa en ella, para seguidamente cerrar la puerta– ¡Ya verás cuando llegue mañana! ¡Te vas a enterar de quién soy yo! –se metió en su habitación y echó el cerrojo– ¡Idiota! –masculló empezando a desnudarse y colocándolo todo en su sitio. Una vez que estuvo metido dentro de la cama y más relajado, cogió la foto en la que estaba su madre–. Mamá, espero que desde donde estés, me hayas visto bailar en el jardín y te hayas sentido orgullosa de mí esta noche. Te quiero y te echo mucho de menos –besó la foto–. Buenas noches –dejó la foto en su sitio, apagó la luz y se tumbó en la cama, dispuesto a dormirse.

Continuará...

&&&KaiTakao&&&

Gracias por sus reviews a:

Takaita Hiwatari: Hola hermana, como has podido comprobar, este capi no tiene no flash back, pero sin embargo tiene otras cosas que estoy segura que igual te habrán gustado. Tu niño es verdad que no sabe nada de esas cartas. El pobre está tan feliz de la vida y no sospecha que es por eso que no lo dejan salir a ningún lado. En cuanto al hombre misterioso, ya sabemos que va a volver a actuar y pronto. En este capi no digo nada acerca del rastreador, puede que en siguiente haya algo, no lo sé.

Elizabeth: Hola Elizabeth, cómo has podido leer, Takaito no estaba por la labor de participar, pero Kai se las ingenió para poder enseñarle. Espero que te haya gustado este capi y habrá que ver que van a hacer estos dos en el próximo capi.

Senshi H. Raiden: Hola amiga, como tú y Yami podéis leer, Kai es bastante culto y bastante listo. Se las ingenió para que Takao cooperase. ¿Qué me decís de los pisotones? Hay creo que le inculcó disciplina. Y respecto al no flash back, pues no, no es el día de la fiesta si no otro día que no puedo revelar todavía. Supongo que Senshi estará intentando averiguar si el hombre misterioso es un loco o si sabe lo que se hace.

Phoenix: Supongo que si te pareció kawai que Kai enseñara a bailar a Takao, habrás disfrutando al leer cuando bailan los dos solos, en el jardín, sin música. Y más kawai debió de ser para ti, leer con que ropa hace Kai deporte por las mañanas y cómo recordaba éste a Takao en la ducha de la piscina.

Rub: ¿Soy tu escritora favorita? ¿En serio? Vaya, jejeje, eso no me lo esperaba. Haces que me sonroje y me enorgullezca a la vez. Bueno, como puedes ver Takao aprende a bailar y lo demuestra en la fiesta. Además, no sólo demuestra que puede llegar a ser un buen bailarín, sino que no olvida su venganza y es capaz de llevarla a cabo. Eso sí, el bicolor esta vez no se dejará vencer. Así que tu otro nombre es Neko–chan. Tienes dos nombres, es bueno saberlo.

Sakuya_Hime: Que tienen dinero para quemarlo si quieren eso es seguro, y el trabajo de guardaespaldas es muy bien pagado. El acosador ha hecho su primer acto en escena y no creo que se conforme con una sola aparición. No sé si lo de la fiesta fue interesante o no, pero habéis descubierto cosas que no sabíais.

Águila Fanel: Hola, cuánto tiempo sin saber nada de ti amiga. Bueno tienes razón, al parecer y no sólo al parecer, es que Hitoshi no entiende indirectas y dudo que las directas. Jejeje, creo que por eso lo sigue intentando. ¿Tú también te preguntas dónde puso Kai el rastreador? Se lo pregunta más de uno y espero que pronto sepáis la respuesta.

Wuonero: Gracias por tu review amigo. Espero que te haya gustado este capi, porque aquí Kai ya le ha enseñado a bailar a Takao, tal y como querías leer. Ahora puede que te quede la duda de que hará Takao para vengarse del blanquecino de piel.

Si leéis la historia no olvidéis decirme lo que pensáis. También podéis preguntarme cualquier duda, sugerencia y demás. Cuidaos mucho, xao.